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Cuando la generosidad toma forma y tiene nombre de mujer

Los pasados días 8 y 9 de febrero Oviedo ha recibido la visita de Merce Roura, gracias a la propuesta de valor de Elena Arnaiz y al trabajo del fantástico equipo de Oviedo Emprende. Junto con Paula Sopeña, hemos compartido varias jornadas donde se presentó su libro “Cosas que debí decirte hace 100 años” y facilitó un maravilloso taller sobre “Comunica tu talento”. Gracias a todos por haberlo hecho posible y gracias por permitirme formar parte de ello!

Más allá de contarte la intensidad de las horas vividas, de los aprendizajes recibidos y de las miradas cómplices que se sucedieron a lo largo de esos días, quisiera compartir contigo lo que me llevo de la lectura de este libro y las reflexiones a las que me ha guiado.

Hablando con Merce en privado y viendo su capacidad comunicativa en público, pensaba en la coherencia de su marca personal, de su estilo y su impacto en las personas que estábamos presentes. Aunque parece que es algo natural y sin esfuerzo, te aseguro que detrás de esa aptitud para llegar a la gente hay muchas horas de preparación y superación, y lo mejor de todo, es que ella te lo cuenta sin tapujos.

Lo primero que me sorprendió de Merce al leer sus reflexiones es la generosidad que emana de cada uno de sus textos. En ellos, puedes descubrir la dificultad del ser humano, pero narrada en primera persona por ella, para superar las limitaciones, para darse cuenta de sus errores, para conseguir arriesgarse ante el inmovilismo de quienes la rodean. Y lo hace de la mejor forma que sabe, desnudando su alma sin pudor (aparente) y compartiendo con quienes la seguimos, su historia personal de cambios vitales. A veces roza lo íntimo, otras la descubres en un mundo soñado, pero …¿qué importa eso cuando te hace sentir que tú también puedes hacerlo? Gracias de nuevo, Merce por todo, por tanto.

 

“Ya nada fue lo mismo. Me volví imprudente, atrevida… Me reí de mí misma y de mis miedos. Me columpié en mis recuerdos amargos… Me salté mis códigos más barbaros…”

El virus de la osadía

 

Al seguir con la lectura de su blog y después de sus libros, me dí cuenta de que cada golpe de texto, era un continuo reto. Permanentemente consigue llevarte de una situación a otra y promueve en tí el deseo de mejora permanente, pero aliñado con grandes dosis de realidad donde no se olvida de contarte el esfuerzo y, muchas veces, el sacrificio que ello conlleva. En este momento, supe que sus pensamientos plasmados en papel eran mucho más que un simple libre de autoayuda, son ideas, deseos y acciones que te llevan a un grado de reflexión e identificación tan profundas que con sólo dirigirlos al lugar adecuado de tu vida, puedes obtener mucho más que el placer de leerlos. El reto al que me refiero, el duelo al que te enfrenta entre lo que eres y lo que quieres llegar a ser, es un camino que hay que recorrer, sudar y tropezar para descubrir que puede tener una meta asombrosa. Y si eres listo, no te lo llevarás solo al terreno personal, lo harás a nivel profesional y descubrirás que quitarse el abrigo no es tan difícil como parece, y que te permitirá quedarte en todas las fiestas que te apetezca.

 

No vas a soltarte y flotar? Notar que te invade la espuma y puedes porque quieres y brillas porque estás serena y compuesta. Que eres compacta pero si hace falta te articulas, te mueves, te deslizas…”

Quítate el abrigo

Si leyendo su libro había pensado que las palabras son importantes, disfrutando de su presencia, se confirmaron mis sospechas: el tremendo valor del lenguaje y la comunicación en la construcción de las relaciones, propias y ajenas. La forma de hablar, el estilo de comunicación y la exquisitez por la elección de cada palabra, forman parte del éxito y pulcritud de una persona. El lenguaje puede ser un arma de destrucción masiva, cuando por una mala elección decides usarlo contra tí mismo a través de un diálogo interno limitante y dañino. Pero también puede ser un afilado puñal contra el resto del mundo y las relaciones que destruyes, en lugar de construir, con navajazos lingüísticos e hirientes expresiones. Eres dueño de tus palabras y de tu forma de comunicar, y deberías saber cuanto antes, la importancia de los mismos en la generación de una realidad más cercana a lo deseas de lo que imaginas. Tus patrones lingüísticos y tu forma de comunicarte tiene mucho que ver en la manera en la que consigues generar el contexto en el cual desarrollar lo mejor de tí mismo. La inspiración para mejorar y usar el lenguaje como vía de desarrollo personal y profesional, obteniendo mejores resultados vitales, es otro de los regalos de estos días, de estas páginas.

 

“Y sobre todo, importan las palabras porque con ellas se construyen puentes, generan empatías. Importan porque convierten a la víctima en el dueño de su destino, porque generan oportunidades”.

Las palabras curan

 

No sé si es la última reflexión por ser la más profunda o la más importe, pero es la que más me emociona al compartir aquí. Y es la universalidad de las palabras de Merce… Me he sentido tan reflejada en algunos de sus textos, me he visto en la distancia en otros tantos y sé que pasaré por muchos de los que narra en su libro. He podido comprobar que muchas de las historias que vivo en primera persona y las otra que presencio en primera fila como espectador gracias a mi profesión, se repiten. No son exclusivas ni a tí ni a mí, sino que son un círculo vital en el que se mueve el ser humano que somos tú y yo, y que pueden ser plasmadas en forma de historias cortas, igualándonos a todos. Esa forma de igualar, de democratizar experiencias, hace que veas las miserias, talentos, potencialidades y dificultades de las personas. Porque a pesar de todo, y afortunadamente, nuestro lado humano prevalece siempre.

 

“Tanta insatisfacción por no poder llegar a ser la idea que tenemos de nosotros mismos y a veces de los demás es agotadora. …. El anhelo de perfección es un lastre. La perfección mata la motivación y las ganas. Mata los deseos y las pupilas inocentes”.

Insufrible perfección

 

Podría seguir contándote infinidad de aportaciones de esta experiencia en mi vida, pero prefiero que seas tú el protagonista de la tuya y que algún día, me cuentes, como yo lo estoy haciendo ahora, lo qué ha supuesto conocer en profundidad el alma de Merce Roura a través de lo que te ofrece.

Imagen: Oviedoemprende.es

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Cómo deshacerte de manera profesional de un parásito emocional en 10 sencillos pasos

Este no es un post cualquiera sobre personas tóxicas. Quizás uno más, pero no uno cualquiera. Para saber a qué me refiero tendrás que seguir leyendo hasta el final y no dejarte ni una sola palabra atrás…

Es cierto que, por lo general, no nos han educado sobre cómo generar vínculos o mantener relaciones sociales saludables, y que por lo tanto, vamos moviéndonos en este complejo mundo como podemos. En algunas ocasiones tenemos éxito y en otras no tanto, por lo que vamos dando tumbos y, con suerte, aprendemos por el camino cómo relacionarnos de manera exitosa.

 

La Doctora Lillian Glass, publica en el año 1997 el libro “Relaciones tóxicas: 10 maneras de tratar con las personas que te complican la vida”. Fue tal el impacto de esta obra, que 20 años después el concepto de persona tóxica florece muy a menudo en nuestra conversaciones. ¡Cómo nos gusta hablar de esas personas tóxicas que tanto nos estropean la vida y de las cuales debemos huir cual mofeta en celo!.

Voy ayudarte de manera muy práctica y rápida, y además como un auténtico profesional, a que te deshagas de esa persona tóxica que tanto te molesta y amenaza tu estabilidad mental:

1.- Ayúdala a ser consciente de su responsabilidad, de tomar las riendas de su vida. Y acto seguido, déjala sola en el camino que le toca emprender de nuevo con frases como “Eso es cosa tuya”, “A mí que me cuentas de tu vida”, “Yo no soy tu madre” (Bendita Jennifer López y su canción…) y cosas por el estilo.

2.- Hazla sentirse culpable de todo lo que le ha ocurrido, y de paso, ríete diciéndole que tú ya sabías lo que pasaría. Es lo que toda persona necesita escuchar cuando su mundo se derrumba y descubre que ella ha sido la principal precursora de ello.

3.- Llénate la boca con frases de Cohelo, de las que salen en las galletas de la fortuna y de las de las tazas de Mr. Wonderful. Y hazlo mientras montas un drama y te hundes porque hoy llueve y se te encrespa el cabello.

4.- Dile que es bueno aprender y mejorar cada día, saber que siempre podemos ser nuestra mejor versión. Pero ten cuidado, quizás se anime a apuntarse a alguna actividad interesante y quiera que la acompañes. Y tú ya vienes de vuelta de todo y no hay nada nuevo que te pueda aportar.

5.- Fomenta su autonomía y facilita su toma de decisiones, dicen que es lo que hay que tomar para empezar a ser feliz. Ah! Que no se te olvide pasar a ver a tu madre para recoger los tupper bien cargaditos el fin de semana, te estás quedando sin provisiones.

6.- Invítala a que amplíe su círculo de amistades, que conozca nuevos escenarios y aumente su red de contactos, que salga de sí misma. Aprovecha y díselo en persona, no todo se puede hacer a través del whatsapp o Facebook, y tú ya llevas varios meses sin salir de casa.

7.- Anímala a que pierda sus miedos, para que se lance a probar nuevos retos, a que fracase para saber lo que es el éxito. Puedes hacerlo mientras repasas el brazo desgastado del oso de peluche con el que duermes abrazado.

8.- Infórmala de que la mentira no lleva a ninguna parte, de que hay que aceptarse y quererse, de que hay que afrontar la realidad de manera valiente. Y hazlo cuando quedes con ella para contarle lo bien que te va con tu pareja, esa con la que has roto hace semanas y nadie sabe.

9.- Cuéntale que lo importante son las personas, los valores, el interior, lo que nos aportamos… mientras corres en la cinta del gimnasio, después de comentarle lo fácil que es la receta de los zumos detox y le pasas el enlace sobre las últimas tendencias en moda.

10.- Ayúdala a entender que criticar y quejarse permanentemente no es la solución a sus problemas. Pero intenta no mezclarlo con otros temas pendientes que tienes que hablar con ella, como son la separación del vecino del tercero, la manía que te tiene tu compañera de trabajo y lo difícil que es conseguir mejorar en el mundo profesional con la cantidad de enchufados que hay….

 

Ilustra a esa persona con todos tus conocimientos sobre psicología de la vida y de la calle, esas cosas que no se aprenden en las universidades y que vas extrayendo del día. Y hazlo para que lo aplique lo más rápido posible, pues no tienes ni tiempo, ni ganas.  Y si no eres capaz de ello… ¡Huye! ¡Corre cuanto puedas! Tienes enfrente a una persona altamente tóxica, y será un cargo en tu vida, ni se te ocurra plantearte qué tienes qué ver tú en esta historia ni en qué puedes ayudarla.

 

Moraleja: Cansada de leer y escuchar hablar sobre las personas tóxicas y siendo espectadora de la confusión que ello genera, me he decidido a compartir contigo mi visión sobre esta polémica forma de etiquetar a las personas.

No existen personas tóxicas, sino comportamientos, hábitos, situaciones, relaciones nocivas para cada uno de nosotros. Entre la importancia de detectarlos e intentar resolverlos y etiquetar a personas como tóxicas y apartarlas de tu vida de manera radical, puede haber un término medio.

Si huyes de todo aquello que te resulta doloroso, nunca aprenderás de ello. Si evitas aquello que te resulta perjudicial sin intentar asumir tu parte de responsabilidad ni cómo resolverlo, no comprenderás la forma de no volver a repetirlo. Estás boicoteando tu propio aprendizaje y capacidad creativa, estás limitando tu capacidad para gestionar relaciones y conflictos, y estás obviando que quizás, sólo quizás, seas tú ese parásito emocional del que tanto huyes.

Como dice Marcela Serrano en su libro Para que no me olvides: “En los tiempos de mi abuela nada se echaba a la basura. Tampoco la experiencia. Un beso era casi único en la vida y se atesoraba. El dolor se guardaba con rigor para no olvidarlo. Así aprendieron de él. En los tiempos míos, medias, dolores y besos, todo se consume, todo se rompe, todo se desecha”.

Tú decides qué hacer con esas personas, con los sentimientos que te generan y también decides si das otra oportunidad. Porque también has de valorar si nunca has tenido este tipo de comportamientos o te has visto involucrado en alguna relación dañina. Tú eliges si deseas deshacerte de personas o de comportamientos, si prefieres sentenciar para siempre esa relación o generar y facilitar aprendizajes para ambas partes.

En definitiva, tú eliges si ver belleza donde los demás, incluso tú por momentos, sólo ven despojos.

Imagen: pixabay.com

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Personas con alma. Jaqueline Madeira: P.A.S. (Personas Altamente Sensibles): mucho más que tres iniciales.

Jaqueline Madeira, es Doctora en Psicología, Especialista en Inteligencia Emocional y una de las profesionales de referencia a nivel nacional en P.A.S. (Personas Altamente Sensibles), un rasgo de personalidad caracterizado por una mayor actividad de procesamiento sensorial. Quienes poseen este rasgo, perciben y procesan las información sensorial de manera diferente.

Ella fue la primera #PersonaConAlma invitada a mi blog, y ni siquiera ambas sabíamos lo que suponía, tanto para ella como para mí. Han pasado tantas cosas en estos últimos 3 años que siento con la obligación de ponerle el nombre adecuado a este post y hacer visible de una vez por todas y para siempre, que su autora es Jaqueline Madeira.

Ella se centra tanto en los demás, que se olvida un poquito de sí misma (ya sabes que no me gusta nada eso, pero aún así, formas parte mi vida).

Ella ha dedicado horas de estudio e investigación a conocer este rasgo para ayudar a sacarle partido a quienes los poseen y aprender a vivir con él. Y lo hace a través de la psicología más rigurosa, con técnicas basadas en la inteligencia emocional y dirigido a la persona que quiere gestionar su cambio, pero también a todo su entorno.

Ella es una de las profesionales con mayor sensibilidad a la hora de trabajar la gestión emocional con niños, familias y adultos, para implantar programas de gestión emocional en una de los pilares del desarrollo: la educación. 

Ella, es una referente en muchas más cosas que todo esto que te cuento a nivel profesional, pero esa parte…me la reservo para mi propio disfrute. Te comparto tu faceta más visible, la privada es sólo decisión suya.

 


 

La imagen que representa el post me sugiere belleza, fragilidad, color y transparencia frente a un mundo rápido, confuso, borroso, y hasta caótico por detrás…, pero también dentro, ya que la condición de transparencia borra la distinción entre el exterior y el interior.

Y de esto precisamente vengo a hablar. Jessica, me brinda hoy la oportunidad de dar visibilidad a un rasgo de personalidad innato y recién descubierto. En la década de los 90, Elaine Aron, una Psicóloga americana, a través de la descripción de su experiencia personal y terapéutica descubrió que un porcentaje de personas son como ella, ALTAMENTE SENSIBLES (se calcula que en torno a un 20 % de la población). Este grupo de personas son conocidas desde la publicación de su libro como PAS, personas altamente sensibles. Desde entonces centra su trabajo en investigar y describir que es este rasgo, y que implicaciones tiene pertenecer a este grupo.

Cuatro son las características que inicialmente sirvieron para definir a las PAS, aunque conviene recordar que no todas las PAS son iguales y que cada una tiene un perfil propio de PAS entretanto sobre la misma base biológica común:

  1. Una alta capacidad de percepción sensorial, pueden percibir más olores y más sonidos de lo habitual, más intensidad en los sabores, darse cuenta de minúsculos gestos y contradicciones de las personas y sus emociones. Todo ello al mismo tiempo, lo que puede llevarles a una saturación, malestar o cansancio antes que los demás.
  2. Alta capacidad empática. De forma natural empatizan y vivencian el sufrimiento o la alegría de los demás como propios. La intensidad con que viven y sufren la crueldad y la injusticia puede llegar a sorprender. Ver y vivenciar la crueldad o la injusticia para las PAS es a menudo casi lo mismo, les paraliza, y les hace sufrir.
  3. Gran capacidad de reflexión. Las PAS son personas reflexivas, que constantemente están pensando, cuestionando y haciendo preguntas sobre el funcionamiento del mundo. Muchas de ellas, incluso de carácter existencial o hasta espiritual.
  4. Necesidad de momentos de soledad. Las PAS necesitan tener momentos de tranquilidad, refugiándose en el arte, la música o la lectura. Aunque también les gusta y disfrutan de la compañía de otras personas, buscan estar solas por momentos.

Además, pueden ser introvertidas o extrovertidas, son muy observadores pero nos les gusta ser observados lo que incluso puede afectar su rendimiento, les puede costar más tomar decisiones, se sienten molestos con situaciones violentas, son más sensibles a las críticas e intensas emocionalmente.

Da la impresión que las PAS nacen con un código moral y de valores ya aprendidos, como si supieran de antemano que es lo correcto, y sufren, por no entender que pasa en el mundo, con las contradicciones y mal hacer que son capaces de percibir desde muy pequeños.

Estudios e investigaciones neurológicas han demostrado que estas personas nacen con la parte derecha del cerebro más activa, y con un sistema nervioso capaz de captar un mayor número de estímulos y procesarlos con más detalles. Esto explica que perciban más olores, ruidos, y capten con más frecuencia detalles del ambiente, de las expresiones y gestos de los demás que a la mayoría de las personas pasen desapercibido. Estas características están presentes desde el nacimiento. Suelen ser bebés que lloran con más frecuencia, lloran por molestias a pequeños cambios de luz, temperatura, olor o ruido e incluso manifiestan más necesidad de contacto físico o de protección. A medida que van creciendo y pudiendo manifestar sus pensamientos sorprenden a su círculo familiar con preguntas y comentarios curiosos, considerados a menudo superiores a los que correspondería por edad. Incluso demuestran tener un conocimiento prematuro sobre sí mismos, o sus necesidades, nada común en niños pequeños. Las emociones las viven con tal intensidad que a veces abruma, sobre todo cuando se trata de emociones ajenas captadas y no comprendidas.

Volviendo a nuestra imagen…Pueden ser como una hermosa y frágil pompa de jabón. Grandes, con la belleza del color, y a la vez transparentes. Tan permeables que a veces se confunden con lo que esta fuera. Pero a diferencia de nuestra imagen, nada efímeros. Tienen dentro la ruta de un crecimiento personal que les empuja siempre hacia adelante. Aunque el intento de adaptarse al mundo puede desembocar en dificultades en forma de trastornos psicológicos, depresión, ansiedad o incluso somatizaciones. Esto es comúnmente una reacción al esfuerzo de intentar ver y sentir como los demás.

Y la pregunta es… ¿Por qué tener características tan, positivas y necesarias en el mundo actual, casi siempre genera tanto sufrimiento? En primer lugar, porque al ver y sentir de una forma diferente y minoritaria, los mensajes que se reciben desde pequeños es que esa forma de sentir es incorrecta, o demasiado compleja, e incluso, poco útil. En segundo lugar, por la intensidad de las vivencias: el mundo va demasiado rápido cuando necesitamos tranquilidad, demasiado egoísmo cuando necesitamos unión. El sufrimiento está casi siempre dado por el contraste con los valores trasmitidos por la sociedad, la educación y la propia vivencia interna. Es necesaria una reconciliación con el mundo que nos ha tocado vivir.

¿Qué hacer o qué es importante aprender?

Lo primero auto aceptación. Saber que es un rasgo con características que son en realidad regalos. Desarrollar el autoconocimiento es fundamental para sacar partido a las ventajas del rasgo y aprender a gestionar el estrés de las situaciones que no podemos cambiar o controlar. Es necesario equilibrar el exceso de estímulos, aprender que las diferencias se complementan, que podemos aprender unos de los otros y que cada visión aporta. Y que podemos desarrollar la necesaria RESILIENCIA. Pero sobre todo disfrutar, disfrutar mucho del silencio, de la naturaleza, del arte, de la música y de la capacidad que tenemos de vivir desde el corazón…

¿Quieres saber más? Pues acompáñanos en esta bonita aventura que empieza, un proyecto de PAS para Asturias. Os invitamos en los días 16, 17 y 18 de febrero en Oviedo, en la Facultad de Psicología a descubrir más de la mano de Karina Zegers de Beijl, presidenta de la Asociación PAS de España y máxima representante de este rasgo en nuestro país. También será emitido el documental SENSITIVE realizado por la doctora Aron, a partir del cual empezaremos un grupo de estudio. ¡Os esperamos!

Imagen: Pixabay.com

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La selección que viene: los 5 tips de la entrevista emocional

Si en la gestión de personas hay una máxima que se cumple es la de “Se contrata por las APTIDUES, y se despide por las ACTITUDES”, ¿qué puedo hacer durante el proceso de selección para predecir con mayor exactitud que el candidato será el adecuado? Indagar sobre sus competencias e ir un poco más allá, en las competencias emocionales. 

La lectura del cv y las preguntas sobre la experiencia, se ha quedado anticuadas hace tiempo en el proceso de selección. La entrevista por competencias, o entrevista conductual aporta más valor e información sobre lo realmente importante en la persona: la habilidades y aptitudes del candidato.

Actualmente hay un tipo de entrevista, en la que se trabajan las competencias o respuestas basadas en posibles conductas ante acontecimientos que tienen relación directa o indirecta con las funciones del puesto o la organización para la que se postula. Pero quiero cruzar esa línea, ir un poquito más allá, e intentar detectar la capacidad emocional del entrevistado en lo que será su futuro puesto a través de lo que yo llamo la entrevista emocional (basada en los componentes de la Inteligencia Emocional propuestos Daniel Goleman),

Te cuento cómo lo hago, por si te sirve de ayuda en tu búsqueda de empleo o en tu trabajo como seleccionador. ¿Empezamos?

Tras analizar el cv y ver que perfil en caja con el puesto (para ello deberás tener claro la DPT, y si no es así, ya vas tarde…), preparo la entrevista con cuidado y diseño posibles situaciones que se puedan dar en su puesto de trabajo en las que pueda valorar los siguientes aspectos:

  • Autoconocimiento: creo contextos reales, tanto laborales como informales, en los que la persona que tengo en frente deba poner a prueba su capacidad para percibir los propios sentimientos, identificarlos y ponerles nombre. No busco a eruditos del diccionario emocional, busco a personas que conozcan sus emociones y me cuenten cómo las detectan y las denominan. Según la pericia del entrevistado, podría hasta trabajar su comprensión emocional, indagando sobre su capacidad para identificar los motivos que subyacen a dichas emociones.
  • Autocontrol: siguiendo en la misma línea, propongo varios escenarios laborales y cotidianos, donde el candidato pueda explicar su capacidad para gestionar las emociones que le generan. Aquí trabajo las emociones desde el punto de vista de su intensidad (alta o baja, siendo la ira una emoción con alta intensidad) y de su carga (positiva o negativa, siendo la ira una emoción con carga negativa).
  • Motivación: en esta parte lo que trabajo con el candidato es su capacidad de enfocarse hacia el logro de objetivos y su forma de hacerlo, de superar fracasos y asimilar aprendizajes emocionalmente intensos. Me gusta trabajar también la competencia de motivar a otros, si posee o no habilidades para transmitir pasión y dirigir hacia otros hacia los objetivos, sin tener que ser necesariamente un líder.
  • Empatía: en este apartado, intento navegar con el candidato en las aguas de las emociones ajenas y detectar su capacidad, pero principalmente su interés, por comprender las experiencias emocionales de los demás. Pero también me gusta saber el uso que le daría a esa capacidad, tanto en situaciones laborales como en otras del día a día.
  • Habilidades sociales: y por último, trabajo varias competencias necesarias para el éxito social. Aquí solamente trabajo 2 o 3 para no alargar mucho el proceso y no agotar al candidato, y su elección depende de los requisitos del puesto. Investigo sobre la capacidad para resolver conflictos físicos y verbales o su habilidad para negociar, buscando encontrar aquello más acorde a lo que necesita la organización y el candidato posee actualmente o puede desarrollar en un futuro.

Espero haberte ayudo en cualquiera de las situaciones en las que te encuentres, pero recuerda una cosa muy importante: puedo diseñar las preguntas y crear las situaciones, pero las respuestas están en la otra parte. Y unas veces encajan con lo que se busca, pero otras no…. Así que, seamos lo más sinceros posibles con nuestras emociones.

Imagen: Pixabay.com

*Artículo publicado originalmente en La Nueva Ruta del Empleo.

 

 

 

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¡No quiero ser Steve Jobs!

¿Por qué nos recomiendan marcar la diferencia y crear valor, y por otro lado, nos invitan a ser clones? Incoherencias del mercado la laboral y de la vida misma…

*En contra de lo que pueda parecer, Steve Jobs es para mí un referente como empresario de éxito y persona que supo luchar por sus ideas, un ejemplo a seguir.

Se acerca la Navidad y todos estamos cargados de buenos propósitos e intenciones positivas, de recomendaciones que suenan mejor según las decimos que el plantearnos hacerlas.

Por ese motivo he dudado de la temática del artículo, pero no puedo ir en contra de mis instintos creativos y de lo que realmente me apetece compartir esta semana. Siguiendo los principios de la asertividad, que guían una comunicación directa, sincera y respetuosa, me he tomado la libertad de hacer uso de uno de los derechos asertivos básicos: tengo derecho a no estar de acuerdo y expresarlo. Y en esas estoy…

¡No quiero ser Steve Jobs! Estoy cansada de títulos de libros y artículos donde aparece su nombre, recomendaciones en todas partes de cómo parecerse a él y llegar a conseguir sus éxitos, de cómo logró sus objetivos para que todos lleguemos a conseguir los mismos… Y es ahí donde me entran las dudas: si el mercado laboral me pide que me diferencie, que cree valor ¿cómo es posible que en cada artículo y post que lea, me recomienden ser como Steve Jobs? ¿Soy yo la única que encuentra cierta incongruencia?

De ninguna de las maneras quiero ni puedo ser como Steve Jobs, por el simple motivo de que no he vivido lo que él ha vivido, ni sentido, ni percibido, y por lo tanto es físicamente imposible. Pero además, en el caso de que lo quisiera ser, ¿lo quiero porque me apetece y puedo o porque el mercado laboral me empuja a ello? No puedo engañarme a mí misma (ni puedo permitir que los demás lo hagan) haciéndome creer que puedo llegar a ser alguien que no sea yo. Es tan sencillo y al mismo tiempo tan complejo… Quizás sería más adecuado, aunque más doloroso y complicado, que nos ayudasen a encontrar el equilibrio entre lo que somos, lo que el mundo quiere y lo que realmente podamos llegar a ser. Que las recomendaciones y pautas vayan más en la línea de aceptar las limitaciones, saber vivir con ellas y sacar partido a lo mejor de uno mismo. De mejorar todo lo posible, de adaptarse a lo que se demanda, pero en base a mis motivaciones, no con las que tuvo Steve Jobs.

Con esto no quiero decir que las historias de personas exitosas no nos alienten a seguir adelante, a crecer y aprender de sus experiencias, pero no nos engañemos: cada cual es cada cual. La parte positiva de todo esto, es que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, perfectamente imperfectos, como un diamante con aristas por pulir y deslumbrar. No nos empeñemos en ser quienes no somos, ya que nuestras aspiraciones son propias e intransferibles, además de dinámicas a lo largo de la vida y por lo tanto, no tienen por qué ser las de Steve Jobs. Cada uno de nosotros tiene un propósito de vida, que a veces cuesta descubrir, y ese propósito es nuestro, de nadie de más.

Por ello, también me gustaría compartir (que no aconsejar) sobre lo que a mí me ha ido funcionando a lo largo de estos últimos años a la hora de conseguir objetivos:

  • Conócete: pasas todo el día contigo mismo, tienes tiempo más que suficiente para conocerte, valorarte, discutir aquellos aspectos que no te gustan, los que hay que mejorar y adaptar, pero también para saber en lo que eres bueno, lo que haces mejor que muchos o incluso que nadie.
  • Acéptate: después de saber quién eres, admite en lo que quieres y puedes cambiar, ponte objetivos alcanzables y busca tu mejor versión. También admite aquello en lo que no estás dispuesto a negociar con nadie, en lo que te encanta y forma parte de tí.
  • Muéstrate: dile al mundo que estás ahí, enseña todo lo que puedes ofrecer y aportar vayas donde vayas, sin temores, sin dudas. Y lo harás bien, porque lo harás convencido de que eres tú mismo, y no un personaje creado para la ocasión.

Y tú ¿quieres ser como Steve Jobs o crearte tu propio camino?

Imagen: pixabay.com

Artículo originalmente publicado en La Nueva Ruta del Empleo.

 

 

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Lágrimas del desempleo

 

Hace un par de semanas tuve la suerte de formar parte de un evento por la empleabilidad en Oviedo, promovido por empleOviedo, el Ayuntamiento de Oviedo y La Nueva Ruta del Empleo.

Fue un día lleno de emociones y nervios, de poner cara a muchas personas que conoces a través de las redes, lo que llamamos desvirtualizar, pues eso, que me pasé la mañana desvirtualizando. Fue una jornada intensa compartida con compañeros y profesionales del sector, con instituciones públicas y políticos, pero sobre todo con personas en desempleo.

Me encontré con miradas llenas de sorpresa e ilusión, de grupos de jóvenes estudiantes que se enfrentan por primera vez al tema del empleo, aunque sea a través de una jornada dinámica sobre cómo superar una entrevista de trabajo.

Me crucé con personas cargadas de esperanza de encontrar nuevos horizontes laborales, mejores que en el que se mueven actualmente y sabiendo que algo bueno les espera a la vuelta de la esquina.

Y también me tropecé con personas que caminaban mirando al suelo, a sus pies y me costaba ver su expresión. La intuía, pero no la veía con exactitud. Esas fueron las personas que más me interesaron, esas eran las auténticas protagonistas del evento, al menos, para mí.

Te hablo de los “parados de larga duración”, de las personas que llevan meses, años sin trabajar. Te hablo de aquellos que han perdido el control de su vida, de los que sienten que ya no sirven para nada, de los que sienten que sólo dan tumbos de aquí para allá sin sentido. Esos fueron mi verdadero objetivo.

Hablé con más de uno y de dos, si me apuras, pero me gustaría compartir contigo en especial la conversación que mantuve con uno de ellos en la terraza del Calatrava. Se trata de un hombre, con estudios universitarios que llevaba trabajando toda su vida profesional en lo que le gusta, en una empresa familiar haciendo lo que mejor sabe hacer. Y circunstancias de la crisis, la cual su empresa no pudo superar, lleva un año sin trabajar. Se emociona al contarme que es el “aniversario” de su paro, que hace un año que no trabaja y que no sabe cómo salir de esa situación.

Llora al admitir que no le falta el dinero, todavía le queda un año más de paro, tiene recursos y apoyo emocional para superarlo… pero aún así, se siente tan inútil… Ya no vale para nada y siente que nunca volverá a conseguir otra oportunidad, porque él es lo que es su trabajo y su trabajo ya no existe. Comprendo sus lágrimas, le abrazo y consuelo como puedo, porque cuando crees haber perdido una parte de tí, supone un duelo más. Y aquel hombre, estaba en pleno proceso de duelo por lo que fue.

Abraza su carpeta llena de papeles con anotaciones esperanzadoras recogidas durante toda la jornada y se va, balanceándose lentamente. Y mientras se aleja, veo como mira de nuevo hacia el suelo, en busca lo que ha perdido.

La situación de desempleo hace mucho más daño de lo que te imaginas. Rápidamente piensas en el dinero, en el día a día, en subsistir, y es normal porque hay prioridades que determinan tus necesidades. Pero más allá de conseguir pagar una hipoteca o un alquiler donde vivir, y tener una nevera que no dé pena al abrirla, también hay otros aspectos importantes a tener en cuenta en el desempleo.

Cuando llevas mucho tiempo sin empleo, te vuelves más frágil e inseguro. Tu imagen, tu autoconcepto se desvanece ya que has perdido parte de tu esencia con el trabajo que desempeñabas. Cuando trabajas, eres algo más que una nómina o un número, te transformas en compañero, en jefe, en auxiliar, en ayudante y haces cosas, sirves para algo, eres productivo y aportas, por poco que te pueda parecer en muchas ocasiones. Pero cuando no trabajas, pierdes todos esos roles, dejas de ser todas esas cosas que eres y haces cuando trabajas.

Además, la sociedad, los que te rodeamos, te hacemos sentirte mal, con miradas de desdén y reprobación, pareciese que no trabajas porque no quieres. Te sientes mal por sentirte una carga para esa misma sociedad, ya sean tus padres, tu pareja o tus amigos, y todos sabemos que sentirse una carga no mola para nada.

Cuando estás ocupado, lo estás a nivel laboral y a todos los niveles, es una rueda en la que entras y la que, a pesar de las dificultades del mundo laboral, te gusta estar, nos gusta estar. Porque eres valorado por lo que haces, por la empresa a la que perteneces, por la categoría por la que cobras y por la que cotizas, y eso es objetivo, ¿a ver quién te discute eso a tí? Pero ¿cómo se valora las horas que miras ofertas de trabajo en las webs o las que te pateas polígonos con tu cv en mano? ¿Y todos los networking o charlas a las que has ido? A eso, no se le da el mismo valor, seamos sinceros, por eso lloras y piensas que ya no vales para nada, pero no es así.

Yo te aseguro que vales, y mucho, desde el mismo momento que vienes a este evento con una carpeta en la mano y te pasas la mañana de sala en sala buscando ideas y caras conocidas, desde el instante en que me saludas y me recuerdas que sigues en la misma situación que hace un año y que no lo llevas bien. Vales muchísimo porque no te cuesta emocionarte y llorar conmigo, porque te sientes un pelele en manos del destino y un tanto egoísta por saber hay personas que lo están pasando mucho peor. Vales mucho a pesar de necesitar la permanente valoración y apoyo de quienes te rodean, incluso siendo dañinas en muchas ocasiones, las necesitas, porque te importa tu gente. Créeme, vales mucho… Porque todo esto por lo que te digo que vales, es lo que te hace ser tú y eso no desaparece con los puestos que hayas ocupado o vendrá con los que vayas ocupar, todo esto que yo valoro es lo que eres, y depende única y exclusivamente de tí.

No permitas que el desempleo haga más daños de los imprescindibles, ya son suficientes. Eres mucho más que lo que fuiste algún día ocupando una silla en un despacho, no lo olvides.

Fuente de la foto: pixabay.com

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Mi vientre…

Mi vientre…

Este podría ser mi vientre, un vientre que ha sentido mariposas cuando se enamoró por primera vez hace más de 20 años y que todavía las siguen sintiendo a día de hoy. Un vientre que ha sido rodeado por brazos amorosos y ha sido sujetado por fuertes manos cuando lo he necesitado. Un vientre que ha crecido albergando un maravilloso ser que da (más si cabe) sentido a mi vida día a día. Un vientre que se ha llenado de las deliciosas comidas que prepara mi madre y que ha disfrutado de manjares en diferentes continentes. Un vientre cuya piel se ha deleitado con el tacto del sol en verano y la calidez de una manta en el frío invierno.

Sí, este podría ser mi vientre, pero yo soy mucho más que un vientre. Ya sea plano, redondeado, tonificado, flácido, con o sin estrías, soy mucho más que vientre. Soy la persona que se ha enriquecido de todo lo que le ha permitido vivir ese vientre, por eso me pregunto ¿me vas a juzgar por mi vientre o vas a ver más allá?

Mi cuerpo es una maravillosa máquina perfectamente imperfecta que me permite ver, caminar, respirar, digerir, aprender… Mi cuerpo es el envoltorio que me posibilita llegar a donde quiero llegar, que me avisa de un sobreesfuerzo y me indica hasta donde puedo resistir, es un medio de transporte hacia mis metas vitales. Y por ello debo cuidarlo, mimarlo, y sobre todo respetarlo.

Este reflexión no es fruto de un día ni de una conversación de cafetería, esta reflexión viene de años en los que he ido abrazando con fuerza, pero sin saberlo, la tiranía de la estética actual. En mi niñez y adolescencia parecía que nunca daría la talla (mido 1,55 cm), y siempre me rondaban adjetivos calificativos como “bajita”, “poca cosa”, “menudita” que posteriormente venían acompañados de un “disculpa, espero que no te lo tomes a mal”. Siempre he pensado que uno no puede ofenderse por un hecho objetivo como es en mi caso la estatura, pero ¿por qué me valoraban y, además me calificaban, en base a mis centímetros? A medida que fue pasando el tiempo, se fue quedado en un cajón guardado, superé mis complejos y viví feliz con mis “poco más de metro y medio”. Puedo contarte que viajo muy cómoda en todo tipo de transportes públicos y me sobra espacio para estirar las piernas, compro mucha de mi ropa en la sección de niños con el consiguiente ahorro económico y además, nunca me piden que sea yo la que coja las cajas de las estanterías más altas. Es decir, vivo muy feliz en estos centímetros y además, me veo estupenda.

Pero hace 4 años por estas fechas, me quedé embarazada y sentí tanta presión de todos lados, que ese cajón que estaba cerrado, se volvió abrir. Y volví de nuevo a abrazar la dictadura que me acompañó durante tantos años en mi vida, con la diferencia de que ahora ya soy una persona adulta y madura, con otro tipo de prioridades, pero aún así, me afectó. Me dejé llevar por los “cuídate y no engordes”, por las amenazas de las matronas de no engordar más de un kilo por mes (cuando cada mujer es un mundo y por ello su embarazo), por los “a ver si tienes suerte y vuelves pronto a como estabas”. En ese camino, los medios de comunicación me ayudaron poco, dando visibilidad a personajes famosos que salen del paritorio mejor que antes de su embarazo y felicitando a las mujeres cuya asombrosa recuperación en 3 semanas le permite entrar en los pantalones del año anterior.

Y esta vez, no sólo por mí, sino por mi hija y por todas aquellas personas que hayan sentido esa presión y tiranía a la que me refería antes, me niego a que me valoren sólo por mi vientre. Soy mucho más que eso: soy hija, soy madre, soy psicóloga, soy amiga, soy esposa, soy vecina… soy una persona y no quiero que me evalúen únicamente por este embalaje que me hace estar y sentirme viva. No quiero me que nadie me dicte las medidas perfectas que debo tener, ni los peinados que tengo que lucir; no quiero que me avasallen con dietas milagro para adelgazar 5 kilos en una semana o cómo conseguir un vientre plano. Porque esas medidas perfectas, lo son ¿para qué y para quién?. Esas dietas milagro ¿sirven para tener una vida saludable y a todos por igual?.

Voy hacer todo lo posible porque mi cuerpo esté sano, y por ello tenga una imagen saludable. Haré todo lo posible por mantenerme vital y disfrutar de todos los atardeceres posibles y todas las risas de mi hija, de recibir todos los besos y abrazos que sean para mí, de seguir aprendiendo y ser mejor persona. Pero por favor, no me juzgues sólo por si tengo el vientre plano y firme, si no llego al 1,60 o mi pelo sigue sus propias reglas. Recuerda que soy mucho más que eso, recuerda que tú también eres mucho más que eso.

Fuente de la foto: www.jessicabuelga.com

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La sinceridad está sobrevalorada

Hay determinados personajes públicos, y digo bien personajes porque para calificarlos como personas tendrían que cambiar mucho las cosas, que han hecho mucho daño. Y lo han hecho de una manera, aunque sus formas digan todo lo contrario, tan sutil, tan lentamente, que sin darnos cuenta, está tan dentro de algunos de nosotros, que ni siquiera somos conscientes de ello.

Hemos ido permitiendo que sus “ideas” calen en nosotros y hemos hecho de sus aberraciones nuestra bandera. Me gustaría compartir contigo uno de los que más molesta, tanto por su forma como por su contenido, y sobre todo porque se ha convertido en lema de un nutrido grupo de personas con el que convivimos: la sinceridad.

Desde pequeños nos han educado en el valor de la sinceridad y la honestidad, a no decir mentiras por el daño que pueden llegar a causar. Hemos ido aprendiendo que las falsedades tienen consecuencias negativas para quienes los realizan y para quienes son objeto de ellos… Creo que hasta ahí todos lo tenemos claro, al menos en mi caso.

Pero poco a poco algo ha ido cambiando en la sociedad, y han aparecido determinados tipos de personajes en los cuales su estandarte es la sinceridad, y discúlpame, han hecho y hacen, mucho daño. No voy a poner nombres, confío en tu imaginación para que los identifiques rápidamente, y los vayas situando a lo largo de esta lectura.

Ese estandarte que empuñan con tanto orgullo y valentía está mal definido y peor denominadoNo es sinceridad: es falta de educación y de respeto, es crueldad, es en definitiva ignorancia. Y me gustaría explicarte como veo yo las premisas de una sinceridad socializada, necesaria pero al mismo tiempo respetuosa:

– “Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir…” : más de uno y de una deberían escuchar esta joya de los 80 de El último de la fila. A veces, si no tienes nada que aportar, o la forma en la que lo vas hacer crees que no es la adecuada… cállate. El silencio es una forma más de comunicarse y hay que saber entrenarlo y usarlo. Quizás ese es el momento, aprovecha!

– No hagas daño gratuitamente: no puedes escudarte en la sinceridad para infringir daño o maltratar a otra persona por el simple hecho de que para tí es un “dato objetivo”. Existe una herramienta que forma parte de las habilidades sociales llamada asertividad, te invito a que la busques en internet o algún manual, te será de gran ayuda ;).

– Opina cuando te pidan opinión: existe un mal endémico en nuestros días, y es que todos sabemos de todo. Por ello, cuando conversas con alguien y sin que te pida tu opinión al respecto, vas y opinas… Pero si la otra persona solamente quería contarte algo que le había ocurrido o pensado, le interesa tanto tu opinión como a ti su historia: nada!.

– Juzga y valora tras conocer, al menos, parte de la historia: y ya puestos a opinar, ¿por qué no juzgar? Así de paso te quedas tan ancho y como es lo que piensas y para tí es la verdad ¿quién tiene derecho a llevarte la contraria? Yo juzgo porque sí, y punto! Creo que estás equivocado, ya que la verdad es uno de los aspectos más relativos de la vida. Sería interesante que comenzases a plantearte si verdad de los otros también existe y es la misma que la tuya.

– Descalificar e insultar no es sinónimo de sinceridad: insisto de nuevo en la asertividad, que supone la habilidad para defender los intereses y opiniones propios, respetando los de los demás. Si no eres asertivo, aprende, y si te cuesta, mientras tanto no insultes. Además ser una falta de respeto, es un claro indicador de cual es tu nivel de educación, piénsalo.

– La guinda del pastel“Es que yo soy así, y me apetece decirlo” unido a “Si no te gusta, te aguantas porque es la pura verdad”. Esta es la fórmula magistral en la que se apoyan este tipo de conductas y pensamientos, cuyo argumento se desmorona al mínimo atisbo de empatía y cercanía. ¿Te gustaría que los demás te dijesen eso a tí? ¿Y te gustaría que, además, lo hiciesen de esa forma? ¿Cómo estás haciendo sentir a esa persona que tienes enfrente al “soltarle” tu verdad a bocajarroEmpatiza, verás como las reglas del juego cambian.

Estas “recomendaciones” son fruto de mis propias meteduras de pata y de la falta de empatía que he tenido en algunas ocasiones, por lo que quisiera aprovechar para pedir disculpas a todas esas personas a las que les he dicho esas innecesarias o desafortunadas “verdades como puños”. A todas ellas, mil disculpas, sabed que ahora pienso que la sinceridad, la descarnada y cruel…está sobrevalorada.

Artículo originalmente publicado en Dreamscoachtrue.com.

Fuente de la foto: sacredsexyu.com

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Queridas vacaciones…

En unos días (exactamente cuatro!) me quedo de vacaciones, como muchos españoles, como tú. Incluso a estas alturas puede que ya lo estés o a punto de estarlo.

Pero a pesar de que todavía no lo estoy, hace semanas, incluso tengo la sensación de que son meses, los medios nos inundan con posts sobre las vacaciones. Te recuerdan qué hacer, cómo sacarles partido, qué aprovechar y qué no, a dónde ir y con quién… para luego más tarde, saber gestionar el síndrome postvacacional a su vuelta. No se a tí, pero a mí, todo esto comienza a generarme tanto o más estrés que el día a día…

He leído en algún lugar, seguramente dicho por alguien importante (no es con tono irónico, de veras), que debemos un buscar un trabajo que amemos tanto que no deseemos que llegue el viernes ni las vacaciones. Un trabajo del que no necesitemos ni busquemos desconectar porque sea nuestra pasión y nuestra vida. Te aseguro que a mí el mío, me encanta, lo disfruto y aprendo cada día, cosa agradezco enormemente, me da muchas satisfacciones y me hace feliz. Pero también tengo otras pasiones: mi familia, mis amigos, mi tiempo libre, yo misma. Y necesito tiempo para esas otras pasiones, necesito reponer fuerzas y equilibrar cada uno mis roles, así que admito abiertamente y sin miedo: necesito vacaciones!

Como te decía, en unos días me quedaré de vacaciones, y como no me gustan las lecciones ni los consejos, prefiero contarte lo que voy hacer yo en las mías, frente a lo que me piden la mayoría de artículos, año tras año:

– Aprovecha las vacaciones para leer y aprender cosas nuevas: O no, porque este verano pienso dedicarme a estar en los lugares que me apetece, sin leer, sin móvil, disfrutando y saboreando de cada momento, de cada conversación, de cada mirada. No leeré artículos, ni libros, ni entraré en las RRSS, no voy a aprender nada nuevo, más allá de los olores, sabores y sensaciones que perciba en mis vacaciones. No pienso memorizar más que los sonidos del ambiente o las imágenes que pasen ante mí durante esos días.

– Gestiona bien tu tiempo y sácale partido: O no, quizás sea mejor gestionar mis emociones y mis necesidades, hacer lo que me apetezca, sin reloj, sin prisas, sin horarios establecidos. Comeré cuando tenga hambre, despertaré cuando ya no tenga sueño (o me despierte mi hija…), me acostaré cuando esté cansada. Voy a levantarme por la mañana e intentaré no hacer nada “productivo”, sin nada planificado e iré dejándome llevar en cada momento por lo que me plazca..

– Conoce lugares nuevos: O no… En este caso yo me voy a un lugar que no conozco, pero es una zona muy visitada en otras ocasiones ¿Motivo? Busco el mismo ambiente, el mismo clima, la misma gente. Pero podría haberme quedado en mi casa, en mi tierra, o viajar a lugares que ya conozco y donde me siento cómoda. Mis vacaciones son para ir a dónde quiera, no a dónde vayan los demás o esté de moda: mi tiempo, es mío.

– Planifica tu viaje con antelación y ten siempre un mapa cerca: O no… Voy a ir un lugar que no conozco, y lo haré sin planos ni mapas (ni GPS…). Preguntaré a los lugareños, me perderé por caminos y me encontraré con lo inesperado, y además, me encantará. Escucharé recomendaciones de primera mano de dónde ir a comer, tomar un café o ver una puesta de sol, y lo haré en primera persona, para poder agradecer de manera cercana, que es como a mí me gusta.

– Revisa tus tareas pendientes y aprovecha para programar el resto del año: O no… Definitivamente, no! Me voy a descansar, no a estar con una agenda en la mano o el móvil para anotar la planificación de los meses próximos. Voy a disfrutar de mi familia, a descansar, a ver pasar las horas y mirar al infinito, y eso no es compatible con gestionar mis tareas pendientes y planificar las próximas.

­– Aprovecha las vacaciones para tu crecimiento personal y usa tu inspiración veraniega para escribir: O no… ya me paso todo el año en permanente desarrollo y buscando la inspiración en cada instante. Ya empleo mucho tiempo del día a día en estar con la libreta cerca por si surge algún tema interesante sobre el que reflexionar y compartir. Por lo que en estos días, dejaré que ese crecimiento y aprendizaje de meses atrás, fluya, se deje sentir, y lo disfrutaré. En cuanto a la inspiración, confiaré en ella, y si algo es lo suficientemente bueno, podrá esperar al mes de agosto.

En definitiva, son tus vacaciones, tu tiempo, tu vida. No me escuches a mí ni a nadie: haz lo que te apetezca, vete a dónde y con quien quieras, disfruta de lo que puedas, y no te dejes aconsejar. Yo, haré lo propio con las mías. Nos vemos en agosto!!!!

Fuente de la foto: Pixabay.com

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Mi buena estrella

Hay personas que dicen que la buena suerte existe, y yo soy una de ellas. Pero no la buena suerte que cae del cielo, o la que se basa en el destino o la casualidad. Creo en la buena suerte que se crea y se construye día a día, en la que tiene una base real de sueños que se convierten en objetivos a golpe de fecha en el calendario.

Creo en la buena estrella, creo en mi buena estrella…

Cuando comencé a escribir este post, lo hice desde la visión más objetiva que te puedas imaginar. Con un titular, un desarrollo y unos puntos basados en recomendaciones para hacértelo más fácil. Pero a medida que el texto avanzaba, me di cuenta de que estaba escribiendo un agradecimiento en voz alta a todas aquellas personas que han hecho que hoy pueda hablar de mi buena estrella. Y entonces, me dejé llevar.

Me gustaría compartir contigo aquellas cosas que, vistas hoy desde la distancia, con perspectiva y tranquilidad, son la causa de que pueda considerarme afortunada. No todo el tiempo, no ante cualquier circunstancia, pero sí la mayor parte de mi vida me he considerado así: una persona con suerte.

En la base del éxito para conseguir objetivos en la vida, he descubierto que hay una serie de constantes que se repiten, tanto desde mi propia experiencia como la de las personas que ha depositado su confianza en mí a lo largo de estos años. Te las cuento por si pudieran servirte, estoy segura de que al menos, te harán reflexionar:

Sé dueño de tus decisiones y también de sus consecuencias: arriésgate a dominar por completo tu vida y crear oportunidades que no llegan, disfruta de los éxitos que consigas y aprende de los errores cometidos. Todo habrá sido fruto de tu determinación, y eso en un éxito en sí mismo.

Comparte momentos y experiencias: mi buena estrella ha sido siempre saber elegir las personas con las que compartir mi vida. Tengo una gran familia que me apoya y que es grandiosamente imperfecta, comparto vida y sueños con un maravilloso marido desde hace más de media vida, y desde hace 3 años, compartimos el proyecto de nuestra vida: ver crecer a mi hija Alba. Pero mi buena suerte, no se acaba aquí, pues poseo amigos, con mayor o menor antigüedad, que me aportan todo aquello de lo que carezco y siempre suman.

Aprende de los demás y hazlo de manera continua: desea aprender y crecer siempre, no te canses. Busca personas interesantes que te aporten y a las cuales aportar, intercambia conocimientos y experiencias. Eso te hará más grande, mejor persona y eso deberá formar parte de tu búsqueda de la excelencia.

Date tiempo para superar lo que te ocurre y escapa de tu control: no todo sale bien, no siempre se consigue lo que se desea, y eso es algo que debes aprender cuanto antes. Aquellas cosas que no entren dentro de tu responsabilidad y de las cuales no tengas el control, puede no se lleguen a conseguir nunca. Prueba, observa, experimenta, busca alternativas… y cuando descubras que ya no depende de tí, asúmelo y date tiempo para superarlo. Esto ocurre con los objetivos, los acontecimientos y las relaciones, forma parte del aprendizaje de la vida.

Rodéate de personas que den luz: busca personas que iluminen tus días. Ya sé que puede parecerte un tanto cursi, pero te aconsejo que pruebes. Busca tener en tu vida personas que te inspiren, que te inviten a ser mejor, que sepan más que tú, descubrirás el placer de disfrutar de sus éxitos y de estar cerca de esa luz que desprenden. No es tuya, pero formas parte de ella de alguna manera, ¡qué gran regalo!

Deja ir a quienes no te aportan: al igual que en el caso anterior debes buscarlas, aquí tienes que dejar ir a esas personas. A veces es cuestión de tiempo, otras de que las circunstancias que os unieron un día ya no existen. Lo importante es que ya no sumáis en vuestras vidas y podéis impedir el uno al otro encontrar a quienes sí lo hagan. Te estoy hablando de trabajos y relaciones profesionales, pero también de relaciones personales. Si no aporta, suelta lastre; si no suma, deja ir, déjate ir. Aunque duela, es lo mejor para ambas partes.

– Acepta el cambio como parte de la vida: cada día que pasa eres diferente al anterior y, afortunadamente, nos pasa a cada uno de nosotros. El cambio constante requiere de un esfuerzo permanente para ser aceptado, pero es algo necesario y que te hará mejor, siempre que tú lo quieras ver así. Aprende a asumir los efectos del paso del tiempo y la repercusión de tus actos, en ti y en los demás, la vida te resultará mucho más fácil de entender.

Agradece lo que tienes y te has ganado y lucha por lo que quieres conseguir: todo lo que eres y has conseguido tiene un motivo, agradece poder haber llegado y disfruta de tus triunfos, vívelos. Pero no olvides seguir luchando por lo que quieres hasta donde te permitan tus fuerzas, sin olvidar saborear las victorias que has ido sumando en el camino.

Como te dije al inicio, este post fue tomando poco a poco forma de agradecimiento. Detrás de cada punto tratado, hay una persona, una vivencia, una circunstancia vivida por mí o por alguien que me permitió estar cerca en esos momentos. No puedo poner nombres, no acabaría nunca, pero yo sé quienes son y eso hace que tenga muy claro el motivo de mi buena estrella: todos ellos son mi buena estrella.

 

Y tú ¿puedes poner nombre a tu buena estrella o dejas todo en manos del destino?

Esa buena estrella ¿está en ti o en los demás?

Fuente de la foto: Pixabay.com

 

«Mi buena estrella» Gabinete Caligari, 1989.