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No quiero que te vayas, verano…

No tenía pensado hacerte llegar ningún post hasta octubre, aún sigo a vueltas con el PAR (Período de Adaptación a la Rutina), pero hoy, 23 de septiembre, con la llegada del otoño me veo en la obligación de hacerlo.

 

Después de varios días sin estar mucho en la red (2 o 3, no te voy a contar ahora milongas de que cada vez estoy más desconectada, estoy lo que estoy…) me pongo a leer en mis “muros” y cual es mi asombro al ver que la gran mayoría de publicaciones son de tristonas, angustiosas o dramáticas despedidas al verano.

 

Lamentos de cómo habrá que esperar hasta el próximo verano para tomar el sol, viajar o disfrutar de la naturaleza.

 

Lloros al pensar que pasarán al menos 9 meses hasta que llegue el momento de hacer aquello que tanto te gusta, pasar tiempo con las personas que quieres o sentirte libre.

 

Súplicas de que no se vaya la época estival, que no desaparezca esa época del año en la que parece ser revives o más bien, da la sensación de ser el único instante en que eres feliz, en el que estás vivo…

 

Vamos, un drama.

 

Oye, que yo también soy de sol, de mar, de luz, de viajar y de un sinfín de cosas que parece ser que están limitadas al verano. Pero va a ser que no: si te gusta el mar (como es mi caso) y lo tienes cerca…¿qué te impide disfrutarlo todo el año? O ¿vas a esperar a hacerlo sólo en verano? Cada época del año, te permitirá hacerlo de una forma distinta, pero si quieres, podrás hacerlo todo el año. Sí, sí, como lees.

 

Muy lejos de entrar las individualidades de cada uno y más allá de que cada uno viaja, sale y entra, descansa y lee cuando quiere y puede, me resulta muy cansino esta tendencia a encasillar al verano como el período de felicidad por excelencia. Quizás sea la única vez que te puedes ir a tu familia en todo el año o te puedes permitir el lujo de viajar…pero no me digas que el resto del año estás “muerto” o te siente un desgraciado. Porque por lo que publicas, parecer lo parece.

 

Y esto me hace ir a los famosos “Menos mal que es viernes” o “Estoy deseando que llegue el puente” que viene acompañados de un “Horror, otra vez lunes” a la vuelta”. De verdad, me gustaría que te planteases qué tipo de vida llevas si aborreces todo lo ocurre en ella de lunes a viernes, y sólo eres feliz en agosto, porque eso son 31 días de los 365 que tiene un año. A mí, se me haría muy duro.

 

Ahora, no te vayas a pensar que soy de las que van cortando margaritas por los prados y regalándolas a cada paso que da en la calle con mi cabello al viento como si fuera un anuncio de Sunsilk (¿todavía existe esa marca? Hace tiempo que no la veo en los supermercados…). A mí, también me gusta el verano y su cara amable, pero también la tienen el resto de estaciones y meses del año, al igual que su lado oscuro donde deseamos que las agujas del reloj se muevan con la velocidad del rayo.

 

¿Por qué te empeñas en vivir deseando que lleguen una serie de momentos que son cíclicos como el fin de semana o el verano? ¿Es porque lo dice la mayoría (vamos, moda) o por necesidad? Da igual, porque ninguna de las respuestas me va a gustar.

 

¿Y si te haces estas preguntas?:

¿Por qué no te planteas qué cosas haces durante esos días que con tanta ansia esperas?

¿Podrías realizarlo, aunque en menor medida o intensidad, durante el resto del año?

¿Qué te impide hacerlo?

¿Puedes buscar la forma de acercarte a conseguirlo?

¿Lo has intentado (en serio) en algún momento?

¿Qué fue lo que te hizo dejar de intentarlo?

 

Este post no contiene la receta mágica para alargar el verano, ni para estirar los días felices, más que nada porque no existen esos trucos. Pero sí puede acercarte más a lo que depende de ti y no de los demás, puede hacerte pensar en qué (demonios) estás haciendo cada día para no tener que desvelarte pensando en que lleguen los días en los que haces lo que realmente quieres como la jubilación, el fin de semana o el verano.

 

Esto no implica necesariamente cambios drásticos en tu vida como llamar a un abogado para divorciarte, redactar tu despido voluntario o hacer las maletas con un billete sólo de ida.

 

Esto, si tú quieres, implica ser consciente de la vida que has elegido, asumiendo las partes que te han tocado y modificando, en la medida que te sea posible, aquellas de las que eres responsable.

 

Esto, implica aceptar que hay circunstancias que no has escogido y hacerlo de la forma más ecológica y rentable para ti.

 

Esto, implica introducir pequeños cambios en tu día a día para transformar aquellos aspectos que te acerquen gradualmente a eso que te hace “soñar” con esos días dorados.

 

Esto, implica dejar de soñar despierto y hacer, construir en lugar de quejarse de la mala suerte que arrastras o de la porquería de trabajo que tienes. Esto va de dejar de protestar y sudar la camiseta del partido de tu vida (ay Dios, me he venido arriba otra vez, ya lo dejo, ya lo dejo…).

 

Te invito a que realices un listado de las 10 cosas que haces en esa época del año que tanto deseas y luego la pongas junto a las preguntas que te he lanzado arriba. Responde todas las que puedas siendo sincero contigo mismo, no tengas prisa, es tu vida, son tus tiempo, pero hazlo. Y luego, procura no tirar esa lista a la basura, ponla en algún lugar visible, eso hará que sea más fácil pasar a la acción y lograr que no sufras con cada final de verano repitiéndote “No quiero que te vayas, verano” como  si fueses cualquier protagonista de “Verano azul”.

 

Prioriza y elige una de ellas (utiliza para ello el criterio que consideres, puede ser por importancia, practicidad o economía) para dar el primer paso y ve poco a diseñando etapas para acortar distancias con el objetivo final, que no es otro que ser más feliz, vivir más en consonancia con lo que te hace bien, vivir al fin y al cabo un eterno verano…

Imagen: google.com

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Morir de ego

El ego, ese ente del que todos hablamos y damos consejos sobre cómo gestionar para mantener equilibrado, mientras es engullido por el nuestro propio. El ego, esa parte del ser humano de la que presumimos tener bajo control y nos lleva a callejones sin salida de manera constante.

 

Sí, lo sé, el ego ha de existir, es condición humana, pero…

¿por qué hablamos continuamente de él como si fuese un animal doméstico cuando en realidad es una bestia indomable que se apodera de nosotros?

 

Cansada de leer sobre cómo gestionar egos ajenos (importante, nunca el propio, no vaya a ser que no pueda/quiera), hastiada de encontrarme con lecciones magistrales sobre el daño que hace un ego sobredimensionado a las organizaciones y a las relaciones, y sobre todo aburrida de que siempre se hable en tercera o segunda persona (siempre son los demás los que tienen el ego desbocado, nunca uno mismo), me he decidido a desnudar mi ego para ti.

 

Como una cura de humildad que todos necesitamos en algún momento (o en muchos), me voy a quitar aquellas capas de ego que veo tan a menudo en mi sector (sí, sí, en el mío que tanto vende y proclama la gestión de egos y personas, que es más sangrante aún).

Y voy a ser tan sincera como me permita el propio ego, porque por mucho que profundice en el autoconocimiento y me lo curre como una campeona, qué quieres que te diga, pues que todavía me falta para ser experta en mí misma. Con lo que ser experta en autoconocimiento así en general, peor me lo pones.

Pues verás, por mucho que digamos que nos gusta rodearnos de personas que brillen más que nosotros, de las cuales aprender, bla, bla  y bla… yo he sentido miedo. Me encanta aprender, mejorar y crecer y eso sólo es posible si te rodeas de personas mejores que tú, que te impulsen a ello, pero sí, he tenido miedo. Miedo de no llegar a cumplir mis y sus expectativas, miedo de los agravios comparativos, miedo del aprovechamiento fruto de la desconfianza. No es todo el tiempo, se lucha contra ello y se vence, pero no siempre se consigue. Y quien te diga lo contrario miente, o eso creo…

 

Y hablando de egos, con el éxito hemos topado y con las prisas de crecer, de sumar seguidores, de engordar los perfiles y las cuentas bancarias. No me vengas ahora con que hay que hacerlo de corazón, porque no te lo crees ni tú y de paso, ni yo. Cierto que lo hago con el corazón porque me gusta mi trabajo, y me vuelco para que salgan bien las cosas, porque con ello se pone en juego mi profesionalidad, mi imagen y la confianza depositada en mí…Sigo rascando que cada vez escuece más. Y al ponerse en juego mi profesionalidad,  puede verse perjudicado mi orgullo, mi valía, mi yo, vamos mi ego. Que de paso, también velo por los intereses de las personas que componen y dan forma al proyecto, eso nunca se olvida, pero que lo hago con mi ego guardado en una caja fuerte a buen recaudo…como que no.

Es entonces cuando llega un día en el que me doy cuenta de el éxito puede ser la tumba, me voy a morir de éxito, de que ¡me voy a morir de ego! Y total, ¿para qué? ¿Me compensa? ¿Compensa a quienes me rodean? Aquí sí que me trabajo bien el ego, lo doblo según los criterios de la japonesa Marie Kondo y bien plegadito al cajón. Pero admito que esta gestión, me viene como resultado de haberme visto fuera de mí misma, incluso fuera de control por miedo a ver dañado mi ego, ese del que presumo manejar tan bien.

 

No soy perfecta, hace tiempo que lo sé, pero ¡me fastidia admitirlo según en qué aspectos! Me gusta hacer las cosas con buenos resultados, que sean valorados por las personas que me importan, me encanta encontrarme con gente que coincida conmigo en valores. Vamos, que me gusta alimentar mi ego y protegerlo, y como ya he admitido que no soy perfecta, puedo permitirme el lujo de decirlo así, tal cual. Yo soy la principal “culpable” de que mi ego aumente de tamaño  y lo hago de manera consciente e inconsciente. Luego se me va de las manos y ya no me gusta tanto, ahí es donde tiro de abuela materna, que es la persona con mayor capacidad que conozco para reajustar el tamaño de tu ego de un plumazo, te deja como nueva (cosas de la genética de la cuenca del Nalón).

Y si aún así se resiste, siempre me queda mi marido que me hace bajar de las nubes con tan sólo mirarme o mi madre al hacer ver que no sabe realmente a qué narices me dedico. Para ese ego fuera de sí, una buena dosis de realidad y quedo como nueva. Sería ideal que siempre fuese yo la que llegase a esta conclusión por mí misma, pero ya he vivido algún episodio donde mi ego me ha cegado y he llegado a rozar la enfermedad por exceso de trabajo o agotamiento mental. Y sí, esto también son problemas a la hora de gestionar mi ego.

 

No te creas que ha sido fácil sentarme a contarte esto, yo me que las doy de ser una apasionada (qué pesados somos con la pasión, de verdad!) del autoconocimiento y buscadora empedernida de la aplicación de la gestión emocional.

Yo, que escribo post quincenales con recomendaciones y te acerco la teoría a la práctica.

Yo…he de admitir que, como tú y como el resto de mortales, nos encanta alimentar nuestro ego.

 

Imagen: google.com

 

*Artículo de colaboración el blog de Silvia Saucedo, no dejes de seguirla en su blog y en su programa de radio en Radio Guadalquivir 107.5 fm.

 

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Agosto: vacaciones y frustraciones.

Aunque en mi cabeza resuene la versión de la canción de JLo “El verano pa cuándo?” (asturianos me entenderán…) ha llegado agosto, lo cual implica cambiar hábitos y rutinas. Pero no porque lo diga yo o algún referente en la red, sino porque es inevitable y totalmente necesario. Y lo dicen expertos en salud, física y mental, no me estoy inventando nada.

Y con agosto, llega el mes de las vacaciones por excelencia. El mes para recargar pilas, para desconectar, para descansar, para leer, para viajar, para la familia y los amigos, para tantas cosa…que puede que no te de tiempo a realizarlas todas. No tenía muy claro si escribir un post, de nuevo, sobre esta temática, pero después de conversar con María Jesús Giménez Caimari de Sapiens Mindset me he visto en la necesidad de lanzarme (tampoco ha costado mucho, sea dicho de paso).

Siento alejarte del falso positivismo de “Si quieres, puedes” porque no te va a dar tiempo a hacer todo lo que dicen que te tiene que darte tiempo hacer en vacaciones. Salvo que tus vacaciones duren 6 meses, y aún así, tengo mis dudas. Parece un trabalenguas o que me he vuelto el Gargamel (si eres un Millenial tendrás que entrar en Google para saber de lo que hablo) del período estival, pero quiero ayudarte a generar las expectativas de tu periodo estival.

Este post surge del resultado de mis primeras vacaciones reales tras hacer profesional independiente y liberal, vamos el autónomo de toda la vida. 6 años después de tomar esta decisión y con una pequeña de 14 meses me cogí mis primeras vacaciones en serio, de esas de cogerte un avión, irte a una playa con aguas cristalinas y desconectar de todo lo que me había agotado durante el año.

Puse tanta ilusión y empeño en preparlas al detalle, que todo fuese “perfecto” (lo mío con la perfección viene de tan lejos…), generé tantas expectativas en lo que iba a hacer en mi tiempo de vacaciones que lo único que conseguí fue…frustrarme y pasar la mayor parte del tiempo pensando que no me daba tiempo a todo lo que tenía previsto hacer en esas semanas. Y así, aunque cada vez ha ido a menos, me ha ocurrido año tras año.

La única responsable de mi frustración ante la incapacidad para llegar a todo lo tenía pensado fui yo, cierto. Pero existen otros factores que no me ayudaron nada a gestionar la limitación del tiempo y de mis capacidades respecto a las vacaciones. ¿Sabes a qué me estoy refiriendo?
Listas y listas interminables de lo que DEBES hacer en vacaciones: que si descansa, que si viaja, que si haz deporte, que si escribe un libro, que si pasa tiempo con la familia, que si haz deporte.
Mira, te lo digo de corazón, y tal y como acabé mi anterior post sobre este tema: haz lo que te apetezca, lo que quieras y puedas con tu tiempo libre. Incluso, si decides no tener vacaciones, también será estupendo siempre y cuando sea tu elección. Y si en el peor de los casos, te ves obligado a usar ese tiempo “idílico” en hacer algo que no te apasiona, no dramatices: todo llega, todo pasa.

Para mí, estos listados de lugares ideales, estos inventarios de tareas a realizar en el periodo estival no dejan de ser estereotipos o ideales. Y no pocas cosas debería haber tan sagradas como el uso del tiempo libre.
Cierto es que no estamos libres de tendencias, modas y aspectos sociales que nos invaden a diario y desde que nacemos, pero también tenemos la capacidad de decidir y hacer lo que te apetezca en el ese tiempo reservado para el descanso. Por lo que deberíamos empezar a plantearnos antes lo que es el descanso para cada uno de nosotros.

¿Qué implica para ti descansar? ¿De qué (o de quién) necesitas descansar durante una época del año? Me gustaría que la respuesta fuese única y exclusivamente tuya, sincera, de corazón, por lo que puedes compartirla conmigo en el blog o red desde el que me lees. Pero lo que realmente me haría ilusión es que te respondieses con esa sinceridad y actuases en consecuencia usando ese tiempo como te plazca y te puedas permitir.

Por lo tanto, aquí no verás el catálogo de los mejores libros para leer, de las mejores playas que visitar, los museos más interesantes o los mejores cursos de verano. Me gusta pensar que cuando reflexiono en voz alta te puede servir para encontrar ese equilibrio tan necesario, aunque tan sólo sea a ratitos, que todos buscamos. Y lo que sí tengo claro es que tu equilibrio, tu tiempo libre y ocupado, tu vida, tu agosto… es tuyo.

Haz con él lo que te plazca y déjate de modas y listados interminables.

 

Imagen: Kenton Nelson

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Para qué (me) sirve un blog

El verano sirve para muchas cosas,  además de descansar, viajar o hacer algo diferente a lo que haces el resto del año.

 

Como cada verano, aprovecho el cambio de ritmo para hacer reajustes que voy aplazando durante el “curso”: la estrategia en redes sociales, los diferentes perfiles  en la red, la web, la gestión de la red de contactos…y el blog.

 

En estas semanas me pondré a fondo con el mío, pero el resultado ya lo verás a partir de septiembre. Ahora, prefiero contarte lo que me ha aportado en estos 2 años publicando quincenalmente (más o menos…) y todo el ensayo previo en los diferentes perfiles o en colaboraciones periódicas 9 años atrás.

 

Lo que te voy a contar no tiene nada de didáctico, para eso ya tienes otros perfiles en la red especializados en posicionamiento, marketing online o marca personal. Esto es, sencillamente, mi historia amor con el blog…

 

1.- Me ayuda a estar en forma: no soy especialmente deportista, en lo que a nivel físico se refiere, pero lo de darle al coco, es otra historia. El blog, me obliga a estar al día, a no acomodarme, a leer mucho, estudiar, investigar, indagar y conocer nuevas temáticas, profundizar en unos aspectos y descartar otros. Mi cerebro a veces echa humo y necesita tomar distancia, pero es un ejercicio constante a muchos niveles.

 

2.- Me proporciona un espacio para crear:y no cualquier espacio, MI espacio. Donde soy la dueña y señora de todo lo que se cuece, y donde me arriesgo a que te encante, lo compartas, me acompañes y crezcamos juntos…pero también a que me ignores, me critiques, me odies o incluso te burles. Es blog acaba siendo una seña de identidad, una parta imprescindible de tu estrategia de marca. Esa es la cuota que se paga por la exposición, pero la pago gustosamente porque implica la siguiente…

 

3.- Me hace más fuerte:tras cada post, cada publicación y repercusión en la red, siempre toca analizar lo ocurrido. No soy muy cuidadosa con las analíticas (debería serlo ya lo sé, pero no lo soy), pero además de los números valoro otros aspectos del efecto del post en la red. Y a veces, me ha sorprendido para bien y ha llegado lejísimos, más de lo que podía imaginar, pero otras, no he conseguido conectar a pesar de que me encantaba el contenido, lo había preparado a conciencia y estaba hecho con todo el cuidado. Incluso, en otras ocasiones, se ha malinterpretado y usado en mi contra. Y todo esto, que ensancha el ego y escuece a partes iguales, lo que consigue es forjar carácter y asentar pilares, si te lo curras y sudas, claro.

 

4.- Me permite desarrollar mi forma de expresarme: con todo el trajín de lecturas, aprendizajes y asimilaciones, conseguir resumir todo lo que quiero contar en un texto con una estructura lingüística adecuada y dotarla de estilo propio, supone todo un reto. Y hacerlo, cada 15 días y conseguir que sea entretenido, pero profesional y que refleje mi estilo, hacerlo de manera coherente con el resto de redes sociales y que se pueda ver mi esencia fácilmente a través de unos cuantos posts. Buf… parece más complicado de lo que es al leerlo así de golpe, pero sí que supone un ejercicio de autoconocimiento y cambio constante que va más allá del “hoy tengo que publicar”.

 

5.- Me sirve para hacer llegar lo que hago (y lo que puedo llegar a hacer):puedes enfocarlo desde el punto de vista de emprendimiento, de búsqueda de empleo, desarrollo profesional o gestión de tu marca personal, pero un blog es una especie de cv vivo y tarjeta de presentación virtual mucho más completa que les dice a quienes te leen a lo que te dedicas. Y según tu capacidad redactora y productiva, también de contar historias, hacer tutoriales o guías didácticas o lanzarte al mundo del videoblog como yo en este 2018. De cualquier forma, es una vía de comunicación más para hacerte llegar mis conocimientos, mi experiencia, mis capacidades y competencias pasadas, actuales y las futuras: todo lo que puedo hacer por ti, contigo, te lo cuento a través de mi blog.

 

6.- Me ofrece la posibilidad de hacerte llegar quien soy:esta parte es un poco más dolosa. Aunque personalmente es la que más me gusta, también soy consciente de que es una de las más temidas. Esa exposición a la crítica, al rechazo, pero también a gustar y a conectar con personas que hablamos antes, es mucho más arriesgada si va ligada a los que eres, y no tanto a lo que haces. Inevitablemente…ocurrirá, cuando tu posts lleguen y gusten, creerás que gustas tú. Y en el caso contrario, pues también tiene que ver contigo.

Incluso, más allá de esto de los likes, en tu forma de redactar, opinar, las temáticas te tocas, tus enfados o diplomacias, se dejará entrever tu forma de ser y eso es tremendamente bonito pero atrevido. Porque hará que llegues a muchas más personas y lo harás de verdad, de corazón pero al mismo tiempo, también hará que te rechacen de forma más clara al abrirte. Y por si fuera poco, esto conlleva….

 

7.- Me da visibilidad:aquí no me extiendo mucho, porque se basa en algoritmos, posicionamientos, SEO y demás temas que parece que domino pero sólo tengo localizados. En resumen: es una secuencia lógica después de probar con perfiles más profesionales (LinkedIn), serios (Twitter) o informales (Facebook o Instagram), supone el siguiente nivel de interacción con tu comunidad para llegar más lejos. El dónde y el para qué, ya lo pones tú, como te decía al principio, a mí me toca revisar de nuevo los míos este verano.

 

8.- Me hace llegar a más personas:y si eres más visible, llegas a más personas, y si llegas a más personas, pues conectas más, venden más, creces más, eso ya es a gusto del consumidor. Porque digo yo que a estas alturas del post, ya sabrás que el blog tiene que tener un objetivo, una estrategia, vamos! Tiene que ver con el punto 5, pero exponencialmente a cuantas más personas llegues, a más les llegará tu mensaje

 

9.- Me proporciona un estructura profesional en la red:en mi caso es un blog dentro de una web profesional, pero no tienes porqué tener una web como tal. Puede ser un espacio virtual que te sirva para expresar ideas, generar debate, ofrecer soluciones, profundizar en aficiones…pero no lo olvides que lo haces dentro de una estructura que, además de dejar una huella digital, lo haces en un formato que implica (supuesta) profesionalidad. En este punto, menos es más: si vas hacerlo, hazlo bien. Cuida los detalles, elabora los contenidos, revisa su impacto, estudia los resultados, sírvete de sus beneficios…..

 

10.- Me ocupa mucho tiempo: y no lo digo como algo negativo, pues es una inversión más en mi campo de trabajo. Pero no te equivoques: el blog, no nace, crece y se reproduce por sí mismo, hay que cuidarlo muchísimo y dedicarle horas de trabajo y de análisis para que no se muera. Pensar en hacerte un blog como forma de monetizar tu existencia en la red a corto plazo es una especie de chiste, y además malo. Un blog es otra cosa, sobre todo es un espacio propio donde expresarte, comunicar y disfrutar de contar cosas, con el objetivo que sea, pero como todo en la vida, no es gratuito y sus resultados siempre son a medio-largo plazo. El tamaño de esos plazos, dependerá única y exclusivamente de tu esfuerzo, inversión y capacidad de trabajo.

 

Imagen: google.com

 

 

 

 

 

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Depredadores digitales

Antes de escribir este post, me he documentado.

Te cuento esto porque no suelo hacerlo, me gusta escribir sobre lo que “domino” y me siento cómoda, desde mi visión y con el riesgo que eso conlleva. Pero es lo que tiene ser una inconsciente cuando me pongo frente al ordenador.

 

Soy una gran defensora y usuaria de las redes sociales, creo firmemente en su alcance a muchos niveles: didáctico, comunicativo, publicidad, etc. Pero como toda herramienta siempre tiene una doble cara y desde hace tiempo estoy “descubriendo” un perfil que usa la red con unos fines que no me gustan nada, en absoluto y que comienza a inspirarme cierto temor.

 

Cuando te hablaba de documentarme previamente a esta reflexión, lo hacía desde el punto de vista del concepto que me viene a la cabeza al pensar en estos seres sociales que inundan cada vez más la red: los depredadores digitales. Al buscar, encontré que el término no es nuevo (vaya! una vez más no habrá un término inventado por mí, que pueda alimentar mi ego, habrá que seguir intentándolo…), pero siempre ha estado vinculado al acoso sexual, laboral o bullying. Y aquí es donde mi análisis entra en acción.

 

Se me vino a la mente este término al ir dándole forma a una tipología de habitantes de la red de los cuales pretendo huir lo más lejos y de los cuales he realizado un perfil psicológico (lo siento, mi deformación profesional me precede…).

Te detallo a continuación la estela que van dejando a su paso en formato de pautas conductuales, por si te pudieran servir:

 

Dedicación intensiva a estudiar los estados emocionales de sus “presas”: estos sí que son Big Data senior y sin Máster del universo ni ná. Tienen un especial olfato para detectar cuándo estás en un momento de flaqueza para lanzarse sobre ti y echar sus redes tejidas en el más profundo de los abismos (son malvados, no me cabe la menor duda, te quedará más claro según sigas avanzado).

 

No están siempre presentes…o al menos, eso parece: aparecen y desaparecen a su antojo, pero el resto del tiempo lo pasan en modo “vieja al visillo”, observando cualquier movimiento con el que detectar a sus presas. Como los leones en la sombra, ahorran bien sus energías para usarlas con todas sus fuerzas en un ataque mortal. Aquí, la muerte, no será física sino emocional, porque te habrán conquistado, pero no es un amor puro ni real, si no única y exclusivamente en su beneficio.

 

Son listos, muy listos, extremadamente listos! Eso, también me asusta muchísimo. Saben lo qué decir a cada momento, son como un bálsamo para tu estado, se dirigen a ti cuando detectan ese momento de debilidad clave a partir del cual te atraen a su red. Y te hacen olvidar que esa red es como la de una araña: viscosa, envolvente, cómoda, pero mortal si te quedas en ella demasiado tiempo.

 

– Control de visitas: ¿sabes los CRM en formato Excel que tienen los comerciales para visitar a sus clientes y les recuerdan cada cierto tiempo que tienen que “tocar” el timbre? Pues eso mismo lo hacen estos depredadores. Los imagino revisando fríamente su listado de contactos mientas se comen un Magnum viendo una serie de Netflix y pensando “¿Hace mucho que no llamo/escribo/comento a…?” Lo preocupante no es que lo hagan, incluso ni que te lo hagan a ti, sino que estas dos circunstancias confluyan y te lo creas, mientras te arrastran a su terreno haciéndote sentir que eres importante para ellos. Si es así, estás perdido, pero insisto, no es real, nunca lo ha sido.

 

– Son expertos manipuladores: pueden parecer auténticos #influencers (por decir algo que tenga relación con las redes sociales) pero su comportamiento dista años luz de la influencia y se acerca mucho más a la manipulación más estratégica que puedas imaginar. Cada acto, interacción, mensaje, post…tiene un claro objetivo (ojo! Como tiene que ser!) y no es otro más que decirte lo que necesitas/quieres oir para que sigas preso de sus encantos.

 

– Legionarios: ese es su último fin, que te conviertas en su legionario, que formes parte de sus filas y que vayas con ellos a muerte. Hoy en día lo llamamos comunidad, seguidores, followers, prescriptores y así le damos un barniz de profesionalidad. Yo soy la primera que intenta gestionar su imagen y su marca personal teniendo en cuenta todo esto, pero en el momento en el que solamente cuentan los números (de la cuenta en redes sociales y de la bancaria, esa sí que cuenta de verdad para ellos!) ahí es donde pasamos de una gestión de marca a la creación de auténtica fachada con fines oscuros, muy oscuros.

 

– Están presentes en todos los sectores: no pienses que esto es exclusivo del mundo del desarrollo personal ni la psicología más edulcorada. En todos los ámbitos existen estos depredadores a la caza de inocentes presas, como puedes ser tú, como puedo ser yo. No te sientas mal por ello, yo también he caído en su trampa y me ha costado ver la mentira, que no humo, que había tras su perfil. Es mucho más dolorosa y dañina la mentira y la falsa apariencia que el humo que pretende distraer la atención, mucho más.

 

Ante este análisis improvisado sobre el comportamiento humano en las redes sociales, el único consuelo que me queda es el de estar atenta a la aparición de esta especie y saber que el mejor aliado de la coherencia es el paso del tiempo. Porque de momento no puedo darte pautas de cómo superar los estragos que dejan a su paso…

Imagen: google.com

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#PersonasConAlma: Bonisú Fernández: El análisis de sentimiento, Big Data, Inteligencia Artificial y Psicología

Espero que ni te plantees una media sonrisa al leer su nombre, porque es tan excepcional como ella.

Esta brillante matemática asturiana, posee una de las mentes más talentosas y despiertas con las que haya compartido conversaciones en los últimos tiempos. Apasionada de los números y del aprendizaje constante, lidera un departamento de Data Analytics en plena expansión en una empresa tecnológica asturiana tan ocupada (no preocupada) en los resultados como en la gestión del talento que atesora en sus filas.

Conversar con ella es un lujo siempre que lo hacemos, y cuando ella cree que soy yo la que da luz a muchas de sus dudas, la eternamente agradecida por lo aprendido soy yo. Consigue hacer sencillo lo complejo, logra que ames  (aunque sea mientras estés a su lado) y comprendas los números tanto como ella y sobre todo, ha conseguido expresar con palabras y muchísimo criterio científico lo que yo no soy capaz a defender en muchos foros: la importancia de la psicología, de la parte humana en todo este tsunami del Big Data.

Talento asturiano en femenino que viene pisando fuerte, yo que tú, no le perdería la pista.

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La creciente tendencia del uso del análisis de sentimiento para contextualizar la ingente cantidad de comentarios, opiniones, gustos, …. que se manifiestan diariamente por múltiples canales resulta muy útil para extraer información subjetiva que se complementa a la analítica del dato objetivo, sobre todo para entender su polarización (positivo, negativo o neutro) y actuar en consecuencia (potencia, contrarrestar o incentivar, respectivamente).

 

 

Su objetivo primordial es extraer aquellos términos semánticos que expresen un sentimiento particular para conocer la opinión, las actitudes, las expectativas sobre un tema en concreto y analizar el comportamiento de los usuarios ante un mensaje lo que permite determinar su impacto y anticipar la reacción.

Sin embargo, no resulta nada sencillo debido a que el lenguaje natural es ambiguo, ya que ni siquiera entre nosotros nos entendemos en todas las ocasiones (y sino remitámonos a los malos entendidos).

En el fondo todos hacemos instintivamente análisis de sentimiento, está el que habla y el que escucha e interpreta lo que se ha dicho, es la interpretación la que en ocasiones aboca a una divergencia llegando a un análisis erróneo. Entonces si entre nosotros existe la divergencia, ¿cómo podemos conseguir hacérselo entender a una máquina, si ni siquiera nosotros no lo tenemos claro?

En el diseño de estos sistemas se combinan distintas áreas:

 

 

La algoritmia de la minería de datos encuentra patrones que conduce al procesamiento del lenguaje natural, el cual transforma el texto en un idioma que una máquina pueda comprender a lo que le sumamos el Big Data para la recabación masiva de información que permite refinar el desempeño de los algoritmos y finalmente la inteligencia artificial utiliza la información obtenida con el PLN para determinar las categorías de sentimientos y sus polaridades.

Y si vamos un poco más allá, de utilizar este nuevo conocimiento para beneficiar a las estrategias de negocio en sí (como es la mejora de percepción de marca, fidelización, …) para realmente comprender la psique de forma masiva, es decir la psicología del dato.

En ocasiones la psicología ha visto limitado su alcance por la imposibilidad de acceder a una gran cantidad de individuos en su ambiente natural, pero gracias al Big Data esa información está disponible y gracias a las redes sociales esa información se genera en un contexto natural para las personas, sin embargo, el problema es que los psicólogos como individuos ya no pueden lidiar con los métodos tradicionales para abordar esta masividad de información no queda otra que evolucionar.

Gracias a todas las nuevas tecnologías y técnicas que surgen resulta más sencillo, económico y con menor dilatación en el tiempo elaborar extrapolaciones de la información analizada de muestras muchísimo más grandes de individuos.

De hecho, ya se trabaja en investigaciones que intentan vincular el comportamiento en redes sociales con ciertas características de personalidad, lo que puede incluso a conducir a desarrollar algoritmos para detectar comportamientos depresivos dependiendo del tipo de publicaciones.

Otro estudio usa el análisis de los “me gusta de facebook” combinadas con pruebas de personalidad para discriminar características como orientación sexual, sustancias adictivas, edad, genero opiniones políticas, personalidad, ….

Y si damos otro paso más, una vez conseguido que nosotros como especie nos comprendamos mejor ¿y si se lo hacemos comprender a las máquinas?, una nueva fase para la inteligencia artificial e incluso robots (como elemento físico con el que interactuar).

El gran obstáculo para escuchar y comprender a una persona es el reconocimiento de emociones entonces la búsqueda de un patrón de reconocimiento que aprenda por sí mismo a evaluar las expresiones faciales como la dilatación de las aletas de la nariz o cuánto de entrecerrados están los ojos sumado a la monitorización del pulso o concentración de oxígeno en la sangre dan la posibilidad de ponderar las emociones.

Una vez que la máquina a comprendido las emociones, tiene que procesarlas para que nos sea verdaderamente útil, llegando a ramificarse en función de sus objetivos.

Entre la IA “social”:

  • El robot asistencial: detectar hacia que interlocutor dirigirse y en que tono de voz hablarle.
  • El robot que no se cansa de responder siempre a lo mismo: dedicado a personas con enfermedades como el alzhéimer o la demencia o incluso para la enseñanza.

También IA “amiga/psicóloga”: un robot que supla la necesidad de compañía, que escuche, tenga una conversación, proporcione consejo e incluso aprender sobre la filosofía de la vida, una especie de psicólogo y coach al mismo tiempo.

El futuro no solo nos conduce a análizar datos masivos derivados de las nuevas tecnologías, y ver el crecimiento del arquitecto de datos, del científico de datos, sino además hay obtener tantos puntos de vista distintos como sea posible y uno de ellos es el aspecto psicológico de los datos, lo que perfila una nueva profesión: el psicólogo de datos. Esta profesión permitirá profundizar en el aspecto deontológico para saber diferenciar entre los que podemos saber y lo que necesitamos saber de una persona para contribuir a la mejora de su salud metal y calidad de vida.

Si quieres saber más de Bonisú Fernández, ya sabes…

Imágenes: google.com

 

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Palabras tabú que deberías introducir en tu discurso (interno) para triunfar

He puesto “deberías” para captar tu atención (y espero haberlo logrado), pero en realidad lo que quiero decir es “me gustaría”.

 

Me gustaría que al finalizar este post te planteases el motivo de porqué al usar determinadas palabras, te suben escalofríos por la espina dorsal cuando en realidad pueden ser la llave a conseguir tus objetivos.

 

Me refiero a determinadas palabras tabú que en principio no lo son, no deberían serlo o incluso ni siquiera las usas en tu día a día. Y de ahí que sean tabú sin serlo. Como  ya sabrás, tabú viene de un vocablo polinesio que significa “lo prohibido”, por lo que llevado al lenguaje, hace referencia a palabras prohibidas.

 

En la relación que estableces con los tabúes, cometes fallos al ignorar su origen y asumirlos sin más, de manera implícita acatas su uso y los incluyes en tu forma de sentir, pensar y actuar. Y al ignorar ésto, sientas las bases de algo que puede ser perjudicial para tus resultados vitales. De hecho, en la mayoría de ocasiones no eres consciente ni siquiera del propio uso o desuso de estos conceptos en tu día a día.

 

Hay tantos tabúes como personas, como historias, como culturas, como formas de pensar, y para ello muchos expertos han dedicado horas de estudio y nos ayudan a intentar eliminar o manejar su uso nocivo, desde los sexuales, políticos, raciales o la propia muerte.

 

Hoy me apetece centrarme en una palabra clave que aparece de manera recurrente en mi profesión: ESTRATEGIA.

Y ahora, dime ¿qué imagen o expresiones te vienen a la mente cuando aparece esta palabra en tu discurso, ya sea privado o público?

¿Cómo?

¿Qué ni tan siquiera la usas?

 

Las palabras más frecuentes con las que se relaciona son frío, calculador, táctica, militar, manipular, guerra… Y si entramos en detalles de imágenes, suelen tener que ver con campos de batallas sangrientos, armaduras invencibles o ejércitos que se dirigen irrevocablemente a la muerte. Quizá consideres que me he puesto en plan “drama”, pero drama es que el vivo yo en cada proceso, con cada cliente, cuando nos ponemos a fijar unos objetivos y definimos los pasos a seguir para conseguirlos… y surge esta palabra.

Sencillamente, una estrategia es la guía de las acciones meditadas y evaluadas de manera reflexiva que te van a dirigir a un fin, desde enamorar a una persona que ignora tu existencia, hasta conseguir escribir un libro pasando por encontrar un trabajo que se amolde más a tus necesidad actuales.

Querido, cómo no me vayas con mente de estratega por la vida te quedas para siempre en la casilla de SALIDA, y resulta que tu fin es llegar a la meta, y además, antes y menos cansado que los demás. Pues empezamos bien.

 

Necesito, y además, con urgencia, que te sientas un estratega sin que te estremezcas, sin sentirte frío ni calculador (coletilla por excelencia al respecto de esta palabra que, personalmente, me maravilla). Necesito que te consideres el comandante de tu ejército, el capitán de tu barco, sin que ello implique necesariamente que eres un tirano o un actor que falsea sus intenciones.

 

Lo que ocurre es que, al igual que con los tabúes y su origen en ti, te pasa con tus intenciones, con tus objetivos. Que los tienes pero los ignoras, sabes que están ahí pero no los tienes claros, definidos. Y cualquier estrategia sin objetivo, es un sinsentido. Normal, que al hablarte de ella, te veas enfundado en una pesada armadura medieval que te bloquea y te ralentiza, normal.

 

Quítate ese peso de una vez: ser estratega es tan necesario como el respirar, porque será la única forma en la que consigas vivir de verdad. Y puedes hacerlo, serlo en tus relaciones personales, en tu profesión, en tus aficiones, porque yo tengo claro que cada vez que emprendes una acción, buscas algo. Y tú, deberías tenerlo claro también. Esto, y también lo qué buscas, de ahí la confusión en todo esto.

 

Necesito que alejes de ti la sensación de que ser un estratega es no actuar de corazón, ni de buena fe, ni con nobleza. El cine bélico nos ha hecho mucho daño al respecto, las consecuencias de las decisiones políticas que vivimos a nivel mundial también, la propia narrativa con tintes oscuros, ha hecho que vinculemos esta palabra a algo nocivo y de lo cual queramos huir a toda costa.

 

Te pido por favor, que empieces a usarla con otras connotaciones, con aquellas que la asocian al control sobre tu vida, a la gestión de los factores que dependen de ti y que impactan en tu éxito. De hecho, trabajo habitualmente con mi propia fórmula al respecto, que me funciona tremendamente bien para trabajar los resultados óptimos y de la que, si te apetece, te hablaré en otro post e incluye, irremediablemente la ESTRATEGIA en una de las fracciones de las que se compone:

 

(OBJETIVO ESPECÍFICO  + ESTRATEGIA DEFINIDA)   X   ESFUERZO   = RESULTADOS ÓPTIMOS                                              

                                                         HUMANIZACIÓN                                                                                              

No puedo (ni tiene sentido) cambiar el motivo de porqué has desterrado de tu vocabulario la palabra estrategia o de porqué la usas con un matiz turbio, pero sí quiero ayudarte a que reflexiones sobre cómo incluirla en tu discurso de forma sana, y comprender que te puede hacer más poderoso.

 

Yo, sólo quiero que seas estratega de tu vida, de tus batallas y que veas la vida de forma más clara. No detrás de una coraza que limita y no permite avanzar, sino desde la claridad que te permita tener más luz y foco en lo que te propones, y sobre todo, en cómo conseguirlo.

 

 

 

Para ello ya sabes por dónde debes empezar, por punto de partida de cualquier proceso: el autoconocimiento. Sabes de sobra lo vital que considero esta herramienta de desarrollo para el ser humano, por lo que te invito a que profundices en ella si te apetece en el enlace.

 

Imágenes: Pinteresto.com y Pixabay.com, respectivamente.

 

 

 

 

 

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#PersonasConAlma: Mi reino por un retuit por Alfredo Díaz

Fue una lástima. Sí, lo fue…

Porque hablamos de esto en enero y lo dejé reposar en la nevera hasta mayo, ¿te imaginas? ¿Dejar esta maravilla de reflexión 4 meses, ahí, esperando a ver la luz?

Pero esto tiene remedio y rápido, porque aquí te traigo esta joya de Fredo (Alfredo Díaz para quienes no tienen el gusto de tenerle cerca como yo). Con lo bien que se expresa, prefiero emplear mi espacio en hablarte de él, porque de su post, ya tendrás el gusto de disfrutar en unas líneas.

Fredo es todo menos convencional, y eso ya tiene un valor extra. Lo de la diferenciación que otros llevan por modas o por pura necesidad de destacar, emana de él de manera natural, y se ve intensificado cuando conversas y sobre todo, cuando debates. Si además añado el cultivado criterio musical que tiene (no digo que sea bueno ni el mejor, pero es tan amplio…), ya es para ponerle una estatua. Aunque creo que a él le gustaría más una glorieta en Oviedo, no sé porqué tengo esa sensación ;).

Para que puedas tener una opinión propia y formada sobre él, te invito a que leas esta con calma esta reflexión suya y puedas apreciar la belleza que yo veo en él, al completo…

 

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Dime sólo lo que sientes, con palabras o sin ellas,

en toda su intensidad, y con toda su crudeza.

Mas no quiebres el silencio, no violentes su presencia

Si lo que vas a expresar no supera su belleza.

 

Pido disculpas de antemano (o no), porque a estas alturas de la película, mi alma exige a gritos vomitar su realidad, esta percepción absolutamente subjetiva construida por mis imperfectos sentidos, aún a costa de renunciar, puede que deliberadamente, a lo políticamente correcto….

Pido perdón (o no), porque mucho de lo que viene a continuación no será, a buen seguro, lo que la mayoría de las personas desearían leer…. (o tal vez sí, quien sabe).

 

Vivimos inmersos hasta la médula en la sociedad 2.0, la del buenismo, la de la expresión naif y la posverdad, en la que la valía, éxito y aceptación social de cada individuo parecen venir, cada día, más y más determinados por el número de “me gusta” que obtienen las correspondientes publicaciones en las Redes Sociales.

Por cierto, si tengo la ocasión, en otro momento os contaré las tribulaciones que sufrí tras perpetrar la infame tropelía de abandonar un grupo de WhatsApp, esas neosectas del siglo XXI, en las que una vez entras, es prácticamente imposible salir. Al paso que vamos, un ciberataque o un simple apagón acabarán por dejarnos sin amigos. Definitivamente, la comunicación 1.0 no está de moda: mi reino por un retuit.

Aún me sorprendo cuando personas a las que apenas tengo el placer de conocer, se dedican a regalarme los oídos, con frases como: “Qué grande eres”. En esos momentos pienso, parafraseando en cierto sentido la célebre canción de Raphael, compuesta por Manuel Alejandro, pero ¿qué sabe nadie?. Qué sabe nadie de mis miedos, mis incapacidades y mis creencias limitantes. Qué sabe nadie de mi maldad, de mis segundas intenciones, de ese lado egoísta, perverso y profundamente cabrón, de ese demonio interno que todos llevamos dentro, alimentándose de la ira y el odio, y que tratamos de ocultar a los demás, como parte de nuestra colección de inconfesables secretos.

 

“No me levanto ni me acuesto día que malvado cien veces no haya sido, ni que caiga más vil y más profundo”

(Miguel Hernández)

 

Tengo la sensación de que nos pasamos el tiempo “corriendo” de un lado a otro, persiguiendo obsesivamente algo que ni tan siquiera sabemos muy bien en qué consiste. Estamos, quizá, demasiado absortos en captar el ruido vacío de todo cuanto nos rodea, en vez de tomarnos aunque sea un momento para escucharnos a nosotros mismos, para conocernos, para aprender a querernos, a valorarnos, como seres únicos e irrepetibles que somos.

 

Por otra parte, la casi siempre nefasta gestión del ego que los humanos llevamos a cabo, ya sea por defecto (“no valgo pa ná”) o por exceso (“soy la de Dios”), representa un viaje sin retorno hacia la frustración y la más absoluta de las infelicidades. Y esta es, a mi parecer, una de las luchas más titánicas que cada cuál ha de afrontar, antes o después, consigo mismo.

 

“Lucha de gigantes convierte el aire en gas natural, un duelo salvaje advierte lo cerca que ando de entrar. En un mundo descomunal, siento mi fragilidad….”

(Antonio Vega)

 

A fin de cuentas, a lo largo de nuestra existencia tan sólo hay dos momentos realmente relevantes: nacimiento y muerte. Todo el tiempo, mayor o menor, que media entre ambos no deja de ser una mera circunstancia, un capricho del destino al que cada persona se afana en buscar un sentido.

 

¿Y cuál es la respuesta? Confieso que no la conozco, ni tampoco creo que exista una que sirva de modo “universal”. Pienso que todos hemos de recorrer individualmente ese camino y, además, sin tener garantía alguna de éxito.

 

“Subí al árbol más alto que tiene la alameda y vi miles de ojos dentro de mis tinieblas”

(Federico García Lorca)

 

Personalmente, trato de consumir el tiempo que pueda quedarme hasta el límite de la cuenta atrás en que estoy irremisiblemente sumido en rodearme de aquéllos que me quieren y me aprecian (pese a mis escasas virtudes y a mis múltiples defectos), me abrazan cuando estoy triste, me apoyan cuando lo necesito (aunque sea en la distancia, porque el afecto sincero no entiende de kilometrajes), aceptan y respetan mis decisiones, aún cuando ellos harían las cosas de otra manera, enriquecen mi vida con su alegría, su entusiasmo y sus benditas locuras, me ayudan a recoger los pedazos de alma desprendidos como resultando de mis fracasos, y se congratulan de mis éxitos, al sentirlos como propios.

 

Porque prefiero compartir la mayor de las amarguras rodeado de un silencio cómplice, antes que “disfrutar” de alegrías prefabricadas y banales, acompañado por vacías sonrisas de conveniencia. Porque pocas experiencias me parecen tan desoladoras como la de sentirse sólo en medio de una multitud. A solas conmigo, o a solas sin mí….

 

“Alguien me ama, alguien me destruye. Ventanas o espejos, quebrados o abiertos”

 

“Bujías para el dolor”, Bunbury (2008)

 

Imagen: Alfredo Díaz.

Si quieres saber más de él:

Twitter: @Fredodoc73

LinkedIn: Alfredo Díaz Campo

Facebook: Alfredo Diaz

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Listado TOP de referentes en desarrollo personal

¡Ya está! Me he decidido…

 

Me ha costado pero aquí te traigo al fin mi primer listado de referentes a los cuales deberías seguir, y en el cual te cuento en qué aspecto son referentes para mí. Es como si al soplar la velas, y pensar en este post de segundo aniversario, pudiera hacer mis deseos realidad y adquiriese las cualidades de cada uno de ellos que los hacen tan importantes para mí. Son como una especie de brújula que siempre me recuerdan dónde estoy a dónde quiero llegar.

 

Si te parece, empezamos el listado y te voy contando los motivos de que aparezcan en este listado tan especial  para mí:

 

– Mis padres:cada uno en su línea, pero de manera destacada mi madre, por su valentía.No conozco ( y mira que conozco a muchas personas y muchas historias) a ninguna persona que se haya levantado tantas veces como ella, que se haya secado tantas lágrimas y que haya sabido continuar el camino con la mayor de las dignidades. Si en mi código genético aparece la valentía de manera destacada en la cadena de nucleótidos, será sin duda gracias a su herencia.

 

– Mi marido: me quedo con su aplomo y templanza. Será producto de la práctica del kárate o de una personalidad de base tranquila, pero tiene la capacidad de infundir paz donde quiera que se encuentre. Y eso, en estos tiempo tan caóticos y llenos de vorágine, es un valor en alza. Al menos para mí… con lo que, quisiera tener su aplomo y transmitir su paz.

 

– Mi hija: la ilusión y empeñoque le pone a todo lo que inicia. Da igual que sea un dibujo o atarse un zapato. Es la excelencia personificada, poniendo cada ápice de su energía  y entusiasmo en que todo salga a la perfección (eso, tendremos que trabajarlo, que no es tan bueno…). El brillo que desprenden sus ojos cada vez descubre algo nuevo, incluso cuando lo recuerda tiempo después y lo revive.

 

– Mis mentores:ellos apenas usan las redes sociales, no les hace falta, tienen demasiado que mostrar al mundo, a su mundo como para entrar en este.

De Cristina, me quedo su capacidad para permitir desarrollarse y crecer a otras personasen momento clave de su vida. Yo, fui una privilegiada por tenerla en mi prácticum de Psicología, nunca podré agradecerle lo suficiente lo que supuso para mí su confianza y respeto, aún estando en pañales a nivel profesional.

Y otro referente que no puede faltar, es Juanjo Arias. De él quiero su cerebro,básicamente ;). Es una de las personas más inteligentes e interesantesque conozco, siempre aporta en una conversación, siempre instruyendo cada vez que habla. Y aquí, quien me conoce sabe que no soy objetiva (o sí) y no me importa en absoluto.

 

– Mis clientes:aquí me quedo sin adjetivos, porque la mayoría llegan rotos, cansados, frustrados, desilusionados… Y aún así, saben que sobrevivirán y saldrán reforzados, aunque se les olvide por momentos. Elijo su capacidad para aprender a tomar decisiones vitalesy ser responsablede todo lo que conlleva ser dueño de la propia vida. Me quedo con su confianza plena, incluso diría ciega en mí, en permitirme que les acompañe en un momento crucial de sus vidas. No añado nada más, ¿te parece poco? Porque a mí, sus avances y logros me parecen brutales y quisiera ser como ellos, sin lugar a dudas.

 

– Mis colegas de profesión:de los cuales me quedo su compromiso e integridad, su vocación por ayudar y lealtad. Me adelanto a decirte que no todos los profesionales con los que tengo contacto poseen estos valores que son esenciales para mí en una relación, y los cuales admiro cada vez que me encuentro en el camino. Pero te aseguro que las personas que están en mi “lista” de imprescindibles, con las que iría al fin del mundo y con las que me verás a menudo en proyectos o compartiendo jornadas, los poseen. Porque no concibo las relaciones de otra forma y porque cuanto más de rodeo de personas así, más se fortalecen mis propios valores.

 

– Mis amigAs: siento tener que hablar en femenino, pero esta vez es así. Son amigas. Tengo varios grupos de amigas donde refugiarme es costumbre, incluso necesidad cada cierto tiempo. Y en ese espacio al que acudo, siempre encuentro lo que quiero ofrecer y ser yo: una mano amiga, tendida, abierta y sincera. Un silenciopara que el otro hablevacío de juicios. Dime si tú no querrías tener a personas así en tu vida! Dime si no querrías ser tú hogarde otros en algún momento. Me quedo con eso de ellas. Oro molido son, oro molido somos.

 

Tú: Suscriptor? Seguidor? Contacto? Amigo? No sé cómo denominarte, porque ninguna palabra me parece acertada ni lo suficientemente bonita para reflejar todo lo que me aportas. Me quedo con lo que me inspirasen cada comentario, en cada conversación, en cada mensaje. Con lo que compartes y ofreces sin buscar nada a cambio. Me quedo con tu apoyo, tu agradecimiento, tu impulso, tu sostén, porque sin él, nada esto tendría sentido

 

Quisiera haberte mostrado a personajes superfamosos e interesantes, relevantes a nivel mundial y con un gran impacto en millones de vidas.  Me hubiera gustado llenar el post de etiquetas de perfiles con miles de seguidores, pero el post hubiese perdido la gracia y el valor que realmente tienen estas personas. Y  para mí, es mucho, te lo aseguro.

 

Gracias por acompañarme estos dos años en el blog estés en la parte de la lista que estés. Necesito que seas consciente de que soy lo que soy producto del peso que tienes en mi vida, no lo olvides.

 

Vamos juntos a por el tercer año…y los que vengan!

 

Imagen: edwardmiller.deviantart.com (boceto para tatuaje)

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Tus ojos te delatan: cómo “dominar” la comunicación no verbal

Sigue resonando en mi cabeza esta frase, que llevo escuchando desde mi infancia como un soniquete. Sobre todo de boca de mi padre, que quizás con un necesidad de sobreprotección que aún perdura, constantemente me decía que no fuese tan “transparente”, tan natural, tan directa porque me traería muchos problemas.

 

Y me los trajo, vaya si me los trajo… y aún hoy, me meto (o entro?) en alguno que otro.

 

Esto siempre me ha generado un gran debate interno: ¿mostrar lo que eres/sientes/piensas a cualquier precio? ¿maquillar comentarios, acciones o pensamientos con tal de salir airoso? Nunca he tenido la respuesta adecuada, pero hoy me encuentro más cerca de estar en paz con mi comunicación.

 

Esto no va de mentir, ni de fingir ni de ser actor. Va de conocer y estudiar todo lo que dices con tu cuerpo, lo que comunicas sin apenas abrir la boca y va sobre todo, de controlar la situación y de ser dueño de uno mismo. Siento decirte que esto es mucho más complejo que estudiarte un manual de Comunicación no verbal y de hartarte a ver vídeos en YouTube sobre cómo comunicar.

 

Es mucho más que es eso, porque lo que sí te adelanto es que tu cuerpo es el reflejo de lo sientes, piensas y, por lo tanto de lo que haces. Con lo que, aunque hoy te hable de lenguaje corporal, el verdadero éxito de cómo transmites, está en la forma en la que gestionas tus emociones y tus pensamientos.

 

Es cierto que existen una serie de pautas que nos facilitan la lectura de mensajes corporales en los demás, de los cuales podemos extraer más información de la que es obvia mediante la interacción comunicativa. Eso sólo será posible si prestas atención, pero no olvides que lo mismo que somos capaces a ver más allá de lo que dicen las palabras en los demás…también ocurre a la inversa.

 

Por eso me gustaría compartir contigo mi aprendizaje a lo largo de estos años en un tema del cual no me canso querer saber más y más, del que continuamente sigo ampliando conocimiento:

 

– Como te decía antes, sólo conseguirás ser un “experto” en la interpretación del lenguaje corporal, si realmente te gustan las personas y comunicarte con ellas. Sólo de esa forma, serás capaz de prestar la atención adecuada a las pistas que te ofrece tu interlocutor mientras sigues el discurso de la conversación de manera fluida. Porque, por si no te has dado cuenta, es realmente agotador. Sólo llegarás a sentirte cómodo mientras analizas todos aquellos detalles extras al alcance de tu mano, si tu interés real es hacerte comprender y buscar una comunicación exitosa para ambas partes.

 

– La comunicación no verbal tiene un componente cultural, pero en líneas generales es universal y se aprende de manera táctica. Es decir, sin haber leído nada de Paul Ekman, seguro que si te encuentras con alguien con el ceño fruncido, los brazos cruzados y la boca cerrada-apretada, seguro que rápidamente detectas cierto enfado o rechazo. Así que cuando te pongas manos a la obra, no partirás de cero, y eso, quieras que no, anima mucho a empezar en serio de una vez con el este asunto pendiente en tu agenda.

 

– Esto de la comunicación no verbal, tanto a nivel propio y como a nivel de los demás, es cuestión de sudar la camiseta. Si ya tienes las ganas de comunicarte mejor y el gusto por estar rodeado de personas que decíamos antes, además de prestar la atención necesaria y estudiar sobre el tema, ahora sólo queda entrenar, entrenar y entrenar. Y cometer errores, regular, mejorar, pedir feedback, cambiar, gestionar… Vamos, que no va a ser fácil, pero si te lo propones, podrás mejorar muchísimo la forma en la que llegas a los demás.

 

– La dichosa coherencia siempre aparece en este tema. Es de sobra sabido que ante una incongruencia o discrepancia entre lo que se dice y lo que se comunica con el cuerpo, prevalece lo segundo. Con lo que si mientes o finges…se sabrá! Salvo que seas un excelente actor y en caso de ser así, enhorabuena! porque dominarás el método Stanislavski. Lo que te quiero hacer llegar es que para comunicar bien, hay que conocerse bien, tanto a nivel reflexivo como a nivel corporal y de ahí en adelante, tener muy claro cuál es el objetivo que buscas a la hora de comunicarte. Así, la coherencia entre lo que dices, piensas y expresas será total y será el menor de tus preocupaciones.

Y para muestra, una muestra de la que escribe de que no hay forma posible de ocultar un enfado (o posible venganza) si es lo que se está sintiendo en ese momento…

 

– Del anterior punto deriva este pregunta clave: ¿qué ocurre cuando lo que pienso o siento no es lo adecuado en este punto de la comunicación? De ahí la necesidad de vincular de forma clara la gestión emocional con la comunicación no verbal. A veces se olvida que este lenguaje corporal incluye la paralingüística (componentes de la voz que no tienen que ver con el contenido: tono, ritmo, fluidez, etc) y proxémica (uso de los espacios y distancias en la comunicación), por lo que todo se complica mucho más a la hora de usar la comunicación no verbal como tapadera de lo que pasa por mi mente. Lo realmente importante es que gestiones tus emociones y sepas de antemano dónde y cómo se sitúan en tu cuerpo e impactan en tu estilo de comunicación. Desde hace años, trabajo con un modelo de entrenamiento propio basado en la toma de consciencia de estos puntos, y el aprendizaje y mejora es tremendo. Se llama Modelo CEPA (Comunicación Estilo Proyección y Actitud) y estudia en profundidad estos cuatro aspectos a la hora de conseguir aquello que nos proponemos.

 

¿Qué buscas realmente? Necesito (y necesitas) que seas sincero contigo mismo. Si quieres gustar, convencer, influir, obtener información, escuchar, opinar, hacer cambiar, ignorar o mentir… Has de tener claro cuál es tu objetivo en tu comunicación, qué es lo que realmente pretendes, porque de no ser así, todo esto no tendrá más sentido que crear una personaje o ser una auténtica pérdida de tiempo. Mientras no sepas qué quieres obtener de cada conversación, estarás dando tumbos y recuerda, que todo se nota…

 

No te obsesiones: parece que son muchos factores a tener en cuenta, pero en realidad, si prevalece en ti el primer punto y no tiras la toalla a la primera de cambio, el resto será cuestión de tiempo y esfuerzo. Empieza con pequeños objetivos a conseguir en cada oportunidad de comunicarte y evalúa siempre que puedas las áreas de mejora y los resultados conseguidos una vez haya finalizado. Esto, te ayudará a seguir motivado con el entrenamiento, disfrutando de aquello en lo que vas sintiéndote seguro y a poner más empeño en aquello que se te resiste.

 

Y después de todo este aprendizaje, te puedo asegurar que el título de este post ya no me tortura ni mucho menos. Después de años estudiando y trabajando con la comunicación de tantas personas, y la mía por supuesto, lo que he conseguido es que mis ojos te cuentan lo que soy, lo que siento y pienso cuando estoy contigo. Hace mucho tiempo que no me siento delatada por ellos…