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Personas con alma: Maribel García. ¿Por qué lo llaman Employer Branding cuando quieren decir brilli-brilli?

Cuando conoces a Maribel García, es imposible no centrar tu atención en sus ojazos …y en su discurso, su conversación.

Con ella, tengo la sensación que con otras muchas personas con las que he “conectado” en la red: ha sido un proceso a fuego lento, nada invasivo y con un interés mutuo por sumar a la otra persona. Como me gusta a mí que surjan las relaciones.

Catalana en Madrid y con una trayectoria profesional centrada en el desarrollo del talento en las organizaciones, se ha empeñado (y yo encantada de ello!) de que el Employer Branding deje de ser un concepto lejano y sea algo tan habitual en la organizaciones como dar los buenos días.

Yo, creo firmemente que lo conseguirá ¿y tú?

 

¿Por qué lo llaman Employer Branding cuando quieren decir brilli-brilli?

 

Hay personas con las que incluso antes de verte cara a cara, sin saber muy bien porqué, conectas. Hay personas a las que les tienes cariño especial y cada vez que aparecen en tus redes, te sale una sonrisa.

Cada pasito que he ido haciendo para acercarme más a Jessica y poder conocerla mejor, ha sido como una confirmación de que era alguien que me aporta muchas cosas buenas. El hecho de darme la oportunidad de poder participar en su “Personas con Alma” demuestra su generosidad y cariño. Por eso y por más cositas que la hacen una gran persona con alma, ¡le doy mil gracias!

Cuando me observo y escucho hacia dentro para buscar qué es lo que me mueve, porque yo soy de las que se mueve pero bien (deu ni do que se dice en mi tierra!), siempre aparece la necesidad de hacer que las personas brillen. Nunca tuve una vocación clara de niña, pero solo hizo falta entrar en las empresas a trabajar, para decir una cosa de manera insistente: “Esto se debería poder hacer de otra manera”. Y ante la cansina respuesta obtenida de “es que esto siempre se ha hecho así”, me rebelaba. Ahí nació mi amor por aquello que años más tarde se llamaría Recursos Humanos (si… ya tengo una edad…).

Recuerdo las conversaciones con mi abuela, la que siempre me miraba con tanto amor y a veces con algo de tierna incomprensión. Pero con dos generaciones tan diferentes y tratándose de dos mujeres “de armas tomar” era lógico pensar que hubiera encontronazos.

–       Hay que hacer lo que diga el jefe Maribel, si no mal. Tú siempre cumple con lo que te manden. No te quejes, no quieras contradecir, no hables más de la cuenta, que ni se te note…

–       Que no yaya… que no es justo, que hay que poder hacer las cosas de otra manera, que se debería ir al trabajo y pasarlo bien, que nos gustara lo que hacemos, que no fuera un esfuerzo…

–       El trabajo es un esfuerzo, un sacrificio hija… no vamos a pasarlo bien allí…

Claro que ella trabajaba 12h en una fábrica de 02 de la madrugada hasta las 14h. Viniendo de la guerra y de las penurias que pasó, para ella eso era lo más parecido a un trabajo digno. Se tiraba de los pelos cuando me oía hablar de algo que ni yo misma sabía conceptuar, pero que tenía muy claro que guiaría mi rumbo: el Employer Branding. Si en aquél entonces ella hubiera oído esta palabreja, creo que lo hubiera entendido menos todavía!

Hoy en día ya es más fácil haber oído algo sobre el Employer Branding o lo que traducido sería la Marca Empleadora. Si ya estás acostumbrado a escuchar eso de la Marca Personal, no te será difícil comprender que es exactamente lo mismo pero aplicado a las organizaciones.

Personas y Organizaciones: ¿qué las hace conectar? No hablamos de una pared y de una persona. En el fondo se trata de que varias personas conecten entre sí. Y lo siento, pero la conexión no se puede maquillar, no se puede falsear, no se puede tunear como cuando alguien se emperifolla para salir de fiesta y todo lo que lleva es postizo ¿Te imaginas la decepción de alguien que queda con esa persona y en la intimidad, se muestran su verdad y empiezan a caer pestañas, rellenos de tetas y culo, uñas, lentillas de colores, extensiones…? Brilli-brilli

O cuando alguien tiene una imagen en redes de persona generosa, cercana, altruista, cariñosa… y consigues conocerla en persona y es distante, altiva y pedante, no consigues casi que te mire o te dirija una palabra o habla mal de otras personas y te produce más bien rechazo estar a su lado. Brilli-brilli…

Cuando una persona entra por primera vez en una organización como nuevo empleado, no quiere brilli-brilli, o por lo menos vamos a intentar que ese brilli-brilli, el bueno, no sea del que caiga como una purpurina barata. Porque, vale, hay brilli-brilli que sí es bueno y mucho, porque a veces te encuentras delante de alguien que sin saber cómo, te hace sentir genial, te aporta, te hace crecer, te ayuda a desarrollarte, te empuja, te pone en esas situaciones en las que te saca el valiente que tienes dentro, te enciende la llama que hay dentro de ti: brillas. Pero brillas de verdad y ese brilli-brilli es brutal.

A las organizaciones les tenemos que ayudar a abrazar el concepto de Employer Branding para que entiendan que hoy todo lo que mostremos hacia fuera, debe ser honesto, transparente y muy de verdad.

Leí hace poco en un comentario de Enrique Iniesta (Pikolin) que RRHH ha aprendido recientemente del Marketing (que siempre he dicho que son los cool de la empresa!) y que ahora nos toca aprender de Estrategia. Y ese es el camino. Pero no nos olvidemos de quien ha de estar en el centro de todo: las personas. Porque una experiencia vale más que una campaña. No podemos fallarle a una persona que ha conectado oyendo o viendo algo de nosotros y que cuando entra para formar parte de esa compañía descubre que lo que parecía que era brillo de verdad (Employer Branding), en realidad era solo brilli-brilli. Pero sobretodo, hagamos que los que ya están dentro, sean unos auténticos embajadores de marca, que sientan esa cultura como propia.

Enamoremos de verdad, empujemos a todos lo que conecten con nosotros a vivir la misma experiencia: ¿brillamos juntos?

Imagen: Maribel García

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Pequeño manual de employer branding para colaboradores externos

El employer branding o marca empleadora parece tener cada vez más presencia en nuestras conversaciones, lo cual es el  punto partida necesario para que llegue a donde tiene que llegar: las organizaciones. Este término, hace referencia a la imagen de las empresas como empleadores, a su reputación respecto a los empleados actuales y a los posibles candidatos que vayan a formar parte de sus filas.

 

No tengo pensado aburrirte con este tema sobre el que muchos expertos como Ximo Salas hablan (y muy bien, por cierto) ni comentarte en detalle el programa con el que trabajo la reputación empleadora de las organizaciones y su impacto en la gestión y atracción del talento.

 

Lo que quiero compartir contigo es este pequeño manual sobre cómo desarrollar y cuidar tu marca empleadora con los colaboradores externos, freelance o autónomos de toda la vida. Las reglas del juego han cambiado de un tiempo a esta parte y cada vez es más frecuente que las personas tengan su propio proyecto profesional o realicen colaboraciones puntuales con empresas. Y aquí, también es necesaria (incluso más, diría yo) la necesidad de cuidar la forma en la que captas, atraes y gestionas ese talento “libre”.

 

Y lo voy articular en base a frases demoledoras que llevo escuchando en estos últimos 9 años y que me han hecho estremecer y (echar a correr muy lejos en alguna ocasión). Estas son las “perlas” que tengo grabadas a fuego y me gustaría que tuvieras en cuenta a la hora de trabajar con:

 

– “El precio son x/h, según convenio. Es lo que hay”

Es imprescindible comprender que un profesional que colabora de manera puntual y que en la mayoría de los casos, se paga sus propios impuestos, resulta cuando menos ridículo que sea la empresa quien fije el precio de la colaboración. Si el enfoque es de negociación, de acuerdo, tendrá una mayor posibilidad de sentar las bases de una auténtica colaboración y eso, es clave en este tipo de relaciones.

No olvides, que aquí no hay un contrato laboral ni un convenio al que ceñirse. Hay unos intereses compartidos y compartidos deberían ser también otros aspectos como los honorarios y resto de condiciones.

 

– “Como tú, hay cientos en el mercado”

Amenaza muy recurrente y arraigada en algunas políticas de empresa que también se extiende a los colaboradores externos.

Siento decirte que como él (y como tú, y como yo) no hay nadie. Todos somos únicos en nuestra forma de hacer, y por lo tanto los resultados que consigue tu colaborador con su estilo, su esencia y sus capacidades…son únicos.  Si esos resultados son buenos, son suyos (para tu organización, claro) pero los ha conseguido él. Y quizás fue eso mismo fue lo que hizo que quisieras contar con él en su momento y el motivo por el que sigues repitiendo desde hace tiempo.

 

– “Me parece una barbaridad lo que cobras por hora/proyecto. No lo vale, no lo vales”

¿Te imaginas con qué ganas va a ir a tu cliente a ser tu imagen después de decirle que no vale lo que consideras que vale?

Creo que se te olvida que mientras está con tu cliente en una formación o en un proyecto de consultoría, te representa. Y si le tratas así, su motivación por colaborar contigo tenderá a valores negativos.

Quizás si le dices que es caro, que su coste no es asumible, que no entra dentro del presupuesto con el que cuentas para el proyecto, tiene un pase y lo podáis hablar. Pero en esos términos estoy segura de que se le quitan las ganas de hablar contigo, o al menos, de seguir colaborando en un futuro.

 

– “No muerdas la mano que te da de comer”

¿Cómo se te ocurre decirle estas tipo de cosas al comentarte que no tiene disponibilidad de fechas o que ya no trabaja determinadas temáticas?

Otro fallo de memoria que hace evidente que sigues sin tener en cuenta que no es tu empleado, no tiene disponibilidad completa para ti y que decide aquello en lo que quiere trabajar e invertir su tiempo y esfuerzo. Y de paso, también elige con quien. Si habías pensado que lo tenías esperando por tu llamada, craso error.

 

– “Te llamo para la temática X, al igual que desde hace 5 años”

Los profesionales independientes y las personas que desarrollan proyectos paralelos a su trabajo en otras organizaciones, están en permanente movimiento y cambio, por lo que es posible que su enfoque y temática también lo haga de manera natural.

¿Le has preguntado sobre qué aspectos ha profundizado últimamente o está investigando?

¿Le escuchas cuando te cuenta sobre qué temas o proyectos ha desarrollado en los últimos meses?

¿Sigues su trayectoria y evolución a través de sus RRSS o de cualquier otra manera?

Puede ser que te estés perdiendo a un gran profesional de un área, por tenerlo encasillado en una sola. Por Dios, flexibiliza! Y además, eso que te ahorras cuando necesitas ofrecer a tus clientes nuevas propuestas o te estás abriendo a nuevos mercados. Te invito a que gestiones de manera provechosa ese conocimiento que tienes al alcance de tu mano y desconoces tan sólo por falta de atención.

Esto, además, hará que tu colaborador se sienta valorado e incrementará su interés en ti.

 

– “Mis clientes, son míos. Ojo con lo que haces…”

Una de las primeras lecciones que aprendí al empezar en mi proyecto profesional, es que los clientes no son de nadie: son de sí mismos, son muy suyos. Otra cosa diferente es la deslealtad, la falta de ética profesional o el engaño que puedas descubrir en la base del vínculo con tu colaborador y que se intenta suplir con amenazantes e interminables contratos. Esa lealtad que deseas la podrás conseguir a base de compromiso con él y de que sea una relación en la que ambos ganáis, es decir, lealtad y transparencia de ida y vuelta. Ahora, la lealtad del cliente, esa ya es otra historia.

 

– “En octubre, empiezas en el proyecto X. Ya están cerradas las fechas”

¿En qué cabeza entra que cierres las fechas de un proyecto donde participa alguien a quien no le consultas su disponibilidad?

No, y aún querrás que te diga que sí y que deje todo aparcado por ti y con la mejor de tus sonrisas. Eso, sólo ocurre cuando la relación que has establecido es transparente, con beneficio por ambas partes y de equilibrio. En caso contrario, es muy posible que recibas un NO por respuesta.

Si quieres que el colaborador forme parte de un proyecto importante y deseas que lo haga con todo su conocimiento, con todas las ganas desde el principio… Haz por ello, y agendar si contar con su disponibilidad, no va en esa línea.

 

– “Te necesito para este proyecto. No tengo un gran presupuesto, pero trabajar para X cliente, te dará una proyección increíble”

¿No tendrás pensado subirte al carro de “trabaja gratis” a cambio de experiencia con X cliente?

Las condiciones en las que tu empresa ha decidido trabajar para ese cliente, no implican que las condiciones de tu colaborador actual, ese al que necesitas en concreto y que le ha dado el valor extra el proyecto, padezcan de ellas. Tu margen de beneficio lo controlas tú, y él…el suyo. Es posible que no estén alineados y entonces, la relación no podrá seguir adelante, no es percibida como beneficiosa para ambas partes.

Y si es así, en este caso, no pasa nada ;).

 

– “Hazme una propuesta X muy elaborada y cuidada para X cliente. Cúrratelo bien, de ella depende que nos den el proyecto”

El tiempo que un colaborador externo dedica a una propuesta para tu cliente, es tiempo de su trabajo que corre a cuenta de ¿quién?

Si el proyecto sale adelante, se recupera (o así debería ser) y todos tan amigos, pero ¿y si el proyecto no se consigue? ¿Sabes quién es la parte que más pierde?

Para que la colaboración con ese profesional que necesitas (y te necesita) sea duradera y beneficiosa para ambos, debe ser percibida como equitativa, justa. Y para eso es necesario hablar mucho, fijar con antelación los términos de la relación y negociar las condiciones de la misma.

 

– “Te contacto por recomendación de Y, me dice que tus honorarios son x/h ¿estoy en lo cierto”.

Sí y no.

Es muy de agradecer cuando te recomienda alguien y comenta que ha trabajo contigo hace 10 años y quedó muy satisfecho (wow, 10 años y aún se acuerda, eso sí que es huella!). Pero los honorarios no pueden ser lo mismos ¿comprendes?

En 10 años, ese profesional ha acumulado horas de vuelo, experiencia y nuevos conocimientos que tendréis que valorar en conjunto en la situación actual. Y por su puesto, si no te encaja en tu propuesta tan contentos. Nada de regatear!

Cada vez que regateas un precio con un colaborador tu imagen de empresa respetable se queda en saldo de mercadillo: quien regatea condiciones, regatea muchos aspectos vinculados a su imagen. Piénsatelo…

 

 

Podría seguir… pero creo que ya es suficiente, al menos por hoy, para explicarte mi visión de sobre las relaciones entre colaboradores externos y empresas.

Si crees que necesita una segunda parte o una vuelta de tuerca, házmelo saber y nos ponemos tú y yo, manos a la obra.

 

P.D.: cualquier parecido con la realidad…es pura coincidencia.

 

Imagen: Tohappytogether.com

 

 

 

 

 

 

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El efecto Mary Poppins

Siempre me ha resultado fascinante este personaje que nos acercó Walt Disney en una producción mítica tras 20 años de duras negociaciones con Pamela Lyndon Travers, la autora de la saga que dio vida esta peculiar e inolvidable institutriz londinense.

 

No sé a quién debo agradecer todo lo que yo veo en este personaje, si a la innovación de Walt Disney o la tozudez de Pamela Lyndon de mantenerse firme en determinados aspectos de la niñera que la llevó a la fama. Pero lo cierto es que, insisto, me fascina.

 

Veo la película siempre que la reponen, me conozco sus canciones (incluso sus bailes) y cada vez, encuentro algún matiz interesante cada vez que la vuelvo a ver. Y como en diciembre estrenan “El regreso de Mary Poppins”, he retomado viejas costumbres y en este último pase, lo he visto claro: el efecto Mary Poppins. (Si eres un experto en el tema, por favor, quédate con el personaje de la película de Disney, no con la idea original de los libros de Travers, ni con la parte de autobiografía que pueda haber de ella en su saga)

 

Y es que estoy decidida a no ver solamente síndromes limitantes, sino también efectos potenciadores en los que puedas apoyarte y pueda apoyarme yo también para ser mejor profesional. Por eso quiero compartir contigo las bases de lo que hace tiempo llevo observando y he llamado el efecto Mary Poppins en el desarrollo profesional, que no es ni más ni menos, que todo lo bueno que veo en este personaje y que podrías poner en marcha en tu práctica diaria:

 

  • Utiliza métodos revolucionarios para conseguir sus objetivos. Tan estrambóticos, raros, innovadores que incluso son rechazados en muchos momentos. ¿Qué hay de ese momento bolso del cual salen lámparas, espejos o plantas para hacer más acogedora su habitación? ¿Y de las preguntas retadoras y reflexivas que lanza al Señor Banks (padre de los niños)? Es transgresora e incluso llega a ser irreverente en algún momento…

 

  • No es aceptada de primeras…y tampoco le preocupa. Cree firmemente en sí misma y no le importa resultar borde, fría o egocéntrica si consigue lo que se propone: un beneficio que va más allá de sí misma y que recae en las personas a las que acompaña en ese proceso de cambio. Posee una autoestima firme lo cual le permite afrontar las situaciones con las que se encuentra de una manera valiente (me encanta el momento en el que le dice al señor Banks que ella nunca da explicaciones a nadie…)

 

  • No pierde de vista el objetivo: nunca pierde el foco ni la perspectiva de lo que la ha llevado a ese lugar. Mide los tiempos, hace cesiones, negocia y adapta su estrategia según se van desarrollando los acontecimientos. Pero tiene siempre claro su cometido, no desiste aún en el peor de los escenarios posibles.

 

  • Se vale de la gestión emocional, la música y la gamificación en su cometido. Es divertida, muy divertida y con ello, consigue hacerse entrañable y ocupar un lugar importante en tu corazoncito mientras aprendes. Además se hace respetar porque sabe fijar con soltura y precisión los límites en las relaciones, en las situaciones. Posee un gran autocontrol, el cual infunde en cada acción que emprende e intenta promover en su entorno y lo hace a través del autoconocimiento y moviendo las piezas fundamentales de la motivación en cada uno de las personas clave de la historia. Si esto no es trabajar con inteligencia emocional….

“con un poco de azúcar esa píldora que os dan, la píldora que os dan… pasará mejor”.

 

  • Es una gruñona pero adorable estratega: Busca un cambio de comportamiento en un grupo de personas, y con cada una de ellas adopta una estrategia diferente sin olvidar nunca el objetivo global. Sabe perfectamente el lugar que ocupa cada persona en el equipo y maneja las reglas del juego, ya que previamente ha observado con detenimiento y se adapta a ellas, mientras consigue guiar los resultados a unos valores óptimos para todos. Y todo esto lo consigue con sonrisa y firmeza a partes iguales…

 

  • Adapta su comunicación a su interlocutor: nunca olvida que habla con niños y busca conseguir una comunicación clara pero con calado emocional (música, juegos). Pero también convive con adultos, con los cuales también consigue hacer llegar su mensaje de manera concisa y directa (no anda con rodeos, y eso…me encanta en ella!). Y así, con cada relación que establece, siempre se adapta a las necesidades comunicativas del otro, sin dejar de lado el objetivo de lo que quiere obtener. No hay mayor muestra de empatía en la comunicación que esa!!!

 

  • Nunca busca protagonismo, siempre está en un segundo plano. Aunque destaca por muchos motivos (sólo hay que verla llegar volando con su paraguas en un día de viento…) no es lo que pretende, sino todo lo contrario. Busca ocupar un papel secundario dando relevancia a los auténticos protagonistas de la historia, de su historia. Sabe con total seguridad que cada persona debe ocupar un papel principal en su propia vida tomando decisiones y siendo quien destaque, por eso no busca en absoluto agradecimientos, premios o medallas. Prevalece su sentido de servicio a los demás y de las cosas bien hechas.

 

  • Llega, pero no para quedarse: desde que llega sabe que su presencia tiene un final y ese será su éxito, conseguir que las personas a las que acompaña sean autónomas. No genera dependencias ni teje oscuros entramados emocionales, desde el primer día sabe que se irá cuando cambie el viento. Sabe que ha llegado para irse, que su presencia tiene los días contados, y que la situación ideal se dará cuando ella no está. Es “asquerosamente independiente”, como diría alguien a quien aprecio mucho. Y no todo ego, está preparado para eso…

 

  • Deja una huella imborrable, pero de las buenas. Con una de cal y una arena, con sus bailes y juegos, con sonrisa y severidad, a través de los retos que plantea y los cambios que facilita, consigue ser alguien con un valor incalculable en tu vida a pesar de no estar físicamente presente. Una vez se va, en tu cabeza resuenan sus frases, sus argumentos y reflexiones, te comportas como a ella le hubiese gustado y desde lo más profundo de tu corazón, le agradeces que haya formado parte de tu vida y siga estando presente de alguna manera en ti.

 

Y ahora ¿te imaginas lograr este efecto cuando acompañas a tus clientes en un proceso de cambio?

¿Y si fueses la Mary Poppins de tu equipo? Tanto desde el lugar del líder del equipo como el de uno de sus componentes…

¿Y si fueses tú quien da esa pizca de azúcar para hacer más llevadera esa amarga píldora que aparece en todas las organizaciones?

¿Y si fueses ese loca del bolso gigante y repleto de magia que canta canciones extrañas y a la que tus colegas recuerdan con una sonrisa en la boca?

 

No sé tú, pero yo quisiera ser Mary Poppins, tu Mary Poppins, siempre que lo necesites.

 

Imagen: pinterest.com

 

* Inspirado en mis alumn@s, colegas y clientes que consiguen hacerme ver realidad en la fantasía y viceversa… Y aprender, aprender muchos de de ell@s.

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Personas con alma: Luis de Sá “Las hojas y los pájaros”

Luis consigue sacar lo peor de mí: me crispa, me enerva, saca mi lado oscuro… Pero también me hace reír muchísimo y comparte una serie de valores que hace que nuestras conversaciones pasen del lado más frívolo al más profundo en cuestión de segundos.

Nos conocimos hace unos 4 años en un curso sobre comunicación y te prometo que me dio el curso. Es el típico alumno preguntón, que (sobre?)participa, cuestiona… En fin, que te das cuenta que está ahí. Y desde entonces, forma parte de mi vida y yo, encantada de ello. No puedo extenderme mucho en sus lindezas porque luego usará esta introducción en nuestra conversaciones y no tendré argumentos para defenderme.

Le encanta presumir de que le aprecio y de lo imprescindible que es para mí en muchas ocasiones…y muy a mi pesar, tengo que dar ella razón. Y es que Luis, puede parecer de entrada una persona que siempre está de broma, algo que a menudo confundimos con tener sentido del humor. Pero es de las personas más entregadas y generosas que conozco, en el más amplio sentido de la palabra: su hija, su familia, su trabajo, sus aficiones.

Nunca me lo ha confirmado pero intuyo que le gusta, le encanta, mi nombre. Y es que él y yo sabemos que tengo un sexto sentido según para qué cosas ;).

Posee un gran sentido de la belleza literaria y le encanta la Historia (con mayúscula, sí, sí) y todo lo que tenga que ver con Italia. Sabe mucho de personas, organizaciones y talento, cuando leas este texto que me ha regalado, lo comprenderás. Y entonces, no querrás perderle de vista, como me pasa a mí (a veces para mi desgracia 😉 ).

 

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A los dos días fue el funeral de Manuel. Como ya se encontraba bastante mejor de su mal, le dieron permiso en el hospital para asistir al funeral de su amigo. De hecho, fue en el coche con la doctora que había atendido a Manuel y que también se ocupaba de él. Ella era una chica morena, alta, muy fina y con un pelo largo y liso que, sobre todo cuando lo llevaba recogido, hacía que sus enormes ojos color miel resaltaran aún más. Se llamaba Lucía y había sido la primera de su promoción. Era una chica muy especial, ya que (quizás por su juventud) mantenía la humanidad a flor de piel, esa que muchas veces se echa de menos en algunos médicos más veteranos que se convierten en meros técnicos, sin ninguna dosis de empatía y asertividad. Además, tenía una capacidad sorprendente para captar hasta el último matiz de una conversación a pesar de que a veces parecía despistarse.

Ese día era el típico de un otoño asturiano, ovetense, era de esos días con una temperatura agradable y el juguetón viento de las castañas. Las hojas caídas dibujaban vórtices al paso de los coches de la comitiva fúnebre; ese efecto siempre le había gustado a Cayo observarlo por el espejo retrovisor del coche. Siempre había creído que mirar el vuelo de las hojas por el retrovisor al paso del coche era un placer que sólo él disfrutaba, pero de repente intuyó que Lucía estaba haciendo lo mismo, podía ver en sus enormes ojos reflejadas las hojas que parecían querer atrapar el coche.

– “Lucía, ¿puedo llamarte Lucía? – le preguntó.

– “Por supuesto” – contestó ella.

– “Perdona, pero ¿es posible que estés observando cómo las hojas dibujan remolinos en el aire al paso del coche?

Ella se quedó unos segundos sorprendida y un poco ruborizada. Cuando consiguió recuperar la compostura, respondió:

– “Pues la verdad es que sí. Lo llevo haciendo desde que era niña. Un día iba en el coche con mi padre y un pájaro se estrelló contra el parabrisas, deslizándose hacia el techo y después cayendo al asfalto por la parte de atrás del coche, obviamente muerto. Como empecé a llorar, mi padre paró el coche, pasó al asiento trasero conmigo y me contó esta historia:

– “Lucía, verás, cuando un pajarín choca contra un coche, no se muere, sino que se convierte en hoja y cada vez que pasa un coche, sale volando detrás haciendo dibujos en el aire. Verás, vamos a ver cómo juegan”.

– “Entonces, mi padre volvió al puesto del conductor, puso el coche en marcha y condujo hacia una zona de la carretera en que había un montón de hojas de castaño. Cuando íbamos a pasar por encima de las hojas me dijo:

– “Amor, ¡mira cómo las hojas que antes eran pájaros juegan cuando pasemos!”

– “Yo miré y lo que vi fueron millones de pájaros que ahora eran hojas jugando felices a nuestro paso. Y la tristeza se me tornó en alegría. Así era mi padre. Y desde entonces, siempre que paso con el coche sobre hojas miro por el retrovisor, y veo los pájaros…y veo a papá”.

Ambos quedaron un rato en silencio, que fue roto por el chirriar de los frenos del coche en que iban y la parada un tanto brusca que hizo al llegar al aparcamiento del cementerio.

 

Yo, no sé a vosotros, pero a mí, cada vez me parece más y más importante saber observar el comportamiento humano, en sus más nimios detalles, así como Cayo observó a Lucía mirando las hojas por el retrovisor. A partir de esa capacidad de observación fue capaz de conectar con ella en el plano afectivo. Esto desencadenó una serie de recuerdos muy íntimos en ella que la hicieron a su vez abrirse a su compañero de viaje. A partir de ahí, tuvieron una conexión mucho más clara y profunda.

Si fuéramos capaces de observar así a nuestros interlocutores, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros equipos, ¿no obtendríamos mejores resultados?, ¿ambientes de trabajo más humanos?, ¿no mejoraríamos mucho la experiencia del empleado? Y, además, ¿no conseguiríamos que todos y cada uno de los miembros de nuestras organizaciones fueran los mejores embajadores de marca? Porque, seamos conscientes, todos y cada uno de los miembros de una organización son embajadores de la misma (queramos o no); por eso debemos intentar que sean buenos embajadores.

 

Por otro lado, ¡qué bonita la forma en que el padre de Lucía le cuenta la historia de las hojas y los pájaros!, ¿no?

¿Qué fue lo que hizo el padre de Lucía?:

  • Paró el coche y pasó al asiento trasero. Es decir, se tomó con la máxima importancia lo que en aquel preciso momento preocupaba a su hija. Priorizó lo que era en ese momento más importante, y lo hizo en el momento, no lo pospuso para cuando fuera para él más cómodo. Lo importante era la tristeza que invadía en ese momento a su hija. ¿Qué pasaría si no obviáramos las emociones de quienes nos rodean y además las atendiéramos en el momento en que son más intensas? Quizás estemos perdiendo a diario muchas oportunidades de conectar en un plano muy íntimo con quiénes nos rodean (organizaciones incluidas).
  • Se inventó la historia de las hojas. Con ello adaptó su mensaje a su interlocutora, su hija, una niña de unos cinco años. Ya sé que es una cosa obvia y muy manida, pero ¿en realidad adaptamos siempre nuestros mensajes al interlocutor? ¿No nos dejamos a veces llevar por un afán egoísta de parecer más que el otro y usamos términos que sabemos que el otro no maneja para parecer superiores? Y ¿qué efecto produce eso en el otro? ¡Cuántos conflictos se generan en una organización o en nuestra vida personal, por una mala comunicación, por no hablar en la misma onda! Y muchas veces diciendo lo mismo, pero sin entendernos.
  • El padre de Lucía, después de tomarse su tiempo, con cariño (y por qué no decirlo, con amor), de inventarse la historia, de hablar en el mismo plano que su hija, hizo una tercera cosa que es imprescindible para cerrar el círculo de la confianza: volvió a su puesto, condujo el coche hacia una zona de hojas de castaño y pasó por encima haciendo volar las hojas. Y ahí se hizo el milagro: ¡Lucía vio millones de pájaros jugueteando detrás del coche! Es decir, demostró en la práctica lo que había dicho. Si somos capaces de comprometernos en algo con nuestros compañeros, colaboradores, amigos, familiares… y cumplirlo, estaremos generando uno de los elementos más importantes (al menos para mí) de los que podemos gozar como personas: seremos confiables. Y la persona que es confiable habrá generado la mejor marca personal posible. Aquella persona de la que te fías será siempre alguien a quien sigas, ayudes, con la que colabores, la aceptarás como tu líder. Y si eres una persona confiable, tu huella será mucho más indeleble que la de cualquier jefe formal por muy investido de autoridad que esté por la organización o por la sociedad. Y esta será una marca personal inmortal, pervivirá en todos aquellos que te hayan conocido.

Lucía siempre se acuerda de su padre al pasar sobre las hojas secas, y lo hace con alegría, no con emociones “negativas”, porque su padre dio la máxima importancia a su preocupación, le dedicó el tiempo necesario, lo hizo en el preciso momento y le demostró con acción lo que decía.

Imagen: google.com

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Morir de ego

El ego, ese ente del que todos hablamos y damos consejos sobre cómo gestionar para mantener equilibrado, mientras es engullido por el nuestro propio. El ego, esa parte del ser humano de la que presumimos tener bajo control y nos lleva a callejones sin salida de manera constante.

 

Sí, lo sé, el ego ha de existir, es condición humana, pero…

¿por qué hablamos continuamente de él como si fuese un animal doméstico cuando en realidad es una bestia indomable que se apodera de nosotros?

 

Cansada de leer sobre cómo gestionar egos ajenos (importante, nunca el propio, no vaya a ser que no pueda/quiera), hastiada de encontrarme con lecciones magistrales sobre el daño que hace un ego sobredimensionado a las organizaciones y a las relaciones, y sobre todo aburrida de que siempre se hable en tercera o segunda persona (siempre son los demás los que tienen el ego desbocado, nunca uno mismo), me he decidido a desnudar mi ego para ti.

 

Como una cura de humildad que todos necesitamos en algún momento (o en muchos), me voy a quitar aquellas capas de ego que veo tan a menudo en mi sector (sí, sí, en el mío que tanto vende y proclama la gestión de egos y personas, que es más sangrante aún).

Y voy a ser tan sincera como me permita el propio ego, porque por mucho que profundice en el autoconocimiento y me lo curre como una campeona, qué quieres que te diga, pues que todavía me falta para ser experta en mí misma. Con lo que ser experta en autoconocimiento así en general, peor me lo pones.

Pues verás, por mucho que digamos que nos gusta rodearnos de personas que brillen más que nosotros, de las cuales aprender, bla, bla  y bla… yo he sentido miedo. Me encanta aprender, mejorar y crecer y eso sólo es posible si te rodeas de personas mejores que tú, que te impulsen a ello, pero sí, he tenido miedo. Miedo de no llegar a cumplir mis y sus expectativas, miedo de los agravios comparativos, miedo del aprovechamiento fruto de la desconfianza. No es todo el tiempo, se lucha contra ello y se vence, pero no siempre se consigue. Y quien te diga lo contrario miente, o eso creo…

 

Y hablando de egos, con el éxito hemos topado y con las prisas de crecer, de sumar seguidores, de engordar los perfiles y las cuentas bancarias. No me vengas ahora con que hay que hacerlo de corazón, porque no te lo crees ni tú y de paso, ni yo. Cierto que lo hago con el corazón porque me gusta mi trabajo, y me vuelco para que salgan bien las cosas, porque con ello se pone en juego mi profesionalidad, mi imagen y la confianza depositada en mí…Sigo rascando que cada vez escuece más. Y al ponerse en juego mi profesionalidad,  puede verse perjudicado mi orgullo, mi valía, mi yo, vamos mi ego. Que de paso, también velo por los intereses de las personas que componen y dan forma al proyecto, eso nunca se olvida, pero que lo hago con mi ego guardado en una caja fuerte a buen recaudo…como que no.

Es entonces cuando llega un día en el que me doy cuenta de el éxito puede ser la tumba, me voy a morir de éxito, de que ¡me voy a morir de ego! Y total, ¿para qué? ¿Me compensa? ¿Compensa a quienes me rodean? Aquí sí que me trabajo bien el ego, lo doblo según los criterios de la japonesa Marie Kondo y bien plegadito al cajón. Pero admito que esta gestión, me viene como resultado de haberme visto fuera de mí misma, incluso fuera de control por miedo a ver dañado mi ego, ese del que presumo manejar tan bien.

 

No soy perfecta, hace tiempo que lo sé, pero ¡me fastidia admitirlo según en qué aspectos! Me gusta hacer las cosas con buenos resultados, que sean valorados por las personas que me importan, me encanta encontrarme con gente que coincida conmigo en valores. Vamos, que me gusta alimentar mi ego y protegerlo, y como ya he admitido que no soy perfecta, puedo permitirme el lujo de decirlo así, tal cual. Yo soy la principal “culpable” de que mi ego aumente de tamaño  y lo hago de manera consciente e inconsciente. Luego se me va de las manos y ya no me gusta tanto, ahí es donde tiro de abuela materna, que es la persona con mayor capacidad que conozco para reajustar el tamaño de tu ego de un plumazo, te deja como nueva (cosas de la genética de la cuenca del Nalón).

Y si aún así se resiste, siempre me queda mi marido que me hace bajar de las nubes con tan sólo mirarme o mi madre al hacer ver que no sabe realmente a qué narices me dedico. Para ese ego fuera de sí, una buena dosis de realidad y quedo como nueva. Sería ideal que siempre fuese yo la que llegase a esta conclusión por mí misma, pero ya he vivido algún episodio donde mi ego me ha cegado y he llegado a rozar la enfermedad por exceso de trabajo o agotamiento mental. Y sí, esto también son problemas a la hora de gestionar mi ego.

 

No te creas que ha sido fácil sentarme a contarte esto, yo me que las doy de ser una apasionada (qué pesados somos con la pasión, de verdad!) del autoconocimiento y buscadora empedernida de la aplicación de la gestión emocional.

Yo, que escribo post quincenales con recomendaciones y te acerco la teoría a la práctica.

Yo…he de admitir que, como tú y como el resto de mortales, nos encanta alimentar nuestro ego.

 

Imagen: google.com

 

*Artículo de colaboración el blog de Silvia Saucedo, no dejes de seguirla en su blog y en su programa de radio en Radio Guadalquivir 107.5 fm.

 

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Para qué (me) sirve un blog

El verano sirve para muchas cosas,  además de descansar, viajar o hacer algo diferente a lo que haces el resto del año.

 

Como cada verano, aprovecho el cambio de ritmo para hacer reajustes que voy aplazando durante el “curso”: la estrategia en redes sociales, los diferentes perfiles  en la red, la web, la gestión de la red de contactos…y el blog.

 

En estas semanas me pondré a fondo con el mío, pero el resultado ya lo verás a partir de septiembre. Ahora, prefiero contarte lo que me ha aportado en estos 2 años publicando quincenalmente (más o menos…) y todo el ensayo previo en los diferentes perfiles o en colaboraciones periódicas 9 años atrás.

 

Lo que te voy a contar no tiene nada de didáctico, para eso ya tienes otros perfiles en la red especializados en posicionamiento, marketing online o marca personal. Esto es, sencillamente, mi historia amor con el blog…

 

1.- Me ayuda a estar en forma: no soy especialmente deportista, en lo que a nivel físico se refiere, pero lo de darle al coco, es otra historia. El blog, me obliga a estar al día, a no acomodarme, a leer mucho, estudiar, investigar, indagar y conocer nuevas temáticas, profundizar en unos aspectos y descartar otros. Mi cerebro a veces echa humo y necesita tomar distancia, pero es un ejercicio constante a muchos niveles.

 

2.- Me proporciona un espacio para crear:y no cualquier espacio, MI espacio. Donde soy la dueña y señora de todo lo que se cuece, y donde me arriesgo a que te encante, lo compartas, me acompañes y crezcamos juntos…pero también a que me ignores, me critiques, me odies o incluso te burles. Es blog acaba siendo una seña de identidad, una parta imprescindible de tu estrategia de marca. Esa es la cuota que se paga por la exposición, pero la pago gustosamente porque implica la siguiente…

 

3.- Me hace más fuerte:tras cada post, cada publicación y repercusión en la red, siempre toca analizar lo ocurrido. No soy muy cuidadosa con las analíticas (debería serlo ya lo sé, pero no lo soy), pero además de los números valoro otros aspectos del efecto del post en la red. Y a veces, me ha sorprendido para bien y ha llegado lejísimos, más de lo que podía imaginar, pero otras, no he conseguido conectar a pesar de que me encantaba el contenido, lo había preparado a conciencia y estaba hecho con todo el cuidado. Incluso, en otras ocasiones, se ha malinterpretado y usado en mi contra. Y todo esto, que ensancha el ego y escuece a partes iguales, lo que consigue es forjar carácter y asentar pilares, si te lo curras y sudas, claro.

 

4.- Me permite desarrollar mi forma de expresarme: con todo el trajín de lecturas, aprendizajes y asimilaciones, conseguir resumir todo lo que quiero contar en un texto con una estructura lingüística adecuada y dotarla de estilo propio, supone todo un reto. Y hacerlo, cada 15 días y conseguir que sea entretenido, pero profesional y que refleje mi estilo, hacerlo de manera coherente con el resto de redes sociales y que se pueda ver mi esencia fácilmente a través de unos cuantos posts. Buf… parece más complicado de lo que es al leerlo así de golpe, pero sí que supone un ejercicio de autoconocimiento y cambio constante que va más allá del “hoy tengo que publicar”.

 

5.- Me sirve para hacer llegar lo que hago (y lo que puedo llegar a hacer):puedes enfocarlo desde el punto de vista de emprendimiento, de búsqueda de empleo, desarrollo profesional o gestión de tu marca personal, pero un blog es una especie de cv vivo y tarjeta de presentación virtual mucho más completa que les dice a quienes te leen a lo que te dedicas. Y según tu capacidad redactora y productiva, también de contar historias, hacer tutoriales o guías didácticas o lanzarte al mundo del videoblog como yo en este 2018. De cualquier forma, es una vía de comunicación más para hacerte llegar mis conocimientos, mi experiencia, mis capacidades y competencias pasadas, actuales y las futuras: todo lo que puedo hacer por ti, contigo, te lo cuento a través de mi blog.

 

6.- Me ofrece la posibilidad de hacerte llegar quien soy:esta parte es un poco más dolosa. Aunque personalmente es la que más me gusta, también soy consciente de que es una de las más temidas. Esa exposición a la crítica, al rechazo, pero también a gustar y a conectar con personas que hablamos antes, es mucho más arriesgada si va ligada a los que eres, y no tanto a lo que haces. Inevitablemente…ocurrirá, cuando tu posts lleguen y gusten, creerás que gustas tú. Y en el caso contrario, pues también tiene que ver contigo.

Incluso, más allá de esto de los likes, en tu forma de redactar, opinar, las temáticas te tocas, tus enfados o diplomacias, se dejará entrever tu forma de ser y eso es tremendamente bonito pero atrevido. Porque hará que llegues a muchas más personas y lo harás de verdad, de corazón pero al mismo tiempo, también hará que te rechacen de forma más clara al abrirte. Y por si fuera poco, esto conlleva….

 

7.- Me da visibilidad:aquí no me extiendo mucho, porque se basa en algoritmos, posicionamientos, SEO y demás temas que parece que domino pero sólo tengo localizados. En resumen: es una secuencia lógica después de probar con perfiles más profesionales (LinkedIn), serios (Twitter) o informales (Facebook o Instagram), supone el siguiente nivel de interacción con tu comunidad para llegar más lejos. El dónde y el para qué, ya lo pones tú, como te decía al principio, a mí me toca revisar de nuevo los míos este verano.

 

8.- Me hace llegar a más personas:y si eres más visible, llegas a más personas, y si llegas a más personas, pues conectas más, venden más, creces más, eso ya es a gusto del consumidor. Porque digo yo que a estas alturas del post, ya sabrás que el blog tiene que tener un objetivo, una estrategia, vamos! Tiene que ver con el punto 5, pero exponencialmente a cuantas más personas llegues, a más les llegará tu mensaje

 

9.- Me proporciona un estructura profesional en la red:en mi caso es un blog dentro de una web profesional, pero no tienes porqué tener una web como tal. Puede ser un espacio virtual que te sirva para expresar ideas, generar debate, ofrecer soluciones, profundizar en aficiones…pero no lo olvides que lo haces dentro de una estructura que, además de dejar una huella digital, lo haces en un formato que implica (supuesta) profesionalidad. En este punto, menos es más: si vas hacerlo, hazlo bien. Cuida los detalles, elabora los contenidos, revisa su impacto, estudia los resultados, sírvete de sus beneficios…..

 

10.- Me ocupa mucho tiempo: y no lo digo como algo negativo, pues es una inversión más en mi campo de trabajo. Pero no te equivoques: el blog, no nace, crece y se reproduce por sí mismo, hay que cuidarlo muchísimo y dedicarle horas de trabajo y de análisis para que no se muera. Pensar en hacerte un blog como forma de monetizar tu existencia en la red a corto plazo es una especie de chiste, y además malo. Un blog es otra cosa, sobre todo es un espacio propio donde expresarte, comunicar y disfrutar de contar cosas, con el objetivo que sea, pero como todo en la vida, no es gratuito y sus resultados siempre son a medio-largo plazo. El tamaño de esos plazos, dependerá única y exclusivamente de tu esfuerzo, inversión y capacidad de trabajo.

 

Imagen: google.com

 

 

 

 

 

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#PersonasConAlma: Bonisú Fernández: El análisis de sentimiento, Big Data, Inteligencia Artificial y Psicología

Espero que ni te plantees una media sonrisa al leer su nombre, porque es tan excepcional como ella.

Esta brillante matemática asturiana, posee una de las mentes más talentosas y despiertas con las que haya compartido conversaciones en los últimos tiempos. Apasionada de los números y del aprendizaje constante, lidera un departamento de Data Analytics en plena expansión en una empresa tecnológica asturiana tan ocupada (no preocupada) en los resultados como en la gestión del talento que atesora en sus filas.

Conversar con ella es un lujo siempre que lo hacemos, y cuando ella cree que soy yo la que da luz a muchas de sus dudas, la eternamente agradecida por lo aprendido soy yo. Consigue hacer sencillo lo complejo, logra que ames  (aunque sea mientras estés a su lado) y comprendas los números tanto como ella y sobre todo, ha conseguido expresar con palabras y muchísimo criterio científico lo que yo no soy capaz a defender en muchos foros: la importancia de la psicología, de la parte humana en todo este tsunami del Big Data.

Talento asturiano en femenino que viene pisando fuerte, yo que tú, no le perdería la pista.

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La creciente tendencia del uso del análisis de sentimiento para contextualizar la ingente cantidad de comentarios, opiniones, gustos, …. que se manifiestan diariamente por múltiples canales resulta muy útil para extraer información subjetiva que se complementa a la analítica del dato objetivo, sobre todo para entender su polarización (positivo, negativo o neutro) y actuar en consecuencia (potencia, contrarrestar o incentivar, respectivamente).

 

 

Su objetivo primordial es extraer aquellos términos semánticos que expresen un sentimiento particular para conocer la opinión, las actitudes, las expectativas sobre un tema en concreto y analizar el comportamiento de los usuarios ante un mensaje lo que permite determinar su impacto y anticipar la reacción.

Sin embargo, no resulta nada sencillo debido a que el lenguaje natural es ambiguo, ya que ni siquiera entre nosotros nos entendemos en todas las ocasiones (y sino remitámonos a los malos entendidos).

En el fondo todos hacemos instintivamente análisis de sentimiento, está el que habla y el que escucha e interpreta lo que se ha dicho, es la interpretación la que en ocasiones aboca a una divergencia llegando a un análisis erróneo. Entonces si entre nosotros existe la divergencia, ¿cómo podemos conseguir hacérselo entender a una máquina, si ni siquiera nosotros no lo tenemos claro?

En el diseño de estos sistemas se combinan distintas áreas:

 

 

La algoritmia de la minería de datos encuentra patrones que conduce al procesamiento del lenguaje natural, el cual transforma el texto en un idioma que una máquina pueda comprender a lo que le sumamos el Big Data para la recabación masiva de información que permite refinar el desempeño de los algoritmos y finalmente la inteligencia artificial utiliza la información obtenida con el PLN para determinar las categorías de sentimientos y sus polaridades.

Y si vamos un poco más allá, de utilizar este nuevo conocimiento para beneficiar a las estrategias de negocio en sí (como es la mejora de percepción de marca, fidelización, …) para realmente comprender la psique de forma masiva, es decir la psicología del dato.

En ocasiones la psicología ha visto limitado su alcance por la imposibilidad de acceder a una gran cantidad de individuos en su ambiente natural, pero gracias al Big Data esa información está disponible y gracias a las redes sociales esa información se genera en un contexto natural para las personas, sin embargo, el problema es que los psicólogos como individuos ya no pueden lidiar con los métodos tradicionales para abordar esta masividad de información no queda otra que evolucionar.

Gracias a todas las nuevas tecnologías y técnicas que surgen resulta más sencillo, económico y con menor dilatación en el tiempo elaborar extrapolaciones de la información analizada de muestras muchísimo más grandes de individuos.

De hecho, ya se trabaja en investigaciones que intentan vincular el comportamiento en redes sociales con ciertas características de personalidad, lo que puede incluso a conducir a desarrollar algoritmos para detectar comportamientos depresivos dependiendo del tipo de publicaciones.

Otro estudio usa el análisis de los “me gusta de facebook” combinadas con pruebas de personalidad para discriminar características como orientación sexual, sustancias adictivas, edad, genero opiniones políticas, personalidad, ….

Y si damos otro paso más, una vez conseguido que nosotros como especie nos comprendamos mejor ¿y si se lo hacemos comprender a las máquinas?, una nueva fase para la inteligencia artificial e incluso robots (como elemento físico con el que interactuar).

El gran obstáculo para escuchar y comprender a una persona es el reconocimiento de emociones entonces la búsqueda de un patrón de reconocimiento que aprenda por sí mismo a evaluar las expresiones faciales como la dilatación de las aletas de la nariz o cuánto de entrecerrados están los ojos sumado a la monitorización del pulso o concentración de oxígeno en la sangre dan la posibilidad de ponderar las emociones.

Una vez que la máquina a comprendido las emociones, tiene que procesarlas para que nos sea verdaderamente útil, llegando a ramificarse en función de sus objetivos.

Entre la IA “social”:

  • El robot asistencial: detectar hacia que interlocutor dirigirse y en que tono de voz hablarle.
  • El robot que no se cansa de responder siempre a lo mismo: dedicado a personas con enfermedades como el alzhéimer o la demencia o incluso para la enseñanza.

También IA “amiga/psicóloga”: un robot que supla la necesidad de compañía, que escuche, tenga una conversación, proporcione consejo e incluso aprender sobre la filosofía de la vida, una especie de psicólogo y coach al mismo tiempo.

El futuro no solo nos conduce a análizar datos masivos derivados de las nuevas tecnologías, y ver el crecimiento del arquitecto de datos, del científico de datos, sino además hay obtener tantos puntos de vista distintos como sea posible y uno de ellos es el aspecto psicológico de los datos, lo que perfila una nueva profesión: el psicólogo de datos. Esta profesión permitirá profundizar en el aspecto deontológico para saber diferenciar entre los que podemos saber y lo que necesitamos saber de una persona para contribuir a la mejora de su salud metal y calidad de vida.

Si quieres saber más de Bonisú Fernández, ya sabes…

Imágenes: google.com

 

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Palabras tabú que deberías introducir en tu discurso (interno) para triunfar

He puesto “deberías” para captar tu atención (y espero haberlo logrado), pero en realidad lo que quiero decir es “me gustaría”.

 

Me gustaría que al finalizar este post te planteases el motivo de porqué al usar determinadas palabras, te suben escalofríos por la espina dorsal cuando en realidad pueden ser la llave a conseguir tus objetivos.

 

Me refiero a determinadas palabras tabú que en principio no lo son, no deberían serlo o incluso ni siquiera las usas en tu día a día. Y de ahí que sean tabú sin serlo. Como  ya sabrás, tabú viene de un vocablo polinesio que significa “lo prohibido”, por lo que llevado al lenguaje, hace referencia a palabras prohibidas.

 

En la relación que estableces con los tabúes, cometes fallos al ignorar su origen y asumirlos sin más, de manera implícita acatas su uso y los incluyes en tu forma de sentir, pensar y actuar. Y al ignorar ésto, sientas las bases de algo que puede ser perjudicial para tus resultados vitales. De hecho, en la mayoría de ocasiones no eres consciente ni siquiera del propio uso o desuso de estos conceptos en tu día a día.

 

Hay tantos tabúes como personas, como historias, como culturas, como formas de pensar, y para ello muchos expertos han dedicado horas de estudio y nos ayudan a intentar eliminar o manejar su uso nocivo, desde los sexuales, políticos, raciales o la propia muerte.

 

Hoy me apetece centrarme en una palabra clave que aparece de manera recurrente en mi profesión: ESTRATEGIA.

Y ahora, dime ¿qué imagen o expresiones te vienen a la mente cuando aparece esta palabra en tu discurso, ya sea privado o público?

¿Cómo?

¿Qué ni tan siquiera la usas?

 

Las palabras más frecuentes con las que se relaciona son frío, calculador, táctica, militar, manipular, guerra… Y si entramos en detalles de imágenes, suelen tener que ver con campos de batallas sangrientos, armaduras invencibles o ejércitos que se dirigen irrevocablemente a la muerte. Quizá consideres que me he puesto en plan “drama”, pero drama es que el vivo yo en cada proceso, con cada cliente, cuando nos ponemos a fijar unos objetivos y definimos los pasos a seguir para conseguirlos… y surge esta palabra.

Sencillamente, una estrategia es la guía de las acciones meditadas y evaluadas de manera reflexiva que te van a dirigir a un fin, desde enamorar a una persona que ignora tu existencia, hasta conseguir escribir un libro pasando por encontrar un trabajo que se amolde más a tus necesidad actuales.

Querido, cómo no me vayas con mente de estratega por la vida te quedas para siempre en la casilla de SALIDA, y resulta que tu fin es llegar a la meta, y además, antes y menos cansado que los demás. Pues empezamos bien.

 

Necesito, y además, con urgencia, que te sientas un estratega sin que te estremezcas, sin sentirte frío ni calculador (coletilla por excelencia al respecto de esta palabra que, personalmente, me maravilla). Necesito que te consideres el comandante de tu ejército, el capitán de tu barco, sin que ello implique necesariamente que eres un tirano o un actor que falsea sus intenciones.

 

Lo que ocurre es que, al igual que con los tabúes y su origen en ti, te pasa con tus intenciones, con tus objetivos. Que los tienes pero los ignoras, sabes que están ahí pero no los tienes claros, definidos. Y cualquier estrategia sin objetivo, es un sinsentido. Normal, que al hablarte de ella, te veas enfundado en una pesada armadura medieval que te bloquea y te ralentiza, normal.

 

Quítate ese peso de una vez: ser estratega es tan necesario como el respirar, porque será la única forma en la que consigas vivir de verdad. Y puedes hacerlo, serlo en tus relaciones personales, en tu profesión, en tus aficiones, porque yo tengo claro que cada vez que emprendes una acción, buscas algo. Y tú, deberías tenerlo claro también. Esto, y también lo qué buscas, de ahí la confusión en todo esto.

 

Necesito que alejes de ti la sensación de que ser un estratega es no actuar de corazón, ni de buena fe, ni con nobleza. El cine bélico nos ha hecho mucho daño al respecto, las consecuencias de las decisiones políticas que vivimos a nivel mundial también, la propia narrativa con tintes oscuros, ha hecho que vinculemos esta palabra a algo nocivo y de lo cual queramos huir a toda costa.

 

Te pido por favor, que empieces a usarla con otras connotaciones, con aquellas que la asocian al control sobre tu vida, a la gestión de los factores que dependen de ti y que impactan en tu éxito. De hecho, trabajo habitualmente con mi propia fórmula al respecto, que me funciona tremendamente bien para trabajar los resultados óptimos y de la que, si te apetece, te hablaré en otro post e incluye, irremediablemente la ESTRATEGIA en una de las fracciones de las que se compone:

 

(OBJETIVO ESPECÍFICO  + ESTRATEGIA DEFINIDA)   X   ESFUERZO   = RESULTADOS ÓPTIMOS                                              

                                                         HUMANIZACIÓN                                                                                              

No puedo (ni tiene sentido) cambiar el motivo de porqué has desterrado de tu vocabulario la palabra estrategia o de porqué la usas con un matiz turbio, pero sí quiero ayudarte a que reflexiones sobre cómo incluirla en tu discurso de forma sana, y comprender que te puede hacer más poderoso.

 

Yo, sólo quiero que seas estratega de tu vida, de tus batallas y que veas la vida de forma más clara. No detrás de una coraza que limita y no permite avanzar, sino desde la claridad que te permita tener más luz y foco en lo que te propones, y sobre todo, en cómo conseguirlo.

 

 

 

Para ello ya sabes por dónde debes empezar, por punto de partida de cualquier proceso: el autoconocimiento. Sabes de sobra lo vital que considero esta herramienta de desarrollo para el ser humano, por lo que te invito a que profundices en ella si te apetece en el enlace.

 

Imágenes: Pinteresto.com y Pixabay.com, respectivamente.

 

 

 

 

 

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#PersonasConAlmaAnónimas: ¡Maldita cafetera!

No, no es el título de ninguna canción de emisora Millenial ni lo que piensas cuando se te atasca la cápsula de la Nespresso. Es lo que pensó la protagonista de esta historia cuando su horizonte laboral empezó a volverse oscuro.
Y obviamente, el problema no era el café ni la cafetera…

Te cuento a través de mis ojos esta historia que ha tardado más de un año en ver la luz y ha tenido que ser a través de los míos, porque los de la protagonista aún se nublan al hablar de ello.

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Me veo caminando como cada día, paso a paso voy cruzando aceras y calles que me llevan a mi trabajo. No canto ni bailo porque soy de carácter reservado, pero si pudieras verme “por dentro”… lo estaría haciendo. ¿Sabes esa sensación de sentirte bien y plena con tu vida, con tu trabajo? Pues esa, soy yo. Sólo que por fuera, no se ve.

Llegar a la oficina y sentirte una más del equipo, estar alineada con los objetivos de la empresa (con lo difícil que es eso!) , saberte valorada… Eso es lo que hace que cada día vaya con una sonrisa a trabajar, a pesar de los imprevistos y dificultades que surgen. Como en cualquier contexto donde conviven personas, porque las organizaciones están hechas de eso, personas.

 

Y me veo allí tan feliz, en mi puesto de trabajo: llamadas, clientes, informes, papeles, visitas… Todo fluyendo, con pequeños tropiezos que se solventan con esfuerzo y colaboración de todos, y con ganas de ir a más, siempre de ir a más.

Así me veo hasta que un día, después de muchas sutiles señales de el cambio estaba por venir, se hacen evidentes mis sospechas: soy un estorbo. Cuando alguien llega nuevo a un equipo siempre hay una fase de reajuste, con recelos y desconfianzas por ambas partes, que con el tiempo desaparecen si hay buena intención y ganas de colaborar. Pero cuando el fin de esa incorporación es otro, obviamente los resultados también.

 

La aparición de una nueva persona en escena, precipita una serie de acontecimientos tan desagradables como despidos, ceses fulminantes, cambios drásticos en funciones. Todo ello acompañado de la peor parte de esta historia: desprecios, insultos, mentiras, menosprecios, bloqueos, presiones, faltas de respeto… que se expanden como el lodo en toda la organización. Tardan en llegar a mí, por la posición que ocupo, pero me afecta igualmente el hecho de ver como aquello avanza como la peste y no puedo hacer nada. Es más, sé que tarde o temprano llegará mi hora.

 

Y llega. Llega el momento: ¡maldita cafetera! Me resulta más fácil culparla a ella y que sea foco de mi ira, sobre todo, de mi frustración. Porque unas cápsulas de café (sí, como lo lees, unas cápsulas!) son la gota que colma el vaso en esta situación de mi anulación en la empresa se instala de manera permanente, y contra la que lucho todo lo que puedo. No es mucho, porque no en realidad no sé ni contra qué ni contra quién lucho, pero lo intento.

Durante meses, incluso años, la sensación de impotencia e indefensión se apodera de mí, llegando a generarme enfermedades como consecuencia de resistir en este ambiente tan hostil. Pero no es fácil dejar un trabajo que te gusta, en el que llevas media vida y para el que sabes que estás hecha, y sobre todo, sin saber el motivo por el cual todo ha cambiado y ya no es lo mismo.

 

¡Maldita cafetera! Me vuelvo a repetir una y otra vez. ¿Es por usarla más de lo debido, por dejar atascada la cápsula o por terminar el Ristretto y no reponerlo? No acabo de encontrar el motivo real de la decisión de mi despido un día de verano, previo a mis vacaciones. Y la culpo a ella, a la maldita cafetera. A sabiendas de que esto no tiene que ver ni con el café ni mucho menos con la cafetera, pero sí tiene su poso amargo cuando lo calientas más de la cuenta.

 

Después de montar y desmontar mil hipótesis sobre la cafetera y su influencia en mi futuro laboral, y a punto de tomar rumbo al sur como destino de vacaciones, soy despedida. Así, sin más. “No vuelvas más” tan sólo eso. Y ya no lucho, porque ¿contra qué? ¿contra quién?

 

Cruzo el país de punta a punta, esperando que el aire cálido del sur secase las lágrimas que he derramado durante el combate que había empezado por la maldita cafetera y de la cual no había podido tomar parte en realidad. Esas lágrimas que me acompañan a lo largo del viaje y que en parte, también son un indicador del alivio que siento porque todo ha acabado. Yo, nunca habría tomado la decisión por mí misma, no habría sido tan valiente. O quizás mi valentía fue la de quedarme y defender mi postura y aquello en lo que creo de la mejor forma que pude.

 

Aún hoy no tengo la respuesta, sólo sé que el sur, como siempre alivia mi dolor y me ayuda a ver de forma más clara la liberación que supuso para mí. Pero también aún hoy, se me nublan los ojos al pensar en todo lo que influyó en mi carrera, para mi acceso de nuevo al mundo laboral, en mi vida…y para no soportar ver una Nespresso a menos de 10 metros nunca más.

 

Imagen: Daria Grad-Berdak (pinterest.com)

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Cariño, tengo celos de Twitter…

* Dedicado a una persona excepcional con la que comparto mucho más que una vida: mi marido, Jaime Gayol.

Y de Facebook, de Linkedin, de Instagram, de Pinterest. O de cómo el peso de las redes sociales se puede volver una losa en nuestra contra….

Cuando ya pensaba que mi vida “social” era estable y tenía controlados Facebook y Linkedin como herramienta de trabajo y forma de difusión profesional, va y aparece él: Twitter. Sé que la gran mayoría de vosotros ya le conocíais o incluso sois influencers, pero no es mi caso.

A pesar de tener la cuenta activa hace casi 7 años, era un noviazgo que no había comenzado, simplemente nos habían presentado y ahí había quedado la cosa. Pero en estos últimos meses, la relación parecía que empezaba a tomar forma. Había comenzado a trabajar mi marca personal de manera más intensa y había visto claramente que era algo necesario y muy positivo, diría que casi imprescindible, el saber moverse adecuadamente en esta red.

 

Me encontraba inmersa en conocer su lenguaje, en seguir a los perfiles que me interesaban, en adaptarme a su ritmo y además amoldar mis necesidades a lo que me ofrecía. Pero en realidad, lo que me encontraba era agotada!!! “Da igual” me decía, “no desistas, lo dominarás” Y mientras persistía, tenía claros mis objetivos y quería llegar a un determinado número de tweets al día, de tener cierto número de seguidores y de que mi puntuación de Klout aumentase, me di cuenta de que me estaba perdiendo algo importante: mi vida.

 

Un día cualquiera, después de una larga jornada sin ver a tu familia, sin tener tiempo para tus amigos ni jugar con tu hija, me dispongo a “currarme” el Twitter y oigo a mis espaldas: “Cariño, de verdad, le tengo celos a Twitter”. Y aquella frase de mi marido me rompió por dentro, fue una bofetada de realidad para mí.

 

Aquí es donde empieza realmente la reflexión que vino días después de esa frase lapidaria que marcaría mi relación con Twitter y demás redes sociales: sé que es importante la presencia en la red, pero es más importante aún la presencia en mi vida. Siento contradecir a quienes predican que si no estás es como si no existieras, que no se debe dejar de publicar ni un solo día, a quienes insisten en estar activo y ser visible en la red, en estar pendiente de todo lo que ocurre. Lo siento de veras.

 

Se lo agradezco, de corazón. Creo en la sabiduría y bondad de sus consejos, en la necesidad de crear una imagen profesional estudiada y difundirla a través de las redes, de tener visibilidad y de estar ahí. Pero también necesito hacerlo a mi ritmo, con mis objetivos y según mis necesidades y sobre todo, sin ahogarme ni perderme nada de lo que está fuera la red. Necesito evolucionar en mi marca personal al mismo ritmo que en mi vida profesional, sin dejar a un lado y mimando como se merece mi vida personal, mi familia, mis amigos, mi tiempo…

Necesito sentirme presente en el café de la sobremesa con amigos, en la conversación banal durante la película después de cenar, pintando nubes en el aire con mi hija o hablando con mi madre por teléfono. Necesito estar presente en mi vida y no perderme ni un solo minuto.

 

He llegado a la conclusión de que no necesito 50000 seguidores, que no puedo (ni quiero) publicar al día 100 tweets, de que no tengo por qué ser una influencer… O al menos de momento, ya que ni estoy preparada para conseguirlo ni es necesario en mi realidad actual, ahora mismo es el momento de tomar decisiones respecto a Twitter y a mi vida.

 

Por eso, para los próximos meses me he propuesto estos sencillos objetivos para hacer que todo esto sea más fácil para mí y los que me rodean:

 

  • Restringir el uso de las redes sociales en tiempo y espacio: 5, 10 o 30 minutos, una jornada completa, pero que sea limitado y solamente en unos espacios en concreto (oficina, trabajo, despacho)
  • Dejar los dispositivos móviles en silencio en reuniones sociales, tiempo de ocio y de familia. Desconectar realmente y disfrutar de esos momentos.
  • Fijar unas metas realistas y adaptadas al tipo de vida de cada uno: aunque lleve tiempo, es necesario definir una estrategia y desarrollarla en un plazo determinado, mientras que por ello no suponga una pérdida de contacto con la “realidad física”
  • Aceptar las limitaciones e intentar aprender cada día, intentando que sean cada vez menos, pero sin prisas ni presiones.
  • Disfrutar con lo que se hace, sea el tiempo que sea…

 

Bien, pues ha llegado el momento de empezar a cumplir los propósitos y estar presente en cada momento de mi vida. Porque por si fuera poco, este verano me he abierto una cuenta en Instagram…

Y tú ¿estás presente en la tuya?

 

Fuente: Pixabay.com