, , , , ,

Personas con alma: Joan Vergara. 5 bocados para degustar la filosofía de cartón de leche

Hace unas semanas que Joan Vergara me envío este lujo de post, y lo es a pesar de destripar algunos de mis #SeNosHaIdoLaPinza, pero eso es parte de su encanto y la base de nuestra conexión.

Es inteligente, con un sentido del humor excepcional y ácido (como el mío), y además es un arquitecto con un gran interés por las personas y el talento que lleva a su sector con muchísima elegancia y saber hacer.

Cómo comprenderás fue muy difícil resistirme a él cuando allá hace un par de años comenzó a incluirme en su listado de posts interesantes y le propuse un café virtual para agradecerle que creyese en mí (vive en Valencia y se nos complicaba eso de vernos en directo por aquello de los horarios del tren).  La conexión, al menos por mi parte, fue inmediata… y desde entonces nos vemos lo que podemos, porque hablar con él es aprender y reírte a partes iguales, cosa que le cuesta creer: eres muy divertido, Joan!.

Y lo mejor de todo es que mientras nos reímos muchísimo sin criticar ni ultrajar a nadie (salvo a Mrs, Wonderful, e incluso esto lo hacemos con mimo), le veo crecer profesionalmente y acercarse cada vez más a lo que para mí ya es un hecho: ser un referente en el desarrollo profesional de la arquitectura.

Degusta estos 5 (ácidos) bocados y síguele a través de su web y sus RRSS.

 

5 BOCADOS PARA DEGUSTAR LA FILOSOFÍA DE CARTÓN DE LECHE

Venir al blog de Jéssica es un honor pero también una responsabilidad. Mantener alto su listón no será fácil, y encima en un blog de psicología que no es lo mío.

Pero el único error sería no intentarlo.

Me ha dicho Jéssica que quiere que sea yo y voy a serlo (espero que no demasiado), así que me lanzo con un tema que últimamente me marea.

 

Te voy a hablar de la filosofía de cartón de leche. O del desarrollo personal de cartón de leche. O de la psicología de cartón de leche. O no sé cómo llamarlo.

Bajo esa láctea denominación conviven todas las frases e ideas bienintencionadas con las que se nos bombardea día tras día desde los briks de leche, las redes sociales o los sobres de azúcar (incluso empiezo a oírlas en la pelu).

Y el caso es que muchas de ellas están muy bien; fueron dichas con toda la intención del mundo por personas sabias y transmiten ideas muy meditadas y beneficiosas.

El problema es no entenderlas del todo. Quedarnos simplemente con la anécdota sin llegar a captar lo que hay detrás de cada reflexión.

Peor aún, aplicarlas de manera opuesta como dogmas. O utilizarlas como coartadas para justificar lo que no se puede justificar.

Claro, así es más fácil. Cuesta menos esfuerzo que tratar de analizar un poco (un poco) lo que transmiten y tener pensamiento crítico para desmenuzarlas. Pero no tenemos tiempo ni ganas.

Repasemos cinco de estas ideas de cartón de leche, por supuesto bajo mi punto de vista sesgado, sin ningún rigor científico y basándome sólo en mis observaciones y las de mi equipo de investigación formado por un caracol sin caparazón y un gato con reuma.

(Frases en verde cortesía de Mr. Wonderful)

 

1 Un trabajo de 8 a 17 te esclaviza; emprende y vive de tu pasión

Ésta es de mis favoritas.

Intención original:

Supongo que cuando esta idea empezó a aparecer en ciertos foros era un aliento, una motivación para perder el miedo al emprendimiento, abrir la mente y dar cabida a otras formas de ganarse la vida. Para pensar más allá de algunas rigideces tradicionales.

Interpretación cartón de leche:

Si trabajas por cuenta ajena eres un perdedor.

Tienes que vivir la vida, encontrar tu “pasión” y desarrollarla (a ser posible con un MacBook en lugares exóticos). Da lo mismo si no sabes qué significa emprender y lo que conlleva o que tu “pasión” no le interese a nadie. Hacer lo que te gusta es tener cara de viernes todos los días.

Mi opinión:

Yo creo que se puede ser muy feliz trabajando por cuenta ajena y muy infeliz emprendiendo, que no todos nos podemos dedicar a tener un negocio propio y que detrás de ello hay cosas maravillosas pero también otras menos glamurosas.

 

Hay pocas actividades menos sexis que tener que estar desatascando el fregadero aunque seas el CEO de la República Independiente de tu Negocio.

 

Detrás de todo esto está la necesidad de generar clientes para los innumerables cursos de emprendimiento que pueblan la esfera digital. Ya sabes, en la fiebre del oro los que realmente ganaron dinero no fueron los que encontraron oro, sino quienes les vendían los picos y las palas.

 

Se puede hacer el Camino de Santiago saltando de la cabeza de un emprendedor a otro sin tocar el suelo (pero hazlo a la hora en que están meditando, que si no los pillas a traición no te dejan).

¿No será mejor conocernos bien, saber qué comporta emprender o trabajar por cuenta ajena y elegir con conciencia?

 

2 Vende a toda costa. Si no lo haces eres víctima de tus creencias limitantes o sufres el síndrome del impostor

Intención original:

Está bien impulsar a quien tiene algo que ofrecer para que lo ofrezca a gente a la que pueda ayudar.

El síndrome del impostor existe, y algunas personas muy preparadas y con buenas propuestas no salen al mercado con convicción porque creen que nunca serán suficientemente buenas.

Interpretación cartón de leche:

Da igual lo que tengas que ofrecer, da igual si es una chorrada lo que vendes, la cuestión es autoconvencerte de que eres un experto porque has leído un par de posts en un par de blogs y puedes repetírselos a alguien. Tu idea mola, porque si quieres puedes.

Y si no logras autoconvencerte no te preocupes. Habrá mucha gente que te animará a que vendas cualquier cosa, te darán palmas, jalearán todos tus triunfos, incluso que te levantes a las 5:00 para preparar tu página de ventas (a esas horas las calles están llenas de emprendedores).

Tildarán de envidioso y casposo a quien te diga que lo que vendes no merece la pena o es incluso deshonesto.

Mi opinión:

Nos hemos pasado de rosca con esto. El sol no se pone en el imperio de los autodenominados expertos.

Creo que vender cosas absurdas a la gente no es honesto, y que necesitas un nivel de expertise en lo tuyo para ayudar a los demás. Formación, experiencia. Mejor ambas cosas.

Muchas veces el “yo he pasado por lo mismo” o “he leído sobre ello” no son suficientes.

Si testeas bien tu producto o servicio y no te atreves a lanzarlo, puede que no sea cuestión de creencias limitantes o síndromes del impostor. Tal vez sea cuestión de valores.

De que quieras ser honesto y no ofrecer cosas que no puedes ofrecer o que no le sirven a nadie.

 

3 Mejor hecho que perfecto

Intención original:

Esta idea lucha contra el exceso de perfeccionismo, la parálisis por el análisis y el no pasar a la acción por querer pulir demasiado las cosas. Incita a actuar, aprender de la experiencia e ir mejorando.

Interpretación cartón de leche:

Haré cualquier cosa y me lanzaré al mercado. Lo importante es llegar el primero, aunque lo que venda no tenga demasiado valor. Además, eso de ir mejorando después se me olvidará porque si me están comprando y voy facturando, ¿qué mas da?

Mi opinión:

Entre el exceso de perfeccionismo o falacia del Nirvana y el pasotismo hay toda una gama de grises en la que nos podemos situar. Es más, encontrar ese punto no es sencillo y es una decisión estratégica crucial.

Pero vale la pena hacerlo. Si no, el mundo se llena de creaciones insulsas, refritos y ruido. Eso sí, todo con un bonito tipo de letra Roboto 10p.

(Por cierto, ¿quién le pone esos nombres a las tipografías? Siempre me imagino al señor de la oficina de patentes de tipografías, que está en Zurich o La Haya o en un lugar así como muy neutral, recibiendo a la gente que llega a registrar Nunito, Monchito, Roboto o Filochette. Esa forma de vida con bata blanca y gafas de montura metálica se ha ganado el cielo, o al menos que el universo conspire para que consiga sus deseos.)

 

4 Sé diferente, es el único modo de que reparen en ti

Intención original:

Diferenciarte es importante en muchos ámbitos, por ejemplo si buscas empleo (respecto a otros candidatos) o si vendes algo (respecto a la competencia).

Vas a conseguir alinearte con necesidades muy concretas de personas y empleadores. Mostrarás argumentos para que apuesten por ti.

Interpretación cartón de leche:

Voy a salir a la calle con una mofeta verde en la cabeza. Total, es mejor que hablen de ti, aunque sea mal. Algo sacaré. Muchos likes, muchos seguidores, notoriedad, viralización… La fama.

Mi opinión:

Ésta casi se comenta sola; parece de sentido común.

Sin embargo seguimos viendo a personas que tiran por el camino del histrionismo y el sensacionalismo en varios grados buscando atención inmediatapero sin conseguir reconocimiento duradero por su aporte de valor.

Porque ahí está la clave, en el valor que aportas. Eso es lo que realmente te diferencia.

 

5 No necesitas a nadie para ser feliz. Para estar con alguien primero debes aprender a estar solo

Intención original:

Si no estás bien contigo mismo no encontrarás en los demás lo que necesitas para estarlo (y nunca podrás huir de ti). Trabájate a ti mismo, y de ahí saldrá la fuerza que necesitas para vivir. Lo demás ya llegará (es más probable que llegue si tú estás bien).

Interpretación cartón de leche:

Como no necesito a nadie, no voy a estar con nadie. No quiero pareja porque no la necesito. Prefiero saltar de una relación superficial a otra arriesgando muy poco. Total, yo solo estoy muy bien, ¿no?

No quiero profundizar demasiado en ninguna relación de ningún tipo. A la mierda el príncipe azul, el mío que sea gris y que tenga 50 sombras.

Mi opinión:

Es una lástima. El ser humano es gregario, social, gran parte de su ventaja evolutiva proviene de este hecho, y se puede estar perfectamente sano y bien con uno mismo y además querer formar una pareja, una familia, una comunidad o un grupo de amigos del jamón 5J.

¿Acaso por desear una pareja eres una especie de analfabeto emocional que no sabe estar solo? ¿Vale la pena perderse todo lo que te aporta una relación profunda de cualquier tipo con otros seres humanos por no arriesgar?

 

Podría seguir, pero ¿para qué?

Podría, hay muchas más. Salir de la zona de confort, sonreír siempre, vibrar en una frecuencia alta, titulitis, hacer lo mismo que ese gurú que ha tenido éxito…

Frases y conceptos bienintencionados y valiosos que no se pueden explicar en un tuit o en una imagen de Instagram, así que se malinterpretan. Maltratamos todas esas buenas ideas.

Quizá ahí está el problema. No recelo de esas consignas ni de quien las dijo, al contrario. No es que nos falten frases acertadas, sino pensamiento crítico.

Y que conste que yo soy el primero que a veces caigo en ello, porque además el entorno lo pone fácil y exige estar con la guardia alta.

 

De hecho, siento que si me descuido mañana me levantaré a las 4:30 para emprender mucho (porque todo el mundo sabe que la productividad consiste en trabajar más horas); tendré una brillante idea porque molo; buscaré un post sobre ello y lo leeré (en diagonal, claro); pasaré a la acción sin pensar creando mi página de ventas sobre coaching para perros con flores de Bach; comeré mucha quinoa para ser inmortal; me diferenciaré haciendo mis videoposts vestido de lagarterana; y al final del día no veré películas de John Ford porque no era buena persona (ni de Woody Allen, ni óperas de Wagner, ni canciones de Bob Dylan, todos unos bichos).

 

Pero no. Se puede resistir. Pararse a pensar y no trivializar es posible. Sólo hace falta proponérselo.

 

Porque todo parece imposible hasta que se hace.

 

Imagen: Unsplash.com

, , , , , , ,

El efecto Mary Poppins

Siempre me ha resultado fascinante este personaje que nos acercó Walt Disney en una producción mítica tras 20 años de duras negociaciones con Pamela Lyndon Travers, la autora de la saga que dio vida esta peculiar e inolvidable institutriz londinense.

 

No sé a quién debo agradecer todo lo que yo veo en este personaje, si a la innovación de Walt Disney o la tozudez de Pamela Lyndon de mantenerse firme en determinados aspectos de la niñera que la llevó a la fama. Pero lo cierto es que, insisto, me fascina.

 

Veo la película siempre que la reponen, me conozco sus canciones (incluso sus bailes) y cada vez, encuentro algún matiz interesante cada vez que la vuelvo a ver. Y como en diciembre estrenan “El regreso de Mary Poppins”, he retomado viejas costumbres y en este último pase, lo he visto claro: el efecto Mary Poppins. (Si eres un experto en el tema, por favor, quédate con el personaje de la película de Disney, no con la idea original de los libros de Travers, ni con la parte de autobiografía que pueda haber de ella en su saga)

 

Y es que estoy decidida a no ver solamente síndromes limitantes, sino también efectos potenciadores en los que puedas apoyarte y pueda apoyarme yo también para ser mejor profesional. Por eso quiero compartir contigo las bases de lo que hace tiempo llevo observando y he llamado el efecto Mary Poppins en el desarrollo profesional, que no es ni más ni menos, que todo lo bueno que veo en este personaje y que podrías poner en marcha en tu práctica diaria:

 

  • Utiliza métodos revolucionarios para conseguir sus objetivos. Tan estrambóticos, raros, innovadores que incluso son rechazados en muchos momentos. ¿Qué hay de ese momento bolso del cual salen lámparas, espejos o plantas para hacer más acogedora su habitación? ¿Y de las preguntas retadoras y reflexivas que lanza al Señor Banks (padre de los niños)? Es transgresora e incluso llega a ser irreverente en algún momento…

 

  • No es aceptada de primeras…y tampoco le preocupa. Cree firmemente en sí misma y no le importa resultar borde, fría o egocéntrica si consigue lo que se propone: un beneficio que va más allá de sí misma y que recae en las personas a las que acompaña en ese proceso de cambio. Posee una autoestima firme lo cual le permite afrontar las situaciones con las que se encuentra de una manera valiente (me encanta el momento en el que le dice al señor Banks que ella nunca da explicaciones a nadie…)

 

  • No pierde de vista el objetivo: nunca pierde el foco ni la perspectiva de lo que la ha llevado a ese lugar. Mide los tiempos, hace cesiones, negocia y adapta su estrategia según se van desarrollando los acontecimientos. Pero tiene siempre claro su cometido, no desiste aún en el peor de los escenarios posibles.

 

  • Se vale de la gestión emocional, la música y la gamificación en su cometido. Es divertida, muy divertida y con ello, consigue hacerse entrañable y ocupar un lugar importante en tu corazoncito mientras aprendes. Además se hace respetar porque sabe fijar con soltura y precisión los límites en las relaciones, en las situaciones. Posee un gran autocontrol, el cual infunde en cada acción que emprende e intenta promover en su entorno y lo hace a través del autoconocimiento y moviendo las piezas fundamentales de la motivación en cada uno de las personas clave de la historia. Si esto no es trabajar con inteligencia emocional….

“con un poco de azúcar esa píldora que os dan, la píldora que os dan… pasará mejor”.

 

  • Es una gruñona pero adorable estratega: Busca un cambio de comportamiento en un grupo de personas, y con cada una de ellas adopta una estrategia diferente sin olvidar nunca el objetivo global. Sabe perfectamente el lugar que ocupa cada persona en el equipo y maneja las reglas del juego, ya que previamente ha observado con detenimiento y se adapta a ellas, mientras consigue guiar los resultados a unos valores óptimos para todos. Y todo esto lo consigue con sonrisa y firmeza a partes iguales…

 

  • Adapta su comunicación a su interlocutor: nunca olvida que habla con niños y busca conseguir una comunicación clara pero con calado emocional (música, juegos). Pero también convive con adultos, con los cuales también consigue hacer llegar su mensaje de manera concisa y directa (no anda con rodeos, y eso…me encanta en ella!). Y así, con cada relación que establece, siempre se adapta a las necesidades comunicativas del otro, sin dejar de lado el objetivo de lo que quiere obtener. No hay mayor muestra de empatía en la comunicación que esa!!!

 

  • Nunca busca protagonismo, siempre está en un segundo plano. Aunque destaca por muchos motivos (sólo hay que verla llegar volando con su paraguas en un día de viento…) no es lo que pretende, sino todo lo contrario. Busca ocupar un papel secundario dando relevancia a los auténticos protagonistas de la historia, de su historia. Sabe con total seguridad que cada persona debe ocupar un papel principal en su propia vida tomando decisiones y siendo quien destaque, por eso no busca en absoluto agradecimientos, premios o medallas. Prevalece su sentido de servicio a los demás y de las cosas bien hechas.

 

  • Llega, pero no para quedarse: desde que llega sabe que su presencia tiene un final y ese será su éxito, conseguir que las personas a las que acompaña sean autónomas. No genera dependencias ni teje oscuros entramados emocionales, desde el primer día sabe que se irá cuando cambie el viento. Sabe que ha llegado para irse, que su presencia tiene los días contados, y que la situación ideal se dará cuando ella no está. Es “asquerosamente independiente”, como diría alguien a quien aprecio mucho. Y no todo ego, está preparado para eso…

 

  • Deja una huella imborrable, pero de las buenas. Con una de cal y una arena, con sus bailes y juegos, con sonrisa y severidad, a través de los retos que plantea y los cambios que facilita, consigue ser alguien con un valor incalculable en tu vida a pesar de no estar físicamente presente. Una vez se va, en tu cabeza resuenan sus frases, sus argumentos y reflexiones, te comportas como a ella le hubiese gustado y desde lo más profundo de tu corazón, le agradeces que haya formado parte de tu vida y siga estando presente de alguna manera en ti.

 

Y ahora ¿te imaginas lograr este efecto cuando acompañas a tus clientes en un proceso de cambio?

¿Y si fueses la Mary Poppins de tu equipo? Tanto desde el lugar del líder del equipo como el de uno de sus componentes…

¿Y si fueses tú quien da esa pizca de azúcar para hacer más llevadera esa amarga píldora que aparece en todas las organizaciones?

¿Y si fueses ese loca del bolso gigante y repleto de magia que canta canciones extrañas y a la que tus colegas recuerdan con una sonrisa en la boca?

 

No sé tú, pero yo quisiera ser Mary Poppins, tu Mary Poppins, siempre que lo necesites.

 

Imagen: pinterest.com

 

* Inspirado en mis alumn@s, colegas y clientes que consiguen hacerme ver realidad en la fantasía y viceversa… Y aprender, aprender muchos de de ell@s.

, , ,

El arte de hacer preguntas poderosas: cuestión de magia

No me he podido resistir y (de nuevo) he usado un “título trampa” a los que tanto recurro desde la crítica del tipo “Cómo conseguir ser feliz en 10 pasos” o “Las 20 cosas que debes hacer antes de cumplir X años”.

 

Lo siento.

 

Buscaba lo mismo que buscan quienes usan este tipo de artimaña: llamar tu atención. Pero usando la psicología inversa en el contenido. A ver si nos cunde a ambas partes. De momento, aquí estás y eso ya es un puntazo.

 

Todo este embrollo parte de la inspiración que me generan muchas conversaciones privadas con personas que no conozco más allá de su perfil en RRSS, pero que aportan muchísimo a mi desarrollo cotidiano. Podría nombrarte un montón (algunas de ellas, se niegan en rotundo!) pero hoy quisiera destacar el papel de Plácida Martín.

Desconozco cómo llegamos la una a la otra, pero fue para quedarse hace ya un montón de tiempo y sus aportaciones y reflexiones privadas a mis posts…son tremendas. Tanto, que muchas veces consigue que le de la vuelta por completo a mis planteamientos y vea más allá de lo que veía a la hora de compartir pensamientos en la red.

 

En esta ocasión dio en la diana de algo tan importante como la capacidad para hacer buenas preguntas, en muchas profesiones como la mía, incluso diría necesidad. Y de ahí surgió este post.

 

Ni El arte de hacer preguntas, ni La magia de preguntar, ni Preguntas poderosas: como por arte de magia. Huyo de todo lo que tenga que ver con el arte, la magia, los trucos demás artificios. Hay profesiones maravillosas que ya cubren estos aspectos de la vida como son los magos y los actores, y obviamente, no es mi caso.

 

Para saber hacer buenas preguntas tienes que saber hacer algo básico: escuchar.

♦ Querer y saber escuchar, pero escuchar bien. Ni oír, ni escuchar por encima, ni a ratos, ni (sólo) lo que te convenga: escuchar activamente, como se dice a nivel teórico.

Querer escuchar y hacerlo hasta que te llegue a doler la cabeza, hasta olvidarte de ti mismo y tus circunstancias y hacer un “buen” uso de la información recibida. Saber escuchar al otro de manera global a nivel comunicativo y expresivo, sobre todo cuando la comunicación es en directo (hoy día estamos tan supeditados al texto y al 2.0 …).

Como comprenderás, y yo soy la primera que levanta la mano, no puedes hacer esto todo el tiempo: es agotador. Pero de no hacerlo todo el tiempo a no hacerlo nunca, cuando ya sabes de sobra los beneficios que traería a tus relaciones y la consecución de tus objetivos. Tú sabrás…

 

 Y más allá de esto de la escucha activa (no voy a incidir porque sería la enésima persona que te habla de ello y ya hay quien lo hace estupendamente), para saber preguntar hay que estar abiertos a cualquier respuesta. Me explico: a que te respondan lo que NO quieres escuchar, lo que ya sabías pero NO te apetece oír de nuevo, a lo que remueva tus cimientos. Sobre todo a esto.

Saber preguntar implica ser receptivo y no dar ninguna respuesta por obvia, no dar nada por hecho. Esto supone para ti un ejercicio muy importe de ser “tabula rasa”, algo que por naturaleza no somos y que también acarrea un enorme esfuerzo y cansancio.

No intentes adivinar, anticipar o concluir por el otro. Se trata de conversar, preguntar e intercambiar información ¿en qué momento te ha pedido que le digas lo que ves en tu bola de cristal?.

 

 Saber preguntar conlleva un aprendizaje continuo: a medida que preguntas, recibes información que tienes que integrar en lo aprendido y muchas veces no encaja ni con lo que esperabas, ni con lo que sabías. Matizo: saber preguntar conlleva un desaprendizaje continuo. Y si ya aprender de manera constante era agotador, ahora súmale el estar abierto a admitir que lo que te servía ya no te sirve y que lo pensabas que era, ya no es. Y todo lo que puede salir de ahí… No sé si querrás seguir leyendo después de todo esto, estoy sudando sólo de pensarlo. Y yo, no sudo ni el gimnasio ;).

 

♦ Saber preguntar entraña querer ayudar, actitud de servicio (que no servilismo) al otro. Hacer preguntas para acompañar, facilitar, guiar, comprender…pero siempre poniendo en primer lugar al otro.

Acabáramos! Encima de que usas tu tiempo en “interesarte” (de la palabras interés, me hace dudar aún más de su valor…) por el otro, le ayudas con sus historias… vas y tienes que cederle el protagonismo absoluto en sus vidas! Esto es inadimisible. Cada vez se complica más esto de saber y querer hacer bien las preguntas. Estoy a punto de tirar la toalla.

 

 Saber preguntar supone estar en silencio. Un silencio para dar paso a la otra parte y favorecer su comunicación, un silencio en calma y sobre todo, un silencio presente, consciente. De nada sirve estar callado para desconectar ni para elaborar la próxima pregunta: en la primera opción tu cuerpo te delatará (sabemos cuando alguien mira “a través” de tí, cuando alguien se ha ido de la conversación) y en la segunda, tu cerebro no te permitirá ser consciente de todo lo que ocurre mientras la comunicación fluye.

No te obsesiones con las preguntas poderosas, ni con preguntas tan largas y complejas que cuando la acabas no sabes ni lo que querías preguntar (me ha pasado, sí, sí, tal cual…).

No fuerces tu lenguaje y uses palabras que no formen parte de tu vocabulario habitual, ni te inventes giros gramaticales sacados de la chistera. Parecerá un chiste más que magia.

No te empeñes en parecer lo que no eres porque en realidad lo único que quieres, si en realidad estás haciendo bien las preguntas, es escuchar.

 

En resumen, para hacer buenas preguntas, hay que:

♦ Querer y saber escuchar, pero escuchar bien, de verdad.

♦ Ser receptivo y estar abiertos a todo tipo de respuestas.

♦ No anticipar, pronosticar o sacar conclusiones antes de tiempo.

♦ Realizar autocrítica y des-aprender de manera continua.

♦ Querer ayudar y nunca ser el protagonista de la conversación.

♦ Estar presente, consciente y en silencio.

♦ No presumir ni usar lenguaje forzado, poco natural: no fingir ni aparentar.

 

Con esto los trucos, la magia, el arte, el espectáculo y las máscaras….poco o nada tienen que hacer. Porque poco o nada tienen que ver.

 

Imagen: pinterest.com

 

, , , , ,

Personas con alma: María Jesús Gímenez Caimari “La culpa que habita en mí”

Esto de “conectar” en redes es muy difícil de explicar. No te hablo de aceptar una invitación o saludar  a través de Messenger (por favor, no se me ofenda nadie si no respondo a un saludo de estos, que no es la primera vez que me llaman borde por este motivo).

A lo que iba: encontrarte entre los miles de millones de perfiles activos que hay en la red con una persona que esté tan alineada contigo, o tú con ella, es para celebrarlo, compartirlo y alimentarlo para que siga creciendo.

Empezamos hablando de la culpa y nos “encendimos”, algo muy habitual en nosotras, y nos picamos a hacer algo. Luego derivó en un post conjunto, de esos que ahora están tan de moda 😉 y luego miramos opciones de publicarlo y dejarlo bonito. Pero ay de mí, cuando abro y leo su aportación y me doy cuenta de que no puedo sumar ni aportar nada mejor a esta maravilla de reflexión con fundamento sobre las culpabilidades que habitan en nosotros.

Con lo que te dejo a solas con María Jesús Gímenez Caimari y de paso te invito a que la conozcas y la sigas para aprender mucho y bien de psicología de la buena, de esa que nos hace falta en el día, la cotidiana. Pero también sabe cómo llevarla a las organizaciones y hacerlo de forma limpia, que a sucio ya van las cosas por sí solas.

Que la disfrutes, como yo hago…

 

____________________________________________________________________

 

Me la imagino como un bicho pequeño y espabilado.

Un parásito de esos que se nos cuela dentro para alimentarse de todo lo bueno que llevamos. La culpa se nutre de nuestra responsabilidad, de nuestros errores, de nuestra autoexigencia, de nuestra creencia de poder con todo, de la necesidad de aprobación, de la presión externa y de la interna. La culpa nos desgasta, nos paraliza y, sobre todo, nos culpabiliza.

Como ser vivo que es nace, crece, se reproduce y muere. Pero solo morirá si la matamos y para eso debemos de ser conscientes de que hemos caído en su trampa.

 

NACE

La culpa nace casi con nosotros. Desde pequeños ya nos manejamos con ella. Su función es hacer consciente a la persona que ha hecho algo mal para facilitar los intentos de reparación. Su origen tiene que ver con el desarrollo de la conciencia moral que empieza en nuestra infancia en el que influyen las diferencias individuales y los estilos educativos.

La culpa es algo aprendido por condicionamientos muy simples al hacer algo que no encaja con las expectativas que los otros tienen de nosotros. Cuando somos niños no agradar a los que nos quieren (padres, maestros, amigos), no recibir su aprobación y comprobar que les hemos decepcionado provocan el sentimiento de culpa y su malestar.

 

CRECE

No importa la edad, el sexo, la inteligencia, los recursos que uno pueda tener, si entre lo ideal y lo real se ha colado la culpa para equilibrar esa conexión, caeremos en ella cada vez que percibamos que nuestro comportamiento genera desaprobación en nuestro entorno. Sentirse culpable provoca un gran malestar pudiendo llevar a la persona a padecer algún tipo de trastorno importante.

Los elementos de la culpa:

  1. Acto causal (real o imaginario).
  2. Autovaloración negativa del acto.
  3. Emoción negativa derivada de la culpa.

A partir del acto inicial, la autovaloración negativa generará el sentimiento de culpabilidad que nos conduce a la vergüenza, la tristeza, la mala conciencia, la autocompasión, los remordimientos, provocando una mezcla de emociones y sentimientos que nos hacen sentir mal y que se retroalimentan entre sí dificultando su identificación.

 

SE REPRODUCE

Tipos de culpa:

  • Productiva.

Aparece como consecuencia de haberle causado un daño a alguien. Esto nos genera un malestar que necesita ser reparado. La culpa tiene su parte útil: sentir culpa nos ayuda a tomar conciencia de nuestros errores. Reconocer el error, aceptarlo y pedir disculpas por él es una buena manera aprender de los errores.

  • Improductiva.

EL RESTO. No existe ninguna falta objetiva que justifique dicho sentimiento. Este tipo de culpabilidad es destructiva y no nos ayuda a adaptarnos al medio. Cuando la culpa no cumple su función adaptativa puede hacerlo por exceso (relacionada con alteraciones psicopatológicas como la depresión) o por defecto (asociada con elevados niveles de perfeccionismo).

 

¿Qué pasa si el miedo a decepcionarnos es con nosotros mismos? ¿Qué ocurre si no es tanto la exigencia de los demás como nuestra propia autoexigencia? ¿Qué pasa si no encaja el objetivo ideal que nosotros nos habíamos marcado con la situación real? ¿Y si las expectativas que tenemos de nosotros mismos, unidas a una autoconfianza y autoconcepto distorsionado y todopoderoso no llegan a buen fin?

Y de esta culpa sabemos un rato. Este rollo de premios y castigos en función de lo que merecemos, de lo que nos esforzamos, de la vida que llevamos, de lo que comemos. Si no hago lo que me dice el otro (o yo mismo), si no sigo al del manual de turno, si la cosa sale mal, me sentiré culpable, responsable. Dependiente y manipulable. Mea culpa.

Y da igual quien predique al otro lado, da igual si he pecado o no he sido positiva todos los minutos del día. La cosa es que cuando no me salga como quiero, la culpa será mía. Culpa, responsabilidad y miedo, tres elementos que se van retroalimentando. A mayor responsabilidad, mayor culpa. A mayor culpa, mayor miedo. A mayor miedo mayor dependencia y manipulación. Solo yo te puedo sacar de ahí. Mucho discurso así hay por ahí.

 

LA TRAMPA.

Soy culpable y pido perdón. Después, me siento culpable por haber pedido perdón: la trampa.Incluso nos podemos sentir culpables cuando las cosas nos van bien.

 

 

Nos sentimos culpables por TODO.

Ejemplos cotidianos de que la culpa nos chupa sangre:

  • Por no mandar a un pesado a paseo. Por haberlo mandado a paseo.
  • Por tener un buen trabajo. Por no tener trabajo.
  • Por haber regañado a nuestro hijo. Por no regañarle como debíamos.
  • Por no trabajar en vez de jugar con los hijos. Por jugar con ellos en vez de trabajar.
  • Por irnos de viaje con nuestras amigas. Por quedarnos con nuestra familia en vez de ir con ellas.
  • Por trabajar mucho. Por trabajar poco.
  • Por tener los cajones desordenados, por cocinar fatal, por no hacer suficiente deporte, por tirarnos en el sofá dos días enteros, por pasarnos un domingo comiendo porquerías, por tardar un día en contestar un correo, por tomarnos una cerveza de más, por no entregar el informe un día antes del plazo marcado…

Y nos pasamos la vida pidiendo perdón por no hacer nada malo, por no hacer daño a nadie. Simplemente por no dar la talla en el grado de aprobación que deseamos. Por pura AUTOEXIGENCIA, por ir tras un perfeccionismo desbocado.

 

LA CULPA NO MUERE. HAY QUE MATARLA.

Para matarla hay que ser consciente de:

La necesidad de autoaprobación (hoy en día todo es auto), la autoexigencia, el miedo a defraudarnos, el supuesto autocontrol y la búsqueda del perfeccionismo es el caldo de cultivo ideal para la culpa. En este cultivo cuando sintamos impotencia, frustración o pérdida de control la culpa nos devorará antes de poderla matar a ella.

¿Es sano seguir pensando que podemos con todo? ¿Es saludable creer que simplemente con mucho esfuerzo y actitud positiva todo nos va a salir bien? ¿Es humano hacernos creer que somos responsables de todo lo que nos va a pasar en esta vida, desde un buen trabajo a no padecer una grave enfermedad?

La culpa no muere sola, a la culpa hay que matarla. Matar la culpa es:

  1. Desterrar la autosuficiencia y la omnipotencia.
  2. Aceptar que existen acontecimientos incontrolables.
  3. Saber que siempre habrá un “tendría que haber hecho” y cosas que no podremos cambiar. Y que no pasa nada.
  4. Entender que no podemos decidir todo lo que nos rodea.
  5. Convencernos de que no hemos venido a este mundo a sufrir, aunque a veces suframos.
  6. Separar los errores y fracasos de nuestra persona. He fracasado pero no soy un fracaso.
  7. Olvidar el cuento de premios y castigos.
  8. Ver que los “culpadores” han cambiado de vestimenta y de púlpito. “Los culpables” seguimos siendo el rebaño.
  9. Amar nuestras limitaciones.
  10. Ser humanos.

 

En la vida hay un punto de no retorno, bienaventurados los que llegan a él: el momento en el que te das cuenta de que no es la sociedad la que te exige tanto. Eres tú. Y será tu vida y tu culpa.

 

Imagen: pinterest.com

, , ,

No quiero que te vayas, verano…

No tenía pensado hacerte llegar ningún post hasta octubre, aún sigo a vueltas con el PAR (Período de Adaptación a la Rutina), pero hoy, 23 de septiembre, con la llegada del otoño me veo en la obligación de hacerlo.

 

Después de varios días sin estar mucho en la red (2 o 3, no te voy a contar ahora milongas de que cada vez estoy más desconectada, estoy lo que estoy…) me pongo a leer en mis “muros” y cual es mi asombro al ver que la gran mayoría de publicaciones son de tristonas, angustiosas o dramáticas despedidas al verano.

 

Lamentos de cómo habrá que esperar hasta el próximo verano para tomar el sol, viajar o disfrutar de la naturaleza.

 

Lloros al pensar que pasarán al menos 9 meses hasta que llegue el momento de hacer aquello que tanto te gusta, pasar tiempo con las personas que quieres o sentirte libre.

 

Súplicas de que no se vaya la época estival, que no desaparezca esa época del año en la que parece ser revives o más bien, da la sensación de ser el único instante en que eres feliz, en el que estás vivo…

 

Vamos, un drama.

 

Oye, que yo también soy de sol, de mar, de luz, de viajar y de un sinfín de cosas que parece ser que están limitadas al verano. Pero va a ser que no: si te gusta el mar (como es mi caso) y lo tienes cerca…¿qué te impide disfrutarlo todo el año? O ¿vas a esperar a hacerlo sólo en verano? Cada época del año, te permitirá hacerlo de una forma distinta, pero si quieres, podrás hacerlo todo el año. Sí, sí, como lees.

 

Muy lejos de entrar las individualidades de cada uno y más allá de que cada uno viaja, sale y entra, descansa y lee cuando quiere y puede, me resulta muy cansino esta tendencia a encasillar al verano como el período de felicidad por excelencia. Quizás sea la única vez que te puedes ir a tu familia en todo el año o te puedes permitir el lujo de viajar…pero no me digas que el resto del año estás “muerto” o te siente un desgraciado. Porque por lo que publicas, parecer lo parece.

 

Y esto me hace ir a los famosos “Menos mal que es viernes” o “Estoy deseando que llegue el puente” que viene acompañados de un “Horror, otra vez lunes” a la vuelta”. De verdad, me gustaría que te planteases qué tipo de vida llevas si aborreces todo lo ocurre en ella de lunes a viernes, y sólo eres feliz en agosto, porque eso son 31 días de los 365 que tiene un año. A mí, se me haría muy duro.

 

Ahora, no te vayas a pensar que soy de las que van cortando margaritas por los prados y regalándolas a cada paso que da en la calle con mi cabello al viento como si fuera un anuncio de Sunsilk (¿todavía existe esa marca? Hace tiempo que no la veo en los supermercados…). A mí, también me gusta el verano y su cara amable, pero también la tienen el resto de estaciones y meses del año, al igual que su lado oscuro donde deseamos que las agujas del reloj se muevan con la velocidad del rayo.

 

¿Por qué te empeñas en vivir deseando que lleguen una serie de momentos que son cíclicos como el fin de semana o el verano? ¿Es porque lo dice la mayoría (vamos, moda) o por necesidad? Da igual, porque ninguna de las respuestas me va a gustar.

 

¿Y si te haces estas preguntas?:

¿Por qué no te planteas qué cosas haces durante esos días que con tanta ansia esperas?

¿Podrías realizarlo, aunque en menor medida o intensidad, durante el resto del año?

¿Qué te impide hacerlo?

¿Puedes buscar la forma de acercarte a conseguirlo?

¿Lo has intentado (en serio) en algún momento?

¿Qué fue lo que te hizo dejar de intentarlo?

 

Este post no contiene la receta mágica para alargar el verano, ni para estirar los días felices, más que nada porque no existen esos trucos. Pero sí puede acercarte más a lo que depende de ti y no de los demás, puede hacerte pensar en qué (demonios) estás haciendo cada día para no tener que desvelarte pensando en que lleguen los días en los que haces lo que realmente quieres como la jubilación, el fin de semana o el verano.

 

Esto no implica necesariamente cambios drásticos en tu vida como llamar a un abogado para divorciarte, redactar tu despido voluntario o hacer las maletas con un billete sólo de ida.

 

Esto, si tú quieres, implica ser consciente de la vida que has elegido, asumiendo las partes que te han tocado y modificando, en la medida que te sea posible, aquellas de las que eres responsable.

 

Esto, implica aceptar que hay circunstancias que no has escogido y hacerlo de la forma más ecológica y rentable para ti.

 

Esto, implica introducir pequeños cambios en tu día a día para transformar aquellos aspectos que te acerquen gradualmente a eso que te hace “soñar” con esos días dorados.

 

Esto, implica dejar de soñar despierto y hacer, construir en lugar de quejarse de la mala suerte que arrastras o de la porquería de trabajo que tienes. Esto va de dejar de protestar y sudar la camiseta del partido de tu vida (ay Dios, me he venido arriba otra vez, ya lo dejo, ya lo dejo…).

 

Te invito a que realices un listado de las 10 cosas que haces en esa época del año que tanto deseas y luego la pongas junto a las preguntas que te he lanzado arriba. Responde todas las que puedas siendo sincero contigo mismo, no tengas prisa, es tu vida, son tus tiempo, pero hazlo. Y luego, procura no tirar esa lista a la basura, ponla en algún lugar visible, eso hará que sea más fácil pasar a la acción y lograr que no sufras con cada final de verano repitiéndote “No quiero que te vayas, verano” como  si fueses cualquier protagonista de “Verano azul”.

 

Prioriza y elige una de ellas (utiliza para ello el criterio que consideres, puede ser por importancia, practicidad o economía) para dar el primer paso y ve poco a diseñando etapas para acortar distancias con el objetivo final, que no es otro que ser más feliz, vivir más en consonancia con lo que te hace bien, vivir al fin y al cabo un eterno verano…

Imagen: google.com

, , , , ,

Morir de ego

El ego, ese ente del que todos hablamos y damos consejos sobre cómo gestionar para mantener equilibrado, mientras es engullido por el nuestro propio. El ego, esa parte del ser humano de la que presumimos tener bajo control y nos lleva a callejones sin salida de manera constante.

 

Sí, lo sé, el ego ha de existir, es condición humana, pero…

¿por qué hablamos continuamente de él como si fuese un animal doméstico cuando en realidad es una bestia indomable que se apodera de nosotros?

 

Cansada de leer sobre cómo gestionar egos ajenos (importante, nunca el propio, no vaya a ser que no pueda/quiera), hastiada de encontrarme con lecciones magistrales sobre el daño que hace un ego sobredimensionado a las organizaciones y a las relaciones, y sobre todo aburrida de que siempre se hable en tercera o segunda persona (siempre son los demás los que tienen el ego desbocado, nunca uno mismo), me he decidido a desnudar mi ego para ti.

 

Como una cura de humildad que todos necesitamos en algún momento (o en muchos), me voy a quitar aquellas capas de ego que veo tan a menudo en mi sector (sí, sí, en el mío que tanto vende y proclama la gestión de egos y personas, que es más sangrante aún).

Y voy a ser tan sincera como me permita el propio ego, porque por mucho que profundice en el autoconocimiento y me lo curre como una campeona, qué quieres que te diga, pues que todavía me falta para ser experta en mí misma. Con lo que ser experta en autoconocimiento así en general, peor me lo pones.

Pues verás, por mucho que digamos que nos gusta rodearnos de personas que brillen más que nosotros, de las cuales aprender, bla, bla  y bla… yo he sentido miedo. Me encanta aprender, mejorar y crecer y eso sólo es posible si te rodeas de personas mejores que tú, que te impulsen a ello, pero sí, he tenido miedo. Miedo de no llegar a cumplir mis y sus expectativas, miedo de los agravios comparativos, miedo del aprovechamiento fruto de la desconfianza. No es todo el tiempo, se lucha contra ello y se vence, pero no siempre se consigue. Y quien te diga lo contrario miente, o eso creo…

 

Y hablando de egos, con el éxito hemos topado y con las prisas de crecer, de sumar seguidores, de engordar los perfiles y las cuentas bancarias. No me vengas ahora con que hay que hacerlo de corazón, porque no te lo crees ni tú y de paso, ni yo. Cierto que lo hago con el corazón porque me gusta mi trabajo, y me vuelco para que salgan bien las cosas, porque con ello se pone en juego mi profesionalidad, mi imagen y la confianza depositada en mí…Sigo rascando que cada vez escuece más. Y al ponerse en juego mi profesionalidad,  puede verse perjudicado mi orgullo, mi valía, mi yo, vamos mi ego. Que de paso, también velo por los intereses de las personas que componen y dan forma al proyecto, eso nunca se olvida, pero que lo hago con mi ego guardado en una caja fuerte a buen recaudo…como que no.

Es entonces cuando llega un día en el que me doy cuenta de el éxito puede ser la tumba, me voy a morir de éxito, de que ¡me voy a morir de ego! Y total, ¿para qué? ¿Me compensa? ¿Compensa a quienes me rodean? Aquí sí que me trabajo bien el ego, lo doblo según los criterios de la japonesa Marie Kondo y bien plegadito al cajón. Pero admito que esta gestión, me viene como resultado de haberme visto fuera de mí misma, incluso fuera de control por miedo a ver dañado mi ego, ese del que presumo manejar tan bien.

 

No soy perfecta, hace tiempo que lo sé, pero ¡me fastidia admitirlo según en qué aspectos! Me gusta hacer las cosas con buenos resultados, que sean valorados por las personas que me importan, me encanta encontrarme con gente que coincida conmigo en valores. Vamos, que me gusta alimentar mi ego y protegerlo, y como ya he admitido que no soy perfecta, puedo permitirme el lujo de decirlo así, tal cual. Yo soy la principal “culpable” de que mi ego aumente de tamaño  y lo hago de manera consciente e inconsciente. Luego se me va de las manos y ya no me gusta tanto, ahí es donde tiro de abuela materna, que es la persona con mayor capacidad que conozco para reajustar el tamaño de tu ego de un plumazo, te deja como nueva (cosas de la genética de la cuenca del Nalón).

Y si aún así se resiste, siempre me queda mi marido que me hace bajar de las nubes con tan sólo mirarme o mi madre al hacer ver que no sabe realmente a qué narices me dedico. Para ese ego fuera de sí, una buena dosis de realidad y quedo como nueva. Sería ideal que siempre fuese yo la que llegase a esta conclusión por mí misma, pero ya he vivido algún episodio donde mi ego me ha cegado y he llegado a rozar la enfermedad por exceso de trabajo o agotamiento mental. Y sí, esto también son problemas a la hora de gestionar mi ego.

 

No te creas que ha sido fácil sentarme a contarte esto, yo me que las doy de ser una apasionada (qué pesados somos con la pasión, de verdad!) del autoconocimiento y buscadora empedernida de la aplicación de la gestión emocional.

Yo, que escribo post quincenales con recomendaciones y te acerco la teoría a la práctica.

Yo…he de admitir que, como tú y como el resto de mortales, nos encanta alimentar nuestro ego.

 

Imagen: google.com

 

*Artículo de colaboración el blog de Silvia Saucedo, no dejes de seguirla en su blog y en su programa de radio en Radio Guadalquivir 107.5 fm.

 

, , ,

Agosto: vacaciones y frustraciones.

Aunque en mi cabeza resuene la versión de la canción de JLo “El verano pa cuándo?” (asturianos me entenderán…) ha llegado agosto, lo cual implica cambiar hábitos y rutinas. Pero no porque lo diga yo o algún referente en la red, sino porque es inevitable y totalmente necesario. Y lo dicen expertos en salud, física y mental, no me estoy inventando nada.

Y con agosto, llega el mes de las vacaciones por excelencia. El mes para recargar pilas, para desconectar, para descansar, para leer, para viajar, para la familia y los amigos, para tantas cosa…que puede que no te de tiempo a realizarlas todas. No tenía muy claro si escribir un post, de nuevo, sobre esta temática, pero después de conversar con María Jesús Giménez Caimari de Sapiens Mindset me he visto en la necesidad de lanzarme (tampoco ha costado mucho, sea dicho de paso).

Siento alejarte del falso positivismo de “Si quieres, puedes” porque no te va a dar tiempo a hacer todo lo que dicen que te tiene que darte tiempo hacer en vacaciones. Salvo que tus vacaciones duren 6 meses, y aún así, tengo mis dudas. Parece un trabalenguas o que me he vuelto el Gargamel (si eres un Millenial tendrás que entrar en Google para saber de lo que hablo) del período estival, pero quiero ayudarte a generar las expectativas de tu periodo estival.

Este post surge del resultado de mis primeras vacaciones reales tras hacer profesional independiente y liberal, vamos el autónomo de toda la vida. 6 años después de tomar esta decisión y con una pequeña de 14 meses me cogí mis primeras vacaciones en serio, de esas de cogerte un avión, irte a una playa con aguas cristalinas y desconectar de todo lo que me había agotado durante el año.

Puse tanta ilusión y empeño en preparlas al detalle, que todo fuese “perfecto” (lo mío con la perfección viene de tan lejos…), generé tantas expectativas en lo que iba a hacer en mi tiempo de vacaciones que lo único que conseguí fue…frustrarme y pasar la mayor parte del tiempo pensando que no me daba tiempo a todo lo que tenía previsto hacer en esas semanas. Y así, aunque cada vez ha ido a menos, me ha ocurrido año tras año.

La única responsable de mi frustración ante la incapacidad para llegar a todo lo tenía pensado fui yo, cierto. Pero existen otros factores que no me ayudaron nada a gestionar la limitación del tiempo y de mis capacidades respecto a las vacaciones. ¿Sabes a qué me estoy refiriendo?
Listas y listas interminables de lo que DEBES hacer en vacaciones: que si descansa, que si viaja, que si haz deporte, que si escribe un libro, que si pasa tiempo con la familia, que si haz deporte.
Mira, te lo digo de corazón, y tal y como acabé mi anterior post sobre este tema: haz lo que te apetezca, lo que quieras y puedas con tu tiempo libre. Incluso, si decides no tener vacaciones, también será estupendo siempre y cuando sea tu elección. Y si en el peor de los casos, te ves obligado a usar ese tiempo “idílico” en hacer algo que no te apasiona, no dramatices: todo llega, todo pasa.

Para mí, estos listados de lugares ideales, estos inventarios de tareas a realizar en el periodo estival no dejan de ser estereotipos o ideales. Y no pocas cosas debería haber tan sagradas como el uso del tiempo libre.
Cierto es que no estamos libres de tendencias, modas y aspectos sociales que nos invaden a diario y desde que nacemos, pero también tenemos la capacidad de decidir y hacer lo que te apetezca en el ese tiempo reservado para el descanso. Por lo que deberíamos empezar a plantearnos antes lo que es el descanso para cada uno de nosotros.

¿Qué implica para ti descansar? ¿De qué (o de quién) necesitas descansar durante una época del año? Me gustaría que la respuesta fuese única y exclusivamente tuya, sincera, de corazón, por lo que puedes compartirla conmigo en el blog o red desde el que me lees. Pero lo que realmente me haría ilusión es que te respondieses con esa sinceridad y actuases en consecuencia usando ese tiempo como te plazca y te puedas permitir.

Por lo tanto, aquí no verás el catálogo de los mejores libros para leer, de las mejores playas que visitar, los museos más interesantes o los mejores cursos de verano. Me gusta pensar que cuando reflexiono en voz alta te puede servir para encontrar ese equilibrio tan necesario, aunque tan sólo sea a ratitos, que todos buscamos. Y lo que sí tengo claro es que tu equilibrio, tu tiempo libre y ocupado, tu vida, tu agosto… es tuyo.

Haz con él lo que te plazca y déjate de modas y listados interminables.

 

Imagen: Kenton Nelson

, , , ,

Depredadores digitales

Antes de escribir este post, me he documentado.

Te cuento esto porque no suelo hacerlo, me gusta escribir sobre lo que “domino” y me siento cómoda, desde mi visión y con el riesgo que eso conlleva. Pero es lo que tiene ser una inconsciente cuando me pongo frente al ordenador.

 

Soy una gran defensora y usuaria de las redes sociales, creo firmemente en su alcance a muchos niveles: didáctico, comunicativo, publicidad, etc. Pero como toda herramienta siempre tiene una doble cara y desde hace tiempo estoy “descubriendo” un perfil que usa la red con unos fines que no me gustan nada, en absoluto y que comienza a inspirarme cierto temor.

 

Cuando te hablaba de documentarme previamente a esta reflexión, lo hacía desde el punto de vista del concepto que me viene a la cabeza al pensar en estos seres sociales que inundan cada vez más la red: los depredadores digitales. Al buscar, encontré que el término no es nuevo (vaya! una vez más no habrá un término inventado por mí, que pueda alimentar mi ego, habrá que seguir intentándolo…), pero siempre ha estado vinculado al acoso sexual, laboral o bullying. Y aquí es donde mi análisis entra en acción.

 

Se me vino a la mente este término al ir dándole forma a una tipología de habitantes de la red de los cuales pretendo huir lo más lejos y de los cuales he realizado un perfil psicológico (lo siento, mi deformación profesional me precede…).

Te detallo a continuación la estela que van dejando a su paso en formato de pautas conductuales, por si te pudieran servir:

 

Dedicación intensiva a estudiar los estados emocionales de sus “presas”: estos sí que son Big Data senior y sin Máster del universo ni ná. Tienen un especial olfato para detectar cuándo estás en un momento de flaqueza para lanzarse sobre ti y echar sus redes tejidas en el más profundo de los abismos (son malvados, no me cabe la menor duda, te quedará más claro según sigas avanzado).

 

No están siempre presentes…o al menos, eso parece: aparecen y desaparecen a su antojo, pero el resto del tiempo lo pasan en modo “vieja al visillo”, observando cualquier movimiento con el que detectar a sus presas. Como los leones en la sombra, ahorran bien sus energías para usarlas con todas sus fuerzas en un ataque mortal. Aquí, la muerte, no será física sino emocional, porque te habrán conquistado, pero no es un amor puro ni real, si no única y exclusivamente en su beneficio.

 

Son listos, muy listos, extremadamente listos! Eso, también me asusta muchísimo. Saben lo qué decir a cada momento, son como un bálsamo para tu estado, se dirigen a ti cuando detectan ese momento de debilidad clave a partir del cual te atraen a su red. Y te hacen olvidar que esa red es como la de una araña: viscosa, envolvente, cómoda, pero mortal si te quedas en ella demasiado tiempo.

 

– Control de visitas: ¿sabes los CRM en formato Excel que tienen los comerciales para visitar a sus clientes y les recuerdan cada cierto tiempo que tienen que “tocar” el timbre? Pues eso mismo lo hacen estos depredadores. Los imagino revisando fríamente su listado de contactos mientas se comen un Magnum viendo una serie de Netflix y pensando “¿Hace mucho que no llamo/escribo/comento a…?” Lo preocupante no es que lo hagan, incluso ni que te lo hagan a ti, sino que estas dos circunstancias confluyan y te lo creas, mientras te arrastran a su terreno haciéndote sentir que eres importante para ellos. Si es así, estás perdido, pero insisto, no es real, nunca lo ha sido.

 

– Son expertos manipuladores: pueden parecer auténticos #influencers (por decir algo que tenga relación con las redes sociales) pero su comportamiento dista años luz de la influencia y se acerca mucho más a la manipulación más estratégica que puedas imaginar. Cada acto, interacción, mensaje, post…tiene un claro objetivo (ojo! Como tiene que ser!) y no es otro más que decirte lo que necesitas/quieres oir para que sigas preso de sus encantos.

 

– Legionarios: ese es su último fin, que te conviertas en su legionario, que formes parte de sus filas y que vayas con ellos a muerte. Hoy en día lo llamamos comunidad, seguidores, followers, prescriptores y así le damos un barniz de profesionalidad. Yo soy la primera que intenta gestionar su imagen y su marca personal teniendo en cuenta todo esto, pero en el momento en el que solamente cuentan los números (de la cuenta en redes sociales y de la bancaria, esa sí que cuenta de verdad para ellos!) ahí es donde pasamos de una gestión de marca a la creación de auténtica fachada con fines oscuros, muy oscuros.

 

– Están presentes en todos los sectores: no pienses que esto es exclusivo del mundo del desarrollo personal ni la psicología más edulcorada. En todos los ámbitos existen estos depredadores a la caza de inocentes presas, como puedes ser tú, como puedo ser yo. No te sientas mal por ello, yo también he caído en su trampa y me ha costado ver la mentira, que no humo, que había tras su perfil. Es mucho más dolorosa y dañina la mentira y la falsa apariencia que el humo que pretende distraer la atención, mucho más.

 

Ante este análisis improvisado sobre el comportamiento humano en las redes sociales, el único consuelo que me queda es el de estar atenta a la aparición de esta especie y saber que el mejor aliado de la coherencia es el paso del tiempo. Porque de momento no puedo darte pautas de cómo superar los estragos que dejan a su paso…

Imagen: google.com

, , , , ,

Palabras tabú que deberías introducir en tu discurso (interno) para triunfar

He puesto “deberías” para captar tu atención (y espero haberlo logrado), pero en realidad lo que quiero decir es “me gustaría”.

 

Me gustaría que al finalizar este post te planteases el motivo de porqué al usar determinadas palabras, te suben escalofríos por la espina dorsal cuando en realidad pueden ser la llave a conseguir tus objetivos.

 

Me refiero a determinadas palabras tabú que en principio no lo son, no deberían serlo o incluso ni siquiera las usas en tu día a día. Y de ahí que sean tabú sin serlo. Como  ya sabrás, tabú viene de un vocablo polinesio que significa “lo prohibido”, por lo que llevado al lenguaje, hace referencia a palabras prohibidas.

 

En la relación que estableces con los tabúes, cometes fallos al ignorar su origen y asumirlos sin más, de manera implícita acatas su uso y los incluyes en tu forma de sentir, pensar y actuar. Y al ignorar ésto, sientas las bases de algo que puede ser perjudicial para tus resultados vitales. De hecho, en la mayoría de ocasiones no eres consciente ni siquiera del propio uso o desuso de estos conceptos en tu día a día.

 

Hay tantos tabúes como personas, como historias, como culturas, como formas de pensar, y para ello muchos expertos han dedicado horas de estudio y nos ayudan a intentar eliminar o manejar su uso nocivo, desde los sexuales, políticos, raciales o la propia muerte.

 

Hoy me apetece centrarme en una palabra clave que aparece de manera recurrente en mi profesión: ESTRATEGIA.

Y ahora, dime ¿qué imagen o expresiones te vienen a la mente cuando aparece esta palabra en tu discurso, ya sea privado o público?

¿Cómo?

¿Qué ni tan siquiera la usas?

 

Las palabras más frecuentes con las que se relaciona son frío, calculador, táctica, militar, manipular, guerra… Y si entramos en detalles de imágenes, suelen tener que ver con campos de batallas sangrientos, armaduras invencibles o ejércitos que se dirigen irrevocablemente a la muerte. Quizá consideres que me he puesto en plan “drama”, pero drama es que el vivo yo en cada proceso, con cada cliente, cuando nos ponemos a fijar unos objetivos y definimos los pasos a seguir para conseguirlos… y surge esta palabra.

Sencillamente, una estrategia es la guía de las acciones meditadas y evaluadas de manera reflexiva que te van a dirigir a un fin, desde enamorar a una persona que ignora tu existencia, hasta conseguir escribir un libro pasando por encontrar un trabajo que se amolde más a tus necesidad actuales.

Querido, cómo no me vayas con mente de estratega por la vida te quedas para siempre en la casilla de SALIDA, y resulta que tu fin es llegar a la meta, y además, antes y menos cansado que los demás. Pues empezamos bien.

 

Necesito, y además, con urgencia, que te sientas un estratega sin que te estremezcas, sin sentirte frío ni calculador (coletilla por excelencia al respecto de esta palabra que, personalmente, me maravilla). Necesito que te consideres el comandante de tu ejército, el capitán de tu barco, sin que ello implique necesariamente que eres un tirano o un actor que falsea sus intenciones.

 

Lo que ocurre es que, al igual que con los tabúes y su origen en ti, te pasa con tus intenciones, con tus objetivos. Que los tienes pero los ignoras, sabes que están ahí pero no los tienes claros, definidos. Y cualquier estrategia sin objetivo, es un sinsentido. Normal, que al hablarte de ella, te veas enfundado en una pesada armadura medieval que te bloquea y te ralentiza, normal.

 

Quítate ese peso de una vez: ser estratega es tan necesario como el respirar, porque será la única forma en la que consigas vivir de verdad. Y puedes hacerlo, serlo en tus relaciones personales, en tu profesión, en tus aficiones, porque yo tengo claro que cada vez que emprendes una acción, buscas algo. Y tú, deberías tenerlo claro también. Esto, y también lo qué buscas, de ahí la confusión en todo esto.

 

Necesito que alejes de ti la sensación de que ser un estratega es no actuar de corazón, ni de buena fe, ni con nobleza. El cine bélico nos ha hecho mucho daño al respecto, las consecuencias de las decisiones políticas que vivimos a nivel mundial también, la propia narrativa con tintes oscuros, ha hecho que vinculemos esta palabra a algo nocivo y de lo cual queramos huir a toda costa.

 

Te pido por favor, que empieces a usarla con otras connotaciones, con aquellas que la asocian al control sobre tu vida, a la gestión de los factores que dependen de ti y que impactan en tu éxito. De hecho, trabajo habitualmente con mi propia fórmula al respecto, que me funciona tremendamente bien para trabajar los resultados óptimos y de la que, si te apetece, te hablaré en otro post e incluye, irremediablemente la ESTRATEGIA en una de las fracciones de las que se compone:

 

(OBJETIVO ESPECÍFICO  + ESTRATEGIA DEFINIDA)   X   ESFUERZO   = RESULTADOS ÓPTIMOS                                              

                                                         HUMANIZACIÓN                                                                                              

No puedo (ni tiene sentido) cambiar el motivo de porqué has desterrado de tu vocabulario la palabra estrategia o de porqué la usas con un matiz turbio, pero sí quiero ayudarte a que reflexiones sobre cómo incluirla en tu discurso de forma sana, y comprender que te puede hacer más poderoso.

 

Yo, sólo quiero que seas estratega de tu vida, de tus batallas y que veas la vida de forma más clara. No detrás de una coraza que limita y no permite avanzar, sino desde la claridad que te permita tener más luz y foco en lo que te propones, y sobre todo, en cómo conseguirlo.

 

 

 

Para ello ya sabes por dónde debes empezar, por punto de partida de cualquier proceso: el autoconocimiento. Sabes de sobra lo vital que considero esta herramienta de desarrollo para el ser humano, por lo que te invito a que profundices en ella si te apetece en el enlace.

 

Imágenes: Pinteresto.com y Pixabay.com, respectivamente.

 

 

 

 

 

, , ,

Tus ojos te delatan: cómo “dominar” la comunicación no verbal

Sigue resonando en mi cabeza esta frase, que llevo escuchando desde mi infancia como un soniquete. Sobre todo de boca de mi padre, que quizás con un necesidad de sobreprotección que aún perdura, constantemente me decía que no fuese tan “transparente”, tan natural, tan directa porque me traería muchos problemas.

 

Y me los trajo, vaya si me los trajo… y aún hoy, me meto (o entro?) en alguno que otro.

 

Esto siempre me ha generado un gran debate interno: ¿mostrar lo que eres/sientes/piensas a cualquier precio? ¿maquillar comentarios, acciones o pensamientos con tal de salir airoso? Nunca he tenido la respuesta adecuada, pero hoy me encuentro más cerca de estar en paz con mi comunicación.

 

Esto no va de mentir, ni de fingir ni de ser actor. Va de conocer y estudiar todo lo que dices con tu cuerpo, lo que comunicas sin apenas abrir la boca y va sobre todo, de controlar la situación y de ser dueño de uno mismo. Siento decirte que esto es mucho más complejo que estudiarte un manual de Comunicación no verbal y de hartarte a ver vídeos en YouTube sobre cómo comunicar.

 

Es mucho más que es eso, porque lo que sí te adelanto es que tu cuerpo es el reflejo de lo sientes, piensas y, por lo tanto de lo que haces. Con lo que, aunque hoy te hable de lenguaje corporal, el verdadero éxito de cómo transmites, está en la forma en la que gestionas tus emociones y tus pensamientos.

 

Es cierto que existen una serie de pautas que nos facilitan la lectura de mensajes corporales en los demás, de los cuales podemos extraer más información de la que es obvia mediante la interacción comunicativa. Eso sólo será posible si prestas atención, pero no olvides que lo mismo que somos capaces a ver más allá de lo que dicen las palabras en los demás…también ocurre a la inversa.

 

Por eso me gustaría compartir contigo mi aprendizaje a lo largo de estos años en un tema del cual no me canso querer saber más y más, del que continuamente sigo ampliando conocimiento:

 

– Como te decía antes, sólo conseguirás ser un “experto” en la interpretación del lenguaje corporal, si realmente te gustan las personas y comunicarte con ellas. Sólo de esa forma, serás capaz de prestar la atención adecuada a las pistas que te ofrece tu interlocutor mientras sigues el discurso de la conversación de manera fluida. Porque, por si no te has dado cuenta, es realmente agotador. Sólo llegarás a sentirte cómodo mientras analizas todos aquellos detalles extras al alcance de tu mano, si tu interés real es hacerte comprender y buscar una comunicación exitosa para ambas partes.

 

– La comunicación no verbal tiene un componente cultural, pero en líneas generales es universal y se aprende de manera táctica. Es decir, sin haber leído nada de Paul Ekman, seguro que si te encuentras con alguien con el ceño fruncido, los brazos cruzados y la boca cerrada-apretada, seguro que rápidamente detectas cierto enfado o rechazo. Así que cuando te pongas manos a la obra, no partirás de cero, y eso, quieras que no, anima mucho a empezar en serio de una vez con el este asunto pendiente en tu agenda.

 

– Esto de la comunicación no verbal, tanto a nivel propio y como a nivel de los demás, es cuestión de sudar la camiseta. Si ya tienes las ganas de comunicarte mejor y el gusto por estar rodeado de personas que decíamos antes, además de prestar la atención necesaria y estudiar sobre el tema, ahora sólo queda entrenar, entrenar y entrenar. Y cometer errores, regular, mejorar, pedir feedback, cambiar, gestionar… Vamos, que no va a ser fácil, pero si te lo propones, podrás mejorar muchísimo la forma en la que llegas a los demás.

 

– La dichosa coherencia siempre aparece en este tema. Es de sobra sabido que ante una incongruencia o discrepancia entre lo que se dice y lo que se comunica con el cuerpo, prevalece lo segundo. Con lo que si mientes o finges…se sabrá! Salvo que seas un excelente actor y en caso de ser así, enhorabuena! porque dominarás el método Stanislavski. Lo que te quiero hacer llegar es que para comunicar bien, hay que conocerse bien, tanto a nivel reflexivo como a nivel corporal y de ahí en adelante, tener muy claro cuál es el objetivo que buscas a la hora de comunicarte. Así, la coherencia entre lo que dices, piensas y expresas será total y será el menor de tus preocupaciones.

Y para muestra, una muestra de la que escribe de que no hay forma posible de ocultar un enfado (o posible venganza) si es lo que se está sintiendo en ese momento…

 

– Del anterior punto deriva este pregunta clave: ¿qué ocurre cuando lo que pienso o siento no es lo adecuado en este punto de la comunicación? De ahí la necesidad de vincular de forma clara la gestión emocional con la comunicación no verbal. A veces se olvida que este lenguaje corporal incluye la paralingüística (componentes de la voz que no tienen que ver con el contenido: tono, ritmo, fluidez, etc) y proxémica (uso de los espacios y distancias en la comunicación), por lo que todo se complica mucho más a la hora de usar la comunicación no verbal como tapadera de lo que pasa por mi mente. Lo realmente importante es que gestiones tus emociones y sepas de antemano dónde y cómo se sitúan en tu cuerpo e impactan en tu estilo de comunicación. Desde hace años, trabajo con un modelo de entrenamiento propio basado en la toma de consciencia de estos puntos, y el aprendizaje y mejora es tremendo. Se llama Modelo CEPA (Comunicación Estilo Proyección y Actitud) y estudia en profundidad estos cuatro aspectos a la hora de conseguir aquello que nos proponemos.

 

¿Qué buscas realmente? Necesito (y necesitas) que seas sincero contigo mismo. Si quieres gustar, convencer, influir, obtener información, escuchar, opinar, hacer cambiar, ignorar o mentir… Has de tener claro cuál es tu objetivo en tu comunicación, qué es lo que realmente pretendes, porque de no ser así, todo esto no tendrá más sentido que crear una personaje o ser una auténtica pérdida de tiempo. Mientras no sepas qué quieres obtener de cada conversación, estarás dando tumbos y recuerda, que todo se nota…

 

No te obsesiones: parece que son muchos factores a tener en cuenta, pero en realidad, si prevalece en ti el primer punto y no tiras la toalla a la primera de cambio, el resto será cuestión de tiempo y esfuerzo. Empieza con pequeños objetivos a conseguir en cada oportunidad de comunicarte y evalúa siempre que puedas las áreas de mejora y los resultados conseguidos una vez haya finalizado. Esto, te ayudará a seguir motivado con el entrenamiento, disfrutando de aquello en lo que vas sintiéndote seguro y a poner más empeño en aquello que se te resiste.

 

Y después de todo este aprendizaje, te puedo asegurar que el título de este post ya no me tortura ni mucho menos. Después de años estudiando y trabajando con la comunicación de tantas personas, y la mía por supuesto, lo que he conseguido es que mis ojos te cuentan lo que soy, lo que siento y pienso cuando estoy contigo. Hace mucho tiempo que no me siento delatada por ellos…