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Cariño, tengo celos de Twitter…

* Dedicado a una persona excepcional con la que comparto mucho más que una vida: mi marido, Jaime Gayol.

Y de Facebook, de Linkedin, de Instagram, de Pinterest. O de cómo el peso de las redes sociales se puede volver una losa en nuestra contra….

Cuando ya pensaba que mi vida “social” era estable y tenía controlados Facebook y Linkedin como herramienta de trabajo y forma de difusión profesional, va y aparece él: Twitter. Sé que la gran mayoría de vosotros ya le conocíais o incluso sois influencers, pero no es mi caso.

A pesar de tener la cuenta activa hace casi 7 años, era un noviazgo que no había comenzado, simplemente nos habían presentado y ahí había quedado la cosa. Pero en estos últimos meses, la relación parecía que empezaba a tomar forma. Había comenzado a trabajar mi marca personal de manera más intensa y había visto claramente que era algo necesario y muy positivo, diría que casi imprescindible, el saber moverse adecuadamente en esta red.

 

Me encontraba inmersa en conocer su lenguaje, en seguir a los perfiles que me interesaban, en adaptarme a su ritmo y además amoldar mis necesidades a lo que me ofrecía. Pero en realidad, lo que me encontraba era agotada!!! “Da igual” me decía, “no desistas, lo dominarás” Y mientras persistía, tenía claros mis objetivos y quería llegar a un determinado número de tweets al día, de tener cierto número de seguidores y de que mi puntuación de Klout aumentase, me di cuenta de que me estaba perdiendo algo importante: mi vida.

 

Un día cualquiera, después de una larga jornada sin ver a tu familia, sin tener tiempo para tus amigos ni jugar con tu hija, me dispongo a “currarme” el Twitter y oigo a mis espaldas: “Cariño, de verdad, le tengo celos a Twitter”. Y aquella frase de mi marido me rompió por dentro, fue una bofetada de realidad para mí.

 

Aquí es donde empieza realmente la reflexión que vino días después de esa frase lapidaria que marcaría mi relación con Twitter y demás redes sociales: sé que es importante la presencia en la red, pero es más importante aún la presencia en mi vida. Siento contradecir a quienes predican que si no estás es como si no existieras, que no se debe dejar de publicar ni un solo día, a quienes insisten en estar activo y ser visible en la red, en estar pendiente de todo lo que ocurre. Lo siento de veras.

 

Se lo agradezco, de corazón. Creo en la sabiduría y bondad de sus consejos, en la necesidad de crear una imagen profesional estudiada y difundirla a través de las redes, de tener visibilidad y de estar ahí. Pero también necesito hacerlo a mi ritmo, con mis objetivos y según mis necesidades y sobre todo, sin ahogarme ni perderme nada de lo que está fuera la red. Necesito evolucionar en mi marca personal al mismo ritmo que en mi vida profesional, sin dejar a un lado y mimando como se merece mi vida personal, mi familia, mis amigos, mi tiempo…

Necesito sentirme presente en el café de la sobremesa con amigos, en la conversación banal durante la película después de cenar, pintando nubes en el aire con mi hija o hablando con mi madre por teléfono. Necesito estar presente en mi vida y no perderme ni un solo minuto.

 

He llegado a la conclusión de que no necesito 50000 seguidores, que no puedo (ni quiero) publicar al día 100 tweets, de que no tengo por qué ser una influencer… O al menos de momento, ya que ni estoy preparada para conseguirlo ni es necesario en mi realidad actual, ahora mismo es el momento de tomar decisiones respecto a Twitter y a mi vida.

 

Por eso, para los próximos meses me he propuesto estos sencillos objetivos para hacer que todo esto sea más fácil para mí y los que me rodean:

 

  • Restringir el uso de las redes sociales en tiempo y espacio: 5, 10 o 30 minutos, una jornada completa, pero que sea limitado y solamente en unos espacios en concreto (oficina, trabajo, despacho)
  • Dejar los dispositivos móviles en silencio en reuniones sociales, tiempo de ocio y de familia. Desconectar realmente y disfrutar de esos momentos.
  • Fijar unas metas realistas y adaptadas al tipo de vida de cada uno: aunque lleve tiempo, es necesario definir una estrategia y desarrollarla en un plazo determinado, mientras que por ello no suponga una pérdida de contacto con la “realidad física”
  • Aceptar las limitaciones e intentar aprender cada día, intentando que sean cada vez menos, pero sin prisas ni presiones.
  • Disfrutar con lo que se hace, sea el tiempo que sea…

 

Bien, pues ha llegado el momento de empezar a cumplir los propósitos y estar presente en cada momento de mi vida. Porque por si fuera poco, este verano me he abierto una cuenta en Instagram…

Y tú ¿estás presente en la tuya?

 

Fuente: Pixabay.com

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Los 6 síndromes que impiden una delegación eficaz

Tengo la sensación de que hasta que no te hablo de etiquetas, tipologías, clasificaciones y demás encasillamientos, cualquier tema sobre el que te hable no adquiere seriedad.

Y como quiero hablarte de manera muy seria sobre la delegación, he diseñado expresamente para ti, para que me hagas caso y me prestes atención de la buena, una serie de síndromes que impiden una delegación eficaz:

– Síndrome “Porque yo lo valgo”: Se trata de responsables de departamentos que piensan y hacen ver de manera muy clara, que nadie puede hacer las cosas tan bien como ellos. Básicamente les es imposible, dado que el tamaño de su ego inunda todo e impide ver la realidad del potencial que pueden tener al lado, del talento a desarrollar y explorar en su equipo. Infinitamente más sencillo dar ese golpe de melena tan característico del anuncio, que pensar que alguien, que además tienes a dos palmos, puede hacer sus tareas mejor que ellos, más rápido y de manera más efectiva.

– Síndrome “Porque yo lo digo”: Son personas al mando, que creen que el proyecto en el que se encuentran inmersos es su cortijo: ordenan, mandan, atan y desatan a su antojo. Y en ese antojo está el de no delegar, o el de hacerlo con criterios poco objetivos como el de “porque me da la gana”. Y ¿qué consiguen con esto? Además de alejar a sus colaboradores e infundir miedo por doquier, se sobrecargan de tareas de manera innecesaria. Lo cual incrementa su enfado pensando que tienen a su cargo un equipo inútil, dándose la razón a sí mismo sobre la idea de que sólo quien manda (casualmente él) puede hacer las cosas que se tienen que hacer. Y vuelta a empezar…

– Síndrome del “Conejo blanco”: Este no me lo he inventado yo, pero lo he traído aquí porque es muy frecuente encontrarse con personas con responsabilidad en las empresas que siempre, siempre tienen prisa. Y si no la tienen, se la crean, al igual que la ansiedad y exigencia extremada que transmiten a sus colaboradores. No consiguen tener un hueco en su agenda para desarrollar a su equipo, para detectar el talento oculto para formar, guiar, tutorizar, hacer crecer. No lo tienen nunca, y el motivo no es el tiempo, porque ese siempre va al mismo ritmo. Cuestión de prioridades

– Síndrome del “Gollum”: No voy hablarte de la personalidad múltiple que presenta este odioso y tierno personaje creado por Tolkien. Te voy a hablar de la necesidad, incluso compulsión, que tienen algunas personas de guardar cual tesoro conocimientos, funciones o responsabilidades. Ignorando que, lejos de ser una muestra de poder y competencia, es un reflejo de la inseguridad y el miedo a ser prescindibles, a que alguno de sus colaboradores sea mejor, a que alguien que no sea él. Ya sabes, “mi tesoro…”.

– Síndrome del “Psicólogo”: Como lees, del psicólogo como lector de mentes, como adivinador de pensamientos y predictor del futuro. Aunque con buenísima intención, hay personas que ocupan puestos de responsabilidad, cuyas artes adivinatorias les hacen saber (sin contrastar con los realmente interesados) el nivel de capacitación, preparación o interés de sus colaboradores. Casualmente, estos superpoderes siempre tienden a la creencia de que los componentes de su equipo NO quieren responsabilidades, NO saben hacer las cosas bien, NO están preparados… Y eso, es mucho más cómodo, aunque tremendamente agotador, que ponerse manos a la obra para dar forma a todo el talento que existe al alcances de sus manos.

– Síndrome de “La buena madre”: Al igual que en el caso anterior y con la mejor de las voluntades, en las organizaciones también existen personas con responsabilidad que intentan proteger a sus equipos. Y lo hacen con tanto esmero…que bloquean el desarrollo del mismo. Es habitual verles diciendo frases como «Ya tienen bastantes los pobres» o «Para eso yo soy quien más cobra», con las cuales lo único que consiguen es generar limitaciones donde no las hay y dependencias innecesarias. Y el equipo por su lado, puede que deseoso de adquirir nuevas funciones y tareas como forma de sentirse valorados y mientras, la casa sin barrer…

 

Es posible que mientras lo hayas leído se te haya escapado alguna que otra sonrisa socarrona imaginando a cualquiera de tus (ex)jefes al lado de alguno de estos síndromes tan comunes. Conste que me haría una ilusión tremenda resultarte entretenida… Pero también es posible que alguien, en algún lugar, le haya venido tu cara a la mente al leer cualquiera de estos síndromes que nos alejan de una delegación eficaz.

Sea como sea, ninguna de las dos opciones tiene gracia. Así que háztelo mirar y no me hagas tener que inventarme otro síndrome, al menos, en lo que a delegación se refiere.

Imagen: Shutterstock

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Confesiones de una entrevistadora entrevistada

Lo prometido es deuda, y me comprometí a compartir contigo la trilogía completa sobre las entrevistas de trabajo antes de finalizar el año…y aquí estoy. Voy justa, lo sé, pero creo que merecerá la pena. Y si no esa así, al menos habré cumplido mi palabra.

 

Esta última parte, es donde te voy a contar mi propia experiencia como candidata a diferentes procesos y proyectos (sí, los de Recursos Humanos, también pasamos por estos procesos…). Y lo voy hacer desde la sinceridad de abordar la necesidad de profesionalizar el sector y dotarlo de la seriedad que se merece. Porque he de admitir que me han hecho entrevistas de las cuales he deseado salir huyendo, me he encontrado con entrevistadores que hacían cualquier cosa menos entrevistar, he sentido vergüenza ajena y he aprendido lo que NO se debe hacer si quieres que tus candidatos te valoren, se encuentren cómodos y te ofrezcan toda la información que necesitan saber para tomar la decisión más adecuada.

 

Te lo voy a contar tal cual lo he vivido y me lo han hecho saber muchas personas que han participado en procesos de selección, “serios” y no tan serios. Y te lo voy a contar desde el NO, de nuevo, que parece que tiene más efecto:

 

No me hagas esperar 3 horas para recibirme, ni como forma de ponerme nerviosa o desestabilizarme, ni como excusa de que te ha surgido un imprevisto. Si no puedes atenderme, me lo dices y vuelvo otro día (o no…). Si piensas que no tengo nada mejor que hacer que estar esperando aquí horas y horas, para que finalmente no me hagas ni caso, es que has guardado bajo 4 llaves en tu cajón el trato humano y respetuoso a quien ha invertido parte de su tiempo y esfuerzo en ir a conocerte.

 

No me leas mi currículum tal cual, para eso no vengo, que ya me lo sé yo de memoria. Pregúntame por una determinada formación, una experiencia laboral en concreto, céntrate en una ausencia de actividad profesional determinada. Pero ¿leer mi currículum como un papagayo en mi presencia? No sé, no lo veo… ¿qué consigues con eso más allá de darme una malísima impresión y hacerme pensar que no te has preparado nada?

 

– No me digas que te cuente un poquito mi trayectoria profesional mientras te lees mi currículum por primera vez, porque te aseguro que lo notaré. Porque no sé si lo sabes, pero eso, se nota, y mucho.

 

– No te dirijas a mí por otro nombre, tanto en la entrevista como cuando me has citado para vernos. ¿De verdad no te has leído bien con quién vas hablar o entrevistarte? Ya no te digo nada, de que me llames para otro puesto diferente al que he enviado mi candidatura. Si no vas a pasarme ni una porque todo cuenta en nuestro encuentro, esto también va por ti ¿o quieres decirme que tienes un doble rasero?

 

No me hagas perder el tiempo ni te andes con rodeos para contarme lo que necesitas en tu organización. Aunque tu estilo no sea directo, lo cual respeto muchísimo, a ninguno de los dos nos favorece el hecho de no saber lo que queremos. Te prometo que iré a la entrevista con los deberes hechos ¿puedes asegurarme tú lo mismo?

 

– No me convoques a puestos para los que no estoy capacitada en cuanto requisitos mínimos (y lo sabes, o deberías saberlo) o para los cuales tengo que desplazarme 350 km. Sobre todo si ya tienes al candidato seleccionado… No te imaginas la inversión que supone este tipo de acciones, si lo hubieras anticipado, no te lo estaría contado en este post.

 

No te ofendas porque te haga preguntas sobre mis funciones, responsabilidades o salario en el futuro puesto de trabajo. Sobre todo cuando las hago tras la manida invitación “¿tienes alguna duda o cuestión que quieras tratar?”. Porque ya que estamos, me apetece tratarlo antes de tomar una decisión y saber si quiero o no realmente comprometerme con tu proyecto y hacerlo mío.

 

No me hagas preguntas que sabes que no te voy a responder, aquellas que sabes que puedo perfectamente no hacerlo, que suponen una falta de respeto o que sencillamente, no son relevantes para el desempeño del puesto de trabajo. O ¿es que crees que sí pueden serlo el hecho de estar casada, tener hijos o estar en edad de tenerlos? Déjame que te demuestre que no es así, aunque este tipo de preguntas ya dice mucho de ti y de tu organización.

 

– No me pases pruebas ni tests sin sentido, y ya de paso, no me hagas participar en dinámicas que hayas visto en algún video de Youtube y que te hayan resultado “divertidas”. Quizás pienses que te estás luciendo conmigo o simplemente quieras rellenar tiempo, pero te aseguro que si me hacen sentirme ridícula y no me aporta nada, no conseguirás obtener de mí todo lo bueno que tengo. Así, no.

 

No me trates como una ignorante, un trapo viejo o una cría. Es cuestión de respeto, así de simple. Trátame como una persona con la que puedes llegar a un acuerdo y obtener un beneficio mutuo, y si no es así, tan amigos. No hagas un mal uso tu situación de (supuesto) poder, nunca se sabe realmente quién tiene la sartén por el mango en la vida.

 

– No te despidas con un “ya te llamaremos” si es que no tienes pensado hacerlo. Explícame que sólo me llamarás en caso de ser la persona seleccionada en un plazo determinado (que deberías tener previsto con un margen de error, obviamente), y me dejas mucho más tranquila y con vía libre para seguir mi camino. No me tengas como alma en vilo pendiente del mail o el móvil o haciéndome sentirme una pesada al tener que ser yo quien llame para saber el estado de mi candidatura.

 

Podría seguir con un montón de NOes al igual que lo he hecho hace unos meses en este post sobre las entrevistas, pero en resumen te diré que todo proceso de selección mal enfocado, poco preparado o carente de profesionalidad es una nefasta estrategia de marca para la empresa que lo realiza. Quien sale disgustado, ofendido u ojiplático de una entrevista, es un prescriptor (para mal) de la imagen de la empresa para la cual optaba a formar parte y de la que sale espantado. Y yo, lo que quiero, lo que deseo, son organizaciones que se esmeren en elegir, formar y preparar a las personas que las integran para que hagan que esta búsqueda de talento sea lo más efectiva posible y todas las partes salgan ganando. Incluso cuando no hayas sido seleccionado, salgas por la puerta con un buen sabor de boca y te conviertas en un embajador de marca…esa para la cual no has llegado a trabajar, pero te gustaría.

 

Pero claro, para esto hacen falta ganas y buenos profesionales…

 

Imagen: google.com

 

 

 

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Personas con alma: Almudena Lobato. Me gusta, me gustas.

Almudena Lobato… ¿cómo te explico yo lo significa esta psicóloga sevillana para mí? Empezaré por el principio, por esa conversación de teléfono en la que nos pusimos voz y que fue la primera de muchas (siempre nos quedamos con ganas de más, sobre todo cuando la cobertura nos deja a mitad, jajaja). Es ahí donde me cuenta con detalle su trayectoria profesional, su proyecto de Personas en Positivo, su familia, su vida…y donde rápidamente percibo la calidad humana que hay detrás de ese perfil en la red.

Esta mujer guapa a rabiar y lista como el hambre, te llega con una dulzura y una suavidad que hace que quieras que se quede en tu vida para siempre. Y lo hace porque siempre tiene una buena palabra, una sonrisa, un gesto amable. Siempre sabe qué decirte, en el momento adecuado y de la mejor forma para que lo entiendas, para que te comprendas (sí, a ti mismo, a ti…). Y además, tiene la cabeza tan bien amueblada como capacidad para hacer que lo desagradable no te haga daño, pero te llegue y aprendas. Y lo hace así, sin despeinarse, porque sabe de lo habla y cómo hacerlo.

Hace tiempo que le abrí las puertas de mi vida y de mi casa, ahora tocaba la del blog y ni siquiera me ha dado tiempo planificarlo. Fue decirle que la quería ver dándose un paseo por aquí, y enviarme este regalo en forma de post. Vaya por delante, que el regalo ya lo había recibido al tenerla presente en mi día a día, pero esto…esto es para enmarcar.

Que la disfrutes, yo lo hago a diario (lo mejor de todo, sus audios de WhatsApp que se quedan a mitad 😉 por «fallos técnicos»).

 

Jessica es una persona Bonita, así con mayúsculas. De esas personas bonitas de las que trato de rodearme cada día y siempre que puedo, porque me hace mejor, porque me hace bien. Porque lo suyo es tuyo, sin más, porque sí, porque te lo quiere dar. Es un regalo y yo tengo mucha suerte.

Gracias Jéssica por compartir conmigo tu casa, una vez más, ahora también por aquí. Feliz contigo cerquita.

 

Me gusta, me gustas.

Si fuese un ave, sería nocturna. Me gusta la noche, su silencio, su calma. Me gusta alargarla, sentirla, sentirme, sentirte, como parte de ella.

Me gusta la noche, su cielo, su luz entre tanto oscuro. Porque da igual cuanta oscuridad me rodee, cuando alzo la vista siempre encuentro luz, mi luz, tu luz, siempre está allí, esperando a ser contemplada. Como tú, como yo.

Me gusta la noche por que nunca es igual, por más inmóvil que permanezcas contemplándola, ella simplemente pasa, sucede, cambia. No hay un único mapa escrito entre tantas estrellas. Así, como la vida.

Me gusta la noche, porque cuando trato de escucharla, escucho el sonido de la vida respirar. Y entonces, al contemplar, al escuchar, me doy cuenta de que todo lo que me importa respira, ahora, junto a mí, muy cerca, y el resto puede esperar.

Me gusta el cielo azul del día, limpio, sin horizonte, con el único límite que el que pone la mirada. A veces se pierde junto al mar, tocándose ambos con disimulo, tan juntos y tan distintos a la vez. Cada uno en su lugar y en perfecto equilibrio.

Me gustan los días con nubes porque al mirarlas soy más consciente del tiempo que pasa, que marcha y se va. Soy más consciente de la imposibilidad de agarrarlo, de agarrarte, de retenerte pero sí de vivirte, de vivirme.

Me gustan los días con niebla. Esa que sólo te deja ver cuando te acercas, esa que te susurra en la cara su aire fresco, como quien comparte un secreto. Como tu vida, más clara cuanto más dentro, cuanto menos miedo.

Me gustan los días oscuros, esos que calan hasta los huesos, de agua y de viento, esos que parece que nunca terminan, pero que siempre pasan. Esos que dan vida tras la tormenta, que llenan de color cada momento. Esos que son necesarios en este ciclo de idas y venidas. Esos que te llenan las manos cuando antes sólo las veías vacías.

Me gusta la vida, porque es cuanto tengo. Me gustan sus días con cada una de sus noches, porque esa es mi vida. Y sólo cuando me gusta acepto, agradezco y doy permiso para que me alumbre en esos momentos no tan buenos.

Me gusta, sin más, sin menos. Me gusta sin preguntar por qué sí o por qué no, me gusta tener un para qué, un para mí, un para ti, un para vivir. Me gusta sin luchar, me gusta dejar llegar, lo bueno, lo malo, tal cual. Porque cuando no puedo elegir acojo, abrazo, me encojo, me agrando. Me gusta porque cuando puedo elegir, me escojo, te escojo.

Y te escojo a ti, sin más, con tus días buenos y tus días malos, porque no quiero que seas distinto, sino tú, sino yo. Y te escojo a ti para que te escojas, para que elijas, para que te elijas, para que vivas, para que te vivas, para que te guste tu vida, mi vida, sin más, sin menos, aquí, así, ahora.

Me gusta. Me gustas. No hace falta más, ni menos. Haces falta tú, hago falta yo, y que andemos. Hace falta acompañar la vida, acogerla, sentirla, abrigarla, crearla, compartirla, mejorarla. Sí, así, con todo tu miedo. Sí, así, con cada paso andado. Sí, así.

Me gusta, me gustas. ¿Andamos?.

Un saludo y buen camino.

 

Almudena Lobato.

P.D. Estas palabras las escribo como personita pequeña que forma parte del mundo, de la enorme naturaleza, las escribo al amor, a la aceptación y al agradecimiento, como partes del camino para andar una vida positiva y saludable, con uno mismo, con otro.

Gracias Jessica, por darme la posibilidad de compartirlas.

 

Si no la conocías, ahora ya no tienes excusas para no perderla de vista, y podrás hacerlo a través de:

@lobatopsicologa

Facebook: Almudena Lobato Montero

www.personasenpositivo.com

 

 

 

 

 

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Personas con Alma: Pedro Gallo. ¿Por qué lo llaman Reclutamiento cuando quieren decir Marketing?

Mirada chispeante, diálogo interesante y montones de historias por escuchar de sus viajes en furgoneta. Detrás de esa cuidadísima barba (con aceite de Argán, nada más y nada menos), se encuentra Pedro Gallo, director de Recursos Humanos de Atiun después de haber estado en puestos de responsabilidad de Alsa durante años y de haberse sacado el doctorado en Psicología y Psicometría.

Como de costumbre, no son los cargos ni títulos lo que me hacen querer que esté en #PersonasConAlma, sino su capacidad crítica teñida de un sentido del humor que me hace querer quedar a comer con él (comida sana, eso sí) cada vez que voy a Gijón. Le encanta preparar con tiempo el menú semanal y compartir risas con su hija, y además, dibuja muy muy bien (la foto es suya, al igual que el dibujo).

Como comprenderás, tengo motivos suficiente para querer que sepas de él a través de mi blog y lo hago con esta crítica a las nuevas formas de selección de personal que parecen estar poniéndose de moda, facilitadas por las nuevas tecnologías y la falta de profesionalización del sector. Sobra decir, que coincido plenamente con él ;).

Que lo disfrutes, tanto como lo hecho yo ( y haré). Aprovecho para adelantarte que formará parte de la mesa redonda sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el empleo del S. XXI que podrás disfrutar este 22 y 23 en #Focoviedo, el Foro de Empleo del Ayuntamiento de Oviedo de este año.

¿Por qué lo llaman Reclutamiento cuando quieren decir Marketing?

Pasado, presente y futuro de la selección de personal

Imaginad: Sicilia 1920…

Reconozco que a estas alturas, con unos años de experiencia en el ámbito de la Gestión de Personas, cuando miro a mi alrededor no puedo evitar sentirme en cierto modo como Sophia Petrillo en Las Chicas de Oro, los procesos, el trabajo en Recursos Humanos y la forma de entender las relaciones dentro de la organización han sufrido una transformación, diría que radical, en los últimos veinte años. En ocasiones, eso me hace sentir algo desubicado.

No mayor (no me siento viejo aunque el hecho de que muchas de las personas de las que están leyendo esto no hayan pillado la referencia inicial indica lo contrario), pero sí desubicado.

Desde el hoy veo con otra perspectiva aquellas discusiones con mi padre sobre lo que era y debía ser la función de Recursos Humanos en la empresa. Él vivió un época donde la conciliación, la flexibilidad horaria, la humanización de la vida en el trabajo quedaban relegadas a un segundo plano por detrás de lo que entonces se consideraba importante, la negociación y la administración de personal; mi visión era (y es) otra, digamos diferente. Vivíamos épocas diferentes, vivíamos realidades diferentes. Ahora soy yo el que, en muchas ocasiones, dice chachi piruli queriendo quedar de moderno. Cosas veredes, Sancho…

Sin embargo, reconociendo mi desubicación y el hecho de que los cambios son inherentes al crecimiento y al desarrollo de cualquier actividad y, por supuesto, al paso del tiempo, hay cosas que desde una perspectiva profesional y, hasta cierto punto psicológica, me tienen inquieto. Una de ellas tiene que ver con las actuales tendencias de reclutamiento y selección.

Quienes me conocen o han leído alguno de mis post saben que huyo del adoctrinamiento como de la peste. Líbreme Dios de querer sentar cátedra ni aleccionar sobre nada, pero no puedo dejar pasar esta fantástica oportunidad para expresar en alto un pensamiento que hace tiempo me acompaña y me preocupa.

Se impone el concepto de Marca Personal. La Red nos ha hecho más visibles que nunca, nos ha expuesto más que nunca. Los que no usamos Twitter somos la resistencia, pero implícitamente reconocemos que ya no entendemos su uso. Mientras en nuestro entorno personal y profesional el cuidado y la exposición correcta de la imagen en redes ha cobrado una fuerza tal, que ya se ha convertido en un elemento clave en el reclutamiento y selección de personas.

Probablemente mi inquietud provenga directamente de esa toma de conciencia. Cuando los perfiles sociales y los profesionales de una persona se confunden en una amalgama en la Red; cuando la descripción que haces de ti mismo está plagada de palabras clave, de tags, de enlaces; cuando lo que dices sobre ti rezuma posicionamiento, ¿en qué se convierte el trabajo del profesional de Selección?

Resulta que hoy orientamos nuestros perfiles profesionales a El Algoritmo. Antes hacíamos el curriculum con todo el cuidado del mundo para que el profesional de recursos humanos, avezado en la lectura e interpretación de perfiles, viera en nosotros aquellas competencias y capacidades que nuestra experiencia nos aporta, ahora existe un filtro previo en el que una compleja ecuación matemática es la que decide si aparecemos o no en la bandeja de entrada de un reclutador. Hemos reducido a estrategia de marketing un proceso tan delicado y tan profundamente imbricado en el concepto de Persona.

Quien haya tenido el interés y la paciencia de llegar hasta aquí puede estar pensando que tengo una opinión contraria a las redes o a la marca personal. Es un pensamiento lícito, pero no del todo acertado. Mi inquietud proviene del grave riesgo de reduccionismo al que se enfrenta el proceso de reclutamiento y selección. Me explico.

Una de las actividades en las que invierto tiempo cuando reviso mi perfil de LinkedIn es en recorrer mi feed viendo entradas de mis contactos y, sobre todo, los comentarios que suscitan. He podido comprobar que, sistemáticamente, son las críticas a los procesos de reclutamiento y selección las que mayor número de comentarios tienen y, sin lugar a dudas, las que generan más conflicto. Una parte importante de las personas que participan en procesos de selección tienen, y así lo manifiestan, la sensación de que se les juzga por cuestiones arbitrarias, alejadas del perfil profesional real y con poca o nula participación de la persona responsable del proceso.

En mi opinión, esto sucede en gran parte por la ausencia de lo que en Psicometría se denomina Validez aparente. Toda vez que El Algoritmo ya está presente, ya está actuando, y ya está dejando fuera y metiendo dentro del proceso a personas sin la participación activa de quien recluta, desde fuera el proceso no aporta la sensación de que se esté haciendo una evaluación real.

Si reducimos el proceso de reclutamiento a lo que resulte de aplicar El Algoritmo desprofesionalizamos una parte fundamental del proceso y lo que es peor, en mi opinión deshumanizamos un proceso que es fundamental y básicamente algo entre personas.

Se habla y se discute, cada vez más, sobre la posibilidad de que una inteligencia artificial basada en El Algoritmo pueda, en un futuro no tan lejano, realizar procesos de selección completos. Reconozco que no tengo una opinión formada a ese respecto, pero lo que sí sé es que la Inteligencia Artificial que venga se ocupará de aquellas tareas en las que la persona no aporte valor añadido, de aquellas tareas en las que El Algoritmo se baste y se sobre para realizar el trabajo.

Creo que nos toca pararnos a pensar. A los que nos dedicamos a esto con y por pasión por las personas nos toca reflexionar profundamente sobre lo que estamos haciendo y sobre cómo estamos integrando los cambios vertiginosos que nos trae la tecnología en nuestros procesos de trabajo.

Estamos en un punto en el que tenemos la oportunidad de decidir en qué convertirnos y qué hacer con las herramientas que tenemos a nuestra disposición, pero sobre todo, en un punto en el que reflexionar sobre cómo nos ven las personas para las trabajamos y a las que servimos de nexo entre su realidad personal y su desarrollo profesional.

Imagen: Pedro Gallo

Puedes seguirle en https://www.linkedin.com/in/pedrogalloalvaro/

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Eneagrama: el equilibrio de las personalidades

Uno de los tesoros más codiciados y buscados en nuestra sociedad es el equilibrio: entre la vida familiar y profesional, con la pareja, en el grupo de amigos o en los equipos de trabajo. Pero también es necesario plantearnos el equilibrio en nuestra propia personalidad.

Hace casi dos años acudí a un taller solidario en Asturias sobre el Eneagrama de la mano de Cristina Cama, maravillosa profesional y mejor persona. Durante un fin de semana completo indagamos y profundizamos en nuestros rasgos de personalidad, intentando identificarlos dentro de los 9 eneatipos definidos hace miles de años por los sofistas. Y lejos de encontrarme con algo místico y mágico como pensaba, hallé una poderosa herramienta de autoconocimiento e indagación a nivel personal com muchísimas aplicaciones que quiero compartir contigo

En resumen, una vez que el resultado del test inicial te enmarca dentro de un eneatipo, te redirige hacia comportamientos positivos de otro eneatipo complementario al tuyo y al mismo tiempo, da luz sobre los rasgos negativos que desarrollas respecto a otro eneatipo que te “descentra”.

Vamos, que busca la toma de consciencia sobre el equilibrio de tu personalidad. Y me pareció tremendamente interesante además de extrapolarlo a otros aspectos vitales, algo muy habitual en mí…

 

El fin de semana dio para mucho, pero la asimilación de la información y las experiencias adquiridas ha dado para mucho más. Después de días dándole vueltas, y en la búsqueda de mi propio equilibrio interno creo haber encontrado la respuesta a muchos de los equilibrios que tenemos presentes en el día a día y a los cuales no damos la importancia que se merecen.

Por ello, me he propuesto hacer un listado de los que he detectado, dándole también un uso en el desarrollo personal y profesional para poder compartirlo contigo:

 

– Equilibrio en la personalidad: con técnicas como el eneagrama o simplemente a través de ejercicios de autoconimiento, define tu personalidad básica en 5-6 rasgos y busca aquellos rasgos que sean opuestos. Es hora de empezar a ponerse metas en el cambio de actitud y modificar aquellos aspectos que te sean perjudiciales, y para ello puedes usar aquellos comportamientos que tengan que ver con tu “opuesto”, al igual que recomienda en eneagrama. Si tu rasgo es la impaciencia, tu contrario sería la paciencia, la cual tiene comportamientos relacionados con la espera, la reflexión, etc. Con ello conseguirás una guía de conductas alternativas a poner en práctica de manera gradual que dará sus frutos con el paso del tiempo y mucho esfuerzo.

 

– Equilibrio en las parejas: habitualmente las parejas que se mantienen con éxito con el paso del tiempo, lo consiguen porque que se equilibran el uno al otro. Comparten valores vitales básicos pero sus rasgos de personalidad son diferentes, y al mismo tiempo complementarios. Las personas impulsivas, suelen tener parejas reflexivas; las personas emocionales, suelen tener parejas más racionales. Por lo tanto, no busques una pareja igual a tí en personalidad y gustos, sino alguien que te complemente y aporte, que sume en tu vida.

 

– Equilibrio en las amistades: al igual que en la pareja, los grupos de iguales o las relaciones sociales que mantienes tienen aspectos básicos compartidos (gustos, aficiones, valores, etc.), pero cuanto más iguales sean a ti en cuanto a personalidades, más conflictos se generarán (“los polos iguales se repelen”). A pesar de parecer contradictorio, necesitas crear relaciones con personas diferentes a tí, que contribuyan a tu desarrollo y mejora personal y para ello no pueden ser iguales a tí. Relaciónate con personas que añadan con sus historias, gustos, experiencias y conductas diferentes a las tuyas a tu propia historia vital. Genera relaciones con personas de otra cultura, país o idioma, de una profesión distinta a la tuya, esto hará que se tu mundo se amplíe enormemente y con ello, tus posibilidades de cambio.

 

Equilibrio en los grupos de trabajo: con todo lo reflexionado hasta aquí, sería absurdo pensar que los equipos o grupos de trabajo han de estar formados por personalidades análogas. Todo lo contrario: debes formar parte o crear equipos que contengan cuanta más variedad de rasgos de personalidad y actitudes mejor. Con ello conseguirás enriquecer la visión de cada uno de los componentes y poner de manifiesto que otras conductas son posibles. En todo equipo debe haber un líder, un organizador, un mediador, un impulsivo, un optimista…y así hasta completar todos los roles que sean necesarios para el éxito de grupo. Cada uno de los roles cumple su misión, dejando espacio al resto de roles ocupar el suyo, incluso ayudando a que esto ocurra.

 

Qué importante esto del equilibrio, ¿verdad? Qué cerca lo tenemos de manera cotidiana y qué poco valor damos a lo que podemos hacer para encontrar esa deseada estabilidad que se escapa por momentos. Pero recuerda: esta armonía no es permanente, cambia y fluctúa al igual que lo haces tú a lo largo de la vida, por lo tanto no siempre se consigue y debes aprender a convivir con un “desequilibrio tolerable”.

Imagen: pinterest.com

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Lágrimas del desempleo II: luz en la oscuridad

Hace un año publicaba este post, uno de los más sentidos y viscerales que tengo. Lo hice desde la rabia contenida y como forma de impulsar el verdadero valor de las personas, que no es otro que ellas en sí mismas. Lo he traído de nuevo muchas veces a mi muro, porque me ha dado muchas alegrías, muchos mensajes de agradecimientos e historias de superación, mucho aprendizaje posterior…
Hoy te lo traigo de nuevo, pero no escrito por mí, sino por el auténtico protagonista de esta historia. Te quiere contar en primera persona su evolución en este último año, y lo hace desde el anonimato (por más que lo he intentado, prefiere permanecer así) pero con una sensibilidad y generosidad maravillosas.

Disfrútalo, yo sólo puedo decir GRACIAS!

 

AUTOR INVITADO

Es curioso como la vida te cambia de un momento para otro, de un día para otro y de un año para otro.

El día 5 de octubre de 2015 mi vida dio un vuelco vertiginoso, me vi abocado al mayor de los abismos al que me había enfrentado nunca, EL DESEMPLEO.

Mucha gente pensará que hay cosas más importantes como la salud, la familia, y un sinfín de cosas. Y claro que lo son, ahora lo he aprendido, pero cuando un problema sin solución cercano te amenaza, sólo ves la oscuridad del túnel y pierdes la perspectiva.

Hoy reconozco que yo la perdí aquel 5 de octubre, me sentí desolado, asustado y sobre todo desorientado…. “que voy a hacer ahora, si solo sé trabajar, es lo único que he hecho durante los últimos 20 años”…

Casi un año duró esa incertidumbre…, un año de miedos, de lágrimas, de no saber qué hacer, de dar palos de ciego, de pasar horas y horas frente al ordenador buscando un empleo que me devolviese a la actividad, un empleo que me devolviese la autoestima, un empleo que me hiciese verme útil.

Todos los que hemos pasado por esta circunstancia, sabemos lo que es y lo que significa esa autoestima, porque cuando pierdes el empleo, pierdes muchas más cosas que un sustento económico o una trayectoria profesional.

Pero eso ya lo sabemos todos los que hemos pasado por ello  y no quiero ahondar más en la llaga.

Son curiosos los caprichos del destino, ya que justo un año después, un 5 de octubre de 2016 acudí a un evento por la empleabilidad en Oviedo, promovido por el Ayuntamiento de Oviedo Y La Nueva Ruta Del Empleo.

Aquel evento volvió a marcar un punto de inflexión, en él aprendí algo que no había aprendido antes, algo tan sencillo pero a la vez tan difícil,…. aprendí  a ABRIR LOS OJOS.

Tengo 2 Carreras Universitarias, un Máster y no sé cuántos cursos de formación además de 20 años de continuo aprendizaje profesional, pero lo que nunca nadie me enseñó, ni yo mismo fui capaz de aprender, fue a ABRIR LOS OJOS y ver más allá, a ponerme las gafas de ver otras perspectivas

A partir de aquel día (en realidad tardé algún tiempo en darme cuenta que de todo lo que aprendí aquel día) empecé a pensar de manera positiva, a darme cuenta que todo lo que había hecho durante ese año maldito era “sembrar”, sembrar para una nueva carrera profesional, sembrar para un cambio de forma de vida , sembrar para mejorar. Aprendí a ver aquella terrible situación como una oportunidad de demostrar mi valía.

Aprendí a decir una palabra desconocida para mí y de la cual hoy me siento orgulloso… “me reinventé” a mí mismo.

Después de aquel evento, empecé a ver las cosas de manera más positiva y empecé a tener esperanzas en las oportunidades.

Y las oportunidades llegaron. Poco tiempo después “milagrosamente” el teléfono empezó a sonar, las ofertas empezaron a salir. Empecé a creer en el “milagro” pero analizando todo aquello, me di cuenta que los milagros no existen, que ese  “milagro” no era  otro que el resultado de la “siembra” que había hecho durante ese año maldito.

He tenido la suerte de cambiar por completo, tanto profesional como personalmente.  Trabajo en algo que me llena, que me hace feliz, que hace que llegue a casa todos los días con cara de cansancio pero con una sonrisa, que los míos me vean diferente, con ganas de seguir haciendo cosas nuevas. Esa es una sensación que tenía muy olvidada.

Y por qué cuento todo esto… pues muy fácil, después de un año de que Jessica Buelga escribiera su artículo “Lágrimas del desempleo”, después de haberlo leído y releído cientos de veces, (y sigo emocionándome en cada lectura) quiero aportar mi granito de arena a todas esas personas que han respondido a dicho artículo en las diferentes redes sociales.

Quiero darles las gracias a todos aquellos  que se han visto reflejados en esa situación, a todos los que hicieron un comentario y a los que lo pensaron pero no lo plasmaron, pero en especial quiero enviar un mensaje a todos aquellos que aún viven la realidad del desempleo. No dejéis de luchar, no dejéis de reinventaros, no dejéis de demostraros a vosotros mismos lo mucho que valéis, y sobre todo no penséis ni por un momento que ya no tenéis valía, porque la tenéis,… la tenemos.

Hay que mostrar una actitud positiva y, aunque no es un camino fácil, con actitud y positivismo, las cosas llegan.

No creo que la vida nos de segundas oportunidades, las oportunidades no caen del cielo, las oportunidades se trabajan, se consiguen (o no) y en eso es en lo que hay que esforzarse día a día para que esa oportunidad llegue.

Por último quiero dar las gracias a los míos, a los que han estado y estarán siempre ahí, a los que de una u otra manera, me han ayudado, muchas veces sin saberlo, muchas veces con unas palabras o con un silencio, con una llamada o con un pensamiento. Nunca dejéis de lado a todas esas personas que sufren por nosotros viendo nuestro propio sufrimiento

Y os aseguro que cuando mis sentimientos flaquean siempre intento recordar lo aprendido en aquella terraza del Calatrava.

Mucho ánimo a todos!

Imagen: pinterest.com

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Todo lo que quisiste saber sobre las entrevistas de trabajo y nunca te han contado

07,00 a.m.: Suena el despertador, ducha rápida, desayuno y a ponerse el uniforme de trabajo. Hay tantos nervios como ganas de llegar a la meta, tanta ilusión como tensión por enfrentarse a la prueba de hoy… Y de fondo, la banda sonora de Rocky III:

“Tantas veces,
ocurre demasiado rápido,
intercambias tu pasión por gloria.
No pierdas de vista (no sueltes) los sueños del pasado,
debes pelear para mantenerlos vivos”.

Así es como te imagino antes de venir a una entrevista de trabajo, y no te sigo danto detalles porque me puede la imaginación. Te visualizo con los objetivos y las ideas claras, preparado para ofrecer lo mejor de ti en 45 minutos (sí, hago entrevistas de 45 minuto y de más, si me dejan).

Has superado los despropósitos que comentaba en la primera parte de esta trilogía (Lo que nunca te han contado sobre porqué NO pasas a la fase de la entrevista de trabajo) y cuando llegas a mí, se desvanece toda esperanza de encontrar en ti lo que necesito para llamarte mañana y decirte que el puesto es tuyo.

Porque de eso va la historia: de pasar fases, de sortear obstáculos, de superarte a ti mismo. De llenarte de barro hasta las cejas, de esforzarte y no tirar la toalla, de creer en ti. Y al igual que la vida, que en el día a día, la actitud al abrir la puerta que te lleva a mí para tener la entrevista de trabajo que tanto esperabas, es sólo una parte de nuestro encuentro.

Esta vez voy a hablarte en positivo, por eso de no ser repetitiva y cambiar las formas para ver si llego a ti, pero no dudes que intentaré ser igual de mordaz e incisiva que en el anterior:

Cuando te llame por teléfono para citarte y vernos, por favor: pónmelo fácil. Cuida tu lenguaje, siéntate como si estuvieses trabajando, si vas caminando por la calle o te pillo haciendo algo que no puedes dejar, dímelo. No te quedes tumbado en el sofá o en la cama como si no te importase la llamada, que sepas que al otro lado del teléfono se nota todo y es muy poco profesional. Si estás ocupado y no puedes atenderme en condiciones, pregunta si puedo llamarte en otro momento o dime que lo harás tú (y pídeme el teléfono, claro…). Ayúdame a no tener que pensar: “Lo que mal empieza, mal acaba” o peor aún, de arrepentirme.

Durante la llamada, pregunta todo lo que necesites saber para llegar a vernos porque luego vienen los lamentos: “no apunté bien el número de la calle, no sé el teléfono desde el que me han llamado, he anotado mal por quién tengo que preguntar…”. Estate atento y muestra interés por conocerme (y de paso a la organización de la que formarás parte…si te lo curras bien). Confirma datos antes de colgar como la hora, el lugar, el nombre de la empresa o de la persona de contacto. No temas parecer tonto por contrastar la información, te prometo lo parecerás mucho más cuando me llames por otro nombre o vengas otro día a la entrevista.

– Seguimos en la llamada: ya sé que hay datos interesantes que no “surgen” en la conversación como salario, funciones, horarios o vacaciones, pero si no te los cuento será que no puedo, será que no quiero. Ya sé que tienes que sopesar si te interesa desplazarte o no para conocerme, pero como comprenderás, si ya percibo eso al teléfono el resto de nuestra relación, puede ser una catástrofe. Muestra interés, por Dios! Aunque tengas tus propios intereses, faltaría más, quiere tenerte frente a frente y verte en acción, quiero ver cómo sudas la camiseta.

– Día D: organiza todo antes, anticipa posibles imprevistos, busca alternativas de transporte y recorridos, calcula tiempos, visita antes la zona, lleva bien cargado el móvil, una batería o un cargador… Todo es poco para evitar perderse por el camino, sufrir un pinchazo o encontrarte con un atasco. Llegar tarde está muy feo, pero no poder llamar para avisar de ello, lo es mucho más. Y claro, como comprenderás, así ya vas sumando puntos…pero negativos. Que eso le puede pasar a cualquiera, pero todavía no te has dado cuenta de que yo no quiero a “cualquiera” para el puesto, quiero al mejor.

– Imprevistos: Resulta que te ha ocurrido algo que de lo trata el punto anterior, o peor (a mí se rompió el tacón de un zapato de la que llegaba a una entrevista!!!) y no sabes qué hacer. Pues no desistas y sigue adelante, porque la entrevista ya ha empezado para ti, ya estás dejando tu huella desde el momento en el que buscas por todos los medios avisar de que llegas tarde, de cómo defiendes llegar cojeando a una entrevista y con un tacón en la mano, de cómo te las arreglas para convencer al conductor del autobús para que te lleve cuando no traes cambio. Eso, me interesa tanto (o más!) que el año en el que finalizaste el Master o la experiencia certificada en Excell. Tú verás lo que haces con esta información y como la manejas para hacérmela llegar, ahora ya no tienes excusa.

Y si finalmente no te interesa o no te apetece verme, avísame. Aunque no lo creas, tengo muchas cosas que hacer además de esperar por ti.

– Tensa espera: la entrevista continúa mientras esperas en recepción o una sala, incluso en el aparcamiento. Habla con las personas con las que te encuentres, saluda, sé amable e interactúa, no seas borde o desagradable, supera tu timidez. A parte de obtener información sobre la empresa de la que no eres consciente, estás empezando a transmitir tu imagen a las personas que ya forman parte de ella y quién sabe si ya te has cruzado con la persona que toma la última decisión sobre tu futuro y le has mirado con cara de asco. Suele pasar….

– Llegada triunfal. Y es que espero que llegues así, visualizando el triunfo, el éxito en la entrevista, cual Rocky entrenando en las escaleras. No quiero soberbias, ni salidas de tono, ni arrogancias, lo que quiero es verte seguro de que tu talento es el más adecuado para el puesto. Quiero que me inspires y transmitas todo lo que busco y que si no lo encuentro, te las arregles para hacérmelo llegar. Porque soy buena en lo mío y tengo buenos resultados, pero no soy infalible, tendrás que ayudarme a llegar a lo mejor de ti. Y tendrás que hacerlo desde el primer momento.

– 1º Round: abre la puerta con ganas, preséntate, camina con firmeza, siéntate o pregunta si puedes hacerlo. Observa, analiza, escucha, no monopolices la conversación, profundiza en aquello en lo percibas que sea interesante para ambos. Ni se te ocurra dar pena, lamentarte o pedir favores, tendrás que hacerlo con mucho arte para que siga adelante con las mismas ganas. Mírame a los ojos, muévete de manera natural, encaja los embistes que puedan llegar y defiende con elegancia tu posición. No me hables mal de un exjefe, excompañero o “extrabajo”, me obligarás a pensar que puedo ser yo la próxima… Ya sé que pido mucho, pero todo esto me lo ofrecen las personas que saben lo que quieren, seguras de sí mismas, con capacidad de transmitir y luchar por sus objetivos de manera limpia, y que cumplen con los requisitos de la oferta, obviamente. Y si no eres tú, lo siento, me lo estás diciendo a gritos en nuestra cita.

– Despedida: no te relajes, ni te confíes en exceso, esto no ha acabado aún. Quiero verte con el grado de tensión necesaria para seguir en activo y atento, porque la entrevista continúa. Todavía hay tiempo para últimas preguntas con matices triviales, agradecimientos, invitaciones a tomar contacto de nuevo…es decir, a meter la pata todavía o dar en la clave para que mañana te llame y te vengas al despacho de al lado. No me des más información de la necesaria y deja buen sabor de boca, quizás en esta ocasión no cumplas con los requisitos o haya candidatos que se adaptan mejor al puesto, pero si has dejado un buen recuerdo, quiero que sepas que tengo muy buena memoria y en tu cv, anotaré algo que me ayude a recordar el lugar privilegiado que tienes en mis archivos.

Esto se me hace corto, de nuevo, pero no quiero cansarte con tanta palabra (palabrería?). En resumen quiero que sepas, que me gusta ver a candidatos metidos de lleno en el barro mientras sonríen, que defienden y luchan por lo que creen, de manera limpia y dejando una huella memorable. Sin perder de vista el objetivo y sabiendo que ha merecido la pena llegar a dónde han llegado, porque lo que tienen, lo que hacen, lo que son no depende de mí, nunca lo ha hecho…

Espero haber rascado lo suficiente para hacerte pensar en cómo te enfrentas a las entrevistas y que hagas todo lo que hacías hasta ahora, pero mejor, con más ganas o de forma distinta. Y para que te quede claro que en esta lucha no estoy contra ti, sino contigo, en unas semanas te traigo mi visión sobre cómo nos tratan a los candidatos. Sí, sí, has leído bien, NOS, porque yo también he sido y soy candidata cada día.

Imagen: Farinato-Race (www.navarrainformacion.es)

 

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Lo que nunca te han contado sobre porqué NO pasas a la fase de entrevistas de trabajo

He dudado mucho de escribir este post, y más en este momento. Y mis dudas tienen que ver con la cantidad de textos que hay sobre este tema, pero no por no caer pesada o no ser un tema innovador, si no porque tenga el mismo efecto en ti que el resto: NINGUNO!

Te imagino con un hacha frente a la escalera que te llevará a conseguir que te citen para una entrevista, agarrándola bien fuerte para ir destruyendo cada peldaño que te hará acercarte más al empleo que buscas.

Y te imagino así, porque no me explico que después de tantos artículos sobre ello, tanta información al respecto, tantas personas dedicadas a ayudarte a pasar este proceso y aún así, sigas cometiendo los mismos errores. Tienes frente a tí una escalera más segura y corta hacia el objetivo que buscas y te empeñas en coger la tortuosa, la de costumbre o de ir poniéndote trabas a ti mismo.

Disculpa si el tono del post te resulta duro, incluso cruel en algún momento al sentirte identificado con lo que lees, pero he visto que mi esfuerzo por utilizar un lenguaje positivo y meloso, para llegar a ti de manera más dulce, no me resulta eficaz.

Con lo que me he propuesto decírtelo de otra forma, centrándome en lo que NO es bueno para ti en el proceso de selección, sobre todo el parte que más expectativas genera pero que también más disgustos da: la fase del envío de candidaturas, ya sea como respuesta a una oferta o como autocandidatura.

Bien, vamos al grano. Prepárate porque vas a ver muchos NOes, y en mayúscula, a ver si con esta fórmula consigo que te quede grabado a fuego:

 

– Descripción de la oferta: NO me envíes correos para preguntarme por lo que se pide en la oferta de trabajo si NO te lo has leído antes varias veces. Antes de enviar un mensaje al correo que trae la oferta difundida (o sea, que sí que has leído parte, ajá…), por favor, repásala varias veces. Léete bien el texto, las condiciones, las fechas, las referencias… NO olvides comprobar que la oferta venga con una imagen adjunta donde aparezcan más datos de los que figuran en la red social o medio en la que sale publicado. Pero sobre todo, piénsatelo dos veces antes de enviar un correo preguntando por datos que puede que ya estén publicados. Simplemente piensa en la imagen de despiste o desinterés que estás transmitiendo, y desde ya, estás dejando en tu #marcapersonal.

 

Invasión del espacio, sobrepasar límites: si la oferta NO ofrece datos de la empresa que selecciona o fecha concreta de duración del contrato, te aseguro que es que NO quiere hacerlo, sus motivos tendrá. Y si no estás de acuerdo en este tipo de procesos, es tan sencillo como no participar. Lo que NO es aconsejable es que te pongas en contacto con la empresa o persona encargada del realizar el proceso a través de diferentes redes sociales y saturar su correo con mensajes para pedir más información, a sabiendas de que el anuncio no la ofrece. Lo mismo que conseguir el teléfono de quien lleva a cabo la selección, sin conocerla de nada, y llamar (insistentemente), enviar whatsapp o 30 mensajes. NO y NO, así NO.

 

– Plazo de recepción de candidaturas: si una oferta tiene un plazo de recepción de cv, respétalo: NO me envíes una candidatura fuera de plazo, después de una semana o incluso un mes, y además me digas en el mail que ya sabes que está fuera de plazo, pero “por si suena la campana” (verdad verdadera que me ha ocurrido). Las fechas de admisión de candidaturas dependen de inicios de contrato, proyectos o decisiones del cliente, por lo que una vez que finaliza el plazo, es muy poco probable que se admitan más. De ser así, lo que se hace es volver a publicar la oferta ampliando el plazo. Y digo yo, ya que me lo envías fuera de tiempo, hazlo con estilo, con gracia y NO me digas, cosas como “por si acaso”, “haber si hay suerte” o “por probar, no pasa nada”. NO me digas eso, NO me lo digas, por favor.

 

Envío de candidatura: al enviar tu cv, tu carta de presentación, tu portfolio o aquello en lo que me puedas transmitir que te elija a ti frente a otros participantes en el proceso, NO te olvides de adjuntarlo!. Si está vacío, me hará perder el interés por tu perfil pasando rápidamente a otros candidatos que sí lo han añadido al correo. Comprueba que todo está anexado antes del envío en el formato más accesible para la mayoría de sistemas operativos. Y si no es así, NO dejes de recordármelo en el correo, te agradeceré muchísimo el no pelarme con el documento hasta darme cuenta de que no tengo el programa adecuado para descargarlo.

 

– El contenido del mensaje: la guinda del pastel. NO sé ni por dónde empezar…. Puedes saludar de manera más formal (Estimad@s Señor@s) o informal (Hola!), pero hazlo. Cada vez que abro un mail y me encuentro directamente con un documento adjunto, se me quitan las ganas de abrirlo, te lo prometo. Siento ser tan sincera, pero a la mayoría nos pasa y creo que es bueno que lo sepas. El contenido del mail indica tu estilo y forma de relacionarte con tu entorno, y este que te acabo de comentar, NO me gusta en absoluto.

Si te apetece, aprovecha para hacer una pequeña introducción de lo que puedes aportar al puesto de trabajo, de las ganas de trabajar en el sector de la oferta o sobre cómo has conocido la noticia, pero bajo NINGÚN concepto me quieras dar pena, ni contarme tus miserias. Estoy buscando personas que me cautiven por sus #talentos NO por sus necesidades, espero que me comprendas a pesar de la crudeza de mis palabras. Es así.

Y por favor, NO te desvalorices en las primeras líneas en las que te conozco. NO me cuentes que no tienes nada de experiencia en el sector y que posiblemente te descarte. NO me digas que eres demasiado joven/mayor para el puesto y que seguro que ya hay candidatos mejores que tú… Por Dios! Ponle ganas y #ponteenvalor! Necesito que te creas que tienes mucho hacer en este proyecto y en esta oportunidad para poder creérmelo yo, NO me lo pongas tan difícil a los 3 minutos de conocerte.

 

Información sobre tí, elaborada y diferenciadora, tu #marcapersonal: cuando abra los documentos adjuntos, NO es bueno para ti que me encuentre una carta de presentación dirigida a otra persona o que tu cv tenga como última fecha de actualización la del estreno de Harry Potter. NO es bueno, NO lo es, y cada vez que ocurre esto me haces pensar en, más allá de que nadie está libre de cometer errores, si pondrás el mismo interés, atención y esfuerzo en el puesto de trabajo para el que postulas. Necesito ver una propuesta de valor en toda regla, ya sea con el formato del cv, el contenido del portfolio, los enlaces a los que me diriges de tu blog o perfiles sociales, a las imágenes que anexas sobre tu trabajo… Algo que me diga rápidamente que NO eres uno más del montón, porque yo sé que no lo eres, pero me pierdo ante esa información caótica y desactualizada que me ofreces.

 

– Pedir información sobre el estado de la candidatura: si la persona de contacto te ofrece la posibilidad de solicitar información sobre el estado de tu candidatura (que es lo suyo…), hazlo! Pero NO a los 2 minutos de haber recibido el correo donde se te informa de ello y dentro del plazo de recepción de candidaturas. Y si de paso, cuando te responden sobre la fase en la que se encuentra tu cv o cualquier tipo de información adicional que hayas solicitado, lo agradeces, NO estaría de más. A los que nos dedicamos a estas cosas, también nos gusta que nos valoren y agradezcan el trato amable y correcto.

 

En fin, pues poco más puedo añadir sobre los motivos sobre los que posiblemente NO te permitan pasara a la siguiente fase del proceso de selección, al siguiente peldaño de esa escalera que parece no tener fin para ti. Si NO te ha resultado ofensivo, hiriente ni demasiado directo, házmelo saber, me pondré ahora mismo con una segunda parte que tiene que ver con las entrevistas en este mismo tono.

Imagen: google.com

 

Este post le resultó tan gracioso al Programa Aquí hay trabajo de la 2, que tuvieron a bien hacer un pequeño resumen de mis ironías. No imaginas la ilusión que me hizo! Te dejo el enlace para que lo puedas disfrutar como lo hice yo en su momento.

 

Si te apetece trabajar este y otros aspectos que te limitan para conseguir tu OBJETIVO PROFESIONAL, aquí tienes varias opciones para que pueda acompañarte en ese proceso tanto de manera presencial como online.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y por si te apetece verlo en formato vídeo, te lo cuento de forma muy ágil aquí mismo.

 

Ahora, ya no tienes excusa para NO hacerte responsable de la parte que te toca.

El compromiso del empleado
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¡Sí, quiero! El compromiso del empleado no tiene truco

Suena mi móvil, descuelgo y una voz al otro lado me dice:

“Jéssica, necesito una formación sobre motivación y fidelización, quiero que comprometas a mis chic@s con la empresa”

Y yo, a este lado, me quedo con cara de póker pensando en cómo salir airosa de una petición tan compleja como ésta. Con las técnicas y métodos que utilizo, con mi propuesta y aportación a tu organización, te podré ayudar (y puede que mucho!), pero no te confundas: el compromiso de tus colaboradores, depende de ellos y de ti, de tu organización.

El actual paradigma cambiante, fluctuante, incluso a veces abrumadoramente volátil en el que vives, hace que el mundo laboral sea su reflejo. Vamos, este entorno VUCA del que todo el mundo habla. Y es un entorno real, por eso no te voy hablar de organizaciones del futuro, pues es un hecho que las reglas del juego del mercado laboral han cambiado. Por eso no quiero, ni voy tratar sobre transformación digital o nuevas tendencias como algo lejano, porque es evidente que ya están aquí. Sí, aquí y ya mismo.

Y para poder adaptarse a estos cambios tan rápidos, tu manera de entender las nuevas formas de aprendizaje, desarrollo profesional, empleo… se necesita tiempo. A tu cerebro le está costando, y al mundo empresarial, también. Por eso, con este post me gustaría ayudar a disipar esa neblina que pesa sobre determinadas ideas envejecidas y ayudar a tener más claro el nuevo papel del empleado y colaborador en las organizaciones actuales.

Sabes de sobra de la importancia del compromiso del empleado con la organización, de la necesidad de que tu colaborador sienta como suya la marca que has creado. No es nuevo para ti, que un empleado comprometido y satisfecho con su trabajo, es un empleado productivo. Mi pregunta es ¿qué haces esperando por fórmulas mágicas de motivación y compromiso enlatadas en formaciones que huelen a rancio? ¿No pretenderás conseguir que tus colaboradores se contagien del impulso necesario en 10 horas gracias a un ppt y a un buen formador (por muy bueno que sea)? Porque ya te adelanto, que SÓLO con eso, no harás nada.

 

Cuando me pides que te ayude en esta tarea, en realidad me estás pidiendo a gritos (pero todavía no lo tienes claro) que te ayude a definir, desarrollar o poner en marcha algo que tienes en mente pero quizás no seas capaz a concretar. Creo (y entonces creo bien) que estás pensando en potenciar tu marca de empresa de cara al empleado para conseguir lo mejor de él como colaborador, creo que estás pensando en trabajar tu imagen de manera tan profunda y convincente que consigas que tu colaborador se quiera quedar contigo a pesar de tener otras (incluso mejores) opciones. Y entonces cuando creo que estamos hablando de lo mismo pero en distinto idioma.

Aún siendo poco partidaria de tanto anglicismo, haré referencia a ello con los conceptos de Employee Advocacy y Employer Branding. Hace un buen rato que llevo hablándote de ellos y puede que tú, pensando en ellos, y aún así, nos suenen un tanto raro. Pero no lo es, ni raro ni complicado de poner en marcha, tan sólo es cuestión de creer de una vez por todas en el cambio de paradigma laboral.

Pienso que cuando me pides que te ayude a motivar a tus empleados en realidad quieres conseguir que tus colaboradores sean tus mejores embajadores, lo que se conoce como Employee Advocay. Y si es así, estás en lo cierto: nada que genere más confianza y capte la atención de un cliente que sea el propio empleado, dentro y fuera de la organización, quien luzca con orgullo la “camiseta” de la misma. Nada más atractivo que un colaborador funda su esencia con la de la empresa de la que se siente parte y la haga una sola, a través de las redes, las conversaciones cotidianas y los clientes. Nada que comprometa y fidelice más al talento que deseas en tu organización que un empleado transformado en embajador. Nada tan creíble y humano como escuchar de primera mano el orgullo que supone trabajar para y con tu equipo a alguien que forma parte de él. ¿No suena genial? Pues puede conseguirse y no es tan complicado…

Junto con este concepto, aparece el Employer Branding, que supone la base necesaria para que podamos hablar de los embajadores de marca que buscas, además de otras cosas, claro. Esto implica la construcción y gestión de tu estrategia como marca empleadora, es decir, cómo gestionar el talento actual y potencial de tu empresa de cara a tu imagen de marca como empleador. Supone tener en cuenta e investigar cómo es percibida la marca de tu empresa tanto en el mercado laboral como en los empleados actuales. Cuidar al detalle la forma de difundir ofertas, reclutar candidatos, atraer talento o desarrollar procesos de selección, hará que tu marca genere valor. Pero claro, para eso necesito que tengas claro a quién quieres atraer, para qué y cómo, y eso no siempre es fácil porque a menudo, no se ha pensado en ello. Al menos como estrategia como tal.

Y para poder trabajar todo esto, no puedo ni quiero dejar de hablarte del pilar de todo ello: el PVE o Propuesta de Valor al Empleado. Es el alma de la empresa en forma de cultura y valor organizacional, son los atributos que la representan y el mensaje que transmiten los colaboradores y empleados, los actuales y los futuros, con los que cuenta y a los que se quiere atraer. La PVE, tu PVE tendrá que ser específica, fiable, estratégica, acorde a los valores de empresa, diferenciadora y que aporte valor (vamos, de ahí la V…).

Ahora llega el momento en el que piensas que estoy exagerando, que estoy hablando de grandes empresas, multinacionales o grandes departamentos de gestión de personas en organizaciones imponente. Pues no, te equivocas. En España, y precisamente en Gijón (Asturias), tenemos el caso de Techpump, una empresa tecnológica especialista en desarrollo web, con varios millones de usuarios al día provenientes de casi cada país en el mundo, que ha diversificado su negocio en los últimos tiempos con marcas como Siroko (clothing y gafas de sol) o Footbie (plataforma colaborativa de vídeos donde el contenido es exclusivamente sobre fútbol), que se unen a otras, de contenido adulto, ya consolidadas como Cumlouder.

Pero lo que me interesa de esta empresa, no es tanto su volumen de facturación o el servicio que venden, sino su PVE. Con una plantilla de algo más de 50 empleados y con departamento muy, muy pequeño de gestión del talento, cuidan al detalle el proceso global de selección de sus candidatos, los cuales llegan muchas veces de los propios colaboradores actuales. Disponen de espacios de descanso abiertos y salas donde comer y charlar en momentos de ocio, sin  horario ni momento determinado para hacerlo. Las zonas de trabajo son comunes y aquellas que necesitan otra estructura, están interconectadas de alguna manera y son visibles y accesibles para todos. ¿Para qué te cuento esto? Pues para que sepas que la inversión en esto de la marca del empleador o del empleado como embajador no requiere tanto de dinero como de la mentalidad de la organización, y de la gana que le pongas a tu PVE.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imágenes cedidas por Techpump.

Con este «breve» resumen te he querido contar, que si quieres que tus colaboradores, las personas que trabajan contigo o para ti, te digan a ojos cerrados “Sí, quiero” y se comprometan con tu proyecto, deberás hacer mucho más que llamar y pedir un curso de motivación y compromiso. Esto, es sólo el principio…

Imagen: lacristinafotografia.com