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Los 6 síndromes que impiden una delegación eficaz

Tengo la sensación de que hasta que no te hablo de etiquetas, tipologías, clasificaciones y demás encasillamientos, cualquier tema sobre el que te hable no adquiere seriedad.

Y como quiero hablarte de manera muy seria sobre la delegación, he diseñado expresamente para ti, para que me hagas caso y me prestes atención de la buena, una serie de síndromes que impiden una delegación eficaz:

– Síndrome “Porque yo lo valgo”: Se trata de responsables de departamentos que piensan y hacen ver de manera muy clara, que nadie puede hacer las cosas tan bien como ellos. Básicamente les es imposible, dado que el tamaño de su ego inunda todo e impide ver la realidad del potencial que pueden tener al lado, del talento a desarrollar y explorar en su equipo. Infinitamente más sencillo dar ese golpe de melena tan característico del anuncio, que pensar que alguien, que además tienes a dos palmos, puede hacer sus tareas mejor que ellos, más rápido y de manera más efectiva.

– Síndrome “Porque yo lo digo”: Son personas al mando, que creen que el proyecto en el que se encuentran inmersos es su cortijo: ordenan, mandan, atan y desatan a su antojo. Y en ese antojo está el de no delegar, o el de hacerlo con criterios poco objetivos como el de “porque me da la gana”. Y ¿qué consiguen con esto? Además de alejar a sus colaboradores e infundir miedo por doquier, se sobrecargan de tareas de manera innecesaria. Lo cual incrementa su enfado pensando que tienen a su cargo un equipo inútil, dándose la razón a sí mismo sobre la idea de que sólo quien manda (casualmente él) puede hacer las cosas que se tienen que hacer. Y vuelta a empezar…

– Síndrome del “Conejo blanco”: Este no me lo he inventado yo, pero lo he traído aquí porque es muy frecuente encontrarse con personas con responsabilidad en las empresas que siempre, siempre tienen prisa. Y si no la tienen, se la crean, al igual que la ansiedad y exigencia extremada que transmiten a sus colaboradores. No consiguen tener un hueco en su agenda para desarrollar a su equipo, para detectar el talento oculto para formar, guiar, tutorizar, hacer crecer. No lo tienen nunca, y el motivo no es el tiempo, porque ese siempre va al mismo ritmo. Cuestión de prioridades

– Síndrome del “Gollum”: No voy hablarte de la personalidad múltiple que presenta este odioso y tierno personaje creado por Tolkien. Te voy a hablar de la necesidad, incluso compulsión, que tienen algunas personas de guardar cual tesoro conocimientos, funciones o responsabilidades. Ignorando que, lejos de ser una muestra de poder y competencia, es un reflejo de la inseguridad y el miedo a ser prescindibles, a que alguno de sus colaboradores sea mejor, a que alguien que no sea él. Ya sabes, “mi tesoro…”.

– Síndrome del “Psicólogo”: Como lees, del psicólogo como lector de mentes, como adivinador de pensamientos y predictor del futuro. Aunque con buenísima intención, hay personas que ocupan puestos de responsabilidad, cuyas artes adivinatorias les hacen saber (sin contrastar con los realmente interesados) el nivel de capacitación, preparación o interés de sus colaboradores. Casualmente, estos superpoderes siempre tienden a la creencia de que los componentes de su equipo NO quieren responsabilidades, NO saben hacer las cosas bien, NO están preparados… Y eso, es mucho más cómodo, aunque tremendamente agotador, que ponerse manos a la obra para dar forma a todo el talento que existe al alcances de sus manos.

– Síndrome de “La buena madre”: Al igual que en el caso anterior y con la mejor de las voluntades, en las organizaciones también existen personas con responsabilidad que intentan proteger a sus equipos. Y lo hacen con tanto esmero…que bloquean el desarrollo del mismo. Es habitual verles diciendo frases como «Ya tienen bastantes los pobres» o «Para eso yo soy quien más cobra», con las cuales lo único que consiguen es generar limitaciones donde no las hay y dependencias innecesarias. Y el equipo por su lado, puede que deseoso de adquirir nuevas funciones y tareas como forma de sentirse valorados y mientras, la casa sin barrer…

 

Es posible que mientras lo hayas leído se te haya escapado alguna que otra sonrisa socarrona imaginando a cualquiera de tus (ex)jefes al lado de alguno de estos síndromes tan comunes. Conste que me haría una ilusión tremenda resultarte entretenida… Pero también es posible que alguien, en algún lugar, le haya venido tu cara a la mente al leer cualquiera de estos síndromes que nos alejan de una delegación eficaz.

Sea como sea, ninguna de las dos opciones tiene gracia. Así que háztelo mirar y no me hagas tener que inventarme otro síndrome, al menos, en lo que a delegación se refiere.

Imagen: Shutterstock

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Dicen que ya no soy coach…

Dicen que ya no soy coach, pero se olvidan de que nunca lo fui en realidad. Y digo bien: nunca lo fui y menos ahora con todo lo que sé que implica tener que hacer para ostentar tal mención.

No te quiero aburrir con los títulos ni experiencias profesionales que hacen que sea quien soy a día de hoy, es lo último que me apetece. Además, sé de sobra que tienes otras formas mucho más rápidas de saber sobre mí. Pero lo que sí tengo claro, y creo que es la base de todo, es que soy psicóloga. Y ahí, reside parte del problema y de la solución de lo que te quiero «llorar».

 

Llevo desde el 2008 formándome y adquiriendo conocimientos en lo que conocemos como coaching, lo que para mí es una herramienta más de las que me ayudan a llegar a las personas y organizaciones con las que trabajo. A ellas y a sus objetivos, sus necesidades, sus circunstancias.

Son 10 años de aprendizajes, asimilando y aplicando conceptos y técnicas que me han permitido dar forma y poner nombre a aquello que estudié en psicología y otros metodologías que llegaron de la mano de diferentes disciplinas. A día de hoy llevo acumuladas más de 500 horas en procesos de coaching (me las sé de memoria porque es habitual que las tengamos registradas, contabilizadas y documentadas).

Tuve la necesidad (generada por el propio contexto y momento) de certificarme por la entidad con la que me formé en mis inicios. Dicho sea de paso, esa primera formación fue determinante en mi decisión de dirigir mis esfuerzos en aplicar y trabajar con esta técnica que tantas alegrías me ha traído todo estos años.

Y de ahí, hacia arriba, como un cohete. Me certifico en su momento, obviamente con la entidad con la que me he formado porque para eso está acreditada por sí misma y forma parte de una asociación que la respalda, compuesta por profesionales formados y acreditados por esa misma entidad (saca tus propias conclusiones). Y me sigo formando, creciendo, ampliando horizontes y mente, o eso creo, o eso intento. Y lo hago en estas y otras técnicas, conozco otras materias, experimento con nuevos métodos. Y me apetece meterme en el lío de “subir” en el nivel de certificaciones, para llegar al TOP de las certificaciones, como que eso me hace ser mejor profesional. Todo me parece poco…

Hasta que me doy cuenta de que lo único que hacen esas certificaciones es darme seguridad cuando no la tenía, cuando me la intentan quitar porque esa inseguridad es la base en la que se sustenta su propia existencia. Y da cierta lástima y al mismo tiempo orgullo, ser consciente de todo ello. Constatar que en estos 10 años, las 500 horas de las que te hablaba antes, han tenido lugar gracias a la confianza que mis clientes y las organizaciones han depositado en mí permitiéndome acercarles los beneficios de la psicología a su día a día. De los resultados obtenidos, de la satisfacción de hacer las cosas con convicción y valores firmes, y no de las certificaciones obtenidas.

 

Estas y otras circunstancias que no vienen a cuento (o quizás sí, pero esto se haría interminable) me han hecho darme cuenta de lo que te decía al inicio: no soy coach, nunca lo fui. Y por lo tanto, no necesito que me renueven cada año el pase para poder seguir siéndolo a cambio de nada.

A parte de mi postura sobre la profesión de coach (si no la conoces, te invito a leer este post) y mi defensa sobre el papel de la psicología en las bases del coaching, se une la de no ser más cómplice de este tipo de certificaciones (al menos, de las que conozco hasta el momento). Un proceso que tiene más de burocrático y de costes que de supervisión profesional, una certificación que tiene más de pegatina de sobre-sorpresa que de seguimiento y mejora continua. Una certificación que serviría para acreditar una capacitación demostrando ante “notario” que las horas en procesos que dices tener en tu poder, son tales. Pero que solamente tendrán validez mientras pagues religiosamente una cuota a cambio, y que en caso contrario, pierdes. Y entonces ahí, la que se pierde soy yo.

Comprendo que si no estás vinculada a una asociación, la misma no dé por válida la certificación que acreditó en su momento. Es lógico: no van a acreditar a alguien que no sostiene su sistema ni forma parte de él.

 

Pero lo que me lleva a contarte todo esto es la siguiente reflexión: si pierdo la certificación que la asociación ha emitido ¿también pierdo la formación, experiencia y conocimientos adquiridos y facilitados por ella? Creo que la propia pregunta se responde a sí misma. ¿Cómo se va a perder lo adquirido y asimilado, lo aplicado y ejercido durante 10 años porque una entidad así lo decida? ¿Por dejar de pagar una cuota? Y ojo, que no estoy en contra de los motivos que llevan a las asociaciones a tomar esa decisión: si no pagas, no eres asociado y pierdes la certificación. Otra cosa es que vea esa decisión coherente con la misión que las hace nacer, que no es otra que la de favorecer el desarrollo y divulgación del coaching como profesión.

¿Perderé entonces mi credibilidad y profesionalidad? Me hago esta pregunta en voz alta porque hoy sé la respuesta y no me da miedo decirla en voz alta, pero hasta no hace mucho, me hicieron dudar…de ello y de mí. Que no te engañen, el respeto y la acreditación siempre han de venir de la mano de los clientes, de los colegas de profesión, de los resultados. En caso contrario, será papel mojado…

 

En fin, que dicen que ya no soy coach, y creo que después de contarte todo esto se reafirma mi idea de que nunca lo fui. Lo que sí soy es una profesional de la psicología, que aplica con el mismo rigor el código deontológico que el coaching como técnica en su día a día. Pero para eso, no hay certificaciones jugosas en el mercado…. de momento.

 

Imagen: Jill Greenberg

 

 

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Personas con alma: Noelí Fernández. Resurrección I

Podría decirte que es rara, pero no, ella es especial. Quizás se defina como diferente, pero yo la percibo como única, y es que ella es única.

De apariencia frágil esconde (pero solo a ratos) una fortaleza inmensa en su interior, con unos valores tan arraigados como firmes, tan bien razonados como defendidos. Esos, sí que no los esconde.

Con pocas personas he compartido conversaciones con la intensidad y profundidad como con ella. No deja de sorprenderme su cultura musical, de la cual aprendo continuamente: siempre tiene una canción, una estrofa, un estribillo para cada circunstancia, persona o contexto.

Sé que no soy imparcial con ella, demasiadas cosas buenas me atraen (sí, sí, como lees, me atraen, me atrapan) de ella. Pero desde mi absoluta imparcialidad y pasión te digo que tienes que conocerla, porque no sé en qué momento, llegará muy lejos. Y ¿sabes? yo, tendré la suerte de presenciarlo desde la retaguardia, pero muy cerca.

Mi #PersonaConAlma es Noelí  Fernández Ordiz (tela con los Ordiz, tiene una madre y una prima, que acabarán pasando por aquí, lo sé, lo veo).

No tiene ni una sola fotografía que le haga justicia porque es guapa a rabiar, y su humildad le ha impedido hacerse una «decente» para este regalo que me ha hecho. Así que yo, le hago otro con esta imagen, que sé de sobra que le va a encantar. Un regalo por otro regalo.

Disfrútala! Yo, lo hago muy a menudo…

 

Era yo la chica de la Puerta de Atrás. O, al menos, eso creía ver. El hecho de ser miope alta de nacimiento “nivel topo” supongo que no ayuda mucho, la verdad. Mis limpiaparabrisas eran defectuosos, no hubieran pasado una sola ITV, ahora lo sé.

Atisbaba paraísos y “esperaba en vano, otra ocasión”.

Observándolos desde la Puerta de Atrás.

Me pregunté si sería una Lilith de aquellos Edenes sin dueño y me contesté: Sí bonita, va a ser que sí…, tienes un cuerpo en precario, una coraza agrietada, un envoltorio que no te hace ni puto caso…

Cuando un cuerpo está preso, sin libertad condicional ni posibilidad de solicitar un tercer grado se le empiezan a acumular gritos en “modo espera”. Yo continuaba espiando desde la Puerta de Atrás, el paraíso que se escapaba de mi purgatorio de infierno incierto. La incertidumbre es un jodido infierno, para mí lo es. Prefiero un tiro certero que la agonía lenta y casina de la maldita incertidumbre.

¿Dónde diablos se mete el gran Houdini cuando una necesita un escapismo urgente? Silencio.

Fue el tiempo en que “perseguí la justicia, que se me negó”. Una y otra vez, esquivándome, haciéndome regates cortos…sin detenerme, en aquella carrera desenfrenada y difusa, a darme cuenta que la justicia tiene sus tiempos, a veces puede parecernos la Eternidad con balanza y venda en los ojos, y nos desespera con esa cachaza. Pero, en el mismo momento que dejamos de correr tras ella, la tenemos en la chepa. Ya no es necesario movernos más. Y así ocurrió.

En cuanto me detuve y respiré a Iustitia se le cayó la venda y empezó a funcionar.

Yo, mientras tanto, fisgándolo todo desde la Puerta de Atrás. Y el paraíso a su aire, desplegando ante mi su plumaje de pavo real, de vedette con sobredosis de ego.

Y mi mente como vaca sin cencerro (siempre Almodóvar), intentando robarle el reposo a la cama de un faquir.

Se sucedieron días que doblaban horas, horas que inflaban minutos, en una dejadez lenta…Tan lento todo.

Hasta que…mi pie izquierdo dio un paso, un pasito minúsculo, ridículo, un paso tortuguil de casi dar la risa. Y el derecho, aunque fuese por un “culo veo, culo quiero”, le siguió.

Lo que vino después fue un no parar. Me subí a una bici en la que, aún con lluvia en los ojos, sentía llegar cada meta volante como un milagro, cada repecho, puerto, escalada (siempre al borde de la pájara) lo celebraba el día entero con el alma despegando de aquel suelo opresivo.

Ahí supe que comenzaba una estrategia de “tierra quemada”, que “nunca más me haría volver atrás”.

Mi mente mutó en un par de ovarios tozudos y aprendí a coser. Como la Sally de Tim Burton remendé los trozos de cuerpo que se me iban cayendo mientras avanzaba, llegué a sentir que la vida se escapaba intentando tapar 17.000 fugas de agua a dos manos.

A medida que el avance me hacía salir de la trinchera para luchar en vanguardia, me fui dando cuenta de que el “odio se transformaba en valor”, en asombrosa metamorfosis. Porque hubo odio, lo vi de frente. Y me enseñó que “no hay demonio mejor ni demonio peor”. Todos son la misma presencia.

Y de la rebelión a la revelación.

Toda yo estaba repleta de paraísos. Pero no eran exactamente los que la mayoría anhelante me intentaba vender. Eran otros, los míos, los que había llevado en vena desde antes de antes. Estaban allí, en la Puerta de Atrás, sacando punta con su divina lengua bífida a los espejismos que mis luces cortas habían creado. Y se reían, se partían el alma de risa mientras yo me puse tibia a rajar con ellos.

Pusimos como los trapos a aquellas mamarrachas que yo había creído Paraísos Oficiales.

Y me quedó clarito, pa los restos, que quien nunca ha visto a Dios, se arrodilla ante cualquier santo.

Empezaba mi primera resurrección.

 

Imagen: martina spoljaric photography

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Confesiones de una entrevistadora entrevistada

Lo prometido es deuda, y me comprometí a compartir contigo la trilogía completa sobre las entrevistas de trabajo antes de finalizar el año…y aquí estoy. Voy justa, lo sé, pero creo que merecerá la pena. Y si no esa así, al menos habré cumplido mi palabra.

 

Esta última parte, es donde te voy a contar mi propia experiencia como candidata a diferentes procesos y proyectos (sí, los de Recursos Humanos, también pasamos por estos procesos…). Y lo voy hacer desde la sinceridad de abordar la necesidad de profesionalizar el sector y dotarlo de la seriedad que se merece. Porque he de admitir que me han hecho entrevistas de las cuales he deseado salir huyendo, me he encontrado con entrevistadores que hacían cualquier cosa menos entrevistar, he sentido vergüenza ajena y he aprendido lo que NO se debe hacer si quieres que tus candidatos te valoren, se encuentren cómodos y te ofrezcan toda la información que necesitan saber para tomar la decisión más adecuada.

 

Te lo voy a contar tal cual lo he vivido y me lo han hecho saber muchas personas que han participado en procesos de selección, “serios” y no tan serios. Y te lo voy a contar desde el NO, de nuevo, que parece que tiene más efecto:

 

No me hagas esperar 3 horas para recibirme, ni como forma de ponerme nerviosa o desestabilizarme, ni como excusa de que te ha surgido un imprevisto. Si no puedes atenderme, me lo dices y vuelvo otro día (o no…). Si piensas que no tengo nada mejor que hacer que estar esperando aquí horas y horas, para que finalmente no me hagas ni caso, es que has guardado bajo 4 llaves en tu cajón el trato humano y respetuoso a quien ha invertido parte de su tiempo y esfuerzo en ir a conocerte.

 

No me leas mi currículum tal cual, para eso no vengo, que ya me lo sé yo de memoria. Pregúntame por una determinada formación, una experiencia laboral en concreto, céntrate en una ausencia de actividad profesional determinada. Pero ¿leer mi currículum como un papagayo en mi presencia? No sé, no lo veo… ¿qué consigues con eso más allá de darme una malísima impresión y hacerme pensar que no te has preparado nada?

 

– No me digas que te cuente un poquito mi trayectoria profesional mientras te lees mi currículum por primera vez, porque te aseguro que lo notaré. Porque no sé si lo sabes, pero eso, se nota, y mucho.

 

– No te dirijas a mí por otro nombre, tanto en la entrevista como cuando me has citado para vernos. ¿De verdad no te has leído bien con quién vas hablar o entrevistarte? Ya no te digo nada, de que me llames para otro puesto diferente al que he enviado mi candidatura. Si no vas a pasarme ni una porque todo cuenta en nuestro encuentro, esto también va por ti ¿o quieres decirme que tienes un doble rasero?

 

No me hagas perder el tiempo ni te andes con rodeos para contarme lo que necesitas en tu organización. Aunque tu estilo no sea directo, lo cual respeto muchísimo, a ninguno de los dos nos favorece el hecho de no saber lo que queremos. Te prometo que iré a la entrevista con los deberes hechos ¿puedes asegurarme tú lo mismo?

 

– No me convoques a puestos para los que no estoy capacitada en cuanto requisitos mínimos (y lo sabes, o deberías saberlo) o para los cuales tengo que desplazarme 350 km. Sobre todo si ya tienes al candidato seleccionado… No te imaginas la inversión que supone este tipo de acciones, si lo hubieras anticipado, no te lo estaría contado en este post.

 

No te ofendas porque te haga preguntas sobre mis funciones, responsabilidades o salario en el futuro puesto de trabajo. Sobre todo cuando las hago tras la manida invitación “¿tienes alguna duda o cuestión que quieras tratar?”. Porque ya que estamos, me apetece tratarlo antes de tomar una decisión y saber si quiero o no realmente comprometerme con tu proyecto y hacerlo mío.

 

No me hagas preguntas que sabes que no te voy a responder, aquellas que sabes que puedo perfectamente no hacerlo, que suponen una falta de respeto o que sencillamente, no son relevantes para el desempeño del puesto de trabajo. O ¿es que crees que sí pueden serlo el hecho de estar casada, tener hijos o estar en edad de tenerlos? Déjame que te demuestre que no es así, aunque este tipo de preguntas ya dice mucho de ti y de tu organización.

 

– No me pases pruebas ni tests sin sentido, y ya de paso, no me hagas participar en dinámicas que hayas visto en algún video de Youtube y que te hayan resultado “divertidas”. Quizás pienses que te estás luciendo conmigo o simplemente quieras rellenar tiempo, pero te aseguro que si me hacen sentirme ridícula y no me aporta nada, no conseguirás obtener de mí todo lo bueno que tengo. Así, no.

 

No me trates como una ignorante, un trapo viejo o una cría. Es cuestión de respeto, así de simple. Trátame como una persona con la que puedes llegar a un acuerdo y obtener un beneficio mutuo, y si no es así, tan amigos. No hagas un mal uso tu situación de (supuesto) poder, nunca se sabe realmente quién tiene la sartén por el mango en la vida.

 

– No te despidas con un “ya te llamaremos” si es que no tienes pensado hacerlo. Explícame que sólo me llamarás en caso de ser la persona seleccionada en un plazo determinado (que deberías tener previsto con un margen de error, obviamente), y me dejas mucho más tranquila y con vía libre para seguir mi camino. No me tengas como alma en vilo pendiente del mail o el móvil o haciéndome sentirme una pesada al tener que ser yo quien llame para saber el estado de mi candidatura.

 

Podría seguir con un montón de NOes al igual que lo he hecho hace unos meses en este post sobre las entrevistas, pero en resumen te diré que todo proceso de selección mal enfocado, poco preparado o carente de profesionalidad es una nefasta estrategia de marca para la empresa que lo realiza. Quien sale disgustado, ofendido u ojiplático de una entrevista, es un prescriptor (para mal) de la imagen de la empresa para la cual optaba a formar parte y de la que sale espantado. Y yo, lo que quiero, lo que deseo, son organizaciones que se esmeren en elegir, formar y preparar a las personas que las integran para que hagan que esta búsqueda de talento sea lo más efectiva posible y todas las partes salgan ganando. Incluso cuando no hayas sido seleccionado, salgas por la puerta con un buen sabor de boca y te conviertas en un embajador de marca…esa para la cual no has llegado a trabajar, pero te gustaría.

 

Pero claro, para esto hacen falta ganas y buenos profesionales…

 

Imagen: google.com

 

 

 

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Personas con alma: Almudena Lobato. Me gusta, me gustas.

Almudena Lobato… ¿cómo te explico yo lo significa esta psicóloga sevillana para mí? Empezaré por el principio, por esa conversación de teléfono en la que nos pusimos voz y que fue la primera de muchas (siempre nos quedamos con ganas de más, sobre todo cuando la cobertura nos deja a mitad, jajaja). Es ahí donde me cuenta con detalle su trayectoria profesional, su proyecto de Personas en Positivo, su familia, su vida…y donde rápidamente percibo la calidad humana que hay detrás de ese perfil en la red.

Esta mujer guapa a rabiar y lista como el hambre, te llega con una dulzura y una suavidad que hace que quieras que se quede en tu vida para siempre. Y lo hace porque siempre tiene una buena palabra, una sonrisa, un gesto amable. Siempre sabe qué decirte, en el momento adecuado y de la mejor forma para que lo entiendas, para que te comprendas (sí, a ti mismo, a ti…). Y además, tiene la cabeza tan bien amueblada como capacidad para hacer que lo desagradable no te haga daño, pero te llegue y aprendas. Y lo hace así, sin despeinarse, porque sabe de lo habla y cómo hacerlo.

Hace tiempo que le abrí las puertas de mi vida y de mi casa, ahora tocaba la del blog y ni siquiera me ha dado tiempo planificarlo. Fue decirle que la quería ver dándose un paseo por aquí, y enviarme este regalo en forma de post. Vaya por delante, que el regalo ya lo había recibido al tenerla presente en mi día a día, pero esto…esto es para enmarcar.

Que la disfrutes, yo lo hago a diario (lo mejor de todo, sus audios de WhatsApp que se quedan a mitad 😉 por «fallos técnicos»).

 

Jessica es una persona Bonita, así con mayúsculas. De esas personas bonitas de las que trato de rodearme cada día y siempre que puedo, porque me hace mejor, porque me hace bien. Porque lo suyo es tuyo, sin más, porque sí, porque te lo quiere dar. Es un regalo y yo tengo mucha suerte.

Gracias Jéssica por compartir conmigo tu casa, una vez más, ahora también por aquí. Feliz contigo cerquita.

 

Me gusta, me gustas.

Si fuese un ave, sería nocturna. Me gusta la noche, su silencio, su calma. Me gusta alargarla, sentirla, sentirme, sentirte, como parte de ella.

Me gusta la noche, su cielo, su luz entre tanto oscuro. Porque da igual cuanta oscuridad me rodee, cuando alzo la vista siempre encuentro luz, mi luz, tu luz, siempre está allí, esperando a ser contemplada. Como tú, como yo.

Me gusta la noche por que nunca es igual, por más inmóvil que permanezcas contemplándola, ella simplemente pasa, sucede, cambia. No hay un único mapa escrito entre tantas estrellas. Así, como la vida.

Me gusta la noche, porque cuando trato de escucharla, escucho el sonido de la vida respirar. Y entonces, al contemplar, al escuchar, me doy cuenta de que todo lo que me importa respira, ahora, junto a mí, muy cerca, y el resto puede esperar.

Me gusta el cielo azul del día, limpio, sin horizonte, con el único límite que el que pone la mirada. A veces se pierde junto al mar, tocándose ambos con disimulo, tan juntos y tan distintos a la vez. Cada uno en su lugar y en perfecto equilibrio.

Me gustan los días con nubes porque al mirarlas soy más consciente del tiempo que pasa, que marcha y se va. Soy más consciente de la imposibilidad de agarrarlo, de agarrarte, de retenerte pero sí de vivirte, de vivirme.

Me gustan los días con niebla. Esa que sólo te deja ver cuando te acercas, esa que te susurra en la cara su aire fresco, como quien comparte un secreto. Como tu vida, más clara cuanto más dentro, cuanto menos miedo.

Me gustan los días oscuros, esos que calan hasta los huesos, de agua y de viento, esos que parece que nunca terminan, pero que siempre pasan. Esos que dan vida tras la tormenta, que llenan de color cada momento. Esos que son necesarios en este ciclo de idas y venidas. Esos que te llenan las manos cuando antes sólo las veías vacías.

Me gusta la vida, porque es cuanto tengo. Me gustan sus días con cada una de sus noches, porque esa es mi vida. Y sólo cuando me gusta acepto, agradezco y doy permiso para que me alumbre en esos momentos no tan buenos.

Me gusta, sin más, sin menos. Me gusta sin preguntar por qué sí o por qué no, me gusta tener un para qué, un para mí, un para ti, un para vivir. Me gusta sin luchar, me gusta dejar llegar, lo bueno, lo malo, tal cual. Porque cuando no puedo elegir acojo, abrazo, me encojo, me agrando. Me gusta porque cuando puedo elegir, me escojo, te escojo.

Y te escojo a ti, sin más, con tus días buenos y tus días malos, porque no quiero que seas distinto, sino tú, sino yo. Y te escojo a ti para que te escojas, para que elijas, para que te elijas, para que vivas, para que te vivas, para que te guste tu vida, mi vida, sin más, sin menos, aquí, así, ahora.

Me gusta. Me gustas. No hace falta más, ni menos. Haces falta tú, hago falta yo, y que andemos. Hace falta acompañar la vida, acogerla, sentirla, abrigarla, crearla, compartirla, mejorarla. Sí, así, con todo tu miedo. Sí, así, con cada paso andado. Sí, así.

Me gusta, me gustas. ¿Andamos?.

Un saludo y buen camino.

 

Almudena Lobato.

P.D. Estas palabras las escribo como personita pequeña que forma parte del mundo, de la enorme naturaleza, las escribo al amor, a la aceptación y al agradecimiento, como partes del camino para andar una vida positiva y saludable, con uno mismo, con otro.

Gracias Jessica, por darme la posibilidad de compartirlas.

 

Si no la conocías, ahora ya no tienes excusas para no perderla de vista, y podrás hacerlo a través de:

@lobatopsicologa

Facebook: Almudena Lobato Montero

www.personasenpositivo.com

 

 

 

 

 

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Personas con Alma: Pedro Gallo. ¿Por qué lo llaman Reclutamiento cuando quieren decir Marketing?

Mirada chispeante, diálogo interesante y montones de historias por escuchar de sus viajes en furgoneta. Detrás de esa cuidadísima barba (con aceite de Argán, nada más y nada menos), se encuentra Pedro Gallo, director de Recursos Humanos de Atiun después de haber estado en puestos de responsabilidad de Alsa durante años y de haberse sacado el doctorado en Psicología y Psicometría.

Como de costumbre, no son los cargos ni títulos lo que me hacen querer que esté en #PersonasConAlma, sino su capacidad crítica teñida de un sentido del humor que me hace querer quedar a comer con él (comida sana, eso sí) cada vez que voy a Gijón. Le encanta preparar con tiempo el menú semanal y compartir risas con su hija, y además, dibuja muy muy bien (la foto es suya, al igual que el dibujo).

Como comprenderás, tengo motivos suficiente para querer que sepas de él a través de mi blog y lo hago con esta crítica a las nuevas formas de selección de personal que parecen estar poniéndose de moda, facilitadas por las nuevas tecnologías y la falta de profesionalización del sector. Sobra decir, que coincido plenamente con él ;).

Que lo disfrutes, tanto como lo hecho yo ( y haré). Aprovecho para adelantarte que formará parte de la mesa redonda sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el empleo del S. XXI que podrás disfrutar este 22 y 23 en #Focoviedo, el Foro de Empleo del Ayuntamiento de Oviedo de este año.

¿Por qué lo llaman Reclutamiento cuando quieren decir Marketing?

Pasado, presente y futuro de la selección de personal

Imaginad: Sicilia 1920…

Reconozco que a estas alturas, con unos años de experiencia en el ámbito de la Gestión de Personas, cuando miro a mi alrededor no puedo evitar sentirme en cierto modo como Sophia Petrillo en Las Chicas de Oro, los procesos, el trabajo en Recursos Humanos y la forma de entender las relaciones dentro de la organización han sufrido una transformación, diría que radical, en los últimos veinte años. En ocasiones, eso me hace sentir algo desubicado.

No mayor (no me siento viejo aunque el hecho de que muchas de las personas de las que están leyendo esto no hayan pillado la referencia inicial indica lo contrario), pero sí desubicado.

Desde el hoy veo con otra perspectiva aquellas discusiones con mi padre sobre lo que era y debía ser la función de Recursos Humanos en la empresa. Él vivió un época donde la conciliación, la flexibilidad horaria, la humanización de la vida en el trabajo quedaban relegadas a un segundo plano por detrás de lo que entonces se consideraba importante, la negociación y la administración de personal; mi visión era (y es) otra, digamos diferente. Vivíamos épocas diferentes, vivíamos realidades diferentes. Ahora soy yo el que, en muchas ocasiones, dice chachi piruli queriendo quedar de moderno. Cosas veredes, Sancho…

Sin embargo, reconociendo mi desubicación y el hecho de que los cambios son inherentes al crecimiento y al desarrollo de cualquier actividad y, por supuesto, al paso del tiempo, hay cosas que desde una perspectiva profesional y, hasta cierto punto psicológica, me tienen inquieto. Una de ellas tiene que ver con las actuales tendencias de reclutamiento y selección.

Quienes me conocen o han leído alguno de mis post saben que huyo del adoctrinamiento como de la peste. Líbreme Dios de querer sentar cátedra ni aleccionar sobre nada, pero no puedo dejar pasar esta fantástica oportunidad para expresar en alto un pensamiento que hace tiempo me acompaña y me preocupa.

Se impone el concepto de Marca Personal. La Red nos ha hecho más visibles que nunca, nos ha expuesto más que nunca. Los que no usamos Twitter somos la resistencia, pero implícitamente reconocemos que ya no entendemos su uso. Mientras en nuestro entorno personal y profesional el cuidado y la exposición correcta de la imagen en redes ha cobrado una fuerza tal, que ya se ha convertido en un elemento clave en el reclutamiento y selección de personas.

Probablemente mi inquietud provenga directamente de esa toma de conciencia. Cuando los perfiles sociales y los profesionales de una persona se confunden en una amalgama en la Red; cuando la descripción que haces de ti mismo está plagada de palabras clave, de tags, de enlaces; cuando lo que dices sobre ti rezuma posicionamiento, ¿en qué se convierte el trabajo del profesional de Selección?

Resulta que hoy orientamos nuestros perfiles profesionales a El Algoritmo. Antes hacíamos el curriculum con todo el cuidado del mundo para que el profesional de recursos humanos, avezado en la lectura e interpretación de perfiles, viera en nosotros aquellas competencias y capacidades que nuestra experiencia nos aporta, ahora existe un filtro previo en el que una compleja ecuación matemática es la que decide si aparecemos o no en la bandeja de entrada de un reclutador. Hemos reducido a estrategia de marketing un proceso tan delicado y tan profundamente imbricado en el concepto de Persona.

Quien haya tenido el interés y la paciencia de llegar hasta aquí puede estar pensando que tengo una opinión contraria a las redes o a la marca personal. Es un pensamiento lícito, pero no del todo acertado. Mi inquietud proviene del grave riesgo de reduccionismo al que se enfrenta el proceso de reclutamiento y selección. Me explico.

Una de las actividades en las que invierto tiempo cuando reviso mi perfil de LinkedIn es en recorrer mi feed viendo entradas de mis contactos y, sobre todo, los comentarios que suscitan. He podido comprobar que, sistemáticamente, son las críticas a los procesos de reclutamiento y selección las que mayor número de comentarios tienen y, sin lugar a dudas, las que generan más conflicto. Una parte importante de las personas que participan en procesos de selección tienen, y así lo manifiestan, la sensación de que se les juzga por cuestiones arbitrarias, alejadas del perfil profesional real y con poca o nula participación de la persona responsable del proceso.

En mi opinión, esto sucede en gran parte por la ausencia de lo que en Psicometría se denomina Validez aparente. Toda vez que El Algoritmo ya está presente, ya está actuando, y ya está dejando fuera y metiendo dentro del proceso a personas sin la participación activa de quien recluta, desde fuera el proceso no aporta la sensación de que se esté haciendo una evaluación real.

Si reducimos el proceso de reclutamiento a lo que resulte de aplicar El Algoritmo desprofesionalizamos una parte fundamental del proceso y lo que es peor, en mi opinión deshumanizamos un proceso que es fundamental y básicamente algo entre personas.

Se habla y se discute, cada vez más, sobre la posibilidad de que una inteligencia artificial basada en El Algoritmo pueda, en un futuro no tan lejano, realizar procesos de selección completos. Reconozco que no tengo una opinión formada a ese respecto, pero lo que sí sé es que la Inteligencia Artificial que venga se ocupará de aquellas tareas en las que la persona no aporte valor añadido, de aquellas tareas en las que El Algoritmo se baste y se sobre para realizar el trabajo.

Creo que nos toca pararnos a pensar. A los que nos dedicamos a esto con y por pasión por las personas nos toca reflexionar profundamente sobre lo que estamos haciendo y sobre cómo estamos integrando los cambios vertiginosos que nos trae la tecnología en nuestros procesos de trabajo.

Estamos en un punto en el que tenemos la oportunidad de decidir en qué convertirnos y qué hacer con las herramientas que tenemos a nuestra disposición, pero sobre todo, en un punto en el que reflexionar sobre cómo nos ven las personas para las trabajamos y a las que servimos de nexo entre su realidad personal y su desarrollo profesional.

Imagen: Pedro Gallo

Puedes seguirle en https://www.linkedin.com/in/pedrogalloalvaro/

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Autocontrol o cómo no perder de vista el objetivo

¿Cuántas veces has tenido en mente conseguir un resultado y te has perdido por el camino? Es el momento de pararse y analizar cuál es el motivo y cómo llegar a destino.

Cuando te propones algo, cuando tienes claro un objetivo, nos movemos hacia él. Es como una especie de hoja de ruta en la que sabes de dónde partes y hacia dónde vas. Pero en muchas ocasiones, te desvías y, o bien acabas en otro destino, o tomas caminos equivocados.

Esta sensación la tienes al emprender un proyecto profesional, una nueva relación, al tener que cambiar los planes previamente establecidos o en la búsqueda de empleo. Pero no pierdas la calma, veamos el motivo de que esto ocurra y pongámosle solución.

Al iniciar un acción, sea del tipo que sea, te mueve el impulso de querer conseguir con éxito finalizarla. Una veces el éxito será conseguir aquello que te gusta, otras obtener algo que necesitas y otras el simple hecho de acabar lo que comenzaste. Te hablo de concluir una tarea, llamar por teléfono a alguien para dar una mala noticia o finalizar el curso de inglés al que llevabas inscritos 5 años…

Pero entonces, ¿por qué si quieres conseguir estos objetivos, acabas mirando el periódico, discutiendo con la persona que recibe la mala noticia o apuntándote a clases de baile? Porque pierdes de vista tu objetivo.

Y aquí, no me queda otra más que hablarte de Daniel Goleman y de su obra Inteligencia Emocional (1995), y más específicamente del autocontrol. A partir de este momento y, afortunadamente cada día más, empieza a tomar posiciones la importancia de las emociones en el éxito personal y profesional. Respecto a lo que nos concierne, el autocontrol es uno de los elementos básicos a trabajar que propone como forma de ser habilidoso socialmente (junto con el autoconocimento, la motivación y la empatía).

El autocontrol, la gestión y puesta en práctica de las emociones según nuestras necesidades, es lo que hace que tengas siempre presente tu objetivo o que, por el contrario, acabes fomentando una situación que no habías planeado. Si quieres ser un candidato destacado en una entrevista de trabajo, lo quieres ser por tu discurso, tu seguridad, pero a veces lo eres por tu estado de nerviosismo o por quedarte bloqueado.

Lo que necesitas es tener una base importante de conocimiento sobre ti mismo y tus emociones, tanto las aprendidas como las de mayor predisposición biológica. Y partiendo de este conocimiento, controlarlas para utilizar aquellas que te sean beneficiosas y gestionar aquellas que no lo sean tanto. Por ejemplo: un enfado puede parecer poco productivo, pero lo será en situaciones donde no controlemos la palabras o la comunicación no verbal. Sin embargo, puede ser el motor que nos haga salir de situaciones complejas, como puede ser un ataque inesperado por otra persona. Todo dependerá del enfoque que le des al enfado, y de que tengas claro en todo momento qué es lo que quieres conseguir con la energía que te genera esa emoción (no perder de vista el objetivo).

Una vez conoces tus tendencias emocionales, las defines y decides cuáles te resultan productivas y cuáles deseas cambiar (eso lo te lo cuento aquí con más detalle), necesitas empezar a entrenar una parte olvidada de tu organismo: el cerebro. Las emociones se localizan en el sistema límbico, una estructura cerebral que ha cambiado muy poco a lo largo de la evolución. De ahí, su reflejo en el organismo a la hora de que se produzcan: angustia se traduce en presión en el pecho, sudoración, tensión muscular, etc. Y algo que parece negativo en principio, el hecho de que se exteriorice en el organismo y todo el mundo sea consciente de lo que ocurre, es principio del autocontrol: detectar cómo aparecen las emociones y qué síntomas tienen en nuestro organismo. Y a partir de ahí, comienza el entrenamiento emocional.

Vamos a ir poquito a poco, empezando con unas recomendaciones básicas de cómo conocer tu cuerpo y el efecto de las emociones en él:

  • Practica e imagina mentalmente (puedes visualizarlo, oírlo o sentirlo según sea tu sistema representacional) la situación que quieres controlar. Empieza por imaginar la situación completa de manera exitosa y céntrate en cómo te comportas, te sientes, te mueves, te expresas. Esto habrá que repetirlo en muchas ocasiones hasta dar con el mejor de los escenarios posibles, y conseguir automatizar los comportamientos más adecuados.
  • Piensa en 5 situaciones en las que tus emociones te hayan beneficiado y otras 5 en las que necesitas mejorar. Hazlo en términos de definir la situación, el contexto y sobre todo las emociones y sus efectos en ti, pero no olvides los efectos en los demás.
  • Trabaja la distancia emocional: no todo lo que ocurre tiene que ver contigo ni es por ti. A veces, las cosas, simplemente ocurren.
  • Separa la crítica que te hacen de la persona que la realiza, e intenta sacar la parte positiva de mejor que puedes obtener al saber que generas eso en otra persona.
  • Diseña un registro de situaciones importantes que quieras trabajar, donde definas tus pensamientos, emociones y conducta resultante, pero también trabaja los pensamientos y actitudes alternativas que quieres llegar a conseguir.

Y pregúntate: ¿Qué es lo peor que me puede pasar…?

Y nunca, nunca, pierdas de vista tu objetivo. No te desvíes de la ruta que tenías planificada, y es así, que sea de manera consciente.

Imagen: pinterest.com

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Personas con alma: Alma Aguilar

No me preguntes porqué forma parte de mi red casi desde mis inicios, ni el motivo de que espere sus posts como agua de mayo. Tan sólo sé que se ha convertido en una imprescindible de mi día a día virtual haciéndome partícipe de su vida y sus reflexiones. No puedo describirla en pocas palabras pero sí decirte lo que me transmite: paz, serenidad e inteligencia a partes iguales. Imposible resistirme a ella, a todo lo que la rodea y me hace llegar.

Podría contarte que mi hija se llama Alba por no llamarse Alma, que estuve a punto de casarme con uno de sus vestidos, que le gusta la nieve y le encanta Formentera al igual que a mí. También podría contarte que me (nos) ha hecho esperar por las Allegradas de su hija y hecho entender que es mucho más que una diseñadora de moda. De hecho, desde que «conectamos» he olvidado su parte mediática para disfrutar de su parte humana y dejarme inspirar por sus reflexiones. Alguna de ellas, incluso ha conseguido dar un vuelco a mi estómago…

Esta sólo es una pequeña parte de la conexión que me une a ella y la considere un ser tan especial, alguien que genera tanto y tan bueno en mí. En una sección donde quiero hablar de personas con alma, sentí la necesidad de que fuese ella, Alma Aguilar, la que inaugurase mi pequeño homenaje a todas esas personas. Y lo hago de la manera en la que ella ha decidido y se siente más cómoda, conversando sin dobleces…

  • Más allá de tu imagen pública que todos conocemos ¿Cómo te definirías como persona? Es coherente con cómo ves la vida?

Me parece curioso que mucha gente ve en mi trabajo, en mis prendas, cualidades que consideran que yo tengo, cuando si te paras a pensarlo, las prendas son “solo” prendas, no?.

Yo me defino como una persona a la que le mueve la ilusión, bastante testaruda, pero al mismo tiempo flexible, me gusta empatizar, me gusta mirar el mundo de una forma mas complicada de lo habitual. Soy cariñosa, necesito sentirme querida, me apasiona querer. Me gusta mucho escuchar, pensar, soñar, observar, y sobre todo entender.

En la vida no siempre siento que me muevo como pez en el agua… pero me esfuerzo por sentir lo bueno que me ofrece y aprender de lo malo.

 

  • Transmites muchísima paz con tu imagen (tipo de comunicación, estética, fotos) ¿Te consideras una personas reflexiva y tranquila?

Si, profundamente reflexiva y quizá profundamente tranquila… necesito mi tiempo, aunque me considero bastante eficaz, pero necesito mi tiempo J

 

  • La Alma que eres hoy día ¿es producto de un cúmulo de circunstancias y acontecimientos? ¿O tiene más que ver con cómo lo has ido asimilando y aceptando? ¿podría decirse que incluso has sacado provecho de todas esas experiencias?

La Alma que hoy soy esta forjada claramente por mi vida, por mis vivencias, las buenas y las menos buenas, tal vez especialmente por estas últimas. Tengo la teoría que de lo bueno se suele aprender poco, por eso lo malo es tan relativo… si lo piensas es la forma de aprender a enfrentarse a eso mismo o a otra cosa parecida en el futuro.

Y creo, que como tú bien preguntas, si miro hacia atrás, la Alma de hoy, todavía tiene mas que ver con como he ido asimilando, aceptando, en resumen aprendiendo, de todas las vivencias pasadas, que por las vivencias en sí mismas.

 

  • ¿Cómo y para qué usas la red (web, redes sociales, perfiles, blog)? ¿Para qué te sirven? ¿Eres consciente de su alcance?

Cuando empecé a utilizarlas, (hace unos 10 años?), no tenia ni la menor idea de lo que hacia… hoy creo que estoy mas cerca de entenderlo, pero respecto al alcance real?, seguramente no. Empezó como una forma de comunicarme, quizá mas como persona que como profesional, siempre entendía mi trabajo en sí mismo como una forma de comunicación , por eso en las redes era mas YO… con cierto pudor, por no saber a quien interesarían mis historias pero mas YO… y en algún momento, creo que lo empecé a utilizar como una especie de desahogo, una ventana para mostrar reflexiones que me gustaba obligarme a hacer. Eso se junta con que me apasiona escribir, y es una forma fácil de hacerlo, sin cuestionártelo a ti mismo demasiado.

 

  • Te has dedicado durante un tiempo a formar a otras personas ¿Crees en el desarrollo del talento humano? Ya puestos, ¿cuáles son tus talentos? ¿Qué talento destacas en ti? ¿Cuál te gustaría tener, cuál estás cultivando y cuál es un reto?

He disfrutado de formar a otras personas, he descubierto que ese es uno de mis talentos podríamos decir… Tengo capacidad de transmitir conocimientos con emoción, y es una sensación genial!… mirar a los ojos de las personas mientras escuchan, desarrollar su confianza en sí mismo, despertar interés…

Creo en el talento humano por encima de casi todo…

Ufff, no sabría decirte mas talentos míos….

Quizá, la calma que la gente percibe en mí, la transmito sin dificultad… tengo normalmente puntos de vista sobre las situaciones o conflictos bastante imparciales de forma natural, y “entiendo” a las personas sin esforzarme en hacerlo… es un talento? Jaja… También creo que tengo una parte creativa muy desarrollada, que me hace entender la vida de una forma artística, y ver fácilmente lo bonito que tiene.

 

  • Desprendes una gran sensibilidad a través de la red, eres muy generosa con lo que compartes ¿cómo crees que puede ser interpretado? ¿te has planteado cómo impacta en tus “contactos virtuales”? ¿Y en tus clientes?

Mis reflexiones me definen bastante bien, pero a ellas en concreto no las sé definir. Me gusta ser respetuosa, me gusta hacer que la gente se plantee cosas… y no sé si soy generosa pero sí me gustaría serlo.

No sé bien como se interpreta, solo me llega lo bueno jajaja, supongo que me hace evidentemente humana y eso a la gente le gusta…

El impacto en mis contactos virtuales me encantaría saberlo!, pero no lo se… (es lo malo de lo virtual). En mis clientes supongo que les muestra como es la persona que está detrás de la marca, con lo bueno y malo que eso tiene porque no todo el mundo se identificará conmigo… pero la verdad, no me lo planteo.

 

  • Hablas sobre conceptos como la aceptación, la ilusión o la frustración en tus publicaciones habituales y lo haces de una manera muy natural. ¿Cómo consideras que te manejas bien en el mundo de las emociones? ¿Crees que hablamos lo suficientes de aquello que nos ocupa, nos duele, molesta o hace mejores?

Son conceptos con los que creo que convivimos todo el tiempo… me gusta hablar con naturalidad sobre ellos, me gusta trabajarlos. Creo que hay ocasiones en las que no verlos nos complica muchiiiiiiisimo la vida, y verlos nos ayuda a podernos desarrollar para ser la mejor versión de nosotros mismos.

Con mis hijas por ejemplo, me encanta hablar de lo imperfecta que es la vida, creo que sin querer, la sociedad nos lleva a creer que la felicidad es la ausencia de dificultades, y creo que nada mas lejos de la realidad, y que entender desde pequeño que la felicidad es saber mas o menos como enfrentarte a ellas, es muy importante.

La parte emocional es vital para mi, tengo las emociones bastante a flor de piel, adoro reírme sin pudor y sin medida, suelo llorar fácilmente, me enfado, me desenfado, me frustro, paso por muchas emociones en poco tiempo y eso me hace sentir viva. Para mi cada emoción es como una estación del año, encuentro lo bueno que todas tienen…

No creo que hablemos de cómo nos sentimos lo suficiente… la vida parece otra cosa, cuando creo que es justo eso.

 

  • ¿Crees que el equilibrio (algo tan complejo de conseguir) personal y profesional suele ir a la par?

En teoría te diría que si… pero en la practica no lo se. Estoy en la búsqueda del equilibrio desde que tengo uso de razón, jajajaj, pero no desisto, y lo he llegado a rozar con la punta de los dedos!, hasta creo que mas de una vez!!.

 

  • ¿En qué te inspiras cuando diseñas, cuando creas?

En todo, soy muy observadora, me encanta rascar en lo que veo, dejarme llevar por lo que me hace sentir, mirar donde nadie mira y ver lo que pocos ven…

Te inspiras normalmente en la naturaleza, en emociones, en momentos, en épocas, en situaciones, en lugares, en personas…. TODO es fuente de inspiración… por eso siempre ando con los ojos muy abiertos.

Creo, si soy honesta, que soy diseñadora de moda de forma casual… y que tal vez (me gusta pensar) que podría haber sido muchas cosas (todas necesitan fuentes de inspiración), porque me gusta escribir, pintar, cantar… y sobre todo aprender de todo aquel que desarrolla su trabajo con pasión… eso me emociona como pocas cosas!.

 

Imagen: Alma Aguilar

 

 

 

 

 

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Personas con alma

¿Sabes esas personas que destacan entre la multitud y ni siquiera son conscientes? En algunos casos puede que sí lo sean, pero lo hacen de una forma tan especial, con una elegancia tan improvisada que incluso roza a veces la inocencia, lo hacen de una manera tan sutil y gradual que no he tenido más remedio que crear una sección especial para ellas en mi blog.

A partir de hoy, pero sin fecha, ni programación, ni planificación alguna, nace PERSONAS CON ALMA. Y lo hace con la idea de poder traerte de la mano a esas personas ante las cuales he caído rendida, sin conocer el motivo en la mayoría de las ocasiones.

Estas personas, poseen un atractivo tan delicado, a veces ingenioso, otras inteligente, pero siempre interesante. Son personas que desprenden un halo de serenidad de muchos casos, de inquietud de pensamiento y belleza profunda, pero no de la externa (que de esa también hay), sino de la que aumenta con el paso del tiempo y la experiencia.

Son personas que se han vuelto cotidianas en mi calendario y en mi cita diaria con las redes, personas con las que interactúo, intercambio y aprendo. Personas que me inspiran, ayudan y aportan de una manera tan inesperada, que todo esto me ha llevado un tiempo de digestión, pues no es fácil admitir que personas a las que no conoces absolutamente de nada, que llegan a ti (o tú a ellas) de manera casual (causal?), comienzan a tener un papel tan importante en tu vida. Eso, cuesta digerirlo y admitirlo…. Pero una vez hecho, lo menos que puedo hacer por todo lo que han supuesto y suponen a día de hoy, es este pequeño homenaje en forma de espacio en mi blog.

Son personas muy dispares en edad, formación, intereses y procedencia, pero poseen todos esos rasgos comunes que te acabo de contar y que son los que han conseguido que te esté contando esto hoy.

Te las haré llegar cualquier día, a cualquier hora y en cualquier formato, eso dependerá de ellas y no de mí, que para eso es su espacio. Y llegarán como ellas deseen, a través de sus reflexiones, de conversaciones, de sus imágenes, de entrevistas, de sus proyectos y en el formato que ellas decidan. Y te aseguro que muchas de ellas….te sorprenderán (porque a mí me han sorprendido y mira que pensé que ya las tenía “estudiadas”).

Puede que al leer este post sonrías porque eres una de esas personas y ya he picado a tu “puerta digital” para pedirte que te muestres al mundo a través de este nuevo espacio o lo hagas de una forma diferente, de la forma en la que yo te veo. O quizás sonrías sin saber que serás tú la próxima persona a la que pediré que comparta con el mundo lo que yo veo en ti.

Como te dije el viernes, este no es post cualquiera, ni siquiera es un post, sino el inicio de una sección especial como regalo particular para esas almas de las que te hablo y que me hacen mejor persona. Esas almas que consiguen sacar lo mejor de mí o que lo intente sacar, guiada por ellas y su forma de comprender la vida. Esas personas que han llegado para quedarse y para las que no se me ocurre mejor forma de hacerles llegar mi admiración y agradecimiento hacia ellas.

Y tú ¿conoces a personas que generen eso en ti? ¿Las tienes cerca, en tu día a día y te impulsan a crecer? ¿Se lo has dicho o les has hecho llegar lo que producen en ti, el impacto que tienen en tu vida? Yo, ya me las he ingeniado para que lo sepan y que además, tú también las conozcas y puedas disfrutar de estas PERSONAS CON ALMA…

Imagen: Steve Ringman / The Chronicle for Bay to Breakers, San Francisco,1986 .

 

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Eneagrama: el equilibrio de las personalidades

Uno de los tesoros más codiciados y buscados en nuestra sociedad es el equilibrio: entre la vida familiar y profesional, con la pareja, en el grupo de amigos o en los equipos de trabajo. Pero también es necesario plantearnos el equilibrio en nuestra propia personalidad.

Hace casi dos años acudí a un taller solidario en Asturias sobre el Eneagrama de la mano de Cristina Cama, maravillosa profesional y mejor persona. Durante un fin de semana completo indagamos y profundizamos en nuestros rasgos de personalidad, intentando identificarlos dentro de los 9 eneatipos definidos hace miles de años por los sofistas. Y lejos de encontrarme con algo místico y mágico como pensaba, hallé una poderosa herramienta de autoconocimiento e indagación a nivel personal com muchísimas aplicaciones que quiero compartir contigo

En resumen, una vez que el resultado del test inicial te enmarca dentro de un eneatipo, te redirige hacia comportamientos positivos de otro eneatipo complementario al tuyo y al mismo tiempo, da luz sobre los rasgos negativos que desarrollas respecto a otro eneatipo que te “descentra”.

Vamos, que busca la toma de consciencia sobre el equilibrio de tu personalidad. Y me pareció tremendamente interesante además de extrapolarlo a otros aspectos vitales, algo muy habitual en mí…

 

El fin de semana dio para mucho, pero la asimilación de la información y las experiencias adquiridas ha dado para mucho más. Después de días dándole vueltas, y en la búsqueda de mi propio equilibrio interno creo haber encontrado la respuesta a muchos de los equilibrios que tenemos presentes en el día a día y a los cuales no damos la importancia que se merecen.

Por ello, me he propuesto hacer un listado de los que he detectado, dándole también un uso en el desarrollo personal y profesional para poder compartirlo contigo:

 

– Equilibrio en la personalidad: con técnicas como el eneagrama o simplemente a través de ejercicios de autoconimiento, define tu personalidad básica en 5-6 rasgos y busca aquellos rasgos que sean opuestos. Es hora de empezar a ponerse metas en el cambio de actitud y modificar aquellos aspectos que te sean perjudiciales, y para ello puedes usar aquellos comportamientos que tengan que ver con tu “opuesto”, al igual que recomienda en eneagrama. Si tu rasgo es la impaciencia, tu contrario sería la paciencia, la cual tiene comportamientos relacionados con la espera, la reflexión, etc. Con ello conseguirás una guía de conductas alternativas a poner en práctica de manera gradual que dará sus frutos con el paso del tiempo y mucho esfuerzo.

 

– Equilibrio en las parejas: habitualmente las parejas que se mantienen con éxito con el paso del tiempo, lo consiguen porque que se equilibran el uno al otro. Comparten valores vitales básicos pero sus rasgos de personalidad son diferentes, y al mismo tiempo complementarios. Las personas impulsivas, suelen tener parejas reflexivas; las personas emocionales, suelen tener parejas más racionales. Por lo tanto, no busques una pareja igual a tí en personalidad y gustos, sino alguien que te complemente y aporte, que sume en tu vida.

 

– Equilibrio en las amistades: al igual que en la pareja, los grupos de iguales o las relaciones sociales que mantienes tienen aspectos básicos compartidos (gustos, aficiones, valores, etc.), pero cuanto más iguales sean a ti en cuanto a personalidades, más conflictos se generarán (“los polos iguales se repelen”). A pesar de parecer contradictorio, necesitas crear relaciones con personas diferentes a tí, que contribuyan a tu desarrollo y mejora personal y para ello no pueden ser iguales a tí. Relaciónate con personas que añadan con sus historias, gustos, experiencias y conductas diferentes a las tuyas a tu propia historia vital. Genera relaciones con personas de otra cultura, país o idioma, de una profesión distinta a la tuya, esto hará que se tu mundo se amplíe enormemente y con ello, tus posibilidades de cambio.

 

Equilibrio en los grupos de trabajo: con todo lo reflexionado hasta aquí, sería absurdo pensar que los equipos o grupos de trabajo han de estar formados por personalidades análogas. Todo lo contrario: debes formar parte o crear equipos que contengan cuanta más variedad de rasgos de personalidad y actitudes mejor. Con ello conseguirás enriquecer la visión de cada uno de los componentes y poner de manifiesto que otras conductas son posibles. En todo equipo debe haber un líder, un organizador, un mediador, un impulsivo, un optimista…y así hasta completar todos los roles que sean necesarios para el éxito de grupo. Cada uno de los roles cumple su misión, dejando espacio al resto de roles ocupar el suyo, incluso ayudando a que esto ocurra.

 

Qué importante esto del equilibrio, ¿verdad? Qué cerca lo tenemos de manera cotidiana y qué poco valor damos a lo que podemos hacer para encontrar esa deseada estabilidad que se escapa por momentos. Pero recuerda: esta armonía no es permanente, cambia y fluctúa al igual que lo haces tú a lo largo de la vida, por lo tanto no siempre se consigue y debes aprender a convivir con un “desequilibrio tolerable”.

Imagen: pinterest.com