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Y al soplar la primera vela pensé: ¡Gracias!

Este es un post muy especial para mí y me gustaría hacértelo llegar de la mejor forma posible. Me va a resultar complicado transmitirte el cúmulo de emociones que supone celebrar mi primer cumpleblog: un año compartiendo reflexiones, ideas, ilusiones y, sobre todo, aprendizajes.

Me gustaría contarte cómo ha sido el camino hasta llegar aquí, quiénes me han acompañado y el motivo por el que me apetece soplar, como poco, dos velas. Sobre todo, me gustaría que lo supieras, porque tú tienes mucho que ver en ello.

EL ORÍGEN

Pues no sé muy bien cómo empezar, porque no tiene una fecha concreta, pero sí tiene muchos protagonistas, muchas manos cercanas que ha ayudado para conseguir dar el salto.

Jaime Gayol, mi marido, que antes de saber yo misma que iba a tener un blog, y mucho menos mi propia web, se encargó de comprar los dominios para hacerlo posible…dos años antes de su estreno. A eso le llamo yo tener visión! Por darle el formato y apoyo tecnológico que necesitaba y saber plasmar lo que estaba en mi mente y tanto me costó materializar. Por seguir en la mejora continua que todo esto requiere y aguantar mis momentos de “enfado tecnológico”. Gracias por anticiparte y formar parte de uno de los primeros pasos para llegar a este primer aniversario, y por ver tanto bueno en mí, desde el inicio.

Mi prueba de fuego público, más allá de las redes sociales donde poco a poco fui ganando en confianza, ha sido LNRE (La Nueva Ruta del Empleo). Y a pesar de que ahora mismo ya no colaboro activamente, es de bien nacidos ser agradecidos, siempre lo he considerado mi “lanzamiento oficial” y mi punto de partida. Significó una forma de empezar a compartir y aprender de una comunidad ya formada, muy interesante en su momento y de la cual me he llevado grandes regalos y aprendizajes, además de lo importante en realidad: las personas.

Luego está Rebeca Rodríguez Escudeiro, gran profesional y mejor persona (parece una frase hecha, pero es tal cual en su caso). Por esos cafés y comidas en los que el tema con el que finalizabas siempre era el mismo: “necesitas un blog, una página web donde mostrar todo lo que eres”. Gracias por creer en mis posibilidades antes que yo misma, gracias por ser incansable!

También tiene mucho que ver Elena Arnaiz, que con sus empujones virtuales y sus “puyitas”, consiguió encender en mí la necesidad de tener un lugar propio donde dar rienda a suelta a mis pensamientos y dar forma a todo lo que puedo hacer para acompañarte en tu desarrollo personal y profesional desde la psicología. Ella, no es realmente consciente del poder que tuvieron nuestras conversaciones en esta decisión, en la de no seguir siendo una “sin techo digital” como diría Alfonso Alcántara. Así que, de nuevo, gracias!

EL CAMINO

Aquí quiero centrar mi esfuerzo en contarte quiénes han sido mis “compañeros de viaje” en este año, y me gustaría comenzar por mis referentes en la red, que son muchos y muy variados. Y lo son por lo que consiguen transmitirme e inspirarme, por todo lo que aprendo de sus palabras, por la persona que hay detrás de cada perfil y que, en muchos casos, he conseguido la suerte de poder abrazar. Lo son, porque viendo sus resultados, su trayectoria y su esfuerzo, me hacen querer ser mejor cada día, y en ellas estoy… Ellos son, y anticipo que el orden no tiene relevancia, Pilar Jericó, Mertxe Pasamontes, Eva Collado Durán, Merce Roura, Andrés Pérez Ortega, Alex Rovira, Rafael VidacGuillem Recoloms, Víctor CandelMercedes Romero, Rosa Montero, Almudena Lobato,  Javier García, Eloy Cánovas, Isabel Iglesias, David Barreda, Iñaki González

Y me quedo muchos en el tintero, que cada vez son más habituales en mis lecturas y estoy segura que pronto pasarán a formar parte de esta lista de imprescindibles e incluiré en mi segundo aniversario.

No puedo, ni debo olvidarme de aquellos profesionales que también me han hecho ver en lo que NO quiero llegar a convertirme, incluso por verme reflejada en algún momento en ellos y decidir reconducir hacia dónde quiero ir. Gracias! Es tan importante saber hacia dónde quiero ir como hacia dónde no. En este caso, sobran las etiquetas ;). En esta misma línea, también he descubierto y constatado que no soy blog de buen gusto para todos, y eso forma parte del propio aprendizaje y mejora continua, con lo que también agradezco cuando me haces llegar que no estás en sintonía conmigo y no te gusta ni lo que hago ni lo que soy. Mientras sea con respeto y me aportes, me encantará saber de ti, seguro que aprendo.

Pero sin duda alguna, en este camino de crecimiento quiénes me han acompañado, apoyado y ayudado a llegar aquí, han sido personas como tú. Detrás de cada contacto de las diferentes redes sociales (Facebook, Linkedin o Twitter), de los suscriptores del blog y sus comentarios, hay un inmenso aporte para mí. Y por si acaso no te ha quedado claro cada vez que interactuamos en las redes, mi homenaje particular es este, es para ti.

A tí, antiguo y actual alumno, desde Paz Gf de los certificados de profesionalidad, pasando por Javier, Alicia Ordoñez sin olvidar a Araceli Fernández Sela o Kira López García. Desde los alumnos del PIE I (Teresa Martín, Lucia Conci Galimi, Gemma Prado y resto de participantes) y a los del Programa CEFET (Dolores Holgado, Jaquelin Madeira, Noelí Fernández, Eva Martínez Mielgo, Isabel González…todos realmente!) ambos del Ayuntamiento de Oviedo de la mano de Ana García Turbón.

A tí, que has sido alumno de alguna de las 24 ediciones de los talleres para mandos intermedios de Club Asturiano de Calidad, o de las 2 ediciones del programa “Ponte las pilas” de la Agencia de Activación Juvenil del Ayuntamiento de Gijón. A tí, que has formado parte de alguna de las acciones formativas en las que hemos coincidido a lo largo de estos 12 años y te encargas de hacerme llegar que lo vivido en común, no ha caído en saco roto.

A tí, que has llegado y te has convertido en imprescindible para mí, por tus comentarios y aportaciones, por hacerme reflexionar y mejorar cada día mi estrategia: Pedro A. Muro, Sandra Fernández Climent, Marigely Espínola, Juana María Hernández, Daniel Vilá, Beatriz Arroyo, Élia Guardiola, Kike Iglesias y a otros tantos que no menciono más por motivos de espacio que de importancia.

Y a tí, que confías en mí para que te acompañe en tu proyecto de vida, en tu camino hacia el cambio y lo haces a corazón abierto frente a frente o a miles de kilómetros gracias a la magia de la red. A tí, que me permites entrar en tu organización y hacerme partícipe de ella durante un tiempo para facilitar la mejora que buscas y depositas en mí parte de la esperanza de conseguir los mejores resultados en ella. A tí, a mi cliente, debo gran parte de las historias que cuento en mi blog, gran parte de las reflexiones que me gusta compartir desde aquí y que es motivo de este agradecimiento.

LA META

Sencillamente seguir, esa es la meta. Seguir sumando: referentes, aprendizajes, crecimiento, experiencias, personas. Continuar escribiendo esta historia, de la que tan solo el primer capítulo, me ha confirmado lo que ya intuía: siempre me llevo más de lo doy, siempre recibo infinitamente más de lo ofrezco.

No me voy a extender en la meta, porque lo quiero es escribirla contigo, junto a ti y para eso necesito conocerte y escucharte, leerte y conectar contigo.

Ya sabes donde encontrarme para formar parte del segundo aniversario, te espero.

Gracias por adelantado por leerme…

 

Imagen: Pixabay.com

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¿Por qué lo llaman retener cuando quieren decir secuestrar?

En estos últimos años, estamos asistiendo a una encarnizada guerra por el talento. Son muchos los motivos que ha generado esta guerra: la globalización, la valoración de las competencias más allá de la formación, la inmediatez y potencialidad de las RRSS, el acceso al conocimiento… en definitiva a la democratización del talento. Y esto, ha hecho mucho daño en el mercado laboral, pero no de la forma en la que piensas.

Organizaciones con un poder infranqueable (o eso creían), jefes (que no líderes) con dotes de mando sacadas de una chistera, colaboradores que bloquean el flujo de conocimiento en las empresas, haciéndose imprescindibles, socios vagueantes y vividores a costa del esfuerzo titánico de la otra parte del negocio…. Pero esto, empieza a ser historia, aunque todavía queda mucho por hacer.

Quiero compartir contigo las situaciones más frecuentes que me encuentro en el mercado laboral y que tienen mucho que ver con esta guerra por el talento de la que te hablo, y cuya situación conocida por todos, tiene los días contados:

– Colaborador valioso: sí, eso mismo. Eso que tanto cuesta admitir, y mucho más todavía verbalizar, a tantos jefes, directores y compañeros. Cuando un empleado comienza a destacar, a ser eficaz y eficiente, a innovar en sus tareas, a obtener resultados…. Resulta ¡que molesta! Incomoda, genera miedos, tensiones y hasta conflictos (internos) personales. Deberíamos “clonar” a estas personas, debería ser un comportamiento a replicar, debería existir una parte de la empresa que se dedicase a saber qué está haciendo bien para poder extenderlo a toda la organización, o al menos, a la parte en la que sea posible. Debería…

Cuando un trabajador empieza a destacar por su valor es tan sencillo, como valorarle. Y no me refiero solo a nivel económico, sino a nivel de posibilidades de desarrollo en la empresa (eso te interesa, y mucho!), ayudarle a gestionar su ego y los cercanos que puedan sentirse en peligro. Hacer que quiera seguir creciendo en tu organización, que mejore día a día y con él, todo tu equipo, tu departamento, en definitiva, todo su entorno. Déjale que explore sus límites dentro de la organización, quizás te encuentres con que nunca quiera irse y desarrollar todo su potencial contigo, pero eso sólo ocurrirá si le tratas bien.

Y nunca, nunca, le oprimas, amenaces o rebajes. No le des a realizar tareas en las que te está diciendo a gritos que ya no es rentable, déjale hacer lo mejor sabe aunque no sea aquello por lo que inicialmente le has contratado. Comprométele, ese famoso engagement del que tanto hablan las nuevas tendencias está al alcance de tu mano y puede que lo estés desaprovechando.

– Socios vividores: en la era del emprendimiento, con la burbuja de la liberación de profesionales independientes, no siempre te atreves a dar ese salto al vacío que es crear tu propia empresa. Y en ese momento de desesperación, que se acompaña a veces de instantes de iluminación, buscas y no siempre encuentras, al más adecuado de los socios. Personas que saben hacer lo mismo que tú, con lo que podríais hacer el doble (como poco); personas que saben hacen cosas diferentes y necesarias a las tuyas, con lo que podríais complementaros y hacer crecer juntos vuestro negocio; personas que saben hacer las cosas mejor que tú, con lo que podríais mejorar día a día vuestra idea de empresa e ir innovando a cada paso que dais juntos. Y digo “podríais” bien dicho, porque ese socio se convierte en un lastre, en una carga que deja de hacer lo que había prometido o lo que nuestros ojos vieron en él en un principio. Ese socio, se transforma en una especie de asalariado desmotivado con horarios fijos inamovibles y funciones estrictamente definidas, se convierte en alguien ajeno a la idea por la cual nació la relación, y con cero implicación en un proyecto vital que exige de acciones diferentes para los resultados deseados: un sueldo digno y una forma de vida.

– Colaborador boicoteador: en todas las organizaciones existe alguno, siempre te encuentras con algún empleado que tiende a ocupar esta posición en las empresas. McKinsey desarrolló en los años 60 la famosa NineBox Matrix/Grid que fue mejorada más tarde por General Electric como forma de detectar y favorecer el desarrollo y potencial de los colaboradores de la organización, haciéndoles crecer de forma conjunta y obtener mejores resultados. En toda organización, equipo o departamento siempre habrá alguien “encantado” de obstaculizar el crecimiento globlal, de bloquear y enturbiar el conocimiento del cual se nutren las empresas. Siempre existirá alguien con deseos de hacerse (lo necesita, y mucho) imprescindible, de retener por la fuerza, de secuestrar e impedir que el talento que le rodea, vea la luz, olvidando su propio perjuicio como parte integrante de la misma organización. En realidad, hace tiempo (incluso nunca) que no se siente parte de ella.

A veces, esos colaboradores tienen posiciones privilegiadas en la empresas, siendo jefes, coordinadores o directores de departamento. Mucho peor todavía, flaco favor le hace al fenómeno que la democratización del talento que estamos viviendo. En algún momento ese bloqueo que generan, se esfumará dando paso al desarrollo que no han permitido hasta ahora; en cualquier momento, ese secuestro les impactará directamente y verán peligrar su puesto; mañana mismo, ese talento secuestrado verá la luz y habrá cavado su propia tumba laboral. Cierto, que por el camino dejan muchos cadáveres, pero no pierdas la fe y actúa…

Ahora llega la parte más difícil del post, donde una vez que te hayas identificado como parte integrante de alguna de las situaciones, te toca hacer, pasar al acción. Y eso sólo depende de tí:

Dignifica tus actos, tus tareas, tus responsabilidades, en cualquier contexto y en cualquier situación. Hazte valer, comunica con respeto, aclara y ayuda a entender qué haces bien y qué puedes hacer mejor todavía. Para ello es necesario que, de una vez por todas, creas en tí, en todo tu potencial y también en aquello que has de mejorar, pero sin duda alguno, creer en tu valor y mostrarlo.

Marca los límites de tu relación laboral, da igual que seas colaborador, socio o director. Negocia qué es lo que esperas de la otra parte para obtener el mejor de los rendimientos de la relación que os une.

Pon de tu parte: no olvides que todo esto tiene que ver con relaciones formadas por varias piezas, y tú eres una de ellas. Propón, cambia, reformula, cede, gestiona, respeta, ayuda…siempre con el objetivo de un bien común del cual formas parte.

Aprende y mejora cada día, el talento es algo vivo que tiene que ver con mucho más que el conocimiento y las funciones laborales. Tiene que ver con las relaciones, con el liderazgo, con la innovación, con el compromiso, con la actitud. Y todo ello conlleva un cambio y una búsqueda de la excelencia permanente como persona.

Ten paciencia: da tiempo, no todo el mundo reacciona de la misma forma ni necesita el mismo tiempo para asumir estas situaciones. No siempre resulta agradable ver qué alguien es mejor que tú. Admitir, aceptar y beneficiarte de ello supone un gran esfuerzo que todos estamos dispuestos a realizar.

– Intenta, en la medida de tus posibilidades, asumir que tu responsabilidad tiene un límite y asume hasta dónde llegas. Qué parte depende de ti, y qué parte no. Y una vez asumida, y puesto en práctica hasta el último de tus recursos, no permitas que te afecte tanto como para no seguir siendo la persona que un día creyó en sí misma y en sus posibilidades.

Y si después de todo esto, no has conseguido que la situación cambie…. Huye, corre, escapa! Estás desperdiciando tu talento, estás escuchando cantos de sirena que te anestesian y no te dejan llegar a ser todo lo que puedes. No temas, lo has intentando, has puesto todo de tí y aún así, ni tu jefe, ni tu socio, ni tus compañeros lo han sabido valorar. Y en caso de que no puedas escapar de la situación (estoy segura de que siempre se puede, pero no a cualquier precio…), busca por todos los medios gestionar su impacto en ti y mantener viva la esencia de tu talento. Esa, nunca muere…

Imagen: google.com

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Del sacrificio a la elección

Dicen que todos pasamos por momentos de crisis existenciales al menos un par de veces a lo largo de la vida.
Dicen que cada cierto tiempo, nos desprendemos gradualmente de partes vitales que ya no nos sirven, cual muda de una serpiente, y que nos van transformando poco a poco, hasta que llegado un momento, podemos no reconocernos ni ser reconocidos por quienes nos rodean.
Dicen que somos el producto de pequeñas y minúsculas acciones que vamos poniendo en marcha durante toda nuestra existencia y cuyo resultado actual es difícil de comprender si lo analizamos de manera aislada.
Dicen todo eso, y yo lo creo…

Lo creo porque lo veo día a día como espectadora privilegiada en primera fila de vidas ajenas que pasan delante de mis ojos. Vidas de las cuales aprendo y observo, entro y salgo intentando empaparme lo justo para desprenderme de lo superfluo y quedarme con lo mejor de cada persona. Y de ese aprendizaje vicario (aprender de los que hacen otros), en el cual me he visto tan reflejada como totalmente fuera de contexto, he conseguido extraer unas conclusiones que me han ayudado a comprender la necesidad de pasar del sacrificio a la elección como trasfondo de todas esas situaciones con las que abro el post.

El vincular durante tanto tiempo el esfuerzo, el éxito, el amor o la maternidad/paternidad al sacrificio nos ha perjudicado de una manera tan profunda, que a veces, ni somos consciente. Sacrificar significa “Abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien” y te aseguro que mientras ese alguien no seas tú mismo, o al menos en parte, no será la forma de vida más adecuada.
Si consigues cambiar la actitud sacrificada y de renuncia en beneficio de alguien, frente a la de la elección, a la de decidir para favorecer a la otra parte, sin olvidarte nunca del tuyo propio, la vida cobrará otro sentido.
No será fácil, tendrás que luchar contra quienes te tilden de egoísta, de egocéntrico. Tendrás que convivir durante un tiempo con una letra escarlata en el pecho que te marcará como ególatra, pero te prometo, que una vez superada esa fase, los lastres de tus sacrificios pasados cada vez pesarán menos y darán paso a una tremenda liberación.

Para ello me he servido de mi propio aprendizaje basado en los de las personas que me hacen partícipe de sus vidas en momentos cruciales, y a las cuales nunca estaré lo suficientemente agradecida por haberme allanado el camino. Confío en que puedan servirte a ti también:

– Estudios: estudia, fórmate, aprende y crece profesional y personalmente a lo largo de toda tu vida. Pero hazlo de manera que uno implique lo otro, es decir, genera conocimiento que puedas aplicar y que te enriquezca a partes iguales. Uno sin lo otro, pierde valor y con el tiempo, se desvanece.
Estudia lo que te aporte, aprende todo cuanto consideres que suma en tu vida, cambia y reajusta tantas veces sea necesario para llegar al resultado más beneficioso para tí. Esto no implica que no te encuentres con partes del estudio o aprendizaje difíciles, costosas o que decepcionen, todo ello forma parte de la elección. Pero esa decisión también conlleva que cuando pese más lo negativo que lo positivo en ese camino de crecimiento, quizás sea el momento de tomar otra dirección.

– Empleo: trabaja, sé productivo, aporta a la sociedad, pero no te olvides de tí mismo. Y elige un empleo en función de lo que necesites en cada momento: dinero, desarrollo profesional/personal, libertad, prestigio, cambiar, independencia… Siempre que sea tu elección, será válido, pero también supondrá unas consecuencias. Será más o menos difícil acceder a él, implicará más o menos responsabilidades, será más o menos dificultoso cambiar a otro cuando lo que nos aportaba ya no cubre nuestras necesidades actuales. El empleo, al igual que el desempleo, es una circunstancia más de tu vida, dale el valor que tiene para ti, elige la actitud a tomar y en consecuencia, actúa.

– Familia: este es un tema difícil de abordar, pero allá voy. La familia es un grupo de personas con el que estás emparentado y te unen vínculos de consanguinidad y/o afectivos. Y a veces, no van unidos. Ni es nada triste, ni poco frecuente, es algo natural que debemos asumir y afrontar. Son relaciones impuestas por la genética, que en muchos casos vienen acompañados de amor incondicional, pero en otros no. Por todo ello, puedes elegir la relación que quieres tener con tu familia e incluir a personas nuevas en ella, pero como en cualquier relación, ha de ser consensuado y eso conlleva negociaciones, acercamientos y cesiones, siempre en búsqueda de un beneficio común. No existe la familia perfecta en tamaño, forma o estructura, existe la familia funcional que sirve como núcleo de apoyo de quienes la forman.

– Amistad: puedes tener un mejor amigo, amigos de los de toda la vida o amigos por etapas vitales. Puedes tener un sinfín de conocidos con los que compartir momentos y no profundizar en ninguna relación. Puedes tener la idea de amistad que te apetezca, y será la correcta, siempre y cuando sea comprendida y aceptada por la otra parte. No hay una amistad ideal, sino tantas amistades como relaciones existen. De ahí que las amistades cambien, desaparezcan, se transformen, tengan idas y venidas, eso es síntoma de que están vivas, como las personas que las conforman. Y de ahí que una amistad no deba implicar un sacrificio, sino una elección.

– Amor: con el amor hemos topado! Ese amor perfecto, duradero que duele tanto que oprime… Ese, no tiene porque ser el amor que busques tú. La idea de amor, es muy similar a la de amistad o familia: es personal e intransferible, y no es más que eso, una idea. Por lo tanto, habrá tantos tipos de amor como de relaciones sentimentales. Pero si algo tengo claro, es que el amor no debe doler, ni hacer daño, ni perjudicar a una de las partes. El amor debe complementar, hacer crecer y mejorar, sacar lo mejor de cada cual, y no tiene porqué hacerlo para siempre, tiene que hacerlo mientras dure. Si bien es cierto, el amor, como cualquier relación, necesita de cuidados y conlleva elecciones, pero no debería acarrear sacrificios…

En definitiva, cualquier situación o momento vital por el que pases que signifique más renuncias en beneficio de alguien que de ti mismo, supone un sacrificio. Y a mí, me gusta más pensar en elegir, en decidir, en asumir responsabilidades que en llevar pesados yugos emocionales.

Imagen: @Anka Zhuravleva.

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Desmontando la gestión del talento de la generación Millenial

A estas alturas, hablar de Millenials y mercado laboral, no es una novedad. Tampoco pretendo marcar un hito en ese sentido, pero sí compartir contigo una visión sobre este concepto que ha conseguido liberarme de la carga de no pertenecer a esta poderosa generación.

¿Qué son los Millenials? Son los nacidos entre 1982 y 2004, etiquetados como vagos narcisistas desde el momento en el que se conoció su existencia (no te pierdas el artículo “No pida perdón por ser Millenial” de Rubén Romeo Santos). Podría decirse que son las personas que actualmente han impulsado el cambio en el mercado laboral y económico en el que te encuentras.

Y por lo tanto, te bombardean con infografías sobre sus gustos, tendencias y cómo adaptarte a ellos… Gracias!!! Tendrías que dar infinitas gracias a todos aquellos posts y artículos que te lleguen sobre la Generación Millenial, pertenezcas o no a ella, ya que sin esa información te resultaría más difícil acceder al mundo laboral o predecir la evolución del mercado en el que vives.

Pero verás, es que yo pertenezco a la Generación X, que tampoco está nada mal, y resulta que ya me están empezando a quitar peso e importancia en el mundo profesional y me comienzan a hablar de Diversidad Intergeneracional, como forma de integrarme en las organizaciones.

Disculpa, ¿en qué momento me he perdido? Vayamos por partes:

– cierto que perteneces a una generación marcada por un contexto socioeconómico y político que ha marcado tu forma de ver y entender el trabajo (y la vida), ¿pero tan diferente es quien ha nacido en 1980 al que lo ha hecho en 1982?.

– de acuerdo que los avances tecnológicos han determinado que ciertas generaciones no hayan vivido ciertos procesos, pero eso no las hace ni mejores ni peores que las anteriores generaciones.

– claro que las nuevas generaciones generan cambios, porque todas las generaciones han sido la “nueva generación” en algún momento.

– por supuesto que en las empresas comienzan a convivir generaciones muy diferentes con conocimientos y experiencias tan dispares como enriquecedores, pero eso no significa que no se vayan a adaptar y aportar las unas a las otras.

– es evidente la necesidad de extraer conclusiones de cada generación, época o contexto global con el objetivo de facilitar su conocimiento y poder predecir la evolución de la misma, pero ¿eso significa que una vez “clasificado” dentro de esa generación no puedas cambiar de etiqueta?

 

Aquí esta pasando algo y yo no me entero, o yo lo veo todo mucho más claro y sencillo de lo que realmente parece ¿Te pasa a tí lo mismo o forma parte de mi “punto de locura”?.

 

Te voy a contar 6 pautas básicas para hacer que todo sea más sencillo a la hora de encontrar tu hueco o gestionar talento en el mundo laboral:

El talento ha existido siempre, y siempre estará ahí, sólo hay que saber detectarlo. Para ello necesitarás saber qué tienes, de dónde partes, a dónde quieres llegar y dónde puede encajar ese talento, tanto si es tuyo como si es el de otros.

No etiquetes: busca patrones de conducta, estilos de vida y formas de trabajar que te faciliten adaptarte a lo que se pide en el mercado laboral, pero sé flexible. Amplía tu visión y no permitas que una fecha de nacimiento, limite la posibilidad de ver lo que hay detrás de la persona.

Ten todos los sentidos en alerta para detectar qué es lo que se necesita en cada momento y tú puedes ofrecer, con mayor o menor esfuerzo.

Adáptate a los cambios, amóldate a las necesidades que percibas y piensa cómo puedes cubrirlas o qué necesitas cambiar para poder hacerlo.

Aprende: progresa, avanza, crece… necesitas estar en permanente aprendizaje y mejora continua.

Innova, no esperes a que el “cambio” te pille: crea, propón, intenta, cambia, sé generador de nuevas ideas. Puede que tú seas la nueva generación y tengamos que ponernos a pensar cómo etiquetarte…

 

Como puedes ver, estas pautas son aplicables a cualquier generación, y son la síntesis de lo que he observado en personas exitosas de diferentes edades, contextos y profesiones que se han ido adaptando y haciendo a sí mismos con el paso del tiempo.

En el fondo, los Millenials no dejan de ser como una Gioconda sacándose un selfie: son personas, como tú y como yo, influenciadas por la época en la que han nacido y que les toca vivir.  Pueden ser tremendamente modernos e innovadores en unas facetas de su vida y completamente tradicionales en otras, como cualquiera de nosotros. Y para muestra, una foto ;).

¿Cómo se llama esa generación? Yo la llamo la Generación de las PERSONAS que desean ser mejores…

 

Fuente de la foto: www.scientificast.it

 

#Millenials #desarrolloprofesional #etiqueta #adaptación

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A vueltas con el coaching y las psicopatologías

De hace un tiempo a esta parte estoy viviendo algo en mi día a día profesional que no me gusta en absoluto. La peor de mis sospechas desde hace años se comienza a confirmar y creo que ha llegado el momento de hacer un llamamiento a la cordura, pero sinceramente, no sé por dónde empezar.

En los últimos meses he recibido varias peticiones de clientes para iniciar procesos de coaching que no he podido llevar a cabo y me gustaría contarte el motivo. En la sesión previa que siempre tengo con los posibles clientes (todavía no lo son hasta no finalizar dicha sesión), exploramos sus objetivos, su necesidades y expectativas y también sus antecedentes de salud mental. Sí, lo hacemos y a fondo. Exploramos juntos si existe en su historial médico precedentes de insomnio, ansiedad, depresión, fobias y de otras psicopatologías como el trastorno bipolar, los trastornos del espectro autista o los trastornos obsesivos-compulsivos. Para ello me hago valer del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) y lo repaso cada vez que me encuentro con algún caso que me genera dudas sobre la base en la que sustentará la relación con mi cliente: la transparencia y la confianza.

Y lo hacemos porque, de presentarse alguna de esas patologías, el proceso no puedo continuar adelante, al menos, no conmigo. Mi formación como psicóloga sanitaria, pero no clínica, no me permite continuar, aunque sí diagnosticar la psicopatología de base existente y que no es el foco de la metodología del coaching. Y este es el momento en el que le derivo a diferentes colegas de confianza que le podrán ayudar en lo que necesita.

Aunque yo creo que esta parte de la historia ya te le he contado antes (Jugando a ser dioses y El coaching, una “moda no exenta de vende humos), si es que no te la sabes tú por la clara diferenciación entre psicología y coaching que la democratización del conocimiento ha favorecido desde hace tiempo. Y bienvenida sea la popularidad y el acercamiento de la psicología y el coaching a la sociedad, pero que sea para bien, por favor!

Estos casos a los que me refiero, y que cada vez son más, recurren a la metodología del coaching como último recurso o alternativa a tratamientos psiquiátricos fallidos o terapias psicológicas inservibles para ellos. Incluso han pasado por “imposiciones de manos” antes de llegar a mí. Y lo realmente preocupante, es ¿cómo ha llegado a mí, a solicitar(me) un proceso de coaching cuando existe una psicopatología diagnosticada previamente? ¿en qué momento han podido leer o creer que el coaching es la cura para todos los males? Porque el coaching, a pesar de lo que se intenta hacer ver, ni cura ni sirve para todo.

La metodología del coaching se puede aplicar en el desarrollo de muchas profesiones para facilitar cambios y favorecer mejoras en personas sanas, y con sana me refiero a la ausencia de patologías del espectro emocional y/o mental. Mi temor convertido en realidad son esas personas que llegan a mí esperanzadas por haber oído en algún lugar, que con el coaching vivirían mejor, y mi problema radica en convencerles y explicarles que no es así. En muchas ocasiones he vivido incluso enfados y ofensas, los cuales asumo como parte del manejo de mi profesión, pero no es esa mi principal preocupación.

Cierto que cada uno comprende su realidad como quiere o como puede, pero lo que me preocupa terriblemente es el aumento de personas con problemas de salud mental claramente diagnosticados y de larga evolución, que acuden al coaching como la panacea para todos sus males. Además de que esto puede ayudar a proliferar la falta de escrúpulos y ética profesional (sí, seamos sinceros, es triste, pero es así), ese no es el objeto de esta herramienta.

Algo se está haciendo mal, algo estamos haciendo mal para ensuciar tanto, para emborronar lo que debería ser transparente y tender puentes hacia el bienestar de quien recurre al coaching para mejorar su vida. Algo se está transmitiendo mal a la sociedad cuando quien llega a mí, lo hace con tales confusiones sobre el uso de esta poderosa (que no omnipotente) metodología. A estas alturas, pensaba que estaría claro lo que es y lo que no es coaching, para lo que sirve y para lo que no, y mi sorpresa es que cada vez existe más confusión al hacerla extensible a todo.

Siento decirte que no es así, que no sirve para todo ni para todos, ni siquiera para todos los momentos vitales. Y si en algún caso existe la duda, ante la existencia de una enfermedad donde la persona llega a tí, desesperada y con problemas de salud mental, no te dejes llevar por la soberbia de los títulos o la necesidad de tener clientes, ni siquiera por las ganas de ayudar. Si derivas a esa persona al profesional adecuado, a pesar de su enfado y su insistencia, a pesar de sus halagos y hacer crecer tu ego, ya habrás ayudado y habrás desempeñado correctamente tu papel como profesional. En caso contrario, déjame decirte que estarás poniendo una losa sobre quien demanda tu saber hacer, aumentando aquellos problemas por los que acude a tí para solucionar.

No sé de dónde debe partir ese adecuado acercamiento a la sociedad, ni de quién ni cómo debe hacerse, pero te aseguro que yo no voy a ser partícipe de hacer enfermar aún más a quienes ya lo están por el simple hecho de no tener claros mis propios límites. No me atrevo a hablar de regulaciones, ni de sanciones, no me siento capacitada para ello, ni mucho menos con ganas de entrar en batallas para las cuales no estoy preparada. Pero sí me atrevo a contarte que lo que he vivido en estos últimos meses no es agradable, y es ver de primera mano el daño infringido a quiénes creen haber encontrado una cura para aquello con lo que deben aprender a vivir.

Como te decía al principio, no sé por dónde empezar más allá de la responsabilidad de mis propios actos y he pensado que si lo decía en voz alta, me sería más fácil llegar a la respuesta…

 

Fuente de la imagen: Pixabay.com

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Sé que no te gusto… Y eso es bueno.

La necesidad de ser aceptados, como seres sociales que somos, nos lleva muchas veces a no comprender que no podemos gustar a todo el mundo. Y esto también ocurre en los procesos de selección.

 

En muchas de sesiones de formación suelo contar una experiencia personal que me cambió la vida, produjo en mí lo que se denomina “insight”: en términos coloquiales, “ver la luz”. Y hoy me gustaría compartirla contigo.

Cuando tenía unos doce años una amiga del colegio y yo nos enfadamos. Al llegar a casa, le conté a mi madre lo sucedido: mi amiga (hasta entonces) decía que ya no le gustaba, que le caía mal. Y eso se escapaba de mi comprensión: ¿cómo YO le iba a caer mal alguien en este mundo?. Mi explicación se basaba en que si yo era buena persona y hacía las cosas con buena intención, tenía que gustar a todo el mundo. Y mi sabia y cariñosa madre me explicó que no era así: no todos podemos gustar a todo el mundo, ya que cada uno percibe su contexto de una forma distinta y lo que para mí está bien, para el otro puede ser algo horrible.

Lo admito: fue doloroso, pero liberador al mismo tiempo. Y siempre agradeceré a mi madre que me lo explicase con doce años y no con treinta, por que de haber sido así, mi vida hubiese sido mucho más difícil de asimilar.

A lo largo de mi vida, me he ido encontrando con muchas personas con las que rápidamente percibes que no vas a “encajar”, y además creo que ha sido recíproco. ¿Motivos? Sistemas de creencias, valores, expectativas puestas en la relación, necesidades creadas, contexto en el que se da la relación… Son tantos factores los que influyen, que si lo analizásemos fríamente, lo complejo es gustarle a alguien y que sea mutuo.

De ahí que muchos de nosotros nos pasemos muchos años de nuestra vida intentando comprender esto, con lo sencillo (pero desgarrador según la circunstancia) que sería entender que no podemos encajar con todas formas de ver el mundo, ya que existe una persona y que además es cambiante.

Esto nos ocurre día a día: con amigos, con compañeros de estudio y de trabajo, con familiares, con parejas… Y a veces, es muy difícil de superarlo en función de la esperanza puesta en esa relación.

Sin ir más lejos, esto mismo ocurre en los procesos de selección: vamos con nuestra mejores galas, nuestra mejor sonrisa, dando lo mejor de nosotros…. Y resulta que ¡¡¡No gustamos!!! ¡¡¡No somos los seleccionados!!! ¿Por qué? Si soy la mejor opción… De acuerdo, eres tu mejor opción, pero desconocemos cuál es la opción de quien selecciona.

Olvidamos que en los procesos de selección se buscan candidatos con un perfil determinado en formación y experiencia, algo visible para todos habitualmente. Pero también se buscan competencias (eso para el siguiente post) y rasgos de personalidad que no son tan fáciles de percibir y puede que los tuyos no sean los adecuados para el puesto. No es cuestión de gustar o no, es más bien cuestión de encajar en lo que busca en ese momento.

Pongámonos en situación: están buscando a un jefe de equipo con rasgos conciliadores porque la empresa está en pleno proceso de cambio y hay mucha tensión en la organización. Y tú eres una persona decidida, con grandes dote de mando y muy enérgica y pasional. Mi pregunta es ¿eres la persona adecuada para el puesto? A pesar de que cumplas los requisitos en cuanto a formación, experiencia y determinadas competencias, hay un rasgo principal que buscan en tí. Y ese no ha aparecido durante el proceso, por eso no has gustado, por eso no has encajado. No es cuestión de que no sirvas para nada, no sirves en ese momento y en ese contexto, así que tranquilo…

Para que te quedes con buen sabor de boca, me gustaría compartir varios recursos que creo que te pueden servir en el momento de la entrevista de selección para detectar qué competencia o rasgos se esconden tras las preguntas que te hacen, pero también para que superes no haber superado el proceso:

  • Observa: deja que sea el entrevistador quien lleve las riendas del proceso, analiza cada una de sus expresiones, movimientos y palabras y valora si son congruentes entre ellas. Esto no significa que te quedes inmóvil, significa que deber tener cautela y responder en la medida que requiera la situación, no cuando tú lo necesites.
  • Espera: no te aceleres, ten calma, deja que el seleccionador hable y explique todo lo que sea necesario, y una vez finalice su exposición, inicia la tuya con tranquilidad y seguridad. Es tu vida y tu experiencia, no dudes a la hora de dar detalles importantes para el puesto.
  • Empatiza: intenta comprender las emociones y sensaciones que hay detrás de cada mensaje del entrevistador, eso te dará pistas para elegir el matiz de tus respuestas.
  • Pregunta: recuerda que estás en un proceso de selección, no en un monólogo ni en un interrogatorio. Profundiza en aquellos aspectos en los que tengas dudas, en los que quieras demostrar tu pericia o en aquellos que veas que son del interés del entrevistador
  • Reflexiona: finalmente, si no has sido seleccionado, estudia cuáles han podido ser los fallos cometidos por tu parte y asume que quizás no eras el más adecuado para el puesto. Y piensa que no puedes gustarle a todo el mundo, nos pasa a todos… Incluso puede que haya sido bueno para tí que no le gustases.

 

Gracias mamá, por haberme liberado tan pronto de la necesidad de gustar a todo el mundo. GRACIAS!!!

Imagen: google.com

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Cuando la generosidad toma forma y tiene nombre de mujer

Los pasados días 8 y 9 de febrero Oviedo ha recibido la visita de Merce Roura, gracias a la propuesta de valor de Elena Arnaiz y al trabajo del fantástico equipo de Oviedo Emprende. Junto con Paula Sopeña, hemos compartido varias jornadas donde se presentó su libro “Cosas que debí decirte hace 100 años” y facilitó un maravilloso taller sobre “Comunica tu talento”. Gracias a todos por haberlo hecho posible y gracias por permitirme formar parte de ello!

Más allá de contarte la intensidad de las horas vividas, de los aprendizajes recibidos y de las miradas cómplices que se sucedieron a lo largo de esos días, quisiera compartir contigo lo que me llevo de la lectura de este libro y las reflexiones a las que me ha guiado.

Hablando con Merce en privado y viendo su capacidad comunicativa en público, pensaba en la coherencia de su marca personal, de su estilo y su impacto en las personas que estábamos presentes. Aunque parece que es algo natural y sin esfuerzo, te aseguro que detrás de esa aptitud para llegar a la gente hay muchas horas de preparación y superación, y lo mejor de todo, es que ella te lo cuenta sin tapujos.

Lo primero que me sorprendió de Merce al leer sus reflexiones es la generosidad que emana de cada uno de sus textos. En ellos, puedes descubrir la dificultad del ser humano, pero narrada en primera persona por ella, para superar las limitaciones, para darse cuenta de sus errores, para conseguir arriesgarse ante el inmovilismo de quienes la rodean. Y lo hace de la mejor forma que sabe, desnudando su alma sin pudor (aparente) y compartiendo con quienes la seguimos, su historia personal de cambios vitales. A veces roza lo íntimo, otras la descubres en un mundo soñado, pero …¿qué importa eso cuando te hace sentir que tú también puedes hacerlo? Gracias de nuevo, Merce por todo, por tanto.

 

“Ya nada fue lo mismo. Me volví imprudente, atrevida… Me reí de mí misma y de mis miedos. Me columpié en mis recuerdos amargos… Me salté mis códigos más barbaros…”

El virus de la osadía

 

Al seguir con la lectura de su blog y después de sus libros, me dí cuenta de que cada golpe de texto, era un continuo reto. Permanentemente consigue llevarte de una situación a otra y promueve en tí el deseo de mejora permanente, pero aliñado con grandes dosis de realidad donde no se olvida de contarte el esfuerzo y, muchas veces, el sacrificio que ello conlleva. En este momento, supe que sus pensamientos plasmados en papel eran mucho más que un simple libre de autoayuda, son ideas, deseos y acciones que te llevan a un grado de reflexión e identificación tan profundas que con sólo dirigirlos al lugar adecuado de tu vida, puedes obtener mucho más que el placer de leerlos. El reto al que me refiero, el duelo al que te enfrenta entre lo que eres y lo que quieres llegar a ser, es un camino que hay que recorrer, sudar y tropezar para descubrir que puede tener una meta asombrosa. Y si eres listo, no te lo llevarás solo al terreno personal, lo harás a nivel profesional y descubrirás que quitarse el abrigo no es tan difícil como parece, y que te permitirá quedarte en todas las fiestas que te apetezca.

 

No vas a soltarte y flotar? Notar que te invade la espuma y puedes porque quieres y brillas porque estás serena y compuesta. Que eres compacta pero si hace falta te articulas, te mueves, te deslizas…”

Quítate el abrigo

Si leyendo su libro había pensado que las palabras son importantes, disfrutando de su presencia, se confirmaron mis sospechas: el tremendo valor del lenguaje y la comunicación en la construcción de las relaciones, propias y ajenas. La forma de hablar, el estilo de comunicación y la exquisitez por la elección de cada palabra, forman parte del éxito y pulcritud de una persona. El lenguaje puede ser un arma de destrucción masiva, cuando por una mala elección decides usarlo contra tí mismo a través de un diálogo interno limitante y dañino. Pero también puede ser un afilado puñal contra el resto del mundo y las relaciones que destruyes, en lugar de construir, con navajazos lingüísticos e hirientes expresiones. Eres dueño de tus palabras y de tu forma de comunicar, y deberías saber cuanto antes, la importancia de los mismos en la generación de una realidad más cercana a lo deseas de lo que imaginas. Tus patrones lingüísticos y tu forma de comunicarte tiene mucho que ver en la manera en la que consigues generar el contexto en el cual desarrollar lo mejor de tí mismo. La inspiración para mejorar y usar el lenguaje como vía de desarrollo personal y profesional, obteniendo mejores resultados vitales, es otro de los regalos de estos días, de estas páginas.

 

“Y sobre todo, importan las palabras porque con ellas se construyen puentes, generan empatías. Importan porque convierten a la víctima en el dueño de su destino, porque generan oportunidades”.

Las palabras curan

 

No sé si es la última reflexión por ser la más profunda o la más importe, pero es la que más me emociona al compartir aquí. Y es la universalidad de las palabras de Merce… Me he sentido tan reflejada en algunos de sus textos, me he visto en la distancia en otros tantos y sé que pasaré por muchos de los que narra en su libro. He podido comprobar que muchas de las historias que vivo en primera persona y las otra que presencio en primera fila como espectador gracias a mi profesión, se repiten. No son exclusivas ni a tí ni a mí, sino que son un círculo vital en el que se mueve el ser humano que somos tú y yo, y que pueden ser plasmadas en forma de historias cortas, igualándonos a todos. Esa forma de igualar, de democratizar experiencias, hace que veas las miserias, talentos, potencialidades y dificultades de las personas. Porque a pesar de todo, y afortunadamente, nuestro lado humano prevalece siempre.

 

“Tanta insatisfacción por no poder llegar a ser la idea que tenemos de nosotros mismos y a veces de los demás es agotadora. …. El anhelo de perfección es un lastre. La perfección mata la motivación y las ganas. Mata los deseos y las pupilas inocentes”.

Insufrible perfección

 

Podría seguir contándote infinidad de aportaciones de esta experiencia en mi vida, pero prefiero que seas tú el protagonista de la tuya y que algún día, me cuentes, como yo lo estoy haciendo ahora, lo qué ha supuesto conocer en profundidad el alma de Merce Roura a través de lo que te ofrece.

Imagen: Oviedoemprende.es

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Cómo deshacerte de manera profesional de un parásito emocional en 10 sencillos pasos

Este no es un post cualquiera sobre personas tóxicas. Quizás uno más, pero no uno cualquiera. Para saber a qué me refiero tendrás que seguir leyendo hasta el final y no dejarte ni una sola palabra atrás…

Es cierto que, por lo general, no nos han educado sobre cómo generar vínculos o mantener relaciones sociales saludables, y que por lo tanto, vamos moviéndonos en este complejo mundo como podemos. En algunas ocasiones tenemos éxito y en otras no tanto, por lo que vamos dando tumbos y, con suerte, aprendemos por el camino cómo relacionarnos de manera exitosa.

 

La Doctora Lillian Glass, publica en el año 1997 el libro “Relaciones tóxicas: 10 maneras de tratar con las personas que te complican la vida”. Fue tal el impacto de esta obra, que 20 años después el concepto de persona tóxica florece muy a menudo en nuestra conversaciones. ¡Cómo nos gusta hablar de esas personas tóxicas que tanto nos estropean la vida y de las cuales debemos huir cual mofeta en celo!.

Voy ayudarte de manera muy práctica y rápida, y además como un auténtico profesional, a que te deshagas de esa persona tóxica que tanto te molesta y amenaza tu estabilidad mental:

1.- Ayúdala a ser consciente de su responsabilidad, de tomar las riendas de su vida. Y acto seguido, déjala sola en el camino que le toca emprender de nuevo con frases como “Eso es cosa tuya”, “A mí que me cuentas de tu vida”, “Yo no soy tu madre” (Bendita Jennifer López y su canción…) y cosas por el estilo.

2.- Hazla sentirse culpable de todo lo que le ha ocurrido, y de paso, ríete diciéndole que tú ya sabías lo que pasaría. Es lo que toda persona necesita escuchar cuando su mundo se derrumba y descubre que ella ha sido la principal precursora de ello.

3.- Llénate la boca con frases de Cohelo, de las que salen en las galletas de la fortuna y de las de las tazas de Mr. Wonderful. Y hazlo mientras montas un drama y te hundes porque hoy llueve y se te encrespa el cabello.

4.- Dile que es bueno aprender y mejorar cada día, saber que siempre podemos ser nuestra mejor versión. Pero ten cuidado, quizás se anime a apuntarse a alguna actividad interesante y quiera que la acompañes. Y tú ya vienes de vuelta de todo y no hay nada nuevo que te pueda aportar.

5.- Fomenta su autonomía y facilita su toma de decisiones, dicen que es lo que hay que tomar para empezar a ser feliz. Ah! Que no se te olvide pasar a ver a tu madre para recoger los tupper bien cargaditos el fin de semana, te estás quedando sin provisiones.

6.- Invítala a que amplíe su círculo de amistades, que conozca nuevos escenarios y aumente su red de contactos, que salga de sí misma. Aprovecha y díselo en persona, no todo se puede hacer a través del whatsapp o Facebook, y tú ya llevas varios meses sin salir de casa.

7.- Anímala a que pierda sus miedos, para que se lance a probar nuevos retos, a que fracase para saber lo que es el éxito. Puedes hacerlo mientras repasas el brazo desgastado del oso de peluche con el que duermes abrazado.

8.- Infórmala de que la mentira no lleva a ninguna parte, de que hay que aceptarse y quererse, de que hay que afrontar la realidad de manera valiente. Y hazlo cuando quedes con ella para contarle lo bien que te va con tu pareja, esa con la que has roto hace semanas y nadie sabe.

9.- Cuéntale que lo importante son las personas, los valores, el interior, lo que nos aportamos… mientras corres en la cinta del gimnasio, después de comentarle lo fácil que es la receta de los zumos detox y le pasas el enlace sobre las últimas tendencias en moda.

10.- Ayúdala a entender que criticar y quejarse permanentemente no es la solución a sus problemas. Pero intenta no mezclarlo con otros temas pendientes que tienes que hablar con ella, como son la separación del vecino del tercero, la manía que te tiene tu compañera de trabajo y lo difícil que es conseguir mejorar en el mundo profesional con la cantidad de enchufados que hay….

 

Ilustra a esa persona con todos tus conocimientos sobre psicología de la vida y de la calle, esas cosas que no se aprenden en las universidades y que vas extrayendo del día. Y hazlo para que lo aplique lo más rápido posible, pues no tienes ni tiempo, ni ganas.  Y si no eres capaz de ello… ¡Huye! ¡Corre cuanto puedas! Tienes enfrente a una persona altamente tóxica, y será un cargo en tu vida, ni se te ocurra plantearte qué tienes qué ver tú en esta historia ni en qué puedes ayudarla.

 

Moraleja: Cansada de leer y escuchar hablar sobre las personas tóxicas y siendo espectadora de la confusión que ello genera, me he decidido a compartir contigo mi visión sobre esta polémica forma de etiquetar a las personas.

No existen personas tóxicas, sino comportamientos, hábitos, situaciones, relaciones nocivas para cada uno de nosotros. Entre la importancia de detectarlos e intentar resolverlos y etiquetar a personas como tóxicas y apartarlas de tu vida de manera radical, puede haber un término medio.

Si huyes de todo aquello que te resulta doloroso, nunca aprenderás de ello. Si evitas aquello que te resulta perjudicial sin intentar asumir tu parte de responsabilidad ni cómo resolverlo, no comprenderás la forma de no volver a repetirlo. Estás boicoteando tu propio aprendizaje y capacidad creativa, estás limitando tu capacidad para gestionar relaciones y conflictos, y estás obviando que quizás, sólo quizás, seas tú ese parásito emocional del que tanto huyes.

Como dice Marcela Serrano en su libro Para que no me olvides: “En los tiempos de mi abuela nada se echaba a la basura. Tampoco la experiencia. Un beso era casi único en la vida y se atesoraba. El dolor se guardaba con rigor para no olvidarlo. Así aprendieron de él. En los tiempos míos, medias, dolores y besos, todo se consume, todo se rompe, todo se desecha”.

Tú decides qué hacer con esas personas, con los sentimientos que te generan y también decides si das otra oportunidad. Porque también has de valorar si nunca has tenido este tipo de comportamientos o te has visto involucrado en alguna relación dañina. Tú eliges si deseas deshacerte de personas o de comportamientos, si prefieres sentenciar para siempre esa relación o generar y facilitar aprendizajes para ambas partes.

En definitiva, tú eliges si ver belleza donde los demás, incluso tú por momentos, sólo ven despojos.

Imagen: pixabay.com

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Presencia, exposición o sobreexposición en la red: ¿cómo te proteges?

 

Cada día es más frecuente el uso de las redes sociales (en adelante RRSS) en el día a día, desde el aspecto meramente personal hasta la faceta profesional más depurada. Y en ese amplio espectro, comienza una de las tomas de decisión actuales que más dilemas te puede generar en el uso de las RRSS: ¿qué relación quiero con las RRSS respecto a mi perfil?.

No voy a hablarte de #marcapersonal, para ello ya tienes a grandes como Eva Collado Durán, Guillem Recolons, Elena Arnaiz o Andrés Pérez Ortega, pero sí te voy a hablar de cosas que tienen que ver con ella y con tu relación con la información que ofreces sobre tí en la red.

Cuando decides usar una red social, sea del tipo que sea, lo primero que tienes que tener claro es que es un escaparate de tu vida, y no has de tener de miedo a ello, siempre que sea algo medido y realizado de manera estratégica. Sí, estratégica. Parece que cuando se relaciona esta palabra con el uso de las RRSS, se ponen los pelos de punta, pero nada más lejos de la realidad, y de lo necesario en este aspecto de tu vida.

Desde el momento en el que subes una imagen, una reflexión, respondes a una publicación, estás dando información sobre quien eres. Pero no es algo a lo que temer o rechazar, siempre que tengas claro cuál es la información que estás ofreciendo y sobre todo para qué la ofreces. Quiero que seas tú quien valores y decidas la intensidad de tu presencia en las RRSS, pudiendo ser desde casi nula o inexistente hasta desarrollar un Oversharing (o Síndrome de compartir todo).

Lo primero a tener en cuenta es un profundo análisis sobre la información que quieres compartir y ofrecer sobre ti en las RRSS elegidas, y saber que según la red, la información va dirigida a diferentes públicos que esperan diferente información sobre ti. Estás construyendo lo que se denomina identidad digital o lo que creas en la red sobre ti, que dará paso a la reputación digital, lo que dicen los demás de ti en la red.

Más allá de las pautas de los profesionales que he citado arriba y de los cuales he ido aprendiendo en esto años, donde hablan sobre la importancia del autoconocimiento, la diferenciación, la coherencia, la transparencia o la transmisión de valores, quiero centrarme en la reflexión sobre si estás presente, te expones o sobreexpones en la red. Es muy habitual, y cada vez más, escuchar aquello de “Si no estás presente en la red, no existes”, y esto, tanto a nivel personal como profesional, puede resultar muy duro de escuchar, pero sobre todo, de gestionar.

Si has decidido, por el motivo que sea, crear un perfil y comenzar a usarlo, piensa en que tu nivel de exposición tendrá determinadas consecuencias, las cuales deberán serán evaluadas previamente y deberán ser coherentes con los objetivos que pretendes con el mismo uso de la red. Esta fase previa, es la base de todo lo que vas a crear a partir de ahí, y no lo olvides: una vez compartida, la información deja de ser tuya y pasa a ser pública, siendo usada e interpretada por quienes la reciben. Muchos o pocos, relevantes o mundanos, son el resto de personas que la reciben, quienes manejarán esa información sobre tí, de ahí la importancia de que tengas una estrategia.

Hasta aquí, parece que lo único que he hecho es meterte miedo en el cuerpo, pero pretendo todo lo contrario. Quiero que te lances de una vez a usar la red como trampolín para compartir todo lo que eres y puedes llegar a ser al nivel que desees, pero que lo hagas con conocimiento de causa, y eso, requiere tiempo y estrategia (sí, ya lo sé, me repito, pero no me importa).

No suelo dar pautas ni consejos, no hay cosa que más me aborrezca me que pretender “ilustrar”, pero en este caso, sí que me apetece compartir contigo alguna reflexión que he tenido en estas últimas semanas sobre este tema y que tienen que ver con mi opinión sobre la exposición en las RRSS:

  • Publica aquello que quieres que se sepa, ni más ni menos, y hazlo de manera reflexiva, meditada, programada, que nunca sea algo impulsivo. No compartas datos personales que puedan poner en peligro el límite entre lo público y lo privado.
  • Comparte aquello que tenga que ver contigo, con quien eres, con lo que haces, con lo quieres o lo que sientes, pero hazlo de manera estratégica y planificada, incluso si es sólo a nivel personal.
  • Difunde única y exclusivamente aquello que tenga que ver contigo, en el momento en el que incluyas a alguien, valora si de verdad te beneficia o perjudica vincular tu identidad digital a la otra parte. No siempre es así y tendrás que aprender a gestionarlo.
  • Parecida a la anterior, pero al revés: antes de relacionar tu imagen a otros, piensa si puedes dañarles o no desean exponerse en la red de la forma en la que tú lo haces (menores que luego serán adultos, compañeros que no son usuarios de RRSS, personas con situaciones personales delicadas….). Pregunta o pide permiso antes, SIEMPRE.
  • No es necesario que subas a la red cada paso que das ¿no te resultan pesados ciertos perfiles? A mí, sí y no quiero ser uno de ellos… La sobreexposición puede llegar a cansar a quien te sigue o darle más información de la necesaria, llegando a ser peligroso.
  • Responsabilízate de que cada publicación y su efecto en tu reputación digital, los usuarios de la red interpretan a su antojo, pero lo hacen con los datos que tú proporcionas. De ahí la importancia de que lo crees sea real, transparente y coherente, pero sin dejar de perseguir un objetivo de impacto en tu reputación digital.
  • No tienes porque gustar a todo al mundo, de hecho, ni siquiera tienes que gustar, siempre que ese no se el único motivo por el que tienes redes sociales. Por lo que es importante que te prepares a recibir críticas, a gestionarlas y manejarlas como parte del “juego”.
  • Asume que podrás controlar lo que compartes pero no lo que los demás opinen, por eso es tan relevante el papel de la coherencia y la seguridad a la hora de estar presente en la red.

Y ahora, si vas a estar presente en las RRSS, que sea con una buena protección para evitar la no deseada sobreexposición ;).

Imagen: Pixabay.com

 

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Te espero con los brazos abiertos

Eso le digo al 2017, año de cambios y transformaciones, momento de tomar decisiones y emprender nuevos caminos. Pensarás que cada año es igual a fecha de 1 de enero, que no hay nada nuevo en mis palabras, y lo cierto es que, al menos en parte, tienes toda la razón. Pero en este 2017 se materializan ideas que han ido tomando forma a lo largo de estos últimos años y que han cogido fuerza en los últimos meses, y tú , tienes mucho que ver en ello.

No pretendo hacer balance del año anterior ni una declaración de intenciones del que ya está en marcha, tan sólo quiero contarte qué significa este año nuevo para mí, porque tú, formas parte de él, de una manera muy importante, más de lo que te imaginas.

2017 tiene un simbolismo especial para mí, pues de alguna forma, el número 17 siempre ha estado presente en fechas importantes para mí. Un día 17 nació mi padre, otro día 17 del año 2007 nos casamos (esta año se cumplirán 10 años!), otro día 17 nació mi sobrino y ahijado y también un día 17 comencé la aventura de hacer aquello en lo que creía y que poco a poco se transformó en mi forma de vida. Demasiados 17 como para no significar nada ¿no crees?

Te espero con los brazos abiertos, y ahora te lo digo a tí. Este año que se ha despedido hace un suspiro, ha sido un entrenamiento para estar en forma y afrontar este intenso 2017 que se presenta. Ha sido un aprendizaje y una preparación para desarrollar toda una serie de acciones en las que tú serás el protagonista principal.

Con cada mensaje, cada comentario, cada aportación que has hecho, has dado valor a lo que hoy toma forma. A través de tus palabras, de tus preguntas y tus dudas, de tus reflexiones y solicitudes, y de tus críticas más duras, me has ayudado a cerrar ciclos y abrir otros nuevos, y todo es gracias a ti.

Quizás te cueste llegar a comprender tu papel en esta decisión, pero te aseguro que estás ahí. Y es tan importante para mí, que te quiero hacer partícipe desde el principio en ella, y quiero hacerlo de manera que tengas un papel destacado, un papel estelar. ¿Qué cómo lo haré? Pues todavía estoy dándole vueltas para mejorarlo y hacerlo sencillo, pero voy a contarte qué pretendo compartir contigo a lo largo de estos meses. En unos días te explicaré cómo hacer a través de mis perfiles en las redes sociales, no te despistes!

Con el inicio del 2017 te quiero invitar a que formes parte de un ciclo de talleres y cursos mensuales para grupos reducidos en los que exploraremos a lo largo de 8-10 horas, aquellas temáticas que durante todo el 2016 te han resultado interesantes y así me lo has hecho llegar de diferentes formas. Y quiero que seas tú quien elija la temática de cada mes con tus votos en la web, y además, al hacerlo entrarás en el sorteo de una de las plazas de la temática ganadora. ¿Qué te parece la idea? ¿Te gusta?

Quiero premiar de alguna forma tu fidelidad en estos años, tu apoyo en estos últimos meses, tan decisivos e importantes para mí. Me gustaría agradecerte de alguna manera todo el tiempo que llevas a mi lado de una u otra forma y qué menos que hacerlo de la mejor forma que sé y puedo. Si recuerdas mi post para felicitar el año nuevo, estás dentro de la categoría SIN TI NO SOY NADA, y quisiera hacerte llegar mi gratitud de algún modo.

Esto es sólo el principio de lo que pretendo hacer durante este 2017 tan simbólico para mí, espero que me acompañes a lo largo del año y me sigas aportando tanto como has hecho desde el primer día. Estamos a 3 de enero, ¿te imaginas hasta dónde podemos llegar juntos a medida que pasen las semanas y los meses? Estaré encantada de poder comprobarlo si me permites pasar contigo las hojas del calendario.

Te espero con los brazos abiertos…

 

 

 

 

 

 

Fuente de la foto: pixabay.com