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#PersonasConAlmaAnónimas: «Sol , mariposa , arcoíris”

Con este título, quizás te parezca que el contenido que viene a continuación es blandengue o sensiblero, pero nada más lejos de la realidad.

Mi #PersonaConAlmaAnónima de hoy me ha regalado esta maravilla de experiencia transformada en relato, que no nada más y nada menos que una realidad que está ahí latente, hace mucho daño y nos gusta muy poco enfrentar. Pero cuando llega, lo hace sin piedad y arrasa.

No ha podido con ella, incluso la ha hecho más fuerte, pero no estaba preparada y costado ver la parte de la historia que tiene que ver con el título, porque como todo en la vida, tiene luces y sombras.

Yo, veo en ella lo que ella cree ver a su alrededor: siempre hay luz si saber mirar. Quizás pronto, algún día, consiga ver y aprovechar la que tiene ella…

 

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Conseguir mi primer embarazo fue rápido y sencillo, pudo ser la suerte del principiante… pero estaba a rebosar de fertilidad, fue tan sencillo que creí que que todo saliese bien era “lo normal”.

Nadie me había dicho nunca lo contrario.

Tras 42 semanas llegó al mundo mi regalo, mi hija, aterrizó directamente en medio de la burbuja de expectativas que yo me había creado… ¡y la explotó!.

Entonces  asomó lo que unos llaman baby blues y otros depresión postparto. De repente me vi en medio de un cóctel de hormonas en el que no entendía muy bien lo que ella necesitaba pero tardé más tiempo en entender lo que necesitaba yo.

Tras varios meses vuelvo a quedarme embarazada, esta vez con más dificultad(parece que llegados los 30 las posibilidades de quedarse embarazada rápidamente empiezan a ser inversamente proporcionales a las ganas que se tienen) y con este bebé un regalo diferente: el aprendizaje.

Durante la ecografía de las 20 semanas el médico se queda con una parte de mi corazón…A partir de ese momento se suceden un montón de pruebas y diagnósticos para acabar perdiendo a mi hija (he aquí la mariposa) a los 6 meses de embarazo.

Nadie debería vivir esto. Nunca.

Un oscuro abismo se planta de forma abrupta ante mi, esos deseos , anhelos e ilusiones se desvanecen ante la realidad que de repente me ha tocado vivir, pero sorprendentemente la madre naturaleza me carga de la adrenalina que necesita un animal salvaje para sobrevivir y me convierto en la versión de mi misma más fuerte que nunca haya imaginado.

No es olvido, es costumbre , aceptación y porque no decirlo es un poquito de resignación.

Llega el aprendizaje.

Las distintas etapas del duelo fueron sucediéndose de una forma salvaje pero natural y el destino pone en mi vida al bebé arcoíris.

Este embarazo es el más duro y tan agridulce…, se mezclan todas las pruebas médicas con los sentimientos de incertidumbre hasta que lo tengo en brazos, a él.

La vida es caprichosa.

Cada gota de lluvia, cada lágrima, ha merecido la pena para poder disfrutar hoy plenamente de mi sol y mi pequeño arcoíris.

Si estás pasando o has pasado por alguna de estas etapas no rechaces nunca a una mano que te ayude o un hombro que te consuele. Nunca te sientas sol@.

Pongámosle nombre: infertilidad , aborto, muerte perinatal, depresión postparto, fracaso en la lactancia materna… acabemos con los tabúes de la maternidad.

 

Imagen: pinterest.com

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El lado oscuro de la coherencia

Hay que ver para cuánto da una comida de Navidad con dos buenas amigas (vosotras ya sabéis quiénes sois…) y una larga y sincera sobremesa. Desde diciembre lleva madurando este post, imáginate la cantidad de vueltas que le he dado al tema y lo que ha supuesto para mí.

Aunque pueda parecer irrelevante, creo que es necesario que te ponga en contexto, por lo que intentaré hacerlo de la forma más breve posible.

 

Estas amigas me conocen desde hace casi 10 años y han vivido conmigo una serie de circunstancias que nos han unido a pesar de vernos muy poquito y de estar una de ellas a más de mil kilómetros. Al grano que ya me lío… Ambas conocen de primera mano mi opinión sobre una persona, opinión que es (bueno era…) compartida y hablada en multitud de ocasiones. Opinión…que de un tiempo a esta parte, ha cambiado por una serie de motivos (esos sí que son irrelevantes).

 

El meollo del post viene a continuación: tras compartir, y casi debatir, este cambio de opinión, soy “acusada” de incoherente, cualidad que me define por excelencia y que llevo por bandera (prometo que no son mis palabras, pero podría hacerlas mías en cualquier momento). Me sorprende la dificultad para explicarme y hacerme entender al respecto, pero no logro convencer a mis acompañantes de que lo opinaba hace 10 años, ha cambiado, al igual que lo he hecho yo, y que tengo todo el derecho del mundo a ejercer libremente dicho cambio. Pues nada, oye! Que soy una incoherente por haber cambiado de opinión.

 

Conste que las sigo queriendo muchísimo a ambas, pero removieron en mí algo que no me gusta en absoluto: la sensación de culpabilidad por cambiar de opinión. Me fui dando un paseo sin prisa por el casco viejo de Oviedo mientra maduraba la idea y nació este post.

 

¿Cómo es posible que en un mundo tan convulso, donde todo cambia tan rápido, donde todo parece caduco a la media hora de haber sido creado… nuestras opiniones tengan que ser inamovibles?

¿Cómo puede ser que nos cueste tanto entendernos y hacer comprender que el cambio es innato al ser humano?

¿Cómo pretendemos fomentar la evolución y desarrollo constante si lo primero que frenamos es el propio derecho a cambiar y al mismo tiempo sancionamos a quien lo hace?

 

De repente, mi apreciada coherencia, tan frecuente en mi vocubulario se volvió más una losa que unas alas. Me imaginé con una esposas doradas, presa del peso de la coherencia como una tremenda limitación que, según con quién me topase, no me permitiría avanzar al ritmo que yo considerase oportuno. Y me ví, te prometo que me ví, muy lejos de esa libertad que había traído siempre consigo la coherencia de la mano.

 

Por un lado, he de admitir que fui la primera en pasar por el trance de traicionarme a mí misma al cambiar de criterio y además, de hacerlo sobre algo que era público y compartido en mi entorno cercano. Resuenan en mi cabeza: “¿Pero qué te pasa? ¿Cómo me ha dado ahora por “esto”? ¿Qué pensarán de mí? ¿Creerán que soy una falsa?¿Incoherente yo?” Buf, qué presión!

Pero más allá de todo esto, surge la sensación de faltar a la verdad, a mi verdad, a pesar de considerar que tengo motivos para cambiar de opinión. Y las tengo, vaya si las tengo! Entonces soy “valiente” y decido ejercer y hacer público mi derecho a cambiar de idea, a hacerla pública y asumir sus consecuencias.

 

Y una vez superadas todas estas trabas internas inherentes al propio cambio (paso de llamarlo zona de confort, que me da mucho hastío…) soy testigo una vez más, y además en carne propia, de las resistencias humanas a la evolución implícita en la propia vida. Mi entorno, el contexto en el que vivo, no me facilita en absoluto esa transformación y más allá de mi propia dificultad, es mi círculo vital el que me dice abiertamente ante cada cambio que soy una incoherente.

 

Sigo pensando, y ahora me gustaría que lo hicieras tú también: ¿nunca has pensado en la incoherencia de alguien por hacer esto mismo? Dime que no has pensado en lo maleable que es una persona determinada por hacer cosas diferentes a las que hacía…hace 10 años. Pues sí, yo también lo he pensado. Y mientras lo hacía, reforzaba mi propia coherencia como estandarte de firmeza de ideas, de ser consecuente con la elecciones tomadas en un momento determinado. Como si las opiniones fuesen un ente inmamovible y al cual debemos aferrarnos como testimonio de vida.

 

Con lo que aquí me tienes, dándole vueltas a la idea que tenía sobre la coherencia, tan usada como maltratada en las definiciones personales, en las pautas de una marca personal estratégica, en el sello de la autenticidad. Y ahora mismo no tengo tan claro que la coherencia, tal cual me la he topado estas navidades entre el turrón, sea la mejor opción.

 

En resumen (modo irónico activado al máximo):

  • Si eres coherente, nunca podrás cambiar de opinión
  • Si eres coherente, te dolerá evolucionar y pensarás que te traicionas
  • Si eres coherente, tu entorno no te permitirá cambiar de idea, así como así (sobre todo cuando la nueva sea opuesta a la suya).
  • Si eres coherente, tu contexto te hará dudar de tu esencia y tu autenticidad.
  • Si eres coherente, no puedes ser flexible y adaptarte, porque te transformas automáticamente en incoherente.
  • Si eres coherente, no gustarás a todos. Pero si eres incoherente…tampoco. Ay, que esto no venía mucho a cuento, pero de paso te lo recuerdo que nunca viene mal.

 

Y viendo lo visto, ya no tengo tan claro si alardear de mi coherencia o no. Me arriesgo a que me veas como una incoherente, quizás me sea más útil para adaptarme a este entorno VUCA, donde todo muta a la velocidad de la luz…

 

Imagen: google.com

 

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#PersonasConAlmaAnónimas: ¡Maldita cafetera!

No, no es el título de ninguna canción de emisora Millenial ni lo que piensas cuando se te atasca la cápsula de la Nespresso. Es lo que pensó la protagonista de esta historia cuando su horizonte laboral empezó a volverse oscuro.
Y obviamente, el problema no era el café ni la cafetera…

Te cuento a través de mis ojos esta historia que ha tardado más de un año en ver la luz y ha tenido que ser a través de los míos, porque los de la protagonista aún se nublan al hablar de ello.

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Me veo caminando como cada día, paso a paso voy cruzando aceras y calles que me llevan a mi trabajo. No canto ni bailo porque soy de carácter reservado, pero si pudieras verme “por dentro”… lo estaría haciendo. ¿Sabes esa sensación de sentirte bien y plena con tu vida, con tu trabajo? Pues esa, soy yo. Sólo que por fuera, no se ve.

Llegar a la oficina y sentirte una más del equipo, estar alineada con los objetivos de la empresa (con lo difícil que es eso!) , saberte valorada… Eso es lo que hace que cada día vaya con una sonrisa a trabajar, a pesar de los imprevistos y dificultades que surgen. Como en cualquier contexto donde conviven personas, porque las organizaciones están hechas de eso, personas.

 

Y me veo allí tan feliz, en mi puesto de trabajo: llamadas, clientes, informes, papeles, visitas… Todo fluyendo, con pequeños tropiezos que se solventan con esfuerzo y colaboración de todos, y con ganas de ir a más, siempre de ir a más.

Así me veo hasta que un día, después de muchas sutiles señales de el cambio estaba por venir, se hacen evidentes mis sospechas: soy un estorbo. Cuando alguien llega nuevo a un equipo siempre hay una fase de reajuste, con recelos y desconfianzas por ambas partes, que con el tiempo desaparecen si hay buena intención y ganas de colaborar. Pero cuando el fin de esa incorporación es otro, obviamente los resultados también.

 

La aparición de una nueva persona en escena, precipita una serie de acontecimientos tan desagradables como despidos, ceses fulminantes, cambios drásticos en funciones. Todo ello acompañado de la peor parte de esta historia: desprecios, insultos, mentiras, menosprecios, bloqueos, presiones, faltas de respeto… que se expanden como el lodo en toda la organización. Tardan en llegar a mí, por la posición que ocupo, pero me afecta igualmente el hecho de ver como aquello avanza como la peste y no puedo hacer nada. Es más, sé que tarde o temprano llegará mi hora.

 

Y llega. Llega el momento: ¡maldita cafetera! Me resulta más fácil culparla a ella y que sea foco de mi ira, sobre todo, de mi frustración. Porque unas cápsulas de café (sí, como lo lees, unas cápsulas!) son la gota que colma el vaso en esta situación de mi anulación en la empresa se instala de manera permanente, y contra la que lucho todo lo que puedo. No es mucho, porque no en realidad no sé ni contra qué ni contra quién lucho, pero lo intento.

Durante meses, incluso años, la sensación de impotencia e indefensión se apodera de mí, llegando a generarme enfermedades como consecuencia de resistir en este ambiente tan hostil. Pero no es fácil dejar un trabajo que te gusta, en el que llevas media vida y para el que sabes que estás hecha, y sobre todo, sin saber el motivo por el cual todo ha cambiado y ya no es lo mismo.

 

¡Maldita cafetera! Me vuelvo a repetir una y otra vez. ¿Es por usarla más de lo debido, por dejar atascada la cápsula o por terminar el Ristretto y no reponerlo? No acabo de encontrar el motivo real de la decisión de mi despido un día de verano, previo a mis vacaciones. Y la culpo a ella, a la maldita cafetera. A sabiendas de que esto no tiene que ver ni con el café ni mucho menos con la cafetera, pero sí tiene su poso amargo cuando lo calientas más de la cuenta.

 

Después de montar y desmontar mil hipótesis sobre la cafetera y su influencia en mi futuro laboral, y a punto de tomar rumbo al sur como destino de vacaciones, soy despedida. Así, sin más. “No vuelvas más” tan sólo eso. Y ya no lucho, porque ¿contra qué? ¿contra quién?

 

Cruzo el país de punta a punta, esperando que el aire cálido del sur secase las lágrimas que he derramado durante el combate que había empezado por la maldita cafetera y de la cual no había podido tomar parte en realidad. Esas lágrimas que me acompañan a lo largo del viaje y que en parte, también son un indicador del alivio que siento porque todo ha acabado. Yo, nunca habría tomado la decisión por mí misma, no habría sido tan valiente. O quizás mi valentía fue la de quedarme y defender mi postura y aquello en lo que creo de la mejor forma que pude.

 

Aún hoy no tengo la respuesta, sólo sé que el sur, como siempre alivia mi dolor y me ayuda a ver de forma más clara la liberación que supuso para mí. Pero también aún hoy, se me nublan los ojos al pensar en todo lo que influyó en mi carrera, para mi acceso de nuevo al mundo laboral, en mi vida…y para no soportar ver una Nespresso a menos de 10 metros nunca más.

 

Imagen: Daria Grad-Berdak (pinterest.com)

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Cariño, tengo celos de Twitter…

* Dedicado a una persona excepcional con la que comparto mucho más que una vida: mi marido, Jaime Gayol.

Y de Facebook, de Linkedin, de Instagram, de Pinterest. O de cómo el peso de las redes sociales se puede volver una losa en nuestra contra….

Cuando ya pensaba que mi vida “social” era estable y tenía controlados Facebook y Linkedin como herramienta de trabajo y forma de difusión profesional, va y aparece él: Twitter. Sé que la gran mayoría de vosotros ya le conocíais o incluso sois influencers, pero no es mi caso.

A pesar de tener la cuenta activa hace casi 7 años, era un noviazgo que no había comenzado, simplemente nos habían presentado y ahí había quedado la cosa. Pero en estos últimos meses, la relación parecía que empezaba a tomar forma. Había comenzado a trabajar mi marca personal de manera más intensa y había visto claramente que era algo necesario y muy positivo, diría que casi imprescindible, el saber moverse adecuadamente en esta red.

 

Me encontraba inmersa en conocer su lenguaje, en seguir a los perfiles que me interesaban, en adaptarme a su ritmo y además amoldar mis necesidades a lo que me ofrecía. Pero en realidad, lo que me encontraba era agotada!!! “Da igual” me decía, “no desistas, lo dominarás” Y mientras persistía, tenía claros mis objetivos y quería llegar a un determinado número de tweets al día, de tener cierto número de seguidores y de que mi puntuación de Klout aumentase, me di cuenta de que me estaba perdiendo algo importante: mi vida.

 

Un día cualquiera, después de una larga jornada sin ver a tu familia, sin tener tiempo para tus amigos ni jugar con tu hija, me dispongo a “currarme” el Twitter y oigo a mis espaldas: “Cariño, de verdad, le tengo celos a Twitter”. Y aquella frase de mi marido me rompió por dentro, fue una bofetada de realidad para mí.

 

Aquí es donde empieza realmente la reflexión que vino días después de esa frase lapidaria que marcaría mi relación con Twitter y demás redes sociales: sé que es importante la presencia en la red, pero es más importante aún la presencia en mi vida. Siento contradecir a quienes predican que si no estás es como si no existieras, que no se debe dejar de publicar ni un solo día, a quienes insisten en estar activo y ser visible en la red, en estar pendiente de todo lo que ocurre. Lo siento de veras.

 

Se lo agradezco, de corazón. Creo en la sabiduría y bondad de sus consejos, en la necesidad de crear una imagen profesional estudiada y difundirla a través de las redes, de tener visibilidad y de estar ahí. Pero también necesito hacerlo a mi ritmo, con mis objetivos y según mis necesidades y sobre todo, sin ahogarme ni perderme nada de lo que está fuera la red. Necesito evolucionar en mi marca personal al mismo ritmo que en mi vida profesional, sin dejar a un lado y mimando como se merece mi vida personal, mi familia, mis amigos, mi tiempo…

Necesito sentirme presente en el café de la sobremesa con amigos, en la conversación banal durante la película después de cenar, pintando nubes en el aire con mi hija o hablando con mi madre por teléfono. Necesito estar presente en mi vida y no perderme ni un solo minuto.

 

He llegado a la conclusión de que no necesito 50000 seguidores, que no puedo (ni quiero) publicar al día 100 tweets, de que no tengo por qué ser una influencer… O al menos de momento, ya que ni estoy preparada para conseguirlo ni es necesario en mi realidad actual, ahora mismo es el momento de tomar decisiones respecto a Twitter y a mi vida.

 

Por eso, para los próximos meses me he propuesto estos sencillos objetivos para hacer que todo esto sea más fácil para mí y los que me rodean:

 

  • Restringir el uso de las redes sociales en tiempo y espacio: 5, 10 o 30 minutos, una jornada completa, pero que sea limitado y solamente en unos espacios en concreto (oficina, trabajo, despacho)
  • Dejar los dispositivos móviles en silencio en reuniones sociales, tiempo de ocio y de familia. Desconectar realmente y disfrutar de esos momentos.
  • Fijar unas metas realistas y adaptadas al tipo de vida de cada uno: aunque lleve tiempo, es necesario definir una estrategia y desarrollarla en un plazo determinado, mientras que por ello no suponga una pérdida de contacto con la “realidad física”
  • Aceptar las limitaciones e intentar aprender cada día, intentando que sean cada vez menos, pero sin prisas ni presiones.
  • Disfrutar con lo que se hace, sea el tiempo que sea…

 

Bien, pues ha llegado el momento de empezar a cumplir los propósitos y estar presente en cada momento de mi vida. Porque por si fuera poco, este verano me he abierto una cuenta en Instagram…

Y tú ¿estás presente en la tuya?

 

Fuente: Pixabay.com

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Autocontrol o cómo no perder de vista el objetivo

¿Cuántas veces has tenido en mente conseguir un resultado y te has perdido por el camino? Es el momento de pararse y analizar cuál es el motivo y cómo llegar a destino.

Cuando te propones algo, cuando tienes claro un objetivo, nos movemos hacia él. Es como una especie de hoja de ruta en la que sabes de dónde partes y hacia dónde vas. Pero en muchas ocasiones, te desvías y, o bien acabas en otro destino, o tomas caminos equivocados.

Esta sensación la tienes al emprender un proyecto profesional, una nueva relación, al tener que cambiar los planes previamente establecidos o en la búsqueda de empleo. Pero no pierdas la calma, veamos el motivo de que esto ocurra y pongámosle solución.

Al iniciar un acción, sea del tipo que sea, te mueve el impulso de querer conseguir con éxito finalizarla. Una veces el éxito será conseguir aquello que te gusta, otras obtener algo que necesitas y otras el simple hecho de acabar lo que comenzaste. Te hablo de concluir una tarea, llamar por teléfono a alguien para dar una mala noticia o finalizar el curso de inglés al que llevabas inscritos 5 años…

Pero entonces, ¿por qué si quieres conseguir estos objetivos, acabas mirando el periódico, discutiendo con la persona que recibe la mala noticia o apuntándote a clases de baile? Porque pierdes de vista tu objetivo.

Y aquí, no me queda otra más que hablarte de Daniel Goleman y de su obra Inteligencia Emocional (1995), y más específicamente del autocontrol. A partir de este momento y, afortunadamente cada día más, empieza a tomar posiciones la importancia de las emociones en el éxito personal y profesional. Respecto a lo que nos concierne, el autocontrol es uno de los elementos básicos a trabajar que propone como forma de ser habilidoso socialmente (junto con el autoconocimento, la motivación y la empatía).

El autocontrol, la gestión y puesta en práctica de las emociones según nuestras necesidades, es lo que hace que tengas siempre presente tu objetivo o que, por el contrario, acabes fomentando una situación que no habías planeado. Si quieres ser un candidato destacado en una entrevista de trabajo, lo quieres ser por tu discurso, tu seguridad, pero a veces lo eres por tu estado de nerviosismo o por quedarte bloqueado.

Lo que necesitas es tener una base importante de conocimiento sobre ti mismo y tus emociones, tanto las aprendidas como las de mayor predisposición biológica. Y partiendo de este conocimiento, controlarlas para utilizar aquellas que te sean beneficiosas y gestionar aquellas que no lo sean tanto. Por ejemplo: un enfado puede parecer poco productivo, pero lo será en situaciones donde no controlemos la palabras o la comunicación no verbal. Sin embargo, puede ser el motor que nos haga salir de situaciones complejas, como puede ser un ataque inesperado por otra persona. Todo dependerá del enfoque que le des al enfado, y de que tengas claro en todo momento qué es lo que quieres conseguir con la energía que te genera esa emoción (no perder de vista el objetivo).

Una vez conoces tus tendencias emocionales, las defines y decides cuáles te resultan productivas y cuáles deseas cambiar (eso lo te lo cuento aquí con más detalle), necesitas empezar a entrenar una parte olvidada de tu organismo: el cerebro. Las emociones se localizan en el sistema límbico, una estructura cerebral que ha cambiado muy poco a lo largo de la evolución. De ahí, su reflejo en el organismo a la hora de que se produzcan: angustia se traduce en presión en el pecho, sudoración, tensión muscular, etc. Y algo que parece negativo en principio, el hecho de que se exteriorice en el organismo y todo el mundo sea consciente de lo que ocurre, es principio del autocontrol: detectar cómo aparecen las emociones y qué síntomas tienen en nuestro organismo. Y a partir de ahí, comienza el entrenamiento emocional.

Vamos a ir poquito a poco, empezando con unas recomendaciones básicas de cómo conocer tu cuerpo y el efecto de las emociones en él:

  • Practica e imagina mentalmente (puedes visualizarlo, oírlo o sentirlo según sea tu sistema representacional) la situación que quieres controlar. Empieza por imaginar la situación completa de manera exitosa y céntrate en cómo te comportas, te sientes, te mueves, te expresas. Esto habrá que repetirlo en muchas ocasiones hasta dar con el mejor de los escenarios posibles, y conseguir automatizar los comportamientos más adecuados.
  • Piensa en 5 situaciones en las que tus emociones te hayan beneficiado y otras 5 en las que necesitas mejorar. Hazlo en términos de definir la situación, el contexto y sobre todo las emociones y sus efectos en ti, pero no olvides los efectos en los demás.
  • Trabaja la distancia emocional: no todo lo que ocurre tiene que ver contigo ni es por ti. A veces, las cosas, simplemente ocurren.
  • Separa la crítica que te hacen de la persona que la realiza, e intenta sacar la parte positiva de mejor que puedes obtener al saber que generas eso en otra persona.
  • Diseña un registro de situaciones importantes que quieras trabajar, donde definas tus pensamientos, emociones y conducta resultante, pero también trabaja los pensamientos y actitudes alternativas que quieres llegar a conseguir.

Y pregúntate: ¿Qué es lo peor que me puede pasar…?

Y nunca, nunca, pierdas de vista tu objetivo. No te desvíes de la ruta que tenías planificada, y es así, que sea de manera consciente.

Imagen: pinterest.com

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Eneagrama: el equilibrio de las personalidades

Uno de los tesoros más codiciados y buscados en nuestra sociedad es el equilibrio: entre la vida familiar y profesional, con la pareja, en el grupo de amigos o en los equipos de trabajo. Pero también es necesario plantearnos el equilibrio en nuestra propia personalidad.

Hace casi dos años acudí a un taller solidario en Asturias sobre el Eneagrama de la mano de Cristina Cama, maravillosa profesional y mejor persona. Durante un fin de semana completo indagamos y profundizamos en nuestros rasgos de personalidad, intentando identificarlos dentro de los 9 eneatipos definidos hace miles de años por los sofistas. Y lejos de encontrarme con algo místico y mágico como pensaba, hallé una poderosa herramienta de autoconocimiento e indagación a nivel personal com muchísimas aplicaciones que quiero compartir contigo

En resumen, una vez que el resultado del test inicial te enmarca dentro de un eneatipo, te redirige hacia comportamientos positivos de otro eneatipo complementario al tuyo y al mismo tiempo, da luz sobre los rasgos negativos que desarrollas respecto a otro eneatipo que te “descentra”.

Vamos, que busca la toma de consciencia sobre el equilibrio de tu personalidad. Y me pareció tremendamente interesante además de extrapolarlo a otros aspectos vitales, algo muy habitual en mí…

 

El fin de semana dio para mucho, pero la asimilación de la información y las experiencias adquiridas ha dado para mucho más. Después de días dándole vueltas, y en la búsqueda de mi propio equilibrio interno creo haber encontrado la respuesta a muchos de los equilibrios que tenemos presentes en el día a día y a los cuales no damos la importancia que se merecen.

Por ello, me he propuesto hacer un listado de los que he detectado, dándole también un uso en el desarrollo personal y profesional para poder compartirlo contigo:

 

– Equilibrio en la personalidad: con técnicas como el eneagrama o simplemente a través de ejercicios de autoconimiento, define tu personalidad básica en 5-6 rasgos y busca aquellos rasgos que sean opuestos. Es hora de empezar a ponerse metas en el cambio de actitud y modificar aquellos aspectos que te sean perjudiciales, y para ello puedes usar aquellos comportamientos que tengan que ver con tu “opuesto”, al igual que recomienda en eneagrama. Si tu rasgo es la impaciencia, tu contrario sería la paciencia, la cual tiene comportamientos relacionados con la espera, la reflexión, etc. Con ello conseguirás una guía de conductas alternativas a poner en práctica de manera gradual que dará sus frutos con el paso del tiempo y mucho esfuerzo.

 

– Equilibrio en las parejas: habitualmente las parejas que se mantienen con éxito con el paso del tiempo, lo consiguen porque que se equilibran el uno al otro. Comparten valores vitales básicos pero sus rasgos de personalidad son diferentes, y al mismo tiempo complementarios. Las personas impulsivas, suelen tener parejas reflexivas; las personas emocionales, suelen tener parejas más racionales. Por lo tanto, no busques una pareja igual a tí en personalidad y gustos, sino alguien que te complemente y aporte, que sume en tu vida.

 

– Equilibrio en las amistades: al igual que en la pareja, los grupos de iguales o las relaciones sociales que mantienes tienen aspectos básicos compartidos (gustos, aficiones, valores, etc.), pero cuanto más iguales sean a ti en cuanto a personalidades, más conflictos se generarán (“los polos iguales se repelen”). A pesar de parecer contradictorio, necesitas crear relaciones con personas diferentes a tí, que contribuyan a tu desarrollo y mejora personal y para ello no pueden ser iguales a tí. Relaciónate con personas que añadan con sus historias, gustos, experiencias y conductas diferentes a las tuyas a tu propia historia vital. Genera relaciones con personas de otra cultura, país o idioma, de una profesión distinta a la tuya, esto hará que se tu mundo se amplíe enormemente y con ello, tus posibilidades de cambio.

 

Equilibrio en los grupos de trabajo: con todo lo reflexionado hasta aquí, sería absurdo pensar que los equipos o grupos de trabajo han de estar formados por personalidades análogas. Todo lo contrario: debes formar parte o crear equipos que contengan cuanta más variedad de rasgos de personalidad y actitudes mejor. Con ello conseguirás enriquecer la visión de cada uno de los componentes y poner de manifiesto que otras conductas son posibles. En todo equipo debe haber un líder, un organizador, un mediador, un impulsivo, un optimista…y así hasta completar todos los roles que sean necesarios para el éxito de grupo. Cada uno de los roles cumple su misión, dejando espacio al resto de roles ocupar el suyo, incluso ayudando a que esto ocurra.

 

Qué importante esto del equilibrio, ¿verdad? Qué cerca lo tenemos de manera cotidiana y qué poco valor damos a lo que podemos hacer para encontrar esa deseada estabilidad que se escapa por momentos. Pero recuerda: esta armonía no es permanente, cambia y fluctúa al igual que lo haces tú a lo largo de la vida, por lo tanto no siempre se consigue y debes aprender a convivir con un “desequilibrio tolerable”.

Imagen: pinterest.com

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Conexiones ¿cósmicas?

Este agosto, una amiga me recordó a tiempo que no me olvidase de ver la lluvia de Perseidas que tendría lugar con un cielo despejado en Asturias, algo que no siempre es posible. Ya en pijama, me tumbé en el suelo de la terraza y me dispuse a esperar en soledad que la lluvia de estrellas fugaces se presentase ante mí.

A medida que pasaba el tiempo y no aparecían, mi mente empezó a divagar sobre una serie de ideas que quería compartir contigo a la vuelta del verano, y aquí estamos…

Empecé a pensar en cuántas personas estaríamos haciendo exactamente lo mismo, en el mismo instante, focalizando nuestra atención, nuestros deseos y pensamientos, nuestra energía e intuición hacia el mismo punto. Me resultó tremendamente romántico y evocador imaginar que si hiciéramos eso mismo con otras batallas y heridas abiertas, quizás y sólo quizás, la vida resultase más sencilla. Y basándome en esa idea, llegaron por si solas el resto de planteamientos.

Me imaginé cuántas personas se prepararían para verlas, organizando todo antelación y planificando al detalle el momento, mientras que otras (como yo) lo harían de manera improvisada. Me pregunté cuántas personas, mirando el “mismo” firmamento verían infinidad de estrellas fugaces y cuántas no conseguirían ver ninguna, cuántas estarían atentas al instante preciso y conseguirían ver la estela que dejan las Perseidas y cuántas perderían el foco de su atención, y con ello, poder apreciar el espectáculo que supone.

Reflexioné sobre la cantidad de personas que disfrutarían de la experiencia y consiguieran presenciar el recorrido de las estrellas en movimientos, lo disfrutasen y lo viviesen como un momento único, sólo para ellos. Al igual que me vinieron a la mente, aquellos que no lograsen ver ni una sola estela en el cielo, aún contando al día siguiente que vieron cientos… Pensé en la diferencia entre llegar a ver 7 estrellas fugaces (esas fue la que vi yo aquella noche) y valorarlo como un gran éxito o catalogarlo como el mayor de los fracasos, seguro que alguien se movía entre estos dos polos en alguna parte del mundo, en aquel mismo instante.

Fantaseé sobre aquellos que viesen las estrellas fugaces y las definiesen como inmensas, al contrario de quienes lo harían como ínfimas, a pesar de ser las mismas estrellas, a pesar de serlo en el mismo marco espaciotemporal. Me recreé pensando en aquellos que estarían quejándose del frío, mirando al suelo y perdiéndose el cielo iluminado por los rastros estelares frente a los que estarían atentos, con los ojos como platos y sin perder detalle de todas las tonalidades del azul cerúleo que su retina pudiese captar, y sobre todo, disfrutando del momento.

Traje a mi mente a aquellas personas que tirasen la toalla al primer intento fallido de disfrutar de la presencia de las Perseidas, y no me olvidé de aquellas que no se fuesen a la cama hasta logra ver alguna. Incluso, seguro que habría alguien que pasase la noche en vela a pesar de no conseguirlo, tendría ojeras y los pies congelados al día siguiente sin tener ni una sola Perseida en sus recuerdos. Valoré la diferencia entre persistir y no desfallecer para conseguir un objetivo y focalizar las energías hacia el objetivo equivocado, comprendiendo cuántas visiones diferentes habría en aquel mismo instante sobre esta decisión respecto a seguir mirando al firmamento…o no.

Imaginé los pensamientos de quienes se deleitaban pensando en cómo compartir la experiencia con quiénes no habían podido hacerlo, los que sólo querían sacarse una foto para subirla a las redes, los que habían ido en grupo por echarse unas risas. Y también en los que pedían deseos para sí mismos, deseos para los demás, en los que veían en las estrellas a sus seres queridos y perdidos, y me imaginé que los estaban sintiendo un poquito más cerca en ese momento. Me pareció, sencillamente hermoso, por ellos y por mí…

Y seguí pensando, llegando a la conclusión de que todos estábamos conectados en aquel momento, por algo que va más allá de nosotros, algo mucho más grande de lo que podemos imaginar como es el Universo. Y todo ello, a pesar de tener visiones tan diferentes de la vida, actitudes tan dispares ante el mismo escenario, tener percepciones tan distintas ante la misma realidad.

Estoy preparada para que pienses que no hay post más cursi (ya me dijeron algo similar en Twitter cuando publiqué una reflexión parecida). Y lo estoy porque creo firmemente que yo sola, de manera aislada, soy pequeña, prácticamente insignificante, pero junto a ti y al resto, somos invencibles si nos lo proponemos. Llámame ilusa, mientras tanto seguiré mirando las estrellas y pensando cuántas personas lo están haciendo en ese mismo instante, entre ellas tú.

 

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Autocontrol: la gestión del cambio personal sin perder la esencia

Gestión del cambio

La vida es cambio permanente y ese cambio implica gestionar y controlar aquellos aspectos que no nos conducen al éxito, sin perder por ello la esencia de lo que somos.

Como ya sabrás, soy una apasionada de la inteligencia emocional, y como hacía tiempo que te hablaba sobre ella, hoy me apetece algo relacionado con una de las competencias más deseadas de la inteligencia emocional, pero también de las que más esfuerzo conlleva: el autocontrol. Y lo es, porque cuando hablamos del autocontrol, de la gestión de las emociones y su funcionamiento, nos entran dudas de cómo ponerlo en práctica, pero también del efecto que supondrá en nosotros.

De sobra sabes que el hecho de no controlar tus pensamientos (“Voy a equivocarme”) y los efectos fisiológicos que conlleva (sudoración, taquicardia, etc) conduce a un determinado comportamiento (bloqueo mental, por ejemplo). Pero te sigue ocurriendo, te parece que no tienes control sobre ello y NUNCA podrás cambiarlo. Nada peor que un totalitarismo en estos casos…

Pero ¿y si los consiguieses controlar? ¿Tendrías en algún momento, la sensación de ser un farsante, uno actor, de fingir?… Aún saliendo beneficiado del cambio logrado, de controlar el comportamiento que te perjudicaba, podría quedarte un resquemor de no estar haciendo lo que realmente te apetece. Esa es una lucha interna y constante del ser humano: ¿Hago lo que me apetece o lo que es mejor para mí? ¿Me dejo llevar o controlo mis impulsos? ¿Soy natural y sincero o, por el contrario, artificial y forzado?

Voy a empezar a centrar, que me conozco…

Este post tiene dos partes, una de entrenamiento, más práctica y otra de reflexión, para que no tengas la menor duda de que gestionar y entrenar la gestión de tus emociones no te hace ser otra persona, sino ser mejor persona, esa versión mejorada de la que tanto se habla.

En este primer punto de inflexión, meramente práctico, me gustaría facilitarte el camino hacia la autorregulación (no te asustes por el nombre, no es tanto como parece), y por eso te cuento de forma muy breve cómo realizar una modificación de una conducta cualquiera que no te resulte beneficiosa. Intenta seguir estos sencillos, pero al mismo tiempo difíciles pasos:

1) Elige una situación que te produce malestar, por ejemplo: Hablar en público.

2) Analiza los pensamientos que tienes en ese momento, tu diálogo interno, por ejemplo: “Voy a meter la pata, voy a quedarme en blanco”.

3) Detecta los efectos en tu cuerpo, por ejemplo: “Sudoración de las manos, aceleración del pulso…”

4) Reflexiona sobre lo haces finalmente en esa situación desagradable, por ejemplo: “No consigo articular palabra, me bloqueo”.

5) Ahora piensa si es posible pensar de otra forma, de alguna que te conduzca a conseguir tus objetivos, por ejemplo: “Tengo el tema controlado, lo voy a hacer bien, voy a ir punto por punto…”. Te estoy hablando de pensamientos alternativos, una conversación contigo mismo diferente a la que tenías hasta ahora mismo.

6) Y con este pensamiento alternativo, creado por tí fuera de contexto, anticipa el comportamiento alternativo que se generaría en tí, por ejemplo: “Hablar tranquila y sosegadamente en la exposición en público, desarrollando punto por punto sin bloquearme”. Te estoy pidiendo que amplíes tu registro de conductas, sobre todo en aquellas en las que saldrás beneficiado.

Para mejorar tus resultados, puedes acompañar estos sencillos pasos con técnicas como la visualización, la simulación o el anclaje, de los cuales hablaré más en otros posts. Pero de momento, vamos a ir poquito a poco, pero avanzado en los cambios.

 

La segunda parte del post es la que tiene más miga, para mí, la más interesante pues es la base de uno de los principales temores ante el cambio: ¿seré un actor de mí mismo? ¿perderé naturalidad? Eso depende única y exclusivamente de tí. El hecho de decidas cambiar parte de tu comportamiento como forma de mejora, no implica perder tu esencia, es simplemente una transformación, un progreso del cual eres consciente y partícipe.

Por lo tanto…¡siéntete orgulloso! Crece, cambia, mejora todo lo que puedas y quieras, porque con ello harás mejor tu vida y la de quienes te rodean. No temas enfrentarte a comentarios como “Uy, ¡cómo has cambiado!» o «¡No pareces ni tu sombra!”. Me parece a mí que es mejor recibir esos comentarios que aquellos que reflejen que eres igual que hace 10 años, algo que por otro lado, es imposible. Pero es sólo una idea, claro…

Eres (somos) producto de una evolución constante, de un cambio permanente, pero no sólo dentro del contexto de la especie, si no desde el mismo instante en el que naces y hasta que deje de existir. Así que cambia, prospera, renueva actitudes y pensamientos que ya no te sirven. Y todo ello, sin perder la esencia de lo que eres, porque no hace falta dejar atrás aquello que eres ni te hace mejor, tan sólo cambiar y pulir lo que te limita.

“Renovarse o morir”, eso dicen ¿no?. Pues te invito a avances, a que te transforme y mutes y a que seas mejor, así de sencillo. El desarrollo personal y la mejora continua es un proyecto de vida, aunque a veces pienses que en el camino has dejado de ser quién eres. No lo dudes, serás tú pero mucho mejor, y créeme, eso es bueno.

Serás tu mejor versión, y lo mejor de todo, es que al mismo tiempo seguirás siendo, en esencia, tú.

Imagen: Google.com

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Los 10 pilares de la gestión emocional en las redes sociales

Hoy tenía planificado publicar un post sobre otros contenidos, pero ya sabes que cuando la inspiración llega, no se puede luchar contra ella. Más bien, hay que aprovecharla.

Por varios motivos personales y profesionales, esta semana ha sido muy intensa, tanto para lo bueno como para lo malo. Y recordando una interesante conversación con dos grandes amigas, surgió este debate: en las redes sociales se percibe tu estado ánimo, ya sea bueno o no tan bueno, y al mismo tiempo, las redes sociales generan emociones en tí. Por lo que decidí hacer mi propia guía sobre cómo gestionar las emociones en las redes sociales.

Vamos allá!

1.- Las redes sociales unen, pero no atan: es decir, te hacen conocer a personas y generar relaciones, pero éstas pueden desaparecer a lo largo del tiempo, ya que nada es permanente. Es necesario que lo sepas y hagas uso de ello siempre que lo creas conveniente, pues también lo harán contigo… Nadie ha dicho que tengas que ser por siempre seguidor o amig@ de todos, lo serás mientras te aporten o aportes, recuerda que estás en todo tu derecho.

¿Cómo superar cuando alguien deja de seguirte?

¿Cómo dejar seguir a alguien o salirte de un grupo «sin ser visto»?

¿Qué hacer cuando te bloquean?

Me asusta que este tipo de preocupaciones abunden cada vez más en nuestras conversaciones y lleguen a generar trastornos del estado de ánimo cuya causa no existían hace 20 años.

2.- Tu número de amigos/seguidores no está directamente relacionado con tu impacto: tener mil amigos o seguidores, no significa tener mil apoyos o mil fans. Significa que tienes a mil usuarios que puede que vean tu perfil… o no. Asúmelo, te será mucho más fácil seguir disfrutando de las redes sociales y no “sufrir” cuando dejes de tener seguidores o contactos.

3.- No vas a gustar a todos: al hilo de un post anterior, no se puede gustar a toda la red, por lo que tendrás detractores, opiniones en contra o hasta enfrentamientos. No entres en ese juego, te desgastará y no es necesario para seguir en las redes sociales. No des valor a aquellas opiniones que no lo tengan, tenlas en cuenta lo necesario para mejorar y avanzar.

4.- Reflexiona sobre lo que generas en las redes sociales: no solamente como forma de conseguir más adeptos o mejorar tu imagen, sino porque aprenderás de tus errores y entrenarás tus competencias. Utiliza el feedback que recibes como forma de saber aquello en lo que estás teniendo éxito y saboréalo, pero también analiza lo que no consigues e intenta encontrar el motivo.

5.- Aprende: el entorno virtual está lleno de oportunidades de aprendizaje, de tu propio sector o de otros por conocer, pero también de personas y de sus experiencias. Quédate con lo mejor de cada uno de ell@s, y ofrece también tu mejor versión. Agudiza bien todos tus sentidos y crea contextos de aprendizaje, incluso de los que tengan un matiz agridulce (de esos, es de lo que más se aprende).

6.- Sé auténtic@: lo mismo que percibimos las emociones o intensidad en lo que se publica, también percibimos con el paso del tiempo quienes “inflan” su imagen o fingen aptitudes/actitudes. Y eso no gusta a nadie, así que si no quieres recibir regalos envenenados, tampoco los hagas. A todos nos cautivan las personas auténticas, que no venden humo y cuyos perfiles desprenden sinceridad.

7.- Te han decepcionado: Si descubres que alguien no es como tú pensabas: no pasa nada. Las personas nos creamos expectativas sobre los demás que en muchos casos no se cumplen, y en este entorno es mucho fácil equivocarse. Valora si quieres mantener esta relación y sigue con tu vida sin enfadarte, no le dediques energía ni tiempo a relaciones que no van a llegar a ninguna parte.

8.- No recibes lo que das: se habla de compartir, generar conocimiento, crear relaciones. Pero notas que no recibes lo que esperas… Puede, que además de haber puesto demasiada esperanza y esfuerzo en determinadas relaciones, quizás no estés en el lugar adecuado. La red es muy grande, no lo olvides. Busca tu hueco, seguro que lo encuentras, no desistas.

9.- Disfruta de las oportunidades: las redes sociales te permiten conocer a personas que de no ser por esta vía, habría sido casi imposible. Crea vínculos, cultívalos, mímalos y déjate querer. Siente el apoyo que recibes en aquellas ocasiones que no te esperabas (o quizás sí…) y agradécelo. Este mundo te da maravillosas sorpresas que debes recibir con los brazo abiertos, hay PERSONAS extraordinarias por descubrir.

10.- No todo lo que ocurre en las redes tiene que ver contigo: ¿te has parado a pensar en la cantidad de información y personas que se dan cita en el mundo virtual? No vas a tener capacidad para asimilar todo lo ocurre, ni falta que te hace, ya que todo lo que acontece no tiene relación contigo ni te aporta. Y no sólo me refiero a los contenidos o debates, sino a los conflictos inherentes a las relaciones que también se dan en este contexto. No todo gira entorno a tí, así que despersonaliza y relájate, que quizás ese comentario tan ofensivo no vaya por tí.

Espero haberte ayudado a gestionar las emociones que te puedan generar las redes sociales, si se te ocurre alguno que sumar a la lista, no dudes en comentarlo (estoy haciendo uso de los consejos 5 y 9 😉 ).

 

Todo esto me hace pensar que no estamos preparados a nivel emocional para un uso consciente de las redes sociales como una herramienta y canal de comunicación que nos ayude en el día a día. Y es posible que en nada, comencemos a ver trastornos mentales y del estado de ánimo que no existían hace 30 años y cuya causa provenga del mal uso de la red a nivel mundano y profesional.

Por ello, tengo por objetivo presentarte en nada una formación específica sobre esta temática dirigida a aprender a gestionar las emociones en el uso consciente de la red, tanto a nivel personal como profesional. Y lo mejor de todo, es que no estaré sola en este proyecto…

 

Imagen: shutterstock.com

Si quieres trabajar este y otros aspectos relacionados con la gestión de emociones que te impiden tener un mayor equilibrio en tu vida, puedes hacerlo a través de los diferentes programas de formación que aparecen en la web. Son programas totalmente personalizados para personas y empresas según tus necesidades.

También podemos trabajarlo en el formato de procesos de coaching individualizado, donde entrenaremos las competencias emocionales que bloquean tu desarrollo y avance en la gestión de tus redes sociales y tu desarrollo profesional.

Pero si lo que te apetece es algo flexible que combine ambos aspectos, tu formato es la formación online, donde trabajos aspectos más teóricos desde tu casa a la hora que más te convenga y los acompañamos de tutorías o sesiones de coaching, según la temática elegida.

 

Tú decides.

No olvides, que para lo que necesites y pueda ayudarte, soy #TuPsicologa.

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Del sacrificio a la elección

Dicen que todos pasamos por momentos de crisis existenciales al menos un par de veces a lo largo de la vida.
Dicen que cada cierto tiempo, nos desprendemos gradualmente de partes vitales que ya no nos sirven, cual muda de una serpiente, y que nos van transformando poco a poco, hasta que llegado un momento, podemos no reconocernos ni ser reconocidos por quienes nos rodean.
Dicen que somos el producto de pequeñas y minúsculas acciones que vamos poniendo en marcha durante toda nuestra existencia y cuyo resultado actual es difícil de comprender si lo analizamos de manera aislada.
Dicen todo eso, y yo lo creo…

Lo creo porque lo veo día a día como espectadora privilegiada en primera fila de vidas ajenas que pasan delante de mis ojos. Vidas de las cuales aprendo y observo, entro y salgo intentando empaparme lo justo para desprenderme de lo superfluo y quedarme con lo mejor de cada persona. Y de ese aprendizaje vicario (aprender de los que hacen otros), en el cual me he visto tan reflejada como totalmente fuera de contexto, he conseguido extraer unas conclusiones que me han ayudado a comprender la necesidad de pasar del sacrificio a la elección como trasfondo de todas esas situaciones con las que abro el post.

El vincular durante tanto tiempo el esfuerzo, el éxito, el amor o la maternidad/paternidad al sacrificio nos ha perjudicado de una manera tan profunda, que a veces, ni somos consciente. Sacrificar significa “Abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien” y te aseguro que mientras ese alguien no seas tú mismo, o al menos en parte, no será la forma de vida más adecuada.
Si consigues cambiar la actitud sacrificada y de renuncia en beneficio de alguien, frente a la de la elección, a la de decidir para favorecer a la otra parte, sin olvidarte nunca del tuyo propio, la vida cobrará otro sentido.
No será fácil, tendrás que luchar contra quienes te tilden de egoísta, de egocéntrico. Tendrás que convivir durante un tiempo con una letra escarlata en el pecho que te marcará como ególatra, pero te prometo, que una vez superada esa fase, los lastres de tus sacrificios pasados cada vez pesarán menos y darán paso a una tremenda liberación.

Para ello me he servido de mi propio aprendizaje basado en los de las personas que me hacen partícipe de sus vidas en momentos cruciales, y a las cuales nunca estaré lo suficientemente agradecida por haberme allanado el camino. Confío en que puedan servirte a ti también:

– Estudios: estudia, fórmate, aprende y crece profesional y personalmente a lo largo de toda tu vida. Pero hazlo de manera que uno implique lo otro, es decir, genera conocimiento que puedas aplicar y que te enriquezca a partes iguales. Uno sin lo otro, pierde valor y con el tiempo, se desvanece.
Estudia lo que te aporte, aprende todo cuanto consideres que suma en tu vida, cambia y reajusta tantas veces sea necesario para llegar al resultado más beneficioso para tí. Esto no implica que no te encuentres con partes del estudio o aprendizaje difíciles, costosas o que decepcionen, todo ello forma parte de la elección. Pero esa decisión también conlleva que cuando pese más lo negativo que lo positivo en ese camino de crecimiento, quizás sea el momento de tomar otra dirección.

– Empleo: trabaja, sé productivo, aporta a la sociedad, pero no te olvides de tí mismo. Y elige un empleo en función de lo que necesites en cada momento: dinero, desarrollo profesional/personal, libertad, prestigio, cambiar, independencia… Siempre que sea tu elección, será válido, pero también supondrá unas consecuencias. Será más o menos difícil acceder a él, implicará más o menos responsabilidades, será más o menos dificultoso cambiar a otro cuando lo que nos aportaba ya no cubre nuestras necesidades actuales. El empleo, al igual que el desempleo, es una circunstancia más de tu vida, dale el valor que tiene para ti, elige la actitud a tomar y en consecuencia, actúa.

– Familia: este es un tema difícil de abordar, pero allá voy. La familia es un grupo de personas con el que estás emparentado y te unen vínculos de consanguinidad y/o afectivos. Y a veces, no van unidos. Ni es nada triste, ni poco frecuente, es algo natural que debemos asumir y afrontar. Son relaciones impuestas por la genética, que en muchos casos vienen acompañados de amor incondicional, pero en otros no. Por todo ello, puedes elegir la relación que quieres tener con tu familia e incluir a personas nuevas en ella, pero como en cualquier relación, ha de ser consensuado y eso conlleva negociaciones, acercamientos y cesiones, siempre en búsqueda de un beneficio común. No existe la familia perfecta en tamaño, forma o estructura, existe la familia funcional que sirve como núcleo de apoyo de quienes la forman.

– Amistad: puedes tener un mejor amigo, amigos de los de toda la vida o amigos por etapas vitales. Puedes tener un sinfín de conocidos con los que compartir momentos y no profundizar en ninguna relación. Puedes tener la idea de amistad que te apetezca, y será la correcta, siempre y cuando sea comprendida y aceptada por la otra parte. No hay una amistad ideal, sino tantas amistades como relaciones existen. De ahí que las amistades cambien, desaparezcan, se transformen, tengan idas y venidas, eso es síntoma de que están vivas, como las personas que las conforman. Y de ahí que una amistad no deba implicar un sacrificio, sino una elección.

– Amor: con el amor hemos topado! Ese amor perfecto, duradero que duele tanto que oprime… Ese, no tiene porque ser el amor que busques tú. La idea de amor, es muy similar a la de amistad o familia: es personal e intransferible, y no es más que eso, una idea. Por lo tanto, habrá tantos tipos de amor como de relaciones sentimentales. Pero si algo tengo claro, es que el amor no debe doler, ni hacer daño, ni perjudicar a una de las partes. El amor debe complementar, hacer crecer y mejorar, sacar lo mejor de cada cual, y no tiene porqué hacerlo para siempre, tiene que hacerlo mientras dure. Si bien es cierto, el amor, como cualquier relación, necesita de cuidados y conlleva elecciones, pero no debería acarrear sacrificios…

En definitiva, cualquier situación o momento vital por el que pases que signifique más renuncias en beneficio de alguien que de ti mismo, supone un sacrificio. Y a mí, me gusta más pensar en elegir, en decidir, en asumir responsabilidades que en llevar pesados yugos emocionales.

Imagen: @Anka Zhuravleva.