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El arte de hacer preguntas poderosas: cuestión de magia

No me he podido resistir y (de nuevo) he usado un “título trampa” a los que tanto recurro desde la crítica del tipo “Cómo conseguir ser feliz en 10 pasos” o “Las 20 cosas que debes hacer antes de cumplir X años”.

 

Lo siento.

 

Buscaba lo mismo que buscan quienes usan este tipo de artimaña: llamar tu atención. Pero usando la psicología inversa en el contenido. A ver si nos cunde a ambas partes. De momento, aquí estás y eso ya es un puntazo.

 

Todo este embrollo parte de la inspiración que me generan muchas conversaciones privadas con personas que no conozco más allá de su perfil en RRSS, pero que aportan muchísimo a mi desarrollo cotidiano. Podría nombrarte un montón (algunas de ellas, se niegan en rotundo!) pero hoy quisiera destacar el papel de Plácida Martín.

Desconozco cómo llegamos la una a la otra, pero fue para quedarse hace ya un montón de tiempo y sus aportaciones y reflexiones privadas a mis posts…son tremendas. Tanto, que muchas veces consigue que le de la vuelta por completo a mis planteamientos y vea más allá de lo que veía a la hora de compartir pensamientos en la red.

 

En esta ocasión dio en la diana de algo tan importante como la capacidad para hacer buenas preguntas, en muchas profesiones como la mía, incluso diría necesidad. Y de ahí surgió este post.

 

Ni El arte de hacer preguntas, ni La magia de preguntar, ni Preguntas poderosas: como por arte de magia. Huyo de todo lo que tenga que ver con el arte, la magia, los trucos demás artificios. Hay profesiones maravillosas que ya cubren estos aspectos de la vida como son los magos y los actores, y obviamente, no es mi caso.

 

Para saber hacer buenas preguntas tienes que saber hacer algo básico: escuchar.

♦ Querer y saber escuchar, pero escuchar bien. Ni oír, ni escuchar por encima, ni a ratos, ni (sólo) lo que te convenga: escuchar activamente, como se dice a nivel teórico.

Querer escuchar y hacerlo hasta que te llegue a doler la cabeza, hasta olvidarte de ti mismo y tus circunstancias y hacer un “buen” uso de la información recibida. Saber escuchar al otro de manera global a nivel comunicativo y expresivo, sobre todo cuando la comunicación es en directo (hoy día estamos tan supeditados al texto y al 2.0 …).

Como comprenderás, y yo soy la primera que levanta la mano, no puedes hacer esto todo el tiempo: es agotador. Pero de no hacerlo todo el tiempo a no hacerlo nunca, cuando ya sabes de sobra los beneficios que traería a tus relaciones y la consecución de tus objetivos. Tú sabrás…

 

 Y más allá de esto de la escucha activa (no voy a incidir porque sería la enésima persona que te habla de ello y ya hay quien lo hace estupendamente), para saber preguntar hay que estar abiertos a cualquier respuesta. Me explico: a que te respondan lo que NO quieres escuchar, lo que ya sabías pero NO te apetece oír de nuevo, a lo que remueva tus cimientos. Sobre todo a esto.

Saber preguntar implica ser receptivo y no dar ninguna respuesta por obvia, no dar nada por hecho. Esto supone para ti un ejercicio muy importe de ser “tabula rasa”, algo que por naturaleza no somos y que también acarrea un enorme esfuerzo y cansancio.

No intentes adivinar, anticipar o concluir por el otro. Se trata de conversar, preguntar e intercambiar información ¿en qué momento te ha pedido que le digas lo que ves en tu bola de cristal?.

 

 Saber preguntar conlleva un aprendizaje continuo: a medida que preguntas, recibes información que tienes que integrar en lo aprendido y muchas veces no encaja ni con lo que esperabas, ni con lo que sabías. Matizo: saber preguntar conlleva un desaprendizaje continuo. Y si ya aprender de manera constante era agotador, ahora súmale el estar abierto a admitir que lo que te servía ya no te sirve y que lo pensabas que era, ya no es. Y todo lo que puede salir de ahí… No sé si querrás seguir leyendo después de todo esto, estoy sudando sólo de pensarlo. Y yo, no sudo ni el gimnasio ;).

 

♦ Saber preguntar entraña querer ayudar, actitud de servicio (que no servilismo) al otro. Hacer preguntas para acompañar, facilitar, guiar, comprender…pero siempre poniendo en primer lugar al otro.

Acabáramos! Encima de que usas tu tiempo en “interesarte” (de la palabras interés, me hace dudar aún más de su valor…) por el otro, le ayudas con sus historias… vas y tienes que cederle el protagonismo absoluto en sus vidas! Esto es inadimisible. Cada vez se complica más esto de saber y querer hacer bien las preguntas. Estoy a punto de tirar la toalla.

 

 Saber preguntar supone estar en silencio. Un silencio para dar paso a la otra parte y favorecer su comunicación, un silencio en calma y sobre todo, un silencio presente, consciente. De nada sirve estar callado para desconectar ni para elaborar la próxima pregunta: en la primera opción tu cuerpo te delatará (sabemos cuando alguien mira “a través” de tí, cuando alguien se ha ido de la conversación) y en la segunda, tu cerebro no te permitirá ser consciente de todo lo que ocurre mientras la comunicación fluye.

No te obsesiones con las preguntas poderosas, ni con preguntas tan largas y complejas que cuando la acabas no sabes ni lo que querías preguntar (me ha pasado, sí, sí, tal cual…).

No fuerces tu lenguaje y uses palabras que no formen parte de tu vocabulario habitual, ni te inventes giros gramaticales sacados de la chistera. Parecerá un chiste más que magia.

No te empeñes en parecer lo que no eres porque en realidad lo único que quieres, si en realidad estás haciendo bien las preguntas, es escuchar.

 

En resumen, para hacer buenas preguntas, hay que:

♦ Querer y saber escuchar, pero escuchar bien, de verdad.

♦ Ser receptivo y estar abiertos a todo tipo de respuestas.

♦ No anticipar, pronosticar o sacar conclusiones antes de tiempo.

♦ Realizar autocrítica y des-aprender de manera continua.

♦ Querer ayudar y nunca ser el protagonista de la conversación.

♦ Estar presente, consciente y en silencio.

♦ No presumir ni usar lenguaje forzado, poco natural: no fingir ni aparentar.

 

Con esto los trucos, la magia, el arte, el espectáculo y las máscaras….poco o nada tienen que hacer. Porque poco o nada tienen que ver.

 

Imagen: pinterest.com

 

2 comentarios
    • jessica
      jessica Dice:

      Hola Juan Miguel! Mil gracias por pasarte por aquí. La escucha activa es de los elementos de la comunicación más sencillos de comprender y más difíciles de aplicar por el esfuerzo que supone. Un abrazo inmenso!

      Responder

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