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El coaching, una ‘moda’ no exenta de vende humos

* Artículo publicado originalmente en www.sintetia.com, un lugar que te invito a visitar e investigar por todo lo que te puede aportar.

¿Cómo empezar a hablarte de algo que no es ni nuevo, ni está de moda, ni es cool, pero todo el mundo está empeñado en que así sea? Pues empezaré por el principio, y es que voy a hablarte de lo que es el coaching (y por ende, de lo que no es) desde mi visión como psicóloga. Intentaré hacerlo de la forma más objetiva posible, pero ¿cómo despojarme de mi profesión y de los conocimientos y experiencias adquiridos en estos últimos 20 años?

El coaching es una técnica, metodología, procedimiento o proceso, pero no una disciplina ni una profesión, al menos de momento. Es una forma de trabajar utilizada por diferentes profesionales y siempre enfocada a acompañar en la fijación y consecución de objetivos de las personas con las que se trabaja.

Tendrán que pasar todavía unos cuantos años, y pesados trámites burocráticos, para poder tratar formalmente al coaching como profesión y que su presencia en las universidades sea catalogada como una carrera profesional. Pero esa ya es una guerra en la que, al menos de momento, no me apetece entrar.

Los procesos de coaching (que así se denomina el término) se desarrollan en múltiples ámbitos: personal, ejecutivo, organizacional, etc. Aunque yo siempre he sostenido que al ser un proceso que se desarrolla con y para personas, es muy difícil separar los ámbitos en los que se intenta parcelar al coaching. Considero que, como cualquier disciplina en desarrollo, busca targets adecuados para los clientes a los que se dirige y se nutre de técnicas de marketing con el fin de ampliar mercados y al mismo tiempo, especializar su aplicación. Y no digo que no sea correcto, sino que me resulta muy complejo separar la parte personal, de la laboral, del rol… porque todos ellos forman parte del objetivo central del coaching: la persona.

Y ahora la pregunta del millón: ¿quién puede ser coach?Pues potencialmente cualquiera….cualquiera que posea unas determinadas competencias para desarrollar labores tan complejas (y satisfactorias) como las de acompañar a personas en procesos de cambios y mejora vitales. Te estoy hablando de saber escuchar, comunicar, empatizar, analizar, sintetizar. Pero también de ser honesto, ponerse al servicio del  otro, crear conciencia, aprender permanentemente y un sin fin de aptitudes que tienen más de actitud que de conocimiento.

Prefiero dejar a tu criterio la decisión final sobre qué tipo de profesionales podrían denominarse coach, aún así me gustaría aclararte algún punto que defiendo desde hace tiempo.

Para mí es primordial una formación sobre el comportamiento humano, sobre la estructura cerebral donde se asientan los procesos cognitivos básicos (memoria, aprendizaje, atención, razonamiento), y sobre todo, en psicopatología. Un profesional que trabaje aspectos del desarrollo personal y profesional de las personas, de la manera en la que pretende hacerlo el coaching, debe tener nociones más que profundas sobre los diferentes trastornos psicopatológicos que se pueden dar en el ser humano. Y no con el objetivo de diagnosticar, sino de discernir, de percibir, que “algo” no está yendo bien y no es objeto de este campo. Porque se me olvidó decirte al principio, que el coaching, no es terapia, ni psicoterapia, ya que no es psicología, al menos en parte.

Volviendo al tema de la titulación o certificación (eso da para otro post) necesaria, valora tú mismo qué profesiones tienen más vinculación con los aspectos que trata el coaching. ¿Puede ser más profesional un ingeniero que un psicólogo en estos aspectos? ¿Puede presentar más aptitudes de las citadas arriba un abogado que un terapeuta? Por supuesto! Pero ¿cómo determinar quién es apto y quién no?¿Qué tipo de criba podríamos utilizar? Si lo entendemos como una metodología transversal y de largo recorrido, sería más fácil comprender que cualquiera puede ejercer como coach. Pero si queremos hacer de ello una profesión, deberá ceñirse, al menos en parte, a los cánones de las disciplinas a las cuales quiere equipararse. Por lo tanto, creo que sería interesante tomarse en serio las horas mínimas de formación, los contenidos imprescindibles que deben abordar, la necesidades de tutorización y supervisión de prácticas, la necesidad o no de requisitos previos.

Todo esto ya lo hacen las principales asociaciones internacionales y nacionales, pero son eso, asociaciones. Se dedican a definir estos aspectos sobre los que sería realmente importante que empecemos a tener en cuenta para poder adquirir un criterio formado sobre el asunto. Y también a acreditar a todos aquellos que hayamos pasado/pagado por su formación, supervisión, requisitos, etc. ¿Qué consiguen con ello? Intentar (y digo bien, intentar) dotar de profesionalidad lo que de momento se queda en metodología, pero quizás no sea suficiente. Se necesitan más pasos para crear unas bases sólidas y poder hablar de una nueva disciplina. Cierto que los tiempos cambian, haciendo que determinados oficios queden en el olvido y dejen paso a nuevas profesiones. Pero ya que lo hacemos, hagámoslo bien, mejor que hasta ahora, al menos, y disipemos el espeso humo que se cierne sobre el término y todo lo que rodea el coaching. Ese humo tiene un origen, y cuanto primero lo atajemos, más claridad aportaremos al horizonte que tenemos frente a nosotros.

Antes de finalizar, no quisiera dejar de contarte que el origen del coaching no está en los años 70 con el famoso “The inner game of tennis” de W. T. Gallwey, sino que se remonta a la época de los filósofos griegos unos 400 años a. C. con el método socrático, una de las bases del coaching. Irónicamente, pretendemos poner de moda una nueva profesión basada en una disciplina destinada a desaparecer de las aulas como es la filosofía. Complejidades del ser humano…

¿Comprendes ahora por qué no puedo decir que sea algo novedoso? Quizás sea relativamente reciente su aplicación en el ámbito de la empresa, o la búsqueda de interesantes nombres comerciales, que además bañamos con la enjundia que dan los términos en inglés. Pero ayudar a que las personas lleguen a tomar consciencia de sí mismos y de sus vidas, a tomar decisiones sin miedos y a conseguir sus objetivos a través de la mayéutica (basado en preguntas), no es algo nuevo.

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¡No quiero ser Steve Jobs!

¿Por qué nos recomiendan marcar la diferencia y crear valor, y por otro lado, nos invitan a ser clones? Incoherencias del mercado la laboral y de la vida misma…

*En contra de lo que pueda parecer, Steve Jobs es para mí un referente como empresario de éxito y persona que supo luchar por sus ideas, un ejemplo a seguir.

Se acerca la Navidad y todos estamos cargados de buenos propósitos e intenciones positivas, de recomendaciones que suenan mejor según las decimos que el plantearnos hacerlas.

Por ese motivo he dudado de la temática del artículo, pero no puedo ir en contra de mis instintos creativos y de lo que realmente me apetece compartir esta semana. Siguiendo los principios de la asertividad, que guían una comunicación directa, sincera y respetuosa, me he tomado la libertad de hacer uso de uno de los derechos asertivos básicos: tengo derecho a no estar de acuerdo y expresarlo. Y en esas estoy…

¡No quiero ser Steve Jobs! Estoy cansada de títulos de libros y artículos donde aparece su nombre, recomendaciones en todas partes de cómo parecerse a él y llegar a conseguir sus éxitos, de cómo logró sus objetivos para que todos lleguemos a conseguir los mismos… Y es ahí donde me entran las dudas: si el mercado laboral me pide que me diferencie, que cree valor ¿cómo es posible que en cada artículo y post que lea, me recomienden ser como Steve Jobs? ¿Soy yo la única que encuentra cierta incongruencia?

De ninguna de las maneras quiero ni puedo ser como Steve Jobs, por el simple motivo de que no he vivido lo que él ha vivido, ni sentido, ni percibido, y por lo tanto es físicamente imposible. Pero además, en el caso de que lo quisiera ser, ¿lo quiero porque me apetece y puedo o porque el mercado laboral me empuja a ello? No puedo engañarme a mí misma (ni puedo permitir que los demás lo hagan) haciéndome creer que puedo llegar a ser alguien que no sea yo. Es tan sencillo y al mismo tiempo tan complejo… Quizás sería más adecuado, aunque más doloroso y complicado, que nos ayudasen a encontrar el equilibrio entre lo que somos, lo que el mundo quiere y lo que realmente podamos llegar a ser. Que las recomendaciones y pautas vayan más en la línea de aceptar las limitaciones, saber vivir con ellas y sacar partido a lo mejor de uno mismo. De mejorar todo lo posible, de adaptarse a lo que se demanda, pero en base a mis motivaciones, no con las que tuvo Steve Jobs.

Con esto no quiero decir que las historias de personas exitosas no nos alienten a seguir adelante, a crecer y aprender de sus experiencias, pero no nos engañemos: cada cual es cada cual. La parte positiva de todo esto, es que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, perfectamente imperfectos, como un diamante con aristas por pulir y deslumbrar. No nos empeñemos en ser quienes no somos, ya que nuestras aspiraciones son propias e intransferibles, además de dinámicas a lo largo de la vida y por lo tanto, no tienen por qué ser las de Steve Jobs. Cada uno de nosotros tiene un propósito de vida, que a veces cuesta descubrir, y ese propósito es nuestro, de nadie de más.

Por ello, también me gustaría compartir (que no aconsejar) sobre lo que a mí me ha ido funcionando a lo largo de estos últimos años a la hora de conseguir objetivos:

  • Conócete: pasas todo el día contigo mismo, tienes tiempo más que suficiente para conocerte, valorarte, discutir aquellos aspectos que no te gustan, los que hay que mejorar y adaptar, pero también para saber en lo que eres bueno, lo que haces mejor que muchos o incluso que nadie.
  • Acéptate: después de saber quién eres, admite en lo que quieres y puedes cambiar, ponte objetivos alcanzables y busca tu mejor versión. También admite aquello en lo que no estás dispuesto a negociar con nadie, en lo que te encanta y forma parte de tí.
  • Muéstrate: dile al mundo que estás ahí, enseña todo lo que puedes ofrecer y aportar vayas donde vayas, sin temores, sin dudas. Y lo harás bien, porque lo harás convencido de que eres tú mismo, y no un personaje creado para la ocasión.

Y tú ¿quieres ser como Steve Jobs o crearte tu propio camino?

Imagen: pixabay.com

Artículo originalmente publicado en La Nueva Ruta del Empleo.

 

 

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Lágrimas del desempleo

 

Hace un par de semanas tuve la suerte de formar parte de un evento por la empleabilidad en Oviedo, promovido por empleOviedo, el Ayuntamiento de Oviedo y La Nueva Ruta del Empleo.

Fue un día lleno de emociones y nervios, de poner cara a muchas personas que conoces a través de las redes, lo que llamamos desvirtualizar, pues eso, que me pasé la mañana desvirtualizando. Fue una jornada intensa compartida con compañeros y profesionales del sector, con instituciones públicas y políticos, pero sobre todo con personas en desempleo.

Me encontré con miradas llenas de sorpresa e ilusión, de grupos de jóvenes estudiantes que se enfrentan por primera vez al tema del empleo, aunque sea a través de una jornada dinámica sobre cómo superar una entrevista de trabajo.

Me crucé con personas cargadas de esperanza de encontrar nuevos horizontes laborales, mejores que en el que se mueven actualmente y sabiendo que algo bueno les espera a la vuelta de la esquina.

Y también me tropecé con personas que caminaban mirando al suelo, a sus pies y me costaba ver su expresión. La intuía, pero no la veía con exactitud. Esas fueron las personas que más me interesaron, esas eran las auténticas protagonistas del evento, al menos, para mí.

Te hablo de los “parados de larga duración”, de las personas que llevan meses, años sin trabajar. Te hablo de aquellos que han perdido el control de su vida, de los que sienten que ya no sirven para nada, de los que sienten que sólo dan tumbos de aquí para allá sin sentido. Esos fueron mi verdadero objetivo.

Hablé con más de uno y de dos, si me apuras, pero me gustaría compartir contigo en especial la conversación que mantuve con uno de ellos en la terraza del Calatrava. Se trata de un hombre, con estudios universitarios que llevaba trabajando toda su vida profesional en lo que le gusta, en una empresa familiar haciendo lo que mejor sabe hacer. Y circunstancias de la crisis, la cual su empresa no pudo superar, lleva un año sin trabajar. Se emociona al contarme que es el “aniversario” de su paro, que hace un año que no trabaja y que no sabe cómo salir de esa situación.

Llora al admitir que no le falta el dinero, todavía le queda un año más de paro, tiene recursos y apoyo emocional para superarlo… pero aún así, se siente tan inútil… Ya no vale para nada y siente que nunca volverá a conseguir otra oportunidad, porque él es lo que es su trabajo y su trabajo ya no existe. Comprendo sus lágrimas, le abrazo y consuelo como puedo, porque cuando crees haber perdido una parte de tí, supone un duelo más. Y aquel hombre, estaba en pleno proceso de duelo por lo que fue.

Abraza su carpeta llena de papeles con anotaciones esperanzadoras recogidas durante toda la jornada y se va, balanceándose lentamente. Y mientras se aleja, veo como mira de nuevo hacia el suelo, en busca lo que ha perdido.

La situación de desempleo hace mucho más daño de lo que te imaginas. Rápidamente piensas en el dinero, en el día a día, en subsistir, y es normal porque hay prioridades que determinan tus necesidades. Pero más allá de conseguir pagar una hipoteca o un alquiler donde vivir, y tener una nevera que no dé pena al abrirla, también hay otros aspectos importantes a tener en cuenta en el desempleo.

Cuando llevas mucho tiempo sin empleo, te vuelves más frágil e inseguro. Tu imagen, tu autoconcepto se desvanece ya que has perdido parte de tu esencia con el trabajo que desempeñabas. Cuando trabajas, eres algo más que una nómina o un número, te transformas en compañero, en jefe, en auxiliar, en ayudante y haces cosas, sirves para algo, eres productivo y aportas, por poco que te pueda parecer en muchas ocasiones. Pero cuando no trabajas, pierdes todos esos roles, dejas de ser todas esas cosas que eres y haces cuando trabajas.

Además, la sociedad, los que te rodeamos, te hacemos sentirte mal, con miradas de desdén y reprobación, pareciese que no trabajas porque no quieres. Te sientes mal por sentirte una carga para esa misma sociedad, ya sean tus padres, tu pareja o tus amigos, y todos sabemos que sentirse una carga no mola para nada.

Cuando estás ocupado, lo estás a nivel laboral y a todos los niveles, es una rueda en la que entras y la que, a pesar de las dificultades del mundo laboral, te gusta estar, nos gusta estar. Porque eres valorado por lo que haces, por la empresa a la que perteneces, por la categoría por la que cobras y por la que cotizas, y eso es objetivo, ¿a ver quién te discute eso a tí? Pero ¿cómo se valora las horas que miras ofertas de trabajo en las webs o las que te pateas polígonos con tu cv en mano? ¿Y todos los networking o charlas a las que has ido? A eso, no se le da el mismo valor, seamos sinceros, por eso lloras y piensas que ya no vales para nada, pero no es así.

Yo te aseguro que vales, y mucho, desde el mismo momento que vienes a este evento con una carpeta en la mano y te pasas la mañana de sala en sala buscando ideas y caras conocidas, desde el instante en que me saludas y me recuerdas que sigues en la misma situación que hace un año y que no lo llevas bien. Vales muchísimo porque no te cuesta emocionarte y llorar conmigo, porque te sientes un pelele en manos del destino y un tanto egoísta por saber hay personas que lo están pasando mucho peor. Vales mucho a pesar de necesitar la permanente valoración y apoyo de quienes te rodean, incluso siendo dañinas en muchas ocasiones, las necesitas, porque te importa tu gente. Créeme, vales mucho… Porque todo esto por lo que te digo que vales, es lo que te hace ser tú y eso no desaparece con los puestos que hayas ocupado o vendrá con los que vayas ocupar, todo esto que yo valoro es lo que eres, y depende única y exclusivamente de tí.

No permitas que el desempleo haga más daños de los imprescindibles, ya son suficientes. Eres mucho más que lo que fuiste algún día ocupando una silla en un despacho, no lo olvides.

Fuente de la foto: pixabay.com

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Los RRHH están oxidados

Tras varias semanas leyendo, prácticamente a diario, sobre las nuevas tendencias en la gestión de personas, me he decidido a reflexionar en voz alta sobre ello contigo.

Estoy un tanto cansada de “gurús” que narran de forma cíclica las nuevas modas en lo que a recursos humanos y talento se refiere. Y no me refiero a quienes investigan en esta materia e intentan implantar una nueva forma de trabajar en su entorno, no hablo de quienes plantean una ruptura de esos viejos paradigmas que nos han llevado a anclarnos en el pasado en esto tiempos tan cambiantes y volátiles.

Me refiero a los “dinosaurios cognitivos” que se aferran al estatus social (y psicológico) que durante muchos años ha dado el pertenecer al departamento de Recursos Humanos, a quienes tenían la sartén por el mango en tu vida para decidir si eras apto o no apto para el puesto, tantas veces sin criterio alguno… Hablo de los dictadores que durante varias décadas han cortado cabezas a su antojo, y que hoy en día cada vez lo tiene más difícil para sostener ese, su estado de bienestar.

Afortunadamente hoy, muchos nos hemos dado cuenta de que esa forma (caduca) de gestionar recursos, está oxidada, muerta, rota. Y de que es necesaria cambiarla de inmediato. Pero no solamente con artículos en prensa de primera línea, con conferencias y charlas magistrales (me gustan tan poco este término como el “gurú”), sino con los cambios de actitud que requiere el día a día y sorteando los obstáculos de los que hablo en estas líneas.

Cuando me hables de nuevas líneas a seguir en la gestión del talento humano, me gustaría leer más allá de recomendaciones facilonas revestidas de innovación y que me contases la verdad sobre lo que me voy a encontrar cuanto pretenda poner en marcha esas buenas intenciones en las organizaciones con y para las que trabajo:

– Me gustaría saber de antemano, que debería conocer a la perfección la misión, visión y valores de la empresa, su estrategia y estilo para poder formar parte de ella de manera real. Es decir, tendría que conocer la dificultad que voy a encontrarme al intentar formar parte de las decisiones cruciales que tomará esa organización, saber que no me va a ser fácil hacerme un hueco y que me costará hacer que escuchen aquellos a quienes puedo hacer tambalear su equilibrio y comodidad. Y sobre todo, porque muchas veces con mi llegada, la propia empresa es consciente de la falta de claridad de esa misión, visión, valores y estrategia, con lo que empezamos bien la relación…

– Agradecería que me dejasen estar donde debo estar: entre las personas que forman la organización. Mi sitio no es el despacho ni la última y alejada planta con hermosas vistas, al menos gran parte de mi tiempo, no lo es. Mi lugar está donde se hacen las cosas, donde surgen los conflictos, donde está la información, donde se desarrollan los procesos, donde nacen las relaciones. Ese es mi lugar: por favor, déjame que me mueva por donde necesite y cuanto necesite, no estoy cómoda estando aislada entre barrotes de oro, o al menos, así lo siento. Entiendo que a tí te pueda gustar, pero no es mi caso y soy yo quien lo pide.

– Me encantaría que me avisases, y además me ayudases a sobrellevar, las risas y bromas que tendré que presenciar sobre mis nuevos métodos respecto a cómo tratar al empleado, cómo recibirlo y ayudarlo a su llegada a la organización, sobre los cambios necesarios en la forma de comunicarnos. Así sería más fácil para mí saber que es muy posible que sea rechazada por aquellas partes de la empresa que me ven como su enemiga al hacer que su estabilidad y anquilosamiento se vean afectados. Ya lo sé, pero me alivia saber que sólo es parte del proceso.

– Necesitaría que me ayudases a quitarme el lastre de optimista sensiblera, la pesada losa de ñona “arreglalotodoconabrazos” que parece cernirse sobre mí cada vez que surge que soy psicóloga y me dedico a la gestión de las personas. Yo aporto técnicas, procedimientos, métodos, números y hasta gráficos, si lo deseas, de lo que un cambio en el enfoque hacia las personas y su talento en las organizaciones podría generar. Trabajar con y para las personas en las empresas no significa dejar a un lado la profesionalidad, productividad y efectividad. Si me apuras, te diría que se trabaja en aras de ello con más ahínco que si sólo nos enfocamos hacia un aspecto meramente industrial.

– Por último, desearía saber hacer entender a las empresas que para poder desarrollar mi trabajo correctamente y obtener los mejores resultados (que no siempre coinciden con lo que se me piden inicialmente), necesito ser respetada, tiempo y recursos, y además por este orden. No podré realizar aquello para lo que se me ha llamado si mi figura no es respaldada y apoyada por la dirección, al mismo tiempo que necesito emplear tiempo y recursos para poder conseguir los objetivos planteados. Preciso hacer comprender que si es rápido y barato, no será profesional.

 

Así que, en tu próximo artículo o charla sobre cómo gestionar personas y talento, háblame sobre la caducidad del sistema actual, sobre lo obsoleto que perdura en las organizaciones y el daño que les está haciendo. Pero, por favor, cuéntame también lo difícil que va a ser generar ese cambio de paradigma y mentalidad oxidada, la cantidad de personas que siguen aferradas a sus corbatas y zapatos negros de Recursos Humanos. Y finaliza, animándome a formar parte de transformación tan necesaria en muchos casos, porque yo sé, que a pesar de todo, merecerá la pena. Pero necesito oírlo de tí…

Fuente de la foto: pixabay.com

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No sueltes mi mano

Hoy necesito que pongas todo de tu parte para aceptar lo que te voy a contar, necesito que recibas cada palabra con la intención con la que te escribo y para eso, tendrás que dejar a un lado el dolor que ha supuesto el haberme perdido.

Hoy necesito que sepas, aunque creo que ya lo sabes, que somos efímeros, que nada es eterno, y como tal, ni tú ni yo lo somos.

Sé que ahora se te hace imposible pensar que esta pena se irá mitigando, y transformando en recuerdos, en aprendizajes, en posos de una vida que ha ido cimentando otra, la tuya. Sé que te cuesta pensar que las lágrimas de impotencia, rabia y frustración darán paso a las de nostalgia y ternura cada vez que me recuerdes. Pero tranquilo, no tengas prisa, como te solía decir: todo llega, todo pasa.

Te agradezco enormemente que en mi último suspiro cogieses mi mano y no la soltases, porque ¿sabes una cosa? Tenía miedo, mucho miedo de irme y dejar todo lo que tenía aquí, miedo de lo desconocido, de no saber lo que me esperaba después de lo vivido. Agradezco el haber sentido tu calor hasta mi último aliento, que me mirases a los ojos antes de partir y que me dijeses con tanto amor cuánto me querías. Agradezco que me ayudases a irme, sosegándome con voz serena mientras me decías que me fuese tranquilo, tenía tanto miedo… Pero te hice caso, y me fui, cerré mis ojos y abandoné la forma que conociste para convertirme poco a poco en un recuerdo que siempre formará parte de ti.

Me asustaba la soledad, me angustiaba la idea de morirme solo, pero no me dio tiempo a decírtelo. Me avergonzaba contarte mis temores por si te hacía daño, y me hice el fuerte, y lloré a solas, me enfadé con el mundo, con mi Dios, con el destino, conmigo mismo, cuando me dí cuenta de que me iba. Me enfadé por no compartirlo contigo, todavía sigo pensando porqué no logré hacerlo. Aún así, parece que intuiste todo lo que necesitaba y me diste espacio cuando lo necesité, me hablaste del dolor, de la muerte, de los miedos y yo te escuché atento, pero nunca te dije que lo necesitaba oir y hablar, no me atreví. Me hiciste más fácil preparar mi equipaje para ese viaje sin retorno que es la muerte, gracias de nuevo.

Ya no lo veo como un final, es como si fuese un punto y seguido, una continuación de un ciclo permanente que nunca se acaba, pues no comienza ni termina conmigo. Somos piezas demasiado pequeñas en este complejo puzzle que es la vida como para pensar que el mundo dejará de girar sin nosotros, ni siquiera tu mundo dejará de girar sin mí. Lo hará más lento, sentirás que te mareas y no puedes seguir el ritmo, que te caes y no puedes levantarte… Y te levantarás, y volverás a coger las riendas de tu vida más pronto de lo que te imaginas ¡qué pena no haber compartido contigo estas reflexiones, no habernos emocionado juntos por lo que pensamos de la vida y la muerte!

Ahora ya es tarde para eso, me conformo con haber formado parte de tu vida, de haber estado presente en momentos importantes para ti, que también lo fueron para mí. Sé que suena a lo de siempre, que estarás harto de oírlo, pero hazme caso: quédate con lo bueno que vivimos juntos que ha sido mucho e intenso, lo malo tan sólo ha sido circunstancial. Eso, será lo que haga que mi existencia haya tenido sentido. Y si puedes, celébralo y compártelo, que no se quede en ti y se haga mucho más grande, será entonces cuando descubras que nunca me iré del todo, que siempre estaré contigo de una u otra forma.

Sé que piensas que me fui demasiado pronto, ¡siempre es pronto para irse de tu lado! Pero tocaba, era mi hora y me fui como hubiera deseado sin decirlo, sin pedirlo. Me fui tranquilo, en paz, sintiéndome querido y amado, percibiendo en todo momento que la sensación de soledad solo sería momentánea y que tu mano, siempre tu mano, me ayudaría a sortear ese impenetrable silencio que se hace al expirar.

Tú que ya sabes todo esto de primera mano, no dudes en expresar tus temores y miedos sobre esta parte de la vida. Llora, tiembla, enfádate, pero sobre todo vive hasta el último momento y pide, si lo necesitas, que te gustaría que te diesen la mano como me la diste a mí. Me costó decirte adiós, me costó soltar tu mano, pero sabía que lo que nunca abandonaría, sería tu alma.

 

Fuente de la foto: pixabay.com

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Los 3 factores de éxito en los procesos de selección

“S. – Si tuvieras que elegir ser un animal, ¿cuál serías? ¿por qué?.

 C. – Pues un gato, una gata en realidad. O una pantera, en cualquier caso, un felino. ¿El motivo? Son observadores, curiosos, independientes y elegantes. También son cariñosos, aunque selectivos en sus muestras de afecto, territoriales y al mismo tiempo con gran adaptación al cambio. Fieros en la defensa de los suyos y afables con quienes demuestran lealtad.

 S. – ¿Todo eso piensa que son los gatos?

 C.– En cuanto a lo que nos parecemos, sí.”

Estos son los procesos de selección que me gustan a mí, con candidatos con ACTITUD, que sepan defender su candidatura, cuajada de virtudes y defectos que deben encajar en el misterioso puzzle de lo que se busca…

Pero para que un proceso de selección tenga el éxito que todos los elementos implicados desean, es necesario eso mismo: que todos los componentes se impliquen. Me gustaría contarte los factores que considero clave para que esto se dé, por si en algún momento te encuentras en alguna de las tres posibles situaciones.

– Cliente/Empresa: Es imprescindible que quien solicita el proceso de selección tenga claro lo que busca, lo que necesita. Y para ello se basará en términos económicos, estratégicos y humanos; conocerá con exactitud cuánto está dispuesto a invertir, sabrá a dónde quiere llegar con el con el proceso de selección, cómo encaja en su plan estratégico y qué valores y requisitos necesita la persona que se busca. Si no partimos de una base clara al respecto, será muy difícil que el resto del proceso se dirija a obtener buenos resultados: no obtendremos un tejado seguro con unos cimientos inestables. Y en muchos de los casos, esto no ocurre, por lo que es importante que definamos bien esta fase antes de pasar a la siguiente, pues de esta “sinceridad” entre las partes, dependerá que busquemos lo que realmente se necesita o una agua en un pajar.

– Reclutador: Si partimos de la base que el cliente tiene claros todos los aspectos que tratamos en el punto anterior, el reclutador ha de centrarse en su propio trabajo. Absorber y observar todo lo que necesita conseguir el solicitante con el servicio de selección y hacerlo a través de su profesionalidad. No voy a extenderme en las fases propiamente dichas del proceso de selección, me voy a centrar más en las aptitudes del reclutador, y también en sus actitudes. Un buen reclutador estará formado en comportamiento y aprendizaje humano, en comunicación, además de técnicas específicas de negociación y permanentemente actualizado en las tendencias del mercado laboral. Saber analizar, sintetizar y extrapolar, y además ha de ser honesto, objetivo, comunicativo, estratega, comprometido y ante todo, tener interés y gusto por las personas, por la gestión del talento.

Si además, se encuentra con un cliente o empresa que no tiene claro lo que busca, deberá sumar esta lista la capacidad para concretar y guiar hacia objetivos, de estrategia empresarial para ayudar a definir con precisión las funciones y roles a desempeñar por los seleccionados.

 

– Candidato: Es la parte implicada que menos información tiene sobre lo que se está buscando, eso en el mejor de los casos. Pero también es el participante con mayor seguridad sobre lo que puede ofrecer a las organizaciones, sobre lo que puede aportar con su conocimiento y experiencia a la vacante a cubrir. O así debería ser. Un buen candidato, de los que me gustan a mí, es de los que sabrá defender su bagaje profesional y personal e intenta convencer de que es la persona adecuada, la que estoy buscando. Y lo hará desde que llama para preguntar por la oferta o envía un mail, desde que pica a la puerta para entrar o me estrecha la mano, desde la mirada directa, serena y confiada durante la conversación, tal gato observador y cauteloso. Un buen candidato se conocerá a la perfección, creerá en sí mismo, sabrá qué fortalezas y debilidades tiene a su disposición y las defenderá y les sacará partido. Por eso, un buen candidato necesita de un desarrollo y análisis personal profundo que luego pueda llevar al campo profesional y servirse de él en el camino de la selección. Un buen candidato sabrá hablar con claridad, firmeza y seguridad de todos y cada uno de los aspectos que se traten en el entrevista, incluidos los desagradables o fuera de contexto, de los cuales deberá salir airoso con su actitud y correcto lenguaje. Un buen candidato marcará la diferencia respecto a los demás, pues sabrá en qué es bueno, en qué destaca y convencerá a quien le escucha de que lo es, sin por ello dejar de ser humilde y sincero.

 

Por todo ello, y sin dejarme llevar por el efecto halo que puede darse en cualquier relación, me gustan tanto los gatos.

NOTA: este es un homenaje a mi gusto por los felinos en general y los gatos en particular y a la conversación en las redes con Eric Fernández Rentero que me inspiró este post. Como bien dice, Elena Arnaiz, Linkedin te da personas.

Fuente de la foto: pixabay.com

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Mi vientre…

Mi vientre…

Este podría ser mi vientre, un vientre que ha sentido mariposas cuando se enamoró por primera vez hace más de 20 años y que todavía las siguen sintiendo a día de hoy. Un vientre que ha sido rodeado por brazos amorosos y ha sido sujetado por fuertes manos cuando lo he necesitado. Un vientre que ha crecido albergando un maravilloso ser que da (más si cabe) sentido a mi vida día a día. Un vientre que se ha llenado de las deliciosas comidas que prepara mi madre y que ha disfrutado de manjares en diferentes continentes. Un vientre cuya piel se ha deleitado con el tacto del sol en verano y la calidez de una manta en el frío invierno.

Sí, este podría ser mi vientre, pero yo soy mucho más que un vientre. Ya sea plano, redondeado, tonificado, flácido, con o sin estrías, soy mucho más que vientre. Soy la persona que se ha enriquecido de todo lo que le ha permitido vivir ese vientre, por eso me pregunto ¿me vas a juzgar por mi vientre o vas a ver más allá?

Mi cuerpo es una maravillosa máquina perfectamente imperfecta que me permite ver, caminar, respirar, digerir, aprender… Mi cuerpo es el envoltorio que me posibilita llegar a donde quiero llegar, que me avisa de un sobreesfuerzo y me indica hasta donde puedo resistir, es un medio de transporte hacia mis metas vitales. Y por ello debo cuidarlo, mimarlo, y sobre todo respetarlo.

Este reflexión no es fruto de un día ni de una conversación de cafetería, esta reflexión viene de años en los que he ido abrazando con fuerza, pero sin saberlo, la tiranía de la estética actual. En mi niñez y adolescencia parecía que nunca daría la talla (mido 1,55 cm), y siempre me rondaban adjetivos calificativos como “bajita”, “poca cosa”, “menudita” que posteriormente venían acompañados de un “disculpa, espero que no te lo tomes a mal”. Siempre he pensado que uno no puede ofenderse por un hecho objetivo como es en mi caso la estatura, pero ¿por qué me valoraban y, además me calificaban, en base a mis centímetros? A medida que fue pasando el tiempo, se fue quedado en un cajón guardado, superé mis complejos y viví feliz con mis “poco más de metro y medio”. Puedo contarte que viajo muy cómoda en todo tipo de transportes públicos y me sobra espacio para estirar las piernas, compro mucha de mi ropa en la sección de niños con el consiguiente ahorro económico y además, nunca me piden que sea yo la que coja las cajas de las estanterías más altas. Es decir, vivo muy feliz en estos centímetros y además, me veo estupenda.

Pero hace 4 años por estas fechas, me quedé embarazada y sentí tanta presión de todos lados, que ese cajón que estaba cerrado, se volvió abrir. Y volví de nuevo a abrazar la dictadura que me acompañó durante tantos años en mi vida, con la diferencia de que ahora ya soy una persona adulta y madura, con otro tipo de prioridades, pero aún así, me afectó. Me dejé llevar por los “cuídate y no engordes”, por las amenazas de las matronas de no engordar más de un kilo por mes (cuando cada mujer es un mundo y por ello su embarazo), por los “a ver si tienes suerte y vuelves pronto a como estabas”. En ese camino, los medios de comunicación me ayudaron poco, dando visibilidad a personajes famosos que salen del paritorio mejor que antes de su embarazo y felicitando a las mujeres cuya asombrosa recuperación en 3 semanas le permite entrar en los pantalones del año anterior.

Y esta vez, no sólo por mí, sino por mi hija y por todas aquellas personas que hayan sentido esa presión y tiranía a la que me refería antes, me niego a que me valoren sólo por mi vientre. Soy mucho más que eso: soy hija, soy madre, soy psicóloga, soy amiga, soy esposa, soy vecina… soy una persona y no quiero que me evalúen únicamente por este embalaje que me hace estar y sentirme viva. No quiero me que nadie me dicte las medidas perfectas que debo tener, ni los peinados que tengo que lucir; no quiero que me avasallen con dietas milagro para adelgazar 5 kilos en una semana o cómo conseguir un vientre plano. Porque esas medidas perfectas, lo son ¿para qué y para quién?. Esas dietas milagro ¿sirven para tener una vida saludable y a todos por igual?.

Voy hacer todo lo posible porque mi cuerpo esté sano, y por ello tenga una imagen saludable. Haré todo lo posible por mantenerme vital y disfrutar de todos los atardeceres posibles y todas las risas de mi hija, de recibir todos los besos y abrazos que sean para mí, de seguir aprendiendo y ser mejor persona. Pero por favor, no me juzgues sólo por si tengo el vientre plano y firme, si no llego al 1,60 o mi pelo sigue sus propias reglas. Recuerda que soy mucho más que eso, recuerda que tú también eres mucho más que eso.

Fuente de la foto: www.jessicabuelga.com

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La sinceridad está sobrevalorada

Hay determinados personajes públicos, y digo bien personajes porque para calificarlos como personas tendrían que cambiar mucho las cosas, que han hecho mucho daño. Y lo han hecho de una manera, aunque sus formas digan todo lo contrario, tan sutil, tan lentamente, que sin darnos cuenta, está tan dentro de algunos de nosotros, que ni siquiera somos conscientes de ello.

Hemos ido permitiendo que sus “ideas” calen en nosotros y hemos hecho de sus aberraciones nuestra bandera. Me gustaría compartir contigo uno de los que más molesta, tanto por su forma como por su contenido, y sobre todo porque se ha convertido en lema de un nutrido grupo de personas con el que convivimos: la sinceridad.

Desde pequeños nos han educado en el valor de la sinceridad y la honestidad, a no decir mentiras por el daño que pueden llegar a causar. Hemos ido aprendiendo que las falsedades tienen consecuencias negativas para quienes los realizan y para quienes son objeto de ellos… Creo que hasta ahí todos lo tenemos claro, al menos en mi caso.

Pero poco a poco algo ha ido cambiando en la sociedad, y han aparecido determinados tipos de personajes en los cuales su estandarte es la sinceridad, y discúlpame, han hecho y hacen, mucho daño. No voy a poner nombres, confío en tu imaginación para que los identifiques rápidamente, y los vayas situando a lo largo de esta lectura.

Ese estandarte que empuñan con tanto orgullo y valentía está mal definido y peor denominadoNo es sinceridad: es falta de educación y de respeto, es crueldad, es en definitiva ignorancia. Y me gustaría explicarte como veo yo las premisas de una sinceridad socializada, necesaria pero al mismo tiempo respetuosa:

– “Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir…” : más de uno y de una deberían escuchar esta joya de los 80 de El último de la fila. A veces, si no tienes nada que aportar, o la forma en la que lo vas hacer crees que no es la adecuada… cállate. El silencio es una forma más de comunicarse y hay que saber entrenarlo y usarlo. Quizás ese es el momento, aprovecha!

– No hagas daño gratuitamente: no puedes escudarte en la sinceridad para infringir daño o maltratar a otra persona por el simple hecho de que para tí es un “dato objetivo”. Existe una herramienta que forma parte de las habilidades sociales llamada asertividad, te invito a que la busques en internet o algún manual, te será de gran ayuda ;).

– Opina cuando te pidan opinión: existe un mal endémico en nuestros días, y es que todos sabemos de todo. Por ello, cuando conversas con alguien y sin que te pida tu opinión al respecto, vas y opinas… Pero si la otra persona solamente quería contarte algo que le había ocurrido o pensado, le interesa tanto tu opinión como a ti su historia: nada!.

– Juzga y valora tras conocer, al menos, parte de la historia: y ya puestos a opinar, ¿por qué no juzgar? Así de paso te quedas tan ancho y como es lo que piensas y para tí es la verdad ¿quién tiene derecho a llevarte la contraria? Yo juzgo porque sí, y punto! Creo que estás equivocado, ya que la verdad es uno de los aspectos más relativos de la vida. Sería interesante que comenzases a plantearte si verdad de los otros también existe y es la misma que la tuya.

– Descalificar e insultar no es sinónimo de sinceridad: insisto de nuevo en la asertividad, que supone la habilidad para defender los intereses y opiniones propios, respetando los de los demás. Si no eres asertivo, aprende, y si te cuesta, mientras tanto no insultes. Además ser una falta de respeto, es un claro indicador de cual es tu nivel de educación, piénsalo.

– La guinda del pastel“Es que yo soy así, y me apetece decirlo” unido a “Si no te gusta, te aguantas porque es la pura verdad”. Esta es la fórmula magistral en la que se apoyan este tipo de conductas y pensamientos, cuyo argumento se desmorona al mínimo atisbo de empatía y cercanía. ¿Te gustaría que los demás te dijesen eso a tí? ¿Y te gustaría que, además, lo hiciesen de esa forma? ¿Cómo estás haciendo sentir a esa persona que tienes enfrente al “soltarle” tu verdad a bocajarroEmpatiza, verás como las reglas del juego cambian.

Estas “recomendaciones” son fruto de mis propias meteduras de pata y de la falta de empatía que he tenido en algunas ocasiones, por lo que quisiera aprovechar para pedir disculpas a todas esas personas a las que les he dicho esas innecesarias o desafortunadas “verdades como puños”. A todas ellas, mil disculpas, sabed que ahora pienso que la sinceridad, la descarnada y cruel…está sobrevalorada.

Artículo originalmente publicado en Dreamscoachtrue.com.

Fuente de la foto: sacredsexyu.com

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Queridas vacaciones…

En unos días (exactamente cuatro!) me quedo de vacaciones, como muchos españoles, como tú. Incluso a estas alturas puede que ya lo estés o a punto de estarlo.

Pero a pesar de que todavía no lo estoy, hace semanas, incluso tengo la sensación de que son meses, los medios nos inundan con posts sobre las vacaciones. Te recuerdan qué hacer, cómo sacarles partido, qué aprovechar y qué no, a dónde ir y con quién… para luego más tarde, saber gestionar el síndrome postvacacional a su vuelta. No se a tí, pero a mí, todo esto comienza a generarme tanto o más estrés que el día a día…

He leído en algún lugar, seguramente dicho por alguien importante (no es con tono irónico, de veras), que debemos un buscar un trabajo que amemos tanto que no deseemos que llegue el viernes ni las vacaciones. Un trabajo del que no necesitemos ni busquemos desconectar porque sea nuestra pasión y nuestra vida. Te aseguro que a mí el mío, me encanta, lo disfruto y aprendo cada día, cosa agradezco enormemente, me da muchas satisfacciones y me hace feliz. Pero también tengo otras pasiones: mi familia, mis amigos, mi tiempo libre, yo misma. Y necesito tiempo para esas otras pasiones, necesito reponer fuerzas y equilibrar cada uno mis roles, así que admito abiertamente y sin miedo: necesito vacaciones!

Como te decía, en unos días me quedaré de vacaciones, y como no me gustan las lecciones ni los consejos, prefiero contarte lo que voy hacer yo en las mías, frente a lo que me piden la mayoría de artículos, año tras año:

– Aprovecha las vacaciones para leer y aprender cosas nuevas: O no, porque este verano pienso dedicarme a estar en los lugares que me apetece, sin leer, sin móvil, disfrutando y saboreando de cada momento, de cada conversación, de cada mirada. No leeré artículos, ni libros, ni entraré en las RRSS, no voy a aprender nada nuevo, más allá de los olores, sabores y sensaciones que perciba en mis vacaciones. No pienso memorizar más que los sonidos del ambiente o las imágenes que pasen ante mí durante esos días.

– Gestiona bien tu tiempo y sácale partido: O no, quizás sea mejor gestionar mis emociones y mis necesidades, hacer lo que me apetezca, sin reloj, sin prisas, sin horarios establecidos. Comeré cuando tenga hambre, despertaré cuando ya no tenga sueño (o me despierte mi hija…), me acostaré cuando esté cansada. Voy a levantarme por la mañana e intentaré no hacer nada “productivo”, sin nada planificado e iré dejándome llevar en cada momento por lo que me plazca..

– Conoce lugares nuevos: O no… En este caso yo me voy a un lugar que no conozco, pero es una zona muy visitada en otras ocasiones ¿Motivo? Busco el mismo ambiente, el mismo clima, la misma gente. Pero podría haberme quedado en mi casa, en mi tierra, o viajar a lugares que ya conozco y donde me siento cómoda. Mis vacaciones son para ir a dónde quiera, no a dónde vayan los demás o esté de moda: mi tiempo, es mío.

– Planifica tu viaje con antelación y ten siempre un mapa cerca: O no… Voy a ir un lugar que no conozco, y lo haré sin planos ni mapas (ni GPS…). Preguntaré a los lugareños, me perderé por caminos y me encontraré con lo inesperado, y además, me encantará. Escucharé recomendaciones de primera mano de dónde ir a comer, tomar un café o ver una puesta de sol, y lo haré en primera persona, para poder agradecer de manera cercana, que es como a mí me gusta.

– Revisa tus tareas pendientes y aprovecha para programar el resto del año: O no… Definitivamente, no! Me voy a descansar, no a estar con una agenda en la mano o el móvil para anotar la planificación de los meses próximos. Voy a disfrutar de mi familia, a descansar, a ver pasar las horas y mirar al infinito, y eso no es compatible con gestionar mis tareas pendientes y planificar las próximas.

­– Aprovecha las vacaciones para tu crecimiento personal y usa tu inspiración veraniega para escribir: O no… ya me paso todo el año en permanente desarrollo y buscando la inspiración en cada instante. Ya empleo mucho tiempo del día a día en estar con la libreta cerca por si surge algún tema interesante sobre el que reflexionar y compartir. Por lo que en estos días, dejaré que ese crecimiento y aprendizaje de meses atrás, fluya, se deje sentir, y lo disfrutaré. En cuanto a la inspiración, confiaré en ella, y si algo es lo suficientemente bueno, podrá esperar al mes de agosto.

En definitiva, son tus vacaciones, tu tiempo, tu vida. No me escuches a mí ni a nadie: haz lo que te apetezca, vete a dónde y con quien quieras, disfruta de lo que puedas, y no te dejes aconsejar. Yo, haré lo propio con las mías. Nos vemos en agosto!!!!

Fuente de la foto: Pixabay.com

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Gestión de talento, gestión de personas: cuestión de valores.

Desde hace varios años facilito periódicamente formaciones sobre la gestión del talento a diferentes perfiles de trabajadores, que varían desde técnicos hasta responsables de departamentos o gerentes. En todo este tiempo he conocido a más de 400 personas que han compartido conmigo (gracias por hacerlo!!!) su visión sobre la tan discutida gestión del talento. Y creo que ha llegado el momento de que yo haga lo mismo contigo con las reflexiones que he extraído al respecto tras tantas conversaciones y discusiones sobre este tema, donde todos nos llenamos la boca con buenas intenciones…

A lo largo de estos años, me he dedicado a obtener lo mejor de las teorías en materia de gestión de personas y de sus talentos, intentando estar permanentemente actualizada sobre las nuevas tendencias y adaptándolas a las necesidades del contexto actual para facilitar su aplicación. Nunca he buscado impartir charlas magistrales (las cuales aborrezco tremendamente, empezando por el término en sí mismo), si no más bien, favorecer el pensamiento en voz alta de los asistentes para poder llegar a conclusiones comunes y buscar la forma de cubrir las necesidades existentes.

Resulta que me he encontrado una serie de aspectos que se repiten (en algunos casos, por desgracia) a lo largo del tiempo, y creo que sería positivo contártelos para que me ayudes a confirmar si estoy en lo cierto o completamente equivocada:

– Cuando determinados aspectos de la gestión de personas, se corrompen: te cuento, verás. La mayoría de sistemas de calidad certificados incluyen la gestión de personas como una parte más de la calidad o excelencia global de la organización, lo cual supone procedimentar y realizar determinadas acciones que dan como resultado una “correcta” gestión del talento. Hasta aquí, bien, ¿no?. Pues no, aquí es donde comienza a desvirtuarse todo. Si el único motivo que mueve a la organización es obtener una certificación o puntuación en una tabla, todo el esfuerzo invertido no recaerá en las personas, sino todo lo contrario, caerá como una losa sobre ellas.

La implantación de un sistema de gestión de talento requiere de mucho esfuerzo, dedicación, horas y por lo tanto, recursos. Necesita de una serie de premisas básicas para poder crecer y llegar a tener sentido para los integrantes de la organización, pero si solamente se percibe como un requisito, terminará viéndose como una obligación, y nada peor que eso…

– Cuando buscamos incentivar para “retener” y ni siquiera hay donde agarrarse: ya lo dijo Herzberg hace unos cuantos años (1959) cuando diferenció entre factores higiénicos (salario, salubridad, política de empresa) y motivacionales (logro, reconocimiento, responsabilidad). Los primeros son la base de la satisfacción o los que generan insatisfacción en su ausencia, y los segundo son los que motivan, los que comprometen, los que “retienen” (otra horrible palabra, por cierto…). Mi reflexión es: ¿cómo pretender comprometer y motivar cuando no existen factores que hagan higiénico un empleo?. La respuesta es: difícil, sino imposible… Las personas se quedarán contigo si les permites desarrollarse, si les das responsabilidades o les reconoces su valía, pero cuando haya un salario que les permita vivir y un entorno saludable que les permita ir a trabajar tranquilos. 

– Cuando la coherencia brilla por su ausencia: al igual que la imagen de los castellers con las que identifico esta reflexión, la gestión de talento en las organizaciones tiene que apoyarse en una estrategia clara y tiene que ser evaluada para ver si está cumpliendo su función. Esa estrategia, definida y tomada por la partes más “altas” de la empresa debe ser coherente con todas y cada una de las acciones a desarrollar, cayendo en cascada y empapando toda la organización hasta llegar a su base. Los valores sobre los que se sustenta la empresa, deben ser aquellos que forman parte de la imagen, identidad y misión de la entidad, siendo los principios que guíen la conducta de todos y cada uno de los componentes y representantes de la misma. La coherencia en valores es la que posibilita una base sólida y estable, que permita crecer y mantener unida tu organización. Las manos entralazadas de los castellers son la base que sustentan la torre, y lo hacen con tanta firmeza porque comparten los mismos valores, y todos y cada uno de ellos saben que tienen la misma relevancia para que se de el éxito de la construcción. Eso deberás fomentar en tu organización si quieres conseguir lo que consiguen estas torres humanas, y has de saber que conlleva mucho, mucho esfuerzo, pero que merecerá la pena.

– Cuando se desdibuja lo importante de la organización: las personas. Una gestión del talento actual, siempre hablará de PERSONAS, y no se equivoca. Las empresas están formadas por personas, que generan ideas para que pongan en práctica otras personas, que desarrollan acciones con personas para cubrir necesidades de personas… Podría seguir, pero siempre aparecería la palabra personas, porque es así: son (somos) la base y motivo de existencia de las organizaciones. Por lo que, créeme, tus acciones y esfuerzos deben ir dirigidos a la personas: a darles el valor que tiene, a satisfacer (al menos en parte) las necesidades que genere el propio desempeño, a dotar de aquellos recursos que les facilite ser productivos y sentirse lo mejor posible en su puesto de trabajo. Todo esto no es menos caro que el absentismo laboral, las altas rotaciones de personal o los litigios laborales. No sé, yo comenzaría a planteármelo.

Te agradecería enormemente que me dieras tu visión, tanto si es la misma que la mía, similar o totalmente opuesta. Necesito que me ayudes a entender el motivo de que hablemos tanto de gestionar talento y yo perciba que no se están haciendo las cosas todo lo bien que se podrían hacer. Ayúdame a dar luz a este tema, creo nos vendría bien a los dos.

Fuente de la foto: infocruceros.com