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Del sacrificio a la elección

Dicen que todos pasamos por momentos de crisis existenciales al menos un par de veces a lo largo de la vida.
Dicen que cada cierto tiempo, nos desprendemos gradualmente de partes vitales que ya no nos sirven, cual muda de una serpiente, y que nos van transformando poco a poco, hasta que llegado un momento, podemos no reconocernos ni ser reconocidos por quienes nos rodean.
Dicen que somos el producto de pequeñas y minúsculas acciones que vamos poniendo en marcha durante toda nuestra existencia y cuyo resultado actual es difícil de comprender si lo analizamos de manera aislada.
Dicen todo eso, y yo lo creo…

Lo creo porque lo veo día a día como espectadora privilegiada en primera fila de vidas ajenas que pasan delante de mis ojos. Vidas de las cuales aprendo y observo, entro y salgo intentando empaparme lo justo para desprenderme de lo superfluo y quedarme con lo mejor de cada persona. Y de ese aprendizaje vicario (aprender de los que hacen otros), en el cual me he visto tan reflejada como totalmente fuera de contexto, he conseguido extraer unas conclusiones que me han ayudado a comprender la necesidad de pasar del sacrificio a la elección como trasfondo de todas esas situaciones con las que abro el post.

El vincular durante tanto tiempo el esfuerzo, el éxito, el amor o la maternidad/paternidad al sacrificio nos ha perjudicado de una manera tan profunda, que a veces, ni somos consciente. Sacrificar significa “Abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien” y te aseguro que mientras ese alguien no seas tú mismo, o al menos en parte, no será la forma de vida más adecuada.
Si consigues cambiar la actitud sacrificada y de renuncia en beneficio de alguien, frente a la de la elección, a la de decidir para favorecer a la otra parte, sin olvidarte nunca del tuyo propio, la vida cobrará otro sentido.
No será fácil, tendrás que luchar contra quienes te tilden de egoísta, de egocéntrico. Tendrás que convivir durante un tiempo con una letra escarlata en el pecho que te marcará como ególatra, pero te prometo, que una vez superada esa fase, los lastres de tus sacrificios pasados cada vez pesarán menos y darán paso a una tremenda liberación.

Para ello me he servido de mi propio aprendizaje basado en los de las personas que me hacen partícipe de sus vidas en momentos cruciales, y a las cuales nunca estaré lo suficientemente agradecida por haberme allanado el camino. Confío en que puedan servirte a ti también:

– Estudios: estudia, fórmate, aprende y crece profesional y personalmente a lo largo de toda tu vida. Pero hazlo de manera que uno implique lo otro, es decir, genera conocimiento que puedas aplicar y que te enriquezca a partes iguales. Uno sin lo otro, pierde valor y con el tiempo, se desvanece.
Estudia lo que te aporte, aprende todo cuanto consideres que suma en tu vida, cambia y reajusta tantas veces sea necesario para llegar al resultado más beneficioso para tí. Esto no implica que no te encuentres con partes del estudio o aprendizaje difíciles, costosas o que decepcionen, todo ello forma parte de la elección. Pero esa decisión también conlleva que cuando pese más lo negativo que lo positivo en ese camino de crecimiento, quizás sea el momento de tomar otra dirección.

– Empleo: trabaja, sé productivo, aporta a la sociedad, pero no te olvides de tí mismo. Y elige un empleo en función de lo que necesites en cada momento: dinero, desarrollo profesional/personal, libertad, prestigio, cambiar, independencia… Siempre que sea tu elección, será válido, pero también supondrá unas consecuencias. Será más o menos difícil acceder a él, implicará más o menos responsabilidades, será más o menos dificultoso cambiar a otro cuando lo que nos aportaba ya no cubre nuestras necesidades actuales. El empleo, al igual que el desempleo, es una circunstancia más de tu vida, dale el valor que tiene para ti, elige la actitud a tomar y en consecuencia, actúa.

– Familia: este es un tema difícil de abordar, pero allá voy. La familia es un grupo de personas con el que estás emparentado y te unen vínculos de consanguinidad y/o afectivos. Y a veces, no van unidos. Ni es nada triste, ni poco frecuente, es algo natural que debemos asumir y afrontar. Son relaciones impuestas por la genética, que en muchos casos vienen acompañados de amor incondicional, pero en otros no. Por todo ello, puedes elegir la relación que quieres tener con tu familia e incluir a personas nuevas en ella, pero como en cualquier relación, ha de ser consensuado y eso conlleva negociaciones, acercamientos y cesiones, siempre en búsqueda de un beneficio común. No existe la familia perfecta en tamaño, forma o estructura, existe la familia funcional que sirve como núcleo de apoyo de quienes la forman.

– Amistad: puedes tener un mejor amigo, amigos de los de toda la vida o amigos por etapas vitales. Puedes tener un sinfín de conocidos con los que compartir momentos y no profundizar en ninguna relación. Puedes tener la idea de amistad que te apetezca, y será la correcta, siempre y cuando sea comprendida y aceptada por la otra parte. No hay una amistad ideal, sino tantas amistades como relaciones existen. De ahí que las amistades cambien, desaparezcan, se transformen, tengan idas y venidas, eso es síntoma de que están vivas, como las personas que las conforman. Y de ahí que una amistad no deba implicar un sacrificio, sino una elección.

– Amor: con el amor hemos topado! Ese amor perfecto, duradero que duele tanto que oprime… Ese, no tiene porque ser el amor que busques tú. La idea de amor, es muy similar a la de amistad o familia: es personal e intransferible, y no es más que eso, una idea. Por lo tanto, habrá tantos tipos de amor como de relaciones sentimentales. Pero si algo tengo claro, es que el amor no debe doler, ni hacer daño, ni perjudicar a una de las partes. El amor debe complementar, hacer crecer y mejorar, sacar lo mejor de cada cual, y no tiene porqué hacerlo para siempre, tiene que hacerlo mientras dure. Si bien es cierto, el amor, como cualquier relación, necesita de cuidados y conlleva elecciones, pero no debería acarrear sacrificios…

En definitiva, cualquier situación o momento vital por el que pases que signifique más renuncias en beneficio de alguien que de ti mismo, supone un sacrificio. Y a mí, me gusta más pensar en elegir, en decidir, en asumir responsabilidades que en llevar pesados yugos emocionales.

Imagen: @Anka Zhuravleva.

4 comentarios
    • Jéssica
      Jéssica Dice:

      Tú sí que molas, David! Mil gracias por comentar en el blog. Es todo eso, y además de cansado y difícil, pero aporta mucho más de lo que supone. Problema: nadie nos enseña a hacerlo, vamos aprendiendo a golpes, literalmente. Un abrazo enorme! Me encanta verte por aquí!

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  1. Beatriz Castro
    Beatriz Castro Dice:

    Jessica solo puedo decirte que me ha encantado tu reflexión y estoy completamente de acuerdo. Tristemente nos dejamos llevar por todo lo que nos oprime, nos preocupa, nos frena y nos paraliza, con más frecuencia de la debida, en lugar de pensar qué podemos hacer realmente que nos
    ayude a pensar y actuar en positivo para seguir adelante. Tener capacidad de elección es algo maravilloso, y no reparamos en que esa elección es nuestra y somos libres para hacer uso de ella; en cambio nos centramos más en cumplir con lo que se espera de nosotros (aunque no sea lo que realmente queremos), lo que debería ser (aunque prefiramos algo diferente) lo que van a decir si hago tal o cual cosa (porque en la sociedad que vivimos pesa mucho lo que los demás opinen). Decidir es permitirme ser yo mismo y darme la oportunidad de ser feliz, y esa perspectiva no podemos perderla!

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    • Jéssica
      Jéssica Dice:

      Cada una de tus palabras reafirma lo que pienso sobre elegir y decidir, con toda carga y responsabilidad que conlleva. Mil gracias por compartir en este espacio tu opinión, Beatriz Castro. Yo también opino que no deberíamos perderla de vista nunca….

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