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Sé que no te gusto… Y eso es bueno.

La necesidad de ser aceptados, como seres sociales que somos, nos lleva muchas veces a no comprender que no podemos gustar a todo el mundo. Y esto también ocurre en los procesos de selección.

En muchas de sesiones de formación suelo contar una experiencia personal que me cambió la vida, produjo en mí lo que se denomina “insight”: en términos coloquiales, “ver la luz”. Y hoy me gustaría compartirla contigo.

Cuando tenía unos doce años una amiga del colegio y yo nos enfadamos. Al llegar a casa, le conté a mi madre lo sucedido: mi amiga (hasta entonces) decía que ya no le gustaba, que le caía mal. Y eso se escapaba de mi comprensión: ¿cómo YO le iba a caer mal alguien en este mundo?. Mi explicación se basaba en que si yo era buena persona y hacía las cosas con buena intención, tenía que gustar a todo el mundo. Y mi sabia y cariñosa madre me explicó que no era así: no todos podemos gustar a todo el mundo, ya que cada uno percibe su contexto de una forma distinta y lo que para mí está bien, para el otro puede ser algo horrible.

Lo admito: fue doloroso, pero liberador al mismo tiempo. Y siempre agradeceré a mi madre que me lo explicase con doce años y no con treinta, por que de haber sido así, mi vida hubiese sido mucho más difícil de asimilar.

A lo largo de mi vida, me he ido encontrando con muchas personas con las que rápidamente percibes que no vas a “encajar”, y además creo que ha sido recíproco. ¿Motivos? Sistemas de creencias, valores, expectativas puestas en la relación, necesidades creadas, contexto en el que se da la relación… Son tantos factores los que influyen, que si lo analizásemos fríamente, lo complejo es gustarle a alguien y que sea mutuo.

De ahí que muchos de nosotros nos pasemos muchos años de nuestra vida intentando comprender esto, con lo sencillo (pero desgarrador según la circunstancia) que sería entender que no podemos encajar con todas formas de ver el mundo, ya que existe una persona y que además es cambiante.

Esto nos ocurre día a día: con amigos, con compañeros de estudio y de trabajo, con familiares, con parejas… Y a veces, es muy difícil de superarlo en función de la esperanza puesta en esa relación.

Sin ir más lejos, esto mismo ocurre en los procesos de selección: vamos con nuestra mejores galas, nuestra mejor sonrisa, dando lo mejor de nosotros…. Y resulta que ¡¡¡No gustamos!!! ¡¡¡No somos los seleccionados!!! ¿Por qué? Si soy la mejor opción… De acuerdo, eres tu mejor opción, pero desconocemos cuál es la opción de quien selecciona.

Olvidamos que en los procesos de selección se buscan candidatos con un perfil determinado en formación y experiencia, algo visible para todos habitualmente. Pero también se buscan competencias (eso para el siguiente post) y rasgos de personalidad que no son tan fáciles de percibir y puede que los tuyos no sean los adecuados para el puesto. No es cuestión de gustar o no, es más bien cuestión de encajar en lo que busca en ese momento.

Pongámonos en situación: están buscando a un jefe de equipo con rasgos conciliadores porque la empresa está en pleno proceso de cambio y hay mucha tensión en la organización. Y tú eres una persona decidida, con grandes dote de mando y muy enérgica y pasional. Mi pregunta es ¿eres la persona adecuada para el puesto? A pesar de que cumplas los requisitos en cuanto a formación, experiencia y determinadas competencias, hay un rasgo principal que buscan en tí. Y ese no ha aparecido durante el proceso, por eso no has gustado, por eso no has encajado. No es cuestión de que no sirvas para nada, no sirves en ese momento y en ese contexto, así que tranquilo…

 

Esto que te cuento tiene mucho que ver con el autoconocimiento, la base de la inteligencia emocional y uno de sus cinco pilares. Si te apetece profundizar en ello, te dejo uno de mis primeros vídeos al respecto en emisoras canal de Youtube (suscríbete!). En él, encontrarás varios vídeos sobre autoconcepto y autoestima.

 

 

Y para que te quedes con buen sabor de boca, me gustaría compartir varios recursos que creo que te pueden servir en el momento de la entrevista de selección para detectar qué competencia o rasgos se esconden tras las preguntas que te hacen, pero también para que superes no haber superado el proceso:

  • Observa: deja que sea el entrevistador quien lleve las riendas del proceso, analiza cada una de sus expresiones, movimientos y palabras y valora si son congruentes entre ellas. Esto no significa que te quedes inmóvil, significa que deber tener cautela y responder en la medida que requiera la situación, no cuando tú lo necesites.
  • Espera: no te aceleres, ten calma, deja que el seleccionador hable y explique todo lo que sea necesario, y una vez finalice su exposición, inicia la tuya con tranquilidad y seguridad. Es tu vida y tu experiencia, no dudes a la hora de dar detalles importantes para el puesto.
  • Empatiza: intenta comprender las emociones y sensaciones que hay detrás de cada mensaje del entrevistador, eso te dará pistas para elegir el matiz de tus respuestas.
  • Pregunta: recuerda que estás en un proceso de selección, no en un monólogo ni en un interrogatorio. Profundiza en aquellos aspectos en los que tengas dudas, en los que quieras demostrar tu pericia o en aquellos que veas que son del interés del entrevistador
  • Reflexiona: finalmente, si no has sido seleccionado, estudia cuáles han podido ser los fallos cometidos por tu parte y asume que quizás no eras el más adecuado para el puesto. Y piensa que no puedes gustarle a todo el mundo, nos pasa a todos… Incluso puede que haya sido bueno para tí que no le gustases.

 

Gracias mamá, por haberme liberado tan pronto de la necesidad de gustar a todo el mundo. GRACIAS!!!

Por si te puede ayudar, me gustaría compartir también contigo

Imagen: google.com

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Te espero con los brazos abiertos

Eso le digo al 2017, año de cambios y transformaciones, momento de tomar decisiones y emprender nuevos caminos. Pensarás que cada año es igual a fecha de 1 de enero, que no hay nada nuevo en mis palabras, y lo cierto es que, al menos en parte, tienes toda la razón. Pero en este 2017 se materializan ideas que han ido tomando forma a lo largo de estos últimos años y que han cogido fuerza en los últimos meses, y tú , tienes mucho que ver en ello.

No pretendo hacer balance del año anterior ni una declaración de intenciones del que ya está en marcha, tan sólo quiero contarte qué significa este año nuevo para mí, porque tú, formas parte de él, de una manera muy importante, más de lo que te imaginas.

2017 tiene un simbolismo especial para mí, pues de alguna forma, el número 17 siempre ha estado presente en fechas importantes para mí. Un día 17 nació mi padre, otro día 17 del año 2007 nos casamos (esta año se cumplirán 10 años!), otro día 17 nació mi sobrino y ahijado y también un día 17 comencé la aventura de hacer aquello en lo que creía y que poco a poco se transformó en mi forma de vida. Demasiados 17 como para no significar nada ¿no crees?

Te espero con los brazos abiertos, y ahora te lo digo a tí. Este año que se ha despedido hace un suspiro, ha sido un entrenamiento para estar en forma y afrontar este intenso 2017 que se presenta. Ha sido un aprendizaje y una preparación para desarrollar toda una serie de acciones en las que tú serás el protagonista principal.

Con cada mensaje, cada comentario, cada aportación que has hecho, has dado valor a lo que hoy toma forma. A través de tus palabras, de tus preguntas y tus dudas, de tus reflexiones y solicitudes, y de tus críticas más duras, me has ayudado a cerrar ciclos y abrir otros nuevos, y todo es gracias a ti.

Quizás te cueste llegar a comprender tu papel en esta decisión, pero te aseguro que estás ahí. Y es tan importante para mí, que te quiero hacer partícipe desde el principio en ella, y quiero hacerlo de manera que tengas un papel destacado, un papel estelar. ¿Qué cómo lo haré? Pues todavía estoy dándole vueltas para mejorarlo y hacerlo sencillo, pero voy a contarte qué pretendo compartir contigo a lo largo de estos meses. En unos días te explicaré cómo hacer a través de mis perfiles en las redes sociales, no te despistes!

Con el inicio del 2017 te quiero invitar a que formes parte de un ciclo de talleres y cursos mensuales para grupos reducidos en los que exploraremos a lo largo de 8-10 horas, aquellas temáticas que durante todo el 2016 te han resultado interesantes y así me lo has hecho llegar de diferentes formas. Y quiero que seas tú quien elija la temática de cada mes con tus votos en la web, y además, al hacerlo entrarás en el sorteo de una de las plazas de la temática ganadora. ¿Qué te parece la idea? ¿Te gusta?

Quiero premiar de alguna forma tu fidelidad en estos años, tu apoyo en estos últimos meses, tan decisivos e importantes para mí. Me gustaría agradecerte de alguna manera todo el tiempo que llevas a mi lado de una u otra forma y qué menos que hacerlo de la mejor forma que sé y puedo. Si recuerdas mi post para felicitar el año nuevo, estás dentro de la categoría SIN TI NO SOY NADA, y quisiera hacerte llegar mi gratitud de algún modo.

Esto es sólo el principio de lo que pretendo hacer durante este 2017 tan simbólico para mí, espero que me acompañes a lo largo del año y me sigas aportando tanto como has hecho desde el primer día. Estamos a 3 de enero, ¿te imaginas hasta dónde podemos llegar juntos a medida que pasen las semanas y los meses? Estaré encantada de poder comprobarlo si me permites pasar contigo las hojas del calendario.

Te espero con los brazos abiertos…

 

 

 

 

 

 

Fuente de la foto: pixabay.com

 

 

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La selección que viene: los 5 tips de la entrevista emocional

Si en la gestión de personas hay una máxima que se cumple es la de “Se contrata por las APTIDUES, y se despide por las ACTITUDES”, ¿qué puedo hacer durante el proceso de selección para predecir con mayor exactitud que el candidato será el adecuado? Indagar sobre sus competencias e ir un poco más allá, en las competencias emocionales. 

La lectura del cv y las preguntas sobre la experiencia, se ha quedado anticuadas hace tiempo en el proceso de selección. La entrevista por competencias, o entrevista conductual aporta más valor e información sobre lo realmente importante en la persona: la habilidades y aptitudes del candidato.

Actualmente hay un tipo de entrevista, en la que se trabajan las competencias o respuestas basadas en posibles conductas ante acontecimientos que tienen relación directa o indirecta con las funciones del puesto o la organización para la que se postula. Pero quiero cruzar esa línea, ir un poquito más allá, e intentar detectar la capacidad emocional del entrevistado en lo que será su futuro puesto a través de lo que yo llamo la entrevista emocional (basada en los componentes de la Inteligencia Emocional propuestos Daniel Goleman),

Te cuento cómo lo hago, por si te sirve de ayuda en tu búsqueda de empleo o en tu trabajo como seleccionador. ¿Empezamos?

Tras analizar el cv y ver que perfil en caja con el puesto (para ello deberás tener claro la DPT, y si no es así, ya vas tarde…), preparo la entrevista con cuidado y diseño posibles situaciones que se puedan dar en su puesto de trabajo en las que pueda valorar los siguientes aspectos:

  • Autoconocimiento: creo contextos reales, tanto laborales como informales, en los que la persona que tengo en frente deba poner a prueba su capacidad para percibir los propios sentimientos, identificarlos y ponerles nombre. No busco a eruditos del diccionario emocional, busco a personas que conozcan sus emociones y me cuenten cómo las detectan y las denominan. Según la pericia del entrevistado, podría hasta trabajar su comprensión emocional, indagando sobre su capacidad para identificar los motivos que subyacen a dichas emociones.
  • Autocontrol: siguiendo en la misma línea, propongo varios escenarios laborales y cotidianos, donde el candidato pueda explicar su capacidad para gestionar las emociones que le generan. Aquí trabajo las emociones desde el punto de vista de su intensidad (alta o baja, siendo la ira una emoción con alta intensidad) y de su carga (positiva o negativa, siendo la ira una emoción con carga negativa).
  • Motivación: en esta parte lo que trabajo con el candidato es su capacidad de enfocarse hacia el logro de objetivos y su forma de hacerlo, de superar fracasos y asimilar aprendizajes emocionalmente intensos. Me gusta trabajar también la competencia de motivar a otros, si posee o no habilidades para transmitir pasión y dirigir hacia otros hacia los objetivos, sin tener que ser necesariamente un líder.
  • Empatía: en este apartado, intento navegar con el candidato en las aguas de las emociones ajenas y detectar su capacidad, pero principalmente su interés, por comprender las experiencias emocionales de los demás. Pero también me gusta saber el uso que le daría a esa capacidad, tanto en situaciones laborales como en otras del día a día.
  • Habilidades sociales: y por último, trabajo varias competencias necesarias para el éxito social. Aquí solamente trabajo 2 o 3 para no alargar mucho el proceso y no agotar al candidato, y su elección depende de los requisitos del puesto. Investigo sobre la capacidad para resolver conflictos físicos y verbales o su habilidad para negociar, buscando encontrar aquello más acorde a lo que necesita la organización y el candidato posee actualmente o puede desarrollar en un futuro.

Espero haberte ayudo en cualquiera de las situaciones en las que te encuentres, pero recuerda una cosa muy importante: puedo diseñar las preguntas y crear las situaciones, pero las respuestas están en la otra parte. Y unas veces encajan con lo que se busca, pero otras no…. Así que, seamos lo más sinceros posibles con nuestras emociones.

Imagen: Pixabay.com

*Artículo publicado originalmente en La Nueva Ruta del Empleo.

 

 

 

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El coaching, una ‘moda’ no exenta de vende humos

* Artículo publicado originalmente en www.sintetia.com, un lugar que te invito a visitar e investigar por todo lo que te puede aportar.

¿Cómo empezar a hablarte de algo que no es ni nuevo, ni está de moda, ni es cool, pero todo el mundo está empeñado en que así sea? Pues empezaré por el principio, y es que voy a hablarte de lo que es el coaching (y por ende, de lo que no es) desde mi visión como psicóloga. Intentaré hacerlo de la forma más objetiva posible, pero ¿cómo despojarme de mi profesión y de los conocimientos y experiencias adquiridos en estos últimos 20 años?

El coaching es una técnica, metodología, procedimiento o proceso, pero no una disciplina ni una profesión, al menos de momento. Es una forma de trabajar utilizada por diferentes profesionales y siempre enfocada a acompañar en la fijación y consecución de objetivos de las personas con las que se trabaja.

Tendrán que pasar todavía unos cuantos años, y pesados trámites burocráticos, para poder tratar formalmente al coaching como profesión y que su presencia en las universidades sea catalogada como una carrera profesional. Pero esa ya es una guerra en la que, al menos de momento, no me apetece entrar.

Los procesos de coaching (que así se denomina el término) se desarrollan en múltiples ámbitos: personal, ejecutivo, organizacional, etc. Aunque yo siempre he sostenido que al ser un proceso que se desarrolla con y para personas, es muy difícil separar los ámbitos en los que se intenta parcelar al coaching. Considero que, como cualquier disciplina en desarrollo, busca targets adecuados para los clientes a los que se dirige y se nutre de técnicas de marketing con el fin de ampliar mercados y al mismo tiempo, especializar su aplicación. Y no digo que no sea correcto, sino que me resulta muy complejo separar la parte personal, de la laboral, del rol… porque todos ellos forman parte del objetivo central del coaching: la persona.

Y ahora la pregunta del millón: ¿quién puede ser coach?Pues potencialmente cualquiera….cualquiera que posea unas determinadas competencias para desarrollar labores tan complejas (y satisfactorias) como las de acompañar a personas en procesos de cambios y mejora vitales. Te estoy hablando de saber escuchar, comunicar, empatizar, analizar, sintetizar. Pero también de ser honesto, ponerse al servicio del  otro, crear conciencia, aprender permanentemente y un sin fin de aptitudes que tienen más de actitud que de conocimiento.

Prefiero dejar a tu criterio la decisión final sobre qué tipo de profesionales podrían denominarse coach, aún así me gustaría aclararte algún punto que defiendo desde hace tiempo.

Para mí es primordial una formación sobre el comportamiento humano, sobre la estructura cerebral donde se asientan los procesos cognitivos básicos (memoria, aprendizaje, atención, razonamiento), y sobre todo, en psicopatología. Un profesional que trabaje aspectos del desarrollo personal y profesional de las personas, de la manera en la que pretende hacerlo el coaching, debe tener nociones más que profundas sobre los diferentes trastornos psicopatológicos que se pueden dar en el ser humano. Y no con el objetivo de diagnosticar, sino de discernir, de percibir, que “algo” no está yendo bien y no es objeto de este campo. Porque se me olvidó decirte al principio, que el coaching, no es terapia, ni psicoterapia, ya que no es psicología, al menos en parte.

Volviendo al tema de la titulación o certificación (eso da para otro post) necesaria, valora tú mismo qué profesiones tienen más vinculación con los aspectos que trata el coaching. ¿Puede ser más profesional un ingeniero que un psicólogo en estos aspectos? ¿Puede presentar más aptitudes de las citadas arriba un abogado que un terapeuta? Por supuesto! Pero ¿cómo determinar quién es apto y quién no?¿Qué tipo de criba podríamos utilizar? Si lo entendemos como una metodología transversal y de largo recorrido, sería más fácil comprender que cualquiera puede ejercer como coach. Pero si queremos hacer de ello una profesión, deberá ceñirse, al menos en parte, a los cánones de las disciplinas a las cuales quiere equipararse. Por lo tanto, creo que sería interesante tomarse en serio las horas mínimas de formación, los contenidos imprescindibles que deben abordar, la necesidades de tutorización y supervisión de prácticas, la necesidad o no de requisitos previos.

Todo esto ya lo hacen las principales asociaciones internacionales y nacionales, pero son eso, asociaciones. Se dedican a definir estos aspectos sobre los que sería realmente importante que empecemos a tener en cuenta para poder adquirir un criterio formado sobre el asunto. Y también a acreditar a todos aquellos que hayamos pasado/pagado por su formación, supervisión, requisitos, etc. ¿Qué consiguen con ello? Intentar (y digo bien, intentar) dotar de profesionalidad lo que de momento se queda en metodología, pero quizás no sea suficiente. Se necesitan más pasos para crear unas bases sólidas y poder hablar de una nueva disciplina. Cierto que los tiempos cambian, haciendo que determinados oficios queden en el olvido y dejen paso a nuevas profesiones. Pero ya que lo hacemos, hagámoslo bien, mejor que hasta ahora, al menos, y disipemos el espeso humo que se cierne sobre el término y todo lo que rodea el coaching. Ese humo tiene un origen, y cuanto primero lo atajemos, más claridad aportaremos al horizonte que tenemos frente a nosotros.

Antes de finalizar, no quisiera dejar de contarte que el origen del coaching no está en los años 70 con el famoso “The inner game of tennis” de W. T. Gallwey, sino que se remonta a la época de los filósofos griegos unos 400 años a. C. con el método socrático, una de las bases del coaching. Irónicamente, pretendemos poner de moda una nueva profesión basada en una disciplina destinada a desaparecer de las aulas como es la filosofía. Complejidades del ser humano…

¿Comprendes ahora por qué no puedo decir que sea algo novedoso? Quizás sea relativamente reciente su aplicación en el ámbito de la empresa, o la búsqueda de interesantes nombres comerciales, que además bañamos con la enjundia que dan los términos en inglés. Pero ayudar a que las personas lleguen a tomar consciencia de sí mismos y de sus vidas, a tomar decisiones sin miedos y a conseguir sus objetivos a través de la mayéutica (basado en preguntas), no es algo nuevo.

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¡No quiero ser Steve Jobs!

¿Por qué nos recomiendan marcar la diferencia y crear valor, y por otro lado, nos invitan a ser clones? Incoherencias del mercado la laboral y de la vida misma…

*En contra de lo que pueda parecer, Steve Jobs es para mí un referente como empresario de éxito y persona que supo luchar por sus ideas, un ejemplo a seguir.

Se acerca la Navidad y todos estamos cargados de buenos propósitos e intenciones positivas, de recomendaciones que suenan mejor según las decimos que el plantearnos hacerlas.

Por ese motivo he dudado de la temática del artículo, pero no puedo ir en contra de mis instintos creativos y de lo que realmente me apetece compartir esta semana. Siguiendo los principios de la asertividad, que guían una comunicación directa, sincera y respetuosa, me he tomado la libertad de hacer uso de uno de los derechos asertivos básicos: tengo derecho a no estar de acuerdo y expresarlo. Y en esas estoy…

¡No quiero ser Steve Jobs! Estoy cansada de títulos de libros y artículos donde aparece su nombre, recomendaciones en todas partes de cómo parecerse a él y llegar a conseguir sus éxitos, de cómo logró sus objetivos para que todos lleguemos a conseguir los mismos… Y es ahí donde me entran las dudas: si el mercado laboral me pide que me diferencie, que cree valor ¿cómo es posible que en cada artículo y post que lea, me recomienden ser como Steve Jobs? ¿Soy yo la única que encuentra cierta incongruencia?

De ninguna de las maneras quiero ni puedo ser como Steve Jobs, por el simple motivo de que no he vivido lo que él ha vivido, ni sentido, ni percibido, y por lo tanto es físicamente imposible. Pero además, en el caso de que lo quisiera ser, ¿lo quiero porque me apetece y puedo o porque el mercado laboral me empuja a ello? No puedo engañarme a mí misma (ni puedo permitir que los demás lo hagan) haciéndome creer que puedo llegar a ser alguien que no sea yo. Es tan sencillo y al mismo tiempo tan complejo… Quizás sería más adecuado, aunque más doloroso y complicado, que nos ayudasen a encontrar el equilibrio entre lo que somos, lo que el mundo quiere y lo que realmente podamos llegar a ser. Que las recomendaciones y pautas vayan más en la línea de aceptar las limitaciones, saber vivir con ellas y sacar partido a lo mejor de uno mismo. De mejorar todo lo posible, de adaptarse a lo que se demanda, pero en base a mis motivaciones, no con las que tuvo Steve Jobs.

Con esto no quiero decir que las historias de personas exitosas no nos alienten a seguir adelante, a crecer y aprender de sus experiencias, pero no nos engañemos: cada cual es cada cual. La parte positiva de todo esto, es que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, perfectamente imperfectos, como un diamante con aristas por pulir y deslumbrar. No nos empeñemos en ser quienes no somos, ya que nuestras aspiraciones son propias e intransferibles, además de dinámicas a lo largo de la vida y por lo tanto, no tienen por qué ser las de Steve Jobs. Cada uno de nosotros tiene un propósito de vida, que a veces cuesta descubrir, y ese propósito es nuestro, de nadie de más.

Por ello, también me gustaría compartir (que no aconsejar) sobre lo que a mí me ha ido funcionando a lo largo de estos últimos años a la hora de conseguir objetivos:

  • Conócete: pasas todo el día contigo mismo, tienes tiempo más que suficiente para conocerte, valorarte, discutir aquellos aspectos que no te gustan, los que hay que mejorar y adaptar, pero también para saber en lo que eres bueno, lo que haces mejor que muchos o incluso que nadie.
  • Acéptate: después de saber quién eres, admite en lo que quieres y puedes cambiar, ponte objetivos alcanzables y busca tu mejor versión. También admite aquello en lo que no estás dispuesto a negociar con nadie, en lo que te encanta y forma parte de tí.
  • Muéstrate: dile al mundo que estás ahí, enseña todo lo que puedes ofrecer y aportar vayas donde vayas, sin temores, sin dudas. Y lo harás bien, porque lo harás convencido de que eres tú mismo, y no un personaje creado para la ocasión.

Y tú ¿quieres ser como Steve Jobs o crearte tu propio camino?

Imagen: pixabay.com

Artículo originalmente publicado en La Nueva Ruta del Empleo.

 

 

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Lágrimas del desempleo

 

Hace un par de semanas tuve la suerte de formar parte de un evento por la empleabilidad en Oviedo, promovido por empleOviedo, el Ayuntamiento de Oviedo y La Nueva Ruta del Empleo.

Fue un día lleno de emociones y nervios, de poner cara a muchas personas que conoces a través de las redes, lo que llamamos desvirtualizar, pues eso, que me pasé la mañana desvirtualizando. Fue una jornada intensa compartida con compañeros y profesionales del sector, con instituciones públicas y políticos, pero sobre todo con personas en desempleo.

Me encontré con miradas llenas de sorpresa e ilusión, de grupos de jóvenes estudiantes que se enfrentan por primera vez al tema del empleo, aunque sea a través de una jornada dinámica sobre cómo superar una entrevista de trabajo.

Me crucé con personas cargadas de esperanza de encontrar nuevos horizontes laborales, mejores que en el que se mueven actualmente y sabiendo que algo bueno les espera a la vuelta de la esquina.

Y también me tropecé con personas que caminaban mirando al suelo, a sus pies y me costaba ver su expresión. La intuía, pero no la veía con exactitud. Esas fueron las personas que más me interesaron, esas eran las auténticas protagonistas del evento, al menos, para mí.

Te hablo de los “parados de larga duración”, de las personas que llevan meses, años sin trabajar. Te hablo de aquellos que han perdido el control de su vida, de los que sienten que ya no sirven para nada, de los que sienten que sólo dan tumbos de aquí para allá sin sentido. Esos fueron mi verdadero objetivo.

Hablé con más de uno y de dos, si me apuras, pero me gustaría compartir contigo en especial la conversación que mantuve con uno de ellos en la terraza del Calatrava. Se trata de un hombre, con estudios universitarios que llevaba trabajando toda su vida profesional en lo que le gusta, en una empresa familiar haciendo lo que mejor sabe hacer. Y circunstancias de la crisis, la cual su empresa no pudo superar, lleva un año sin trabajar. Se emociona al contarme que es el “aniversario” de su paro, que hace un año que no trabaja y que no sabe cómo salir de esa situación.

Llora al admitir que no le falta el dinero, todavía le queda un año más de paro, tiene recursos y apoyo emocional para superarlo… pero aún así, se siente tan inútil… Ya no vale para nada y siente que nunca volverá a conseguir otra oportunidad, porque él es lo que es su trabajo y su trabajo ya no existe. Comprendo sus lágrimas, le abrazo y consuelo como puedo, porque cuando crees haber perdido una parte de tí, supone un duelo más. Y aquel hombre, estaba en pleno proceso de duelo por lo que fue.

Abraza su carpeta llena de papeles con anotaciones esperanzadoras recogidas durante toda la jornada y se va, balanceándose lentamente. Y mientras se aleja, veo como mira de nuevo hacia el suelo, en busca lo que ha perdido.

La situación de desempleo hace mucho más daño de lo que te imaginas. Rápidamente piensas en el dinero, en el día a día, en subsistir, y es normal porque hay prioridades que determinan tus necesidades. Pero más allá de conseguir pagar una hipoteca o un alquiler donde vivir, y tener una nevera que no dé pena al abrirla, también hay otros aspectos importantes a tener en cuenta en el desempleo.

Cuando llevas mucho tiempo sin empleo, te vuelves más frágil e inseguro. Tu imagen, tu autoconcepto se desvanece ya que has perdido parte de tu esencia con el trabajo que desempeñabas. Cuando trabajas, eres algo más que una nómina o un número, te transformas en compañero, en jefe, en auxiliar, en ayudante y haces cosas, sirves para algo, eres productivo y aportas, por poco que te pueda parecer en muchas ocasiones. Pero cuando no trabajas, pierdes todos esos roles, dejas de ser todas esas cosas que eres y haces cuando trabajas.

Además, la sociedad, los que te rodeamos, te hacemos sentirte mal, con miradas de desdén y reprobación, pareciese que no trabajas porque no quieres. Te sientes mal por sentirte una carga para esa misma sociedad, ya sean tus padres, tu pareja o tus amigos, y todos sabemos que sentirse una carga no mola para nada.

Cuando estás ocupado, lo estás a nivel laboral y a todos los niveles, es una rueda en la que entras y la que, a pesar de las dificultades del mundo laboral, te gusta estar, nos gusta estar. Porque eres valorado por lo que haces, por la empresa a la que perteneces, por la categoría por la que cobras y por la que cotizas, y eso es objetivo, ¿a ver quién te discute eso a tí? Pero ¿cómo se valora las horas que miras ofertas de trabajo en las webs o las que te pateas polígonos con tu cv en mano? ¿Y todos los networking o charlas a las que has ido? A eso, no se le da el mismo valor, seamos sinceros, por eso lloras y piensas que ya no vales para nada, pero no es así.

Yo te aseguro que vales, y mucho, desde el mismo momento que vienes a este evento con una carpeta en la mano y te pasas la mañana de sala en sala buscando ideas y caras conocidas, desde el instante en que me saludas y me recuerdas que sigues en la misma situación que hace un año y que no lo llevas bien. Vales muchísimo porque no te cuesta emocionarte y llorar conmigo, porque te sientes un pelele en manos del destino y un tanto egoísta por saber hay personas que lo están pasando mucho peor. Vales mucho a pesar de necesitar la permanente valoración y apoyo de quienes te rodean, incluso siendo dañinas en muchas ocasiones, las necesitas, porque te importa tu gente. Créeme, vales mucho… Porque todo esto por lo que te digo que vales, es lo que te hace ser tú y eso no desaparece con los puestos que hayas ocupado o vendrá con los que vayas ocupar, todo esto que yo valoro es lo que eres, y depende única y exclusivamente de tí.

No permitas que el desempleo haga más daños de los imprescindibles, ya son suficientes. Eres mucho más que lo que fuiste algún día ocupando una silla en un despacho, no lo olvides.

Fuente de la foto: pixabay.com