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La falacia del salario emocional

Intentaré ser breve.

Me cuesta, lo sé, pero lo intentaré.

Lo del salario emocional, ya está pasado de castaño a oscuro.

 

Siguiendo la línea del buenismo que tanto ha dado a los creadores de Mrs. Wonderful y todo aquel profesional que haya prostituido la psicología positiva, llevan unos cuanto años dale que te pego con el salario emocional.

 

Y siguiendo con esta línea, lo hacen de manera simplona y vacía.

 

¿En qué cabeza cabe que vas a dar más valor a poder ir en bici al trabajo para así ser coherente con tu defensa del medio ambiente…si no te da para comprar una bici?

¿A quién se le ocurre pensar que es más importante tener un comedor o un gimnasio si el salario no te da ni para un sándwich o un chándal? Y mira que Decathlon lo pone fácil con sus conjuntos a precio de saldo…

 

Te lo resumo: a quienes insisten en la importancia del salario emocional, centrándose en la parte alta de la pirámide de Maslow, se olvidan de que carece de sentido si la base es deficitaria o no se cumple. Yo creo que es porque los colores superiores de la pirámide son muy del estilo arcoíris, unicornios y @lavecinarubia. Y eso, como bien sabemos todos, lo peta.

 

Esta famosa pirámide pronto cumplirá 100 años (es de 1943) y aún sigue vigente, en boca de muchos, pero a veces tengo la sensación de que lo hace… sin sentido alguno.

 

Menos usada es la teoría de los factores higiénico-motivacionales de Herzberg, de 1959. Y creo que es así por ser más tristona, más gris, que vende menos, vamos. Esta teoría, te dice muy brevemente, que existe dos tipos de factores que favorecen la satisfacción e insatisfacción del empleado en el contexto organizacional:

 

– los factores higiénicos, que de NO darse, generan insatisfacción (mucho más duradera y difícil de transformar que la satisfacción). Y entre ellos, (oh, sorpresa!) menciona el salario, la seguridad y medidas higiénicas, la política y cultura de empresa o el tipo de supervisión (liderazgo?).

 

– los factores motivacionales, son aquellos, que de darse, generan satisfacción y aquí sí, aparecen los mantras en los que se basan los discursos huecos del buenismo perverso: reconocimiento, independencia, promoción o responsabilidad.

 

Pero insisto, los factores motivacionales, los que son más facilones de vocear en posts y recomendaciones de gurús, no sirven de nada si tu vida corre peligro o lo que cobras no te da para pagar tus gastos. Y esto excluye entrar en si tienes más gastos de los deberías, porque aquí nadie es juez de nadie. O no debería serlo…

 

Sin embargo, los factores higiénicos son los determinantes para generar esa base de compromiso, confianza, satisfacción y felicidad tan deseada en el empleado pero que se busca por la vías inadecuadas.

 

Y ahora, me pregunto los motivos (me bien al pelo) que nos ha llevado a aplaudir esta falacia:

 

  • ¿falta de conocimiento del comportamiento humano?
  • ¿exceso de osadía de opinar y sentenciar sobre aquello que nos venga en ganas?
  • ¿cuestión de moda?
  • ¿necesidad de decir sólo aquello que (pensamos) se desea escuchar?
  • …..

 

Sea lo que sea, el salario emocional por sí sólo, no traerá más que falsas expectativas y frustración.

 

Con lo sencillo que es no frustrar y desmotivar y te empeñas en querer motivar, siendo algo totalmente personal en intransferible.

 

Con lo que si quieres seguir leyendo sobre salario emocional, llena tu almacén de tazas llenas de frases molonas, aprovisiónate de cojines rebosantes de lentejuelas y búscate un buen departamento de gestión de personas que sepa hacer procesos de selección sin descanso.

 

Porque eso es lo que te espera: continuos procesos de selección para lograr empleados y colaboradores felices, motivados y comprometidos con tu proyecto.

 

Y ahora, sal al pasillo a llenarlo de abrazos y sonrisas, pero no te olvides de que el salario sea como poco, según convenio y que las condiciones de seguridad básicas, se cumplan.

 

Imagen: google.com

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Longlife Working: el nuevo modelo de trabajo que llega

En esta búsqueda de la fama y de conseguir hacer viral algún post, se me ha venido a la cabeza el concepto de “Longlife Working” y por más que he buscado, no he encontrado nada al respecto.

 

Si tienes información sobre su existencia o puedes confirmarme que ya está registrado, házmelo saber y así no pierdo el tiempo en patentes ni registros intelectuales.

Pero mientras tanto, voy a seguir feliz pensando que he acuñado un nuevo concepto respecto a la forma de trabajo que nos espera y que estamos enfocando mal.

 

Muy mal…

 

Supongo que conocerás el concepto “Longlife Learning” que no es otra cosa que la educación permanente, es decir, estar en un aprendizaje continuo. Implica un desarrollo continuo de habilidades y conocimientos que permitan una mejor adaptación al contexto organizacional…y social. Este formato de aprendizaje, que hace 20 años era una opción para quienes deseasen desatacar en su carrera profesional y estar actualizados, se convertido en una necesidad.

 

O te actualizas y aprendes constantemente a lo largo de tu vida profesional…o mueres laboralmente, hablando.

 

 

Aunque haya cambiado de nombre y le hayamos puesto el barniz anglosajón, esta relación con el aprendizaje y la formación continua no debería pillarte por sorpresa. Todo lo contrario, más bien ya es algo relativamente asumido (con algún que otro resoplido de agotamiento puntual) como una manera natural de aprender en este entorno cambiante e impredecible en el que vivimos.

 

El mundo cambia.

La forma de aprender y adaptarse al mundo, cambia.

La forma, en cuanto a ritmos, tiempos, estilos de trabajo … ¿cambia?

 

La aplicación de las nuevas tecnologías al ámbito laboral y los drásticos y vertiginosos cambios que ha supuesto, nos obligan a estar en constante aprendizaje y actualización para ser capaces a satisfacer las necesidades del mercado laboral. Algo que por momentos resulta extenuante, pero que es característico e intrínseco a los nuevos modelos de trabajo.

 

Este cambio constante y necesidad de aprendizaje continuo, además de generar retos y oportunidades de superación y desarrollo incesante también viene acompañado de desgaste y cansancio, sobre todo cuando no hay tregua para recuperarse y volver a tu estado basal de equilibrio interno. La famosa homeostasis que todo organismo busca de manera natural.

 

Si el entorno laboral nos dice a gritos y vamos asumiendo que el cambio ya es una realidad a nivel de polivalencias con especializaciones puntuales en cuanto a competencias profesionales, del Longlife Learning, de contextos líquidos…digo yo que también será necesario un cambio en las formas, tiempos, ritmos y estilos de trabajo.

 

Gracias a la robotización y mecanización de multitud de tareas, tu trabajo cada vez es más liviano a nivel físico, pero quizás no tanto a nivel mental (desde la monotonía al exceso de responsabilidad en la toma de decisiones). Esto supone que tu vida laboral tiene muchas papeletas de tener una duración mayor de entre 5 y 10 años que generaciones anteriores: tu vida laboral, se prolonga.

 

Si además le añades una evolución histórica y predicción de esperanza de vida en aumento en los últimos 100 años, es urgente revisar la manera en la que trabajamos y adaptarla a la realidad que vivimos. No podemos pretender mantener las formas habituales de trabajo implantadas desde hace al menos 50 años, cuando el resto del contexto se ha modificado sustancialmente.

 

Se espera que trabajes durante más años, sólo de esa forma será sostenible el sistema actual de pensiones (y aún así, permíteme que tenga mis dudas…), por lo tanto conviene revisar o eliminar determinadas prácticas que han funcionado hasta ahora pero que cada vez resultan menos productivas:

 

– Trabajar bajo presión de manera sostenida. El trabajo bajo presión debe ser algo puntual, con un principio y un fin determinados en el tiempo y con un período posterior de recuperación física y psicológica. Sólo así será posible un empleado productivo y comprometido a largo plazo.

 

– Normalizar e implantar como modelo de trabajo “estar fuera de plazo”. Al igual que la circunstancia anterior, las urgencias, los imprevistos e ir con la fecha de entrega pegada a los talones, debería ser algo ocasional originado por incidentes insalvables.

 

– Sobrecarga de puesto de trabajo como recurso facilón: al igual que el trabajo bajo presión, la sobrecarga de tareas y/o funciones en el puesto de trabajo, sólo tendrá sentido de manera excepcional y entendida como circunstancia adversa, no como forma ideal de trabajo.

 

– Jornadas de trabajo sin fin. Deberíamos ir pensando en reducir horas de las jornadas laborales y extensión de la semana laboral en aras de una productividad más rentable y más a largo plazo. Es cuestión de números: si el organismo humano está “diseñado” para producir un número limitado de horas y tendemos a trabajar más años, haz tú las cuentas.

 

– Desconexión ficticia. Se ha comprobado que la hiperconectividad multicanal a la que estamos sometidos laboral y socialmente, merma nuestra capacidad de concentración, descanso y productividad. Al mismo tiempo que sabemos que el cerebro, al igual que el cuerpo, necesita períodos de descanso real para seguir a pleno rendimiento de nuevo. Si a esto le sumas que ha de ser a lo largo de una vida laboral más larga, sigue siendo cuestión de números.

 

 

Si nos enfrentamos a un modelo de trabajo Longlife working, creemos desde ya unas bases firmes en la que se pueda apoyar y tenga todo el sentido del mundo trabajar durante más años, pero también mejor.

 

Imagen: Desierto de Arizona, National Geographic.

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Todas las mentiras sobre el cv perfecto que te hicieron creer

«Buenos días Jéssica: Seguramente sepas como hacer un currículum perfecto. Te podría pedir un favor. No te pido que me hagas el CV, solo algunas pautas para hacerlo “llamativo” El que tengo son tres folios y por lo que leo lo correcto es que sea uno solamente, pero ¿Cómo? ¿Cómo puedo resumir todos los cursos que voy haciendo? O ¿Cómo puedo no comentar las actividades que hago en mi trabajo? Muchas gracias por tu tiempo. Un saludo».

 

Y el chico me pillo con ganas y con un buen día, que no siempre tengo ni uno ni otro. Porque a veces, aunque sea tu trabajo y tengas que dar valor y no trabajar gratis y bla bla bla, a una le apetece echar un cable si lo cree conveniente.

 

Y abrí el documento y lo leí rápido.

 

Y me encontré con un cv bien estructurado, sencillo de leer, con una cronología fácil de seguir y un sentido lógico…pero en 3 folios.

 

Oh, drama!

 

La conversación que vino a continuación no viene a cuento, pero te diré que desprendió tantas cosas que aquí me tienes “vomitando” todo lo recopilando de una persona en pleno proceso de búsqueda de empleo, agobiado con las recomendaciones que se encuentra a menudo en la red sobre el cv perfecto.

 

Vamos al meollo de la cuestión y te cuento, para no te sigas tragando como si de bocados de sushi y sashimi se tratase, todo lo que dice la red:

 

– “Dime lo que puedo hacer para tener el cv perfecto”

Para empezar y como base de todo: no existe el cv perfecto! Porque, más allá de la que la perfección no existe, cada cv debe ser una “fiel” representación de un candidato para un puesto en concreto en un momento determinado.

Se nos ha olvidado lo de la individualidad, la diferenciación y las circunstancias?

O es cuestión de usarlo sólo cuando nos apetece.

 

– “Dicen los expertos, que no se deben tener más de 2 hojas, pues los reclutadores se cansan de leerlo”

Buf, por dónde empiezo…

  1. Si eres reclutador y te cansas por leer cv, por favor, dedícate a otra cosa que hay profesionales muy válidos esperando a realizar tus arduas y cansadas tareas de lectura.
  2. Parece más fácil leer 1 folio que 3, pero con una buena estructura, con espacios y diferenciaciones claras, que hagan fácil comprender una historia vital y profesional, puedes pasar de 2 hojas. Incluso de 3. Respira tranquilo…
  3. Dale sentido y forma lógica a la manera de ordenar la información sobre tu trayectoria, y emplea tiempo y recursos en ello. Tu cv perfecto será ese: el que te represente en cada proceso que inicies.
  4. No te agobies ni paralices por todo lo que lees y escuchas. Toma nota y llévalo a tu terreno, a tu proceso de búsqueda y quédate con lo que sea coherente. El resto…a la basura!

 

– “Cómo reduzco o quito lo que soy, lo que he hecho. No me cabe en una hoja”.

Ojalá todos tuviésemos el don de la concreción, no es mi caso, obviamente. Pero me resulta tremendamente difícil que consigas resumir en un hoja quién eres, lo que ha hecho que llegues a donde estás y qué puedes ofrecer si te contratan. Pero ya puestos, inténtalo y hazlo sencillo al reclutador (no vaya a ser que se canse).

Sin ir más lejos mi cv tiene 15 hojas y seguirá creciendo a lo largo de los años, no pienso quitar ni una coma. Soy yo y me representa. Eso sí, tengo una versión reducida de 3 hojas por temáticas, proyectos, sectores o actividades donde aparece en negrita “Existe versión extendida para más detalle”. Y fíjate, siempre, siempre, siempre, me la piden.

 

– “Hay que usar formatos más modernos, si llevas lo de siempre, ni te leen”

Verás… he recibido cv tan modernos que no había por dónde cogerlos.

No entendía nada, todo en clave, como si de un escape room se tratase.

Eso sí que cansa y hace perder el tiempo… Sobre todo cuando es en un proceso para una empresa pequeña y tradicional en forma y fondo, que busca a alguien para el departamento financiero.

Déjate de modernidades si no tienen nada que ver ni contigo, ni con el puesto, ni con la empresa, ni con tu esencia. No te dejes llevar por modas o tendencias que encajan en sectores diferentes a dónde buscas tu hueco, a otras culturas que están años de la empresa objetivo a la que te diriges.

Cuando se habla de modernizar el cv, quiero entender que se refiere a que sea en formato digital o video cv (si procede), fotos actualizadas o elementos novedosos que aporten frescura o agilidad. Pero siempre, que tengan que ver contigo.

Pero por favor, frente a estridencias que limiten la agilidad de la lectura o la comprensión de tu historia profesional, sencillez. Te lo ruego, sencillez.

 

– “He leído un montón de artículos y recomendaciones sobre el cv perfecto y lo que todo reclutador busca y dicen que….”

Me río yo, por no llorar, de esos posts con titulares sensacionalistas creados a golpe de SEO y palabras clave, hechos para la máquina y para posicionarse en los primeros puestos. Posts que no están hechos para personas, ni basados en las necesidades del público al que se dirige ni con conocimiento sobre lo que hablan.

No existe cv perfecto porque cada empresa busca un tipo de talento, cada reclutador tiene su método, cada perfil va a formar parte de un equipo y contexto determinado. Todo esto, partiendo de la premisa de estos mínimos estén bien definidos…

Y a pesar de que haya generalidades a las que aferrarnos, existe demasiada variabilidad y sesgo entre medias como para asegurar alegremente en un post que se tienen las clave de lo que todo reclutador busca.

 

Y como no puedo evitar el flujo desbordante de información en la red ni que el SEO haya opacado la creatividad y calidad de los contenidos, me limitaré a una sencilla recomendación.

 

NO TE CREAS TODO LO QUE LEES (este post incluido)

 

Imagen: google.com

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Se nos ha ido la pinza: desarrollo profesional

Se nos ha ido la pinza con el desarrollo profesional..y mucho.

 

 

El trabajo dignifica

Si no eres productivo, aparta (versión capitalista del “Aporta o aparta”)

No hay mejor herencia que trabajo y diligencia

A quien trabaja, el día nunca le parece largo

 

 

Y así, un sin fin de refranes que nos hablan de las bondades de trabajar, producir, aportar a la sociedad. Hasta ahí, bien.

 

La ida de pinza llega con las aspiraciones, el éxito, el querer/necesitar siempre más. Los ascensos, las responsabilidades, las asunciones… Eso ya no dignifica tanto, al menos según mi opinión. O no lo hace siempre, para todos y con igual intensidad.

 

Con esta reflexión no pretendo hacerte llegar una visión simplista de se trabaja / no se trabaja. Es algo mucho más simple y complejo a la vez.

 

Mi experiencia todos estos años en empresas tan variadas y dispares me ha hecho ver que se repite un patrón que no me gusta nada. Parece ser que si no eres un empleado que se queda horas y horas, que permanece conectado al móvil y al ordenador, no eres buen empleado. Porque parece ser que no das todo lo que puedes dar de ti…

 

Y digo yo ¿te han explicado y sabes hasta dónde tienes que llegar cómo mínimo, en tu equipo para ser rentable? 

¿Y cuándo empiezas a ser no ser productivo? Porque a partir de ahí, con esas bases, tanto la empresa como tú podréis decidir si continuáis con la relación y si quieres dar todo de ti…o más.

 

Pero ¿qué ocurre cuando somos productivos a un nivel adecuado, incluso óptimo, pero no excelente?

¿Por qué esa necesidad de llevar siempre al extremo a las personas?.

Si la vida profesional fuese un sprint, esta postura sería ideal. De hecho, todos hemos puesto el turbo e ido al máximo de nuestras capacidades porque la circunstancia lo requería. Pero si quieres una maratón en tu organización o en tu vida profesional, una relación a largo plazo, dosifica.

 

No imaginas cuanto casos de empleados “rentables” veo en cada empresa, donde parte de su equipo piensa que no da de sí todo lo que podría.

Aún siendo rentables.

Pero no dan más de si por lo tanto, no son todo lo rentables que podrían. Y esta ecuación, sostenida todo el tiempo, da ERROR.

 

Y ahí donde me pierdo.

 

Un empleado que cumple con sus funciones, con sus tareas, con sus tiempos (por normal general)….sencillamente no tiene porqué dar más de sí, ni mucho menos interpretarse como algo peyorativo. Porque cuando sea el momento de “darlo todo”, estará en condiciones óptimas para hacerlo y lo hará porque sabe que es algo puntual y tiene capacidad para ello. Pero generar esa tensión de manera continua, no es sano.

 

Para ninguna de las partes.

Te lo digo yo.

 

Todos tenemos la capacidad de huir de un león que nos ataque, corremos lo que no está escrito. Pero estar corriendo cada día entre 8 y 10 horas porque el león te pisa los talones y saber cada día que ir a trabajar es ir a la selva (por cierto, expresión muy instaurada) con un león esperando para perseguirte todo el día,  es una situación insostenible a largo plazo.

 

Y en cuanto a ti, profesional independiente, que todo te sabe a poco, que estás en beta permanente. Que si no lo haces con pasión, mejor no lo hagas. Que si te encanta crecer y crecer y aportar y compartir y sumar, crear… Que si todo aprendizaje es necesario, que si piensa en grande, que si sueña y vuela alto.

No sé tú, pero yo me agoto con leerme.

Te digo lo mismo que si trabajas para otros: puedes darlo todo de ti, pero como lo hagas todo el tiempo, te vas a quemar pronto, muy pronto. Y también puedes hacer las cosas, al menos algunas, sin tanta pasión como le pones al fútbol, a la montaña o los óleos que pintas. Porque de tiempo libre, ocio y descanso, también se vive.

 

Tu trabajo no debería ser una excusa para ahogar tus penas y frustraciones, una forma de focalizar tus esfuerzos para no centrarte en otras áreas de tu vida que no consigues llenar de manera satisfactoria. No debería reforzarse el ser un “workaholic”, el ir siempre a mil y oye, encantados de la vida. A pesar de que tu trabajo te haya salvado de ser consciente de tu lado oscuro, a pesar de que estar ocupado en algo que te hace sentir útil, valorado, respetado, no olvides que eres mucho más que una silla en un despacho y un nombre en una placa.

 

Por eso, te comparto una serie de derechos asertivos que me he inventado y que todo profesional, debería tener muy presente y ejercer de manera puntual para tener una vida profesional sana:

 

  • Puedes hacer cosas que no te gusten
  • Puedes hacer cosas sin pasión
  • Puedes tener un trabajo que no te llene
  • Puedes parar
  • Puedes no ser productivo todo el tiempo
  • Puedes sentirte cansado de tu trabajo
  • Puedes sentirte agobiado

 

Y un sin fin, al igual que los refranes, de derechos que puedes ejercer de manera ocasional y que no deberían hacerte sentir mal.

 

Porque la vida profesional, es un área más de tu vida, de lo que eres, y no tienes porque subirte a la moda de la pasión en el trabajo si no te apetece.

 

Trabajar, sí.

Morir por trabajar, definitivamente, no.

 

Imagen: google.com

 

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Nuevos entornos laborales, nuevas competencias: casos reales.

– La “abuela” que ha contratado Disney

Concha García es una señora de 88 años a la que le gusta  pintar con el programa Paint. Y sobre todo estar con su familia y con mis amigas. Eso dice de sí misma en su perfil de Instagram @conchagzaera.

Todos la conocemos a raíz de ser invitada por Disney a participar en el estreno de la película de “El regreso de Mary Poppins” con motivo de su dibujos prácticamente perfectos en todo sobre la famosa niñera londinense. Lo que empezó como una afición, ha desembocado en una oportunidad de colaboración con el gigante de la animación infantil gracias a las competencias digitales, la determinación y el talento (senior?) que ha mostrado Concha en la red social de la imagen por excelencia.

Puedes seguir la historia de Concha en este enlace:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/td1-abuela-disney-201218/4903885/

 

– La estudiante aventajada

Manuela está a punto de finalizar sus estudios de ingeniería, se encuentra realizando su TFG y estudiando las últimas asignaturas pendientes para poder llegar a desempeñar la profesión para la que tanto tiempo lleva preparándose. Mientras, ocupa su tiempo libre (poco, en realidad) a trabajar los fines de semana en una cadena de comida rápida y así poder ser independiente económicamente.

Pero no quiero hablarte de su gestión del tiempo, su polivalencia o capacidad de adaptación, sino de una colaboración que le propusieron hacer en el canal de Youtube de un amigo. Su aportación consistía en profundizar en un área concreta de la temática central del vídeo, con lo que superó su miedo a la cámara, a la exposición y a las críticas (sobre todo, a la suya propia) y se animó a participar.

Meses después, en el examen de una de esas asignaturas pendientes, donde su nota no había sido sobresaliente pero sí suficiente, el profesor le felicitó por la capacidad de concretar y transmitir el conocimiento en dicha materia a través de la red. La había visto en aquel modesto canal de Youtube!!!! Y consideró que no todas las competencias necesarias para obtener buena nota, se podían apoyar en el formato del papel escrito.

 

– Cv vacío, blog lleno.

Hace unos meses realicé un proceso de selección para una empresa de moda. Buscaban un perfil determinado que no acababan de encontrar, a pesar de estar abiertos a muchas condiciones impuestas en sector (edad, experiencia, aspecto físico).

De entre los cv recibidos, destacó una persona: joven (recién cumplida la mayoría de edad), sin experiencia, ni formación reglada pero con un blog y unas redes sociales impecables en lo que a estilo y moda se refería. Un cv donde primaban sus competencias profesionales adquiridas de manera autodidacta frente a la ausencia de formación y experiencia  contrastada con otras entidades, fue el motivo por el que se decidió convocar para la entrevista. Un cv lleno de creatividad, donde los mismos detalles gráficos que aparecían en él, estaban muy alineados con los valores de la empresa (ojo, era un anuncio ciego, donde la entidad prefirió aparecer identificar).

Su juventud e inexperiencia no ayudaron mucho a que fuese una entrevista fluida, pero también su frescura y cercanía hicieron que encajase a la perfección con la esencia de la marca. Y obviamente, todas las propuestas de creatividad a nivel digital y de espacios, hicieron que fuese el candidato elegido casi desde el principio.

Y lo fue. Y continúa en la empresa demostrando todo su potencial y con una importante proyección dentro de la entidad. Creo, que la (s)elección fue acertada.

 

 

En resumen, ¿qué extraigo de estas situaciones reales y el nuevo contexto laboral? Pues que como te decía al principio, un nuevo mercado laboral necesita de nuevas competencias profesionales, entre las cuales destacaría:

 

– Competencias digitales: no sólo supone tener un blog o un canal de Youtube. En líneas generales consiste en saber qué herramientas necesitas desarrollar o aquellas en las que destacas en un entorno digital, desde una excelente forma de redactar emails con información delicada hasta hablar a la cámara con soltura. Es cuestión de que seas consciente de que los nuevos canales de comunicación requieren de nuevas competencias y quizás ya posean algunas que tengas que adaptar y otras que tienes que sudar la camiseta para conseguirlas.

 

– Adaptación: no sé si más innovación, si más gestión del cambio o más resiliencia. A nivel conceptual está muy bien la discusión etimológica y los matices lingüísticos pero lo realmente importante es que aprendas de una vez por todas, que las reglas del juego han cambiado. La estabilidad, permanencia y estancamiento en un puesto de trabajo ya no existe, incluso ya ni es algo valorado positivamente. El propio mercado laboral no es un caldo de cultivo favorecedor para ello. Por eso, cuanto antes empieces a potenciar las competencias que te hagan destacar en esta volatilidad, mejor. Estoy más que segura de ya que tienes algunas, tan sólo necesitas moldearlas en otro entorno distinto al que las ponías en práctica hasta ahora.

 

– Estrategia y verdad: imprescindibles que vayan de la mano para conseguir tus objetivos, para pasar de la situación A a la B. Inseparables para que tengan sentido y llegues a quien tengas que tengas. Aquí añadiría de pasada la persistencia en el sentido de no tirar la toalla a la primera de cambio que alguien no valore tu perfil y tus competencias como las adecuadas para el puesto. Muchas veces nos empeñamos en insistir en que nos acepten donde no encajamos, en donde no es nuestro lugar. Antes de desistir, intenta hacer llegar a tu verdad al lugar y las personas adecuadas con un cambio de estrategia.

 

Imagen: interpretación del cartel de la película ‘El regreso de Mary Poppins’ del perfil de Concha García en Instagram @conchagzaera.

 

 

 

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Se nos ha ido la pinza: Networking

Se nos ha ido y mucho, y para no andarme por los tendales voy a ir al grano y contarte brevemente (o al menos intentarlo) a través de unos puntos sin ningún criterio organizativo más que la visión crítica de este concepto:

 

– que yo sepa esto del networking tiene poco de nuevo, es hacer contactos de toda la vida, pero ahora en todo tipo de entornos. Lo que ocurre que si lo vistes de anglicismo, queda mucho más cool, of course.

 

– lo de hacer contactos es algo fácil: cualquiera saber presentarse (igual en lo que fallamos es en hacerlo bien, claro…) y decir a qué se dedica y qué busca. Lo complicado de los contactos es cuidarlos, gestionarlos y hacer algo útil “con” ellos.

 

– lo de hacer algo útil tiene enjundia. Hacer para ti sólo o para ambas partes?. Sé sincero: buscas ganancia propia frente a la otra, aunque quede mucho mejor en un post decir que te inmolas por el otro. Si consigues un beneficio mutuo o un beneficio propio sin perjucio propio del otro, a mí ya me parece bastante loable por tu parte, pero como te digo arriba, no queda tan bonito para llenar tu perfil.

 

– lo de tener referentes claros y acercarte a ellos para aprender y solamente aprender… creo que se nos queda algo grande. Te acercas a alguien porque te interesa y el interés puede ser muy variado, pero creo que debería ser un interés sincero ante todo y compartido por ambas partes.

 

– lo de generar una relación profesional basada en el sentimiento y las emociones, no tiene nada ni net ni de working. Tiene mucho más que ver con las estrategia (de la dañina) y la manipulación, algo que deja de ser así cuando ambas partes conocen las reglas del juego y todos tan contentos.

 

– lo del  «te doy sin esperar recibir nada cambio», no te lo crees ni tú, ni de paso yo. En la vida personal, con los amigos, con la familia, tiene un pase, y ni aún así. Pero en los negocios (y el networking, son negocios), esperas recibir a cambio, al menos, respeto y que se acuerden bien de ti ¿O eres de los que juega a “Voy a hacer esto para que tenga la sensación de que deba un favor?” No te lo tomes a mal, cada día hay evidencias claras de este tipo de acciones, siento ser yo quien te las descubra (¿).

 

– lo de ser una persona interesante, atractiva y generar interés para que aquellas personas que has seleccionado previamente en una lista, como si de la compra se tratase, nada tiene que ver con ser una persona interesada. No confundas los términos, porque las relaciones sinceras que surgen en el mundo de los negocios, son así, surgen… No se fuerzan, ni se crean, si son resultado de una estrategia previa.

 

– lo de ser sincero en los eventos de networking para no hacer perder el tiempo a ninguna de las partes, también necesita un término medio. No dejes a nadie con la palabra en la boca cuando le preguntes en qué empresa trabaja y te responda que es consultor independiente, freelance o autónomo (vivido en primera persona) A parte de falta educación, dejas una huella imborrable que es extrapolable al resto de áreas profesionales que pretendes vender.

 

– lo de decir que tienes 18.000 contactos en cualquier red (vamos, fardar), de los cuales desconoces el origen y los tienes ahí criando telas de araña, es más bien el resultado de una pésima gestión o una mala insinuación de que eres un influencer (por favor no lo pongas en tu nombre o extracto de ninguna red, me genera un rechazo tremendo).

 

 

Y no sigo, porque la idea era ser breve y sin estructura alguna.

 

Creo sinceramente, que se nos ha ido la pinza con esto del networking. Y mira que hay libros interesantes sobre ello, y mira que se habla de ello, pero lo que creo es que se nos ha quedo grande algo tan sencillo y cotidiano como socializar y hacer contactos con un fin profesional que pueden llegar a ser auténticos amigos y pilares en tu vida (vivido también en primera persona, no iba a ser todo malo).

 

Imagen: pinterest.com

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Para qué (me) sirve un blog

El verano sirve para muchas cosas,  además de descansar, viajar o hacer algo diferente a lo que haces el resto del año.

 

Como cada verano, aprovecho el cambio de ritmo para hacer reajustes que voy aplazando durante el “curso”: la estrategia en redes sociales, los diferentes perfiles  en la red, la web, la gestión de la red de contactos…y el blog.

 

En estas semanas me pondré a fondo con el mío, pero el resultado ya lo verás a partir de septiembre. Ahora, prefiero contarte lo que me ha aportado en estos 2 años publicando quincenalmente (más o menos…) y todo el ensayo previo en los diferentes perfiles o en colaboraciones periódicas 9 años atrás.

 

Lo que te voy a contar no tiene nada de didáctico, para eso ya tienes otros perfiles en la red especializados en posicionamiento, marketing online o marca personal. Esto es, sencillamente, mi historia amor con el blog…

 

1.- Me ayuda a estar en forma: no soy especialmente deportista, en lo que a nivel físico se refiere, pero lo de darle al coco, es otra historia. El blog, me obliga a estar al día, a no acomodarme, a leer mucho, estudiar, investigar, indagar y conocer nuevas temáticas, profundizar en unos aspectos y descartar otros. Mi cerebro a veces echa humo y necesita tomar distancia, pero es un ejercicio constante a muchos niveles.

 

2.- Me proporciona un espacio para crear:y no cualquier espacio, MI espacio. Donde soy la dueña y señora de todo lo que se cuece, y donde me arriesgo a que te encante, lo compartas, me acompañes y crezcamos juntos…pero también a que me ignores, me critiques, me odies o incluso te burles. Es blog acaba siendo una seña de identidad, una parta imprescindible de tu estrategia de marca. Esa es la cuota que se paga por la exposición, pero la pago gustosamente porque implica la siguiente…

 

3.- Me hace más fuerte:tras cada post, cada publicación y repercusión en la red, siempre toca analizar lo ocurrido. No soy muy cuidadosa con las analíticas (debería serlo ya lo sé, pero no lo soy), pero además de los números valoro otros aspectos del efecto del post en la red. Y a veces, me ha sorprendido para bien y ha llegado lejísimos, más de lo que podía imaginar, pero otras, no he conseguido conectar a pesar de que me encantaba el contenido, lo había preparado a conciencia y estaba hecho con todo el cuidado. Incluso, en otras ocasiones, se ha malinterpretado y usado en mi contra. Y todo esto, que ensancha el ego y escuece a partes iguales, lo que consigue es forjar carácter y asentar pilares, si te lo curras y sudas, claro.

 

4.- Me permite desarrollar mi forma de expresarme: con todo el trajín de lecturas, aprendizajes y asimilaciones, conseguir resumir todo lo que quiero contar en un texto con una estructura lingüística adecuada y dotarla de estilo propio, supone todo un reto. Y hacerlo, cada 15 días y conseguir que sea entretenido, pero profesional y que refleje mi estilo, hacerlo de manera coherente con el resto de redes sociales y que se pueda ver mi esencia fácilmente a través de unos cuantos posts. Buf… parece más complicado de lo que es al leerlo así de golpe, pero sí que supone un ejercicio de autoconocimiento y cambio constante que va más allá del “hoy tengo que publicar”.

 

5.- Me sirve para hacer llegar lo que hago (y lo que puedo llegar a hacer):puedes enfocarlo desde el punto de vista de emprendimiento, de búsqueda de empleo, desarrollo profesional o gestión de tu marca personal, pero un blog es una especie de cv vivo y tarjeta de presentación virtual mucho más completa que les dice a quienes te leen a lo que te dedicas. Y según tu capacidad redactora y productiva, también de contar historias, hacer tutoriales o guías didácticas o lanzarte al mundo del videoblog como yo en este 2018. De cualquier forma, es una vía de comunicación más para hacerte llegar mis conocimientos, mi experiencia, mis capacidades y competencias pasadas, actuales y las futuras: todo lo que puedo hacer por ti, contigo, te lo cuento a través de mi blog.

 

6.- Me ofrece la posibilidad de hacerte llegar quien soy:esta parte es un poco más dolosa. Aunque personalmente es la que más me gusta, también soy consciente de que es una de las más temidas. Esa exposición a la crítica, al rechazo, pero también a gustar y a conectar con personas que hablamos antes, es mucho más arriesgada si va ligada a los que eres, y no tanto a lo que haces. Inevitablemente…ocurrirá, cuando tu posts lleguen y gusten, creerás que gustas tú. Y en el caso contrario, pues también tiene que ver contigo.

Incluso, más allá de esto de los likes, en tu forma de redactar, opinar, las temáticas te tocas, tus enfados o diplomacias, se dejará entrever tu forma de ser y eso es tremendamente bonito pero atrevido. Porque hará que llegues a muchas más personas y lo harás de verdad, de corazón pero al mismo tiempo, también hará que te rechacen de forma más clara al abrirte. Y por si fuera poco, esto conlleva….

 

7.- Me da visibilidad:aquí no me extiendo mucho, porque se basa en algoritmos, posicionamientos, SEO y demás temas que parece que domino pero sólo tengo localizados. En resumen: es una secuencia lógica después de probar con perfiles más profesionales (LinkedIn), serios (Twitter) o informales (Facebook o Instagram), supone el siguiente nivel de interacción con tu comunidad para llegar más lejos. El dónde y el para qué, ya lo pones tú, como te decía al principio, a mí me toca revisar de nuevo los míos este verano.

 

8.- Me hace llegar a más personas:y si eres más visible, llegas a más personas, y si llegas a más personas, pues conectas más, venden más, creces más, eso ya es a gusto del consumidor. Porque digo yo que a estas alturas del post, ya sabrás que el blog tiene que tener un objetivo, una estrategia, vamos! Tiene que ver con el punto 5, pero exponencialmente a cuantas más personas llegues, a más les llegará tu mensaje

 

9.- Me proporciona un estructura profesional en la red:en mi caso es un blog dentro de una web profesional, pero no tienes porqué tener una web como tal. Puede ser un espacio virtual que te sirva para expresar ideas, generar debate, ofrecer soluciones, profundizar en aficiones…pero no lo olvides que lo haces dentro de una estructura que, además de dejar una huella digital, lo haces en un formato que implica (supuesta) profesionalidad. En este punto, menos es más: si vas hacerlo, hazlo bien. Cuida los detalles, elabora los contenidos, revisa su impacto, estudia los resultados, sírvete de sus beneficios…..

 

10.- Me ocupa mucho tiempo: y no lo digo como algo negativo, pues es una inversión más en mi campo de trabajo. Pero no te equivoques: el blog, no nace, crece y se reproduce por sí mismo, hay que cuidarlo muchísimo y dedicarle horas de trabajo y de análisis para que no se muera. Pensar en hacerte un blog como forma de monetizar tu existencia en la red a corto plazo es una especie de chiste, y además malo. Un blog es otra cosa, sobre todo es un espacio propio donde expresarte, comunicar y disfrutar de contar cosas, con el objetivo que sea, pero como todo en la vida, no es gratuito y sus resultados siempre son a medio-largo plazo. El tamaño de esos plazos, dependerá única y exclusivamente de tu esfuerzo, inversión y capacidad de trabajo.

 

Imagen: google.com

 

 

 

 

 

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#PersonasConAlma: Bonisú Fernández: El análisis de sentimiento, Big Data, Inteligencia Artificial y Psicología

Espero que ni te plantees una media sonrisa al leer su nombre, porque es tan excepcional como ella.

Esta brillante matemática asturiana, posee una de las mentes más talentosas y despiertas con las que haya compartido conversaciones en los últimos tiempos. Apasionada de los números y del aprendizaje constante, lidera un departamento de Data Analytics en plena expansión en una empresa tecnológica asturiana tan ocupada (no preocupada) en los resultados como en la gestión del talento que atesora en sus filas.

Conversar con ella es un lujo siempre que lo hacemos, y cuando ella cree que soy yo la que da luz a muchas de sus dudas, la eternamente agradecida por lo aprendido soy yo. Consigue hacer sencillo lo complejo, logra que ames  (aunque sea mientras estés a su lado) y comprendas los números tanto como ella y sobre todo, ha conseguido expresar con palabras y muchísimo criterio científico lo que yo no soy capaz a defender en muchos foros: la importancia de la psicología, de la parte humana en todo este tsunami del Big Data.

Talento asturiano en femenino que viene pisando fuerte, yo que tú, no le perdería la pista.

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La creciente tendencia del uso del análisis de sentimiento para contextualizar la ingente cantidad de comentarios, opiniones, gustos, …. que se manifiestan diariamente por múltiples canales resulta muy útil para extraer información subjetiva que se complementa a la analítica del dato objetivo, sobre todo para entender su polarización (positivo, negativo o neutro) y actuar en consecuencia (potencia, contrarrestar o incentivar, respectivamente).

 

 

Su objetivo primordial es extraer aquellos términos semánticos que expresen un sentimiento particular para conocer la opinión, las actitudes, las expectativas sobre un tema en concreto y analizar el comportamiento de los usuarios ante un mensaje lo que permite determinar su impacto y anticipar la reacción.

Sin embargo, no resulta nada sencillo debido a que el lenguaje natural es ambiguo, ya que ni siquiera entre nosotros nos entendemos en todas las ocasiones (y sino remitámonos a los malos entendidos).

En el fondo todos hacemos instintivamente análisis de sentimiento, está el que habla y el que escucha e interpreta lo que se ha dicho, es la interpretación la que en ocasiones aboca a una divergencia llegando a un análisis erróneo. Entonces si entre nosotros existe la divergencia, ¿cómo podemos conseguir hacérselo entender a una máquina, si ni siquiera nosotros no lo tenemos claro?

En el diseño de estos sistemas se combinan distintas áreas:

 

 

La algoritmia de la minería de datos encuentra patrones que conduce al procesamiento del lenguaje natural, el cual transforma el texto en un idioma que una máquina pueda comprender a lo que le sumamos el Big Data para la recabación masiva de información que permite refinar el desempeño de los algoritmos y finalmente la inteligencia artificial utiliza la información obtenida con el PLN para determinar las categorías de sentimientos y sus polaridades.

Y si vamos un poco más allá, de utilizar este nuevo conocimiento para beneficiar a las estrategias de negocio en sí (como es la mejora de percepción de marca, fidelización, …) para realmente comprender la psique de forma masiva, es decir la psicología del dato.

En ocasiones la psicología ha visto limitado su alcance por la imposibilidad de acceder a una gran cantidad de individuos en su ambiente natural, pero gracias al Big Data esa información está disponible y gracias a las redes sociales esa información se genera en un contexto natural para las personas, sin embargo, el problema es que los psicólogos como individuos ya no pueden lidiar con los métodos tradicionales para abordar esta masividad de información no queda otra que evolucionar.

Gracias a todas las nuevas tecnologías y técnicas que surgen resulta más sencillo, económico y con menor dilatación en el tiempo elaborar extrapolaciones de la información analizada de muestras muchísimo más grandes de individuos.

De hecho, ya se trabaja en investigaciones que intentan vincular el comportamiento en redes sociales con ciertas características de personalidad, lo que puede incluso a conducir a desarrollar algoritmos para detectar comportamientos depresivos dependiendo del tipo de publicaciones.

Otro estudio usa el análisis de los “me gusta de facebook” combinadas con pruebas de personalidad para discriminar características como orientación sexual, sustancias adictivas, edad, genero opiniones políticas, personalidad, ….

Y si damos otro paso más, una vez conseguido que nosotros como especie nos comprendamos mejor ¿y si se lo hacemos comprender a las máquinas?, una nueva fase para la inteligencia artificial e incluso robots (como elemento físico con el que interactuar).

El gran obstáculo para escuchar y comprender a una persona es el reconocimiento de emociones entonces la búsqueda de un patrón de reconocimiento que aprenda por sí mismo a evaluar las expresiones faciales como la dilatación de las aletas de la nariz o cuánto de entrecerrados están los ojos sumado a la monitorización del pulso o concentración de oxígeno en la sangre dan la posibilidad de ponderar las emociones.

Una vez que la máquina a comprendido las emociones, tiene que procesarlas para que nos sea verdaderamente útil, llegando a ramificarse en función de sus objetivos.

Entre la IA “social”:

  • El robot asistencial: detectar hacia que interlocutor dirigirse y en que tono de voz hablarle.
  • El robot que no se cansa de responder siempre a lo mismo: dedicado a personas con enfermedades como el alzhéimer o la demencia o incluso para la enseñanza.

También IA “amiga/psicóloga”: un robot que supla la necesidad de compañía, que escuche, tenga una conversación, proporcione consejo e incluso aprender sobre la filosofía de la vida, una especie de psicólogo y coach al mismo tiempo.

El futuro no solo nos conduce a análizar datos masivos derivados de las nuevas tecnologías, y ver el crecimiento del arquitecto de datos, del científico de datos, sino además hay obtener tantos puntos de vista distintos como sea posible y uno de ellos es el aspecto psicológico de los datos, lo que perfila una nueva profesión: el psicólogo de datos. Esta profesión permitirá profundizar en el aspecto deontológico para saber diferenciar entre los que podemos saber y lo que necesitamos saber de una persona para contribuir a la mejora de su salud metal y calidad de vida.

Si quieres saber más de Bonisú Fernández, ya sabes…

Imágenes: google.com

 

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#PersonasConAlmaAnónimas: ¡Maldita cafetera!

No, no es el título de ninguna canción de emisora Millenial ni lo que piensas cuando se te atasca la cápsula de la Nespresso. Es lo que pensó la protagonista de esta historia cuando su horizonte laboral empezó a volverse oscuro.
Y obviamente, el problema no era el café ni la cafetera…

Te cuento a través de mis ojos esta historia que ha tardado más de un año en ver la luz y ha tenido que ser a través de los míos, porque los de la protagonista aún se nublan al hablar de ello.

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Me veo caminando como cada día, paso a paso voy cruzando aceras y calles que me llevan a mi trabajo. No canto ni bailo porque soy de carácter reservado, pero si pudieras verme “por dentro”… lo estaría haciendo. ¿Sabes esa sensación de sentirte bien y plena con tu vida, con tu trabajo? Pues esa, soy yo. Sólo que por fuera, no se ve.

Llegar a la oficina y sentirte una más del equipo, estar alineada con los objetivos de la empresa (con lo difícil que es eso!) , saberte valorada… Eso es lo que hace que cada día vaya con una sonrisa a trabajar, a pesar de los imprevistos y dificultades que surgen. Como en cualquier contexto donde conviven personas, porque las organizaciones están hechas de eso, personas.

 

Y me veo allí tan feliz, en mi puesto de trabajo: llamadas, clientes, informes, papeles, visitas… Todo fluyendo, con pequeños tropiezos que se solventan con esfuerzo y colaboración de todos, y con ganas de ir a más, siempre de ir a más.

Así me veo hasta que un día, después de muchas sutiles señales de el cambio estaba por venir, se hacen evidentes mis sospechas: soy un estorbo. Cuando alguien llega nuevo a un equipo siempre hay una fase de reajuste, con recelos y desconfianzas por ambas partes, que con el tiempo desaparecen si hay buena intención y ganas de colaborar. Pero cuando el fin de esa incorporación es otro, obviamente los resultados también.

 

La aparición de una nueva persona en escena, precipita una serie de acontecimientos tan desagradables como despidos, ceses fulminantes, cambios drásticos en funciones. Todo ello acompañado de la peor parte de esta historia: desprecios, insultos, mentiras, menosprecios, bloqueos, presiones, faltas de respeto… que se expanden como el lodo en toda la organización. Tardan en llegar a mí, por la posición que ocupo, pero me afecta igualmente el hecho de ver como aquello avanza como la peste y no puedo hacer nada. Es más, sé que tarde o temprano llegará mi hora.

 

Y llega. Llega el momento: ¡maldita cafetera! Me resulta más fácil culparla a ella y que sea foco de mi ira, sobre todo, de mi frustración. Porque unas cápsulas de café (sí, como lo lees, unas cápsulas!) son la gota que colma el vaso en esta situación de mi anulación en la empresa se instala de manera permanente, y contra la que lucho todo lo que puedo. No es mucho, porque no en realidad no sé ni contra qué ni contra quién lucho, pero lo intento.

Durante meses, incluso años, la sensación de impotencia e indefensión se apodera de mí, llegando a generarme enfermedades como consecuencia de resistir en este ambiente tan hostil. Pero no es fácil dejar un trabajo que te gusta, en el que llevas media vida y para el que sabes que estás hecha, y sobre todo, sin saber el motivo por el cual todo ha cambiado y ya no es lo mismo.

 

¡Maldita cafetera! Me vuelvo a repetir una y otra vez. ¿Es por usarla más de lo debido, por dejar atascada la cápsula o por terminar el Ristretto y no reponerlo? No acabo de encontrar el motivo real de la decisión de mi despido un día de verano, previo a mis vacaciones. Y la culpo a ella, a la maldita cafetera. A sabiendas de que esto no tiene que ver ni con el café ni mucho menos con la cafetera, pero sí tiene su poso amargo cuando lo calientas más de la cuenta.

 

Después de montar y desmontar mil hipótesis sobre la cafetera y su influencia en mi futuro laboral, y a punto de tomar rumbo al sur como destino de vacaciones, soy despedida. Así, sin más. “No vuelvas más” tan sólo eso. Y ya no lucho, porque ¿contra qué? ¿contra quién?

 

Cruzo el país de punta a punta, esperando que el aire cálido del sur secase las lágrimas que he derramado durante el combate que había empezado por la maldita cafetera y de la cual no había podido tomar parte en realidad. Esas lágrimas que me acompañan a lo largo del viaje y que en parte, también son un indicador del alivio que siento porque todo ha acabado. Yo, nunca habría tomado la decisión por mí misma, no habría sido tan valiente. O quizás mi valentía fue la de quedarme y defender mi postura y aquello en lo que creo de la mejor forma que pude.

 

Aún hoy no tengo la respuesta, sólo sé que el sur, como siempre alivia mi dolor y me ayuda a ver de forma más clara la liberación que supuso para mí. Pero también aún hoy, se me nublan los ojos al pensar en todo lo que influyó en mi carrera, para mi acceso de nuevo al mundo laboral, en mi vida…y para no soportar ver una Nespresso a menos de 10 metros nunca más.

 

Imagen: Daria Grad-Berdak (pinterest.com)

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Confesiones de una entrevistadora entrevistada

Lo prometido es deuda, y me comprometí a compartir contigo la trilogía completa sobre las entrevistas de trabajo antes de finalizar el año…y aquí estoy. Voy justa, lo sé, pero creo que merecerá la pena. Y si no esa así, al menos habré cumplido mi palabra.

 

Esta última parte, es donde te voy a contar mi propia experiencia como candidata a diferentes procesos y proyectos (sí, los de Recursos Humanos, también pasamos por estos procesos…). Y lo voy hacer desde la sinceridad de abordar la necesidad de profesionalizar el sector y dotarlo de la seriedad que se merece. Porque he de admitir que me han hecho entrevistas de las cuales he deseado salir huyendo, me he encontrado con entrevistadores que hacían cualquier cosa menos entrevistar, he sentido vergüenza ajena y he aprendido lo que NO se debe hacer si quieres que tus candidatos te valoren, se encuentren cómodos y te ofrezcan toda la información que necesitan saber para tomar la decisión más adecuada.

 

Te lo voy a contar tal cual lo he vivido y me lo han hecho saber muchas personas que han participado en procesos de selección, “serios” y no tan serios. Y te lo voy a contar desde el NO, de nuevo, que parece que tiene más efecto:

 

No me hagas esperar 3 horas para recibirme, ni como forma de ponerme nerviosa o desestabilizarme, ni como excusa de que te ha surgido un imprevisto. Si no puedes atenderme, me lo dices y vuelvo otro día (o no…). Si piensas que no tengo nada mejor que hacer que estar esperando aquí horas y horas, para que finalmente no me hagas ni caso, es que has guardado bajo 4 llaves en tu cajón el trato humano y respetuoso a quien ha invertido parte de su tiempo y esfuerzo en ir a conocerte.

 

No me leas mi currículum tal cual, para eso no vengo, que ya me lo sé yo de memoria. Pregúntame por una determinada formación, una experiencia laboral en concreto, céntrate en una ausencia de actividad profesional determinada. Pero ¿leer mi currículum como un papagayo en mi presencia? No sé, no lo veo… ¿qué consigues con eso más allá de darme una malísima impresión y hacerme pensar que no te has preparado nada?

 

– No me digas que te cuente un poquito mi trayectoria profesional mientras te lees mi currículum por primera vez, porque te aseguro que lo notaré. Porque no sé si lo sabes, pero eso, se nota, y mucho.

 

– No te dirijas a mí por otro nombre, tanto en la entrevista como cuando me has citado para vernos. ¿De verdad no te has leído bien con quién vas hablar o entrevistarte? Ya no te digo nada, de que me llames para otro puesto diferente al que he enviado mi candidatura. Si no vas a pasarme ni una porque todo cuenta en nuestro encuentro, esto también va por ti ¿o quieres decirme que tienes un doble rasero?

 

No me hagas perder el tiempo ni te andes con rodeos para contarme lo que necesitas en tu organización. Aunque tu estilo no sea directo, lo cual respeto muchísimo, a ninguno de los dos nos favorece el hecho de no saber lo que queremos. Te prometo que iré a la entrevista con los deberes hechos ¿puedes asegurarme tú lo mismo?

 

– No me convoques a puestos para los que no estoy capacitada en cuanto requisitos mínimos (y lo sabes, o deberías saberlo) o para los cuales tengo que desplazarme 350 km. Sobre todo si ya tienes al candidato seleccionado… No te imaginas la inversión que supone este tipo de acciones, si lo hubieras anticipado, no te lo estaría contado en este post.

 

No te ofendas porque te haga preguntas sobre mis funciones, responsabilidades o salario en el futuro puesto de trabajo. Sobre todo cuando las hago tras la manida invitación “¿tienes alguna duda o cuestión que quieras tratar?”. Porque ya que estamos, me apetece tratarlo antes de tomar una decisión y saber si quiero o no realmente comprometerme con tu proyecto y hacerlo mío.

 

No me hagas preguntas que sabes que no te voy a responder, aquellas que sabes que puedo perfectamente no hacerlo, que suponen una falta de respeto o que sencillamente, no son relevantes para el desempeño del puesto de trabajo. O ¿es que crees que sí pueden serlo el hecho de estar casada, tener hijos o estar en edad de tenerlos? Déjame que te demuestre que no es así, aunque este tipo de preguntas ya dice mucho de ti y de tu organización.

 

– No me pases pruebas ni tests sin sentido, y ya de paso, no me hagas participar en dinámicas que hayas visto en algún video de Youtube y que te hayan resultado “divertidas”. Quizás pienses que te estás luciendo conmigo o simplemente quieras rellenar tiempo, pero te aseguro que si me hacen sentirme ridícula y no me aporta nada, no conseguirás obtener de mí todo lo bueno que tengo. Así, no.

 

No me trates como una ignorante, un trapo viejo o una cría. Es cuestión de respeto, así de simple. Trátame como una persona con la que puedes llegar a un acuerdo y obtener un beneficio mutuo, y si no es así, tan amigos. No hagas un mal uso tu situación de (supuesto) poder, nunca se sabe realmente quién tiene la sartén por el mango en la vida.

 

– No te despidas con un “ya te llamaremos” si es que no tienes pensado hacerlo. Explícame que sólo me llamarás en caso de ser la persona seleccionada en un plazo determinado (que deberías tener previsto con un margen de error, obviamente), y me dejas mucho más tranquila y con vía libre para seguir mi camino. No me tengas como alma en vilo pendiente del mail o el móvil o haciéndome sentirme una pesada al tener que ser yo quien llame para saber el estado de mi candidatura.

 

Podría seguir con un montón de NOes al igual que lo he hecho hace unos meses en este post sobre las entrevistas, pero en resumen te diré que todo proceso de selección mal enfocado, poco preparado o carente de profesionalidad es una nefasta estrategia de marca para la empresa que lo realiza. Quien sale disgustado, ofendido u ojiplático de una entrevista, es un prescriptor (para mal) de la imagen de la empresa para la cual optaba a formar parte y de la que sale espantado. Y yo, lo que quiero, lo que deseo, son organizaciones que se esmeren en elegir, formar y preparar a las personas que las integran para que hagan que esta búsqueda de talento sea lo más efectiva posible y todas las partes salgan ganando. Incluso cuando no hayas sido seleccionado, salgas por la puerta con un buen sabor de boca y te conviertas en un embajador de marca…esa para la cual no has llegado a trabajar, pero te gustaría.

 

Pero claro, para esto hacen falta ganas y buenos profesionales…

 

Imagen: google.com