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Formación en tiempo de coronavirus: de los talleres en aula al webinar

Esa famosa transformación digital.

 

Esa hiperconectividad.

 

Ese tenerlo todo #AUnClick… tenía que llegar.

 

Y ya está aquí, para nuestra desgracia, por obligadas circunstancias.

 

Llevo impartiendo formación, desarrollando mi rol docente casi desde mis inicios como psicóloga hace más de 15 años. Y no, ni nací aprendida ni ese rol venía con el título de Psicología, con lo que no me quedó otra que ir día a día aprendiendo y poniendo a prueba todas y cada una que las competencias que me requería la formación y transmisión de conocimientos.

 

Sí, sí: transmisión de conocimientos.

 

Porque no es lo mismo, ser buen@ orador@, ser buen@ formador@ o conseguir transmitir conocimientos.

 

Y es aquí, donde las competencias docentes salen a relucir, cuando las serpentinas de colores, los globos y abrazos sin venir a cuento y las paredes inundadas de post-it de las sesiones presenciales, se desvanecen. Ahora, es el momento de la verdad

 

Me gustaría compartir contigo los puntos de conexión y las diferencias que existen entre la formación tradicional, por innovadora que sea y las formación online en cualquiera de las modalidades:

 

Formación presencial tradicional

 

  • Rol docente: ser líder, dinamizador y estructuración de la acción, pero con una fuerte base en la mera transmisión de información.

 

  • Tendencia pasiva del alumno a recibir información, conocimiento, etc. generando cierta dependencia del docente para su desarrollo y avance.

 

  • Posibilidad de rigidez temporal y espacial respecto a desarrollarse en espacios y tiempos concretos con restricciones en según qué acciones individuales y grupales.

 

  • Limitaciones en metodologías didácticas y canales de comunicación, recayendo el peso en la comunicación verbal y no verbal del docente, apoyado básicamente en material escrito o audiovisual.

 

  • Competencias pedagógicas: objetivos pedagógicos y criterios de aprendizaje basados en medios más limitados y desarrollados de manera previa.

 

  • Competencias docentes: gran peso de la comunicación, verbal y no verbal, del docente para captar y mantener de la atención del alumnado en directo.

 

Formación online: talleres, plataformas e-learning, webinars

 

  • Competencias digitales exigentes: herramientas tecnológicas, adaptación de contenidos a diferentes canales y soportes en constante cambio y evolución.

 

  • Capacidad de comunicación en entornos virtuales: conseguir captar y mantener la atención sin interacción directa, basada en la transmisión de conocimientos y apoyada en material multimedia a través de múltiples canales.

 

  • Amplio volumen de información al alcance del alumno, tanto de manera simultánea a la acción formativa como a posteriori, que además se actualiza de manera continua y vertiginosa.

 

  • Actualización de contenidos constante, inmediata, mediante herramientas de comunicación sincrónica y asincrónica (vídeos, documentos, etc.) y la propia red, donde el conocimiento se encuentra deslocalizado.

 

  • Requiere (y fomenta) cierta autonomía de los participantes, además de unas mínimas competencias digitales.

 

  • Facilita formaciones grupales y colaborativa a través de múltiples canales, fomentando la interacción y el desarrollo de habilidades sociales digitalizadas.

 

  • Aprendizaje basado en tutorías, interacción y colaboración alineado con los criterios pedagógicos de las acciones formativas.

 

  • En función de la ratio docente-participante, la calidad de las interacciones y tutorizaciones, puede ser baja con limitaciones de interacción directa y evaluación de las reacciones de los participantes (por ejemplo, webinar).

 

  • Importantes beneficios extras: permite registrar la actividad de cada acción y ahorra grandes costes en medios físicos y desplazamientos.

 

Si pensabas que pasarte al método online de un día para otro sería sencillo, siento decirte que no lo va a ser. No lo está siendo como podrás comprobar en tu día a día, porque te estás encontrando con:

 

  • limitaciones propias al pensar que eras más digital de lo que realmente eres, ayudado por el sesgo de creer que sabes más de lo que sabes (el famoso efecto Dunning-Kruger)

 

  • limitaciones pedagógicas y metodoloógicas: saber aplicar un tema, no implica saber transmitir conocimiento y conseguir determinados objetivos pedagógicos en según qué materias que requieran manipulación de elementos (cocina, limpieza, soldadura…).

 

  • limitaciones en tu público: los participantes de las formaciones online, también padecen de este efecto al creer que están preparados para este tipo de formación por el simple hecho de manejarse bien con un Smartphone.

 

  • limitaciones técnicas y de recursos: no todas las acciones formativas pueden desarrollarse con éxito a través de un teléfono móvil ni en cualquier lugar. A pesar de las comodidades de la flexibilidad espacio temp

 

  • limitaciones en información previa del alumnado: la inmediatez y rapidez de muchas acciones, junto con la posibilidad de aumentar el número de asistentes, reduce las posibilidades de obtener información previa del público al cual deseamos facilitar el aprendizaje.

 

 

Con lo que, viendo lo visto y alguna matización más que se me quedará en el tintero, será el momento en el que podremos comprobar quién es un@ buen@ orador@ list@ para el escenario y contar sus batallitas y ser un@ gran “speaker” y quien un@ docente que se maneja entre objetivos formativos, criterios pedagógicos, transmisión de conocimientos y además se actualiza de manera constante mientras capta la atención y comunica a través de una pantalla.

 

¿Te sientes preparad@? Porque es el momento de la verdad…

 

Imagen: freepik.es

 

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Qué bonito…

“Qué bonito cuando me hablas, ay

Qué bonito cuando te callas
Qué bonito sentir que estás aquí
Junto a mí, ay”

 

Cantaba Rosario Flores allá por 1996 en honor a Antonio Flores, uno de mis artistas favoritos. Nada tiene que ver este hermoso homenaje entre hermanos con lo que te quiero contar…

 

Qué bonito es pensar que cualquier persona tiene el potencial de ser lo que quiera ser, que los títulos y la formación sin talento, no sirven de nada. Que las competencias son todas entrenables, sobre todo tras leer manuales que cambian la vida en 175 páginas o cursos intensivos de fin de semana.

 

Qué bonito es apoyar el desarrollo profesional de quien se quiere reinventar y cambiar de sector, porque cree que puede, porque cree que sabe y porque sí. Porque tú eres el primer ejemplo de ello y te encanta apoyar a cualquier persona que esté pasando por tu situación, ya sea personal, profesional o empresarial.

 

Qué bonito empoderar a las personas que tienes cerca y decirles que lo importante es la actitud, que lo de ser aptos ya si eso para más adelante. Que con una sonrisa en la cara llegará a dónde se proponga, que no hay techo para ellas, que la N.A.S.A. se les quedará pequeña si así lo creen, que no tienen límites.

 

Qué bonito fomentar el cambio constante, la evolución continua, el estado beta permanente...

 

Qué bonito… hasta que te das cuenta que todo esto lleva a esas personas a ser tu competencia directa, y entonces ahí, ya no es tan bonito.

 

Deja de ser bonito porque de repente la formación, los títulos, la experiencia o determinadas competencias son más necesarias de lo que pensabas. Que para eso te has currado tú lo tuyo tantos años, y ahora viene cualquiera (ojo, no es un cualquiera..) y tras una charla motivacional…decide dedicarse a lo mismo que tú y gracias a eso mismo que tú (sí, sí, tú) has empoderado a «tope de power».

 

Deja de ser tan bonito como creías, porque te das cuenta de que has creado un monstruo y de que el alumno aventajado siempre es más listo que su mentor, porque le lleva delantera, ya que ha aprendido de los errores del primero. Empieza a tornarse gris, porque pensaste que había pastel para todos hasta que empiezan a comer del tuyo y tu trozo se vuelve cada vez más pequeño. Porque empiezas a quedarte sin recursos, ya que los has puesto todos en fomentar un nicho de negocio que se puede volver en tu contra, salvo que en lugar de tener clientes, tengas fans.

 

Ya no es tan bonito como parecía, porque eso que hiciste creer, a sabiendas de que no era, sonaba bonito pero en un mundo transparente, a cara descubierta y con las cartas boca arriba. Sin faroles ni tret(p)as, en un juego limpio. Pero claro, se te olvidó incluirlo junto al empoderamiento, la actitud y el “tú puedes”. Y ahora ¿te da por ponerte a reflexionar sobre quién sí y quién no puede hablar sobre según que tema o (supuesta) disciplina?.

 

Ahora es tarde (sigo en plan melómano y tiro de Rocío Jurado) para ponerse a juzgar quién puede denominarse profesional o autoproclamarse experto en una materia cuando tú has sido el principal implicado (y beneficiado) en todo el proceso. Salvo en la parte final, esa en la que empiezas a salir perjudicado porque las prácticas no son limpias, la ética brilla por su ausencia,  y lo que más abunda en ese ejercicio es la palabrería barata, esa de la que puede que hayas hecho uso en algún momento.

 

Ahora es tarde para lamentos y juicios a posteriori, ahora no te va a importar que te tachen de corporativista cuando rehuiste de ello mientras hubo beneficio. Ahora toca apechugar con las consecuencias y trabajar muy duro para diferenciarse de los que consideras que no (porque tú sí, tú siempre has podido y lo sabes), por hacer ver que «esos» ya no te representan. Incluso quieras hacer ver que nunca lo han hecho…

 

Ahora, que ya no es tan bonito, no te enfades con tu propia creación y asume que, al menos, fue bonito mientras duró.

 

 

Vídeo: Qué bonito, Rosario Flores (1996). Youtube.

Imagen: google.com