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No quiero que te vayas, verano…

No tenía pensado hacerte llegar ningún post hasta octubre, aún sigo a vueltas con el PAR (Período de Adaptación a la Rutina), pero hoy, 23 de septiembre, con la llegada del otoño me veo en la obligación de hacerlo.

 

Después de varios días sin estar mucho en la red (2 o 3, no te voy a contar ahora milongas de que cada vez estoy más desconectada, estoy lo que estoy…) me pongo a leer en mis “muros” y cual es mi asombro al ver que la gran mayoría de publicaciones son de tristonas, angustiosas o dramáticas despedidas al verano.

 

Lamentos de cómo habrá que esperar hasta el próximo verano para tomar el sol, viajar o disfrutar de la naturaleza.

 

Lloros al pensar que pasarán al menos 9 meses hasta que llegue el momento de hacer aquello que tanto te gusta, pasar tiempo con las personas que quieres o sentirte libre.

 

Súplicas de que no se vaya la época estival, que no desaparezca esa época del año en la que parece ser revives o más bien, da la sensación de ser el único instante en que eres feliz, en el que estás vivo…

 

Vamos, un drama.

 

Oye, que yo también soy de sol, de mar, de luz, de viajar y de un sinfín de cosas que parece ser que están limitadas al verano. Pero va a ser que no: si te gusta el mar (como es mi caso) y lo tienes cerca…¿qué te impide disfrutarlo todo el año? O ¿vas a esperar a hacerlo sólo en verano? Cada época del año, te permitirá hacerlo de una forma distinta, pero si quieres, podrás hacerlo todo el año. Sí, sí, como lees.

 

Muy lejos de entrar las individualidades de cada uno y más allá de que cada uno viaja, sale y entra, descansa y lee cuando quiere y puede, me resulta muy cansino esta tendencia a encasillar al verano como el período de felicidad por excelencia. Quizás sea la única vez que te puedes ir a tu familia en todo el año o te puedes permitir el lujo de viajar…pero no me digas que el resto del año estás “muerto” o te siente un desgraciado. Porque por lo que publicas, parecer lo parece.

 

Y esto me hace ir a los famosos “Menos mal que es viernes” o “Estoy deseando que llegue el puente” que viene acompañados de un “Horror, otra vez lunes” a la vuelta”. De verdad, me gustaría que te planteases qué tipo de vida llevas si aborreces todo lo ocurre en ella de lunes a viernes, y sólo eres feliz en agosto, porque eso son 31 días de los 365 que tiene un año. A mí, se me haría muy duro.

 

Ahora, no te vayas a pensar que soy de las que van cortando margaritas por los prados y regalándolas a cada paso que da en la calle con mi cabello al viento como si fuera un anuncio de Sunsilk (¿todavía existe esa marca? Hace tiempo que no la veo en los supermercados…). A mí, también me gusta el verano y su cara amable, pero también la tienen el resto de estaciones y meses del año, al igual que su lado oscuro donde deseamos que las agujas del reloj se muevan con la velocidad del rayo.

 

¿Por qué te empeñas en vivir deseando que lleguen una serie de momentos que son cíclicos como el fin de semana o el verano? ¿Es porque lo dice la mayoría (vamos, moda) o por necesidad? Da igual, porque ninguna de las respuestas me va a gustar.

 

¿Y si te haces estas preguntas?:

¿Por qué no te planteas qué cosas haces durante esos días que con tanta ansia esperas?

¿Podrías realizarlo, aunque en menor medida o intensidad, durante el resto del año?

¿Qué te impide hacerlo?

¿Puedes buscar la forma de acercarte a conseguirlo?

¿Lo has intentado (en serio) en algún momento?

¿Qué fue lo que te hizo dejar de intentarlo?

 

Este post no contiene la receta mágica para alargar el verano, ni para estirar los días felices, más que nada porque no existen esos trucos. Pero sí puede acercarte más a lo que depende de ti y no de los demás, puede hacerte pensar en qué (demonios) estás haciendo cada día para no tener que desvelarte pensando en que lleguen los días en los que haces lo que realmente quieres como la jubilación, el fin de semana o el verano.

 

Esto no implica necesariamente cambios drásticos en tu vida como llamar a un abogado para divorciarte, redactar tu despido voluntario o hacer las maletas con un billete sólo de ida.

 

Esto, si tú quieres, implica ser consciente de la vida que has elegido, asumiendo las partes que te han tocado y modificando, en la medida que te sea posible, aquellas de las que eres responsable.

 

Esto, implica aceptar que hay circunstancias que no has escogido y hacerlo de la forma más ecológica y rentable para ti.

 

Esto, implica introducir pequeños cambios en tu día a día para transformar aquellos aspectos que te acerquen gradualmente a eso que te hace “soñar” con esos días dorados.

 

Esto, implica dejar de soñar despierto y hacer, construir en lugar de quejarse de la mala suerte que arrastras o de la porquería de trabajo que tienes. Esto va de dejar de protestar y sudar la camiseta del partido de tu vida (ay Dios, me he venido arriba otra vez, ya lo dejo, ya lo dejo…).

 

Te invito a que realices un listado de las 10 cosas que haces en esa época del año que tanto deseas y luego la pongas junto a las preguntas que te he lanzado arriba. Responde todas las que puedas siendo sincero contigo mismo, no tengas prisa, es tu vida, son tus tiempo, pero hazlo. Y luego, procura no tirar esa lista a la basura, ponla en algún lugar visible, eso hará que sea más fácil pasar a la acción y lograr que no sufras con cada final de verano repitiéndote “No quiero que te vayas, verano” como  si fueses cualquier protagonista de “Verano azul”.

 

Prioriza y elige una de ellas (utiliza para ello el criterio que consideres, puede ser por importancia, practicidad o economía) para dar el primer paso y ve poco a diseñando etapas para acortar distancias con el objetivo final, que no es otro que ser más feliz, vivir más en consonancia con lo que te hace bien, vivir al fin y al cabo un eterno verano…

Imagen: google.com

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