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Mi vientre…

Mi vientre…

Este podría ser mi vientre, un vientre que ha sentido mariposas cuando se enamoró por primera vez hace más de 20 años y que todavía las siguen sintiendo a día de hoy. Un vientre que ha sido rodeado por brazos amorosos y ha sido sujetado por fuertes manos cuando lo he necesitado. Un vientre que ha crecido albergando un maravilloso ser que da (más si cabe) sentido a mi vida día a día. Un vientre que se ha llenado de las deliciosas comidas que prepara mi madre y que ha disfrutado de manjares en diferentes continentes. Un vientre cuya piel se ha deleitado con el tacto del sol en verano y la calidez de una manta en el frío invierno.

Sí, este podría ser mi vientre, pero yo soy mucho más que un vientre. Ya sea plano, redondeado, tonificado, flácido, con o sin estrías, soy mucho más que vientre. Soy la persona que se ha enriquecido de todo lo que le ha permitido vivir ese vientre, por eso me pregunto ¿me vas a juzgar por mi vientre o vas a ver más allá?

Mi cuerpo es una maravillosa máquina perfectamente imperfecta que me permite ver, caminar, respirar, digerir, aprender… Mi cuerpo es el envoltorio que me posibilita llegar a donde quiero llegar, que me avisa de un sobreesfuerzo y me indica hasta donde puedo resistir, es un medio de transporte hacia mis metas vitales. Y por ello debo cuidarlo, mimarlo, y sobre todo respetarlo.

Este reflexión no es fruto de un día ni de una conversación de cafetería, esta reflexión viene de años en los que he ido abrazando con fuerza, pero sin saberlo, la tiranía de la estética actual. En mi niñez y adolescencia parecía que nunca daría la talla (mido 1,55 cm), y siempre me rondaban adjetivos calificativos como “bajita”, “poca cosa”, “menudita” que posteriormente venían acompañados de un “disculpa, espero que no te lo tomes a mal”. Siempre he pensado que uno no puede ofenderse por un hecho objetivo como es en mi caso la estatura, pero ¿por qué me valoraban y, además me calificaban, en base a mis centímetros? A medida que fue pasando el tiempo, se fue quedado en un cajón guardado, superé mis complejos y viví feliz con mis “poco más de metro y medio”. Puedo contarte que viajo muy cómoda en todo tipo de transportes públicos y me sobra espacio para estirar las piernas, compro mucha de mi ropa en la sección de niños con el consiguiente ahorro económico y además, nunca me piden que sea yo la que coja las cajas de las estanterías más altas. Es decir, vivo muy feliz en estos centímetros y además, me veo estupenda.

Pero hace 4 años por estas fechas, me quedé embarazada y sentí tanta presión de todos lados, que ese cajón que estaba cerrado, se volvió abrir. Y volví de nuevo a abrazar la dictadura que me acompañó durante tantos años en mi vida, con la diferencia de que ahora ya soy una persona adulta y madura, con otro tipo de prioridades, pero aún así, me afectó. Me dejé llevar por los “cuídate y no engordes”, por las amenazas de las matronas de no engordar más de un kilo por mes (cuando cada mujer es un mundo y por ello su embarazo), por los “a ver si tienes suerte y vuelves pronto a como estabas”. En ese camino, los medios de comunicación me ayudaron poco, dando visibilidad a personajes famosos que salen del paritorio mejor que antes de su embarazo y felicitando a las mujeres cuya asombrosa recuperación en 3 semanas le permite entrar en los pantalones del año anterior.

Y esta vez, no sólo por mí, sino por mi hija y por todas aquellas personas que hayan sentido esa presión y tiranía a la que me refería antes, me niego a que me valoren sólo por mi vientre. Soy mucho más que eso: soy hija, soy madre, soy psicóloga, soy amiga, soy esposa, soy vecina… soy una persona y no quiero que me evalúen únicamente por este embalaje que me hace estar y sentirme viva. No quiero me que nadie me dicte las medidas perfectas que debo tener, ni los peinados que tengo que lucir; no quiero que me avasallen con dietas milagro para adelgazar 5 kilos en una semana o cómo conseguir un vientre plano. Porque esas medidas perfectas, lo son ¿para qué y para quién?. Esas dietas milagro ¿sirven para tener una vida saludable y a todos por igual?.

Voy hacer todo lo posible porque mi cuerpo esté sano, y por ello tenga una imagen saludable. Haré todo lo posible por mantenerme vital y disfrutar de todos los atardeceres posibles y todas las risas de mi hija, de recibir todos los besos y abrazos que sean para mí, de seguir aprendiendo y ser mejor persona. Pero por favor, no me juzgues sólo por si tengo el vientre plano y firme, si no llego al 1,60 o mi pelo sigue sus propias reglas. Recuerda que soy mucho más que eso, recuerda que tú también eres mucho más que eso.

Fuente de la foto: www.jessicabuelga.com

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La sinceridad está sobrevalorada

Hay determinados personajes públicos, y digo bien personajes porque para calificarlos como personas tendrían que cambiar mucho las cosas, que han hecho mucho daño. Y lo han hecho de una manera, aunque sus formas digan todo lo contrario, tan sutil, tan lentamente, que sin darnos cuenta, está tan dentro de algunos de nosotros, que ni siquiera somos conscientes de ello.

Hemos ido permitiendo que sus “ideas” calen en nosotros y hemos hecho de sus aberraciones nuestra bandera. Me gustaría compartir contigo uno de los que más molesta, tanto por su forma como por su contenido, y sobre todo porque se ha convertido en lema de un nutrido grupo de personas con el que convivimos: la sinceridad.

Desde pequeños nos han educado en el valor de la sinceridad y la honestidad, a no decir mentiras por el daño que pueden llegar a causar. Hemos ido aprendiendo que las falsedades tienen consecuencias negativas para quienes los realizan y para quienes son objeto de ellos… Creo que hasta ahí todos lo tenemos claro, al menos en mi caso.

Pero poco a poco algo ha ido cambiando en la sociedad, y han aparecido determinados tipos de personajes en los cuales su estandarte es la sinceridad, y discúlpame, han hecho y hacen, mucho daño. No voy a poner nombres, confío en tu imaginación para que los identifiques rápidamente, y los vayas situando a lo largo de esta lectura.

Ese estandarte que empuñan con tanto orgullo y valentía está mal definido y peor denominadoNo es sinceridad: es falta de educación y de respeto, es crueldad, es en definitiva ignorancia. Y me gustaría explicarte como veo yo las premisas de una sinceridad socializada, necesaria pero al mismo tiempo respetuosa:

– “Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir…” : más de uno y de una deberían escuchar esta joya de los 80 de El último de la fila. A veces, si no tienes nada que aportar, o la forma en la que lo vas hacer crees que no es la adecuada… cállate. El silencio es una forma más de comunicarse y hay que saber entrenarlo y usarlo. Quizás ese es el momento, aprovecha!

– No hagas daño gratuitamente: no puedes escudarte en la sinceridad para infringir daño o maltratar a otra persona por el simple hecho de que para tí es un “dato objetivo”. Existe una herramienta que forma parte de las habilidades sociales llamada asertividad, te invito a que la busques en internet o algún manual, te será de gran ayuda ;).

– Opina cuando te pidan opinión: existe un mal endémico en nuestros días, y es que todos sabemos de todo. Por ello, cuando conversas con alguien y sin que te pida tu opinión al respecto, vas y opinas… Pero si la otra persona solamente quería contarte algo que le había ocurrido o pensado, le interesa tanto tu opinión como a ti su historia: nada!.

– Juzga y valora tras conocer, al menos, parte de la historia: y ya puestos a opinar, ¿por qué no juzgar? Así de paso te quedas tan ancho y como es lo que piensas y para tí es la verdad ¿quién tiene derecho a llevarte la contraria? Yo juzgo porque sí, y punto! Creo que estás equivocado, ya que la verdad es uno de los aspectos más relativos de la vida. Sería interesante que comenzases a plantearte si verdad de los otros también existe y es la misma que la tuya.

– Descalificar e insultar no es sinónimo de sinceridad: insisto de nuevo en la asertividad, que supone la habilidad para defender los intereses y opiniones propios, respetando los de los demás. Si no eres asertivo, aprende, y si te cuesta, mientras tanto no insultes. Además ser una falta de respeto, es un claro indicador de cual es tu nivel de educación, piénsalo.

– La guinda del pastel“Es que yo soy así, y me apetece decirlo” unido a “Si no te gusta, te aguantas porque es la pura verdad”. Esta es la fórmula magistral en la que se apoyan este tipo de conductas y pensamientos, cuyo argumento se desmorona al mínimo atisbo de empatía y cercanía. ¿Te gustaría que los demás te dijesen eso a tí? ¿Y te gustaría que, además, lo hiciesen de esa forma? ¿Cómo estás haciendo sentir a esa persona que tienes enfrente al “soltarle” tu verdad a bocajarroEmpatiza, verás como las reglas del juego cambian.

Estas “recomendaciones” son fruto de mis propias meteduras de pata y de la falta de empatía que he tenido en algunas ocasiones, por lo que quisiera aprovechar para pedir disculpas a todas esas personas a las que les he dicho esas innecesarias o desafortunadas “verdades como puños”. A todas ellas, mil disculpas, sabed que ahora pienso que la sinceridad, la descarnada y cruel…está sobrevalorada.

Artículo originalmente publicado en Dreamscoachtrue.com.

Fuente de la foto: sacredsexyu.com

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Queridas vacaciones…

En unos días (exactamente cuatro!) me quedo de vacaciones, como muchos españoles, como tú. Incluso a estas alturas puede que ya lo estés o a punto de estarlo.

Pero a pesar de que todavía no lo estoy, hace semanas, incluso tengo la sensación de que son meses, los medios nos inundan con posts sobre las vacaciones. Te recuerdan qué hacer, cómo sacarles partido, qué aprovechar y qué no, a dónde ir y con quién… para luego más tarde, saber gestionar el síndrome postvacacional a su vuelta. No se a tí, pero a mí, todo esto comienza a generarme tanto o más estrés que el día a día…

He leído en algún lugar, seguramente dicho por alguien importante (no es con tono irónico, de veras), que debemos un buscar un trabajo que amemos tanto que no deseemos que llegue el viernes ni las vacaciones. Un trabajo del que no necesitemos ni busquemos desconectar porque sea nuestra pasión y nuestra vida. Te aseguro que a mí el mío, me encanta, lo disfruto y aprendo cada día, cosa agradezco enormemente, me da muchas satisfacciones y me hace feliz. Pero también tengo otras pasiones: mi familia, mis amigos, mi tiempo libre, yo misma. Y necesito tiempo para esas otras pasiones, necesito reponer fuerzas y equilibrar cada uno mis roles, así que admito abiertamente y sin miedo: necesito vacaciones!

Como te decía, en unos días me quedaré de vacaciones, y como no me gustan las lecciones ni los consejos, prefiero contarte lo que voy hacer yo en las mías, frente a lo que me piden la mayoría de artículos, año tras año:

– Aprovecha las vacaciones para leer y aprender cosas nuevas: O no, porque este verano pienso dedicarme a estar en los lugares que me apetece, sin leer, sin móvil, disfrutando y saboreando de cada momento, de cada conversación, de cada mirada. No leeré artículos, ni libros, ni entraré en las RRSS, no voy a aprender nada nuevo, más allá de los olores, sabores y sensaciones que perciba en mis vacaciones. No pienso memorizar más que los sonidos del ambiente o las imágenes que pasen ante mí durante esos días.

– Gestiona bien tu tiempo y sácale partido: O no, quizás sea mejor gestionar mis emociones y mis necesidades, hacer lo que me apetezca, sin reloj, sin prisas, sin horarios establecidos. Comeré cuando tenga hambre, despertaré cuando ya no tenga sueño (o me despierte mi hija…), me acostaré cuando esté cansada. Voy a levantarme por la mañana e intentaré no hacer nada “productivo”, sin nada planificado e iré dejándome llevar en cada momento por lo que me plazca..

– Conoce lugares nuevos: O no… En este caso yo me voy a un lugar que no conozco, pero es una zona muy visitada en otras ocasiones ¿Motivo? Busco el mismo ambiente, el mismo clima, la misma gente. Pero podría haberme quedado en mi casa, en mi tierra, o viajar a lugares que ya conozco y donde me siento cómoda. Mis vacaciones son para ir a dónde quiera, no a dónde vayan los demás o esté de moda: mi tiempo, es mío.

– Planifica tu viaje con antelación y ten siempre un mapa cerca: O no… Voy a ir un lugar que no conozco, y lo haré sin planos ni mapas (ni GPS…). Preguntaré a los lugareños, me perderé por caminos y me encontraré con lo inesperado, y además, me encantará. Escucharé recomendaciones de primera mano de dónde ir a comer, tomar un café o ver una puesta de sol, y lo haré en primera persona, para poder agradecer de manera cercana, que es como a mí me gusta.

– Revisa tus tareas pendientes y aprovecha para programar el resto del año: O no… Definitivamente, no! Me voy a descansar, no a estar con una agenda en la mano o el móvil para anotar la planificación de los meses próximos. Voy a disfrutar de mi familia, a descansar, a ver pasar las horas y mirar al infinito, y eso no es compatible con gestionar mis tareas pendientes y planificar las próximas.

­– Aprovecha las vacaciones para tu crecimiento personal y usa tu inspiración veraniega para escribir: O no… ya me paso todo el año en permanente desarrollo y buscando la inspiración en cada instante. Ya empleo mucho tiempo del día a día en estar con la libreta cerca por si surge algún tema interesante sobre el que reflexionar y compartir. Por lo que en estos días, dejaré que ese crecimiento y aprendizaje de meses atrás, fluya, se deje sentir, y lo disfrutaré. En cuanto a la inspiración, confiaré en ella, y si algo es lo suficientemente bueno, podrá esperar al mes de agosto.

En definitiva, son tus vacaciones, tu tiempo, tu vida. No me escuches a mí ni a nadie: haz lo que te apetezca, vete a dónde y con quien quieras, disfruta de lo que puedas, y no te dejes aconsejar. Yo, haré lo propio con las mías. Nos vemos en agosto!!!!

Fuente de la foto: Pixabay.com

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Gestión de talento, gestión de personas: cuestión de valores.

Desde hace varios años facilito periódicamente formaciones sobre la gestión del talento a diferentes perfiles de trabajadores, que varían desde técnicos hasta responsables de departamentos o gerentes. En todo este tiempo he conocido a más de 400 personas que han compartido conmigo (gracias por hacerlo!!!) su visión sobre la tan discutida gestión del talento. Y creo que ha llegado el momento de que yo haga lo mismo contigo con las reflexiones que he extraído al respecto tras tantas conversaciones y discusiones sobre este tema, donde todos nos llenamos la boca con buenas intenciones…

A lo largo de estos años, me he dedicado a obtener lo mejor de las teorías en materia de gestión de personas y de sus talentos, intentando estar permanentemente actualizada sobre las nuevas tendencias y adaptándolas a las necesidades del contexto actual para facilitar su aplicación. Nunca he buscado impartir charlas magistrales (las cuales aborrezco tremendamente, empezando por el término en sí mismo), si no más bien, favorecer el pensamiento en voz alta de los asistentes para poder llegar a conclusiones comunes y buscar la forma de cubrir las necesidades existentes.

Resulta que me he encontrado una serie de aspectos que se repiten (en algunos casos, por desgracia) a lo largo del tiempo, y creo que sería positivo contártelos para que me ayudes a confirmar si estoy en lo cierto o completamente equivocada:

– Cuando determinados aspectos de la gestión de personas, se corrompen: te cuento, verás. La mayoría de sistemas de calidad certificados incluyen la gestión de personas como una parte más de la calidad o excelencia global de la organización, lo cual supone procedimentar y realizar determinadas acciones que dan como resultado una “correcta” gestión del talento. Hasta aquí, bien, ¿no?. Pues no, aquí es donde comienza a desvirtuarse todo. Si el único motivo que mueve a la organización es obtener una certificación o puntuación en una tabla, todo el esfuerzo invertido no recaerá en las personas, sino todo lo contrario, caerá como una losa sobre ellas.

La implantación de un sistema de gestión de talento requiere de mucho esfuerzo, dedicación, horas y por lo tanto, recursos. Necesita de una serie de premisas básicas para poder crecer y llegar a tener sentido para los integrantes de la organización, pero si solamente se percibe como un requisito, terminará viéndose como una obligación, y nada peor que eso…

– Cuando buscamos incentivar para “retener” y ni siquiera hay donde agarrarse: ya lo dijo Herzberg hace unos cuantos años (1959) cuando diferenció entre factores higiénicos (salario, salubridad, política de empresa) y motivacionales (logro, reconocimiento, responsabilidad). Los primeros son la base de la satisfacción o los que generan insatisfacción en su ausencia, y los segundo son los que motivan, los que comprometen, los que “retienen” (otra horrible palabra, por cierto…). Mi reflexión es: ¿cómo pretender comprometer y motivar cuando no existen factores que hagan higiénico un empleo?. La respuesta es: difícil, sino imposible… Las personas se quedarán contigo si les permites desarrollarse, si les das responsabilidades o les reconoces su valía, pero cuando haya un salario que les permita vivir y un entorno saludable que les permita ir a trabajar tranquilos. 

– Cuando la coherencia brilla por su ausencia: al igual que la imagen de los castellers con las que identifico esta reflexión, la gestión de talento en las organizaciones tiene que apoyarse en una estrategia clara y tiene que ser evaluada para ver si está cumpliendo su función. Esa estrategia, definida y tomada por la partes más “altas” de la empresa debe ser coherente con todas y cada una de las acciones a desarrollar, cayendo en cascada y empapando toda la organización hasta llegar a su base. Los valores sobre los que se sustenta la empresa, deben ser aquellos que forman parte de la imagen, identidad y misión de la entidad, siendo los principios que guíen la conducta de todos y cada uno de los componentes y representantes de la misma. La coherencia en valores es la que posibilita una base sólida y estable, que permita crecer y mantener unida tu organización. Las manos entralazadas de los castellers son la base que sustentan la torre, y lo hacen con tanta firmeza porque comparten los mismos valores, y todos y cada uno de ellos saben que tienen la misma relevancia para que se de el éxito de la construcción. Eso deberás fomentar en tu organización si quieres conseguir lo que consiguen estas torres humanas, y has de saber que conlleva mucho, mucho esfuerzo, pero que merecerá la pena.

– Cuando se desdibuja lo importante de la organización: las personas. Una gestión del talento actual, siempre hablará de PERSONAS, y no se equivoca. Las empresas están formadas por personas, que generan ideas para que pongan en práctica otras personas, que desarrollan acciones con personas para cubrir necesidades de personas… Podría seguir, pero siempre aparecería la palabra personas, porque es así: son (somos) la base y motivo de existencia de las organizaciones. Por lo que, créeme, tus acciones y esfuerzos deben ir dirigidos a la personas: a darles el valor que tiene, a satisfacer (al menos en parte) las necesidades que genere el propio desempeño, a dotar de aquellos recursos que les facilite ser productivos y sentirse lo mejor posible en su puesto de trabajo. Todo esto no es menos caro que el absentismo laboral, las altas rotaciones de personal o los litigios laborales. No sé, yo comenzaría a planteármelo.

Te agradecería enormemente que me dieras tu visión, tanto si es la misma que la mía, similar o totalmente opuesta. Necesito que me ayudes a entender el motivo de que hablemos tanto de gestionar talento y yo perciba que no se están haciendo las cosas todo lo bien que se podrían hacer. Ayúdame a dar luz a este tema, creo nos vendría bien a los dos.

Fuente de la foto: infocruceros.com

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Mi buena estrella

Hay personas que dicen que la buena suerte existe, y yo soy una de ellas. Pero no la buena suerte que cae del cielo, o la que se basa en el destino o la casualidad. Creo en la buena suerte que se crea y se construye día a día, en la que tiene una base real de sueños que se convierten en objetivos a golpe de fecha en el calendario. Creo en la buena estrella, creo en mi buena estrella…

Cuando comencé a escribir este post, lo hice desde la visión más objetiva que te puedas imaginar. Con un titular, un desarrollo y unos puntos basados en recomendaciones para hacértelo más fácil. Pero a medida que el texto avanzaba, me di cuenta de que estaba escribiendo un agradecimiento en voz alta a todas aquellas personas que han hecho que hoy pueda hablar de mi buena estrella. Y entonces, me dejé llevar.

Me gustaría compartir contigo aquellas cosas que, vistas hoy desde la distancia, con perspectiva y tranquilidad, son la causa de que pueda considerarme afortunada. No todo el tiempo, no ante cualquier circunstancia, pero sí la mayor parte de mi vida me he considerado así: una persona con suerte.

En la base del éxito para conseguir objetivos en la vida, he descubierto que hay una serie de constantes que se repiten, tanto desde mi propia experiencia como la de las personas que ha depositado su confianza en mí a lo largo de estos años. Te las cuento por si pudieran servirte, estoy segura de que al menos, te harán reflexionar:

Sé dueño de tus decisiones y también de sus consecuencias: arriésgate a dominar por completo tu vida y crear oportunidades que no llegan, disfruta de los éxitos que consigas y aprende de los errores cometidos. Todo habrá sido fruto de tu determinación, y eso en un éxito en sí mismo.

Comparte momentos y experiencias: mi buena estrella ha sido siempre saber elegir las personas con las que compartir mi vida. Tengo una gran familia que me apoya y que es grandiosamente imperfecta, comparto vida y sueños con un maravilloso marido desde hace más de media vida, y desde hace 3 años, compartimos el proyecto de nuestra vida: ver crecer a Alba. Pero mi buena suerte, no se acaba aquí, pues poseo amigos, con mayor o menor antigüedad, que me aportan todo aquello de lo que carezco y siempre suman.

Aprende de los demás y hazlo de manera continua: desea aprender y crecer siempre, no te canses. Busca personas interesantes que te aporten y a las cuales aportar, intercambia conocimientos y experiencias. Eso te hará más grande, mejor persona y eso deberá formar parte de tu búsqueda de la excelencia.

Date tiempo para superar lo que te ocurre y escapa de tu control: no todo sale bien, no siempre se consigue lo que se desea, y eso es algo que debes aprender cuanto antes. Aquellas cosas que no entren dentro de tu responsabilidad y de las cuales no tengas el control, puede no se lleguen a conseguir nunca. Prueba, observa, experimenta, busca alternativas… y cuando descubras que ya no depende de tí, asúmelo y date tiempo para superarlo. Esto ocurre con los objetivos, los acontecimientos y las relaciones, forma parte del aprendizaje de la vida.

Rodéate de personas que den luz: busca personas que iluminen tus días. Ya sé que puede parecerte un tanto cursi, pero te aconsejo que pruebes. Busca tener en tu vida personas que te inspiren, que te inviten a ser mejor, que sepan más que tú, descubrirás el placer de disfrutar de sus éxitos y de estar cerca de esa luz que desprenden. No es tuya, pero formas parte de ella de alguna manera, ¡qué gran regalo!

Deja ir a quienes no te aportan: al igual que en el caso anterior debes buscarlas, aquí tienes que dejar ir a esas personas. A veces es cuestión de tiempo, otras de que las circunstancias que os unieron un día ya no existen. Lo importante es que ya no sumáis en vuestras vidas y podéis impedir el uno al otro encontrar a quienes sí lo hagan. Te estoy hablando de trabajos y relaciones profesionales, pero también de relaciones personales. Si no aporta, suelta lastre; si no suma, deja ir: aunque duela, es lo mejor para ambas partes.

– Acepta el cambio como parte de la vida: cada día que pasa eres diferente al anterior y, afortunadamente, nos pasa a cada uno de nosotros. El cambio constante requiere de un esfuerzo permanente para ser aceptado, pero es algo necesario y que te hará mejor, siempre que tú lo quieras ver así. Aprende a asumir los efectos del paso del tiempo y la repercusión de tus actos, en tí y en los demás, la vida te resultará mucho más fácil de entender.

Agradece lo que tienes y te has ganado y lucha por lo que quieres conseguir: todo lo que eres y has conseguido tiene un motivo, agradece poder haber llegado y disfruta de tus triunfos, vívelos. Pero no olvides seguir luchando por lo que quieres hasta donde te permitan tus fuerzas, sin olvidar saborear las victorias que has ido sumando en el camino.

Como te dije al inicio, este post fue tomando poco a poco forma de agradecimiento. Detrás de cada punto tratado, hay una persona, una vivencia, una circunstancia vivida por mí o por alguien que me permitió estar cerca en esos momentos. No puedo poner nombres, no acabaría nunca, pero yo sé quienes son y eso hace que tenga muy claro el motivo de mi buena estrella: todos ellos son mi buena estrella.

Fuente de la foto: Pixabay.com

 

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Jugando a ser Dioses

Fuente de la foto: Pixabay.com

Antes de comenzar me gustaría contarte que lo que viene a continuación es una reflexión personal que hace años me ronda la cabeza, y que no tiene nada que ver con corporativismos ni dogmas. Tan solo es eso, un pensamiento en voz alta.

Me gustaría que conocieses mi visión sobre lo que los profesionales que trabajamos en la gestión de personas y el desarrollo humano en general nos podemos encontrar, y muchas veces, ignoramos.

Después de más de 10 años gestionando emociones propias y ajenas, realizando y compartiendo procesos de coaching, viviendo las historias de otros en primera fila, he podido presenciar actuaciones que me han hecho dudar seriamente sobre mi vocación, mi profesión.

En muchas ocasiones llegan a mi vida personas con el alma rota en pedazos, con la vida patas arriba, con sueños y objetivos por realizar, y que quizás nunca se lleguen a cumplir… Y en esa fragilidad con la que llegan a mí, es en la que baso (o al menos lo intento) mi praxis, mi profesionalidad, mi integridad. Y es en ese quebradizo equilibrio en el cual fijo toda mi atención, con la idea de formar parte de la solución, pero nunca como una debilidad de la que aprovecharse.

Mi reflexión no consiste en decirte lo bien o mal que hago mi trabajo, sino simplemente en que soy consciente de cada día, en mi trabajo, llegan a mí personas rotas, intentando recomponerse. Y yo, en la mejor de las intenciones, con la necesidad como persona y profesional de ayudar, puedo llegar a sentirme Dios… Y necesito estar muy atenta para no caer en esa trampa.

En estos últimos años, me he hartado de leer artículos sobre lo que es y lo que no es el coaching, he acudido a montones de charlas escuchando la misma monotemática introducción sobre esta herramienta, pero en muy pocas se ha tratado este tema. Y me apetece, y además mucho, tratarlo desde dos aspectos que considero básicos.

El primero de ellos es la equivocada idea a la que se puede llegar en esta profesión de ser el “solucionador” de problemas de las personas con las que trabajas, de ser la luz que ilumine sus caminos. Si no tienes cuidado en este sentido, si no trabajas y cultivas tu humildad y profesionalidad, puedes caer en el error de sentirte Dios por un momento, y eso sería terrible. Llevarías a la persona que tienes enfrente a donde tú quieres, y no a donde quiere ella; la asesorías sobre lo que mejor consideras para ella según tu visión, no según la suya; no admitirías fallos, te creerías omnipotente y perderías la objetividad y profesionalidad que te ha hecho llegar a estar donde estás. Estarías permanentemente guiando el proceso para confirmar tus hipótesis y no para explorar lo que desea la otra parte. No te dejes vencer, no dudes por un momento que eres una pieza más del puzzle, pero nunca la más importante!.

Y en ese camino de poder y delirio llega el segundo de los puntos de la reflexión. Es ese empacho de autoridad y capacidad para manejar vidas ajenas, donde puedes ignorar elementos tremendamente importantes: trastornos del estado de ánimo y/o trastornos mentales. ¿Cuántas veces has tenido a un cliente frente a tí y has dudado de si en su discurso aparecen síntomas de un T.A.G. (Trastorno de ansiedad generalizada) o de un principio de depresión? ¿Cuántas has tenido a un coachee hablándote de ideas de suicidio o has percibido una profunda apatía en todo lo que transmite? ¿Y cuántas has pensado en si tienes las herramientas adecuadas para poder discernir si tienes delante a una persona que necesita fijar objetivos o necesita algún tipo de terapia? Yo, la he tenido tantas veces… Y me he sentido tan torpe, tan sola… He tenido tantas dudas y las he compartido con colegas, he derivado casos y he suspendido procesos. ¿Soy mejor que tú? No lo sé, tan sólo sé que soy consciente de que en el desarrollo y gestión de personas es básico el conocimiento y reciclaje continuo de la Psicología general y sobremanera de los trastornos psicológicos, de la psicopatología y las nociones mínimas para percibir (que no diagnosticar) que algo no está yendo bien.

De estos dos puntos, se desprenden algunos de los requisitos básicos, que al menos para mí, son imprescindibles en la gestión y desarrollo de personas:

aprendizaje y desarrollo de competencias que van más allá de las meramente académicas, y un profundo trabajo de valores que sustenten una praxis impecable.

supervisión y feedback periódico por otros profesionales conocedores de la conducta humana y sus entresijos.

revisión y reflexión permanente, basada en la autocrítica después de cada puesta en práctica.

amplio conocimiento sobre la Psicología del ser humano en aspectos básicos como la motivación, el aprendizaje o la personalidad, y sobre todo, la psicopatología.

Y como no quisiera finalizar de manera aleccionadora, me gustaría volver a recordarte que es una visión personal sobre las carencias que me voy encontrando por el camino y me gustaría ir haciendo cada vez más pequeñas. No pretendo decirte lo que hay o no hay que hacer, ¡jamás se me ocurriría!. Pero sí pretendo compartir contigo aquello que prometí en el nacimiento de este lugar de reflexión, y en ello estoy.

Y recuerda: no somos dioses jugando a capricho con las ilusiones y esperanzas de quienes depositan su confianza en nosotros. Por lo que todo conocimiento que nos acerque al funcionamiento del comportamiento humano, será bienvenido.

Como te dije, algunas veces te encantará leer lo que pienso, otras lo aborrecerás, las mismas que no estarás de acuerdo o las que te reirás viéndote reflejado en cada línea. Me gustaría saber como ha sido en esta ocasión ¿me lo cuentas?

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La historia de un principio…

… O el principio de una historia.  ¿Cuántas veces has sentido  ese hormigueo en el estómago, esas ganas de compartir  y aportar al mundo cuando comienzas algo nuevo?. Y ¿cuántas veces, de repente, te has dado cuenta de que posiblemente no descubras nada especial, ni cambies la vida de nadie? Y aún así, te apetece estar presente, estar ahí…

Así mismo me encuentro en este momento, dándole vueltas después de tantos meses a esta nueva faceta y al sentido y valor que aporta(rá) a mi vida. Sopesando si estaré a la altura, si conseguiré lo que pretendo y sobre todo, si me hará feliz y mejor persona. Y como es habitual en mí, me he dicho: “Este es tu espacio: crea, disfruta y aporta, intenta sumar siempre y las cosas buenas, llegarán”.

Y aquí estoy hoy: podía haber sido la semana o el mes pasado o después del verano, pero casualidad o no, el 15 de mayo nació el motor de mi vida: mi hija Alba. Y así, todo empieza a fluir y las fechas a encajar y, dejándome llevar por los acontecimientos, me encuentro alumbrando mi web y mi blog en la misma fecha que vio nacer a mi hija.

Espero poder compartir contigo experiencias, reflexiones y visiones sobre aquello a lo que me dedico y es una parte tan importante de mi vida: la psicología, el talento de las personas y la conducta del ser humano. Me gustaría que nos encontrasemos a menudo por aquí, para que podamos intercambiar opiniones sobre aspectos de actualidad y que nos puedan enriquecer.

Será como un pequeño salón de reuniones en el que espero verte con frecuencia, y donde serás bienvenido siempre que te apetezca venir. Quedas por lo tanto, invitado a pasarte por aquí para que nos vayamos conociendo y espero, que con el paso del tiempo, te encuentres cada vez más cómodo.

Así es como comienzan las historias: con miedos y dudas, con expectativas y deseos, con pasión y  muchas ganas. Así empieza mi historia…