Dicen que todos pasamos por momentos de crisis existenciales al menos un par de veces a lo largo de la vida.
Dicen que cada cierto tiempo, nos desprendemos gradualmente de partes vitales que ya no nos sirven, cual muda de una serpiente, y que nos van transformando poco a poco, hasta que llegado un momento, podemos no reconocernos ni ser reconocidos por quienes nos rodean.
Dicen que somos el producto de pequeñas y minúsculas acciones que vamos poniendo en marcha durante toda nuestra existencia y cuyo resultado actual es difícil de comprender si lo analizamos de manera aislada.
Dicen todo eso, y yo lo creo…

Lo creo porque lo veo día a día como espectadora privilegiada en primera fila de vidas ajenas que pasan delante de mis ojos. Vidas de las cuales aprendo y observo, entro y salgo intentando empaparme lo justo para desprenderme de lo superfluo y quedarme con lo mejor de cada persona. Y de ese aprendizaje vicario (aprender de los que hacen otros), en el cual me he visto tan reflejada como totalmente fuera de contexto, he conseguido extraer unas conclusiones que me han ayudado a comprender la necesidad de pasar del sacrificio a la elección como trasfondo de todas esas situaciones con las que abro el post.

El vincular durante tanto tiempo el esfuerzo, el éxito, el amor o la maternidad/paternidad al sacrificio nos ha perjudicado de una manera tan profunda, que a veces, ni somos consciente. Sacrificar significa “Abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien” y te aseguro que mientras ese alguien no seas tú mismo, o al menos en parte, no será la forma de vida más adecuada.
Si consigues cambiar la actitud sacrificada y de renuncia en beneficio de alguien, frente a la de la elección, a la de decidir para favorecer a la otra parte, sin olvidarte nunca del tuyo propio, la vida cobrará otro sentido.
No será fácil, tendrás que luchar contra quienes te tilden de egoísta, de egocéntrico. Tendrás que convivir durante un tiempo con una letra escarlata en el pecho que te marcará como ególatra, pero te prometo, que una vez superada esa fase, los lastres de tus sacrificios pasados cada vez pesarán menos y darán paso a una tremenda liberación.

Para ello me he servido de mi propio aprendizaje basado en los de las personas que me hacen partícipe de sus vidas en momentos cruciales, y a las cuales nunca estaré lo suficientemente agradecida por haberme allanado el camino. Confío en que puedan servirte a ti también:

– Estudios: estudia, fórmate, aprende y crece profesional y personalmente a lo largo de toda tu vida. Pero hazlo de manera que uno implique lo otro, es decir, genera conocimiento que puedas aplicar y que te enriquezca a partes iguales. Uno sin lo otro, pierde valor y con el tiempo, se desvanece.
Estudia lo que te aporte, aprende todo cuanto consideres que suma en tu vida, cambia y reajusta tantas veces sea necesario para llegar al resultado más beneficioso para tí. Esto no implica que no te encuentres con partes del estudio o aprendizaje difíciles, costosas o que decepcionen, todo ello forma parte de la elección. Pero esa decisión también conlleva que cuando pese más lo negativo que lo positivo en ese camino de crecimiento, quizás sea el momento de tomar otra dirección.

– Empleo: trabaja, sé productivo, aporta a la sociedad, pero no te olvides de tí mismo. Y elige un empleo en función de lo que necesites en cada momento: dinero, desarrollo profesional/personal, libertad, prestigio, cambiar, independencia… Siempre que sea tu elección, será válido, pero también supondrá unas consecuencias. Será más o menos difícil acceder a él, implicará más o menos responsabilidades, será más o menos dificultoso cambiar a otro cuando lo que nos aportaba ya no cubre nuestras necesidades actuales. El empleo, al igual que el desempleo, es una circunstancia más de tu vida, dale el valor que tiene para ti, elige la actitud a tomar y en consecuencia, actúa.

– Familia: este es un tema difícil de abordar, pero allá voy. La familia es un grupo de personas con el que estás emparentado y te unen vínculos de consanguinidad y/o afectivos. Y a veces, no van unidos. Ni es nada triste, ni poco frecuente, es algo natural que debemos asumir y afrontar. Son relaciones impuestas por la genética, que en muchos casos vienen acompañados de amor incondicional, pero en otros no. Por todo ello, puedes elegir la relación que quieres tener con tu familia e incluir a personas nuevas en ella, pero como en cualquier relación, ha de ser consensuado y eso conlleva negociaciones, acercamientos y cesiones, siempre en búsqueda de un beneficio común. No existe la familia perfecta en tamaño, forma o estructura, existe la familia funcional que sirve como núcleo de apoyo de quienes la forman.

– Amistad: puedes tener un mejor amigo, amigos de los de toda la vida o amigos por etapas vitales. Puedes tener un sinfín de conocidos con los que compartir momentos y no profundizar en ninguna relación. Puedes tener la idea de amistad que te apetezca, y será la correcta, siempre y cuando sea comprendida y aceptada por la otra parte. No hay una amistad ideal, sino tantas amistades como relaciones existen. De ahí que las amistades cambien, desaparezcan, se transformen, tengan idas y venidas, eso es síntoma de que están vivas, como las personas que las conforman. Y de ahí que una amistad no deba implicar un sacrificio, sino una elección.

– Amor: con el amor hemos topado! Ese amor perfecto, duradero que duele tanto que oprime… Ese, no tiene porque ser el amor que busques tú. La idea de amor, es muy similar a la de amistad o familia: es personal e intransferible, y no es más que eso, una idea. Por lo tanto, habrá tantos tipos de amor como de relaciones sentimentales. Pero si algo tengo claro, es que el amor no debe doler, ni hacer daño, ni perjudicar a una de las partes. El amor debe complementar, hacer crecer y mejorar, sacar lo mejor de cada cual, y no tiene porqué hacerlo para siempre, tiene que hacerlo mientras dure. Si bien es cierto, el amor, como cualquier relación, necesita de cuidados y conlleva elecciones, pero no debería acarrear sacrificios…

En definitiva, cualquier situación o momento vital por el que pases que signifique más renuncias en beneficio de alguien que de ti mismo, supone un sacrificio. Y a mí, me gusta más pensar en elegir, en decidir, en asumir responsabilidades que en llevar pesados yugos emocionales.

Imagen: @Anka Zhuravleva.

De hace un tiempo a esta parte estoy viviendo algo en mi día a día profesional que no me gusta en absoluto. La peor de mis sospechas desde hace años se comienza a confirmar y creo que ha llegado el momento de hacer un llamamiento a la cordura, pero sinceramente, no sé por dónde empezar.

En los últimos meses he recibido varias peticiones de clientes para iniciar procesos de coaching que no he podido llevar a cabo y me gustaría contarte el motivo. En la sesión previa que siempre tengo con los posibles clientes (todavía no lo son hasta no finalizar dicha sesión), exploramos sus objetivos, su necesidades y expectativas y también sus antecedentes de salud mental. Sí, lo hacemos y a fondo. Exploramos juntos si existe en su historial médico precedentes de insomnio, ansiedad, depresión, fobias y de otras psicopatologías como el trastorno bipolar, los trastornos del espectro autista o los trastornos obsesivos-compulsivos. Para ello me hago valer del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) y lo repaso cada vez que me encuentro con algún caso que me genera dudas sobre la base en la que sustentará la relación con mi cliente: la transparencia y la confianza.

Y lo hacemos porque, de presentarse alguna de esas patologías, el proceso no puedo continuar adelante, al menos, no conmigo. Mi formación como psicóloga sanitaria, pero no clínica, no me permite continuar, aunque sí diagnosticar la psicopatología de base existente y que no es el foco de la metodología del coaching. Y este es el momento en el que le derivo a diferentes colegas de confianza que le podrán ayudar en lo que necesita.

Aunque yo creo que esta parte de la historia ya te le he contado antes (Jugando a ser dioses y El coaching, una “moda no exenta de vende humos), si es que no te la sabes tú por la clara diferenciación entre psicología y coaching que la democratización del conocimiento ha favorecido desde hace tiempo. Y bienvenida sea la popularidad y el acercamiento de la psicología y el coaching a la sociedad, pero que sea para bien, por favor!

Estos casos a los que me refiero, y que cada vez son más, recurren a la metodología del coaching como último recurso o alternativa a tratamientos psiquiátricos fallidos o terapias psicológicas inservibles para ellos. Incluso han pasado por “imposiciones de manos” antes de llegar a mí. Y lo realmente preocupante, es ¿cómo ha llegado a mí, a solicitar(me) un proceso de coaching cuando existe una psicopatología diagnosticada previamente? ¿en qué momento han podido leer o creer que el coaching es la cura para todos los males? Porque el coaching, a pesar de lo que se intenta hacer ver, ni cura ni sirve para todo.

La metodología del coaching se puede aplicar en el desarrollo de muchas profesiones para facilitar cambios y favorecer mejoras en personas sanas, y con sana me refiero a la ausencia de patologías del espectro emocional y/o mental. Mi temor convertido en realidad son esas personas que llegan a mí esperanzadas por haber oído en algún lugar, que con el coaching vivirían mejor, y mi problema radica en convencerles y explicarles que no es así. En muchas ocasiones he vivido incluso enfados y ofensas, los cuales asumo como parte del manejo de mi profesión, pero no es esa mi principal preocupación.

Cierto que cada uno comprende su realidad como quiere o como puede, pero lo que me preocupa terriblemente es el aumento de personas con problemas de salud mental claramente diagnosticados y de larga evolución, que acuden al coaching como la panacea para todos sus males. Además de que esto puede ayudar a proliferar la falta de escrúpulos y ética profesional (sí, seamos sinceros, es triste, pero es así), ese no es el objeto de esta herramienta.

Algo se está haciendo mal, algo estamos haciendo mal para ensuciar tanto, para emborronar lo que debería ser transparente y tender puentes hacia el bienestar de quien recurre al coaching para mejorar su vida. Algo se está transmitiendo mal a la sociedad cuando quien llega a mí, lo hace con tales confusiones sobre el uso de esta poderosa (que no omnipotente) metodología. A estas alturas, pensaba que estaría claro lo que es y lo que no es coaching, para lo que sirve y para lo que no, y mi sorpresa es que cada vez existe más confusión al hacerla extensible a todo.

Siento decirte que no es así, que no sirve para todo ni para todos, ni siquiera para todos los momentos vitales. Y si en algún caso existe la duda, ante la existencia de una enfermedad donde la persona llega a tí, desesperada y con problemas de salud mental, no te dejes llevar por la soberbia de los títulos o la necesidad de tener clientes, ni siquiera por las ganas de ayudar. Si derivas a esa persona al profesional adecuado, a pesar de su enfado y su insistencia, a pesar de sus halagos y hacer crecer tu ego, ya habrás ayudado y habrás desempeñado correctamente tu papel como profesional. En caso contrario, déjame decirte que estarás poniendo una losa sobre quien demanda tu saber hacer, aumentando aquellos problemas por los que acude a tí para solucionar.

No sé de dónde debe partir ese adecuado acercamiento a la sociedad, ni de quién ni cómo debe hacerse, pero te aseguro que yo no voy a ser partícipe de hacer enfermar aún más a quienes ya lo están por el simple hecho de no tener claros mis propios límites. No me atrevo a hablar de regulaciones, ni de sanciones, no me siento capacitada para ello, ni mucho menos con ganas de entrar en batallas para las cuales no estoy preparada. Pero sí me atrevo a contarte que lo que he vivido en estos últimos meses no es agradable, y es ver de primera mano el daño infringido a quiénes creen haber encontrado una cura para aquello con lo que deben aprender a vivir.

Como te decía al principio, no sé por dónde empezar más allá de la responsabilidad de mis propios actos y he pensado que si lo decía en voz alta, me sería más fácil llegar a la respuesta…

 

Fuente de la imagen: Pixabay.com

Jaqueline Madeira, es Doctora en Psicología, Especialista en Inteligencia Emocional y una de las profesionales de referencia a nivel nacional en P.A.S. (Personas Altamente Sensibles), un rasgo de personalidad caracterizado por una mayor actividad de procesamiento sensorial. Quienes poseen este rasgo, perciben y procesan las información sensorial de manera diferente.

Ella fue la primera #PersonaConAlma invitada a mi blog, y ni siquiera ambas sabíamos lo que suponía, tanto para ella como para mí. Han pasado tantas cosas en estos últimos 3 años que siento con la obligación de ponerle el nombre adecuado a este post y hacer visible de una vez por todas y para siempre, que su autora es Jaqueline Madeira.

Ella se centra tanto en los demás, que se olvida un poquito de sí misma (ya sabes que no me gusta nada eso, pero aún así, formas parte mi vida).

Ella ha dedicado horas de estudio e investigación a conocer este rasgo para ayudar a sacarle partido a quienes los poseen y aprender a vivir con él. Y lo hace a través de la psicología más rigurosa, con técnicas basadas en la inteligencia emocional y dirigido a la persona que quiere gestionar su cambio, pero también a todo su entorno.

Ella es una de las profesionales con mayor sensibilidad a la hora de trabajar la gestión emocional con niños, familias y adultos, para implantar programas de gestión emocional en una de los pilares del desarrollo: la educación. 

Ella, es una referente en muchas más cosas que todo esto que te cuento a nivel profesional, pero esa parte…me la reservo para mi propio disfrute. Te comparto tu faceta más visible, la privada es sólo decisión suya.

 


 

La imagen que representa el post me sugiere belleza, fragilidad, color y transparencia frente a un mundo rápido, confuso, borroso, y hasta caótico por detrás…, pero también dentro, ya que la condición de transparencia borra la distinción entre el exterior y el interior.

Y de esto precisamente vengo a hablar. Jessica, me brinda hoy la oportunidad de dar visibilidad a un rasgo de personalidad innato y recién descubierto. En la década de los 90, Elaine Aron, una Psicóloga americana, a través de la descripción de su experiencia personal y terapéutica descubrió que un porcentaje de personas son como ella, ALTAMENTE SENSIBLES (se calcula que en torno a un 20 % de la población). Este grupo de personas son conocidas desde la publicación de su libro como PAS, personas altamente sensibles. Desde entonces centra su trabajo en investigar y describir que es este rasgo, y que implicaciones tiene pertenecer a este grupo.

Cuatro son las características que inicialmente sirvieron para definir a las PAS, aunque conviene recordar que no todas las PAS son iguales y que cada una tiene un perfil propio de PAS entretanto sobre la misma base biológica común:

  1. Una alta capacidad de percepción sensorial, pueden percibir más olores y más sonidos de lo habitual, más intensidad en los sabores, darse cuenta de minúsculos gestos y contradicciones de las personas y sus emociones. Todo ello al mismo tiempo, lo que puede llevarles a una saturación, malestar o cansancio antes que los demás.
  2. Alta capacidad empática. De forma natural empatizan y vivencian el sufrimiento o la alegría de los demás como propios. La intensidad con que viven y sufren la crueldad y la injusticia puede llegar a sorprender. Ver y vivenciar la crueldad o la injusticia para las PAS es a menudo casi lo mismo, les paraliza, y les hace sufrir.
  3. Gran capacidad de reflexión. Las PAS son personas reflexivas, que constantemente están pensando, cuestionando y haciendo preguntas sobre el funcionamiento del mundo. Muchas de ellas, incluso de carácter existencial o hasta espiritual.
  4. Necesidad de momentos de soledad. Las PAS necesitan tener momentos de tranquilidad, refugiándose en el arte, la música o la lectura. Aunque también les gusta y disfrutan de la compañía de otras personas, buscan estar solas por momentos.

Además, pueden ser introvertidas o extrovertidas, son muy observadores pero nos les gusta ser observados lo que incluso puede afectar su rendimiento, les puede costar más tomar decisiones, se sienten molestos con situaciones violentas, son más sensibles a las críticas e intensas emocionalmente.

Da la impresión que las PAS nacen con un código moral y de valores ya aprendidos, como si supieran de antemano que es lo correcto, y sufren, por no entender que pasa en el mundo, con las contradicciones y mal hacer que son capaces de percibir desde muy pequeños.

Estudios e investigaciones neurológicas han demostrado que estas personas nacen con la parte derecha del cerebro más activa, y con un sistema nervioso capaz de captar un mayor número de estímulos y procesarlos con más detalles. Esto explica que perciban más olores, ruidos, y capten con más frecuencia detalles del ambiente, de las expresiones y gestos de los demás que a la mayoría de las personas pasen desapercibido. Estas características están presentes desde el nacimiento. Suelen ser bebés que lloran con más frecuencia, lloran por molestias a pequeños cambios de luz, temperatura, olor o ruido e incluso manifiestan más necesidad de contacto físico o de protección. A medida que van creciendo y pudiendo manifestar sus pensamientos sorprenden a su círculo familiar con preguntas y comentarios curiosos, considerados a menudo superiores a los que correspondería por edad. Incluso demuestran tener un conocimiento prematuro sobre sí mismos, o sus necesidades, nada común en niños pequeños. Las emociones las viven con tal intensidad que a veces abruma, sobre todo cuando se trata de emociones ajenas captadas y no comprendidas.

Volviendo a nuestra imagen…Pueden ser como una hermosa y frágil pompa de jabón. Grandes, con la belleza del color, y a la vez transparentes. Tan permeables que a veces se confunden con lo que esta fuera. Pero a diferencia de nuestra imagen, nada efímeros. Tienen dentro la ruta de un crecimiento personal que les empuja siempre hacia adelante. Aunque el intento de adaptarse al mundo puede desembocar en dificultades en forma de trastornos psicológicos, depresión, ansiedad o incluso somatizaciones. Esto es comúnmente una reacción al esfuerzo de intentar ver y sentir como los demás.

Y la pregunta es… ¿Por qué tener características tan, positivas y necesarias en el mundo actual, casi siempre genera tanto sufrimiento? En primer lugar, porque al ver y sentir de una forma diferente y minoritaria, los mensajes que se reciben desde pequeños es que esa forma de sentir es incorrecta, o demasiado compleja, e incluso, poco útil. En segundo lugar, por la intensidad de las vivencias: el mundo va demasiado rápido cuando necesitamos tranquilidad, demasiado egoísmo cuando necesitamos unión. El sufrimiento está casi siempre dado por el contraste con los valores trasmitidos por la sociedad, la educación y la propia vivencia interna. Es necesaria una reconciliación con el mundo que nos ha tocado vivir.

¿Qué hacer o qué es importante aprender?

Lo primero auto aceptación. Saber que es un rasgo con características que son en realidad regalos. Desarrollar el autoconocimiento es fundamental para sacar partido a las ventajas del rasgo y aprender a gestionar el estrés de las situaciones que no podemos cambiar o controlar. Es necesario equilibrar el exceso de estímulos, aprender que las diferencias se complementan, que podemos aprender unos de los otros y que cada visión aporta. Y que podemos desarrollar la necesaria RESILIENCIA. Pero sobre todo disfrutar, disfrutar mucho del silencio, de la naturaleza, del arte, de la música y de la capacidad que tenemos de vivir desde el corazón…

¿Quieres saber más? Pues acompáñanos en esta bonita aventura que empieza, un proyecto de PAS para Asturias. Os invitamos en los días 16, 17 y 18 de febrero en Oviedo, en la Facultad de Psicología a descubrir más de la mano de Karina Zegers de Beijl, presidenta de la Asociación PAS de España y máxima representante de este rasgo en nuestro país. También será emitido el documental SENSITIVE realizado por la doctora Aron, a partir del cual empezaremos un grupo de estudio. ¡Os esperamos!

Imagen: Pixabay.com

Hay personas que dicen que la buena suerte existe, y yo soy una de ellas. Pero no la buena suerte que cae del cielo, o la que se basa en el destino o la casualidad. Creo en la buena suerte que se crea y se construye día a día, en la que tiene una base real de sueños que se convierten en objetivos a golpe de fecha en el calendario.

Creo en la buena estrella, creo en mi buena estrella…

Cuando comencé a escribir este post, lo hice desde la visión más objetiva que te puedas imaginar. Con un titular, un desarrollo y unos puntos basados en recomendaciones para hacértelo más fácil. Pero a medida que el texto avanzaba, me di cuenta de que estaba escribiendo un agradecimiento en voz alta a todas aquellas personas que han hecho que hoy pueda hablar de mi buena estrella. Y entonces, me dejé llevar.

Me gustaría compartir contigo aquellas cosas que, vistas hoy desde la distancia, con perspectiva y tranquilidad, son la causa de que pueda considerarme afortunada. No todo el tiempo, no ante cualquier circunstancia, pero sí la mayor parte de mi vida me he considerado así: una persona con suerte.

En la base del éxito para conseguir objetivos en la vida, he descubierto que hay una serie de constantes que se repiten, tanto desde mi propia experiencia como la de las personas que ha depositado su confianza en mí a lo largo de estos años. Te las cuento por si pudieran servirte, estoy segura de que al menos, te harán reflexionar:

Sé dueño de tus decisiones y también de sus consecuencias: arriésgate a dominar por completo tu vida y crear oportunidades que no llegan, disfruta de los éxitos que consigas y aprende de los errores cometidos. Todo habrá sido fruto de tu determinación, y eso en un éxito en sí mismo.

Comparte momentos y experiencias: mi buena estrella ha sido siempre saber elegir las personas con las que compartir mi vida. Tengo una gran familia que me apoya y que es grandiosamente imperfecta, comparto vida y sueños con un maravilloso marido desde hace más de media vida, y desde hace 3 años, compartimos el proyecto de nuestra vida: ver crecer a mi hija Alba. Pero mi buena suerte, no se acaba aquí, pues poseo amigos, con mayor o menor antigüedad, que me aportan todo aquello de lo que carezco y siempre suman.

Aprende de los demás y hazlo de manera continua: desea aprender y crecer siempre, no te canses. Busca personas interesantes que te aporten y a las cuales aportar, intercambia conocimientos y experiencias. Eso te hará más grande, mejor persona y eso deberá formar parte de tu búsqueda de la excelencia.

Date tiempo para superar lo que te ocurre y escapa de tu control: no todo sale bien, no siempre se consigue lo que se desea, y eso es algo que debes aprender cuanto antes. Aquellas cosas que no entren dentro de tu responsabilidad y de las cuales no tengas el control, puede no se lleguen a conseguir nunca. Prueba, observa, experimenta, busca alternativas… y cuando descubras que ya no depende de tí, asúmelo y date tiempo para superarlo. Esto ocurre con los objetivos, los acontecimientos y las relaciones, forma parte del aprendizaje de la vida.

Rodéate de personas que den luz: busca personas que iluminen tus días. Ya sé que puede parecerte un tanto cursi, pero te aconsejo que pruebes. Busca tener en tu vida personas que te inspiren, que te inviten a ser mejor, que sepan más que tú, descubrirás el placer de disfrutar de sus éxitos y de estar cerca de esa luz que desprenden. No es tuya, pero formas parte de ella de alguna manera, ¡qué gran regalo!

Deja ir a quienes no te aportan: al igual que en el caso anterior debes buscarlas, aquí tienes que dejar ir a esas personas. A veces es cuestión de tiempo, otras de que las circunstancias que os unieron un día ya no existen. Lo importante es que ya no sumáis en vuestras vidas y podéis impedir el uno al otro encontrar a quienes sí lo hagan. Te estoy hablando de trabajos y relaciones profesionales, pero también de relaciones personales. Si no aporta, suelta lastre; si no suma, deja ir, déjate ir. Aunque duela, es lo mejor para ambas partes.

– Acepta el cambio como parte de la vida: cada día que pasa eres diferente al anterior y, afortunadamente, nos pasa a cada uno de nosotros. El cambio constante requiere de un esfuerzo permanente para ser aceptado, pero es algo necesario y que te hará mejor, siempre que tú lo quieras ver así. Aprende a asumir los efectos del paso del tiempo y la repercusión de tus actos, en ti y en los demás, la vida te resultará mucho más fácil de entender.

Agradece lo que tienes y te has ganado y lucha por lo que quieres conseguir: todo lo que eres y has conseguido tiene un motivo, agradece poder haber llegado y disfruta de tus triunfos, vívelos. Pero no olvides seguir luchando por lo que quieres hasta donde te permitan tus fuerzas, sin olvidar saborear las victorias que has ido sumando en el camino.

Como te dije al inicio, este post fue tomando poco a poco forma de agradecimiento. Detrás de cada punto tratado, hay una persona, una vivencia, una circunstancia vivida por mí o por alguien que me permitió estar cerca en esos momentos. No puedo poner nombres, no acabaría nunca, pero yo sé quienes son y eso hace que tenga muy claro el motivo de mi buena estrella: todos ellos son mi buena estrella.

 

Y tú ¿puedes poner nombre a tu buena estrella o dejas todo en manos del destino?

Esa buena estrella ¿está en ti o en los demás?

Fuente de la foto: Pixabay.com

 

“Mi buena estrella” Gabinete Caligari, 1989.