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07,00: Suena el despertador.

¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? Uffff

¿Me levanto ya o remoloneo 5 minutos más? ¿Qué ropa me pongo hoy? ¿Café o cacao? ¿Pelo suelto o recogido? ¿Coche o transporte público? ¿Empiezo respondiendo mails o haciendo llamadas?

Y todo esto, antes de abrir un ojo por la mañana…

Imagina la cantidad de pequeñas microdecisiones que tomamos a lo largo del día, la gran mayoría intrascendentes, hasta que nos paramos a pensar en si lo son o no. Nuestro sistema sensorial, puede llegar a percibir más de 11 millones de bits de información por segundo, a pesar de que nuestro sistema cognitivo tan sólo puede asimilar 50 bits por segundo de manera consciente (Zimmerman, M. (1989).

De ahí la necesidad de utilizar algún sistema de filtrado inconsciente que nos ayude a gestionar el ahorro innecesario que supone tener que analizar tal cantidad de información que implica tomar cerca de 35.000 decisiones diarias (Roy F. Baumeister, 1998). Baumeister y su equipo, acuñaron el término de agotamiento del ego, o agotamiento por toma de decisiones, a la circunstancia de tener una reserva limitada de autocontrol y razonamiento lógico para la toma de decisiones

Así mismo, el cerebro humano tarda unos 200 milisegundos en procesar y ser consciente de los datos que recibe, según la investigación internacional de 2019 sobre dinámicas cerebrales liderada por Gustavo Deco, director del Centro de Cognición y Cerebro de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

Según el estudio, los 200 milisegundos son el tiempo óptimo en que se transmiten los datos a través de las diferentes áreas cerebrales para hacer el procesamiento consciente de la información. Por otra parte, Huawei Consumer Business Group, publicó en 2017 un estudio sobre las tendencias europeas a la hora de tomar decisiones que desvela que sólo somos conscientes de un 0,26% de dicha cantidad (unas 92 decisiones conscientes).

 

Tras todos estos datos, me resulta incomprensible, o al menos poco prudente, la cantidad de mensajes dañinos e incoherentes que se lanzan en el día a día. Pero sobre manera, a través de los medios de comunicación y de los diferentes modelos de referencia que nos proponen.

 

Esos: “Puedes con todo”.

 

Esos tips para hacer mil y un cosas en un día, o que ya debería de haber hecho antes de cumplir según qué década.

 

Esos listados interminables de rituales para llegar a todo, para aumentar la productividad (sinónimo de felicidad?).

 

Con datos y evidencias científicas que siguen en constante avance, cada vez se constata más el gran potencial de la mente humana pero también su limitación a la hora de llegar a todo. Se nos olvida que todas esas pautas y recomendaciones para ser o estar en el TOP recaen en la puesta en marcha de conductas evidentes, las cuales vienen guiadas por el sistema pensamiento-emoción-conducta. Con lo que…somos producto de lo que pensamos, o de lo que nos hacen pensar, pero no dejamos de ser nunca un cuerpo, un cerebro que se agota cuando lo sobre exponemos a una constante (sobre) estimulación.

 

El exceso de información, la cantidad inasumible de relaciones y contactos, la hiperconectividad, agotan el músculo cognitivo que mueve al resto del organismo.

 

Lo primero que me gustaría que hicieses, es asumir tu limitación orgánica,, cognitiva: tu cerebro tiene una capacidad grande, pero limitada para comprender, asimilar y elaborar información.

 

Lo segundo, es que conseguirás hacer “cositas” interesantes con esa información teniendo en cuenta una serie de factores que solemos olvidar: tu estado de ánimo, la hora del día que es, tu nivel de estrés, tu cansancio, tus expectativas.

 

Con ello, llega la tercera premisa: y es que eres menos libre de lo que piensas a la hora de tomar decisiones. Eres producto de una serie de elementos físicos, sociales y psicológicos que hacen que tus decisiones tiendan a un lado de la balanza.

 

Khaneman, Piscólogo que recibió el Premio Nobel en 2002 por su aportación al proceso de toma de decisones, dice que tenemos 2 sistemas de pensamiento. El 1, más ágil, intuitivo, emocional y el 2, más racional, lento y exigente. El primero, se basa en datos intuitivos, inconscientes y emocionales, pero es rápido porque también se vale de sesgos cognitivos.

 

Estos atajos mentales, son maneras de ahorrarle a nuestro cerebro la constante necesidad de racionalizar y cuestionar nuestras decisiones, pero también nos pueden llevar a error si no los manejamos. De ahí la necesidad de conocer en detalle nuestras tendencias hacia el sesgo de confirmación, al del efecto halo, al de autoridad o al de descuento hiperbólico.

 

Como cada uno de ellos, implica un análisis y unas técnicas para mantenerlos a raya, si te apetece, te cuento cómo identificarlos y hacer uso de dichas técnicas para no caer en su trampa en otro post. O al menos, hacerlo de manera consciente.

 

Referencias bibliográficas: en enlaces.

 

Imagen: pixabay.com

 

 

 

 

 

A estas alturas, ya habrás escuchado alguna vez la historia de mi relación con la Psicología, profesión que ejerzo enamorada por devoción, más que por esa vocación que se nos presupone en la época más cambiante de nuestra vida.

Mi ilusión en la infancia y la adolescencia, era ser universitaria, pues en mi familia más cercana no había ninguna persona que hubiese logrado estudiar una profesión universitaria y ejercerla posteriormente. De ahí mi falta de vocación clara por una profesión que fue algo casual y hoy es la columna dorsal de mi día a día, más allá del simple ejercicio.

Y si esto surgió, fue poco a poco, gradual, con sus altibajos, enamoramientos y decepciones, como todas mis relaciones.

A fuego lento.

Una de las primeras ideas que me hizo saber que estaba en el lugar adecuado fue conocer el modelo holístico o biopsicosocial de Engel (1977), desde el cual se aborda la visión global ser humano y que trasciende desde el modelo clásico puramente médico.

Algunas de las afirmaciones más interesantes de este modelo, desde mi punto de vista son que:

– Las variables de índole psicosocial son importantes para determinar la susceptibilidad, gravedad y curso del padecimiento más biológico que pudiera considerarse.

– La aceptación del rol de persona enferma no está determinado de manera mecánica por la presencia de una anomalía biológica.

– La relación del profesional de la salud con el paciente también influye en el resultado terapéutico, aunque sólo sea por la influencia que pueda tener sobre el cumplimiento del tratamiento.

Estas, junto a otras afirmaciones del modelo comprenden a la persona de una manera global, con lo que son diferentes factores los que confluyen en el resultado de su comportamiento, éxito o salud. Con lo que la validez de las tendencias humanistas centradas única y exclusivamente en la actitud de la persona, obviando el contexto cultural en el que se ha nacido, los valores adquiridos a lo largo de su vida o el componente biológico con el que se tiene que lidiar, tan de moda hoy día, dejan mucho que desear.

La perversión y endiosamiento de la Psicología Positiva como remedio a todos los males, es la muestra hecha realidad del paso de una pretendiente a consolidada disciplina de todo esto.
Desde la extrapolación de los éxitos una vida y biografía concreta a una muestra representativa estadística de la sociedad, pasando por sus endebles y maltrechos fundamentos teóricos hasta llegar a la uniformidad (o intento) por el concepto de felicidad y cambio sobre el cual se articulan gran parte de sus axiomas.

Por ello, muchos de los profesionales de la Psicología, los de las aulas de la facultad, revistas científicas, referencias empíricas, nos revelamos desde hace tiempo contra esta dictadura de la felicidad impostada en base al criterio simplón del “Si quieres, puedes” o “Sonríe, y el mundo te sonreirá”. Pretender entender así al ser humano, lo reduce a una postura infantil, ausente de crítica y en el cual recae toda la responsabilidad de ser feliz y conseguir lo que se proponga en la vida.

No son pataletas. Lo parece, pero no lo son.

Cuando en tu despacho y por delante de tus ojos, comienzan a repetirse patrones de conducta que derivan en desajustes emocionales y limitaciones para desarrollar una vida plena, tu obligación es investigar más allá de las modas y ver dónde puede estar el origen de esos “males” y ver qué está a tu alcance para poner remedio. Y aunque las redes sociales son un gran altavoz de conocimiento y profesionales, no debemos olvidar los libros, las bibliotecas, las revistas científicas, investigaciones, congresos y debates, donde está gran parte del avance de la humanidad.

Con lo que, ante una afirmación cualquiera, tendríamos que preguntarnos y preguntar en qué se basa para tales afirmaciones, sobre todo cuando impacta en la salud y bienestar de las personas mientras se convierte en la gallina de los huevos de oro de profesionales y allegados de la Psicología. Confundir artículos de opinión (propios y ajenos) con sentencias o teorías consolidadas, nos hace más daño que bien a todos.

Cuestionar y plantear dudas, nunca debió de dejar ser parte de nuestra esencia.

Nunca.

No se es mejor o peor persona, pero claramente, sí se es mejor o peor profesional si se sabe de qué se habla cuando se habla. Luego ya que queda la práctica profesional, la ética y el prestigio que van mucho más de los títulos y los conocimientos, pero sin ellos, estamos perdidos.

 

Imagen: google.com

 

Artículos de referencia:

– Cabanas, E., y Huertas, J. A. (2014). Psicología positiva y psicología popular de la autoayuda: un romance histórico, psicológico y cultural. Anales de Psicología, 30, 852-864
– Fernández-Ríos, L., y Rodríguez-Díaz, J. (2014). The “impact factor style of thinking”: A new theoretical fra- mework. International Journal of Clinical and Health Psychology, 14, 154-160.
– Fernández-Río, L. y Vilariño, M. (2016) Mitos de la Psicología Positiva: maniobras engañosas y pseudociencia. 
Papeles del Psicólogo, 37, 134-142.
– Pérez-Álvarez, M. (2012). La psicología positiva: Magia simpática. Papeles del Psicólogo, 33, 183-201.
– Pérez-Álvarez, M. (2013). La psicología positiva y sus amigos: en evidencia. Papeles del Psicólogo, 34, 208- 226.
– Piña, J. A. (2014). La psicología positiva: ¿Ciencia y práctica de la psicología? Papeles del Psicólogo, 35, 144-158.

¿Te imaginas a alguien leyendo “El médico” de Noah Gordon y haciendo vídeos en Youtube a los dos días sobre cómo se opera?

¿Te imaginas a alguien que ha sido acusado por alguna (posible) injusticia dando lecciones en los juzgados y realizando procedimientos judiciales al día siguiente tras su experiencia?

¿Te imaginas a alguien que sea un manitas de la luz de repente le de por ponerse a realizar instalaciones eléctricas y firmar certificados de instalación tras ver un par de videotutoriales?

¿Te imaginas que de repente nos da a todos por reinventarnos y ser mentores de los demás, casi siempre sin pedirlo, más bien por algoritmos cansinos y posicionamientos SEO? Todo ello tras una ruptura amorosa o conseguir adelgazar o dejar de fumar, un despido traumático o un cambio de vida.

Jamás me he visto capacitada para decirles a los demás qué hacer o no con sus vidas en base a mi experiencia. Mi experiencia me sirve (o no) a mí, porque soy yo y mis circunstancias, mis aprendizajes, mi círculo social y mis sinapsis neuronales. Para poder ayudar a cambie su comportamiento, actitud, predisposición o creencia, hay saber muchas más cosas que haber pasado por una reinvención profesional o superar una ruptura.

Son tiempos en los que se necesita de apoyo, escucha y profesionalidad, pero también son tiempos en los que vamos sobrados de voceros, gurús, marketing (del sucio) hablando de sus bondades reinventadas para mejorar tu vida, en base directamente proporcional a la mejoría de su cuenta bancaria o ego.

En este mundo de las reinvenciones que nos toca por obligación, he visto muy poco casos de giro profesional hacia la auditoría de cuentas, la inspección de Hacienda, las fuerzas de seguridad del estado o la estética. Casualmente, es muy frecuentemente hacia el abordaje de la salud mental encubierto de desarrollo personal molón, rápido y edulcorado.

Mantén cerca a cualquier persona o actividad que te resulte terapéutica, pero huye cual correcaminos de aquellos que digan serlo, sin serlo.

Y si te hablan de conducta, mente, actitud, aprendizaje, emociones, pensamiento, creencia, cerebro, neuronas, motivación o comportamiento, le pongan el nombre que le pongan…es PSICOLOGÍA.

¿Te imaginas que de repente todos quisiéramos jugar a ser psicólogos sin serlo?
Pues eso.

Imagen: google.com

Aplausos a las 20,00 h.

Dibujos con arcoíris en la ventanas.

Vermouts, picoteos y bingos virtuales o entre balcones.

Salir a tirar la basura disfrazado de dinosaurio.

Todo esto y mucho más, nos ha hecho “entretenido” el confinamiento y la desescalada (esto existe realmente (?), pero también nos han alejado del origen del propio confinamiento: una pandemia, una crisis sanitaria sin precedentes y miles de fallecidos, de historias rotas por el COVID-19.

Siento ser tan agorera, tan gris, tan ceniza, hasta tóxica me puedes llamar si quieres, pero el sentido del humor a veces se aleja del sentido común y no siempre hace bien. El optimismo almibarado sin contacto alguno con la realidad, nos ha anestesiado entre canciones guatequeras, karaokes virtuales y frases simbólicas que poco han aportado a un afrontamiento maduro de la situación.

La sobredosis de información de las redes sociales y demás medios de comunicación durante el confinamiento, me ha dado mucho qué pensar y como resultado, surge este post donde analizo y doy una vuelta a estos “inocentes” #hashtags que yo veo tremendamente perversos.

Las he divido por categorías (me encanta agrupar cosas, no lo puedo evitar):

Frases buenrollistas que fomentan la fortaleza y la resiliencia, cuando lo que de verdad puedes necesitar es llorar a moco tendido ya que tienes un familiar enfermo, te has contagiado, estás en ERTE y hace 2 meses que no cobras o eres autónomo con dos niños en casa y mil tareas del cole por hacer…

#todosaldrábien

#resistiré

#estotambiénpasará

#aquinoserindenadie

#venceremos

A veces necesitamos saber que no somos invencibles, y que podemos tocar fondo. Estar bien todo el tiempo es agotador, tan exigente.

 

Frases optimistas que apelan a la colaboración ciudadana, a la unión, a la cooperación, cuando en realidad sabes que en cuanto se pueda, cada uno volverá a mirar a su ombligo…

#deestosalimosjuntos

#juntossomosmejores

#deestosalimosmejores

Y sin llegar a la desescalada, mientras nos revolcábamos en estas fases molonas, se daban cientos de comportamientos incívicos y egoístas.

 

Frases oportunistas, que lejos de ser oportunas acompañan (casualmente) a servicios y productos que ayudan a superar la crisis y además, rapidito que no hay tiempo para lloros…

#abrazaelcambio

#graciascovid

#noesunacrisisesunaoportunidad            

#aprendiendodelCOVID

#heroessanitarios

 

Frases sin categoría y también sin sentido, sin respeto, sin base. No sé cómo definirlas, no debería ni denominarlas frases, no se lo merecen. No…

#quelamascarillanoborretusonrisa

#quetodofluyaquenadainfluya

#lafelicidadesunaeleccion

 

– Frase que se lleva la guinda del confinamiento…

#eramosfelicesynolosabiamos

Esta merece una especial mención. Resulta que ahora hasta que no te mueres, no temes a la muertes. Si no has enfermado nunca, no temes al dolor o la enfermedad. Si nunca has trabajado ni por asomo imaginas lo que puede llegar a ser. Por lo tanto, para valorar lo que tienes y ser feliz, tienes que tocar fondo y sufrir, porque de antemano se te presupone que no tienes capacidad para ello. Toma empatía!!
Desde el mismo Mr. Wonderfulismo nos lanzan mensajes incoherentes sobre la empatía que tanto (nos) venden.

 

La verdad es que ha resistido quien ha podido, muchos se han quedado por el camino y otros, con tantos daños que tardarán meses o años en recuperarse. O quizás nunca. Hay pérdidas irreparables y otras, que costará mucho superar.

Lo cierto es que juntos somos mejores, pero solo nos acordamos de eso cuando las cosas nos van mal a nosotros y como “Mal de muchos, consuelo de tontos”, pues todos unidos mejor. Pero en cuanto me vaya bien, me piro.

Hemos puesto alas a los sanitarios cuando lo que deberíamos haber puesto son protecciones adecuadas. Les hemos dado de capas de héroes, cuando lo que necesitaban eran respiradores, mascarillas, UCIs y descanso.

En realidad, una crisis como esta, como cualquier otra, implica una pérdida: humana, económica, de libertad, de bienestar. Y como toda pérdida, necesita un tiempo para ser asimilada y en ese proceso hay rabia, llanto, enfado, bloqueo, silencio… Mucha emoción y sensación desagradable, que luego con el paso del tiempo, con un correcto y maduro afrontamiento, dará paso a una elaboración adecuada de lo vivido.
Y entonces sí, entonces hablaremos de aprendizajes, de oportunidades, y hasta de agradecimientos si quieres (esto ya me cuesta un poco más). Pero además de todas estas fases, se necesita TIEMPO. Con lo que esto del buenrollismo exacerbado y la anulación de las emociones con connotaciones negativas, también va acompañado de la maldita inmediatez. Hasta esto queremos que sea para ya…

Este tipo de mensajes, aparentemente bonachones, amables y positivos, son perversos. Ocultan una intención de infantilizar al ser humano, de depositar sobre sus espaldas la responsabilidad y elección voluntaria de todo lo que ocurra, de anular por completo la visión crítica y el razonamiento.

Dime, si todo esto, no es mucho más que perverso…

Y mientras iba tachando días del confinamiento en mi calendario mental e iba anotando todas las frases insulsas pero al mismo tiempo dañinas, me iban viniendo las que hubiesen sido frases TT para mí:

#poconospasa

#pocabroma

#somoselvirusynolosabemos

#deestasacamostajada

#deestanosextinguimos

#noaprendemos

#todosaldrábienparaquiensalga

#sisobrevivimosyaseraunlogro

 

¿Tienes la misma sensación que yo o puedo seguir sintiéndome como pez fuera del agua ante tanta sonrisa forzada?

¿Crees que me he dejado algún hashtag interesante? Comparte el tuyo y ayúdame a sumar en la lista de estas frases que quedarán en nuestra memoria para siempre. Lo que no tengo claro es lo harán para bien o para mal.

 

Imagen: propia.

Con esto del confinamiento, la productividad y las rutinas, se han creado unos mitos alrededor del (supuesto) teletrabajo que nos están haciendo dejar a un lado pequeños placeres que nos harán más llevadera esta situación.

 

A continuación te comparto los lujos que tenemos a nuestro alcance y que estamos ignorando por aquello de pensar que lo que estamos haciendo en esta situación forzada de productividad, es realmente…teletrabajo:

 

– Vestirte como si fueses a la oficina: la parte clave de la expresión es “como si”. Es que no vas a ir a ninguna parte, ni hoy ni mañana ni pasado. Salvo que tengas perro y tengas que ir a la compra, y espero que esto lo hagas de manera consciente, con lo que será pocas veces y rápido. Por lo tanto, ¿qué necesidad tienes de vestirte con americana, camisa, vaqueros o demás ropa que no te sea cómoda para ir del sofá al escritorio y de ahí, a la cocina?

Ya no te digo nada, del tema de estar con calzado de calle. Los entendidos dicen que para meterse de lleno en el teletrabajo, hasta calzado de calle (tacón, mocasín, etc.) has de ponerte durante toda la jornada laboral.

Yo no lo veo. No sólo por cuidar de mi parquet, que sólo pensar en barnizarlo se me ponen los vellos de punta, sino porque…estoy 24 horas en casa!!! Y no estoy teletrabajando, estoy haciendo algo parecido a hacer cosas de casa cuando puedo.

 

– Imagen personal global: ducha, maquillaje, peinado. Si ya me da pereza ponerme el “uniforme” de trabajo, no te digo ná lo de maquillarme, peinarme o ducharme bien temprano. Salvo que sea algo que algo que te guste o te active por naturaleza y te haga sentirte mejor, te invito a que te duches a deshora y que no te peines como lo harías para ir a trabajar. El placer de plantarte un moño estilo “homeless” y no maquillarte en semanas, es algo que sólo en este contexto no tiene connotaciones de dejadez o principios de depresión (estoy ya es menos broma…). Ahora, si te gusta verte bien y te hace sentirte mejor estando en casa, adelante Señorit@ Pepis!.

 

– Crear rutinas y ponerte límites: sí y no. Estamos en un momento en el que realmente da igual la hora a la que nos levantemos, comamos o empecemos una determinada tarea. Por norma general, mañana será igual. Llevamos 1 mes en el día de la marmota, qué puede ir tan mal si nos pasamos de la hora? Tampoco es cuestión de comamos callos a las 3 de la mañana, pero si flexibilizamos un poquito los horarios y nos basamos más en resultados, igual nos va hasta un poco mejor. Es decir, en lugar de poner horarios estrictos para trabajar y realizar las comidas, plantéate el comer 3 veces al día con 3-4 horas máximas de separación entre comidas y realizar entregas determinadas de trabajos o tareas. No sé, es sólo una idea.

 

– Ser productiv@, a toda costa: no y no. Al menos entendido como estar haciendo constantemente algo que ni siquiera te habías planteado o no te gusta. No te gusta cocinar, no cocines. Te aburre la ópera, no vayas a conciertos virtuales. No eres de leer, no leas. No eres de estar todo día conectado ni llamando, no lo estés. No eres de hacer deporte, no te metas al fitness ahora de repente. No has visto series míticas, no las veas. Ya bastante tenemos con sobrevivir a todo esto, como para encima ponernos a hacer todo tipo de tareas insatisfactorias por norma general para nosotros. No hacer nada, ya es mucho. Pero sobre todo, hacer algo por imposición ajena, por presión social o por autoexigencia, no te hará mejor. Ni ahora ni cuando salgamos de esta crisis. Y piensa ¿en qué momentos has tenido la oportunidad de ser útil al mundo sin hacer nada? En la vida!!! Aprovecha, que esto se pasará, de verdad y no sé cuando volveremos a tener tiempo para no ser productivos y que sea provechoso al mismo tiempo.

 

– Estar más con los tuyos: a lo mejor lo que necesitas en este confinamiento es estar sol@, para dormir, descansar, no dar explicaciones, pensar, discutir contigo mism@… Y quizás no puedas hacerlo por tu situación personal. Así que, aunque es tiempo para poner a prueba relaciones, familias y, sobre todo, paciencia, no pasa nada por echar de menos estar a solas, en silencio y sin ganas de compartir espacio con otras personas. No eres antisocial ni nada por estilo, es que …todo, en extremos más, cansa. No necesitas estar agradecid@a la vida, ni salir reforzad@de esta, si salir siendo mejor, con que salgas, ya casi te vale, me vale.

 

En fin, que espero que hacer caer estos mitos te hagan más llevadera la situación que estamos viviendo. A mí, pensar así me ha venido bien por momentos, y si te puede venir a ti, bienvenido sea.

 

En caso contrario, este mensaje se borrará de tu memoria en 5 segundos.

 

Y tan felices, oiga.

 

Imagen: static1.larioja.com

 

Se nos ha ido la pinza, y mucho, con el artisteo.

 

Estaba yo tan feliz limpiando mi wc, ataviada con guantes, lejía y todo el equipamiento, cuando suena mi móvil y miro el WhatsApp. Era un video musical, por llamarlo de alguna forma.  Me quedé sin aliento y sin fuerzas para seguir frotando, pero no para plasmar aquí lo que llevo viendo desde el inicio de esta crisis sanitaria.

 

Desconozco si es el efecto del confinamiento o los vapores de la lejía y el alcohol, pero la red está inundada de vídeos, retos, conciertos, iniciativas, directos, webinars y cientos de opciones de “ayuda” para superar este complejo momento que vivimos a nivel mundial. Acciones que nos ocupan, entretienen y no dan tregua para pararte a pensar en nada, para no aburrirte, no vaya a ser que nos agobiemos, pongamos tristes o enfademos como reacción a esta pandemia que sufrimos. Necesitamos saber estar sin hacer nada, porque no hacer nada, ya es hacer algo. Necesitamos pararnos a pensar, analizar y observar desde otra perspectiva diferente a la que teníamos porque ya hemos visto que no servía, que no sirve.

Y por ahí, ya empezamos mal, pero como ya he escrito sobre ello, tampoco es cuestión de machacar sobre el mismo tema.

 

Pero aunque quizás no estés de acuerdo conmigo, no toda iniciativa ayuda, es adecuada ni oportuna. Si no más bien, puede resultar oportunista, dadas las circunstancias. Y usar el nombre de la psicología, del altruismo, de la bondad, de la ayuda desinteresada, no lo pone más fácil. Porque esta fusión forzada no va siempre unida ni a la psicología ni al desinterés, más bien puede parecer todo lo contrario resultando ser la antítesis de esta maravillosa profesión y resultando de lo más interesada.

 

Ojalá me equivoque. Ojalá. Pero parte de la información que me llega a través de estas iniciativas, está más cerca de llenar bolsillos en tiempos de crisis, de crear un caldo de cultivo de potenciales clientes, de pura estrategia comercial que de ayudar al prójimo. Y mucho menos se acerca a lo que es la psicología, o lo que al menos representa para mí.  A pesar de que soy muy fan de la estrategia, en estos casos no tanto debido a su aspecto subliminal y encubierto.

 

Una profesión sanitaria que toca de lleno la salud, en este caso mental y emocional, no debería ser usada como fórmula barata de entrenamiento ni trampolín para futuros participantes de talent shows. No sólo la psicología merece un respeto, sino todos esos profesionales que dedican su vida a mitigar el duelo, la depresión o los trastornos obsesivos que se darán con mayor probabilidad en estos meses. Pero sobre todo, lo merecen las personas que están sufriendo los estragos y la forma de querer llegar a ellas para ayudarlas como excusa de entrar en nuevo nicho de mercado.

 

Ríete tú de Leticia Sabater, la Pelo Pony o Cañita Brava, ellos al menos hacen espectáculo, son espectáculo en sí mismos y saben de las cuotas a pagar para conseguir esa fama que tanto ansían sin creerse Alejandro Sanz. ¿En qué momento ver a artistas de la talla de Alejandro Sanz, regalando su talento a través de un concierto online, nos hace pensar que su estrategia nos puede ser útil? ¿En momento hemos confundido el arte, la música, el espectáculo con la salud mental y el apoyo psicológico en momentos críticos?

 

Siento decirte, que esas idas de pinza no tienen nada que ver con lo que yo entiendo con profesionales dedicados a las personas y por ende, de su salud mental, del equilibrio emocional. Y al decirlo en voz alta, me desmarco y alejo públicamente de todo lo que tenga que ver con banalizar de esta manera la fragilidad del ser humano en momentos delicados, haciendo de ello un espectáculo de aplauso fácil, donde lo importante pasa a ser la visibilidad, los likes y el reconocimiento del supuesto profesional altruista.

 

Esto no es un comunicado, carezco de la relevancia suficiente como para decirle al mundo qué hago y o dejo de hacer. Esto tan sólo es un manifiesto sobre una forma de proceder que me resulta especialmente desafortunada y afecta indirectamente a mi profesión.

 

Espero molestar lo justo y si es así, que sea desde el respeto pero también desde la opción de replantearse a quienes realizan estas acciones desde las mejores de las intenciones, que quizás no todo vale. Aún partiendo de querer ayudar, de querer ser útiles, se nos puede volver en contra si en realidad busca tan sólo busca el beneficio propio o no tiene de base las competencias necesarias para realizarlo con todas las garantías.

 

Imagen: google.com

A veces parece que quien no está presente y no hace nada de manera visible, está haciendo literalmente eso: NADA.

 

Y a veces, nada más lejos de la realidad.

 

Nunca mejor dicho.

 

El mundo sufre una pandemia que nos confina en nuestras casas, con mayor o menor suerte, según los metros cuadrados de los que disponemos, el apoyo social y familiar a nuestra disposición o el acopio de paciencia y dinero con el que contamos.

 

Y el mundo entero parece haberse parado a muchos niveles por la crisis sanitaria y el COVID-19.

Pero sólo lo parece.

 

Tras el miedo a enfermar o perder a nuestros seres queridos y un paso más allá de la esperanza sobre el final de todo esto, cada uno se hace de nosotros preguntas en silencio que nadie puede responder a ciencia cierta a pesar de los cientos de artículos publicados a principios de año cuyo titular arrancaban con “Tendencias del 2020 que ya están aquí en…”

 

Resulta un tanto frío pensar en el mañana, en cómo saldremos adelante desde el punto de vista más materialista, pero es totalmente necesario. Centrar parte de nuestra energía en el momento en el que esta pesadilla acabe, en dosificar energía para aguantar la maratón que supone a nivel físico, psicológico y económico, lejos de parecer una opción cómoda, te invito a que la consideres como una opción más.

 

Pero es mucho más sencillo dejarse llevar por el impulso inicial de momento de emociones con una carga muy intensa como son el miedo, la tristeza o la euforia. Es mucho más sencillo porque es visceral (nos sale de las vísceras) y en un momento como este, es lo que se espera del ser humano.

 

Se espera y se consiente, porque es algo humano, natural dadas las circunstancias pero no por ello ha de ser lo correcto ni adecuado para cualquier persona y sobre todo, sostenido en el tiempo. Y sobre manera, no es lo adecuado si es una forma de retrasar la aceptación y asunción de las consecuencias de esta situación, no es lo más saludable si supone una evitación en toda regla.

 

Pero lo que no se espera es que hagamos acopio de recursos para la fase final de confinamiento o la apertura gradual del mismo, ni mucho menos para los meses posteriores donde se intente volver a la normalidad. Y digo intente, con toda la intención del mundo, porque esa normalidad que esperamos, no va a volver. Volverá otra que pronto llamaremos normalidad, pero que no será la anterior a esta pandemia. No sé si mejor o peor, pero la normalidad previa, no volverá.

 

Y eso, conlleva un reajuste cognitivo y emocional que NO nos hemos permitido. Y a quien se lo permite, haciendo uso del silencio, de tomar distancia, de mirar hacia a dentro, de no opinar alegremente, incluso de desaparecer, como era de esperar, se le recrimina por no seguir la tendencia ruidosa que impera en estos momentos. Se le sanciona por no hacer lo que se esperaba de él en estos momentos, porque es lo que todo el mundo hace, olvidando que lo que todo el mundo hace, puede no ser lo correcto.

 

Y entonces llegan las mil y una actividades en casa para no aburrirte, para ti y para toda la familia, las videoconferencias a 5 bandas a todas horas, la infame cantidad de información que desborda los cientos de canales a los que estamos hipercontectados, los consejos por doquier para ser más productivo aún que hace un mes, la rapidez por adaptarse a las necesidades de esta situación de urgencia como si llevásemos media vida preparados para ello. Y es entonces cuando veo que NO estamos comprendiendo absolutamente nada de lo que está ocurriendo delante de nuestros ojos.

 

Se deja de lado, por ser poco productiva y visible, la opción de parar, esperar, observar, analizar, recuperar fuerzas para el después. Porque habrá un después, lo sabes, ¿verdad? Y necesitará de muchos recursos que se han perdido jugando al bingo en el patio de vecinos o escupiendo insultos contra políticos de aquí y allá (que todo en su medida, viene hasta bien…). Y cuando sea el momento de tomar decisiones importantes, estaremos exhaustos y no recordaremos el motivo, pero lo estaremos.

 

Elijo quedarme quieta, esperar desde la calma (que no siempre consigo), no ser parte del ruido imperante que tanto me molesta.

Elijo pensar en el mañana desde el presente, dosificando lo que tengo a mi disposición y allanando el camino para lo que ha de llegar.

Elijo no malgastar fuerzas en modas mientas tomo nota de lo importante a través de un importante y agotador filtrado.

 

Elijo ser estratega desde la inacción aparente. Qué mal suena en estos momentos donde debería primar la solidaridad, el hacer, el estar. Pero elijo la estrategia del no hacer nada.

 

Elijo observar a grandes marcas, analizar datos y comportamientos, extraer y comparar conclusiones, observar a referentes profesionales con diferente impacto, leer estudios sobre distintos ámbitos, hablar con personas de mi entorno cercano. Pero también elijo apartarme por momentos, estar en silencio, pensar en solitario, sin compartir reflexiones, anotar ideas y sobre todo, esperar.

Porque es que a veces, la mejor estrategia, la única posible, al menos para mí, es la de no hacer nada…aparentemente.

 

Imagen: pinterest.com

Seguro que tienes alguna persona en tu vida con la que compartes tus inquietudes y miserias, y éstas se vuelven más livianas, menos duras. Más pequeñas.

 

Imagino que también practicarás algún tipo de actividad o afición que te resulte placentera y consiga evadirte de tu día a día. Desde el deporte al baile, desde la pintura a pasear sin rumbo, desde tomarte una caña los viernes a escribir tus reflexiones en un pequeño diario.

 

Y que también tendrás algún tipo de música que te evoque y facilite determinadas sensaciones o emociones, ya sean buenas o no tan buenas. Incluso olores, lugares, prendas de ropa…

 

Estas personas, aficiones, canciones, lugares son terapéuticos por el efecto que generan en ti. Al menos, yo las denomino así: terapéuticas. No son personas profesionales de la salud mental ni del bienestar, incluso muchas veces no son ni personas! No son terapeutas, ni sustituirán nunca los profesionales de la salud, pero te hace un bien inmenso tenerlos cerca en el momento adecuado porque te ayudan a evocar aquello que por ti mismo no puedes.

 

Por ello, quiero compartir contigo un listado de series terapéuticas.

 

Mi listado.

 

Este listado es personal e intrasferible, me explico: estas series lo son para mí y lo han sido por el momento en el que me han llegado y ayudado a afrontar diferentes situaciones emocionales de mi vida. O al menos, yo considero que así ha sido.

 

Empezamos…

 

Juego de Tronos

Llegué a ella a punto de estrenarse su última temporada. Me perdí 8 años de intrigas por capítulos (menos mal!) y la pude disfrutar de golpe en 2 meses, unos meses personalmente complicados. Cuánto me hicieron disfrutar las estrategias sin escrúpulos de algunos de sus personajes, el ansia de poder escondido en cada esquina de las fortalezas, en cada centímetro de las mallas cubiertas por armaduras.

Cuánta similitud con la vida cotidiana, con la realidad del día a día y no sólo con los RRHH como pensaba antes de ver la serie, dada la infinidad de artículos existentes sobre el tema.

 

Los Stark, los Lannister, los Targaryen.

Los dragones, el muro, los caminantes blancos.

El amor, el poder, la guerra, la venganza.

Los linajes, la sangre, las espadas, los tronos, la mujer, Arya

Para mí, ha sido LA SERIE, sin lugar a dudas de esta etapa de mi vida. Si quieres saber más sobre mi opinión de la serie podrás verlo aquí o aquí.

 

The leftovers

Serie de culto, no apta para mentes cerradas ni predispuestas a navegar entre la culpa, la muerte, la aceptación, la superación, la fe y el lado oscuro del ser humano a través de un simbolismo elaborado y embriagador.

Una banda sonora deliciosa llena de referencias y fantásticas versiones donde todo tiene significado, en un entramado entre la ciencia ficción y la realidad, que te hace ahondar de manera sutil en la forma en la que llenamos los vacíos  a los que expone la vida. Los abandonos, separaciones, desapariciones, enigmas y respuestas sin responder.

 

Maravilloso Justin Theroux y maravillosa serie para ver a solas, con una copa de vino y buen queso en formato maratón. Pañuelos cerca…por si acaso.

 

Euphoria

Porque nunca un eye liner con purpurina e iridiscente me había hecho pensar tanto.

Porque hacía tiempo (casi desde Copycat) que no veía un representación tan “fiel” de la depresión, el trastorno bipolar o la ansiedad.

Porque nunca había sido tan consciente de cómo la generación que ha crecido con la red, se comunica en la red, vive en la red y para la red… Y es totalmente comprensible (que no sano, pero comprensible).

Porque nunca habría disfrutado y sufrido tanto con un serie de adolescentes, donde los trastornos mentales, la sexualidad, la (falta de) comunicación, las adicciones y el lado oscuro del ser humano están a más a flor de piel que cualquier tatuaje efímero.

Porque nunca una sudadera masculina había significado tanto para mí en un cuerpo “perfecto” de adolescente atormentada.

Magistral: último capítulo. Música, simbología, significados ocultos que cobran sentido, oscuridad con atisbos de luz y un final tan abierto como tu corazón pueda soportar.

 

El cuento de la criada

Durísima distopía sobre el papel de la mujer en un mundo donde la fecundidad se ha vuelto un bien preciado.

Verla, tengas hijos o no, tengas pareja o no, tengas trabajo o no, te hace pensar (y mucho) en la delicada y frustrante situación de la mujer en una realidad que pudiera llegar a no ser ficticia.

Difícil de ver, a veces lenta, dura. Sobre todo, dura y compleja estructura social que subyuga a la mujer (y también a clases no pudientes) y la somete a atrocidades de difícil comprensión desde la comodidad y libertad del sofá de tu casa.

Serie para pensar sobre lo que NO quieres que te ocurra como mujer o las mujeres de tu vida.

 

Succession

Admito que una vez finalizada GOT, me sentí perdida respecto a series con una trama complicada y con estrategias familiares tan complejas como las que viví con intensidad en Westeros.

Pero llegó Succession. Y aún está. Y llegó para recordarme a esas familias y relaciones modélicas que son más de lo que aparentan.

Que la perfección ni existe ni es necesaria y mucho menos en las relaciones entre personas.

Que, en caso de que veas perfección, será cuestión de haber discutido, negociado, cedido, puesto límites mientras se ríe, llora, grita o escucha.

Porque lo idílico que vemos, que quizás no lo sea tanto, lo que nos gusta ver en las relación… Quizás no sea gratuito.

Mansiones, inversiones, lujos indecentes. Fortunas que se tambalean, dramas familiares, puñales emocionales por la espalda y un “sálvese quien pueda” ante la pérdida de status se entremezclan en cada capítulo de esta serie, que finaliza con una segunda temporada brillante.

 

Pose

Dentro de toda la dureza que escondían los suburbios de la Nueva York principios de los 80, con el VIH como telón de fondo de la gran manzana y las dificultades del colectivo transgénero, esta serie me ha hecho reir y llorar a partes iguales.

Entre bolas de espejos de discoteca, rutilantes concursos de disfraces, coreografías imposibles, luchas de poder dentro de los estamentos más desfavorecidos. Entre brillos, rasos, plumas, sombras de ojos, maquillajes y relaciones de ida y vuelta, consigue meterte de lleno en la complicada vida y lucha de un colectivo que hasta entonces había permanecido invisible y quiere buscar su hueco…a lo grande.

La desigualdad vestida de lentejuelas, pero desigualdad al fin y al cabo.

 

Years and years

Otra distopía, más centrada en aspectos sociopolíticos pero que no deja la lado reflexiones filosóficas sobre la evolución de la especie humana. El cómo los instintos más básico del ser humano, aquellos supuestamente controlados y que nos hacen ser superiores, nos pueden llevar un contexto tecnológico tan (des?)humanizado como avanzado, pero incapaz de dejar a un lado las pulsiones y emociones de las personas.

Para pensar y mucho, sobre el impacto de decisiones políticas mundiales radicales, de la tecnología en las relaciones y formas de vida y comprender que nadie es intocable a los efectos colaterales de grandes movimientos.

 

Y ¿qué requisitos tiene cumplir una serie terapéutica para ser terapéutica?:

  • Que me haga pensar e ir más allá, incluso de lo deseado.
  • Que consiga llevarme a situaciones emocionales a las que no puedo por mí misma en ese momento. Puede ser tanto llorar hasta dormirme, como activarme para dar el paso definitivo.
  • Que me presente una visión diferente a la habitual sobre algún tema.
  • Que permita entrar y salir a mi antojo de la realidad.
  • Que cuando acabe, me haga estar en un estado diferente al que me encontraba cuando la empecé.
  • Que me entretenga: puede ser profunda y emocional, pero también incluir grandes dosis de humor.

 

Espero que las disfrutes y compartas conmigo tu listado de series terapéuticas, haciendo así que el mío quede siga creciendo y sumando momentos terapéuticos.

 

Imagen: Sesión de cine habitual en “Las chicas Gilmore” (google.com)

En la era de la imagen pública, de las recomendaciones y la reputación, las organizaciones aún no han abordado como es debido el valor de su marca empleadora, el poder de desarrollar y realizar una buena estrategia de atracción y selección de talento.

 

Basta con dejarse caer en redes sociales como LinkedIn donde la imagen de los “profesionales” de los todavía mal llamados Recursos Humanos, deja mucho que desear. Falta de información sobre el puesto, trato inadecuado (muchos usan el concepto inhumano, ironías de la vida para el departamento más humano de la organización…), ausencia de feedback, dificultades de seguimiento del estado del proceso y un sinfín de elementos que dejan claro la afirmación con la que arranco este texto.

 

Quizás con este post no te descubra nada, dada la gran cantidad de información disponible en la red de grandes profesionales como Isabel Iglesias o Ximo Salas, pero con que sirva para que le prestes un poco de atención a esta parte vital de tu organización, habrá cumplido su misión.

 

A continuación, te cuento 6 aspectos claves para potenciar tu marca empleadora:

 

Definición y revisión constante de la imagen de empresa y propuesta de valor coherentes

Es vital comprender que los candidatos a los que llegas y quieres atraer deben conocer algo más que las funciones del puesto, la retribución del mismo o las frases típicas hechas de “clima laboral agradable” o “empresa estable”.

Las decisiones en los procesos de selección actualmente se están dando por ambas partes y ya no sólo por parte de la empresa, por lo que es necesario tener clara la propuesta de valor para el candidato en concordancia con la imagen real de la empresa y con la que desees proyectar en los procesos de selección. Este, será un factor clave a la hora de encontrar los mejores candidatos y que éstos se decidan por tu organización o que en caso de no hacerlo, la opinión sobre la manera en la que ha sido abordado el proceso (la marca empleadora, vamos) sea positiva.

 

Fusión entre los departamentos de marketing y talento

No hace falta pensar en grandes corporaciones con departamentos gigantescos, a veces un departamento es una sola persona, incluso una sola persona podría ser varios departamentos. A lo que me refiero, es que cada acción relacionada con la comercialización de tu marca, tenga en cuenta a los candidatos actuales y potenciales, tanto desde la visión interna como la externa.

Cada inversión en publicidad y comunicación, debe valorar su efecto en los empleados para potenciar su rol como embajadores de marca internos al mismo tiempo que influya positivamente en los procesos de selección en marcha o previstos, generando una imagen de marca empleadora interesante.

 

Inclusión de la gestión de personas en la estrategia organizacional

El anterior factor no podrá darse si ambos departamentos no están incluidos en las decisiones estratégicas de la empresa. Marketing lo tiene más fácil, y aún así, le cuesta. Pero en el caso de los departamentos de personas, es algo inexplicable.

¿Cómo se van a realizar procesos de selección exitosos si quien los realiza no sabe a dónde se dirige la empresa en 1 año?

¿Cómo se van a conseguir encontrar a candidatos idóneos si las competencias que se buscan no son las necesarias para alcanzar los objetivos de la organización?

 

Estrategia empleadora bien definida e implementada

Una vez conocida la estrategia y objetivos de la organización, como parte de ella que debiera ser, es preciso incluirla en el marco de acciones relacionados con la atracción y selección de talento. Al igual que el departamento de marketing, cada movimiento dado, debe tener en cuenta su impacto en la imagen de la empresa como marca empleadora y su opinión (interna y externa) sobre cómo percibe el candidato la experiencia vivida.

Para conseguir esto, no sólo tendrás que saber de estrategia, sino de valores y cultura organizacional y además, ser capaz de plasmarlo en todo lo relacionado con el proceso de selección. Desde la forma en la que se lanza al exterior la vacante hasta el tipo de pruebas a realizar durante el proceso, pasando por la manera de contactar durante todas las fases del mismo.

 

Cuidar con mimo y detalle cada fase del proceso

En realidad, el proceso de selección no acaba nunca, pues está determinado por las necesidades de la organización que pueden cubrir las personas que la conforman y eso…no tiene fin. Pero sin determinar cuál es la parte inicial o más determinante del proceso, cada una de ellas debe representar fielmente la cultura y valores de la organización y buscar una satisfacción plena de los candidatos que pasen por ella, a riesgo de no contentar a todos (ese es un riesgo que siempre se corre…)

No seleccionar con urgencia (al menos, de manera habitual), tratar al candidato con respeto en todo momento, conocer en profundidad el puesto a cubrir, estudiar con cuidado las características del candidato, informar con detalle del seguimiento del proceso… Pautas que parecen de sentido común y lógicas, son las principales quejas de los candidatos vividas en los procesos de selección que se vierten en las redes sociales y aparecen en diferentes estudios y hacen que tu empresa no se atractiva para ir a trabajar en ella. Sobre todo cuando son ciertas.

 

Buscar feedback real y darle un buen uso

Para saber si los candidatos que pasan por tus procesos de selección han quedado satisfechos a pesar de no haber sido elegidos, deberás hacer preguntas mediante encuestas o valoraciones posteriores, ya sean presenciales u online. Esto, no sólo hace ver tu interés por cómo ha sido tratado el candidato y potencia tu marca empleadora, sino que te ofrece la información que realmente importante del público al que te diriges y que te dirá cómo de efectiva está siendo tu estrategia empleadora.

 

Ahora, queda de tu mano seguir quejándote de que el mercado laboral está fatal o culpando a tu departamento de recursos humanos como factores clave de que no consigas dar con el candidato adecuado o que se vayan a la media hora de haber llegado. Al menos, estos 6 factores entran dentro de tu control y tu responsabilidad

 

Imagen: google.com

Nadie dijo que los inicios fuesen fáciles.

Ni los retornos.

Ni los finales.

Ni mucho menos, los puntos intermedios. Que ni pa´ lante, ni pa atrás.

 

Seguro que hoy, primer día del curso 2019-2020 para muchos, te identificas con cualquiera de estos puntos vitales.

 

Tú que me lees, quizás empieces tu primer día de trabajo, o sea el último y aún ni lo sepas.

 

O para ti, sea tu primer día buscando empleo, o el enésimo, que ya es un trabajo en sí mismo. Sobre todo, cuando lo haces bien.

 

O puede que sea tu vuelta al empleo que tanto te costó conseguir y ahora se te hace insufrible mantener. O sea tu salvación al no poder desarrollarte en ninguna otra área de tu vida que no sea la laboral.

 

Qué se yo la cantidad de situaciones por las que pueden estar pasando los más 7,700 millones de personas que somos en el mundo, como para tener la autoridad suficiente de decirte cómo tienes que enfrentarte a este primer día del nuevo curso, porque quizás seas tú el que tengas que darnos ánimos al resto.

 

Nos hemos pasado el verano escribiendo y leyendo sobre la desconexión digital, el agotamiento que genera la hiperconectividad, lo que nos cuesta centrarnos en nuestro tiempo libre…y ahora resulta que tenemos síndrome postvacacional.

 

Esto no hay quien lo entienda!

Bien merece un #SeNosHaIdoLaPinza!

 

Quizás nos empeñemos en patologizar todo e inventarnos síndromes (admito que tiene su punto…), cuando es posible que estemos como locos por volver a la rutina, incluida la de la queja: que si el cole, que si el trabajo, que si el jefe/compañero, que si el desempleo, que si la política.

 

Puede que sea un día clave o un día más, un día cualquiera, un día que has planificado hasta la extenuación o que improvisas como es costumbre en ti. O que estrenes la agenda a la que tantas ganas tienes o por el contrario te dejes llevar una vez más por el kaos que reina en tu vida y tanto te gusta.

 

Quiero que seas libre de llegar a la oficina con tu mejor sonrisa o con el ceño fruncido, siempre sin perder la educación. Me gustaría verte a la puerta del cole ilusionada por dejar a los peques en el cole y tomarte un café a solas contigo misma, o con una lagrimilla asomando porque los vas a echar de menos después pasar el verano juntos.

 

Me encantaría escucharte mañana  mientras hablas de lo idílico de tu período estival o de lo frustrante que ha sido al no poder hacer nada de lo que tenías previsto. Todo lo que digas o hagas me parecerá tan normal…

 

De veras, que cada vez se me hace más cuesta arriba darte consejos que no me has pedido sobre cómo debes llevar una vida perfecta, LA vida perfecta que se supone que todos debiéramos tener.

 

De ahí, que mi lista de tips para volver con fuerza (nótese la ironía…) son muy reducidos:

 

  • Tómate tu tiempo, teniendo en cuenta que tu entorno te lo marca de una u otra forma. Pero no te plantees darlo todo ni amargarte cada 5 minutos pensando que estás donde no te apetece. Intenta no moverte en los extremos, y si lo haces, no te martirices por ello, con ser consciente de ello e intentar frenar el bucle, ya estás haciendo algo.
  • Pide ayuda si lo necesitas: si no recuerdas algo, si estás cansada cuando “deberías” estar a tope, si te apetece compartir que tienes desganas… Pero también si estás entusiasmada con volver a la rutina o te encanta continuar en el punto donde lo dejaste hace unas semanas.
  • Plantéate objetivos realistas y propios, básicamente propios. No lo que se espera de ti, lo que deberías, lo que toca… Y compártelos con quienes crees que puedan ayudarte. Si lo tuyo no es el gimnasio, pues no te matricules en el que está de moda y si no te gustan los idiomas, pues ya no hace falta que te veas las series de HBO en versión original. Quizás te apetezca aprender a tocar la batería de una vez por todas…
  • Cuida tu cuerpo como lo haces al intentar pensar “en positivo” para volver mejor. Alimentación sana, descanso adecuado y tiempo de ocio mínimo, siempre adaptado a tus circunstancias y necesidades, pero en busca de lograr unos hábitos saludables.

 

 

Con esto, te deseo que tengas un buen lunes de vuelta al cole, pero no menos que el que te deseo mañana o te desearé dentro de 27 días exactamente. Y que sobrevivas a él todo lo dignamente que puedas si se te hace cuesta arriba o que sigas con el mismo ritmo que hasta ahora. Incluso hasta podría pedirte que lo aflojaras un poco si piensas que vas demasiado forzada.

 

En definitiva, que este es el antipost de la vuelta al cole y que no me pienso extender más que hoy también es un día duro para mí, o quizás esté tan ilusionada con la vuelta a la rutina, que no quiera dedicarle ni un minuto más a este texto. Lo mismo que deberías hacer tú y dedicarlo a lo que tiene que ser: tu vida, sin listados, ni recomendaciones, ni consejos no solicitados.

 

Feliz vuelta! O no…

 

Imagen: Getty Images.