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Se nos ha ido la pinza: desarrollo profesional

Se nos ha ido la pinza con el desarrollo profesional..y mucho.

 

 

El trabajo dignifica

Si no eres productivo, aparta (versión capitalista del “Aporta o aparta”)

No hay mejor herencia que trabajo y diligencia

A quien trabaja, el día nunca le parece largo

 

 

Y así, un sin fin de refranes que nos hablan de las bondades de trabajar, producir, aportar a la sociedad. Hasta ahí, bien.

 

La ida de pinza llega con las aspiraciones, el éxito, el querer/necesitar siempre más. Los ascensos, las responsabilidades, las asunciones… Eso ya no dignifica tanto, al menos según mi opinión. O no lo hace siempre, para todos y con igual intensidad.

 

Con esta reflexión no pretendo hacerte llegar una visión simplista de se trabaja / no se trabaja. Es algo mucho más simple y complejo a la vez.

 

Mi experiencia todos estos años en empresas tan variadas y dispares me ha hecho ver que se repite un patrón que no me gusta nada. Parece ser que si no eres un empleado que se queda horas y horas, que permanece conectado al móvil y al ordenador, no eres buen empleado. Porque parece ser que no das todo lo que puedes dar de ti…

 

Y digo yo ¿te han explicado y sabes hasta dónde tienes que llegar cómo mínimo, en tu equipo para ser rentable? 

¿Y cuándo empiezas a ser no ser productivo? Porque a partir de ahí, con esas bases, tanto la empresa como tú podréis decidir si continuáis con la relación y si quieres dar todo de ti…o más.

 

Pero ¿qué ocurre cuando somos productivos a un nivel adecuado, incluso óptimo, pero no excelente?

¿Por qué esa necesidad de llevar siempre al extremo a las personas?.

Si la vida profesional fuese un sprint, esta postura sería ideal. De hecho, todos hemos puesto el turbo e ido al máximo de nuestras capacidades porque la circunstancia lo requería. Pero si quieres una maratón en tu organización o en tu vida profesional, una relación a largo plazo, dosifica.

 

No imaginas cuanto casos de empleados “rentables” veo en cada empresa, donde parte de su equipo piensa que no da de sí todo lo que podría.

Aún siendo rentables.

Pero no dan más de si por lo tanto, no son todo lo rentables que podrían. Y esta ecuación, sostenida todo el tiempo, da ERROR.

 

Y ahí donde me pierdo.

 

Un empleado que cumple con sus funciones, con sus tareas, con sus tiempos (por normal general)….sencillamente no tiene porqué dar más de sí, ni mucho menos interpretarse como algo peyorativo. Porque cuando sea el momento de “darlo todo”, estará en condiciones óptimas para hacerlo y lo hará porque sabe que es algo puntual y tiene capacidad para ello. Pero generar esa tensión de manera continua, no es sano.

 

Para ninguna de las partes.

Te lo digo yo.

 

Todos tenemos la capacidad de huir de un león que nos ataque, corremos lo que no está escrito. Pero estar corriendo cada día entre 8 y 10 horas porque el león te pisa los talones y saber cada día que ir a trabajar es ir a la selva (por cierto, expresión muy instaurada) con un león esperando para perseguirte todo el día,  es una situación insostenible a largo plazo.

 

Y en cuanto a ti, profesional independiente, que todo te sabe a poco, que estás en beta permanente. Que si no lo haces con pasión, mejor no lo hagas. Que si te encanta crecer y crecer y aportar y compartir y sumar, crear… Que si todo aprendizaje es necesario, que si piensa en grande, que si sueña y vuela alto.

No sé tú, pero yo me agoto con leerme.

Te digo lo mismo que si trabajas para otros: puedes darlo todo de ti, pero como lo hagas todo el tiempo, te vas a quemar pronto, muy pronto. Y también puedes hacer las cosas, al menos algunas, sin tanta pasión como le pones al fútbol, a la montaña o los óleos que pintas. Porque de tiempo libre, ocio y descanso, también se vive.

 

Tu trabajo no debería ser una excusa para ahogar tus penas y frustraciones, una forma de focalizar tus esfuerzos para no centrarte en otras áreas de tu vida que no consigues llenar de manera satisfactoria. No debería reforzarse el ser un “workaholic”, el ir siempre a mil y oye, encantados de la vida. A pesar de que tu trabajo te haya salvado de ser consciente de tu lado oscuro, a pesar de que estar ocupado en algo que te hace sentir útil, valorado, respetado, no olvides que eres mucho más que una silla en un despacho y un nombre en una placa.

 

Por eso, te comparto una serie de derechos asertivos que me he inventado y que todo profesional, debería tener muy presente y ejercer de manera puntual para tener una vida profesional sana:

 

  • Puedes hacer cosas que no te gusten
  • Puedes hacer cosas sin pasión
  • Puedes tener un trabajo que no te llene
  • Puedes parar
  • Puedes no ser productivo todo el tiempo
  • Puedes sentirte cansado de tu trabajo
  • Puedes sentirte agobiado

 

Y un sin fin, al igual que los refranes, de derechos que puedes ejercer de manera ocasional y que no deberían hacerte sentir mal.

 

Porque la vida profesional, es un área más de tu vida, de lo que eres, y no tienes porque subirte a la moda de la pasión en el trabajo si no te apetece.

 

Trabajar, sí.

Morir por trabajar, definitivamente, no.

 

Imagen: google.com

 

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Lágrimas del desempleo II: luz en la oscuridad

Hace un año publicaba este post, uno de los más sentidos y viscerales que tengo. Lo hice desde la rabia contenida y como forma de impulsar el verdadero valor de las personas, que no es otro que ellas en sí mismas. Lo he traído de nuevo muchas veces a mi muro, porque me ha dado muchas alegrías, muchos mensajes de agradecimientos e historias de superación, mucho aprendizaje posterior…
Hoy te lo traigo de nuevo, pero no escrito por mí, sino por el auténtico protagonista de esta historia. Te quiere contar en primera persona su evolución en este último año, y lo hace desde el anonimato (por más que lo he intentado, prefiere permanecer así) pero con una sensibilidad y generosidad maravillosas.

Disfrútalo, yo sólo puedo decir GRACIAS!

 

AUTOR INVITADO

Es curioso como la vida te cambia de un momento para otro, de un día para otro y de un año para otro.

El día 5 de octubre de 2015 mi vida dio un vuelco vertiginoso, me vi abocado al mayor de los abismos al que me había enfrentado nunca, EL DESEMPLEO.

Mucha gente pensará que hay cosas más importantes como la salud, la familia, y un sinfín de cosas. Y claro que lo son, ahora lo he aprendido, pero cuando un problema sin solución cercano te amenaza, sólo ves la oscuridad del túnel y pierdes la perspectiva.

Hoy reconozco que yo la perdí aquel 5 de octubre, me sentí desolado, asustado y sobre todo desorientado…. “que voy a hacer ahora, si solo sé trabajar, es lo único que he hecho durante los últimos 20 años”…

Casi un año duró esa incertidumbre…, un año de miedos, de lágrimas, de no saber qué hacer, de dar palos de ciego, de pasar horas y horas frente al ordenador buscando un empleo que me devolviese a la actividad, un empleo que me devolviese la autoestima, un empleo que me hiciese verme útil.

Todos los que hemos pasado por esta circunstancia, sabemos lo que es y lo que significa esa autoestima, porque cuando pierdes el empleo, pierdes muchas más cosas que un sustento económico o una trayectoria profesional.

Pero eso ya lo sabemos todos los que hemos pasado por ello  y no quiero ahondar más en la llaga.

Son curiosos los caprichos del destino, ya que justo un año después, un 5 de octubre de 2016 acudí a un evento por la empleabilidad en Oviedo, promovido por el Ayuntamiento de Oviedo Y La Nueva Ruta Del Empleo.

Aquel evento volvió a marcar un punto de inflexión, en él aprendí algo que no había aprendido antes, algo tan sencillo pero a la vez tan difícil,…. aprendí  a ABRIR LOS OJOS.

Tengo 2 Carreras Universitarias, un Máster y no sé cuántos cursos de formación además de 20 años de continuo aprendizaje profesional, pero lo que nunca nadie me enseñó, ni yo mismo fui capaz de aprender, fue a ABRIR LOS OJOS y ver más allá, a ponerme las gafas de ver otras perspectivas

A partir de aquel día (en realidad tardé algún tiempo en darme cuenta que de todo lo que aprendí aquel día) empecé a pensar de manera positiva, a darme cuenta que todo lo que había hecho durante ese año maldito era “sembrar”, sembrar para una nueva carrera profesional, sembrar para un cambio de forma de vida , sembrar para mejorar. Aprendí a ver aquella terrible situación como una oportunidad de demostrar mi valía.

Aprendí a decir una palabra desconocida para mí y de la cual hoy me siento orgulloso… “me reinventé” a mí mismo.

Después de aquel evento, empecé a ver las cosas de manera más positiva y empecé a tener esperanzas en las oportunidades.

Y las oportunidades llegaron. Poco tiempo después “milagrosamente” el teléfono empezó a sonar, las ofertas empezaron a salir. Empecé a creer en el “milagro” pero analizando todo aquello, me di cuenta que los milagros no existen, que ese  “milagro” no era  otro que el resultado de la “siembra” que había hecho durante ese año maldito.

He tenido la suerte de cambiar por completo, tanto profesional como personalmente.  Trabajo en algo que me llena, que me hace feliz, que hace que llegue a casa todos los días con cara de cansancio pero con una sonrisa, que los míos me vean diferente, con ganas de seguir haciendo cosas nuevas. Esa es una sensación que tenía muy olvidada.

Y por qué cuento todo esto… pues muy fácil, después de un año de que Jessica Buelga escribiera su artículo “Lágrimas del desempleo”, después de haberlo leído y releído cientos de veces, (y sigo emocionándome en cada lectura) quiero aportar mi granito de arena a todas esas personas que han respondido a dicho artículo en las diferentes redes sociales.

Quiero darles las gracias a todos aquellos  que se han visto reflejados en esa situación, a todos los que hicieron un comentario y a los que lo pensaron pero no lo plasmaron, pero en especial quiero enviar un mensaje a todos aquellos que aún viven la realidad del desempleo. No dejéis de luchar, no dejéis de reinventaros, no dejéis de demostraros a vosotros mismos lo mucho que valéis, y sobre todo no penséis ni por un momento que ya no tenéis valía, porque la tenéis,… la tenemos.

Hay que mostrar una actitud positiva y, aunque no es un camino fácil, con actitud y positivismo, las cosas llegan.

No creo que la vida nos de segundas oportunidades, las oportunidades no caen del cielo, las oportunidades se trabajan, se consiguen (o no) y en eso es en lo que hay que esforzarse día a día para que esa oportunidad llegue.

Por último quiero dar las gracias a los míos, a los que han estado y estarán siempre ahí, a los que de una u otra manera, me han ayudado, muchas veces sin saberlo, muchas veces con unas palabras o con un silencio, con una llamada o con un pensamiento. Nunca dejéis de lado a todas esas personas que sufren por nosotros viendo nuestro propio sufrimiento

Y os aseguro que cuando mis sentimientos flaquean siempre intento recordar lo aprendido en aquella terraza del Calatrava.

Mucho ánimo a todos!

Imagen: pinterest.com

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Todo lo que quisiste saber sobre las entrevistas de trabajo y nunca te han contado

07,00 a.m.: Suena el despertador, ducha rápida, desayuno y a ponerse el uniforme de trabajo. Hay tantos nervios como ganas de llegar a la meta, tanta ilusión como tensión por enfrentarse a la prueba de hoy… Y de fondo, la banda sonora de Rocky III:

“Tantas veces,
ocurre demasiado rápido,
intercambias tu pasión por gloria.
No pierdas de vista (no sueltes) los sueños del pasado,
debes pelear para mantenerlos vivos”.

Así es como te imagino antes de venir a una entrevista de trabajo, y no te sigo danto detalles porque me puede la imaginación. Te visualizo con los objetivos y las ideas claras, preparado para ofrecer lo mejor de ti en 45 minutos (sí, hago entrevistas de 45 minuto y de más, si me dejan).

Has superado los despropósitos que comentaba en la primera parte de esta trilogía (Lo que nunca te han contado sobre porqué NO pasas a la fase de la entrevista de trabajo) y cuando llegas a mí, se desvanece toda esperanza de encontrar en ti lo que necesito para llamarte mañana y decirte que el puesto es tuyo.

Porque de eso va la historia: de pasar fases, de sortear obstáculos, de superarte a ti mismo. De llenarte de barro hasta las cejas, de esforzarte y no tirar la toalla, de creer en ti. Y al igual que la vida, que en el día a día, la actitud al abrir la puerta que te lleva a mí para tener la entrevista de trabajo que tanto esperabas, es sólo una parte de nuestro encuentro.

Esta vez voy a hablarte en positivo, por eso de no ser repetitiva y cambiar las formas para ver si llego a ti, pero no dudes que intentaré ser igual de mordaz e incisiva que en el anterior:

Cuando te llame por teléfono para citarte y vernos, por favor: pónmelo fácil. Cuida tu lenguaje, siéntate como si estuvieses trabajando, si vas caminando por la calle o te pillo haciendo algo que no puedes dejar, dímelo. No te quedes tumbado en el sofá o en la cama como si no te importase la llamada, que sepas que al otro lado del teléfono se nota todo y es muy poco profesional. Si estás ocupado y no puedes atenderme en condiciones, pregunta si puedo llamarte en otro momento o dime que lo harás tú (y pídeme el teléfono, claro…). Ayúdame a no tener que pensar: “Lo que mal empieza, mal acaba” o peor aún, de arrepentirme.

Durante la llamada, pregunta todo lo que necesites saber para llegar a vernos porque luego vienen los lamentos: “no apunté bien el número de la calle, no sé el teléfono desde el que me han llamado, he anotado mal por quién tengo que preguntar…”. Estate atento y muestra interés por conocerme (y de paso a la organización de la que formarás parte…si te lo curras bien). Confirma datos antes de colgar como la hora, el lugar, el nombre de la empresa o de la persona de contacto. No temas parecer tonto por contrastar la información, te prometo lo parecerás mucho más cuando me llames por otro nombre o vengas otro día a la entrevista.

– Seguimos en la llamada: ya sé que hay datos interesantes que no “surgen” en la conversación como salario, funciones, horarios o vacaciones, pero si no te los cuento será que no puedo, será que no quiero. Ya sé que tienes que sopesar si te interesa desplazarte o no para conocerme, pero como comprenderás, si ya percibo eso al teléfono el resto de nuestra relación, puede ser una catástrofe. Muestra interés, por Dios! Aunque tengas tus propios intereses, faltaría más, quiere tenerte frente a frente y verte en acción, quiero ver cómo sudas la camiseta.

– Día D: organiza todo antes, anticipa posibles imprevistos, busca alternativas de transporte y recorridos, calcula tiempos, visita antes la zona, lleva bien cargado el móvil, una batería o un cargador… Todo es poco para evitar perderse por el camino, sufrir un pinchazo o encontrarte con un atasco. Llegar tarde está muy feo, pero no poder llamar para avisar de ello, lo es mucho más. Y claro, como comprenderás, así ya vas sumando puntos…pero negativos. Que eso le puede pasar a cualquiera, pero todavía no te has dado cuenta de que yo no quiero a “cualquiera” para el puesto, quiero al mejor.

– Imprevistos: Resulta que te ha ocurrido algo que de lo trata el punto anterior, o peor (a mí se rompió el tacón de un zapato de la que llegaba a una entrevista!!!) y no sabes qué hacer. Pues no desistas y sigue adelante, porque la entrevista ya ha empezado para ti, ya estás dejando tu huella desde el momento en el que buscas por todos los medios avisar de que llegas tarde, de cómo defiendes llegar cojeando a una entrevista y con un tacón en la mano, de cómo te las arreglas para convencer al conductor del autobús para que te lleve cuando no traes cambio. Eso, me interesa tanto (o más!) que el año en el que finalizaste el Master o la experiencia certificada en Excell. Tú verás lo que haces con esta información y como la manejas para hacérmela llegar, ahora ya no tienes excusa.

Y si finalmente no te interesa o no te apetece verme, avísame. Aunque no lo creas, tengo muchas cosas que hacer además de esperar por ti.

– Tensa espera: la entrevista continúa mientras esperas en recepción o una sala, incluso en el aparcamiento. Habla con las personas con las que te encuentres, saluda, sé amable e interactúa, no seas borde o desagradable, supera tu timidez. A parte de obtener información sobre la empresa de la que no eres consciente, estás empezando a transmitir tu imagen a las personas que ya forman parte de ella y quién sabe si ya te has cruzado con la persona que toma la última decisión sobre tu futuro y le has mirado con cara de asco. Suele pasar….

– Llegada triunfal. Y es que espero que llegues así, visualizando el triunfo, el éxito en la entrevista, cual Rocky entrenando en las escaleras. No quiero soberbias, ni salidas de tono, ni arrogancias, lo que quiero es verte seguro de que tu talento es el más adecuado para el puesto. Quiero que me inspires y transmitas todo lo que busco y que si no lo encuentro, te las arregles para hacérmelo llegar. Porque soy buena en lo mío y tengo buenos resultados, pero no soy infalible, tendrás que ayudarme a llegar a lo mejor de ti. Y tendrás que hacerlo desde el primer momento.

– 1º Round: abre la puerta con ganas, preséntate, camina con firmeza, siéntate o pregunta si puedes hacerlo. Observa, analiza, escucha, no monopolices la conversación, profundiza en aquello en lo percibas que sea interesante para ambos. Ni se te ocurra dar pena, lamentarte o pedir favores, tendrás que hacerlo con mucho arte para que siga adelante con las mismas ganas. Mírame a los ojos, muévete de manera natural, encaja los embistes que puedan llegar y defiende con elegancia tu posición. No me hables mal de un exjefe, excompañero o “extrabajo”, me obligarás a pensar que puedo ser yo la próxima… Ya sé que pido mucho, pero todo esto me lo ofrecen las personas que saben lo que quieren, seguras de sí mismas, con capacidad de transmitir y luchar por sus objetivos de manera limpia, y que cumplen con los requisitos de la oferta, obviamente. Y si no eres tú, lo siento, me lo estás diciendo a gritos en nuestra cita.

– Despedida: no te relajes, ni te confíes en exceso, esto no ha acabado aún. Quiero verte con el grado de tensión necesaria para seguir en activo y atento, porque la entrevista continúa. Todavía hay tiempo para últimas preguntas con matices triviales, agradecimientos, invitaciones a tomar contacto de nuevo…es decir, a meter la pata todavía o dar en la clave para que mañana te llame y te vengas al despacho de al lado. No me des más información de la necesaria y deja buen sabor de boca, quizás en esta ocasión no cumplas con los requisitos o haya candidatos que se adaptan mejor al puesto, pero si has dejado un buen recuerdo, quiero que sepas que tengo muy buena memoria y en tu cv, anotaré algo que me ayude a recordar el lugar privilegiado que tienes en mis archivos.

Esto se me hace corto, de nuevo, pero no quiero cansarte con tanta palabra (palabrería?). En resumen quiero que sepas, que me gusta ver a candidatos metidos de lleno en el barro mientras sonríen, que defienden y luchan por lo que creen, de manera limpia y dejando una huella memorable. Sin perder de vista el objetivo y sabiendo que ha merecido la pena llegar a dónde han llegado, porque lo que tienen, lo que hacen, lo que son no depende de mí, nunca lo ha hecho…

Espero haber rascado lo suficiente para hacerte pensar en cómo te enfrentas a las entrevistas y que hagas todo lo que hacías hasta ahora, pero mejor, con más ganas o de forma distinta. Y para que te quede claro que en esta lucha no estoy contra ti, sino contigo, en unas semanas te traigo mi visión sobre cómo nos tratan a los candidatos. Sí, sí, has leído bien, NOS, porque yo también he sido y soy candidata cada día.

Imagen: Farinato-Race (www.navarrainformacion.es)

 

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Lo que nunca te han contado sobre porqué NO pasas a la fase de entrevistas de trabajo

He dudado mucho de escribir este post, y más en este momento. Y mis dudas tienen que ver con la cantidad de textos que hay sobre este tema, pero no por no caer pesada o no ser un tema innovador, si no porque tenga el mismo efecto en ti que el resto: NINGUNO!

Te imagino con un hacha frente a la escalera que te llevará a conseguir que te citen para una entrevista, agarrándola bien fuerte para ir destruyendo cada peldaño que te hará acercarte más al empleo que buscas.

Y te imagino así, porque no me explico que después de tantos artículos sobre ello, tanta información al respecto, tantas personas dedicadas a ayudarte a pasar este proceso y aún así, sigas cometiendo los mismos errores. Tienes frente a tí una escalera más segura y corta hacia el objetivo que buscas y te empeñas en coger la tortuosa, la de costumbre o de ir poniéndote trabas a ti mismo.

Disculpa si el tono del post te resulta duro, incluso cruel en algún momento al sentirte identificado con lo que lees, pero he visto que mi esfuerzo por utilizar un lenguaje positivo y meloso, para llegar a ti de manera más dulce, no me resulta eficaz.

Con lo que me he propuesto decírtelo de otra forma, centrándome en lo que NO es bueno para ti en el proceso de selección, sobre todo el parte que más expectativas genera pero que también más disgustos da: la fase del envío de candidaturas, ya sea como respuesta a una oferta o como autocandidatura.

Bien, vamos al grano. Prepárate porque vas a ver muchos NOes, y en mayúscula, a ver si con esta fórmula consigo que te quede grabado a fuego:

 

– Descripción de la oferta: NO me envíes correos para preguntarme por lo que se pide en la oferta de trabajo si NO te lo has leído antes varias veces. Antes de enviar un mensaje al correo que trae la oferta difundida (o sea, que sí que has leído parte, ajá…), por favor, repásala varias veces. Léete bien el texto, las condiciones, las fechas, las referencias… NO olvides comprobar que la oferta venga con una imagen adjunta donde aparezcan más datos de los que figuran en la red social o medio en la que sale publicado. Pero sobre todo, piénsatelo dos veces antes de enviar un correo preguntando por datos que puede que ya estén publicados. Simplemente piensa en la imagen de despiste o desinterés que estás transmitiendo, y desde ya, estás dejando en tu #marcapersonal.

 

Invasión del espacio, sobrepasar límites: si la oferta NO ofrece datos de la empresa que selecciona o fecha concreta de duración del contrato, te aseguro que es que NO quiere hacerlo, sus motivos tendrá. Y si no estás de acuerdo en este tipo de procesos, es tan sencillo como no participar. Lo que NO es aconsejable es que te pongas en contacto con la empresa o persona encargada del realizar el proceso a través de diferentes redes sociales y saturar su correo con mensajes para pedir más información, a sabiendas de que el anuncio no la ofrece. Lo mismo que conseguir el teléfono de quien lleva a cabo la selección, sin conocerla de nada, y llamar (insistentemente), enviar whatsapp o 30 mensajes. NO y NO, así NO.

 

– Plazo de recepción de candidaturas: si una oferta tiene un plazo de recepción de cv, respétalo: NO me envíes una candidatura fuera de plazo, después de una semana o incluso un mes, y además me digas en el mail que ya sabes que está fuera de plazo, pero “por si suena la campana” (verdad verdadera que me ha ocurrido). Las fechas de admisión de candidaturas dependen de inicios de contrato, proyectos o decisiones del cliente, por lo que una vez que finaliza el plazo, es muy poco probable que se admitan más. De ser así, lo que se hace es volver a publicar la oferta ampliando el plazo. Y digo yo, ya que me lo envías fuera de tiempo, hazlo con estilo, con gracia y NO me digas, cosas como “por si acaso”, “haber si hay suerte” o “por probar, no pasa nada”. NO me digas eso, NO me lo digas, por favor.

 

Envío de candidatura: al enviar tu cv, tu carta de presentación, tu portfolio o aquello en lo que me puedas transmitir que te elija a ti frente a otros participantes en el proceso, NO te olvides de adjuntarlo!. Si está vacío, me hará perder el interés por tu perfil pasando rápidamente a otros candidatos que sí lo han añadido al correo. Comprueba que todo está anexado antes del envío en el formato más accesible para la mayoría de sistemas operativos. Y si no es así, NO dejes de recordármelo en el correo, te agradeceré muchísimo el no pelarme con el documento hasta darme cuenta de que no tengo el programa adecuado para descargarlo.

 

– El contenido del mensaje: la guinda del pastel. NO sé ni por dónde empezar…. Puedes saludar de manera más formal (Estimad@s Señor@s) o informal (Hola!), pero hazlo. Cada vez que abro un mail y me encuentro directamente con un documento adjunto, se me quitan las ganas de abrirlo, te lo prometo. Siento ser tan sincera, pero a la mayoría nos pasa y creo que es bueno que lo sepas. El contenido del mail indica tu estilo y forma de relacionarte con tu entorno, y este que te acabo de comentar, NO me gusta en absoluto.

Si te apetece, aprovecha para hacer una pequeña introducción de lo que puedes aportar al puesto de trabajo, de las ganas de trabajar en el sector de la oferta o sobre cómo has conocido la noticia, pero bajo NINGÚN concepto me quieras dar pena, ni contarme tus miserias. Estoy buscando personas que me cautiven por sus #talentos NO por sus necesidades, espero que me comprendas a pesar de la crudeza de mis palabras. Es así.

Y por favor, NO te desvalorices en las primeras líneas en las que te conozco. NO me cuentes que no tienes nada de experiencia en el sector y que posiblemente te descarte. NO me digas que eres demasiado joven/mayor para el puesto y que seguro que ya hay candidatos mejores que tú… Por Dios! Ponle ganas y #ponteenvalor! Necesito que te creas que tienes mucho hacer en este proyecto y en esta oportunidad para poder creérmelo yo, NO me lo pongas tan difícil a los 3 minutos de conocerte.

 

Información sobre tí, elaborada y diferenciadora, tu #marcapersonal: cuando abra los documentos adjuntos, NO es bueno para ti que me encuentre una carta de presentación dirigida a otra persona o que tu cv tenga como última fecha de actualización la del estreno de Harry Potter. NO es bueno, NO lo es, y cada vez que ocurre esto me haces pensar en, más allá de que nadie está libre de cometer errores, si pondrás el mismo interés, atención y esfuerzo en el puesto de trabajo para el que postulas. Necesito ver una propuesta de valor en toda regla, ya sea con el formato del cv, el contenido del portfolio, los enlaces a los que me diriges de tu blog o perfiles sociales, a las imágenes que anexas sobre tu trabajo… Algo que me diga rápidamente que NO eres uno más del montón, porque yo sé que no lo eres, pero me pierdo ante esa información caótica y desactualizada que me ofreces.

 

– Pedir información sobre el estado de la candidatura: si la persona de contacto te ofrece la posibilidad de solicitar información sobre el estado de tu candidatura (que es lo suyo…), hazlo! Pero NO a los 2 minutos de haber recibido el correo donde se te informa de ello y dentro del plazo de recepción de candidaturas. Y si de paso, cuando te responden sobre la fase en la que se encuentra tu cv o cualquier tipo de información adicional que hayas solicitado, lo agradeces, NO estaría de más. A los que nos dedicamos a estas cosas, también nos gusta que nos valoren y agradezcan el trato amable y correcto.

 

En fin, pues poco más puedo añadir sobre los motivos sobre los que posiblemente NO te permitan pasara a la siguiente fase del proceso de selección, al siguiente peldaño de esa escalera que parece no tener fin para ti. Si NO te ha resultado ofensivo, hiriente ni demasiado directo, házmelo saber, me pondré ahora mismo con una segunda parte que tiene que ver con las entrevistas en este mismo tono.

Imagen: google.com

 

Este post le resultó tan gracioso al Programa Aquí hay trabajo de la 2, que tuvieron a bien hacer un pequeño resumen de mis ironías. No imaginas la ilusión que me hizo! Te dejo el enlace para que lo puedas disfrutar como lo hice yo en su momento.

 

Si te apetece trabajar este y otros aspectos que te limitan para conseguir tu OBJETIVO PROFESIONAL, aquí tienes varias opciones para que pueda acompañarte en ese proceso tanto de manera presencial como online.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y por si te apetece verlo en formato vídeo, te lo cuento de forma muy ágil aquí mismo.

 

Ahora, ya no tienes excusa para NO hacerte responsable de la parte que te toca.

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Sé que no te gusto… Y eso es bueno.

La necesidad de ser aceptados, como seres sociales que somos, nos lleva muchas veces a no comprender que no podemos gustar a todo el mundo. Y esto también ocurre en los procesos de selección.

En muchas de sesiones de formación suelo contar una experiencia personal que me cambió la vida, produjo en mí lo que se denomina “insight”: en términos coloquiales, “ver la luz”. Y hoy me gustaría compartirla contigo.

Cuando tenía unos doce años una amiga del colegio y yo nos enfadamos. Al llegar a casa, le conté a mi madre lo sucedido: mi amiga (hasta entonces) decía que ya no le gustaba, que le caía mal. Y eso se escapaba de mi comprensión: ¿cómo YO le iba a caer mal alguien en este mundo?. Mi explicación se basaba en que si yo era buena persona y hacía las cosas con buena intención, tenía que gustar a todo el mundo. Y mi sabia y cariñosa madre me explicó que no era así: no todos podemos gustar a todo el mundo, ya que cada uno percibe su contexto de una forma distinta y lo que para mí está bien, para el otro puede ser algo horrible.

Lo admito: fue doloroso, pero liberador al mismo tiempo. Y siempre agradeceré a mi madre que me lo explicase con doce años y no con treinta, por que de haber sido así, mi vida hubiese sido mucho más difícil de asimilar.

A lo largo de mi vida, me he ido encontrando con muchas personas con las que rápidamente percibes que no vas a “encajar”, y además creo que ha sido recíproco. ¿Motivos? Sistemas de creencias, valores, expectativas puestas en la relación, necesidades creadas, contexto en el que se da la relación… Son tantos factores los que influyen, que si lo analizásemos fríamente, lo complejo es gustarle a alguien y que sea mutuo.

De ahí que muchos de nosotros nos pasemos muchos años de nuestra vida intentando comprender esto, con lo sencillo (pero desgarrador según la circunstancia) que sería entender que no podemos encajar con todas formas de ver el mundo, ya que existe una persona y que además es cambiante.

Esto nos ocurre día a día: con amigos, con compañeros de estudio y de trabajo, con familiares, con parejas… Y a veces, es muy difícil de superarlo en función de la esperanza puesta en esa relación.

Sin ir más lejos, esto mismo ocurre en los procesos de selección: vamos con nuestra mejores galas, nuestra mejor sonrisa, dando lo mejor de nosotros…. Y resulta que ¡¡¡No gustamos!!! ¡¡¡No somos los seleccionados!!! ¿Por qué? Si soy la mejor opción… De acuerdo, eres tu mejor opción, pero desconocemos cuál es la opción de quien selecciona.

Olvidamos que en los procesos de selección se buscan candidatos con un perfil determinado en formación y experiencia, algo visible para todos habitualmente. Pero también se buscan competencias (eso para el siguiente post) y rasgos de personalidad que no son tan fáciles de percibir y puede que los tuyos no sean los adecuados para el puesto. No es cuestión de gustar o no, es más bien cuestión de encajar en lo que busca en ese momento.

Pongámonos en situación: están buscando a un jefe de equipo con rasgos conciliadores porque la empresa está en pleno proceso de cambio y hay mucha tensión en la organización. Y tú eres una persona decidida, con grandes dote de mando y muy enérgica y pasional. Mi pregunta es ¿eres la persona adecuada para el puesto? A pesar de que cumplas los requisitos en cuanto a formación, experiencia y determinadas competencias, hay un rasgo principal que buscan en tí. Y ese no ha aparecido durante el proceso, por eso no has gustado, por eso no has encajado. No es cuestión de que no sirvas para nada, no sirves en ese momento y en ese contexto, así que tranquilo…

 

Esto que te cuento tiene mucho que ver con el autoconocimiento, la base de la inteligencia emocional y uno de sus cinco pilares. Si te apetece profundizar en ello, te dejo uno de mis primeros vídeos al respecto en emisoras canal de Youtube (suscríbete!). En él, encontrarás varios vídeos sobre autoconcepto y autoestima.

 

 

Y para que te quedes con buen sabor de boca, me gustaría compartir varios recursos que creo que te pueden servir en el momento de la entrevista de selección para detectar qué competencia o rasgos se esconden tras las preguntas que te hacen, pero también para que superes no haber superado el proceso:

  • Observa: deja que sea el entrevistador quien lleve las riendas del proceso, analiza cada una de sus expresiones, movimientos y palabras y valora si son congruentes entre ellas. Esto no significa que te quedes inmóvil, significa que deber tener cautela y responder en la medida que requiera la situación, no cuando tú lo necesites.
  • Espera: no te aceleres, ten calma, deja que el seleccionador hable y explique todo lo que sea necesario, y una vez finalice su exposición, inicia la tuya con tranquilidad y seguridad. Es tu vida y tu experiencia, no dudes a la hora de dar detalles importantes para el puesto.
  • Empatiza: intenta comprender las emociones y sensaciones que hay detrás de cada mensaje del entrevistador, eso te dará pistas para elegir el matiz de tus respuestas.
  • Pregunta: recuerda que estás en un proceso de selección, no en un monólogo ni en un interrogatorio. Profundiza en aquellos aspectos en los que tengas dudas, en los que quieras demostrar tu pericia o en aquellos que veas que son del interés del entrevistador
  • Reflexiona: finalmente, si no has sido seleccionado, estudia cuáles han podido ser los fallos cometidos por tu parte y asume que quizás no eras el más adecuado para el puesto. Y piensa que no puedes gustarle a todo el mundo, nos pasa a todos… Incluso puede que haya sido bueno para tí que no le gustases.

 

Gracias mamá, por haberme liberado tan pronto de la necesidad de gustar a todo el mundo. GRACIAS!!!

Por si te puede ayudar, me gustaría compartir también contigo

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