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Personas con alma: María Jesús Gímenez Caimari “La culpa que habita en mí”

Esto de “conectar” en redes es muy difícil de explicar. No te hablo de aceptar una invitación o saludar  a través de Messenger (por favor, no se me ofenda nadie si no respondo a un saludo de estos, que no es la primera vez que me llaman borde por este motivo).

A lo que iba: encontrarte entre los miles de millones de perfiles activos que hay en la red con una persona que esté tan alineada contigo, o tú con ella, es para celebrarlo, compartirlo y alimentarlo para que siga creciendo.

Empezamos hablando de la culpa y nos “encendimos”, algo muy habitual en nosotras, y nos picamos a hacer algo. Luego derivó en un post conjunto, de esos que ahora están tan de moda 😉 y luego miramos opciones de publicarlo y dejarlo bonito. Pero ay de mí, cuando abro y leo su aportación y me doy cuenta de que no puedo sumar ni aportar nada mejor a esta maravilla de reflexión con fundamento sobre las culpabilidades que habitan en nosotros.

Con lo que te dejo a solas con María Jesús Gímenez Caimari y de paso te invito a que la conozcas y la sigas para aprender mucho y bien de psicología de la buena, de esa que nos hace falta en el día, la cotidiana. Pero también sabe cómo llevarla a las organizaciones y hacerlo de forma limpia, que a sucio ya van las cosas por sí solas.

Que la disfrutes, como yo hago…

 

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Me la imagino como un bicho pequeño y espabilado.

Un parásito de esos que se nos cuela dentro para alimentarse de todo lo bueno que llevamos. La culpa se nutre de nuestra responsabilidad, de nuestros errores, de nuestra autoexigencia, de nuestra creencia de poder con todo, de la necesidad de aprobación, de la presión externa y de la interna. La culpa nos desgasta, nos paraliza y, sobre todo, nos culpabiliza.

Como ser vivo que es nace, crece, se reproduce y muere. Pero solo morirá si la matamos y para eso debemos de ser conscientes de que hemos caído en su trampa.

 

NACE

La culpa nace casi con nosotros. Desde pequeños ya nos manejamos con ella. Su función es hacer consciente a la persona que ha hecho algo mal para facilitar los intentos de reparación. Su origen tiene que ver con el desarrollo de la conciencia moral que empieza en nuestra infancia en el que influyen las diferencias individuales y los estilos educativos.

La culpa es algo aprendido por condicionamientos muy simples al hacer algo que no encaja con las expectativas que los otros tienen de nosotros. Cuando somos niños no agradar a los que nos quieren (padres, maestros, amigos), no recibir su aprobación y comprobar que les hemos decepcionado provocan el sentimiento de culpa y su malestar.

 

CRECE

No importa la edad, el sexo, la inteligencia, los recursos que uno pueda tener, si entre lo ideal y lo real se ha colado la culpa para equilibrar esa conexión, caeremos en ella cada vez que percibamos que nuestro comportamiento genera desaprobación en nuestro entorno. Sentirse culpable provoca un gran malestar pudiendo llevar a la persona a padecer algún tipo de trastorno importante.

Los elementos de la culpa:

  1. Acto causal (real o imaginario).
  2. Autovaloración negativa del acto.
  3. Emoción negativa derivada de la culpa.

A partir del acto inicial, la autovaloración negativa generará el sentimiento de culpabilidad que nos conduce a la vergüenza, la tristeza, la mala conciencia, la autocompasión, los remordimientos, provocando una mezcla de emociones y sentimientos que nos hacen sentir mal y que se retroalimentan entre sí dificultando su identificación.

 

SE REPRODUCE

Tipos de culpa:

  • Productiva.

Aparece como consecuencia de haberle causado un daño a alguien. Esto nos genera un malestar que necesita ser reparado. La culpa tiene su parte útil: sentir culpa nos ayuda a tomar conciencia de nuestros errores. Reconocer el error, aceptarlo y pedir disculpas por él es una buena manera aprender de los errores.

  • Improductiva.

EL RESTO. No existe ninguna falta objetiva que justifique dicho sentimiento. Este tipo de culpabilidad es destructiva y no nos ayuda a adaptarnos al medio. Cuando la culpa no cumple su función adaptativa puede hacerlo por exceso (relacionada con alteraciones psicopatológicas como la depresión) o por defecto (asociada con elevados niveles de perfeccionismo).

 

¿Qué pasa si el miedo a decepcionarnos es con nosotros mismos? ¿Qué ocurre si no es tanto la exigencia de los demás como nuestra propia autoexigencia? ¿Qué pasa si no encaja el objetivo ideal que nosotros nos habíamos marcado con la situación real? ¿Y si las expectativas que tenemos de nosotros mismos, unidas a una autoconfianza y autoconcepto distorsionado y todopoderoso no llegan a buen fin?

Y de esta culpa sabemos un rato. Este rollo de premios y castigos en función de lo que merecemos, de lo que nos esforzamos, de la vida que llevamos, de lo que comemos. Si no hago lo que me dice el otro (o yo mismo), si no sigo al del manual de turno, si la cosa sale mal, me sentiré culpable, responsable. Dependiente y manipulable. Mea culpa.

Y da igual quien predique al otro lado, da igual si he pecado o no he sido positiva todos los minutos del día. La cosa es que cuando no me salga como quiero, la culpa será mía. Culpa, responsabilidad y miedo, tres elementos que se van retroalimentando. A mayor responsabilidad, mayor culpa. A mayor culpa, mayor miedo. A mayor miedo mayor dependencia y manipulación. Solo yo te puedo sacar de ahí. Mucho discurso así hay por ahí.

 

LA TRAMPA.

Soy culpable y pido perdón. Después, me siento culpable por haber pedido perdón: la trampa.Incluso nos podemos sentir culpables cuando las cosas nos van bien.

 

 

Nos sentimos culpables por TODO.

Ejemplos cotidianos de que la culpa nos chupa sangre:

  • Por no mandar a un pesado a paseo. Por haberlo mandado a paseo.
  • Por tener un buen trabajo. Por no tener trabajo.
  • Por haber regañado a nuestro hijo. Por no regañarle como debíamos.
  • Por no trabajar en vez de jugar con los hijos. Por jugar con ellos en vez de trabajar.
  • Por irnos de viaje con nuestras amigas. Por quedarnos con nuestra familia en vez de ir con ellas.
  • Por trabajar mucho. Por trabajar poco.
  • Por tener los cajones desordenados, por cocinar fatal, por no hacer suficiente deporte, por tirarnos en el sofá dos días enteros, por pasarnos un domingo comiendo porquerías, por tardar un día en contestar un correo, por tomarnos una cerveza de más, por no entregar el informe un día antes del plazo marcado…

Y nos pasamos la vida pidiendo perdón por no hacer nada malo, por no hacer daño a nadie. Simplemente por no dar la talla en el grado de aprobación que deseamos. Por pura AUTOEXIGENCIA, por ir tras un perfeccionismo desbocado.

 

LA CULPA NO MUERE. HAY QUE MATARLA.

Para matarla hay que ser consciente de:

La necesidad de autoaprobación (hoy en día todo es auto), la autoexigencia, el miedo a defraudarnos, el supuesto autocontrol y la búsqueda del perfeccionismo es el caldo de cultivo ideal para la culpa. En este cultivo cuando sintamos impotencia, frustración o pérdida de control la culpa nos devorará antes de poderla matar a ella.

¿Es sano seguir pensando que podemos con todo? ¿Es saludable creer que simplemente con mucho esfuerzo y actitud positiva todo nos va a salir bien? ¿Es humano hacernos creer que somos responsables de todo lo que nos va a pasar en esta vida, desde un buen trabajo a no padecer una grave enfermedad?

La culpa no muere sola, a la culpa hay que matarla. Matar la culpa es:

  1. Desterrar la autosuficiencia y la omnipotencia.
  2. Aceptar que existen acontecimientos incontrolables.
  3. Saber que siempre habrá un “tendría que haber hecho” y cosas que no podremos cambiar. Y que no pasa nada.
  4. Entender que no podemos decidir todo lo que nos rodea.
  5. Convencernos de que no hemos venido a este mundo a sufrir, aunque a veces suframos.
  6. Separar los errores y fracasos de nuestra persona. He fracasado pero no soy un fracaso.
  7. Olvidar el cuento de premios y castigos.
  8. Ver que los “culpadores” han cambiado de vestimenta y de púlpito. “Los culpables” seguimos siendo el rebaño.
  9. Amar nuestras limitaciones.
  10. Ser humanos.

 

En la vida hay un punto de no retorno, bienaventurados los que llegan a él: el momento en el que te das cuenta de que no es la sociedad la que te exige tanto. Eres tú. Y será tu vida y tu culpa.

 

Imagen: pinterest.com

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No quiero que te vayas, verano…

No tenía pensado hacerte llegar ningún post hasta octubre, aún sigo a vueltas con el PAR (Período de Adaptación a la Rutina), pero hoy, 23 de septiembre, con la llegada del otoño me veo en la obligación de hacerlo.

 

Después de varios días sin estar mucho en la red (2 o 3, no te voy a contar ahora milongas de que cada vez estoy más desconectada, estoy lo que estoy…) me pongo a leer en mis “muros” y cual es mi asombro al ver que la gran mayoría de publicaciones son de tristonas, angustiosas o dramáticas despedidas al verano.

 

Lamentos de cómo habrá que esperar hasta el próximo verano para tomar el sol, viajar o disfrutar de la naturaleza.

 

Lloros al pensar que pasarán al menos 9 meses hasta que llegue el momento de hacer aquello que tanto te gusta, pasar tiempo con las personas que quieres o sentirte libre.

 

Súplicas de que no se vaya la época estival, que no desaparezca esa época del año en la que parece ser revives o más bien, da la sensación de ser el único instante en que eres feliz, en el que estás vivo…

 

Vamos, un drama.

 

Oye, que yo también soy de sol, de mar, de luz, de viajar y de un sinfín de cosas que parece ser que están limitadas al verano. Pero va a ser que no: si te gusta el mar (como es mi caso) y lo tienes cerca…¿qué te impide disfrutarlo todo el año? O ¿vas a esperar a hacerlo sólo en verano? Cada época del año, te permitirá hacerlo de una forma distinta, pero si quieres, podrás hacerlo todo el año. Sí, sí, como lees.

 

Muy lejos de entrar las individualidades de cada uno y más allá de que cada uno viaja, sale y entra, descansa y lee cuando quiere y puede, me resulta muy cansino esta tendencia a encasillar al verano como el período de felicidad por excelencia. Quizás sea la única vez que te puedes ir a tu familia en todo el año o te puedes permitir el lujo de viajar…pero no me digas que el resto del año estás “muerto” o te siente un desgraciado. Porque por lo que publicas, parecer lo parece.

 

Y esto me hace ir a los famosos “Menos mal que es viernes” o “Estoy deseando que llegue el puente” que viene acompañados de un “Horror, otra vez lunes” a la vuelta”. De verdad, me gustaría que te planteases qué tipo de vida llevas si aborreces todo lo ocurre en ella de lunes a viernes, y sólo eres feliz en agosto, porque eso son 31 días de los 365 que tiene un año. A mí, se me haría muy duro.

 

Ahora, no te vayas a pensar que soy de las que van cortando margaritas por los prados y regalándolas a cada paso que da en la calle con mi cabello al viento como si fuera un anuncio de Sunsilk (¿todavía existe esa marca? Hace tiempo que no la veo en los supermercados…). A mí, también me gusta el verano y su cara amable, pero también la tienen el resto de estaciones y meses del año, al igual que su lado oscuro donde deseamos que las agujas del reloj se muevan con la velocidad del rayo.

 

¿Por qué te empeñas en vivir deseando que lleguen una serie de momentos que son cíclicos como el fin de semana o el verano? ¿Es porque lo dice la mayoría (vamos, moda) o por necesidad? Da igual, porque ninguna de las respuestas me va a gustar.

 

¿Y si te haces estas preguntas?:

¿Por qué no te planteas qué cosas haces durante esos días que con tanta ansia esperas?

¿Podrías realizarlo, aunque en menor medida o intensidad, durante el resto del año?

¿Qué te impide hacerlo?

¿Puedes buscar la forma de acercarte a conseguirlo?

¿Lo has intentado (en serio) en algún momento?

¿Qué fue lo que te hizo dejar de intentarlo?

 

Este post no contiene la receta mágica para alargar el verano, ni para estirar los días felices, más que nada porque no existen esos trucos. Pero sí puede acercarte más a lo que depende de ti y no de los demás, puede hacerte pensar en qué (demonios) estás haciendo cada día para no tener que desvelarte pensando en que lleguen los días en los que haces lo que realmente quieres como la jubilación, el fin de semana o el verano.

 

Esto no implica necesariamente cambios drásticos en tu vida como llamar a un abogado para divorciarte, redactar tu despido voluntario o hacer las maletas con un billete sólo de ida.

 

Esto, si tú quieres, implica ser consciente de la vida que has elegido, asumiendo las partes que te han tocado y modificando, en la medida que te sea posible, aquellas de las que eres responsable.

 

Esto, implica aceptar que hay circunstancias que no has escogido y hacerlo de la forma más ecológica y rentable para ti.

 

Esto, implica introducir pequeños cambios en tu día a día para transformar aquellos aspectos que te acerquen gradualmente a eso que te hace “soñar” con esos días dorados.

 

Esto, implica dejar de soñar despierto y hacer, construir en lugar de quejarse de la mala suerte que arrastras o de la porquería de trabajo que tienes. Esto va de dejar de protestar y sudar la camiseta del partido de tu vida (ay Dios, me he venido arriba otra vez, ya lo dejo, ya lo dejo…).

 

Te invito a que realices un listado de las 10 cosas que haces en esa época del año que tanto deseas y luego la pongas junto a las preguntas que te he lanzado arriba. Responde todas las que puedas siendo sincero contigo mismo, no tengas prisa, es tu vida, son tus tiempo, pero hazlo. Y luego, procura no tirar esa lista a la basura, ponla en algún lugar visible, eso hará que sea más fácil pasar a la acción y lograr que no sufras con cada final de verano repitiéndote “No quiero que te vayas, verano” como  si fueses cualquier protagonista de “Verano azul”.

 

Prioriza y elige una de ellas (utiliza para ello el criterio que consideres, puede ser por importancia, practicidad o economía) para dar el primer paso y ve poco a diseñando etapas para acortar distancias con el objetivo final, que no es otro que ser más feliz, vivir más en consonancia con lo que te hace bien, vivir al fin y al cabo un eterno verano…

Imagen: google.com

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Agosto: vacaciones y frustraciones.

Aunque en mi cabeza resuene la versión de la canción de JLo “El verano pa cuándo?” (asturianos me entenderán…) ha llegado agosto, lo cual implica cambiar hábitos y rutinas. Pero no porque lo diga yo o algún referente en la red, sino porque es inevitable y totalmente necesario. Y lo dicen expertos en salud, física y mental, no me estoy inventando nada.

Y con agosto, llega el mes de las vacaciones por excelencia. El mes para recargar pilas, para desconectar, para descansar, para leer, para viajar, para la familia y los amigos, para tantas cosa…que puede que no te de tiempo a realizarlas todas. No tenía muy claro si escribir un post, de nuevo, sobre esta temática, pero después de conversar con María Jesús Giménez Caimari de Sapiens Mindset me he visto en la necesidad de lanzarme (tampoco ha costado mucho, sea dicho de paso).

Siento alejarte del falso positivismo de “Si quieres, puedes” porque no te va a dar tiempo a hacer todo lo que dicen que te tiene que darte tiempo hacer en vacaciones. Salvo que tus vacaciones duren 6 meses, y aún así, tengo mis dudas. Parece un trabalenguas o que me he vuelto el Gargamel (si eres un Millenial tendrás que entrar en Google para saber de lo que hablo) del período estival, pero quiero ayudarte a generar las expectativas de tu periodo estival.

Este post surge del resultado de mis primeras vacaciones reales tras hacer profesional independiente y liberal, vamos el autónomo de toda la vida. 6 años después de tomar esta decisión y con una pequeña de 14 meses me cogí mis primeras vacaciones en serio, de esas de cogerte un avión, irte a una playa con aguas cristalinas y desconectar de todo lo que me había agotado durante el año.

Puse tanta ilusión y empeño en preparlas al detalle, que todo fuese “perfecto” (lo mío con la perfección viene de tan lejos…), generé tantas expectativas en lo que iba a hacer en mi tiempo de vacaciones que lo único que conseguí fue…frustrarme y pasar la mayor parte del tiempo pensando que no me daba tiempo a todo lo que tenía previsto hacer en esas semanas. Y así, aunque cada vez ha ido a menos, me ha ocurrido año tras año.

La única responsable de mi frustración ante la incapacidad para llegar a todo lo tenía pensado fui yo, cierto. Pero existen otros factores que no me ayudaron nada a gestionar la limitación del tiempo y de mis capacidades respecto a las vacaciones. ¿Sabes a qué me estoy refiriendo?
Listas y listas interminables de lo que DEBES hacer en vacaciones: que si descansa, que si viaja, que si haz deporte, que si escribe un libro, que si pasa tiempo con la familia, que si haz deporte.
Mira, te lo digo de corazón, y tal y como acabé mi anterior post sobre este tema: haz lo que te apetezca, lo que quieras y puedas con tu tiempo libre. Incluso, si decides no tener vacaciones, también será estupendo siempre y cuando sea tu elección. Y si en el peor de los casos, te ves obligado a usar ese tiempo “idílico” en hacer algo que no te apasiona, no dramatices: todo llega, todo pasa.

Para mí, estos listados de lugares ideales, estos inventarios de tareas a realizar en el periodo estival no dejan de ser estereotipos o ideales. Y no pocas cosas debería haber tan sagradas como el uso del tiempo libre.
Cierto es que no estamos libres de tendencias, modas y aspectos sociales que nos invaden a diario y desde que nacemos, pero también tenemos la capacidad de decidir y hacer lo que te apetezca en el ese tiempo reservado para el descanso. Por lo que deberíamos empezar a plantearnos antes lo que es el descanso para cada uno de nosotros.

¿Qué implica para ti descansar? ¿De qué (o de quién) necesitas descansar durante una época del año? Me gustaría que la respuesta fuese única y exclusivamente tuya, sincera, de corazón, por lo que puedes compartirla conmigo en el blog o red desde el que me lees. Pero lo que realmente me haría ilusión es que te respondieses con esa sinceridad y actuases en consecuencia usando ese tiempo como te plazca y te puedas permitir.

Por lo tanto, aquí no verás el catálogo de los mejores libros para leer, de las mejores playas que visitar, los museos más interesantes o los mejores cursos de verano. Me gusta pensar que cuando reflexiono en voz alta te puede servir para encontrar ese equilibrio tan necesario, aunque tan sólo sea a ratitos, que todos buscamos. Y lo que sí tengo claro es que tu equilibrio, tu tiempo libre y ocupado, tu vida, tu agosto… es tuyo.

Haz con él lo que te plazca y déjate de modas y listados interminables.

 

Imagen: Kenton Nelson

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Depredadores digitales

Antes de escribir este post, me he documentado.

Te cuento esto porque no suelo hacerlo, me gusta escribir sobre lo que “domino” y me siento cómoda, desde mi visión y con el riesgo que eso conlleva. Pero es lo que tiene ser una inconsciente cuando me pongo frente al ordenador.

 

Soy una gran defensora y usuaria de las redes sociales, creo firmemente en su alcance a muchos niveles: didáctico, comunicativo, publicidad, etc. Pero como toda herramienta siempre tiene una doble cara y desde hace tiempo estoy “descubriendo” un perfil que usa la red con unos fines que no me gustan nada, en absoluto y que comienza a inspirarme cierto temor.

 

Cuando te hablaba de documentarme previamente a esta reflexión, lo hacía desde el punto de vista del concepto que me viene a la cabeza al pensar en estos seres sociales que inundan cada vez más la red: los depredadores digitales. Al buscar, encontré que el término no es nuevo (vaya! una vez más no habrá un término inventado por mí, que pueda alimentar mi ego, habrá que seguir intentándolo…), pero siempre ha estado vinculado al acoso sexual, laboral o bullying. Y aquí es donde mi análisis entra en acción.

 

Se me vino a la mente este término al ir dándole forma a una tipología de habitantes de la red de los cuales pretendo huir lo más lejos y de los cuales he realizado un perfil psicológico (lo siento, mi deformación profesional me precede…).

Te detallo a continuación la estela que van dejando a su paso en formato de pautas conductuales, por si te pudieran servir:

 

Dedicación intensiva a estudiar los estados emocionales de sus “presas”: estos sí que son Big Data senior y sin Máster del universo ni ná. Tienen un especial olfato para detectar cuándo estás en un momento de flaqueza para lanzarse sobre ti y echar sus redes tejidas en el más profundo de los abismos (son malvados, no me cabe la menor duda, te quedará más claro según sigas avanzado).

 

No están siempre presentes…o al menos, eso parece: aparecen y desaparecen a su antojo, pero el resto del tiempo lo pasan en modo “vieja al visillo”, observando cualquier movimiento con el que detectar a sus presas. Como los leones en la sombra, ahorran bien sus energías para usarlas con todas sus fuerzas en un ataque mortal. Aquí, la muerte, no será física sino emocional, porque te habrán conquistado, pero no es un amor puro ni real, si no única y exclusivamente en su beneficio.

 

Son listos, muy listos, extremadamente listos! Eso, también me asusta muchísimo. Saben lo qué decir a cada momento, son como un bálsamo para tu estado, se dirigen a ti cuando detectan ese momento de debilidad clave a partir del cual te atraen a su red. Y te hacen olvidar que esa red es como la de una araña: viscosa, envolvente, cómoda, pero mortal si te quedas en ella demasiado tiempo.

 

– Control de visitas: ¿sabes los CRM en formato Excel que tienen los comerciales para visitar a sus clientes y les recuerdan cada cierto tiempo que tienen que “tocar” el timbre? Pues eso mismo lo hacen estos depredadores. Los imagino revisando fríamente su listado de contactos mientas se comen un Magnum viendo una serie de Netflix y pensando “¿Hace mucho que no llamo/escribo/comento a…?” Lo preocupante no es que lo hagan, incluso ni que te lo hagan a ti, sino que estas dos circunstancias confluyan y te lo creas, mientras te arrastran a su terreno haciéndote sentir que eres importante para ellos. Si es así, estás perdido, pero insisto, no es real, nunca lo ha sido.

 

– Son expertos manipuladores: pueden parecer auténticos #influencers (por decir algo que tenga relación con las redes sociales) pero su comportamiento dista años luz de la influencia y se acerca mucho más a la manipulación más estratégica que puedas imaginar. Cada acto, interacción, mensaje, post…tiene un claro objetivo (ojo! Como tiene que ser!) y no es otro más que decirte lo que necesitas/quieres oir para que sigas preso de sus encantos.

 

– Legionarios: ese es su último fin, que te conviertas en su legionario, que formes parte de sus filas y que vayas con ellos a muerte. Hoy en día lo llamamos comunidad, seguidores, followers, prescriptores y así le damos un barniz de profesionalidad. Yo soy la primera que intenta gestionar su imagen y su marca personal teniendo en cuenta todo esto, pero en el momento en el que solamente cuentan los números (de la cuenta en redes sociales y de la bancaria, esa sí que cuenta de verdad para ellos!) ahí es donde pasamos de una gestión de marca a la creación de auténtica fachada con fines oscuros, muy oscuros.

 

– Están presentes en todos los sectores: no pienses que esto es exclusivo del mundo del desarrollo personal ni la psicología más edulcorada. En todos los ámbitos existen estos depredadores a la caza de inocentes presas, como puedes ser tú, como puedo ser yo. No te sientas mal por ello, yo también he caído en su trampa y me ha costado ver la mentira, que no humo, que había tras su perfil. Es mucho más dolorosa y dañina la mentira y la falsa apariencia que el humo que pretende distraer la atención, mucho más.

 

Ante este análisis improvisado sobre el comportamiento humano en las redes sociales, el único consuelo que me queda es el de estar atenta a la aparición de esta especie y saber que el mejor aliado de la coherencia es el paso del tiempo. Porque de momento no puedo darte pautas de cómo superar los estragos que dejan a su paso…

Imagen: google.com

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Palabras tabú que deberías introducir en tu discurso (interno) para triunfar

He puesto “deberías” para captar tu atención (y espero haberlo logrado), pero en realidad lo que quiero decir es “me gustaría”.

 

Me gustaría que al finalizar este post te planteases el motivo de porqué al usar determinadas palabras, te suben escalofríos por la espina dorsal cuando en realidad pueden ser la llave a conseguir tus objetivos.

 

Me refiero a determinadas palabras tabú que en principio no lo son, no deberían serlo o incluso ni siquiera las usas en tu día a día. Y de ahí que sean tabú sin serlo. Como  ya sabrás, tabú viene de un vocablo polinesio que significa “lo prohibido”, por lo que llevado al lenguaje, hace referencia a palabras prohibidas.

 

En la relación que estableces con los tabúes, cometes fallos al ignorar su origen y asumirlos sin más, de manera implícita acatas su uso y los incluyes en tu forma de sentir, pensar y actuar. Y al ignorar ésto, sientas las bases de algo que puede ser perjudicial para tus resultados vitales. De hecho, en la mayoría de ocasiones no eres consciente ni siquiera del propio uso o desuso de estos conceptos en tu día a día.

 

Hay tantos tabúes como personas, como historias, como culturas, como formas de pensar, y para ello muchos expertos han dedicado horas de estudio y nos ayudan a intentar eliminar o manejar su uso nocivo, desde los sexuales, políticos, raciales o la propia muerte.

 

Hoy me apetece centrarme en una palabra clave que aparece de manera recurrente en mi profesión: ESTRATEGIA.

Y ahora, dime ¿qué imagen o expresiones te vienen a la mente cuando aparece esta palabra en tu discurso, ya sea privado o público?

¿Cómo?

¿Qué ni tan siquiera la usas?

 

Las palabras más frecuentes con las que se relaciona son frío, calculador, táctica, militar, manipular, guerra… Y si entramos en detalles de imágenes, suelen tener que ver con campos de batallas sangrientos, armaduras invencibles o ejércitos que se dirigen irrevocablemente a la muerte. Quizá consideres que me he puesto en plan “drama”, pero drama es que el vivo yo en cada proceso, con cada cliente, cuando nos ponemos a fijar unos objetivos y definimos los pasos a seguir para conseguirlos… y surge esta palabra.

Sencillamente, una estrategia es la guía de las acciones meditadas y evaluadas de manera reflexiva que te van a dirigir a un fin, desde enamorar a una persona que ignora tu existencia, hasta conseguir escribir un libro pasando por encontrar un trabajo que se amolde más a tus necesidad actuales.

Querido, cómo no me vayas con mente de estratega por la vida te quedas para siempre en la casilla de SALIDA, y resulta que tu fin es llegar a la meta, y además, antes y menos cansado que los demás. Pues empezamos bien.

 

Necesito, y además, con urgencia, que te sientas un estratega sin que te estremezcas, sin sentirte frío ni calculador (coletilla por excelencia al respecto de esta palabra que, personalmente, me maravilla). Necesito que te consideres el comandante de tu ejército, el capitán de tu barco, sin que ello implique necesariamente que eres un tirano o un actor que falsea sus intenciones.

 

Lo que ocurre es que, al igual que con los tabúes y su origen en ti, te pasa con tus intenciones, con tus objetivos. Que los tienes pero los ignoras, sabes que están ahí pero no los tienes claros, definidos. Y cualquier estrategia sin objetivo, es un sinsentido. Normal, que al hablarte de ella, te veas enfundado en una pesada armadura medieval que te bloquea y te ralentiza, normal.

 

Quítate ese peso de una vez: ser estratega es tan necesario como el respirar, porque será la única forma en la que consigas vivir de verdad. Y puedes hacerlo, serlo en tus relaciones personales, en tu profesión, en tus aficiones, porque yo tengo claro que cada vez que emprendes una acción, buscas algo. Y tú, deberías tenerlo claro también. Esto, y también lo qué buscas, de ahí la confusión en todo esto.

 

Necesito que alejes de ti la sensación de que ser un estratega es no actuar de corazón, ni de buena fe, ni con nobleza. El cine bélico nos ha hecho mucho daño al respecto, las consecuencias de las decisiones políticas que vivimos a nivel mundial también, la propia narrativa con tintes oscuros, ha hecho que vinculemos esta palabra a algo nocivo y de lo cual queramos huir a toda costa.

 

Te pido por favor, que empieces a usarla con otras connotaciones, con aquellas que la asocian al control sobre tu vida, a la gestión de los factores que dependen de ti y que impactan en tu éxito. De hecho, trabajo habitualmente con mi propia fórmula al respecto, que me funciona tremendamente bien para trabajar los resultados óptimos y de la que, si te apetece, te hablaré en otro post e incluye, irremediablemente la ESTRATEGIA en una de las fracciones de las que se compone:

 

(OBJETIVO ESPECÍFICO  + ESTRATEGIA DEFINIDA)   X   ESFUERZO   = RESULTADOS ÓPTIMOS                                              

                                                         HUMANIZACIÓN                                                                                              

No puedo (ni tiene sentido) cambiar el motivo de porqué has desterrado de tu vocabulario la palabra estrategia o de porqué la usas con un matiz turbio, pero sí quiero ayudarte a que reflexiones sobre cómo incluirla en tu discurso de forma sana, y comprender que te puede hacer más poderoso.

 

Yo, sólo quiero que seas estratega de tu vida, de tus batallas y que veas la vida de forma más clara. No detrás de una coraza que limita y no permite avanzar, sino desde la claridad que te permita tener más luz y foco en lo que te propones, y sobre todo, en cómo conseguirlo.

 

 

 

Para ello ya sabes por dónde debes empezar, por punto de partida de cualquier proceso: el autoconocimiento. Sabes de sobra lo vital que considero esta herramienta de desarrollo para el ser humano, por lo que te invito a que profundices en ella si te apetece en el enlace.

 

Imágenes: Pinteresto.com y Pixabay.com, respectivamente.

 

 

 

 

 

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Listado TOP de referentes en desarrollo personal

¡Ya está! Me he decidido…

 

Me ha costado pero aquí te traigo al fin mi primer listado de referentes a los cuales deberías seguir, y en el cual te cuento en qué aspecto son referentes para mí. Es como si al soplar la velas, y pensar en este post de segundo aniversario, pudiera hacer mis deseos realidad y adquiriese las cualidades de cada uno de ellos que los hacen tan importantes para mí. Son como una especie de brújula que siempre me recuerdan dónde estoy a dónde quiero llegar.

 

Si te parece, empezamos el listado y te voy contando los motivos de que aparezcan en este listado tan especial  para mí:

 

– Mis padres:cada uno en su línea, pero de manera destacada mi madre, por su valentía.No conozco ( y mira que conozco a muchas personas y muchas historias) a ninguna persona que se haya levantado tantas veces como ella, que se haya secado tantas lágrimas y que haya sabido continuar el camino con la mayor de las dignidades. Si en mi código genético aparece la valentía de manera destacada en la cadena de nucleótidos, será sin duda gracias a su herencia.

 

– Mi marido: me quedo con su aplomo y templanza. Será producto de la práctica del kárate o de una personalidad de base tranquila, pero tiene la capacidad de infundir paz donde quiera que se encuentre. Y eso, en estos tiempo tan caóticos y llenos de vorágine, es un valor en alza. Al menos para mí… con lo que, quisiera tener su aplomo y transmitir su paz.

 

– Mi hija: la ilusión y empeñoque le pone a todo lo que inicia. Da igual que sea un dibujo o atarse un zapato. Es la excelencia personificada, poniendo cada ápice de su energía  y entusiasmo en que todo salga a la perfección (eso, tendremos que trabajarlo, que no es tan bueno…). El brillo que desprenden sus ojos cada vez descubre algo nuevo, incluso cuando lo recuerda tiempo después y lo revive.

 

– Mis mentores:ellos apenas usan las redes sociales, no les hace falta, tienen demasiado que mostrar al mundo, a su mundo como para entrar en este.

De Cristina, me quedo su capacidad para permitir desarrollarse y crecer a otras personasen momento clave de su vida. Yo, fui una privilegiada por tenerla en mi prácticum de Psicología, nunca podré agradecerle lo suficiente lo que supuso para mí su confianza y respeto, aún estando en pañales a nivel profesional.

Y otro referente que no puede faltar, es Juanjo Arias. De él quiero su cerebro,básicamente ;). Es una de las personas más inteligentes e interesantesque conozco, siempre aporta en una conversación, siempre instruyendo cada vez que habla. Y aquí, quien me conoce sabe que no soy objetiva (o sí) y no me importa en absoluto.

 

– Mis clientes:aquí me quedo sin adjetivos, porque la mayoría llegan rotos, cansados, frustrados, desilusionados… Y aún así, saben que sobrevivirán y saldrán reforzados, aunque se les olvide por momentos. Elijo su capacidad para aprender a tomar decisiones vitalesy ser responsablede todo lo que conlleva ser dueño de la propia vida. Me quedo con su confianza plena, incluso diría ciega en mí, en permitirme que les acompañe en un momento crucial de sus vidas. No añado nada más, ¿te parece poco? Porque a mí, sus avances y logros me parecen brutales y quisiera ser como ellos, sin lugar a dudas.

 

– Mis colegas de profesión:de los cuales me quedo su compromiso e integridad, su vocación por ayudar y lealtad. Me adelanto a decirte que no todos los profesionales con los que tengo contacto poseen estos valores que son esenciales para mí en una relación, y los cuales admiro cada vez que me encuentro en el camino. Pero te aseguro que las personas que están en mi “lista” de imprescindibles, con las que iría al fin del mundo y con las que me verás a menudo en proyectos o compartiendo jornadas, los poseen. Porque no concibo las relaciones de otra forma y porque cuanto más de rodeo de personas así, más se fortalecen mis propios valores.

 

– Mis amigAs: siento tener que hablar en femenino, pero esta vez es así. Son amigas. Tengo varios grupos de amigas donde refugiarme es costumbre, incluso necesidad cada cierto tiempo. Y en ese espacio al que acudo, siempre encuentro lo que quiero ofrecer y ser yo: una mano amiga, tendida, abierta y sincera. Un silenciopara que el otro hablevacío de juicios. Dime si tú no querrías tener a personas así en tu vida! Dime si no querrías ser tú hogarde otros en algún momento. Me quedo con eso de ellas. Oro molido son, oro molido somos.

 

Tú: Suscriptor? Seguidor? Contacto? Amigo? No sé cómo denominarte, porque ninguna palabra me parece acertada ni lo suficientemente bonita para reflejar todo lo que me aportas. Me quedo con lo que me inspirasen cada comentario, en cada conversación, en cada mensaje. Con lo que compartes y ofreces sin buscar nada a cambio. Me quedo con tu apoyo, tu agradecimiento, tu impulso, tu sostén, porque sin él, nada esto tendría sentido

 

Quisiera haberte mostrado a personajes superfamosos e interesantes, relevantes a nivel mundial y con un gran impacto en millones de vidas.  Me hubiera gustado llenar el post de etiquetas de perfiles con miles de seguidores, pero el post hubiese perdido la gracia y el valor que realmente tienen estas personas. Y  para mí, es mucho, te lo aseguro.

 

Gracias por acompañarme estos dos años en el blog estés en la parte de la lista que estés. Necesito que seas consciente de que soy lo que soy producto del peso que tienes en mi vida, no lo olvides.

 

Vamos juntos a por el tercer año…y los que vengan!

 

Imagen: edwardmiller.deviantart.com (boceto para tatuaje)

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Tus ojos te delatan: cómo “dominar” la comunicación no verbal

Sigue resonando en mi cabeza esta frase, que llevo escuchando desde mi infancia como un soniquete. Sobre todo de boca de mi padre, que quizás con un necesidad de sobreprotección que aún perdura, constantemente me decía que no fuese tan “transparente”, tan natural, tan directa porque me traería muchos problemas.

 

Y me los trajo, vaya si me los trajo… y aún hoy, me meto (o entro?) en alguno que otro.

 

Esto siempre me ha generado un gran debate interno: ¿mostrar lo que eres/sientes/piensas a cualquier precio? ¿maquillar comentarios, acciones o pensamientos con tal de salir airoso? Nunca he tenido la respuesta adecuada, pero hoy me encuentro más cerca de estar en paz con mi comunicación.

 

Esto no va de mentir, ni de fingir ni de ser actor. Va de conocer y estudiar todo lo que dices con tu cuerpo, lo que comunicas sin apenas abrir la boca y va sobre todo, de controlar la situación y de ser dueño de uno mismo. Siento decirte que esto es mucho más complejo que estudiarte un manual de Comunicación no verbal y de hartarte a ver vídeos en YouTube sobre cómo comunicar.

 

Es mucho más que es eso, porque lo que sí te adelanto es que tu cuerpo es el reflejo de lo sientes, piensas y, por lo tanto de lo que haces. Con lo que, aunque hoy te hable de lenguaje corporal, el verdadero éxito de cómo transmites, está en la forma en la que gestionas tus emociones y tus pensamientos.

 

Es cierto que existen una serie de pautas que nos facilitan la lectura de mensajes corporales en los demás, de los cuales podemos extraer más información de la que es obvia mediante la interacción comunicativa. Eso sólo será posible si prestas atención, pero no olvides que lo mismo que somos capaces a ver más allá de lo que dicen las palabras en los demás…también ocurre a la inversa.

 

Por eso me gustaría compartir contigo mi aprendizaje a lo largo de estos años en un tema del cual no me canso querer saber más y más, del que continuamente sigo ampliando conocimiento:

 

– Como te decía antes, sólo conseguirás ser un “experto” en la interpretación del lenguaje corporal, si realmente te gustan las personas y comunicarte con ellas. Sólo de esa forma, serás capaz de prestar la atención adecuada a las pistas que te ofrece tu interlocutor mientras sigues el discurso de la conversación de manera fluida. Porque, por si no te has dado cuenta, es realmente agotador. Sólo llegarás a sentirte cómodo mientras analizas todos aquellos detalles extras al alcance de tu mano, si tu interés real es hacerte comprender y buscar una comunicación exitosa para ambas partes.

 

– La comunicación no verbal tiene un componente cultural, pero en líneas generales es universal y se aprende de manera táctica. Es decir, sin haber leído nada de Paul Ekman, seguro que si te encuentras con alguien con el ceño fruncido, los brazos cruzados y la boca cerrada-apretada, seguro que rápidamente detectas cierto enfado o rechazo. Así que cuando te pongas manos a la obra, no partirás de cero, y eso, quieras que no, anima mucho a empezar en serio de una vez con el este asunto pendiente en tu agenda.

 

– Esto de la comunicación no verbal, tanto a nivel propio y como a nivel de los demás, es cuestión de sudar la camiseta. Si ya tienes las ganas de comunicarte mejor y el gusto por estar rodeado de personas que decíamos antes, además de prestar la atención necesaria y estudiar sobre el tema, ahora sólo queda entrenar, entrenar y entrenar. Y cometer errores, regular, mejorar, pedir feedback, cambiar, gestionar… Vamos, que no va a ser fácil, pero si te lo propones, podrás mejorar muchísimo la forma en la que llegas a los demás.

 

– La dichosa coherencia siempre aparece en este tema. Es de sobra sabido que ante una incongruencia o discrepancia entre lo que se dice y lo que se comunica con el cuerpo, prevalece lo segundo. Con lo que si mientes o finges…se sabrá! Salvo que seas un excelente actor y en caso de ser así, enhorabuena! porque dominarás el método Stanislavski. Lo que te quiero hacer llegar es que para comunicar bien, hay que conocerse bien, tanto a nivel reflexivo como a nivel corporal y de ahí en adelante, tener muy claro cuál es el objetivo que buscas a la hora de comunicarte. Así, la coherencia entre lo que dices, piensas y expresas será total y será el menor de tus preocupaciones.

Y para muestra, una muestra de la que escribe de que no hay forma posible de ocultar un enfado (o posible venganza) si es lo que se está sintiendo en ese momento…

 

– Del anterior punto deriva este pregunta clave: ¿qué ocurre cuando lo que pienso o siento no es lo adecuado en este punto de la comunicación? De ahí la necesidad de vincular de forma clara la gestión emocional con la comunicación no verbal. A veces se olvida que este lenguaje corporal incluye la paralingüística (componentes de la voz que no tienen que ver con el contenido: tono, ritmo, fluidez, etc) y proxémica (uso de los espacios y distancias en la comunicación), por lo que todo se complica mucho más a la hora de usar la comunicación no verbal como tapadera de lo que pasa por mi mente. Lo realmente importante es que gestiones tus emociones y sepas de antemano dónde y cómo se sitúan en tu cuerpo e impactan en tu estilo de comunicación. Desde hace años, trabajo con un modelo de entrenamiento propio basado en la toma de consciencia de estos puntos, y el aprendizaje y mejora es tremendo. Se llama Modelo CEPA (Comunicación Estilo Proyección y Actitud) y estudia en profundidad estos cuatro aspectos a la hora de conseguir aquello que nos proponemos.

 

¿Qué buscas realmente? Necesito (y necesitas) que seas sincero contigo mismo. Si quieres gustar, convencer, influir, obtener información, escuchar, opinar, hacer cambiar, ignorar o mentir… Has de tener claro cuál es tu objetivo en tu comunicación, qué es lo que realmente pretendes, porque de no ser así, todo esto no tendrá más sentido que crear una personaje o ser una auténtica pérdida de tiempo. Mientras no sepas qué quieres obtener de cada conversación, estarás dando tumbos y recuerda, que todo se nota…

 

No te obsesiones: parece que son muchos factores a tener en cuenta, pero en realidad, si prevalece en ti el primer punto y no tiras la toalla a la primera de cambio, el resto será cuestión de tiempo y esfuerzo. Empieza con pequeños objetivos a conseguir en cada oportunidad de comunicarte y evalúa siempre que puedas las áreas de mejora y los resultados conseguidos una vez haya finalizado. Esto, te ayudará a seguir motivado con el entrenamiento, disfrutando de aquello en lo que vas sintiéndote seguro y a poner más empeño en aquello que se te resiste.

 

Y después de todo este aprendizaje, te puedo asegurar que el título de este post ya no me tortura ni mucho menos. Después de años estudiando y trabajando con la comunicación de tantas personas, y la mía por supuesto, lo que he conseguido es que mis ojos te cuentan lo que soy, lo que siento y pienso cuando estoy contigo. Hace mucho tiempo que no me siento delatada por ellos…

 

 

 

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#PersonasConAlmaAnónimas: “Sol , mariposa , arcoíris”

Con este título, quizás te parezca que el contenido que viene a continuación es blandengue o sensiblero, pero nada más lejos de la realidad.

Mi #PersonaConAlmaAnónima de hoy me ha regalado esta maravilla de experiencia transformada en relato, que no nada más y nada menos que una realidad que está ahí latente, hace mucho daño y nos gusta muy poco enfrentar. Pero cuando llega, lo hace sin piedad y arrasa.

No ha podido con ella, incluso la ha hecho más fuerte, pero no estaba preparada y costado ver la parte de la historia que tiene que ver con el título, porque como todo en la vida, tiene luces y sombras.

Yo, veo en ella lo que ella cree ver a su alrededor: siempre hay luz si saber mirar. Quizás pronto, algún día, consiga ver y aprovechar la que tiene ella…

 

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Conseguir mi primer embarazo fue rápido y sencillo, pudo ser la suerte del principiante… pero estaba a rebosar de fertilidad, fue tan sencillo que creí que que todo saliese bien era “lo normal”.

Nadie me había dicho nunca lo contrario.

Tras 42 semanas llegó al mundo mi regalo, mi hija, aterrizó directamente en medio de la burbuja de expectativas que yo me había creado… ¡y la explotó!.

Entonces  asomó lo que unos llaman baby blues y otros depresión postparto. De repente me vi en medio de un cóctel de hormonas en el que no entendía muy bien lo que ella necesitaba pero tardé más tiempo en entender lo que necesitaba yo.

Tras varios meses vuelvo a quedarme embarazada, esta vez con más dificultad(parece que llegados los 30 las posibilidades de quedarse embarazada rápidamente empiezan a ser inversamente proporcionales a las ganas que se tienen) y con este bebé un regalo diferente: el aprendizaje.

Durante la ecografía de las 20 semanas el médico se queda con una parte de mi corazón…A partir de ese momento se suceden un montón de pruebas y diagnósticos para acabar perdiendo a mi hija (he aquí la mariposa) a los 6 meses de embarazo.

Nadie debería vivir esto. Nunca.

Un oscuro abismo se planta de forma abrupta ante mi, esos deseos , anhelos e ilusiones se desvanecen ante la realidad que de repente me ha tocado vivir, pero sorprendentemente la madre naturaleza me carga de la adrenalina que necesita un animal salvaje para sobrevivir y me convierto en la versión de mi misma más fuerte que nunca haya imaginado.

No es olvido, es costumbre , aceptación y porque no decirlo es un poquito de resignación.

Llega el aprendizaje.

Las distintas etapas del duelo fueron sucediéndose de una forma salvaje pero natural y el destino pone en mi vida al bebé arcoíris.

Este embarazo es el más duro y tan agridulce…, se mezclan todas las pruebas médicas con los sentimientos de incertidumbre hasta que lo tengo en brazos, a él.

La vida es caprichosa.

Cada gota de lluvia, cada lágrima, ha merecido la pena para poder disfrutar hoy plenamente de mi sol y mi pequeño arcoíris.

Si estás pasando o has pasado por alguna de estas etapas no rechaces nunca a una mano que te ayude o un hombro que te consuele. Nunca te sientas sol@.

Pongámosle nombre: infertilidad , aborto, muerte perinatal, depresión postparto, fracaso en la lactancia materna… acabemos con los tabúes de la maternidad.

 

Imagen: pinterest.com

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Cariño, tengo celos de Twitter…

* Dedicado a una persona excepcional con la que comparto mucho más que una vida: mi marido, Jaime Gayol.

Y de Facebook, de Linkedin, de Instagram, de Pinterest. O de cómo el peso de las redes sociales se puede volver una losa en nuestra contra….

Cuando ya pensaba que mi vida “social” era estable y tenía controlados Facebook y Linkedin como herramienta de trabajo y forma de difusión profesional, va y aparece él: Twitter. Sé que la gran mayoría de vosotros ya le conocíais o incluso sois influencers, pero no es mi caso.

A pesar de tener la cuenta activa hace casi 7 años, era un noviazgo que no había comenzado, simplemente nos habían presentado y ahí había quedado la cosa. Pero en estos últimos meses, la relación parecía que empezaba a tomar forma. Había comenzado a trabajar mi marca personal de manera más intensa y había visto claramente que era algo necesario y muy positivo, diría que casi imprescindible, el saber moverse adecuadamente en esta red.

 

Me encontraba inmersa en conocer su lenguaje, en seguir a los perfiles que me interesaban, en adaptarme a su ritmo y además amoldar mis necesidades a lo que me ofrecía. Pero en realidad, lo que me encontraba era agotada!!! “Da igual” me decía, “no desistas, lo dominarás” Y mientras persistía, tenía claros mis objetivos y quería llegar a un determinado número de tweets al día, de tener cierto número de seguidores y de que mi puntuación de Klout aumentase, me di cuenta de que me estaba perdiendo algo importante: mi vida.

 

Un día cualquiera, después de una larga jornada sin ver a tu familia, sin tener tiempo para tus amigos ni jugar con tu hija, me dispongo a “currarme” el Twitter y oigo a mis espaldas: “Cariño, de verdad, le tengo celos a Twitter”. Y aquella frase de mi marido me rompió por dentro, fue una bofetada de realidad para mí.

 

Aquí es donde empieza realmente la reflexión que vino días después de esa frase lapidaria que marcaría mi relación con Twitter y demás redes sociales: sé que es importante la presencia en la red, pero es más importante aún la presencia en mi vida. Siento contradecir a quienes predican que si no estás es como si no existieras, que no se debe dejar de publicar ni un solo día, a quienes insisten en estar activo y ser visible en la red, en estar pendiente de todo lo que ocurre. Lo siento de veras.

 

Se lo agradezco, de corazón. Creo en la sabiduría y bondad de sus consejos, en la necesidad de crear una imagen profesional estudiada y difundirla a través de las redes, de tener visibilidad y de estar ahí. Pero también necesito hacerlo a mi ritmo, con mis objetivos y según mis necesidades y sobre todo, sin ahogarme ni perderme nada de lo que está fuera la red. Necesito evolucionar en mi marca personal al mismo ritmo que en mi vida profesional, sin dejar a un lado y mimando como se merece mi vida personal, mi familia, mis amigos, mi tiempo…

Necesito sentirme presente en el café de la sobremesa con amigos, en la conversación banal durante la película después de cenar, pintando nubes en el aire con mi hija o hablando con mi madre por teléfono. Necesito estar presente en mi vida y no perderme ni un solo minuto.

 

He llegado a la conclusión de que no necesito 50000 seguidores, que no puedo (ni quiero) publicar al día 100 tweets, de que no tengo por qué ser una influencer… O al menos de momento, ya que ni estoy preparada para conseguirlo ni es necesario en mi realidad actual, ahora mismo es el momento de tomar decisiones respecto a Twitter y a mi vida.

 

Por eso, para los próximos meses me he propuesto estos sencillos objetivos para hacer que todo esto sea más fácil para mí y los que me rodean:

 

  • Restringir el uso de las redes sociales en tiempo y espacio: 5, 10 o 30 minutos, una jornada completa, pero que sea limitado y solamente en unos espacios en concreto (oficina, trabajo, despacho)
  • Dejar los dispositivos móviles en silencio en reuniones sociales, tiempo de ocio y de familia. Desconectar realmente y disfrutar de esos momentos.
  • Fijar unas metas realistas y adaptadas al tipo de vida de cada uno: aunque lleve tiempo, es necesario definir una estrategia y desarrollarla en un plazo determinado, mientras que por ello no suponga una pérdida de contacto con la “realidad física”
  • Aceptar las limitaciones e intentar aprender cada día, intentando que sean cada vez menos, pero sin prisas ni presiones.
  • Disfrutar con lo que se hace, sea el tiempo que sea…

 

Bien, pues ha llegado el momento de empezar a cumplir los propósitos y estar presente en cada momento de mi vida. Porque por si fuera poco, este verano me he abierto una cuenta en Instagram…

Y tú ¿estás presente en la tuya?

 

Fuente: Pixabay.com

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Los 6 síndromes que impiden una delegación eficaz

Tengo la sensación de que hasta que no te hablo de etiquetas, tipologías, clasificaciones y demás encasillamientos, cualquier tema sobre el que te hable no adquiere seriedad.

Y como quiero hablarte de manera muy seria sobre la delegación, he diseñado expresamente para ti, para que me hagas caso y me prestes atención de la buena, una serie de síndromes que impiden una delegación eficaz:

– Síndrome “Porque yo lo valgo”: Se trata de responsables de departamentos que piensan y hacen ver de manera muy clara, que nadie puede hacer las cosas tan bien como ellos. Básicamente les es imposible, dado que el tamaño de su ego inunda todo e impide ver la realidad del potencial que pueden tener al lado, del talento a desarrollar y explorar en su equipo. Infinitamente más sencillo dar ese golpe de melena tan característico del anuncio, que pensar que alguien, que además tienes a dos palmos, puede hacer sus tareas mejor que ellos, más rápido y de manera más efectiva.

– Síndrome “Porque yo lo digo”: Son personas al mando, que creen que el proyecto en el que se encuentran inmersos es su cortijo: ordenan, mandan, atan y desatan a su antojo. Y en ese antojo está el de no delegar, o el de hacerlo con criterios poco objetivos como el de “porque me da la gana”. Y ¿qué consiguen con esto? Además de alejar a sus colaboradores e infundir miedo por doquier, se sobrecargan de tareas de manera innecesaria. Lo cual incrementa su enfado pensando que tienen a su cargo un equipo inútil, dándose la razón a sí mismo sobre la idea de que sólo quien manda (casualmente él) puede hacer las cosas que se tienen que hacer. Y vuelta a empezar…

– Síndrome del “Conejo blanco”: Este no me lo he inventado yo, pero lo he traído aquí porque es muy frecuente encontrarse con personas con responsabilidad en las empresas que siempre, siempre tienen prisa. Y si no la tienen, se la crean, al igual que la ansiedad y exigencia extremada que transmiten a sus colaboradores. No consiguen tener un hueco en su agenda para desarrollar a su equipo, para detectar el talento oculto para formar, guiar, tutorizar, hacer crecer. No lo tienen nunca, y el motivo no es el tiempo, porque ese siempre va al mismo ritmo. Cuestión de prioridades

– Síndrome del “Gollum”: No voy hablarte de la personalidad múltiple que presenta este odioso y tierno personaje creado por Tolkien. Te voy a hablar de la necesidad, incluso compulsión, que tienen algunas personas de guardar cual tesoro conocimientos, funciones o responsabilidades. Ignorando que, lejos de ser una muestra de poder y competencia, es un reflejo de la inseguridad y el miedo a ser prescindibles, a que alguno de sus colaboradores sea mejor, a que alguien que no sea él. Ya sabes, “mi tesoro…”.

– Síndrome del “Psicólogo”: Como lees, del psicólogo como lector de mentes, como adivinador de pensamientos y predictor del futuro. Aunque con buenísima intención, hay personas que ocupan puestos de responsabilidad, cuyas artes adivinatorias les hacen saber (sin contrastar con los realmente interesados) el nivel de capacitación, preparación o interés de sus colaboradores. Casualmente, estos superpoderes siempre tienden a la creencia de que los componentes de su equipo NO quieren responsabilidades, NO saben hacer las cosas bien, NO están preparados… Y eso, es mucho más cómodo, aunque tremendamente agotador, que ponerse manos a la obra para dar forma a todo el talento que existe al alcances de sus manos.

– Síndrome de “La buena madre”: Al igual que en el caso anterior y con la mejor de las voluntades, en las organizaciones también existen personas con responsabilidad que intentan proteger a sus equipos. Y lo hacen con tanto esmero…que bloquean el desarrollo del mismo. Es habitual verles diciendo frases como “Ya tienen bastantes los pobres” o “Para eso yo soy quien más cobra”, con las cuales lo único que consiguen es generar limitaciones donde no las hay y dependencias innecesarias. Y el equipo por su lado, puede que deseoso de adquirir nuevas funciones y tareas como forma de sentirse valorados y mientras, la casa sin barrer…

 

Es posible que mientras lo hayas leído se te haya escapado alguna que otra sonrisa socarrona imaginando a cualquiera de tus (ex)jefes al lado de alguno de estos síndromes tan comunes. Conste que me haría una ilusión tremenda resultarte entretenida… Pero también es posible que alguien, en algún lugar, le haya venido tu cara a la mente al leer cualquiera de estos síndromes que nos alejan de una delegación eficaz.

Sea como sea, ninguna de las dos opciones tiene gracia. Así que háztelo mirar y no me hagas tener que inventarme otro síndrome, al menos, en lo que a delegación se refiere.

Imagen: Shutterstock