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#PersonasConAlma: Mi reino por un retuit por Alfredo Díaz

Fue una lástima. Sí, lo fue…

Porque hablamos de esto en enero y lo dejé reposar en la nevera hasta mayo, ¿te imaginas? ¿Dejar esta maravilla de reflexión 4 meses, ahí, esperando a ver la luz?

Pero esto tiene remedio y rápido, porque aquí te traigo esta joya de Fredo (Alfredo Díaz para quienes no tienen el gusto de tenerle cerca como yo). Con lo bien que se expresa, prefiero emplear mi espacio en hablarte de él, porque de su post, ya tendrás el gusto de disfrutar en unas líneas.

Fredo es todo menos convencional, y eso ya tiene un valor extra. Lo de la diferenciación que otros llevan por modas o por pura necesidad de destacar, emana de él de manera natural, y se ve intensificado cuando conversas y sobre todo, cuando debates. Si además añado el cultivado criterio musical que tiene (no digo que sea bueno ni el mejor, pero es tan amplio…), ya es para ponerle una estatua. Aunque creo que a él le gustaría más una glorieta en Oviedo, no sé porqué tengo esa sensación ;).

Para que puedas tener una opinión propia y formada sobre él, te invito a que leas esta con calma esta reflexión suya y puedas apreciar la belleza que yo veo en él, al completo…

 

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Dime sólo lo que sientes, con palabras o sin ellas,

en toda su intensidad, y con toda su crudeza.

Mas no quiebres el silencio, no violentes su presencia

Si lo que vas a expresar no supera su belleza.

 

Pido disculpas de antemano (o no), porque a estas alturas de la película, mi alma exige a gritos vomitar su realidad, esta percepción absolutamente subjetiva construida por mis imperfectos sentidos, aún a costa de renunciar, puede que deliberadamente, a lo políticamente correcto….

Pido perdón (o no), porque mucho de lo que viene a continuación no será, a buen seguro, lo que la mayoría de las personas desearían leer…. (o tal vez sí, quien sabe).

 

Vivimos inmersos hasta la médula en la sociedad 2.0, la del buenismo, la de la expresión naif y la posverdad, en la que la valía, éxito y aceptación social de cada individuo parecen venir, cada día, más y más determinados por el número de “me gusta” que obtienen las correspondientes publicaciones en las Redes Sociales.

Por cierto, si tengo la ocasión, en otro momento os contaré las tribulaciones que sufrí tras perpetrar la infame tropelía de abandonar un grupo de WhatsApp, esas neosectas del siglo XXI, en las que una vez entras, es prácticamente imposible salir. Al paso que vamos, un ciberataque o un simple apagón acabarán por dejarnos sin amigos. Definitivamente, la comunicación 1.0 no está de moda: mi reino por un retuit.

Aún me sorprendo cuando personas a las que apenas tengo el placer de conocer, se dedican a regalarme los oídos, con frases como: “Qué grande eres”. En esos momentos pienso, parafraseando en cierto sentido la célebre canción de Raphael, compuesta por Manuel Alejandro, pero ¿qué sabe nadie?. Qué sabe nadie de mis miedos, mis incapacidades y mis creencias limitantes. Qué sabe nadie de mi maldad, de mis segundas intenciones, de ese lado egoísta, perverso y profundamente cabrón, de ese demonio interno que todos llevamos dentro, alimentándose de la ira y el odio, y que tratamos de ocultar a los demás, como parte de nuestra colección de inconfesables secretos.

 

“No me levanto ni me acuesto día que malvado cien veces no haya sido, ni que caiga más vil y más profundo”

(Miguel Hernández)

 

Tengo la sensación de que nos pasamos el tiempo “corriendo” de un lado a otro, persiguiendo obsesivamente algo que ni tan siquiera sabemos muy bien en qué consiste. Estamos, quizá, demasiado absortos en captar el ruido vacío de todo cuanto nos rodea, en vez de tomarnos aunque sea un momento para escucharnos a nosotros mismos, para conocernos, para aprender a querernos, a valorarnos, como seres únicos e irrepetibles que somos.

 

Por otra parte, la casi siempre nefasta gestión del ego que los humanos llevamos a cabo, ya sea por defecto (“no valgo pa ná”) o por exceso (“soy la de Dios”), representa un viaje sin retorno hacia la frustración y la más absoluta de las infelicidades. Y esta es, a mi parecer, una de las luchas más titánicas que cada cuál ha de afrontar, antes o después, consigo mismo.

 

“Lucha de gigantes convierte el aire en gas natural, un duelo salvaje advierte lo cerca que ando de entrar. En un mundo descomunal, siento mi fragilidad….”

(Antonio Vega)

 

A fin de cuentas, a lo largo de nuestra existencia tan sólo hay dos momentos realmente relevantes: nacimiento y muerte. Todo el tiempo, mayor o menor, que media entre ambos no deja de ser una mera circunstancia, un capricho del destino al que cada persona se afana en buscar un sentido.

 

¿Y cuál es la respuesta? Confieso que no la conozco, ni tampoco creo que exista una que sirva de modo “universal”. Pienso que todos hemos de recorrer individualmente ese camino y, además, sin tener garantía alguna de éxito.

 

“Subí al árbol más alto que tiene la alameda y vi miles de ojos dentro de mis tinieblas”

(Federico García Lorca)

 

Personalmente, trato de consumir el tiempo que pueda quedarme hasta el límite de la cuenta atrás en que estoy irremisiblemente sumido en rodearme de aquéllos que me quieren y me aprecian (pese a mis escasas virtudes y a mis múltiples defectos), me abrazan cuando estoy triste, me apoyan cuando lo necesito (aunque sea en la distancia, porque el afecto sincero no entiende de kilometrajes), aceptan y respetan mis decisiones, aún cuando ellos harían las cosas de otra manera, enriquecen mi vida con su alegría, su entusiasmo y sus benditas locuras, me ayudan a recoger los pedazos de alma desprendidos como resultando de mis fracasos, y se congratulan de mis éxitos, al sentirlos como propios.

 

Porque prefiero compartir la mayor de las amarguras rodeado de un silencio cómplice, antes que “disfrutar” de alegrías prefabricadas y banales, acompañado por vacías sonrisas de conveniencia. Porque pocas experiencias me parecen tan desoladoras como la de sentirse sólo en medio de una multitud. A solas conmigo, o a solas sin mí….

 

“Alguien me ama, alguien me destruye. Ventanas o espejos, quebrados o abiertos”

 

“Bujías para el dolor”, Bunbury (2008)

 

Imagen: Alfredo Díaz.

Si quieres saber más de él:

Twitter: @Fredodoc73

LinkedIn: Alfredo Díaz Campo

Facebook: Alfredo Diaz

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