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Como todo el mundo estará hablando hoy de la vuelta al cole, el síndrome postvacacional o la depresión preotoñal, voy a centrarme en revisar las pequeñas modificaciones que se pueden ir incluyendo en época estival. Tras dos veranos, como poco, extraños y rarunos, conviene ir planteando acciones alternativas en esta época del año, por aquello de ir acostumbrándose a otras opciones que pudieran venirnos de manera obligada. O simplemente, por probar que lo que habíamos hecho hasta ahora o lo que se nos dice que hagamos, es posible ya no funcione.

Quizás no tenga mucha ciencia hacerlo una vez pasado el verano y tendría que haberme esforzado en contártelo antes, pero es que puede que haya que tenido que pasar antes por ello para poder contártelo ;).

1.- 0 expectativas en las vacaciones: y cuando digo 0… es 0. Evita sobredimensionar tus fuerzas, energía, tiempo y los de los demás. El verano, con suerte, son 2 meses y se pasan volando. No pretendas quedar con todas esas personas pendientes de antes de la COVID-19, ni mucho menos realizar en 2 meses lo que no has hecho en 2 años. El verano, da para lo que da. No más.

2.- Planifica lo justo. O no planifiques nada de lo que puedas hacer en el verano, porque lo más posible es que no llegues ni a la mitad de la lista. Y todo esto, sin pandemia ni perímetros, ni nada de nada. Con ello, evitarás tanto frustraciones como desgastes innecesarios.

3.- Tómate vacaciones de verdad, sin culpabilidad ninguna. Déjate de “travacacionar” y además, hacer que ver que es una maravilla. Si hay que hacerlo, se hace, pero admite que eso no es descansar y tu cuerpo (y por supuesto tu mente) lo necesitan. Por más que nos lo pongan quieran meter por la vista, viajar con el portátil o el móvil o estar en la playa los 7 días al año que te puedes permitir, tiene poco de glamouroso.

4.- No aprendas nada. Trata de no estudiar nada más, ni leer, ni aprender, ni mejorar. Ya habrá tiempo.Prueba a quedarte en reposo (que no necesariamente en equilibrio) y ver qué ocurre. Estar en reposo no es sinónimo de estancamiento o inmovilidad, por lo que puedes viajar, probar nuevas experiencias y seguir haciendo vida social, pero sin ese ansia de aprender de cada situación vivida. Tan sólo vivirla, ya es un reto.

5.- Haz algo diferente a lo habitual y observa. Aunque sean pequeñas acciones. Si eres de ir a lugares nuevos y conocer todo lo posible durante tu estancia, prueba a ir a un hotel y no moverte más allá de 1 km de sus instalaciones, aprovechando a dormir, descansar, vegetar, etc. Si ves que te supera, puedes ampliar el radio a 2 km ;). La idea es modificar tus acciones habituales para saber si estás haciendo lo correcto para ti en estos momentos.

6.- Dedícate tiempo. Pero dedícatelo de verdad y que sea de calidad. Reservando unos minutos/horas al día para hacer cosas exclusivamente para ti: pasear, hacer deporte, leer, dormir, quedar con amigos o no hacer NADA. Es imprescindible que aprendas a sacar tiempo para ti y tu autocuidado, sea cual sea la forma.

7.- Desconecta de lo que estás conectado todo el año. Puede ser el móvil, el ordenador, las redes sociales, la familia, la pareja, los amigos o incluso un lugar. Toma distancia durante un tiempo, el que puedas y quieras, de aquello que tienes frente a ti cada día. A la vuelta, lo verás con otros ojos: quizás lo valores de otra forma, lo cojas con más ganas o simplemente te permita tener más fuerzas para seguir adelante. También cabe la posibilidad de que hayas estado tan bien desconectado de ese “algo” que te plantees no volver a tener esa conexión. Son riesgos que se corren!

8.- Limpia. En el sentido más literal de la palabra. Haz limpieza y pon orden en aquello que ya no usas, no te es útil o te hace daño. Ropa, libros, muebles, ideas o relaciones. Deja espacio a lo que te viene bien (o vendrá) y organiza lo que tienes a tu disposición.

9.- Acude al psicólogo. No lo digo por corporativismo, pues los psicólogos también necesitamos de otros colegas para ordenar ideas, reflexionar en voz alta, plantear dudas existenciales, reservar un espacio propio para pensar. No hace falta un diagnóstico patológico o tomarlo como último recurso, sino como un recurso más para estar mejor de lo que se está.

10.- Relativiza el verano. Es una época del año más, en la que a veces ponemos demasiadas esperanzas. No es necesario viajar ni mucho menos ponerse moreno. No es imprescindible enamorarse ni escribir un libro o hacer algo extraordinario. Todo eso puedes hacerlo, o no, en cualquier otra época del año.

Prometo hacerlo mejor el próximo verano.

O no…

Imagen: propia.

Aunque en mi cabeza resuene la versión de la canción de JLo “El verano pa cuándo?” (asturianos me entenderán…) ha llegado agosto, lo cual implica cambiar hábitos y rutinas. Pero no porque lo diga yo o algún referente en la red, sino porque es inevitable y totalmente necesario. Y lo dicen expertos en salud, física y mental, no me estoy inventando nada.

Y con agosto, llega el mes de las vacaciones por excelencia. El mes para recargar pilas, para desconectar, para descansar, para leer, para viajar, para la familia y los amigos, para tantas cosa…que puede que no te de tiempo a realizarlas todas. No tenía muy claro si escribir un post, de nuevo, sobre esta temática, pero después de conversar con María Jesús Giménez Caimari de Sapiens Mindset me he visto en la necesidad de lanzarme (tampoco ha costado mucho, sea dicho de paso).

Siento alejarte del falso positivismo de “Si quieres, puedes” porque no te va a dar tiempo a hacer todo lo que dicen que te tiene que darte tiempo hacer en vacaciones. Salvo que tus vacaciones duren 6 meses, y aún así, tengo mis dudas. Parece un trabalenguas o que me he vuelto el Gargamel (si eres un Millenial tendrás que entrar en Google para saber de lo que hablo) del período estival, pero quiero ayudarte a generar las expectativas de tu periodo estival.

Este post surge del resultado de mis primeras vacaciones reales tras hacer profesional independiente y liberal, vamos el autónomo de toda la vida. 6 años después de tomar esta decisión y con una pequeña de 14 meses me cogí mis primeras vacaciones en serio, de esas de cogerte un avión, irte a una playa con aguas cristalinas y desconectar de todo lo que me había agotado durante el año.

Puse tanta ilusión y empeño en preparlas al detalle, que todo fuese “perfecto” (lo mío con la perfección viene de tan lejos…), generé tantas expectativas en lo que iba a hacer en mi tiempo de vacaciones que lo único que conseguí fue…frustrarme y pasar la mayor parte del tiempo pensando que no me daba tiempo a todo lo que tenía previsto hacer en esas semanas. Y así, aunque cada vez ha ido a menos, me ha ocurrido año tras año.

La única responsable de mi frustración ante la incapacidad para llegar a todo lo tenía pensado fui yo, cierto. Pero existen otros factores que no me ayudaron nada a gestionar la limitación del tiempo y de mis capacidades respecto a las vacaciones. ¿Sabes a qué me estoy refiriendo?
Listas y listas interminables de lo que DEBES hacer en vacaciones: que si descansa, que si viaja, que si haz deporte, que si escribe un libro, que si pasa tiempo con la familia, que si haz deporte.
Mira, te lo digo de corazón, y tal y como acabé mi anterior post sobre este tema: haz lo que te apetezca, lo que quieras y puedas con tu tiempo libre. Incluso, si decides no tener vacaciones, también será estupendo siempre y cuando sea tu elección. Y si en el peor de los casos, te ves obligado a usar ese tiempo “idílico” en hacer algo que no te apasiona, no dramatices: todo llega, todo pasa.

Para mí, estos listados de lugares ideales, estos inventarios de tareas a realizar en el periodo estival no dejan de ser estereotipos o ideales. Y no pocas cosas debería haber tan sagradas como el uso del tiempo libre.
Cierto es que no estamos libres de tendencias, modas y aspectos sociales que nos invaden a diario y desde que nacemos, pero también tenemos la capacidad de decidir y hacer lo que te apetezca en el ese tiempo reservado para el descanso. Por lo que deberíamos empezar a plantearnos antes lo que es el descanso para cada uno de nosotros.

¿Qué implica para ti descansar? ¿De qué (o de quién) necesitas descansar durante una época del año? Me gustaría que la respuesta fuese única y exclusivamente tuya, sincera, de corazón, por lo que puedes compartirla conmigo en el blog o red desde el que me lees. Pero lo que realmente me haría ilusión es que te respondieses con esa sinceridad y actuases en consecuencia usando ese tiempo como te plazca y te puedas permitir.

Por lo tanto, aquí no verás el catálogo de los mejores libros para leer, de las mejores playas que visitar, los museos más interesantes o los mejores cursos de verano. Me gusta pensar que cuando reflexiono en voz alta te puede servir para encontrar ese equilibrio tan necesario, aunque tan sólo sea a ratitos, que todos buscamos. Y lo que sí tengo claro es que tu equilibrio, tu tiempo libre y ocupado, tu vida, tu agosto… es tuyo.

Haz con él lo que te plazca y déjate de modas y listados interminables.

 

Imagen: Kenton Nelson