Sigo con mi periplo de desgranar el método científico y entre las lecturas recomendadas para tal fin, destacaría esta de César Tomé López donde incluye el concepto de actitud en la definición de ciencia. Y claro, como psicóloga pues ya me ha conquistado…

“Si vemos todas estas razones vemos que la pregunta se disuelve como un azucarillo. En conclusión, no solo “el” método científico no es un axioma de la ciencia, ni siquiera es central en la ciencia [2].

Entonces, ¿qué es central en la ciencia? ¿Qué es lo que la separa de otras actividades que se preguntan sobre el mundo como la filosofía o la religión? ¿La falsabilidad? No, las actitudes[1].

Una definición de ciencia[2] basada en actitudes y que no hace uso del concepto método podría ser esta:

Ciencia es la búsqueda sistemática del conocimiento cuya validez no depende de un individuo o época concretos y que está abierta a cualquiera que quiera comprobar sus hallazgos o reproducir sus experimentos; esta búsqueda se enmarca dentro de un escepticismo sistémico y organizado que parte de la base de que nuestro conocimiento se fundamenta en modelos y que toda hipótesis es falsa mientras no se demuestre (dentro de lo que el razonamiento confirmatorio puede) lo contrario”.

A partir de esta definición y tras lo leído en estas últimas semanas sobre lo que es (o no es) la ciencia, me resulta especialmente interesante la relación con conceptos tan abstractos e inicialmente alejados (errónea premisa mía) de ella como son el razonamiento, la mentira, la fe, los dogmas o la actitud. Quizás por mi formación humanista, aunque siempre queriendo acercarme al lado científico de mi profesión, la ciencia siempre me había resultado excesivamente fría, técnica y numérica. Habiendo abandonado por todo ello la necesidad de profundizar en su lado más filosófico y humanista, en resumen, humano.

Respecto a la aplicación a mi tesis doctoral, es obvio la necesidad de demostrar (o al menos intentarlo) la veracidad de una hipótesis que se deduce de años de experiencia y registros informales. La dificultad radicaba en su lado estadístico, sin encanto para mí, pero necesario de todas formas y al mismo tiempo de la falta de atractivo por su distancia con los parámetros más humanos. Viendo lo visto en estas últimas semanas, además de su faceta claramente filosófica y, aunque más difícil de hacerlo tan tangible como que una ameba se desarrolle o muera en una placa de petri, la ciencia aplica claramente a la Psicología y por lo tanto a mi objeto de estudio.

 

Imagen: freepik.es

A estas alturas me imagino que sabrás que he retomado mi tesis doctoral (la dejé parada allá por 2006) y si no es así, ya lo sabes.

Además de meterme de lleno en los calendarios y vida estudiantil de nuevo y poder acoplarla a mi vida familiar / laboral como puedo, me he embarcado en un par de cursos online sobre investigación y ciencia. Son formaciones obligatorias y necesarias, me explico.

Son obligatorias, pues debo cubrir una serie de créditos formativos a lo largo del doctorado y cuanto antes empiece una, pues mejor, que luego se nos echa el tiempo encima. Pero por otro lado, también son necesarios, sobre todo en mi caso, dado mi perfil humanista.

Por mucho que me duela reconocer, mi perfil investigador está bajo mínimos. Soy Licenciada en Psicología en 2004, con lo que no tuve que presentar trabajo de investigación final y la Psicología, aún siendo una profesión sanitaria y en búsqueda constante de validación científica, no promovía en su momento el desarrollo de competencias investigadoras.

Y he aquí, que una de estas formaciones, además de favorecer que me ponga al día con dichas competencias necesarias para llevar a cabo con éxito mi tesis doctoral, lo hace de manera digital y a través de la creación de un blog, donde tenemos que crear entradas sobre temas como este.

En esta entrada tengo que reflexionar sobre lo que es la CIENCIA, así con palabras mayúsculas y explicar la temática que aborda mi tesis doctoral.

Vamos a por la primera, que precisamente no es nada sencilla. Después de leer los textos recomendados y haciendo memoria de lo estudiado estos últimos meses, la ciencia es el intento humano de demostrar la VERDAD de manera irrefutable (hasta el próximo descubrimiento o investigación). Quizás suene brusco, pero en mi cabeza es lo que resuena.

Al iniciar de nuevo este camino, tenía mis reticencias hacia el mundo científico tan (supuestamente) alejado de las humanidades, la filosofía y la argumentación. Pero cuanto más estudio y leo sobre ello, más relación me parece tener. Quizás esté cayendo en mi propio sesgo confirmatorio al ver solamente aquello que reafirma mi posición, pero así lo veo.

La Ciencia, es el intento de demostrar de la manera más objetiva posible la verdad en la que que cada uno de nosotros, como científicos, creemos. Y eso me lleva a pensar en la parte egocéntrica de la ciencia, de las luchas internas con las que me encontraré, de la base filosófica del método científico donde se abordan temas como verdad, conocimiento, razonamiento, argumentación, lógica, creatividad, constancia, aspectos tan humanos que a veces pienso que no hablo de ciencia cuando lo estoy haciendo.

Finalizando con la petición de este ejercicio, mi tesis doctoral pretende responder a esta pregunta:

¿Pueden ser la competencias emocionales un factor de predicción fiable en los procesos de selección de personal?

¿Puede ser el entrenamiento y desarrollo de competencias emocionales un factor de predicción en el éxito dentro del ámbito laboral?

¿Pueden ser la evaluación de las competencias emocionales un  factor de predicción de éxito a la hora de seleccionar al candidato idóneo para vacantes laborales?

Pretende demostrar, como buena científica, que las competencias emocionales, tienen un papel determinante tanto el desarrollo profesional estratégico como en la selección de candidatos en la gestión de talento dentro de las organizaciones.

Esa famosa transformación digital.

 

Esa hiperconectividad.

 

Ese tenerlo todo #AUnClick… tenía que llegar.

 

Y ya está aquí, para nuestra desgracia, por obligadas circunstancias.

 

Llevo impartiendo formación, desarrollando mi rol docente casi desde mis inicios como psicóloga hace más de 15 años. Y no, ni nací aprendida ni ese rol venía con el título de Psicología, con lo que no me quedó otra que ir día a día aprendiendo y poniendo a prueba todas y cada una que las competencias que me requería la formación y transmisión de conocimientos.

 

Sí, sí: transmisión de conocimientos.

 

Porque no es lo mismo, ser buen@ orador@, ser buen@ formador@ o conseguir transmitir conocimientos.

 

Y es aquí, donde las competencias docentes salen a relucir, cuando las serpentinas de colores, los globos y abrazos sin venir a cuento y las paredes inundadas de post-it de las sesiones presenciales, se desvanecen. Ahora, es el momento de la verdad

 

Me gustaría compartir contigo los puntos de conexión y las diferencias que existen entre la formación tradicional, por innovadora que sea y las formación online en cualquiera de las modalidades:

 

Formación presencial tradicional

 

  • Rol docente: ser líder, dinamizador y estructuración de la acción, pero con una fuerte base en la mera transmisión de información.

 

  • Tendencia pasiva del alumno a recibir información, conocimiento, etc. generando cierta dependencia del docente para su desarrollo y avance.

 

  • Posibilidad de rigidez temporal y espacial respecto a desarrollarse en espacios y tiempos concretos con restricciones en según qué acciones individuales y grupales.

 

  • Limitaciones en metodologías didácticas y canales de comunicación, recayendo el peso en la comunicación verbal y no verbal del docente, apoyado básicamente en material escrito o audiovisual.

 

  • Competencias pedagógicas: objetivos pedagógicos y criterios de aprendizaje basados en medios más limitados y desarrollados de manera previa.

 

  • Competencias docentes: gran peso de la comunicación, verbal y no verbal, del docente para captar y mantener de la atención del alumnado en directo.

 

Formación online: talleres, plataformas e-learning, webinars

 

  • Competencias digitales exigentes: herramientas tecnológicas, adaptación de contenidos a diferentes canales y soportes en constante cambio y evolución.

 

  • Capacidad de comunicación en entornos virtuales: conseguir captar y mantener la atención sin interacción directa, basada en la transmisión de conocimientos y apoyada en material multimedia a través de múltiples canales.

 

  • Amplio volumen de información al alcance del alumno, tanto de manera simultánea a la acción formativa como a posteriori, que además se actualiza de manera continua y vertiginosa.

 

  • Actualización de contenidos constante, inmediata, mediante herramientas de comunicación sincrónica y asincrónica (vídeos, documentos, etc.) y la propia red, donde el conocimiento se encuentra deslocalizado.

 

  • Requiere (y fomenta) cierta autonomía de los participantes, además de unas mínimas competencias digitales.

 

  • Facilita formaciones grupales y colaborativa a través de múltiples canales, fomentando la interacción y el desarrollo de habilidades sociales digitalizadas.

 

  • Aprendizaje basado en tutorías, interacción y colaboración alineado con los criterios pedagógicos de las acciones formativas.

 

  • En función de la ratio docente-participante, la calidad de las interacciones y tutorizaciones, puede ser baja con limitaciones de interacción directa y evaluación de las reacciones de los participantes (por ejemplo, webinar).

 

  • Importantes beneficios extras: permite registrar la actividad de cada acción y ahorra grandes costes en medios físicos y desplazamientos.

 

Si pensabas que pasarte al método online de un día para otro sería sencillo, siento decirte que no lo va a ser. No lo está siendo como podrás comprobar en tu día a día, porque te estás encontrando con:

 

  • limitaciones propias al pensar que eras más digital de lo que realmente eres, ayudado por el sesgo de creer que sabes más de lo que sabes (el famoso efecto Dunning-Kruger)

 

  • limitaciones pedagógicas y metodoloógicas: saber aplicar un tema, no implica saber transmitir conocimiento y conseguir determinados objetivos pedagógicos en según qué materias que requieran manipulación de elementos (cocina, limpieza, soldadura…).

 

  • limitaciones en tu público: los participantes de las formaciones online, también padecen de este efecto al creer que están preparados para este tipo de formación por el simple hecho de manejarse bien con un Smartphone.

 

  • limitaciones técnicas y de recursos: no todas las acciones formativas pueden desarrollarse con éxito a través de un teléfono móvil ni en cualquier lugar. A pesar de las comodidades de la flexibilidad espacio temp

 

  • limitaciones en información previa del alumnado: la inmediatez y rapidez de muchas acciones, junto con la posibilidad de aumentar el número de asistentes, reduce las posibilidades de obtener información previa del público al cual deseamos facilitar el aprendizaje.

 

 

Con lo que, viendo lo visto y alguna matización más que se me quedará en el tintero, será el momento en el que podremos comprobar quién es un@ buen@ orador@ list@ para el escenario y contar sus batallitas y ser un@ gran “speaker” y quien un@ docente que se maneja entre objetivos formativos, criterios pedagógicos, transmisión de conocimientos y además se actualiza de manera constante mientras capta la atención y comunica a través de una pantalla.

 

¿Te sientes preparad@? Porque es el momento de la verdad…

 

Imagen: freepik.es

 

Con esto del confinamiento, la productividad y las rutinas, se han creado unos mitos alrededor del (supuesto) teletrabajo que nos están haciendo dejar a un lado pequeños placeres que nos harán más llevadera esta situación.

 

A continuación te comparto los lujos que tenemos a nuestro alcance y que estamos ignorando por aquello de pensar que lo que estamos haciendo en esta situación forzada de productividad, es realmente…teletrabajo:

 

– Vestirte como si fueses a la oficina: la parte clave de la expresión es “como si”. Es que no vas a ir a ninguna parte, ni hoy ni mañana ni pasado. Salvo que tengas perro y tengas que ir a la compra, y espero que esto lo hagas de manera consciente, con lo que será pocas veces y rápido. Por lo tanto, ¿qué necesidad tienes de vestirte con americana, camisa, vaqueros o demás ropa que no te sea cómoda para ir del sofá al escritorio y de ahí, a la cocina?

Ya no te digo nada, del tema de estar con calzado de calle. Los entendidos dicen que para meterse de lleno en el teletrabajo, hasta calzado de calle (tacón, mocasín, etc.) has de ponerte durante toda la jornada laboral.

Yo no lo veo. No sólo por cuidar de mi parquet, que sólo pensar en barnizarlo se me ponen los vellos de punta, sino porque…estoy 24 horas en casa!!! Y no estoy teletrabajando, estoy haciendo algo parecido a hacer cosas de casa cuando puedo.

 

– Imagen personal global: ducha, maquillaje, peinado. Si ya me da pereza ponerme el “uniforme” de trabajo, no te digo ná lo de maquillarme, peinarme o ducharme bien temprano. Salvo que sea algo que algo que te guste o te active por naturaleza y te haga sentirte mejor, te invito a que te duches a deshora y que no te peines como lo harías para ir a trabajar. El placer de plantarte un moño estilo “homeless” y no maquillarte en semanas, es algo que sólo en este contexto no tiene connotaciones de dejadez o principios de depresión (estoy ya es menos broma…). Ahora, si te gusta verte bien y te hace sentirte mejor estando en casa, adelante Señorit@ Pepis!.

 

– Crear rutinas y ponerte límites: sí y no. Estamos en un momento en el que realmente da igual la hora a la que nos levantemos, comamos o empecemos una determinada tarea. Por norma general, mañana será igual. Llevamos 1 mes en el día de la marmota, qué puede ir tan mal si nos pasamos de la hora? Tampoco es cuestión de comamos callos a las 3 de la mañana, pero si flexibilizamos un poquito los horarios y nos basamos más en resultados, igual nos va hasta un poco mejor. Es decir, en lugar de poner horarios estrictos para trabajar y realizar las comidas, plantéate el comer 3 veces al día con 3-4 horas máximas de separación entre comidas y realizar entregas determinadas de trabajos o tareas. No sé, es sólo una idea.

 

– Ser productiv@, a toda costa: no y no. Al menos entendido como estar haciendo constantemente algo que ni siquiera te habías planteado o no te gusta. No te gusta cocinar, no cocines. Te aburre la ópera, no vayas a conciertos virtuales. No eres de leer, no leas. No eres de estar todo día conectado ni llamando, no lo estés. No eres de hacer deporte, no te metas al fitness ahora de repente. No has visto series míticas, no las veas. Ya bastante tenemos con sobrevivir a todo esto, como para encima ponernos a hacer todo tipo de tareas insatisfactorias por norma general para nosotros. No hacer nada, ya es mucho. Pero sobre todo, hacer algo por imposición ajena, por presión social o por autoexigencia, no te hará mejor. Ni ahora ni cuando salgamos de esta crisis. Y piensa ¿en qué momentos has tenido la oportunidad de ser útil al mundo sin hacer nada? En la vida!!! Aprovecha, que esto se pasará, de verdad y no sé cuando volveremos a tener tiempo para no ser productivos y que sea provechoso al mismo tiempo.

 

– Estar más con los tuyos: a lo mejor lo que necesitas en este confinamiento es estar sol@, para dormir, descansar, no dar explicaciones, pensar, discutir contigo mism@… Y quizás no puedas hacerlo por tu situación personal. Así que, aunque es tiempo para poner a prueba relaciones, familias y, sobre todo, paciencia, no pasa nada por echar de menos estar a solas, en silencio y sin ganas de compartir espacio con otras personas. No eres antisocial ni nada por estilo, es que …todo, en extremos más, cansa. No necesitas estar agradecid@a la vida, ni salir reforzad@de esta, si salir siendo mejor, con que salgas, ya casi te vale, me vale.

 

En fin, que espero que hacer caer estos mitos te hagan más llevadera la situación que estamos viviendo. A mí, pensar así me ha venido bien por momentos, y si te puede venir a ti, bienvenido sea.

 

En caso contrario, este mensaje se borrará de tu memoria en 5 segundos.

 

Y tan felices, oiga.

 

Imagen: static1.larioja.com

 

Se nos ha ido la pinza, y mucho, con el artisteo.

 

Estaba yo tan feliz limpiando mi wc, ataviada con guantes, lejía y todo el equipamiento, cuando suena mi móvil y miro el WhatsApp. Era un video musical, por llamarlo de alguna forma.  Me quedé sin aliento y sin fuerzas para seguir frotando, pero no para plasmar aquí lo que llevo viendo desde el inicio de esta crisis sanitaria.

 

Desconozco si es el efecto del confinamiento o los vapores de la lejía y el alcohol, pero la red está inundada de vídeos, retos, conciertos, iniciativas, directos, webinars y cientos de opciones de “ayuda” para superar este complejo momento que vivimos a nivel mundial. Acciones que nos ocupan, entretienen y no dan tregua para pararte a pensar en nada, para no aburrirte, no vaya a ser que nos agobiemos, pongamos tristes o enfademos como reacción a esta pandemia que sufrimos. Necesitamos saber estar sin hacer nada, porque no hacer nada, ya es hacer algo. Necesitamos pararnos a pensar, analizar y observar desde otra perspectiva diferente a la que teníamos porque ya hemos visto que no servía, que no sirve.

Y por ahí, ya empezamos mal, pero como ya he escrito sobre ello, tampoco es cuestión de machacar sobre el mismo tema.

 

Pero aunque quizás no estés de acuerdo conmigo, no toda iniciativa ayuda, es adecuada ni oportuna. Si no más bien, puede resultar oportunista, dadas las circunstancias. Y usar el nombre de la psicología, del altruismo, de la bondad, de la ayuda desinteresada, no lo pone más fácil. Porque esta fusión forzada no va siempre unida ni a la psicología ni al desinterés, más bien puede parecer todo lo contrario resultando ser la antítesis de esta maravillosa profesión y resultando de lo más interesada.

 

Ojalá me equivoque. Ojalá. Pero parte de la información que me llega a través de estas iniciativas, está más cerca de llenar bolsillos en tiempos de crisis, de crear un caldo de cultivo de potenciales clientes, de pura estrategia comercial que de ayudar al prójimo. Y mucho menos se acerca a lo que es la psicología, o lo que al menos representa para mí.  A pesar de que soy muy fan de la estrategia, en estos casos no tanto debido a su aspecto subliminal y encubierto.

 

Una profesión sanitaria que toca de lleno la salud, en este caso mental y emocional, no debería ser usada como fórmula barata de entrenamiento ni trampolín para futuros participantes de talent shows. No sólo la psicología merece un respeto, sino todos esos profesionales que dedican su vida a mitigar el duelo, la depresión o los trastornos obsesivos que se darán con mayor probabilidad en estos meses. Pero sobre todo, lo merecen las personas que están sufriendo los estragos y la forma de querer llegar a ellas para ayudarlas como excusa de entrar en nuevo nicho de mercado.

 

Ríete tú de Leticia Sabater, la Pelo Pony o Cañita Brava, ellos al menos hacen espectáculo, son espectáculo en sí mismos y saben de las cuotas a pagar para conseguir esa fama que tanto ansían sin creerse Alejandro Sanz. ¿En qué momento ver a artistas de la talla de Alejandro Sanz, regalando su talento a través de un concierto online, nos hace pensar que su estrategia nos puede ser útil? ¿En momento hemos confundido el arte, la música, el espectáculo con la salud mental y el apoyo psicológico en momentos críticos?

 

Siento decirte, que esas idas de pinza no tienen nada que ver con lo que yo entiendo con profesionales dedicados a las personas y por ende, de su salud mental, del equilibrio emocional. Y al decirlo en voz alta, me desmarco y alejo públicamente de todo lo que tenga que ver con banalizar de esta manera la fragilidad del ser humano en momentos delicados, haciendo de ello un espectáculo de aplauso fácil, donde lo importante pasa a ser la visibilidad, los likes y el reconocimiento del supuesto profesional altruista.

 

Esto no es un comunicado, carezco de la relevancia suficiente como para decirle al mundo qué hago y o dejo de hacer. Esto tan sólo es un manifiesto sobre una forma de proceder que me resulta especialmente desafortunada y afecta indirectamente a mi profesión.

 

Espero molestar lo justo y si es así, que sea desde el respeto pero también desde la opción de replantearse a quienes realizan estas acciones desde las mejores de las intenciones, que quizás no todo vale. Aún partiendo de querer ayudar, de querer ser útiles, se nos puede volver en contra si en realidad busca tan sólo busca el beneficio propio o no tiene de base las competencias necesarias para realizarlo con todas las garantías.

 

Imagen: google.com

A veces parece que quien no está presente y no hace nada de manera visible, está haciendo literalmente eso: NADA.

 

Y a veces, nada más lejos de la realidad.

 

Nunca mejor dicho.

 

El mundo sufre una pandemia que nos confina en nuestras casas, con mayor o menor suerte, según los metros cuadrados de los que disponemos, el apoyo social y familiar a nuestra disposición o el acopio de paciencia y dinero con el que contamos.

 

Y el mundo entero parece haberse parado a muchos niveles por la crisis sanitaria y el COVID-19.

Pero sólo lo parece.

 

Tras el miedo a enfermar o perder a nuestros seres queridos y un paso más allá de la esperanza sobre el final de todo esto, cada uno se hace de nosotros preguntas en silencio que nadie puede responder a ciencia cierta a pesar de los cientos de artículos publicados a principios de año cuyo titular arrancaban con “Tendencias del 2020 que ya están aquí en…”

 

Resulta un tanto frío pensar en el mañana, en cómo saldremos adelante desde el punto de vista más materialista, pero es totalmente necesario. Centrar parte de nuestra energía en el momento en el que esta pesadilla acabe, en dosificar energía para aguantar la maratón que supone a nivel físico, psicológico y económico, lejos de parecer una opción cómoda, te invito a que la consideres como una opción más.

 

Pero es mucho más sencillo dejarse llevar por el impulso inicial de momento de emociones con una carga muy intensa como son el miedo, la tristeza o la euforia. Es mucho más sencillo porque es visceral (nos sale de las vísceras) y en un momento como este, es lo que se espera del ser humano.

 

Se espera y se consiente, porque es algo humano, natural dadas las circunstancias pero no por ello ha de ser lo correcto ni adecuado para cualquier persona y sobre todo, sostenido en el tiempo. Y sobre manera, no es lo adecuado si es una forma de retrasar la aceptación y asunción de las consecuencias de esta situación, no es lo más saludable si supone una evitación en toda regla.

 

Pero lo que no se espera es que hagamos acopio de recursos para la fase final de confinamiento o la apertura gradual del mismo, ni mucho menos para los meses posteriores donde se intente volver a la normalidad. Y digo intente, con toda la intención del mundo, porque esa normalidad que esperamos, no va a volver. Volverá otra que pronto llamaremos normalidad, pero que no será la anterior a esta pandemia. No sé si mejor o peor, pero la normalidad previa, no volverá.

 

Y eso, conlleva un reajuste cognitivo y emocional que NO nos hemos permitido. Y a quien se lo permite, haciendo uso del silencio, de tomar distancia, de mirar hacia a dentro, de no opinar alegremente, incluso de desaparecer, como era de esperar, se le recrimina por no seguir la tendencia ruidosa que impera en estos momentos. Se le sanciona por no hacer lo que se esperaba de él en estos momentos, porque es lo que todo el mundo hace, olvidando que lo que todo el mundo hace, puede no ser lo correcto.

 

Y entonces llegan las mil y una actividades en casa para no aburrirte, para ti y para toda la familia, las videoconferencias a 5 bandas a todas horas, la infame cantidad de información que desborda los cientos de canales a los que estamos hipercontectados, los consejos por doquier para ser más productivo aún que hace un mes, la rapidez por adaptarse a las necesidades de esta situación de urgencia como si llevásemos media vida preparados para ello. Y es entonces cuando veo que NO estamos comprendiendo absolutamente nada de lo que está ocurriendo delante de nuestros ojos.

 

Se deja de lado, por ser poco productiva y visible, la opción de parar, esperar, observar, analizar, recuperar fuerzas para el después. Porque habrá un después, lo sabes, ¿verdad? Y necesitará de muchos recursos que se han perdido jugando al bingo en el patio de vecinos o escupiendo insultos contra políticos de aquí y allá (que todo en su medida, viene hasta bien…). Y cuando sea el momento de tomar decisiones importantes, estaremos exhaustos y no recordaremos el motivo, pero lo estaremos.

 

Elijo quedarme quieta, esperar desde la calma (que no siempre consigo), no ser parte del ruido imperante que tanto me molesta.

Elijo pensar en el mañana desde el presente, dosificando lo que tengo a mi disposición y allanando el camino para lo que ha de llegar.

Elijo no malgastar fuerzas en modas mientas tomo nota de lo importante a través de un importante y agotador filtrado.

 

Elijo ser estratega desde la inacción aparente. Qué mal suena en estos momentos donde debería primar la solidaridad, el hacer, el estar. Pero elijo la estrategia del no hacer nada.

 

Elijo observar a grandes marcas, analizar datos y comportamientos, extraer y comparar conclusiones, observar a referentes profesionales con diferente impacto, leer estudios sobre distintos ámbitos, hablar con personas de mi entorno cercano. Pero también elijo apartarme por momentos, estar en silencio, pensar en solitario, sin compartir reflexiones, anotar ideas y sobre todo, esperar.

Porque es que a veces, la mejor estrategia, la única posible, al menos para mí, es la de no hacer nada…aparentemente.

 

Imagen: pinterest.com

Un sesgo cognitivo es un efecto psicológico originado por una distorsión, prejuicio o interpretación errónea de la información que percibimos y damos sentido. Es una forma rápida de etiquetar situaciones que vivimos y con ello, ahorrarnos un gasto extra a la hora de abordar cada contexto situacional desde le visión y juicio críticos. Con ello, conseguimos responder de manera rápida a múltiples situaciones complejas del día a día, imposibles de abordar sin ese filtrado subjetivo dejando a un lado el procesamiento racional, pero de una manera inconsciente.

De ahí, que la psicología cognitiva hace décadas que lo estudia en profundidad para conocer y abordar esos atajos mentales (procesamiento heurístico), emociones o aspectos sociales que subyacen a estos sesgos cognitivos y que inundan nuestras tomas de decisiones continuas, ya sean más o menos importantes.

Daniel Kahneman (junto a Amos Tversky), es a quien se le atribuye el concepto y su principal divulgador desde 1972, al iniciar las primeras investigaciones sobre las dificultades de las personas para razonar ante situaciones y órdenes complejas, antes las cuales se generan esos “atajos” basados más en elementos intuitivos, irracionales, emocionales o culturales. Algo de valor tendrán estos dos señores y todo el revulsivo que vino en los años posteriores respecto a la toma de decisiones racional, cuando en 2002 Kahneman compartió con Vernon Smith el Premio Nobel de Economía.

 

Y mientras profundizo en los sesgos y sus clasificaciones, efectos y formas de manejarlos, me doy cuenta de una importante carencia en ese listado que está de rabiosa actualidad y nos entra por los ojos, que está en el aire y nos obnubila. A este enorme listado le falta la influerexia o tendencia a pensar que influimos de manera poderosa en los demás.

 

Otra vez me vengo arriba, cual @susicaramelo con su #pibonexia (ríete tú que está a un paso de ser citada en cualquier revista científica Scopus). Sigo en mi intento fallido de hacerme viral de alguna forma y dejar el mundo de los mortales, viajar en jet privado y que me graben un vídeo emocionándome al recibirlo. Allá cada uno con sus sueños y sus emociones, no? Mientras tanto, me seguiré dedicando a trabajar como psicóloga e intentando que las organizaciones y las personas con las que trabajo consigan sus objetivos de una manera más eficaz, más ecológica…con todo el esfuerzo por su parte que requiere, y no por mis poderes mágicos de influencia.

 

Veo tremendamente necesario abordar este síndrome, para poder definir y diagnosticarlo (ya sabes que a los psicólogos nos chifla eso de etiquetar todo y definir), porque quizás sea yo, pero detecto cierta influerexia en el aire. Muchas conversaciones con “colegas”, demasiados casos de transformación vital, excesos de charlas motivacionales y subidones de  oxitocina y dopamina, increíbles poderes cósmicos para modificar pensamientos instantáneamente, saturación de gurús jugando a ser dioses ... Y tengo la hipótesis de que esta influerexia es altamente contagiosa y difícil de erradicar (no está la cosa pa bromas con este tema, pero tenía que contártelo hoy).

 

La tremenda obsesión por transformar vidas, por dejar imborrables huellas en otras personas, por dejar este mundo mejor, por contar con ábacos, likes o aplausos lo importante que uno ha sido en el destino de los demás, nos ha llevado a desarrollar un síndrome.

 

Influerexia o la tendencia a creer que influimos más en los demás…de lo que realmente influimos.

 

Del “yo puedo con todo”, hemos pasado el “yo puedo influir sobre cualquiera que me lo proponga” o “yo puedo cambiar vidas”. Mira lo que te digo, de ahí a una sanación por imposición de manos o una lectura mental por mirada cósmica, estamos a un paso.

 

Poca broma…

 

Pensar que influyes en las personas de las que te rodeas, de una manera tal, como para que cada conversación sea “poderosa” y seas el inicio del CAMBIO, es como pensar que esa mesa de cristal a la que acabas de quitar el polvo, se queda limpia. Es algo momentáneo, temporal, y que sólo se producirá si la persona (o auditorios) está preparada para ello y ha realizado todo el trabajo previo necesario, además de continuar dicho proceso una vez desaparezca ese chute de motivación (influencia?) inicial. Y esto, con suerte de que alguien llegue a escuchar realmente lo que dices.

 

Por si acaso, te enumero de manera rápida y sencilla, que no está la vida para perder el tiempo con tonterías, los principales síntomas de la influerexia:

  • tendencia a la confirmación sobre el poder ejercido en los cambios de vidas ajenas.
  • disfrute y recreo en la tendencia anterior.
  • repetición constante de la importancia y valor de opiniones propias, otorgado por uno mismo o público (léase, fans).
  • necesidad imperiosa de solucionar problemas ajenos, aún no habiendo sido solicitada su ayuda.
  • firme creencia de poderes superiores únicos e intransferibles.

 

Para poder emitir un diagnóstico clínico del síndrome, han de darse y coexistir al menos 3 de estos síntomas de forma persistente durante 3 meses (a ver quién es el guapo que aguanta esto 3 meses para ver si es verdad o no que tienes frente a ti a un influeréxico).

 

El síndrome se encuentra en estos momentos en estado de investigación y validación, a través del método científico usando un muestreo por conveniencia o fórmula mixta (con muestreo intencional). Es posible que la metodología evolucione favorablemente en los próximos meses tras recabar más datos y tener una población más amplia con la que poder trabajar.

 

Si crees que conoces a alguien que pueda estar desarrollando el síndrome o presente alguno de estos síntomas sin ser diagnosticado, ponte en contacto conmigo y colabora con la humanidad en la erradicación y prevención precoz de un síndrome que, más que cambiar vidas, las puede llegar a destruir mientras levanta un tremendo dolor de cabeza y agotamiento a quienes lo sufren de cerca.

 

Imagen: pixabay.com

Seguro que tienes alguna persona en tu vida con la que compartes tus inquietudes y miserias, y éstas se vuelven más livianas, menos duras. Más pequeñas.

 

Imagino que también practicarás algún tipo de actividad o afición que te resulte placentera y consiga evadirte de tu día a día. Desde el deporte al baile, desde la pintura a pasear sin rumbo, desde tomarte una caña los viernes a escribir tus reflexiones en un pequeño diario.

 

Y que también tendrás algún tipo de música que te evoque y facilite determinadas sensaciones o emociones, ya sean buenas o no tan buenas. Incluso olores, lugares, prendas de ropa…

 

Estas personas, aficiones, canciones, lugares son terapéuticos por el efecto que generan en ti. Al menos, yo las denomino así: terapéuticas. No son personas profesionales de la salud mental ni del bienestar, incluso muchas veces no son ni personas! No son terapeutas, ni sustituirán nunca los profesionales de la salud, pero te hace un bien inmenso tenerlos cerca en el momento adecuado porque te ayudan a evocar aquello que por ti mismo no puedes.

 

Por ello, quiero compartir contigo un listado de series terapéuticas.

 

Mi listado.

 

Este listado es personal e intrasferible, me explico: estas series lo son para mí y lo han sido por el momento en el que me han llegado y ayudado a afrontar diferentes situaciones emocionales de mi vida. O al menos, yo considero que así ha sido.

 

Empezamos…

 

Juego de Tronos

Llegué a ella a punto de estrenarse su última temporada. Me perdí 8 años de intrigas por capítulos (menos mal!) y la pude disfrutar de golpe en 2 meses, unos meses personalmente complicados. Cuánto me hicieron disfrutar las estrategias sin escrúpulos de algunos de sus personajes, el ansia de poder escondido en cada esquina de las fortalezas, en cada centímetro de las mallas cubiertas por armaduras.

Cuánta similitud con la vida cotidiana, con la realidad del día a día y no sólo con los RRHH como pensaba antes de ver la serie, dada la infinidad de artículos existentes sobre el tema.

 

Los Stark, los Lannister, los Targaryen.

Los dragones, el muro, los caminantes blancos.

El amor, el poder, la guerra, la venganza.

Los linajes, la sangre, las espadas, los tronos, la mujer, Arya

Para mí, ha sido LA SERIE, sin lugar a dudas de esta etapa de mi vida. Si quieres saber más sobre mi opinión de la serie podrás verlo aquí o aquí.

 

The leftovers

Serie de culto, no apta para mentes cerradas ni predispuestas a navegar entre la culpa, la muerte, la aceptación, la superación, la fe y el lado oscuro del ser humano a través de un simbolismo elaborado y embriagador.

Una banda sonora deliciosa llena de referencias y fantásticas versiones donde todo tiene significado, en un entramado entre la ciencia ficción y la realidad, que te hace ahondar de manera sutil en la forma en la que llenamos los vacíos  a los que expone la vida. Los abandonos, separaciones, desapariciones, enigmas y respuestas sin responder.

 

Maravilloso Justin Theroux y maravillosa serie para ver a solas, con una copa de vino y buen queso en formato maratón. Pañuelos cerca…por si acaso.

 

Euphoria

Porque nunca un eye liner con purpurina e iridiscente me había hecho pensar tanto.

Porque hacía tiempo (casi desde Copycat) que no veía un representación tan “fiel” de la depresión, el trastorno bipolar o la ansiedad.

Porque nunca había sido tan consciente de cómo la generación que ha crecido con la red, se comunica en la red, vive en la red y para la red… Y es totalmente comprensible (que no sano, pero comprensible).

Porque nunca habría disfrutado y sufrido tanto con un serie de adolescentes, donde los trastornos mentales, la sexualidad, la (falta de) comunicación, las adicciones y el lado oscuro del ser humano están a más a flor de piel que cualquier tatuaje efímero.

Porque nunca una sudadera masculina había significado tanto para mí en un cuerpo “perfecto” de adolescente atormentada.

Magistral: último capítulo. Música, simbología, significados ocultos que cobran sentido, oscuridad con atisbos de luz y un final tan abierto como tu corazón pueda soportar.

 

El cuento de la criada

Durísima distopía sobre el papel de la mujer en un mundo donde la fecundidad se ha vuelto un bien preciado.

Verla, tengas hijos o no, tengas pareja o no, tengas trabajo o no, te hace pensar (y mucho) en la delicada y frustrante situación de la mujer en una realidad que pudiera llegar a no ser ficticia.

Difícil de ver, a veces lenta, dura. Sobre todo, dura y compleja estructura social que subyuga a la mujer (y también a clases no pudientes) y la somete a atrocidades de difícil comprensión desde la comodidad y libertad del sofá de tu casa.

Serie para pensar sobre lo que NO quieres que te ocurra como mujer o las mujeres de tu vida.

 

Succession

Admito que una vez finalizada GOT, me sentí perdida respecto a series con una trama complicada y con estrategias familiares tan complejas como las que viví con intensidad en Westeros.

Pero llegó Succession. Y aún está. Y llegó para recordarme a esas familias y relaciones modélicas que son más de lo que aparentan.

Que la perfección ni existe ni es necesaria y mucho menos en las relaciones entre personas.

Que, en caso de que veas perfección, será cuestión de haber discutido, negociado, cedido, puesto límites mientras se ríe, llora, grita o escucha.

Porque lo idílico que vemos, que quizás no lo sea tanto, lo que nos gusta ver en las relación… Quizás no sea gratuito.

Mansiones, inversiones, lujos indecentes. Fortunas que se tambalean, dramas familiares, puñales emocionales por la espalda y un “sálvese quien pueda” ante la pérdida de status se entremezclan en cada capítulo de esta serie, que finaliza con una segunda temporada brillante.

 

Pose

Dentro de toda la dureza que escondían los suburbios de la Nueva York principios de los 80, con el VIH como telón de fondo de la gran manzana y las dificultades del colectivo transgénero, esta serie me ha hecho reir y llorar a partes iguales.

Entre bolas de espejos de discoteca, rutilantes concursos de disfraces, coreografías imposibles, luchas de poder dentro de los estamentos más desfavorecidos. Entre brillos, rasos, plumas, sombras de ojos, maquillajes y relaciones de ida y vuelta, consigue meterte de lleno en la complicada vida y lucha de un colectivo que hasta entonces había permanecido invisible y quiere buscar su hueco…a lo grande.

La desigualdad vestida de lentejuelas, pero desigualdad al fin y al cabo.

 

Years and years

Otra distopía, más centrada en aspectos sociopolíticos pero que no deja la lado reflexiones filosóficas sobre la evolución de la especie humana. El cómo los instintos más básico del ser humano, aquellos supuestamente controlados y que nos hacen ser superiores, nos pueden llevar un contexto tecnológico tan (des?)humanizado como avanzado, pero incapaz de dejar a un lado las pulsiones y emociones de las personas.

Para pensar y mucho, sobre el impacto de decisiones políticas mundiales radicales, de la tecnología en las relaciones y formas de vida y comprender que nadie es intocable a los efectos colaterales de grandes movimientos.

 

Y ¿qué requisitos tiene cumplir una serie terapéutica para ser terapéutica?:

  • Que me haga pensar e ir más allá, incluso de lo deseado.
  • Que consiga llevarme a situaciones emocionales a las que no puedo por mí misma en ese momento. Puede ser tanto llorar hasta dormirme, como activarme para dar el paso definitivo.
  • Que me presente una visión diferente a la habitual sobre algún tema.
  • Que permita entrar y salir a mi antojo de la realidad.
  • Que cuando acabe, me haga estar en un estado diferente al que me encontraba cuando la empecé.
  • Que me entretenga: puede ser profunda y emocional, pero también incluir grandes dosis de humor.

 

Espero que las disfrutes y compartas conmigo tu listado de series terapéuticas, haciendo así que el mío quede siga creciendo y sumando momentos terapéuticos.

 

Imagen: Sesión de cine habitual en “Las chicas Gilmore” (google.com)

Diez años, diez, he tardado en poder realizar un listado con nombres y apellidos de referentes profesionales.

 

Diez en la red y más de quince en el mundo de los recursos humanos (dígase talento, dígase personas, con tanto cambio, ya ni sé cómo debo decirlo…).

 

Vaya por delante que el listado, es el de MIS referentes y lo son por conocimiento directo de su forma de ser y hacer. Algunas han sido clientes, otras compañeras de formación, otras alumnas y varias ya son amigas a día de hoy, por lo que es posible que haya un barniz de subjetividad personal hacia ellas, pero no por ello en el lado profesional.

 

Y así, será donde me intente centrar porque su gusto por Harry Potter, los caballos o el movimiento instafoodie. Su compulsión por las formaciones, el buen gusto en el vestir o las largas conversaciones frente a una sidra, eso, ya me lo guardo.

 

Y para saber quién es quién, no te quedará más remedio que conocerlas. Algo que lejos de ser una amenaza es una sana recomendación.

 

 

Elena Aguirre

 

Psicóloga y Licenciada en Ciencias del Trabajo (más lo primero que lo segundo), con una profunda vocación por la enseñanza desde cualquier vertiente en la que se encuentre, lo que la hace tremendamente valiosa en las organizaciones. Su fuerte es basarse en el empleado como eje central del desarrollo organizacional usando el aprendizaje como piedra angular del cambio en los equipos de los que ha formado parte.

 

Va camino de los 15 años de experiencia profesional en el desarrollo de personas en empresas como Dupont, FLC, Vauste y ahora Altabox. Siempre ligada al sector industrial, ahora vive con entusiasmo el impacto de la humanización en el sector tecnológico y del valor innegable de cuidar a las personas que componen y son la esencia de las organizaciones.

 

Inma Alvarez

 

Abogada, con una mente brillante para la administración y gestión de temas legales vinculados al mundo laboral, pero con gran capacidad e interés por las personas, el alma de las empresas. Aprovecha cada hueco libre en su agenda para pisar la fábrica porque sabe que es allí donde se “cuece” lo que mueve el día a día y hace avanzar a la organización hacia sus objetivos estratégicos.

Lo mismo te hace una nómina, que un requerimiento o estudia un sistema de retribución como apoyo al departamento de Recursos Humanos de PMG del que forma parte desde hace más de 5 años, sin dejar nunca de lado la importancia de las personas y las relaciones humanas en el entorno organizacional.

 

Sandra Cuesta

 

Aunque su perfil es de economista y directora general de ABHAL, conozco pocas personas que se desvivan tanto por su equipo ( y este es grande, muy grande). Dinamiza, promueve, escucha, participa, implica y sonríe todo el tiempo (admito puede llegar a ser agotadora por momentos 😉 ).

 

Dirige con soltura una fundación con muchos protagonistas, muchas partes implicadas y alguna de ellas, en situación muy frágil, por lo que el cuidado y mimo que impera en la organización debe ser (y lo es) exquisito. Al igual que la selección y gestión de las personas se dedican a su cuidado. Y ella, lo hace excepcionalmente bien.

 

Raquel Fernández

 

Relaciones laborales especializada en derecho laboral y mediación, atesora más de 22 años de experiencia profesional. Como responsable de departamentos laborales hasta responsable de Recursos Humanos de Lactalis-Puleva, pasando por la dirección de Recursos Humanos durante más de 12 años del Grupo Imetalsa, queda patente su valía en la gestión de personas y todo lo que implica en el mundo organizacional.

 

Actualmente está al frente del departamento de Recursos Humanos de Envira, algo que desempeña con la elegancia que caracteriza a todos los proyectos que ha emprendido y desarrollado en cada departamento que ha liderado o formado parte.

 

Regina Fernández

 

Psicóloga y Relaciones Laborales, lleva a sus espaldas más de 15 años como responsable de departamentos de Recursos Humanos de pequeñas y grandes empresas del sector industrial y tecnológico, sin dejar nunca de lado su faceta docente o consultora en el ámbito de desarrollo de personas.

Desde hace más de un año, lidera el ambicioso proyecto de RHI Magnesita en España con sede en Oviedo. Y apenas tiene tiempo de aburrirse.

Regina es una profesional que desborda energía, siempre impulsando a los equipos de los que forma parte o lidera a ser mejores y crecer de forma constante. Innovadora, abierta y muy muy activa, además con un marcadísimo estilo personal y profesional, si la conoces no te dejará nunca indiferente. Para bien o para mal, aunque por normal general gusta. Y mucho.

 

Paula Gómez

 

Psicóloga especializada en Recursos Humanos, que desde sus inicios ha estado vinculada al mundo tecnológico formando y siendo parte del desarrollo y crecimiento de Clarcat desde hace más de 5 años.

 

Es la discreción en persona, humilde y sencilla pero con un marcado temperamento, lo cual no está reñido al igual que un trato amable y cercano con el bienestar de su equipo y de la consecución de los objetivos organizacionales. Implicada y centrada en el equilibrio entre resultados numéricos y personas, siempre encontrarás su puerta abierta y su mirada atenta a lo que puedas necesitar.

 

 

Begoña Martinez

 

Ingeniera Técnica Industrial con cerca de 23 años a sus espaldas en el mundo industrial, concretamente en Moreda Riviere Trefilerías S. A. donde empezó en calidad para luego pasara a prevención de riesgos y afrontar hace 7 años el reto de la gestión de personas.

 

No fue un paso fácil, pero con su compromiso con la empresa, con la calidad en el más sentido estricto de la palabra y la búsqueda de la excelencia, ha conseguido convertirse para mí en una referente por su forma de hacer en el sector industrial en lo que ha gestión de personas se refiere.

 

Su día a día transcurre entre aviones, llamadas, negociaciones colectivas pero también entre conversaciones, cesiones y búsqueda de un equilibrio ideal para todas las partes implicadas, algo complicado como podrás imaginar.

 

 

Andrea Olivera

 

10 años como técnico de selección en el departamento de Recursos Humanos de Crivencar y antes otros 2 en empresas de trabajo temporal, avalan su trayectoria profesional en el mundo de la gestión de personas y más concretamente, en la ardua tarea de la selección en el mundo de la hostelería y la distribución.

 

Es concienzuda, temperamental y firme, muy firme. Pero también cercana y amigable, sabe mirar a los ojos y hacer las preguntas oportunas. Y sabe muy bien lo que hace en lo que a entrevistas y selección de talento de manera ágil se refiere.

 

Sencillamente, no cualquiera sabe hacerlo. Y además, bien.

 

Raquel Villa

 

Psicóloga con más de 20 años de experiencia en la gestión de departamento de Recursos Humanos en empresas como Thales o Mercadona, y ahora de hace más de 8 años al frente de la comunicación, operaciones y recursos humanos de Transinsa.

 

Raquel representa la idea de embajadora de marca ideal, algo muy bien implantado en Transinsa (por algo será). Si conoces su trabajo comprenderás rápidamente el concepto de humanización en la salud, compromiso con el empleado y el paciente y todo ello, abordado siempre desde la serenidad y el trato cercano, como no podía ser de otra forma.

 

 

 

Siento decirte que las teorías de mis referentes sobre las tendencias en gestión de personas, sus tips sobre obtener lo mejor del talento en sus organizaciones o sus reflexiones respecto a la evolución del mercado laboral, son escasas (incluso nulas) en lo que a redes sociales, libros escritos o conferencias impartidas.

 

Pero en lo que a profesionalidad se refiere, te puedo asegurar que no pueden ser ni más recomendables y ni más referentes en lo que hacen.

 

Imagen: Shuttershock.com

 

 

Intentaré ser breve.

Me cuesta, lo sé, pero lo intentaré.

Lo del salario emocional, ya está pasado de castaño a oscuro.

 

Siguiendo la línea del buenismo que tanto ha dado a los creadores de Mrs. Wonderful y todo aquel profesional que haya prostituido la psicología positiva, llevan unos cuanto años dale que te pego con el salario emocional.

 

Y siguiendo con esta línea, lo hacen de manera simplona y vacía.

 

¿En qué cabeza cabe que vas a dar más valor a poder ir en bici al trabajo para así ser coherente con tu defensa del medio ambiente…si no te da para comprar una bici?

¿A quién se le ocurre pensar que es más importante tener un comedor o un gimnasio si el salario no te da ni para un sándwich o un chándal? Y mira que Decathlon lo pone fácil con sus conjuntos a precio de saldo…

 

Te lo resumo: a quienes insisten en la importancia del salario emocional, centrándose en la parte alta de la pirámide de Maslow, se olvidan de que carece de sentido si la base es deficitaria o no se cumple. Yo creo que es porque los colores superiores de la pirámide son muy del estilo arcoíris, unicornios y @lavecinarubia. Y eso, como bien sabemos todos, lo peta.

 

Esta famosa pirámide pronto cumplirá 100 años (es de 1943) y aún sigue vigente, en boca de muchos, pero a veces tengo la sensación de que lo hace… sin sentido alguno.

 

Menos usada es la teoría de los factores higiénico-motivacionales de Herzberg, de 1959. Y creo que es así por ser más tristona, más gris, que vende menos, vamos. Esta teoría, te dice muy brevemente, que existe dos tipos de factores que favorecen la satisfacción e insatisfacción del empleado en el contexto organizacional:

 

– los factores higiénicos, que de NO darse, generan insatisfacción (mucho más duradera y difícil de transformar que la satisfacción). Y entre ellos, (oh, sorpresa!) menciona el salario, la seguridad y medidas higiénicas, la política y cultura de empresa o el tipo de supervisión (liderazgo?).

 

– los factores motivacionales, son aquellos, que de darse, generan satisfacción y aquí sí, aparecen los mantras en los que se basan los discursos huecos del buenismo perverso: reconocimiento, independencia, promoción o responsabilidad.

 

Pero insisto, los factores motivacionales, los que son más facilones de vocear en posts y recomendaciones de gurús, no sirven de nada si tu vida corre peligro o lo que cobras no te da para pagar tus gastos. Y esto excluye entrar en si tienes más gastos de los deberías, porque aquí nadie es juez de nadie. O no debería serlo…

 

Sin embargo, los factores higiénicos son los determinantes para generar esa base de compromiso, confianza, satisfacción y felicidad tan deseada en el empleado pero que se busca por la vías inadecuadas.

 

Y ahora, me pregunto los motivos (me bien al pelo) que nos ha llevado a aplaudir esta falacia:

 

  • ¿falta de conocimiento del comportamiento humano?
  • ¿exceso de osadía de opinar y sentenciar sobre aquello que nos venga en ganas?
  • ¿cuestión de moda?
  • ¿necesidad de decir sólo aquello que (pensamos) se desea escuchar?
  • …..

 

Sea lo que sea, el salario emocional por sí sólo, no traerá más que falsas expectativas y frustración.

 

Con lo sencillo que es no frustrar y desmotivar y te empeñas en querer motivar, siendo algo totalmente personal en intransferible.

 

Con lo que si quieres seguir leyendo sobre salario emocional, llena tu almacén de tazas llenas de frases molonas, aprovisiónate de cojines rebosantes de lentejuelas y búscate un buen departamento de gestión de personas que sepa hacer procesos de selección sin descanso.

 

Porque eso es lo que te espera: continuos procesos de selección para lograr empleados y colaboradores felices, motivados y comprometidos con tu proyecto.

 

Y ahora, sal al pasillo a llenarlo de abrazos y sonrisas, pero no te olvides de que el salario sea como poco, según convenio y que las condiciones de seguridad básicas, se cumplan.

 

Imagen: google.com