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Dicen que ya no soy coach…

Dicen que ya no soy coach, pero se olvidan de que nunca lo fui en realidad. Y digo bien: nunca lo fui y menos ahora con todo lo que sé que implica tener que hacer para ostentar tal mención.

No te quiero aburrir con los títulos ni experiencias profesionales que hacen que sea quien soy a día de hoy, es lo último que me apetece. Además, sé de sobra que tienes otras formas mucho más rápidas de saber sobre mí. Pero lo que sí tengo claro, y creo que es la base de todo, es que soy psicóloga. Y ahí, reside parte del problema y de la solución de lo que te quiero “llorar”.

 

Llevo desde el 2008 formándome y adquiriendo conocimientos en lo que conocemos como coaching, lo que para mí es una herramienta más de las que me ayudan a llegar a las personas y organizaciones con las que trabajo. A ellas y a sus objetivos, sus necesidades, sus circunstancias.

Son 10 años de aprendizajes, asimilando y aplicando conceptos y técnicas que me han permitido dar forma y poner nombre a aquello que estudié en psicología y otros metodologías que llegaron de la mano de diferentes disciplinas. A día de hoy llevo acumuladas más de 500 horas en procesos de coaching (me las sé de memoria porque es habitual que las tengamos registradas, contabilizadas y documentadas).

Tuve la necesidad (generada por el propio contexto y momento) de certificarme por la entidad con la que me formé en mis inicios. Dicho sea de paso, esa primera formación fue determinante en mi decisión de dirigir mis esfuerzos en aplicar y trabajar con esta técnica que tantas alegrías me ha traído todo estos años.

Y de ahí, hacia arriba, como un cohete. Me certifico en su momento, obviamente con la entidad con la que me he formado porque para eso está acreditada por sí misma y forma parte de una asociación que la respalda, compuesta por profesionales formados y acreditados por esa misma entidad (saca tus propias conclusiones). Y me sigo formando, creciendo, ampliando horizontes y mente, o eso creo, o eso intento. Y lo hago en estas y otras técnicas, conozco otras materias, experimento con nuevos métodos. Y me apetece meterme en el lío de “subir” en el nivel de certificaciones, para llegar al TOP de las certificaciones, como que eso me hace ser mejor profesional. Todo me parece poco…

Hasta que me doy cuenta de que lo único que hacen esas certificaciones es darme seguridad cuando no la tenía, cuando me la intentan quitar porque esa inseguridad es la base en la que se sustenta su propia existencia. Y da cierta lástima y al mismo tiempo orgullo, ser consciente de todo ello. Constatar que en estos 10 años, las 500 horas de las que te hablaba antes, han tenido lugar gracias a la confianza que mis clientes y las organizaciones han depositado en mí permitiéndome acercarles los beneficios de la psicología a su día a día. De los resultados obtenidos, de la satisfacción de hacer las cosas con convicción y valores firmes, y no de las certificaciones obtenidas.

 

Estas y otras circunstancias que no vienen a cuento (o quizás sí, pero esto se haría interminable) me han hecho darme cuenta de lo que te decía al inicio: no soy coach, nunca lo fui. Y por lo tanto, no necesito que me renueven cada año el pase para poder seguir siéndolo a cambio de nada.

A parte de mi postura sobre la profesión de coach (si no la conoces, te invito a leer este post) y mi defensa sobre el papel de la psicología en las bases del coaching, se une la de no ser más cómplice de este tipo de certificaciones (al menos, de las que conozco hasta el momento). Un proceso que tiene más de burocrático y de costes que de supervisión profesional, una certificación que tiene más de pegatina de sobre-sorpresa que de seguimiento y mejora continua. Una certificación que serviría para acreditar una capacitación demostrando ante “notario” que las horas en procesos que dices tener en tu poder, son tales. Pero que solamente tendrán validez mientras pagues religiosamente una cuota a cambio, y que en caso contrario, pierdes. Y entonces ahí, la que se pierde soy yo.

Comprendo que si no estás vinculada a una asociación, la misma no dé por válida la certificación que acreditó en su momento. Es lógico: no van a acreditar a alguien que no sostiene su sistema ni forma parte de él.

 

Pero lo que me lleva a contarte todo esto es la siguiente reflexión: si pierdo la certificación que la asociación ha emitido ¿también pierdo la formación, experiencia y conocimientos adquiridos y facilitados por ella? Creo que la propia pregunta se responde a sí misma. ¿Cómo se va a perder lo adquirido y asimilado, lo aplicado y ejercido durante 10 años porque una entidad así lo decida? ¿Por dejar de pagar una cuota? Y ojo, que no estoy en contra de los motivos que llevan a las asociaciones a tomar esa decisión: si no pagas, no eres asociado y pierdes la certificación. Otra cosa es que vea esa decisión coherente con la misión que las hace nacer, que no es otra que la de favorecer el desarrollo y divulgación del coaching como profesión.

¿Perderé entonces mi credibilidad y profesionalidad? Me hago esta pregunta en voz alta porque hoy sé la respuesta y no me da miedo decirla en voz alta, pero hasta no hace mucho, me hicieron dudar…de ello y de mí. Que no te engañen, el respeto y la acreditación siempre han de venir de la mano de los clientes, de los colegas de profesión, de los resultados. En caso contrario, será papel mojado…

 

En fin, que dicen que ya no soy coach, y creo que después de contarte todo esto se reafirma mi idea de que nunca lo fui. Lo que sí soy es una profesional de la psicología, que aplica con el mismo rigor el código deontológico que el coaching como técnica en su día a día. Pero para eso, no hay certificaciones jugosas en el mercado…. de momento.

 

Imagen: Jill Greenberg

 

 

9 comentarios
  1. Ivan Fdez
    Ivan Fdez Dice:

    Me encanta ese enfoque, atrevido,con un tema como este. Como sabes, yo me muevo por el mundo técnico, y pasa exactamente lo mismo. Hace años que renuncié a seguir sosteniendo un negocio piramidal (ojo, no le llamo estafa porque no considero que sea una estafa) que pretende atarte de por vida. Una cosa es pagarse y sacarse determinados cursos, obtener unas titulaciones, y otra es verte obligadx a pasar por caja cada año para mantener ese papel vigente.
    En un entorno consumista como el actual, recuerda mucho al logro de las farmacéuticas cuando te cuelan una pastilla al día, de por vida, en lugar de curarte la enfermedad.
    Tienen el negocio perfecto: el profesional participa de una u otra manera en eso que podría llamarse titulitis. El cliente, tiende a pedir certificaciones, auditorías, etc, porque pedir es gratis y considera realizar una mejor selección. Las empresas deberían dar su justo peso a este tipo de temas en sus procesos de selección, cuidando no caer en sobrevaloraciones absurdas e injustas.
    Pero no nos engañemos, su maquinaria de marketing nos sacará otro término cuando este empiece a verse agotado. Y probablemente caeremos de nuevo. A fin de cuentas, errar es de humanos. Tropezar varias veces con la misma piedra, también.

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  2. Jordi
    Jordi Dice:

    Querida colega,

    Lejos de nunca haber sido coach, creo que nunca dejarás de serlo, una acreditación no es más que un papel, el soporte a tus clientes es lo que te avala, ni más ni menos, así que tu decides si nunca lo fuiste o nunca dejarás de serlo, mal que les pese.

    Un abrazo y feliz día

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  3. Juan Bueno
    Juan Bueno Dice:

    Tienes toda la razón. Al fin y a la postre, te das cuenta (tarde) de que todo este sistema es un “sacacuartos”.
    Cuando te licencias en una carrera universitaria, te dan un título y ya. Y eso es lo que certifica que eres Médico, Abogado, Ingeniero…
    Y no vuelves a pagar ni un solo euro a lo largo de tu vida por esa certificación.
    Otra cosa es el ejercicio libre. En determinadas profesiones la ley determina que debes estar colegiado y entonces pagar una cuota anual al colegio profesional. Pero, creo que eso es harina de otro costal.
    Mucho ánimo y mucha suerte

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  4. CHarlie Pecci Aznarez
    CHarlie Pecci Aznarez Dice:

    Hola Jésica: Cómo estás! Me sorprende tu comentario, acá en Argentina no es necesario pertenecer a ICF o SACOS para ser Coach Profecional, el título está avalado por la escuela donde estudiaste. Es obvio que si perteneces a …. sos mejor considerado, pero una cosa no invalida la otra.Gracias por compartirlo.

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    • jessica
      jessica Dice:

      Hola Charlie, mil gracias por comentar en el blog! Pues en España, no es que no lo seas, es que no lo eres para la entidad que te ha certificado y a la cual has pagado para formarte en ella. Si dejas de pagar la cuota, pierdes la certificación para la cual has pagado tiempo atrás. Un auténtico sinsentido. Más allá de esto, lo de ser coach profesional, también me genera un gran disyuntiva interna pues para mí no es una profesión, sino una técnica, de la cual no se puede extraer una profesión completo. Es complejo, lo sé… Un fuerte abrazo!

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    • jessica
      jessica Dice:

      Mil gracias a tí por la mención, Pedro. Ya lo hemos hablado y ambos hemos vivido el desencanto de las asociaciones por diferentes motivos, pero que en base son los mismos. Podía haber sido tan bonito…. Un abrazo enorme!

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  5. Macarena
    Macarena Dice:

    Por supuesto que si eres Coach, es más coacher que tú alguien que paga la cuota y no hace los Cursos, ni se forma, ni estudia??
    Ahora Coach es cualquiera y no por pagar la Cuota vas a dejar de serlo tu, siendo de las pocas que puede certificar una experiencia y una base psicológica reglada que ya quisieran muchos.
    Yo no concibo el Coaching sin ser Psicologos, pero te aseguro que sospecho y mucho de las Instituciones que basan sus principios en las coutas mensuales del banco.
    Si eres Coach, no lo pongas nunca más en duda
    Un saludo,

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    • jessica
      jessica Dice:

      Hola Macarena, mil gracias por responder y mil perdones por el retraso en la respuesta. La reflexión en base no viene de ser coach o no, en realidad nunca me he sentido como mal, porque siempre he opinado que el coaching es una técnica y no una profesión. Y cada vez me apetece alejarme más de aquello en lo que se quiere convertir el coaching. Muchísimas gracias por tu visión y tus ánimos, un abrazo enorme!

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