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No sueltes mi mano

Hoy necesito que pongas todo de tu parte para aceptar lo que te voy a contar, necesito que recibas cada palabra con la intención con la que te escribo y para eso, tendrás que dejar a un lado el dolor que ha supuesto el haberme perdido.

Hoy necesito que sepas, aunque creo que ya lo sabes, que somos efímeros, que nada es eterno, y como tal, ni tú ni yo lo somos.

Sé que ahora se te hace imposible pensar que esta pena se irá mitigando, y transformando en recuerdos, en aprendizajes, en posos de una vida que ha ido cimentando otra, la tuya. Sé que te cuesta pensar que las lágrimas de impotencia, rabia y frustración darán paso a las de nostalgia y ternura cada vez que me recuerdes. Pero tranquilo, no tengas prisa, como te solía decir: todo llega, todo pasa.

Te agradezco enormemente que en mi último suspiro cogieses mi mano y no la soltases, porque ¿sabes una cosa? Tenía miedo, mucho miedo de irme y dejar todo lo que tenía aquí, miedo de lo desconocido, de no saber lo que me esperaba después de lo vivido. Agradezco el haber sentido tu calor hasta mi último aliento, que me mirases a los ojos antes de partir y que me dijeses con tanto amor cuánto me querías. Agradezco que me ayudases a irme, sosegándome con voz serena mientras me decías que me fuese tranquilo, tenía tanto miedo… Pero te hice caso, y me fui, cerré mis ojos y abandoné la forma que conociste para convertirme poco a poco en un recuerdo que siempre formará parte de ti.

Me asustaba la soledad, me angustiaba la idea de morirme solo, pero no me dio tiempo a decírtelo. Me avergonzaba contarte mis temores por si te hacía daño, y me hice el fuerte, y lloré a solas, me enfadé con el mundo, con mi Dios, con el destino, conmigo mismo, cuando me dí cuenta de que me iba. Me enfadé por no compartirlo contigo, todavía sigo pensando porqué no logré hacerlo. Aún así, parece que intuiste todo lo que necesitaba y me diste espacio cuando lo necesité, me hablaste del dolor, de la muerte, de los miedos y yo te escuché atento, pero nunca te dije que lo necesitaba oir y hablar, no me atreví. Me hiciste más fácil preparar mi equipaje para ese viaje sin retorno que es la muerte, gracias de nuevo.

Ya no lo veo como un final, es como si fuese un punto y seguido, una continuación de un ciclo permanente que nunca se acaba, pues no comienza ni termina conmigo. Somos piezas demasiado pequeñas en este complejo puzzle que es la vida como para pensar que el mundo dejará de girar sin nosotros, ni siquiera tu mundo dejará de girar sin mí. Lo hará más lento, sentirás que te mareas y no puedes seguir el ritmo, que te caes y no puedes levantarte… Y te levantarás, y volverás a coger las riendas de tu vida más pronto de lo que te imaginas ¡qué pena no haber compartido contigo estas reflexiones, no habernos emocionado juntos por lo que pensamos de la vida y la muerte!

Ahora ya es tarde para eso, me conformo con haber formado parte de tu vida, de haber estado presente en momentos importantes para ti, que también lo fueron para mí. Sé que suena a lo de siempre, que estarás harto de oírlo, pero hazme caso: quédate con lo bueno que vivimos juntos que ha sido mucho e intenso, lo malo tan sólo ha sido circunstancial. Eso, será lo que haga que mi existencia haya tenido sentido. Y si puedes, celébralo y compártelo, que no se quede en ti y se haga mucho más grande, será entonces cuando descubras que nunca me iré del todo, que siempre estaré contigo de una u otra forma.

Sé que piensas que me fui demasiado pronto, ¡siempre es pronto para irse de tu lado! Pero tocaba, era mi hora y me fui como hubiera deseado sin decirlo, sin pedirlo. Me fui tranquilo, en paz, sintiéndome querido y amado, percibiendo en todo momento que la sensación de soledad solo sería momentánea y que tu mano, siempre tu mano, me ayudaría a sortear ese impenetrable silencio que se hace al expirar.

Tú que ya sabes todo esto de primera mano, no dudes en expresar tus temores y miedos sobre esta parte de la vida. Llora, tiembla, enfádate, pero sobre todo vive hasta el último momento y pide, si lo necesitas, que te gustaría que te diesen la mano como me la diste a mí. Me costó decirte adiós, me costó soltar tu mano, pero sabía que lo que nunca abandonaría, sería tu alma.

 

Fuente de la foto: pixabay.com

17 comentarios
    • jessica
      jessica Dice:

      Muchísimas gracias por comentar y por tu valoración, Virginia. Es un post muy íntimo, tan personal como la despedida de un ser muy querido para mí unida a mi visión de la muerte como un tema que evitamos tratar cuando en realidad es una parte más del ciclo. Un abrazo enorme y gracias de nuevo.

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    • jessica
      jessica Dice:

      Hola José Jiménez, me alegro muchísimo de que te lo haya parecido. Es el relato de un parte de mi vida, de una visión sobre una parte del proceso difícil de abordar y en parte, un deseo de que mi propia despedida sea así. Un ejercicio de reflexión que, aunque necesario, no es fácil. Un abrazo enorme y mil gracias por tu comentario.

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    • jessica
      jessica Dice:

      Muchísimas gracias por tus palabras, Pastori. Conseguir generar emociones a través de mis reflexiones, y en este caso, de un tema tan personal, me hace sentirme tremendamente satisfecha de lo que hago. Delicado, tierno y hermoso fue el momento que cuento, porque la persona que se fue se podría definir a la perfección esos mismos adjetivos. No deja de ser un homenaje hacia él. Un abrazo enorme!.

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    • jessica
      jessica Dice:

      Hola Lourdes. Son momentos, como bien dices, intensos y duros, difíciles de asimilar. Es necesario prepararnos mejor para ellos y hacer más natural aquello que lo es, a pesar de que sea doloroso. Que no nos queden palabras por decir, ni manos que tomar. Un abrazo muy fuerte.

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  1. luis manuel panos sanchis
    luis manuel panos sanchis Dice:

    Espero que tu duelo no esté siendo un camino muy árido, Jéssica. Gracias por compartir tus sentimientos, me ha emocionado leerlo

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    • jessica
      jessica Dice:

      Muchísimas gracias por tu palabras, Luis Manuel. Mi duelo está en proceso de curación, de ahí que me haya sido posible compartirlo con vosotros. Cada de vez son más los recuerdos de cariño y buenos momentos vividos junto a esa persona, y menos los de dolor. Agradezco de nuevo que me hagas llegar tu emoción ante mi historia, un abrazo enorme.

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  2. Mónica Mostajo
    Mónica Mostajo Dice:

    Profundamente precioso Jéssica…
    Me he sentido identificada al 100%..
    Estoy de acuerdo contigo, además el acompañamiento puede ser una bonita experiencia si estamos preparados para ello.
    Un abrazo compañera.

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    • jessica
      jessica Dice:

      Mil gracias por tu comentario y por compartir que te has sentido identificada, Mónica. El acompañamiento, cuando nos preparan, es una de las experiencias más satisfactorias que he vivido. Ayudar a morir en paz, acompañado de la mano y reduciendo temor, me ha hecho irme a mi casa muchos días plenamente feliz. Algo muy difícil de comprender para la sociedad en la que la muerte es un tabú y que yo intento romper, aunque sea en mi círculo de influencia. Un abrazo enorme!

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  3. Carolina
    Carolina Dice:

    Vaya, has conseguido emocionarme…
    Cuanto sentimiento y que bonito lo has hecho….has conseguido acariciar el alma de las personas.
    Gracias por hacer público y compartir algo tan íntimo…haces que los que no sabemos expresarnos tan bien nos sintamos identificados con estas palabras, y estos momentos tan duros a los que todos nos hemos enfrentado, o nos enfrentaremos alguna vez en la vida lo podamos ver de una manera mas pura y bella.
    Gracias!

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    • jessica
      jessica Dice:

      Hola Carolina! Me alegra saber que te han llegado mis palabras, y ver la belleza donde abunda tristeza y angustia. Son situaciones vitales a las que todos estamos sujetos, y creo que debemos asumir el papel que queremos tener en ellas llegado el momentos, siempre abiertos a poder cambiar de opinión en última instancia. Acercar la muerte y lo que conlleva a las personas, hablar de ella con naturalidad pero con respeto, no nos hace más débiles ni frívolo, todo lo contrario. Nos hará más fuertes llegado el momento. Un abrazo y mil gracias por tus palabras, tú, también me has emocionado.

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