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Todo lo que quisiste saber sobre las entrevistas de trabajo y nunca te han contado

07,00 a.m.: Suena el despertador, ducha rápida, desayuno y a ponerse el uniforme de trabajo. Hay tantos nervios como ganas de llegar a la meta, tanta ilusión como tensión por enfrentarse a la prueba de hoy… Y de fondo, la banda sonora de Rocky III:

“Tantas veces,
ocurre demasiado rápido,
intercambias tu pasión por gloria.
No pierdas de vista (no sueltes) los sueños del pasado,
debes pelear para mantenerlos vivos”.

Así es como te imagino antes de venir a una entrevista de trabajo, y no te sigo danto detalles porque me puede la imaginación. Te visualizo con los objetivos y las ideas claras, preparado para ofrecer lo mejor de ti en 45 minutos (sí, hago entrevistas de 45 minuto y de más, si me dejan).

Has superado los despropósitos que comentaba en la primera parte de esta trilogía (Lo que nunca te han contado sobre porqué NO pasas a la fase de la entrevista de trabajo) y cuando llegas a mí, se desvanece toda esperanza de encontrar en ti lo que necesito para llamarte mañana y decirte que el puesto es tuyo.

Porque de eso va la historia: de pasar fases, de sortear obstáculos, de superarte a ti mismo. De llenarte de barro hasta las cejas, de esforzarte y no tirar la toalla, de creer en ti. Y al igual que la vida, que en el día a día, la actitud al abrir la puerta que te lleva a mí para tener la entrevista de trabajo que tanto esperabas, es sólo una parte de nuestro encuentro.

Esta vez voy a hablarte en positivo, por eso de no ser repetitiva y cambiar las formas para ver si llego a ti, pero no dudes que intentaré ser igual de mordaz e incisiva que en el anterior:

Cuando te llame por teléfono para citarte y vernos, por favor: pónmelo fácil. Cuida tu lenguaje, siéntate como si estuvieses trabajando, si vas caminando por la calle o te pillo haciendo algo que no puedes dejar, dímelo. No te quedes tumbado en el sofá o en la cama como si no te importase la llamada, que sepas que al otro lado del teléfono se nota todo y es muy poco profesional. Si estás ocupado y no puedes atenderme en condiciones, pregunta si puedo llamarte en otro momento o dime que lo harás tú (y pídeme el teléfono, claro…). Ayúdame a no tener que pensar: “Lo que mal empieza, mal acaba” o peor aún, de arrepentirme.

Durante la llamada, pregunta todo lo que necesites saber para llegar a vernos porque luego vienen los lamentos: “no apunté bien el número de la calle, no sé el teléfono desde el que me han llamado, he anotado mal por quién tengo que preguntar…”. Estate atento y muestra interés por conocerme (y de paso a la organización de la que formarás parte…si te lo curras bien). Confirma datos antes de colgar como la hora, el lugar, el nombre de la empresa o de la persona de contacto. No temas parecer tonto por contrastar la información, te prometo lo parecerás mucho más cuando me llames por otro nombre o vengas otro día a la entrevista.

– Seguimos en la llamada: ya sé que hay datos interesantes que no “surgen” en la conversación como salario, funciones, horarios o vacaciones, pero si no te los cuento será que no puedo, será que no quiero. Ya sé que tienes que sopesar si te interesa desplazarte o no para conocerme, pero como comprenderás, si ya percibo eso al teléfono el resto de nuestra relación, puede ser una catástrofe. Muestra interés, por Dios! Aunque tengas tus propios intereses, faltaría más, quiere tenerte frente a frente y verte en acción, quiero ver cómo sudas la camiseta.

– Día D: organiza todo antes, anticipa posibles imprevistos, busca alternativas de transporte y recorridos, calcula tiempos, visita antes la zona, lleva bien cargado el móvil, una batería o un cargador… Todo es poco para evitar perderse por el camino, sufrir un pinchazo o encontrarte con un atasco. Llegar tarde está muy feo, pero no poder llamar para avisar de ello, lo es mucho más. Y claro, como comprenderás, así ya vas sumando puntos…pero negativos. Que eso le puede pasar a cualquiera, pero todavía no te has dado cuenta de que yo no quiero a “cualquiera” para el puesto, quiero al mejor.

– Imprevistos: Resulta que te ha ocurrido algo que de lo trata el punto anterior, o peor (a mí se rompió el tacón de un zapato de la que llegaba a una entrevista!!!) y no sabes qué hacer. Pues no desistas y sigue adelante, porque la entrevista ya ha empezado para ti, ya estás dejando tu huella desde el momento en el que buscas por todos los medios avisar de que llegas tarde, de cómo defiendes llegar cojeando a una entrevista y con un tacón en la mano, de cómo te las arreglas para convencer al conductor del autobús para que te lleve cuando no traes cambio. Eso, me interesa tanto (o más!) que el año en el que finalizaste el Master o la experiencia certificada en Excell. Tú verás lo que haces con esta información y como la manejas para hacérmela llegar, ahora ya no tienes excusa.

Y si finalmente no te interesa o no te apetece verme, avísame. Aunque no lo creas, tengo muchas cosas que hacer además de esperar por ti.

– Tensa espera: la entrevista continúa mientras esperas en recepción o una sala, incluso en el aparcamiento. Habla con las personas con las que te encuentres, saluda, sé amable e interactúa, no seas borde o desagradable, supera tu timidez. A parte de obtener información sobre la empresa de la que no eres consciente, estás empezando a transmitir tu imagen a las personas que ya forman parte de ella y quién sabe si ya te has cruzado con la persona que toma la última decisión sobre tu futuro y le has mirado con cara de asco. Suele pasar….

– Llegada triunfal. Y es que espero que llegues así, visualizando el triunfo, el éxito en la entrevista, cual Rocky entrenando en las escaleras. No quiero soberbias, ni salidas de tono, ni arrogancias, lo que quiero es verte seguro de que tu talento es el más adecuado para el puesto. Quiero que me inspires y transmitas todo lo que busco y que si no lo encuentro, te las arregles para hacérmelo llegar. Porque soy buena en lo mío y tengo buenos resultados, pero no soy infalible, tendrás que ayudarme a llegar a lo mejor de ti. Y tendrás que hacerlo desde el primer momento.

– 1º Round: abre la puerta con ganas, preséntate, camina con firmeza, siéntate o pregunta si puedes hacerlo. Observa, analiza, escucha, no monopolices la conversación, profundiza en aquello en lo percibas que sea interesante para ambos. Ni se te ocurra dar pena, lamentarte o pedir favores, tendrás que hacerlo con mucho arte para que siga adelante con las mismas ganas. Mírame a los ojos, muévete de manera natural, encaja los embistes que puedan llegar y defiende con elegancia tu posición. No me hables mal de un exjefe, excompañero o “extrabajo”, me obligarás a pensar que puedo ser yo la próxima… Ya sé que pido mucho, pero todo esto me lo ofrecen las personas que saben lo que quieren, seguras de sí mismas, con capacidad de transmitir y luchar por sus objetivos de manera limpia, y que cumplen con los requisitos de la oferta, obviamente. Y si no eres tú, lo siento, me lo estás diciendo a gritos en nuestra cita.

– Despedida: no te relajes, ni te confíes en exceso, esto no ha acabado aún. Quiero verte con el grado de tensión necesaria para seguir en activo y atento, porque la entrevista continúa. Todavía hay tiempo para últimas preguntas con matices triviales, agradecimientos, invitaciones a tomar contacto de nuevo…es decir, a meter la pata todavía o dar en la clave para que mañana te llame y te vengas al despacho de al lado. No me des más información de la necesaria y deja buen sabor de boca, quizás en esta ocasión no cumplas con los requisitos o haya candidatos que se adaptan mejor al puesto, pero si has dejado un buen recuerdo, quiero que sepas que tengo muy buena memoria y en tu cv, anotaré algo que me ayude a recordar el lugar privilegiado que tienes en mis archivos.

Esto se me hace corto, de nuevo, pero no quiero cansarte con tanta palabra (palabrería?). En resumen quiero que sepas, que me gusta ver a candidatos metidos de lleno en el barro mientras sonríen, que defienden y luchan por lo que creen, de manera limpia y dejando una huella memorable. Sin perder de vista el objetivo y sabiendo que ha merecido la pena llegar a dónde han llegado, porque lo que tienen, lo que hacen, lo que son no depende de mí, nunca lo ha hecho…

Espero haber rascado lo suficiente para hacerte pensar en cómo te enfrentas a las entrevistas y que hagas todo lo que hacías hasta ahora, pero mejor, con más ganas o de forma distinta. Y para que te quede claro que en esta lucha no estoy contra ti, sino contigo, en unas semanas te traigo mi visión sobre cómo nos tratan a los candidatos. Sí, sí, has leído bien, NOS, porque yo también he sido y soy candidata cada día.

Imagen: Farinato-Race (www.navarrainformacion.es)

 

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Conexiones ¿cósmicas?

Este agosto, una amiga me recordó a tiempo que no me olvidase de ver la lluvia de Perseidas que tendría lugar con un cielo despejado en Asturias, algo que no siempre es posible. Ya en pijama, me tumbé en el suelo de la terraza y me dispuse a esperar en soledad que la lluvia de estrellas fugaces se presentase ante mí.

A medida que pasaba el tiempo y no aparecían, mi mente empezó a divagar sobre una serie de ideas que quería compartir contigo a la vuelta del verano, y aquí estamos…

Empecé a pensar en cuántas personas estaríamos haciendo exactamente lo mismo, en el mismo instante, focalizando nuestra atención, nuestros deseos y pensamientos, nuestra energía e intuición hacia el mismo punto. Me resultó tremendamente romántico y evocador imaginar que si hiciéramos eso mismo con otras batallas y heridas abiertas, quizás y sólo quizás, la vida resultase más sencilla. Y basándome en esa idea, llegaron por si solas el resto de planteamientos.

Me imaginé cuántas personas se prepararían para verlas, organizando todo antelación y planificando al detalle el momento, mientras que otras (como yo) lo harían de manera improvisada. Me pregunté cuántas personas, mirando el “mismo” firmamento verían infinidad de estrellas fugaces y cuántas no conseguirían ver ninguna, cuántas estarían atentas al instante preciso y conseguirían ver la estela que dejan las Perseidas y cuántas perderían el foco de su atención, y con ello, poder apreciar el espectáculo que supone.

Reflexioné sobre la cantidad de personas que disfrutarían de la experiencia y consiguieran presenciar el recorrido de las estrellas en movimientos, lo disfrutasen y lo viviesen como un momento único, sólo para ellos. Al igual que me vinieron a la mente, aquellos que no lograsen ver ni una sola estela en el cielo, aún contando al día siguiente que vieron cientos… Pensé en la diferencia entre llegar a ver 7 estrellas fugaces (esas fue la que vi yo aquella noche) y valorarlo como un gran éxito o catalogarlo como el mayor de los fracasos, seguro que alguien se movía entre estos dos polos en alguna parte del mundo, en aquel mismo instante.

Fantaseé sobre aquellos que viesen las estrellas fugaces y las definiesen como inmensas, al contrario de quienes lo harían como ínfimas, a pesar de ser las mismas estrellas, a pesar de serlo en el mismo marco espaciotemporal. Me recreé pensando en aquellos que estarían quejándose del frío, mirando al suelo y perdiéndose el cielo iluminado por los rastros estelares frente a los que estarían atentos, con los ojos como platos y sin perder detalle de todas las tonalidades del azul cerúleo que su retina pudiese captar, y sobre todo, disfrutando del momento.

Traje a mi mente a aquellas personas que tirasen la toalla al primer intento fallido de disfrutar de la presencia de las Perseidas, y no me olvidé de aquellas que no se fuesen a la cama hasta logra ver alguna. Incluso, seguro que habría alguien que pasase la noche en vela a pesar de no conseguirlo, tendría ojeras y los pies congelados al día siguiente sin tener ni una sola Perseida en sus recuerdos. Valoré la diferencia entre persistir y no desfallecer para conseguir un objetivo y focalizar las energías hacia el objetivo equivocado, comprendiendo cuántas visiones diferentes habría en aquel mismo instante sobre esta decisión respecto a seguir mirando al firmamento…o no.

Imaginé los pensamientos de quienes se deleitaban pensando en cómo compartir la experiencia con quiénes no habían podido hacerlo, los que sólo querían sacarse una foto para subirla a las redes, los que habían ido en grupo por echarse unas risas. Y también en los que pedían deseos para sí mismos, deseos para los demás, en los que veían en las estrellas a sus seres queridos y perdidos, y me imaginé que los estaban sintiendo un poquito más cerca en ese momento. Me pareció, sencillamente hermoso, por ellos y por mí…

Y seguí pensando, llegando a la conclusión de que todos estábamos conectados en aquel momento, por algo que va más allá de nosotros, algo mucho más grande de lo que podemos imaginar como es el Universo. Y todo ello, a pesar de tener visiones tan diferentes de la vida, actitudes tan dispares ante el mismo escenario, tener percepciones tan distintas ante la misma realidad.

Estoy preparada para que pienses que no hay post más cursi (ya me dijeron algo similar en Twitter cuando publiqué una reflexión parecida). Y lo estoy porque creo firmemente que yo sola, de manera aislada, soy pequeña, prácticamente insignificante, pero junto a ti y al resto, somos invencibles si nos lo proponemos. Llámame ilusa, mientras tanto seguiré mirando las estrellas y pensando cuántas personas lo están haciendo en ese mismo instante, entre ellas tú.

 

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Manos que no dais, qué esperáis

Este post no pretende ser una lección moral, sino una reflexión personal sobre lo que considero básico en la vida: dar, aportar y sumar, para poder esperar recibir. Si has tomado algún café conmigo, hemos conversado o compartido alguna formación, no será algo que te sorprenda pues es un tema que surge muy a menudo en mi entorno.

Siempre he sostenido que el refranero popular y la figura de los abuelos, atesoran una inmensa sabiduría. Y el paso del tiempo se está encargando de darme la razón, te explico porqué pienso así…

Mi abuela, casi analfabeta por tener que trabajar desde bien niña, siempre ha sido muy refranera. No puedo citar todos los refranes que me ha dicho a lo largo de mi vida, siempre perfecta y dolorosamente situados en el marco espaciotemporal. Pero sí me gustaría hablarte de uno de ellos, que cada día cobra más sentido para mí: “Manos que no dais, qué esperáis”.

Me han educado en el agradecimiento como muestra de reconocimiento y estima hacia alguien, dado su servicio de ayuda hacia ti. Por lo tanto, para mí, agradecer es tan natural como saludar, despedirse o pedir disculpas. Lo cual choca con lo que me he ido encontrando a lo largo de la vida, y mucho más en estos últimos tiempos.

Intentaré centrarme en el mundo laboral, pues este tema a nivel personal es mucho más doloroso de lo que parece… En estos últimos años, donde la competencia ha aumentado y el mercado laboral está tan agitado, he vivido y presenciado situaciones de auténtica supervivencia. Y a pesar de haber tenido tentaciones, siempre me he mantenido firme en la convicción de que si das, recibirás. Y si no es así, al menos lo has hecho según tus creencias y eso te hace ser mejor persona, pues incluso dar sin esperar nada a cambio, te hace mejor, mucho mejor.

Te hablo de derivar proyectos a compañeros/conocidos en el caso de no puedas (o no sepas) desarrollarlos tú, me refiero a ayudar a alguna empresa o colega a buscar un perfil determinado entre tus contactos. Estoy hablando de crear puentes entre personas con tan solo una llamada o un mail para facilitarles la vida cuando a ti a penas te supone un minuto. Y te preguntarás ¿y tú que ganas? Pues gano y mucho más de lo que pueda parecer…

 

Lo que inicialmente es gratuito, se te devuelve: no siempre en el tiempo y forma que esperas, pero vuelve, créeme.

 

Te voy a contar 7 trucos infalibles que te harán mejor profesional y persona, ya que en el fondo es indivisible:

– Cuando veas una oferta de empleo para la que no cumples requisitos, pero sí conoces a alguien que los cumpla: pásale la información. Quizás esa persona haga lo mismo contigo mañana, y si no es así, dormirás tranquilo.

– Cuando estés en una sala de espera para ser entrevistado, relaciónate y sé amable con quienes están presentes (siempre y cuando percibas intención por su parte de querer comunicarse). Hace que el tiempo y los nervios se vean de otra forma y nunca se sabe con quién puedes estar hablando.

– Ante un trabajo que no puedas realizar por agenda o por falta de conocimientos, piensa en algún contacto de confianza que pueda hacerlo y ofréceselo. Tranquilo, no estás abriendo la puerta al enemigo, sino creando nuevas alianzas.

– Cuando alguien te pregunte si conoces algún profesional que domine algún tema ajeno a tí, piensa y estrújate bien el coco. Seguro que conoces alguno, y si haces que se conozcan, habrás solucionado el problema de dos personas de un plumazo y de paso, habrás afianzado relaciones.

– Cuando tu “competencia” tenga éxitos merecidos y haga las cosas bien: felicítales, dales la enhorabuena. Eso te honra, y además de mostrar humildad, estás siendo coherente con tus principios.

– Cuando algún colega publique temas interesantes o posts de calidad en las redes sociales: no esperes ni un momento para difundirlo. Si es bueno y lo difundes, tu criterio y tu marca personal, también lo serán. (Esto puede ocurrirte a pesar de que tu colega, sea insoportable…).

– No bloquees a los que consideras “competencia” profesional: deja que todos vean lo que sabes hacer y dales la oportunidad de generar debate. Con ello mostrarás apertura, flexibilidad y, sobre todo, seguridad en lo que haces y la imagen pública que proyectas.

 

Para finalizar con buen sabor de boca, y a pesar de haber vivido esta situaciones desagradables que comentaba, también me he encontrado con personas maravillosas que me han facilitado participar en proyectos interesantes, que han confiado y han creído en mí. Compañeros que me han recomendado y me han tenido presente en muchas ocasiones, personas con la que se han creado vínculos que van más allá de lo meramente profesional…

 

A todas ellas GRACIAS INFINITAS!!! Todo lo que he recibido es inmensamente mayor que lo dado. De ahí que crea a ojos cerrados tanto en el refrán de “Manos que no dais, qué esperáis” como en el de “Es de bien nacidos, ser agradecidos”.

 

Imagen: pinterest.com

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Autocontrol: la gestión del cambio personal sin perder la esencia

Gestión del cambio

La vida es cambio permanente y ese cambio implica gestionar y controlar aquellos aspectos que no nos conducen al éxito, sin perder por ello la esencia de lo que somos.

Como ya sabrás, soy una apasionada de la inteligencia emocional, y como hacía tiempo que te hablaba sobre ella, hoy me apetece algo relacionado con una de las competencias más deseadas de la inteligencia emocional, pero también de las que más esfuerzo conlleva: el autocontrol. Y lo es, porque cuando hablamos del autocontrol, de la gestión de las emociones y su funcionamiento, nos entran dudas de cómo ponerlo en práctica, pero también del efecto que supondrá en nosotros.

De sobra sabes que el hecho de no controlar tus pensamientos (“Voy a equivocarme”) y los efectos fisiológicos que conlleva (sudoración, taquicardia, etc) conduce a un determinado comportamiento (bloqueo mental, por ejemplo). Pero te sigue ocurriendo, te parece que no tienes control sobre ello y NUNCA podrás cambiarlo. Nada peor que un totalitarismo en estos casos…

Pero ¿y si los consiguieses controlar? ¿Tendrías en algún momento, la sensación de ser un farsante, uno actor, de fingir?… Aún saliendo beneficiado del cambio logrado, de controlar el comportamiento que te perjudicaba, podría quedarte un resquemor de no estar haciendo lo que realmente te apetece. Esa es una lucha interna y constante del ser humano: ¿Hago lo que me apetece o lo que es mejor para mí? ¿Me dejo llevar o controlo mis impulsos? ¿Soy natural y sincero o, por el contrario, artificial y forzado?

Voy a empezar a centrar, que me conozco…

Este post tiene dos partes, una de entrenamiento, más práctica y otra de reflexión, para que no tengas la menor duda de que gestionar y entrenar la gestión de tus emociones no te hace ser otra persona, sino ser mejor persona, esa versión mejorada de la que tanto se habla.

En este primer punto de inflexión, meramente práctico, me gustaría facilitarte el camino hacia la autorregulación (no te asustes por el nombre, no es tanto como parece), y por eso te cuento de forma muy breve cómo realizar una modificación de una conducta cualquiera que no te resulte beneficiosa. Intenta seguir estos sencillos, pero al mismo tiempo difíciles pasos:

1) Elige una situación que te produce malestar, por ejemplo: Hablar en público.

2) Analiza los pensamientos que tienes en ese momento, tu diálogo interno, por ejemplo: “Voy a meter la pata, voy a quedarme en blanco”.

3) Detecta los efectos en tu cuerpo, por ejemplo: “Sudoración de las manos, aceleración del pulso…”

4) Reflexiona sobre lo haces finalmente en esa situación desagradable, por ejemplo: “No consigo articular palabra, me bloqueo”.

5) Ahora piensa si es posible pensar de otra forma, de alguna que te conduzca a conseguir tus objetivos, por ejemplo: “Tengo el tema controlado, lo voy a hacer bien, voy a ir punto por punto…”. Te estoy hablando de pensamientos alternativos, una conversación contigo mismo diferente a la que tenías hasta ahora mismo.

6) Y con este pensamiento alternativo, creado por tí fuera de contexto, anticipa el comportamiento alternativo que se generaría en tí, por ejemplo: “Hablar tranquila y sosegadamente en la exposición en público, desarrollando punto por punto sin bloquearme”. Te estoy pidiendo que amplíes tu registro de conductas, sobre todo en aquellas en las que saldrás beneficiado.

Para mejorar tus resultados, puedes acompañar estos sencillos pasos con técnicas como la visualización, la simulación o el anclaje, de los cuales hablaré más en otros posts. Pero de momento, vamos a ir poquito a poco, pero avanzado en los cambios.

 

La segunda parte del post es la que tiene más miga, para mí, la más interesante pues es la base de uno de los principales temores ante el cambio: ¿seré un actor de mí mismo? ¿perderé naturalidad? Eso depende única y exclusivamente de tí. El hecho de decidas cambiar parte de tu comportamiento como forma de mejora, no implica perder tu esencia, es simplemente una transformación, un progreso del cual eres consciente y partícipe.

Por lo tanto…¡siéntete orgulloso! Crece, cambia, mejora todo lo que puedas y quieras, porque con ello harás mejor tu vida y la de quienes te rodean. No temas enfrentarte a comentarios como “Uy, ¡cómo has cambiado!» o «¡No pareces ni tu sombra!”. Me parece a mí que es mejor recibir esos comentarios que aquellos que reflejen que eres igual que hace 10 años, algo que por otro lado, es imposible. Pero es sólo una idea, claro…

Eres (somos) producto de una evolución constante, de un cambio permanente, pero no sólo dentro del contexto de la especie, si no desde el mismo instante en el que naces y hasta que deje de existir. Así que cambia, prospera, renueva actitudes y pensamientos que ya no te sirven. Y todo ello, sin perder la esencia de lo que eres, porque no hace falta dejar atrás aquello que eres ni te hace mejor, tan sólo cambiar y pulir lo que te limita.

“Renovarse o morir”, eso dicen ¿no?. Pues te invito a avances, a que te transforme y mutes y a que seas mejor, así de sencillo. El desarrollo personal y la mejora continua es un proyecto de vida, aunque a veces pienses que en el camino has dejado de ser quién eres. No lo dudes, serás tú pero mucho mejor, y créeme, eso es bueno.

Serás tu mejor versión, y lo mejor de todo, es que al mismo tiempo seguirás siendo, en esencia, tú.

Imagen: Google.com

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Los 10 pilares de la gestión emocional en las redes sociales

Hoy tenía planificado publicar un post sobre otros contenidos, pero ya sabes que cuando la inspiración llega, no se puede luchar contra ella. Más bien, hay que aprovecharla.

Por varios motivos personales y profesionales, esta semana ha sido muy intensa, tanto para lo bueno como para lo malo. Y recordando una interesante conversación con dos grandes amigas, surgió este debate: en las redes sociales se percibe tu estado ánimo, ya sea bueno o no tan bueno, y al mismo tiempo, las redes sociales generan emociones en tí. Por lo que decidí hacer mi propia guía sobre cómo gestionar las emociones en las redes sociales.

Vamos allá!

1.- Las redes sociales unen, pero no atan: es decir, te hacen conocer a personas y generar relaciones, pero éstas pueden desaparecer a lo largo del tiempo, ya que nada es permanente. Es necesario que lo sepas y hagas uso de ello siempre que lo creas conveniente, pues también lo harán contigo… Nadie ha dicho que tengas que ser por siempre seguidor o amig@ de todos, lo serás mientras te aporten o aportes, recuerda que estás en todo tu derecho.

¿Cómo superar cuando alguien deja de seguirte?

¿Cómo dejar seguir a alguien o salirte de un grupo «sin ser visto»?

¿Qué hacer cuando te bloquean?

Me asusta que este tipo de preocupaciones abunden cada vez más en nuestras conversaciones y lleguen a generar trastornos del estado de ánimo cuya causa no existían hace 20 años.

2.- Tu número de amigos/seguidores no está directamente relacionado con tu impacto: tener mil amigos o seguidores, no significa tener mil apoyos o mil fans. Significa que tienes a mil usuarios que puede que vean tu perfil… o no. Asúmelo, te será mucho más fácil seguir disfrutando de las redes sociales y no “sufrir” cuando dejes de tener seguidores o contactos.

3.- No vas a gustar a todos: al hilo de un post anterior, no se puede gustar a toda la red, por lo que tendrás detractores, opiniones en contra o hasta enfrentamientos. No entres en ese juego, te desgastará y no es necesario para seguir en las redes sociales. No des valor a aquellas opiniones que no lo tengan, tenlas en cuenta lo necesario para mejorar y avanzar.

4.- Reflexiona sobre lo que generas en las redes sociales: no solamente como forma de conseguir más adeptos o mejorar tu imagen, sino porque aprenderás de tus errores y entrenarás tus competencias. Utiliza el feedback que recibes como forma de saber aquello en lo que estás teniendo éxito y saboréalo, pero también analiza lo que no consigues e intenta encontrar el motivo.

5.- Aprende: el entorno virtual está lleno de oportunidades de aprendizaje, de tu propio sector o de otros por conocer, pero también de personas y de sus experiencias. Quédate con lo mejor de cada uno de ell@s, y ofrece también tu mejor versión. Agudiza bien todos tus sentidos y crea contextos de aprendizaje, incluso de los que tengan un matiz agridulce (de esos, es de lo que más se aprende).

6.- Sé auténtic@: lo mismo que percibimos las emociones o intensidad en lo que se publica, también percibimos con el paso del tiempo quienes “inflan” su imagen o fingen aptitudes/actitudes. Y eso no gusta a nadie, así que si no quieres recibir regalos envenenados, tampoco los hagas. A todos nos cautivan las personas auténticas, que no venden humo y cuyos perfiles desprenden sinceridad.

7.- Te han decepcionado: Si descubres que alguien no es como tú pensabas: no pasa nada. Las personas nos creamos expectativas sobre los demás que en muchos casos no se cumplen, y en este entorno es mucho fácil equivocarse. Valora si quieres mantener esta relación y sigue con tu vida sin enfadarte, no le dediques energía ni tiempo a relaciones que no van a llegar a ninguna parte.

8.- No recibes lo que das: se habla de compartir, generar conocimiento, crear relaciones. Pero notas que no recibes lo que esperas… Puede, que además de haber puesto demasiada esperanza y esfuerzo en determinadas relaciones, quizás no estés en el lugar adecuado. La red es muy grande, no lo olvides. Busca tu hueco, seguro que lo encuentras, no desistas.

9.- Disfruta de las oportunidades: las redes sociales te permiten conocer a personas que de no ser por esta vía, habría sido casi imposible. Crea vínculos, cultívalos, mímalos y déjate querer. Siente el apoyo que recibes en aquellas ocasiones que no te esperabas (o quizás sí…) y agradécelo. Este mundo te da maravillosas sorpresas que debes recibir con los brazo abiertos, hay PERSONAS extraordinarias por descubrir.

10.- No todo lo que ocurre en las redes tiene que ver contigo: ¿te has parado a pensar en la cantidad de información y personas que se dan cita en el mundo virtual? No vas a tener capacidad para asimilar todo lo ocurre, ni falta que te hace, ya que todo lo que acontece no tiene relación contigo ni te aporta. Y no sólo me refiero a los contenidos o debates, sino a los conflictos inherentes a las relaciones que también se dan en este contexto. No todo gira entorno a tí, así que despersonaliza y relájate, que quizás ese comentario tan ofensivo no vaya por tí.

Espero haberte ayudado a gestionar las emociones que te puedan generar las redes sociales, si se te ocurre alguno que sumar a la lista, no dudes en comentarlo (estoy haciendo uso de los consejos 5 y 9 😉 ).

 

Todo esto me hace pensar que no estamos preparados a nivel emocional para un uso consciente de las redes sociales como una herramienta y canal de comunicación que nos ayude en el día a día. Y es posible que en nada, comencemos a ver trastornos mentales y del estado de ánimo que no existían hace 30 años y cuya causa provenga del mal uso de la red a nivel mundano y profesional.

Por ello, tengo por objetivo presentarte en nada una formación específica sobre esta temática dirigida a aprender a gestionar las emociones en el uso consciente de la red, tanto a nivel personal como profesional. Y lo mejor de todo, es que no estaré sola en este proyecto…

 

Imagen: shutterstock.com

Si quieres trabajar este y otros aspectos relacionados con la gestión de emociones que te impiden tener un mayor equilibrio en tu vida, puedes hacerlo a través de los diferentes programas de formación que aparecen en la web. Son programas totalmente personalizados para personas y empresas según tus necesidades.

También podemos trabajarlo en el formato de procesos de coaching individualizado, donde entrenaremos las competencias emocionales que bloquean tu desarrollo y avance en la gestión de tus redes sociales y tu desarrollo profesional.

Pero si lo que te apetece es algo flexible que combine ambos aspectos, tu formato es la formación online, donde trabajos aspectos más teóricos desde tu casa a la hora que más te convenga y los acompañamos de tutorías o sesiones de coaching, según la temática elegida.

 

Tú decides.

No olvides, que para lo que necesites y pueda ayudarte, soy #TuPsicologa.

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Y al soplar la primera vela pensé: ¡Gracias!

Este es un post muy especial para mí y me gustaría hacértelo llegar de la mejor forma posible. Me va a resultar complicado transmitirte el cúmulo de emociones que supone celebrar mi primer cumpleblog: un año compartiendo reflexiones, ideas, ilusiones y, sobre todo, aprendizajes.

Me gustaría contarte cómo ha sido el camino hasta llegar aquí, quiénes me han acompañado y el motivo por el que me apetece soplar, como poco, dos velas. Sobre todo, me gustaría que lo supieras, porque tú tienes mucho que ver en ello.

EL ORÍGEN

Pues no sé muy bien cómo empezar, porque no tiene una fecha concreta, pero sí tiene muchos protagonistas, muchas manos cercanas que ha ayudado para conseguir dar el salto.

Jaime Gayol, mi marido, que antes de saber yo misma que iba a tener un blog, y mucho menos mi propia web, se encargó de comprar los dominios para hacerlo posible…dos años antes de su estreno. A eso le llamo yo tener visión! Por darle el formato y apoyo tecnológico que necesitaba y saber plasmar lo que estaba en mi mente y tanto me costó materializar. Por seguir en la mejora continua que todo esto requiere y aguantar mis momentos de “enfado tecnológico”. Gracias por anticiparte y formar parte de uno de los primeros pasos para llegar a este primer aniversario, y por ver tanto bueno en mí, desde el inicio.

Mi prueba de fuego público, más allá de las redes sociales donde poco a poco fui ganando en confianza, ha sido LNRE (La Nueva Ruta del Empleo). Y a pesar de que ahora mismo ya no colaboro activamente, es de bien nacidos ser agradecidos, siempre lo he considerado mi “lanzamiento oficial” y mi punto de partida. Significó una forma de empezar a compartir y aprender de una comunidad ya formada, muy interesante en su momento y de la cual me he llevado grandes regalos y aprendizajes, además de lo importante en realidad: las personas.

Luego está Rebeca Rodríguez Escudeiro, gran profesional y mejor persona (parece una frase hecha, pero es tal cual en su caso). Por esos cafés y comidas en los que el tema con el que finalizabas siempre era el mismo: “necesitas un blog, una página web donde mostrar todo lo que eres”. Gracias por creer en mis posibilidades antes que yo misma, gracias por ser incansable!

También tiene mucho que ver Elena Arnaiz, que con sus empujones virtuales y sus “puyitas”, consiguió encender en mí la necesidad de tener un lugar propio donde dar rienda a suelta a mis pensamientos y dar forma a todo lo que puedo hacer para acompañarte en tu desarrollo personal y profesional desde la psicología. Ella, no es realmente consciente del poder que tuvieron nuestras conversaciones en esta decisión, en la de no seguir siendo una “sin techo digital” como diría Alfonso Alcántara. Así que, de nuevo, gracias!

EL CAMINO

Aquí quiero centrar mi esfuerzo en contarte quiénes han sido mis «compañeros de viaje» en este año, y me gustaría comenzar por mis referentes en la red, que son muchos y muy variados. Y lo son por lo que consiguen transmitirme e inspirarme, por todo lo que aprendo de sus palabras, por la persona que hay detrás de cada perfil y que, en muchos casos, he conseguido la suerte de poder abrazar. Lo son, porque viendo sus resultados, su trayectoria y su esfuerzo, me hacen querer ser mejor cada día, y en ellas estoy… Ellos son, y anticipo que el orden no tiene relevancia, Pilar Jericó, Mertxe Pasamontes, Eva Collado Durán, Merce Roura, Andrés Pérez Ortega, Alex Rovira, Rafael VidacGuillem Recoloms, Víctor CandelMercedes Romero, Rosa Montero, Almudena Lobato,  Javier García, Eloy Cánovas, Isabel Iglesias, David Barreda, Iñaki González

Y me quedo muchos en el tintero, que cada vez son más habituales en mis lecturas y estoy segura que pronto pasarán a formar parte de esta lista de imprescindibles e incluiré en mi segundo aniversario.

No puedo, ni debo olvidarme de aquellos profesionales que también me han hecho ver en lo que NO quiero llegar a convertirme, incluso por verme reflejada en algún momento en ellos y decidir reconducir hacia dónde quiero ir. Gracias! Es tan importante saber hacia dónde quiero ir como hacia dónde no. En este caso, sobran las etiquetas ;). En esta misma línea, también he descubierto y constatado que no soy blog de buen gusto para todos, y eso forma parte del propio aprendizaje y mejora continua, con lo que también agradezco cuando me haces llegar que no estás en sintonía conmigo y no te gusta ni lo que hago ni lo que soy. Mientras sea con respeto y me aportes, me encantará saber de ti, seguro que aprendo.

Pero sin duda alguna, en este camino de crecimiento quiénes me han acompañado, apoyado y ayudado a llegar aquí, han sido personas como tú. Detrás de cada contacto de las diferentes redes sociales (Facebook, Linkedin o Twitter), de los suscriptores del blog y sus comentarios, hay un inmenso aporte para mí. Y por si acaso no te ha quedado claro cada vez que interactuamos en las redes, mi homenaje particular es este, es para ti.

A tí, antiguo y actual alumno, desde Paz Gf de los certificados de profesionalidad, pasando por Javier, Alicia Ordoñez sin olvidar a Araceli Fernández Sela o Kira López García. Desde los alumnos del PIE I (Teresa Martín, Lucia Conci Galimi, Gemma Prado y resto de participantes) y a los del Programa CEFET (Dolores Holgado, Jaquelin Madeira, Noelí Fernández, Eva Martínez Mielgo, Isabel González…todos realmente!) ambos del Ayuntamiento de Oviedo de la mano de Ana García Turbón.

A tí, que has sido alumno de alguna de las 24 ediciones de los talleres para mandos intermedios de Club Asturiano de Calidad, o de las 2 ediciones del programa «Ponte las pilas» de la Agencia de Activación Juvenil del Ayuntamiento de Gijón. A tí, que has formado parte de alguna de las acciones formativas en las que hemos coincidido a lo largo de estos 12 años y te encargas de hacerme llegar que lo vivido en común, no ha caído en saco roto.

A tí, que has llegado y te has convertido en imprescindible para mí, por tus comentarios y aportaciones, por hacerme reflexionar y mejorar cada día mi estrategia: Pedro A. Muro, Sandra Fernández Climent, Marigely Espínola, Juana María Hernández, Daniel Vilá, Beatriz Arroyo, Élia Guardiola, Kike Iglesias y a otros tantos que no menciono más por motivos de espacio que de importancia.

Y a tí, que confías en mí para que te acompañe en tu proyecto de vida, en tu camino hacia el cambio y lo haces a corazón abierto frente a frente o a miles de kilómetros gracias a la magia de la red. A tí, que me permites entrar en tu organización y hacerme partícipe de ella durante un tiempo para facilitar la mejora que buscas y depositas en mí parte de la esperanza de conseguir los mejores resultados en ella. A tí, a mi cliente, debo gran parte de las historias que cuento en mi blog, gran parte de las reflexiones que me gusta compartir desde aquí y que es motivo de este agradecimiento.

LA META

Sencillamente seguir, esa es la meta. Seguir sumando: referentes, aprendizajes, crecimiento, experiencias, personas. Continuar escribiendo esta historia, de la que tan solo el primer capítulo, me ha confirmado lo que ya intuía: siempre me llevo más de lo doy, siempre recibo infinitamente más de lo ofrezco.

No me voy a extender en la meta, porque lo quiero es escribirla contigo, junto a ti y para eso necesito conocerte y escucharte, leerte y conectar contigo.

Ya sabes donde encontrarme para formar parte del segundo aniversario, te espero.

Gracias por adelantado por leerme…

 

Imagen: Pixabay.com

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Del sacrificio a la elección

Dicen que todos pasamos por momentos de crisis existenciales al menos un par de veces a lo largo de la vida.
Dicen que cada cierto tiempo, nos desprendemos gradualmente de partes vitales que ya no nos sirven, cual muda de una serpiente, y que nos van transformando poco a poco, hasta que llegado un momento, podemos no reconocernos ni ser reconocidos por quienes nos rodean.
Dicen que somos el producto de pequeñas y minúsculas acciones que vamos poniendo en marcha durante toda nuestra existencia y cuyo resultado actual es difícil de comprender si lo analizamos de manera aislada.
Dicen todo eso, y yo lo creo…

Lo creo porque lo veo día a día como espectadora privilegiada en primera fila de vidas ajenas que pasan delante de mis ojos. Vidas de las cuales aprendo y observo, entro y salgo intentando empaparme lo justo para desprenderme de lo superfluo y quedarme con lo mejor de cada persona. Y de ese aprendizaje vicario (aprender de los que hacen otros), en el cual me he visto tan reflejada como totalmente fuera de contexto, he conseguido extraer unas conclusiones que me han ayudado a comprender la necesidad de pasar del sacrificio a la elección como trasfondo de todas esas situaciones con las que abro el post.

El vincular durante tanto tiempo el esfuerzo, el éxito, el amor o la maternidad/paternidad al sacrificio nos ha perjudicado de una manera tan profunda, que a veces, ni somos consciente. Sacrificar significa “Abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien” y te aseguro que mientras ese alguien no seas tú mismo, o al menos en parte, no será la forma de vida más adecuada.
Si consigues cambiar la actitud sacrificada y de renuncia en beneficio de alguien, frente a la de la elección, a la de decidir para favorecer a la otra parte, sin olvidarte nunca del tuyo propio, la vida cobrará otro sentido.
No será fácil, tendrás que luchar contra quienes te tilden de egoísta, de egocéntrico. Tendrás que convivir durante un tiempo con una letra escarlata en el pecho que te marcará como ególatra, pero te prometo, que una vez superada esa fase, los lastres de tus sacrificios pasados cada vez pesarán menos y darán paso a una tremenda liberación.

Para ello me he servido de mi propio aprendizaje basado en los de las personas que me hacen partícipe de sus vidas en momentos cruciales, y a las cuales nunca estaré lo suficientemente agradecida por haberme allanado el camino. Confío en que puedan servirte a ti también:

– Estudios: estudia, fórmate, aprende y crece profesional y personalmente a lo largo de toda tu vida. Pero hazlo de manera que uno implique lo otro, es decir, genera conocimiento que puedas aplicar y que te enriquezca a partes iguales. Uno sin lo otro, pierde valor y con el tiempo, se desvanece.
Estudia lo que te aporte, aprende todo cuanto consideres que suma en tu vida, cambia y reajusta tantas veces sea necesario para llegar al resultado más beneficioso para tí. Esto no implica que no te encuentres con partes del estudio o aprendizaje difíciles, costosas o que decepcionen, todo ello forma parte de la elección. Pero esa decisión también conlleva que cuando pese más lo negativo que lo positivo en ese camino de crecimiento, quizás sea el momento de tomar otra dirección.

– Empleo: trabaja, sé productivo, aporta a la sociedad, pero no te olvides de tí mismo. Y elige un empleo en función de lo que necesites en cada momento: dinero, desarrollo profesional/personal, libertad, prestigio, cambiar, independencia… Siempre que sea tu elección, será válido, pero también supondrá unas consecuencias. Será más o menos difícil acceder a él, implicará más o menos responsabilidades, será más o menos dificultoso cambiar a otro cuando lo que nos aportaba ya no cubre nuestras necesidades actuales. El empleo, al igual que el desempleo, es una circunstancia más de tu vida, dale el valor que tiene para ti, elige la actitud a tomar y en consecuencia, actúa.

– Familia: este es un tema difícil de abordar, pero allá voy. La familia es un grupo de personas con el que estás emparentado y te unen vínculos de consanguinidad y/o afectivos. Y a veces, no van unidos. Ni es nada triste, ni poco frecuente, es algo natural que debemos asumir y afrontar. Son relaciones impuestas por la genética, que en muchos casos vienen acompañados de amor incondicional, pero en otros no. Por todo ello, puedes elegir la relación que quieres tener con tu familia e incluir a personas nuevas en ella, pero como en cualquier relación, ha de ser consensuado y eso conlleva negociaciones, acercamientos y cesiones, siempre en búsqueda de un beneficio común. No existe la familia perfecta en tamaño, forma o estructura, existe la familia funcional que sirve como núcleo de apoyo de quienes la forman.

– Amistad: puedes tener un mejor amigo, amigos de los de toda la vida o amigos por etapas vitales. Puedes tener un sinfín de conocidos con los que compartir momentos y no profundizar en ninguna relación. Puedes tener la idea de amistad que te apetezca, y será la correcta, siempre y cuando sea comprendida y aceptada por la otra parte. No hay una amistad ideal, sino tantas amistades como relaciones existen. De ahí que las amistades cambien, desaparezcan, se transformen, tengan idas y venidas, eso es síntoma de que están vivas, como las personas que las conforman. Y de ahí que una amistad no deba implicar un sacrificio, sino una elección.

– Amor: con el amor hemos topado! Ese amor perfecto, duradero que duele tanto que oprime… Ese, no tiene porque ser el amor que busques tú. La idea de amor, es muy similar a la de amistad o familia: es personal e intransferible, y no es más que eso, una idea. Por lo tanto, habrá tantos tipos de amor como de relaciones sentimentales. Pero si algo tengo claro, es que el amor no debe doler, ni hacer daño, ni perjudicar a una de las partes. El amor debe complementar, hacer crecer y mejorar, sacar lo mejor de cada cual, y no tiene porqué hacerlo para siempre, tiene que hacerlo mientras dure. Si bien es cierto, el amor, como cualquier relación, necesita de cuidados y conlleva elecciones, pero no debería acarrear sacrificios…

En definitiva, cualquier situación o momento vital por el que pases que signifique más renuncias en beneficio de alguien que de ti mismo, supone un sacrificio. Y a mí, me gusta más pensar en elegir, en decidir, en asumir responsabilidades que en llevar pesados yugos emocionales.

Imagen: @Anka Zhuravleva.

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A vueltas con el coaching y las psicopatologías

De hace un tiempo a esta parte estoy viviendo algo en mi día a día profesional que no me gusta en absoluto. La peor de mis sospechas desde hace años se comienza a confirmar y creo que ha llegado el momento de hacer un llamamiento a la cordura, pero sinceramente, no sé por dónde empezar.

En los últimos meses he recibido varias peticiones de clientes para iniciar procesos de coaching que no he podido llevar a cabo y me gustaría contarte el motivo. En la sesión previa que siempre tengo con los posibles clientes (todavía no lo son hasta no finalizar dicha sesión), exploramos sus objetivos, su necesidades y expectativas y también sus antecedentes de salud mental. Sí, lo hacemos y a fondo. Exploramos juntos si existe en su historial médico precedentes de insomnio, ansiedad, depresión, fobias y de otras psicopatologías como el trastorno bipolar, los trastornos del espectro autista o los trastornos obsesivos-compulsivos. Para ello me hago valer del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) y lo repaso cada vez que me encuentro con algún caso que me genera dudas sobre la base en la que sustentará la relación con mi cliente: la transparencia y la confianza.

Y lo hacemos porque, de presentarse alguna de esas patologías, el proceso no puedo continuar adelante, al menos, no conmigo. Mi formación como psicóloga sanitaria, pero no clínica, no me permite continuar, aunque sí diagnosticar la psicopatología de base existente y que no es el foco de la metodología del coaching. Y este es el momento en el que le derivo a diferentes colegas de confianza que le podrán ayudar en lo que necesita.

Aunque yo creo que esta parte de la historia ya te le he contado antes (Jugando a ser dioses y El coaching, una “moda no exenta de vende humos), si es que no te la sabes tú por la clara diferenciación entre psicología y coaching que la democratización del conocimiento ha favorecido desde hace tiempo. Y bienvenida sea la popularidad y el acercamiento de la psicología y el coaching a la sociedad, pero que sea para bien, por favor!

Estos casos a los que me refiero, y que cada vez son más, recurren a la metodología del coaching como último recurso o alternativa a tratamientos psiquiátricos fallidos o terapias psicológicas inservibles para ellos. Incluso han pasado por “imposiciones de manos” antes de llegar a mí. Y lo realmente preocupante, es ¿cómo ha llegado a mí, a solicitar(me) un proceso de coaching cuando existe una psicopatología diagnosticada previamente? ¿en qué momento han podido leer o creer que el coaching es la cura para todos los males? Porque el coaching, a pesar de lo que se intenta hacer ver, ni cura ni sirve para todo.

La metodología del coaching se puede aplicar en el desarrollo de muchas profesiones para facilitar cambios y favorecer mejoras en personas sanas, y con sana me refiero a la ausencia de patologías del espectro emocional y/o mental. Mi temor convertido en realidad son esas personas que llegan a mí esperanzadas por haber oído en algún lugar, que con el coaching vivirían mejor, y mi problema radica en convencerles y explicarles que no es así. En muchas ocasiones he vivido incluso enfados y ofensas, los cuales asumo como parte del manejo de mi profesión, pero no es esa mi principal preocupación.

Cierto que cada uno comprende su realidad como quiere o como puede, pero lo que me preocupa terriblemente es el aumento de personas con problemas de salud mental claramente diagnosticados y de larga evolución, que acuden al coaching como la panacea para todos sus males. Además de que esto puede ayudar a proliferar la falta de escrúpulos y ética profesional (sí, seamos sinceros, es triste, pero es así), ese no es el objeto de esta herramienta.

Algo se está haciendo mal, algo estamos haciendo mal para ensuciar tanto, para emborronar lo que debería ser transparente y tender puentes hacia el bienestar de quien recurre al coaching para mejorar su vida. Algo se está transmitiendo mal a la sociedad cuando quien llega a mí, lo hace con tales confusiones sobre el uso de esta poderosa (que no omnipotente) metodología. A estas alturas, pensaba que estaría claro lo que es y lo que no es coaching, para lo que sirve y para lo que no, y mi sorpresa es que cada vez existe más confusión al hacerla extensible a todo.

Siento decirte que no es así, que no sirve para todo ni para todos, ni siquiera para todos los momentos vitales. Y si en algún caso existe la duda, ante la existencia de una enfermedad donde la persona llega a tí, desesperada y con problemas de salud mental, no te dejes llevar por la soberbia de los títulos o la necesidad de tener clientes, ni siquiera por las ganas de ayudar. Si derivas a esa persona al profesional adecuado, a pesar de su enfado y su insistencia, a pesar de sus halagos y hacer crecer tu ego, ya habrás ayudado y habrás desempeñado correctamente tu papel como profesional. En caso contrario, déjame decirte que estarás poniendo una losa sobre quien demanda tu saber hacer, aumentando aquellos problemas por los que acude a tí para solucionar.

No sé de dónde debe partir ese adecuado acercamiento a la sociedad, ni de quién ni cómo debe hacerse, pero te aseguro que yo no voy a ser partícipe de hacer enfermar aún más a quienes ya lo están por el simple hecho de no tener claros mis propios límites. No me atrevo a hablar de regulaciones, ni de sanciones, no me siento capacitada para ello, ni mucho menos con ganas de entrar en batallas para las cuales no estoy preparada. Pero sí me atrevo a contarte que lo que he vivido en estos últimos meses no es agradable, y es ver de primera mano el daño infringido a quiénes creen haber encontrado una cura para aquello con lo que deben aprender a vivir.

Como te decía al principio, no sé por dónde empezar más allá de la responsabilidad de mis propios actos y he pensado que si lo decía en voz alta, me sería más fácil llegar a la respuesta…

 

Fuente de la imagen: Pixabay.com

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Personas con alma. Jaqueline Madeira: P.A.S. (Personas Altamente Sensibles): mucho más que tres iniciales.

Jaqueline Madeira, es Doctora en Psicología, Especialista en Inteligencia Emocional y una de las profesionales de referencia a nivel nacional en P.A.S. (Personas Altamente Sensibles), un rasgo de personalidad caracterizado por una mayor actividad de procesamiento sensorial. Quienes poseen este rasgo, perciben y procesan las información sensorial de manera diferente.

Ella fue la primera #PersonaConAlma invitada a mi blog, y ni siquiera ambas sabíamos lo que suponía, tanto para ella como para mí. Han pasado tantas cosas en estos últimos 3 años que siento con la obligación de ponerle el nombre adecuado a este post y hacer visible de una vez por todas y para siempre, que su autora es Jaqueline Madeira.

Ella se centra tanto en los demás, que se olvida un poquito de sí misma (ya sabes que no me gusta nada eso, pero aún así, formas parte mi vida).

Ella ha dedicado horas de estudio e investigación a conocer este rasgo para ayudar a sacarle partido a quienes los poseen y aprender a vivir con él. Y lo hace a través de la psicología más rigurosa, con técnicas basadas en la inteligencia emocional y dirigido a la persona que quiere gestionar su cambio, pero también a todo su entorno.

Ella es una de las profesionales con mayor sensibilidad a la hora de trabajar la gestión emocional con niños, familias y adultos, para implantar programas de gestión emocional en una de los pilares del desarrollo: la educación. 

Ella, es una referente en muchas más cosas que todo esto que te cuento a nivel profesional, pero esa parte…me la reservo para mi propio disfrute. Te comparto tu faceta más visible, la privada es sólo decisión suya.

 


 

La imagen que representa el post me sugiere belleza, fragilidad, color y transparencia frente a un mundo rápido, confuso, borroso, y hasta caótico por detrás…, pero también dentro, ya que la condición de transparencia borra la distinción entre el exterior y el interior.

Y de esto precisamente vengo a hablar. Jessica, me brinda hoy la oportunidad de dar visibilidad a un rasgo de personalidad innato y recién descubierto. En la década de los 90, Elaine Aron, una Psicóloga americana, a través de la descripción de su experiencia personal y terapéutica descubrió que un porcentaje de personas son como ella, ALTAMENTE SENSIBLES (se calcula que en torno a un 20 % de la población). Este grupo de personas son conocidas desde la publicación de su libro como PAS, personas altamente sensibles. Desde entonces centra su trabajo en investigar y describir que es este rasgo, y que implicaciones tiene pertenecer a este grupo.

Cuatro son las características que inicialmente sirvieron para definir a las PAS, aunque conviene recordar que no todas las PAS son iguales y que cada una tiene un perfil propio de PAS entretanto sobre la misma base biológica común:

  1. Una alta capacidad de percepción sensorial, pueden percibir más olores y más sonidos de lo habitual, más intensidad en los sabores, darse cuenta de minúsculos gestos y contradicciones de las personas y sus emociones. Todo ello al mismo tiempo, lo que puede llevarles a una saturación, malestar o cansancio antes que los demás.
  2. Alta capacidad empática. De forma natural empatizan y vivencian el sufrimiento o la alegría de los demás como propios. La intensidad con que viven y sufren la crueldad y la injusticia puede llegar a sorprender. Ver y vivenciar la crueldad o la injusticia para las PAS es a menudo casi lo mismo, les paraliza, y les hace sufrir.
  3. Gran capacidad de reflexión. Las PAS son personas reflexivas, que constantemente están pensando, cuestionando y haciendo preguntas sobre el funcionamiento del mundo. Muchas de ellas, incluso de carácter existencial o hasta espiritual.
  4. Necesidad de momentos de soledad. Las PAS necesitan tener momentos de tranquilidad, refugiándose en el arte, la música o la lectura. Aunque también les gusta y disfrutan de la compañía de otras personas, buscan estar solas por momentos.

Además, pueden ser introvertidas o extrovertidas, son muy observadores pero nos les gusta ser observados lo que incluso puede afectar su rendimiento, les puede costar más tomar decisiones, se sienten molestos con situaciones violentas, son más sensibles a las críticas e intensas emocionalmente.

Da la impresión que las PAS nacen con un código moral y de valores ya aprendidos, como si supieran de antemano que es lo correcto, y sufren, por no entender que pasa en el mundo, con las contradicciones y mal hacer que son capaces de percibir desde muy pequeños.

Estudios e investigaciones neurológicas han demostrado que estas personas nacen con la parte derecha del cerebro más activa, y con un sistema nervioso capaz de captar un mayor número de estímulos y procesarlos con más detalles. Esto explica que perciban más olores, ruidos, y capten con más frecuencia detalles del ambiente, de las expresiones y gestos de los demás que a la mayoría de las personas pasen desapercibido. Estas características están presentes desde el nacimiento. Suelen ser bebés que lloran con más frecuencia, lloran por molestias a pequeños cambios de luz, temperatura, olor o ruido e incluso manifiestan más necesidad de contacto físico o de protección. A medida que van creciendo y pudiendo manifestar sus pensamientos sorprenden a su círculo familiar con preguntas y comentarios curiosos, considerados a menudo superiores a los que correspondería por edad. Incluso demuestran tener un conocimiento prematuro sobre sí mismos, o sus necesidades, nada común en niños pequeños. Las emociones las viven con tal intensidad que a veces abruma, sobre todo cuando se trata de emociones ajenas captadas y no comprendidas.

Volviendo a nuestra imagen…Pueden ser como una hermosa y frágil pompa de jabón. Grandes, con la belleza del color, y a la vez transparentes. Tan permeables que a veces se confunden con lo que esta fuera. Pero a diferencia de nuestra imagen, nada efímeros. Tienen dentro la ruta de un crecimiento personal que les empuja siempre hacia adelante. Aunque el intento de adaptarse al mundo puede desembocar en dificultades en forma de trastornos psicológicos, depresión, ansiedad o incluso somatizaciones. Esto es comúnmente una reacción al esfuerzo de intentar ver y sentir como los demás.

Y la pregunta es… ¿Por qué tener características tan, positivas y necesarias en el mundo actual, casi siempre genera tanto sufrimiento? En primer lugar, porque al ver y sentir de una forma diferente y minoritaria, los mensajes que se reciben desde pequeños es que esa forma de sentir es incorrecta, o demasiado compleja, e incluso, poco útil. En segundo lugar, por la intensidad de las vivencias: el mundo va demasiado rápido cuando necesitamos tranquilidad, demasiado egoísmo cuando necesitamos unión. El sufrimiento está casi siempre dado por el contraste con los valores trasmitidos por la sociedad, la educación y la propia vivencia interna. Es necesaria una reconciliación con el mundo que nos ha tocado vivir.

¿Qué hacer o qué es importante aprender?

Lo primero auto aceptación. Saber que es un rasgo con características que son en realidad regalos. Desarrollar el autoconocimiento es fundamental para sacar partido a las ventajas del rasgo y aprender a gestionar el estrés de las situaciones que no podemos cambiar o controlar. Es necesario equilibrar el exceso de estímulos, aprender que las diferencias se complementan, que podemos aprender unos de los otros y que cada visión aporta. Y que podemos desarrollar la necesaria RESILIENCIA. Pero sobre todo disfrutar, disfrutar mucho del silencio, de la naturaleza, del arte, de la música y de la capacidad que tenemos de vivir desde el corazón…

¿Quieres saber más? Pues acompáñanos en esta bonita aventura que empieza, un proyecto de PAS para Asturias. Os invitamos en los días 16, 17 y 18 de febrero en Oviedo, en la Facultad de Psicología a descubrir más de la mano de Karina Zegers de Beijl, presidenta de la Asociación PAS de España y máxima representante de este rasgo en nuestro país. También será emitido el documental SENSITIVE realizado por la doctora Aron, a partir del cual empezaremos un grupo de estudio. ¡Os esperamos!

Imagen: Pixabay.com

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Mi buena estrella

Hay personas que dicen que la buena suerte existe, y yo soy una de ellas. Pero no la buena suerte que cae del cielo, o la que se basa en el destino o la casualidad. Creo en la buena suerte que se crea y se construye día a día, en la que tiene una base real de sueños que se convierten en objetivos a golpe de fecha en el calendario.

Creo en la buena estrella, creo en mi buena estrella…

Cuando comencé a escribir este post, lo hice desde la visión más objetiva que te puedas imaginar. Con un titular, un desarrollo y unos puntos basados en recomendaciones para hacértelo más fácil. Pero a medida que el texto avanzaba, me di cuenta de que estaba escribiendo un agradecimiento en voz alta a todas aquellas personas que han hecho que hoy pueda hablar de mi buena estrella. Y entonces, me dejé llevar.

Me gustaría compartir contigo aquellas cosas que, vistas hoy desde la distancia, con perspectiva y tranquilidad, son la causa de que pueda considerarme afortunada. No todo el tiempo, no ante cualquier circunstancia, pero sí la mayor parte de mi vida me he considerado así: una persona con suerte.

En la base del éxito para conseguir objetivos en la vida, he descubierto que hay una serie de constantes que se repiten, tanto desde mi propia experiencia como la de las personas que ha depositado su confianza en mí a lo largo de estos años. Te las cuento por si pudieran servirte, estoy segura de que al menos, te harán reflexionar:

Sé dueño de tus decisiones y también de sus consecuencias: arriésgate a dominar por completo tu vida y crear oportunidades que no llegan, disfruta de los éxitos que consigas y aprende de los errores cometidos. Todo habrá sido fruto de tu determinación, y eso en un éxito en sí mismo.

Comparte momentos y experiencias: mi buena estrella ha sido siempre saber elegir las personas con las que compartir mi vida. Tengo una gran familia que me apoya y que es grandiosamente imperfecta, comparto vida y sueños con un maravilloso marido desde hace más de media vida, y desde hace 3 años, compartimos el proyecto de nuestra vida: ver crecer a mi hija Alba. Pero mi buena suerte, no se acaba aquí, pues poseo amigos, con mayor o menor antigüedad, que me aportan todo aquello de lo que carezco y siempre suman.

Aprende de los demás y hazlo de manera continua: desea aprender y crecer siempre, no te canses. Busca personas interesantes que te aporten y a las cuales aportar, intercambia conocimientos y experiencias. Eso te hará más grande, mejor persona y eso deberá formar parte de tu búsqueda de la excelencia.

Date tiempo para superar lo que te ocurre y escapa de tu control: no todo sale bien, no siempre se consigue lo que se desea, y eso es algo que debes aprender cuanto antes. Aquellas cosas que no entren dentro de tu responsabilidad y de las cuales no tengas el control, puede no se lleguen a conseguir nunca. Prueba, observa, experimenta, busca alternativas… y cuando descubras que ya no depende de tí, asúmelo y date tiempo para superarlo. Esto ocurre con los objetivos, los acontecimientos y las relaciones, forma parte del aprendizaje de la vida.

Rodéate de personas que den luz: busca personas que iluminen tus días. Ya sé que puede parecerte un tanto cursi, pero te aconsejo que pruebes. Busca tener en tu vida personas que te inspiren, que te inviten a ser mejor, que sepan más que tú, descubrirás el placer de disfrutar de sus éxitos y de estar cerca de esa luz que desprenden. No es tuya, pero formas parte de ella de alguna manera, ¡qué gran regalo!

Deja ir a quienes no te aportan: al igual que en el caso anterior debes buscarlas, aquí tienes que dejar ir a esas personas. A veces es cuestión de tiempo, otras de que las circunstancias que os unieron un día ya no existen. Lo importante es que ya no sumáis en vuestras vidas y podéis impedir el uno al otro encontrar a quienes sí lo hagan. Te estoy hablando de trabajos y relaciones profesionales, pero también de relaciones personales. Si no aporta, suelta lastre; si no suma, deja ir, déjate ir. Aunque duela, es lo mejor para ambas partes.

– Acepta el cambio como parte de la vida: cada día que pasa eres diferente al anterior y, afortunadamente, nos pasa a cada uno de nosotros. El cambio constante requiere de un esfuerzo permanente para ser aceptado, pero es algo necesario y que te hará mejor, siempre que tú lo quieras ver así. Aprende a asumir los efectos del paso del tiempo y la repercusión de tus actos, en ti y en los demás, la vida te resultará mucho más fácil de entender.

Agradece lo que tienes y te has ganado y lucha por lo que quieres conseguir: todo lo que eres y has conseguido tiene un motivo, agradece poder haber llegado y disfruta de tus triunfos, vívelos. Pero no olvides seguir luchando por lo que quieres hasta donde te permitan tus fuerzas, sin olvidar saborear las victorias que has ido sumando en el camino.

Como te dije al inicio, este post fue tomando poco a poco forma de agradecimiento. Detrás de cada punto tratado, hay una persona, una vivencia, una circunstancia vivida por mí o por alguien que me permitió estar cerca en esos momentos. No puedo poner nombres, no acabaría nunca, pero yo sé quienes son y eso hace que tenga muy claro el motivo de mi buena estrella: todos ellos son mi buena estrella.

 

Y tú ¿puedes poner nombre a tu buena estrella o dejas todo en manos del destino?

Esa buena estrella ¿está en ti o en los demás?

Fuente de la foto: Pixabay.com

 

«Mi buena estrella» Gabinete Caligari, 1989.